Cubanálisis El Think-Tank

ARTÍCULO ESPECIAL EN EL THINK-TANK DE CUBANÁLISIS

 Los 'ataques acústicos' y el tenso equilibrio del 'deshielo'

 

Lo que se sabe y lo que se desconoce de los 'ataques acústicos'

 

Diario de Cuba, España

 

Lo que se sabe

 

-Por lo menos 21 diplomáticos estadounidenses, cinco canadienses y sus familias -incluidos niños- han sido blanco de unos 50 ataques cuyo origen, naturaleza y autor se desconocen.

 

-Los ataques han provocado afectaciones a la salud que incluyen pérdida permanente de la audición, migrañas, fatiga, deficiencias cognitivas y problemas para dormir. Algunas versiones también mencionaron "lesiones cerebrales leves", aunque estas no aparecen en las más recientes enumeraciones del Departamento de Estado.

 

-Los primeros ataques se habrían producido en noviembre de 2016.

 

-Estados Unidos presentó su queja formal inicial a La Habana en febrero de 2017.

 

-Washington expulsó a dos diplomáticos cubanos en mayo, en protesta por los ataques.

 

-El primer reporte de prensa sobre estos incidentes se publicó en agosto.

 

-Los ataques habrían ocurrido dentro de las residencias de los diplomáticos y en hoteles, aunque solo se ha mencionado expresamente el Capri.

 

-El Gobierno de Donald Trump no ha acusado al de Raúl Castro de perpetrar los ataques, pero sí lo responsabiliza de la seguridad de los diplomáticos extranjeros en la Isla.

 

-El Gobierno cubano niega implicación y responsabilidad, pero no desmiente la existencia de los ataques.

 

-La Habana ha sido incapaz de evitar que los episodios continúen. El más reciente se registró en agosto.

 

-En una reunión cara a cara, Raúl Castro habría asegurado al diplomático estadounidense de mayor rango en La Habana, Jeffrey DeLaurentis, que está igual de perplejo que los estadounidenses ante lo que ocurre.

 

-Washington ha ordenado la salida de Cuba de más de la mitad de sus diplomáticos y sus familiares para minimizar la cantidad de personal en riesgo.

 

-Quedará en la Isla personal de emergencia que se encargará de las funciones consulares y la atención de los ciudadanos estadounidenses en Cuba.

 

-La emisión de visados queda suspendida indefinidamente.

 

-Estados Unidos estudia la posibilidad de que los cubanos puedan solicitar visados en sus embajadas o consulados en terceros países, pero todavía no ha hecho arreglos definitivos al respecto.

 

-Los viajes de funcionarios estadounidenses a Cuba se limitarán a los relacionados con la investigación en curso, necesidades de seguridad nacional o de las operaciones de la embajada.

 

-Washington no enviará delegaciones oficiales a Cuba ni participará en reuniones bilaterales en la Isla por el momento, aunque las reuniones pueden continuar en Estados Unidos.

 

-El Departamento de Estado recomienda a los ciudadanos estadounidenses no viajar a Cuba por considerar que también podrían estar en riesgo.

 

-Washington mantiene las relaciones diplomáticas con La Habana.

 

-Estados Unidos continuará la investigación de los ataques. El Gobierno cubano ha dicho que también mantendrá sus esfuerzos.

 

-Washington reconoce los esfuerzos del Gobierno cubano para investigar y su cooperación para facilitar la investigación de los Estados Unidos.

 

Lo que no se sabe

 

-La identidad del autor o autores de los ataques.

 

-Qué aparatos y métodos han sido utilizados.

 

-Si un tercer país o desertores del Gobierno cubano han estado involucrados en los ataques.

 

-Si se registró algún ataque dentro de la embajada estadounidense.

 

-Quién está investigando para Estados Unidos en la Isla. Aunque medios de prensa han publicado que el Gobierno cubano ha permitido la entrada a agentes del FBI, Washington no lo ha confirmado.

 

-Cuánto ha avanzado la investigación.

 

-Qué rango tenían los diplomáticos atacados y qué funciones cumplían.

 

-Las identidades de las víctimas.

 

-Qué medidas ha tomado el Gobierno cubano para proteger a los diplomáticos estadounidenses y canadienses que siguen en Cuba.

