Cubanálisis El Think-Tank

ARTÍCULO ESPECIAL EN EL THINK-TANK DE CUBANÁLISIS

Los negocios millonarios de Corea del Norte

 

Esther Felden, Deutsche Welle

 

¿Cómo consigue Corea del Norte oro y productos de lujo a pesar de las sanciones? ¿Por qué esos bienes son tan importantes para el Gobierno del país? DW analiza los secretos canales con los que se financia Kim Jong-un. Era un regalo de cumpleaños muy generoso. Cada 16 de febrero, el Banco del Noreste de Asia debía entregar 20 millones de dólares americanos. El dinero aterrizaba directamente en la cuenta del homenajeado, el antiguo dictador norcoreano Kim Jong Il. “Esa era nuestra tarea principal: cobrar dinero en efectivo para el líder”, dice Kim Kwang Jin, que fue durante años director del banco en Pyongyang. “El Banco del Noreste de Asia estaba conectado con una sociedad aseguradora que hacía dinero con el negocio de los seguros. En la cúpula estaba Jang Song Thaek, el tío de Kim Jong-un, que después fue ejecutado”.

 

Kim Jwang Jin nunca conoció personalmente al entonces líder. Tan solo le preparaba un informe mensual. Y hacía bien su trabajo. Tan bien, que en el año 2002 lo enviaron a Singapur junto a su mujer y su hijo para dirigir allí la sucursal del Banco del Noreste de Asia. Pero fue una corta estancia laboral. Pocos meses después, cayó en desgracia ante las autoridades norcoreanas. “Mis superiores me dijeron que había habido filtraciones de información confidencial sobre el Gobierno norcoreano a los servicios secretos americano y japonés”. De un día para otro, Kim fue sospechoso de haber traicionado a su país.

 

Peligrosa información interna

 

Kim rechaza esta acusación, aunque dice que ya entonces no todo le parecía bien en aquel sistema. “Pero hablar de ello era un tabú total”, dice. Por supuesto que sabía qué castigo le esperaba en su país y quiso evitarlo. Así que se trasladó con su esposa e hijo a Corea del Sur y, desde entonces, vive en Seúl y trabaja en el Instituto de Estrategias de Seguridad Nacional, un laboratorio de ideas surcoreano. Ha recibido amenazas de Corea del Norte y ha llegado a tener seguridad personal las 24 horas del día.

 

Además, hace algo que no conviene al Gobierno norcoreano: informar de lo que sabe. Ofrece información interna sobre las medidas de seguridad y la paranoia existentes en su antiguo país. Entre otras cosas, relata que él y sus colegas tenían la orden de deshacerse de todos los documentos, con el fin de que nadie conociera las actividades de los demás empleados, ni siquiera dentro de la propia empresa. “Toda la información de nuestro banco y del negocio de seguros era estrictamente confidencial. Nadie debía saber cuánto dinero hacíamos y adónde iba a parar”. También habla del conocido “Despacho 39”, donde llegaban todos los ingresos, no solo los de los negocios del propio banco. Detrás de nombres poco llamativos, se esconde una oficina pública en Pyongyang directamente subordinada a la familia del líder norcoreano. Una administración, cuya misión principal es recaudar divisas por medio de distintos canales y negocios. “Todo ello se remonta a la década de los 70”, relata Kim Jwang Jin. “El método fue introducido por Kim Jong Il, que quería reunir dinero para comprar la lealtad de las élites”.

 

Cada vez más regalos… y más caros

 

En aquel entonces, Kim Jong Il hizo florecer una boyante economía paralela, completamente al margen de la agotada política económica del país. Negocios financieros, exportaciones de materias primas y misiles e importaciones de objetos de lujo. Estos le servían para ofrecérselos como recompensas a sus personas de confianza. Esta política de regalos tenía un inconveniente: cada ofrenda debía ser más espléndida y suntuosa que la anterior. Si no, sería vista como una afrenta. Dicho de otra manera: el dictador necesitaba cada vez más divisas para complacer regularmente a sus seguidores. “Este principio sigue funcionando hoy día”, dice Michael Raska, experto en Seguridad y Defensa de la Escuela de Estudios Internacionales S. Rajaratnam, en Singapur. Un círculo vicioso difícil de romper. “En tiempos de Kim Jong II, Corea del Norte ganaba mucho dinero con la exportación de misiles balísticos”, continúa Raska. “Pero eso ya no es posible hoy día debido a las restricciones existentes. Es cierto que hay comercio de armas, pero se trata más bien de armas pequeñas”. ¿Quiénes son sus compradores? Estos se encuentran en África Asia y Medio Oriente.

 

Todo esto ha cambiado con las sanciones. También lo que tiene que ver con productos de lujo”, dice Raska. Por ese motivo, Kim Jon Un se vio obligado a cambiar las recompensas para sus allegados. “Cuando vemos los noticieros norcoreanos, se informa siempre de que tal o cual persona ha recibido un apartamento como regalo. Ahora se construye mucho en Pyongyang”.

 

Círculo vicioso difícil de romper

 

Para Kim Jong-un, conseguir divisas es aún más importante que para su difunto padre”, explica Raska. “Ello se debe a la aún joven edad del dictador. Por tradición, alguien de su edad no debería dar órdenes en una sociedad confuciana. Así que debe cimentar su posición de poder. Por un lado, lo hace siguiendo una línea política dura, mediante la que cada posible opositor es neutralizado, incluyendo miembros de su propia familia. Por otro lado, continúa con la política de regalos”.

 

La presión del exterior es cada día mayor. Kim Jong-un sigue la doble estrategia de impulsar la economía y el desarrollo del programa atómico. Para ello necesita mucho dinero, mucho más que Kim Jong Il”. Pero las sanciones le limitan cada día más, aunque Corea del Norte consigue burlarlas con la ayuda de prácticas comerciales ocultas. El mes pasado, un grupo de expertos de la ONU publicó un informe de 100 páginas, en el que se explicita cómo el país se las arregla para obtener mercancías prohibidas y exportar bienes sancionados, como, por ejemplo, minerales. Ahí juegan un papel importante los intermediarios y empresas ficticias en China y Malasia.

 

Todo tipo de estratagemas

 

Muchas empresas y bancos norcoreanos siguen operando a pesar de las sanciones”, dice el informe. Al parecer, emplean agentes entrenados para trasladar dinero y bienes de un país a otro. Y, a pesar de las sanciones, Corea del Norte sigue teniendo acceso a al sistema bancario internacional. “Camuflan su actividad empleando ciudadanos y empresas extranjeras. Ello les permite seguir haciendo negocio en los principales centros financieros internacionales”.

 

Los autores del informe advierten del “excesivo crecimiento de la diplomacia norcoreana”, pues este tipo de personal ha sido empleado como correo para trasladar ilegalmente a Corea del Norte grandes cantidades de dinero en efectivo, oro y joyas. El motivo es simple: como diplomáticos, gozan de inmunidad.

 

Las embajadas norcoreanas tienen el encargo de reunir dinero en efectivo. Hay incluso cuotas establecidas de cuánto debe enviar a casa cada uno”, dice Michael Raska. Su información la confirma Hong Soon Kyung por propia experiencia. En un documental de la emisora de televisión japonesa NHK, este antiguo diplomático de la embajada norcoreana en Tailandia aseguró que muchos de sus colegas participaban de esas acciones. “Utilizamos nuestros pasaportes diplomáticos para hacer contrabando de oro, porque nosotros no debemos pasar por la aduana”.