 

-Si trabajadores cubanos de la embajada también han sido afectados.

 

-Qué pasó en la reunión entre el canciller cubano, Bruno Rodríguez, y el secretario de Estado norteamericano, Rex Tillerson, realizada solo dos días antes de que Washington anunciara la retirada de los diplomáticos.

 

-Por qué Estados Unidos no sacó antes a sus diplomáticos de la Isla.

 

-Qué pasará con los cubanos que habían iniciado trámites de visado para viajar a Estados Unidos.

 

 

El riesgo de frivolizar un peligro

 

Carlos Cabrera Pérez, CiberCuba

 

El gobierno cubano está desconcertado con la reacción norteamericana a su pasividad ante los ataques sufridos por diplomáticos de Estados Unidos en La Habana, y el posterior intento de frivolización de Mariela Castro.

 

El tardocastrismo es el menos interesado en generar un conflicto con USA, pero algún aliado suyo se la ha jugado delante de sus narices y ha provocado una crisis bilateral innecesaria, pero de graves consecuencias para Cuba, en vísperas de la anunciada jubilación de Raúl Castro.

 

Bruno Rodríguez debe haber estado torpe como un cerrojo en su reunión con el Secretario de Estado Tillerson, pues la reacción de la Casa Blanca se desencadenó a continuación de la cita bilateral celebrada en Washington, donde su anfitrión debió sentirse molesto con las explicaciones del canciller cubano.

 

La Habana ha tenido que recurrir a la eficaz y discreta Josefina Vidal, que ya está nombrada embajadora en Canadá, para intentar parar el vendaval norteamericano, que los ha pillado por sorpresa y -en paralelo- ha movilizado a sus activistas cibernéticos para que nos recuerden las consecuencias que traería para “ambos pueblos” una modificación sustancial del deal Obama.

 

La crisis es tal magnitud que Cuba ha tenido que aceptar la presencia de investigadores del FBI y cooperar con ellos para que averigüen qué pasó, pues la Contrainteligencia cubana ha sido incapaz de detectar, descubrir y parar los ataques o simplemente de enterarse quiénes han sido los agresores sónicos.

 

Esta incapacidad es consecuencia de la destrucción del Ministerio del Interior en 1989, cuando Raúl Castro  aprovechó la crisis del narcotráfico para copar la única parcela de poder que le faltaba controlar en Cuba, logro que no consiguió mientras Ramiro Valdés, Sergio del Valle y José Abrantes fueron ministros del Interior.

 

Los fracasos operativos desde entonces han sido costosísimos, incluidos los 21 espías, nunca fueron 5, Ana Belén Montes, el matrimonio Myers y ahora los cañonazos sónicos realizados en suelo cubano, circunstancia que genera un precedente de desconfianza entre aliados.

 

Raúl Castro ha reaccionado tarde y mal al asunto y aunque dijo en persona al entonces embajador USA que Cuba no había sido -y no hay pruebas que indiquen lo contrario- su autoridad como jefe de estado ha quedado tocada por el desafío que implica que un tercero atente contra otro estado en suelo cubano.

 

Su hija Mariela, que en circunstancias como estas estaría más bonita si se callara, ha protagonizado otras de sus reacciones emocionales en una televisión árabe donde –muy nerviosa- ha tratado de trivializar el tema jugando a la guerra de las galaxias. ¿A quién se le ocurre elegir una televisión árabe -con la que está cayendo- para comentar un incidente grave con USA? Mariela está muy mal asesorada y su locuacidad a destiempo –tolerada por el Buró Político- puede causarle más de un disgusto al gobierno cubano.

 

El Ministro de Interior, Almirante Gandarilla, Alejandro Castro Espín  y los subalternos de ambos deben dimitir o ser cesados porque han incumplido su principal misión que es velar por la seguridad de Cuba y si no dimiten, deben ser cesados inmediatamente por el General-Presidente, abocado a una jubilación amarga.

 

Raúl Castro ha fracasado en los principales frentes y legado que dejará en febrero próximo a Díaz Canel es una herencia envenenada de pobreza, inmoralidad, y falta de liderazgo porque los militares cubanos -que han protagonizado hazañas en combate- no saben cómo hacer próspera y libre a Cuba.

 

Tal es el miedo que han impedido por todos los medios posibles la candidatura de ciudadanos independientes a Delegados del Poder Popular, como si en un barrio les fuera la vida y para garantizarse una Asamblea Nacional aburrida como una oveja que refrende cada ocurrencia del generalato; mientras que Díaz Canel careció del valor político necesario para bajarse de la guagüita con cristales oscuros que lo acercó a Santos Suárez, cuando los vecinos protestaban por la falta de luz y agua, tras el paso del huracán Irma, que no pasó por La Habana.

 

La dependencia de la Isla es hoy mayor que nunca porque se ha juntado el miedo e incapacidad del tardocastrismo con el desastre tardochavista y la economía cubana es un enfermo crónico y terminal, por tanto, todos esos mensajes de supuestos atribulados con las consecuencias que tendrá la decisión de Trump para “ambos pueblos”, pueden ir tranquilizándose porque en USA ningún ciudadano aguarda por la visita de un cubano para poder comer.

 

El primer territorio libre en América es un erial empobrecido, una pesadilla para la mayoría de sus ciudadanos, engañados y hastiados por una casta minoritaria que ha dejado indefensa a una mayoría cualificada y sufrida, en nombre del socialismo.

 

La solución de Cuba pasa por la libertad, la riqueza y la justicia social y por una relación de respeto mutuo con USA, que permita a la Isla beneficiarse de la proximidad geográfica de un mercado dinámico donde viven casi dos millones de cubanos, de los que más de la mitad son propietarios de sus viviendas, gracias a su trabajo y ahorro en tierra extraña.

 

El problema de Cuba es su incapaz gobierno, nada más; y nada menos.

 

 

Trump puso a Cuba en el freezer

 

Estados Unidos retira más de la mitad de sus diplomáticos de La Habana.

  

AFP, REUTERS, EFE

 

WASHINGTON Y LA HABANA.- Estados Unidos volvió a tensar ayer viernes las relaciones con Cuba al anunciar la retirada de más de la mitad de su personal diplomático en La Habana a raíz de "ataques específicos" aún inexplicados.

 

En una nota oficial, el secretario de Estado, Rex Tillerson, afirmó que Washington "mantiene" sus relaciones diplomáticas con Cuba, pero adelantó que el caso será "agresivamente investigado" hasta que quede resuelto.

 

El presidente Donald Trump afirmó unas horas más tarde a los periodistas que su gobierno ha "tenido un problema realmente grande en Cuba", donde han ocurrido "algunas cosas muy malas", y no descartó que pueda haber más medidas al respecto.

 

De acuerdo con las denuncias, en el último año al menos 21 diplomáticos estadounidenses fueron víctimas de raros "ataques específicos" aparentemente con dispositivos acústicos o de ultrasonido, que por ahora permanecen en el misterio.

 

Los 21 diplomáticos y sus familiares que habrían sido afectados, registraron síntomas como pérdida de la audición, mareos, tinnitus, problemas de equilibrio, quejas visuales, dolor de cabeza, fatiga, problemas cognitivos y dificultades con el sueño.

 

Si bien fue presentada como una medida de seguridad, una evacuación parcial del personal diplomático es un claro mensaje de molestia del gobierno estadounidense sobre cómo Cuba está manejando el asunto, al tiempo que asesta otro golpe a las políticas de apertura con La Habana emprendidas por el exmandatario Barack Obama.

 

"Como la seguridad de nuestro personal está en riesgo y no hemos sido capaces de identificar la fuente del ataque, creemos que los estadounidenses podrían estar también en riesgo y les advertimos que no viajen a Cuba", dijo un funcionario de alto rango del Departamento de Estado.

 

Tillerson apuntó que el número de funcionarios en la embajada en La Habana permanecerá reducido a personal de emergencia "hasta que el gobierno de Cuba pueda garantizar la seguridad de nuestros diplomáticos".

 

En consecuencia, la embajada en la capital cubana suspendió "por tiempo indeterminado" la emisión de visados, aunque el Departamento de Estado preparaba mecanismos para que cubanos puedan obtener esas visas en otros países.

 

En tanto, la responsable de la Cancillería cubana para las relaciones con Estados Unidos, Josefina Vidal, dijo que la decisión de Washington era "precipitada", y descartó cualquier responsabilidad de su gobierno en el episodio.

 

El Departamento de Estado emitió un "Alerta de Viajes" que abre con una recomendación que no deja lugar a dudas: "Estados Unidos advierte a los ciudadanos estadounidenses que no viajen a Cuba". Esta nota menciona que Washington y La Habana han sido hasta ahora incapaces de identificar a los responsables por los "ataques específicos", pero apuntó que "el gobierno de Cuba es responsable por tomar las medidas apropiadas para evitar un ataque".

 

Hasta ayer viernes, funcionarios estadounidenses se referían a estos extraños episodios como "incidentes", aunque pasaron a referirse a "ataques" específicos contra el personal de la embajada, sin responsabilizar por ahora al gobierno cubano.

 

"Mantenemos nuestras relaciones con Cuba, y nuestro trabajo con Cuba sigue siendo guiado por la seguridad nacional y los intereses de política exterior de Estados Unidos", indicó el jefe de la diplomacia estadounidense.

 

Tillerson apuntó que Cuba "nos ha dicho que cooperará para investigar estos ataques y continuaremos cooperando con estos esfuerzos". "Seguiremos investigando agresivamente estos ataques hasta que el asunto quede resuelto", apuntó.

 

Según el Departamento de Estado, los "ataques" ocurrieron en residencias diplomáticas y hoteles frecuentados por ciudadanos estadounidenses en La Habana.

 

"No tenemos informes sobre ciudadanos privados estadounidenses que hayan sido afectados por los ataques", señaló sin embargo Tillerson.

 

Según agregó, el Departamento de Estado "no tiene una respuesta definitiva sobre la causa o la fuente de los ataques y es incapaz de recomendar medidas para mitigar la exposición".

 

Este drástico paquete de medidas fue anunciado apenas tres días después de una tensa reunión en Washington entre Tillerson y el canciller de Cuba, Bruno Rodríguez, para discutir precisamente este tema.

 

En esa reunión -como ya lo había hecho hace una semana en la Asamblea General de la ONU- Rodríguez negó que Cuba haya perpetrado alguna vez ataques de cualquier naturaleza contra personal diplomático extranjero.

 

A inicios de mes, ya el Departamento de Estado había discretamente expulsado a dos funcionarios de la embajada de Cuba en Washington, a raíz de este mismo episodio.

 

Este es el momento de mayor tensión entre los dos países desde el restablecimiento de las relaciones diplomáticas en 2015 después de medio siglo de ruptura.

 

En junio pasado, Trump anunció un endurecimiento de las medidas administrativas que su antecesor, Barack Obama, había adoptado por decreto para facilitar los viajes y el comercio con la isla.

 

En sus declaraciones a la prensa, Vidal dijo este viernes que el gesto estadounidense "va a afectar las relaciones bilaterales, en particular la cooperación sobre temas de interés mutuo".

 

Vidal reiteró que "la voluntad de Cuba es continuar una cooperación activa entre las autoridades de los dos países para el esclarecimiento total de estos hechos", y que "para ello será esencial tener y contar con la participación y el involucramiento efectivo de las autoridades estadounidenses".

 

El Departamento de Estado restringió también los viajes de sus funcionarios a Cuba: solo podrán hacerlo "aquellos implicados en la investigación" sobre los "ataques" contra el personal diplomático. "Estados Unidos no enviará delegaciones oficiales a Cuba ni programará reuniones bilaterales en Cuba por el momento", explicó a periodistas un alto funcionario del Departamento de Estado.

 

Senador marco Rubio: medida débil e inaceptable.

 

La decisión de Estados Unidos de retirar parte de su personal de la embajada en La Habana fue tachada de "precipitada" por el gobierno cubano y aplaudida por algunos dirigentes del exilio cubano en Miami; otros dijeron incluso que debía llevarse el tema a tribunales internacionales. Por su parte, el senador republicano Marco Rubio, de origen cubano, la consideró "débil e inaceptable", por considerar que Washington debería expulsar a diplomáticos cubanos de Estados Unidos.

 

VUELTA A LAS TENSIONES.

 

El deshielo.

 

Washington y La Habana reanudaron sus relaciones diplomáticas en 2015, tras medio siglo de ruptura y enfrentamiento político. Ambos países protagonizaron uno de los capítulos más tensos de la Guerra Fría. El presidente Barack Obama y su esposa Michelle realizaron en marzo de 2016 una histórica visita a La Habana.

 

El giro Trump.

 

Pero ese acercamiento que comenzó Obama se ha desacelerado con la llegada a la Casa Blanca de Donald Trump, partidario de una línea más dura hacia el gobierno comunista de la isla. En junio pasado, Trump anunció un endurecimiento de las medidas administrativas que Obama había adoptado por decreto para facilitar los viajes y el comercio con la isla, y en su primer discurso ante la ONU, el 19 de septiembre pasado, calificó de "corrupto y desestabilizador" al gobierno de Raúl Castro. Ese día también anunció que no levantará el embargo, que Washington aplica contra la isla desde 1962, hasta que el gobierno cubano no emprenda "reformas" que permitan a su pueblo "vivir en libertad". El politólogo y director de la organización Patria de Martí, Julio M. Shiling, dijo a EFE que las medidas anunciadas ayer por Estados Unidos son "una respuesta corta teniendo en cuenta lo ocurrido". "Es algo flojo y se puede revertir en cualquier momento", agregó. A su juicio, no hay duda alguna de que el castrismo es el responsable de los ataques acústicos. "La metodología ha cambiado, pero no los propósitos. Ahora el castrismo no usa guerrilleros en una montaña, sino gente de cuello y corbata", agregó.

 

 

Trump evidencia su desdén por el deshielo

con la dura respuesta a la crisis en Cuba

 

EFE - Washington

 

La dura respuesta anunciada hoy por el Gobierno estadounidense a los "ataques" que han sufrido 21 de sus funcionarios en Cuba marca un profundo bache en la joven relación y evidencia el escepticismo del presidente Donald Trump por el proceso de deshielo con la isla, según expertos consultados por Efe.

 

Pese a no haber identificado un responsable de lo ocurrido a sus diplomáticos en la isla, el Departamento de Estado tomó medidas que dificultan los intercambios entre las dos naciones, lo que en la práctica perjudica a los cubanos y al Gobierno de Raúl Castro, que había insistido en su inocencia y está investigando el caso.

 

"Esta decisión marca un agudo revés para las relaciones entre Estados Unidos y Cuba", dijo a Efe el presidente del centro de estudios Diálogo Interamericano, Michael Shifter.

 

La orden de retirar al personal no esencial de la embajada de EEUU en Cuba tiene como justificación, según el Departamento de Estado, el hecho de que el último incidente se produjo apenas en agosto y aún se desconoce su causa, así que tiene sentido minimizar el número de diplomáticos que puedan correr riesgo.

 

Esa decisión tiene, sin embargo, la consecuencia de que la embajada ha suspendido indefinidamente la emisión de visados a quienes quieran viajar a Estados Unidos desde la isla, un gesto que afecta a muchos cubanos.

 

A ello se suma una advertencia expresa a todos los estadounidenses de que no viajen a Cuba, una medida de precaución que el Departamento de Estado ha tomado a pesar de que, hasta ahora, los incidentes no han afectado a ningún ciudadano de ese país que no formara parte del personal de la embajada.

 

Para William LeoGrande, un experto en la isla en la American University y autor de un libro sobre el deshielo, esa recomendación de no viajar al país caribeño "es injustificada", y podría causar un descenso en el número de visitantes que "dañará la economía cubana, algo que (el Gobierno de) Cuba verá como un acto hostil".

 

"La decisión de reducir el personal no esencial puede justificarse como medida de seguridad hasta que se determine la causa de sus síntomas, pero las otras medidas son desproporcionadas respecto al riesgo", aseguró LeoGrande a Efe.

 

"Está claro que el escepticismo del Gobierno de Trump sobre la relación con Cuba está teniendo un papel en la gravedad de su respuesta", agregó el experto.

 

Ese escepticismo quedó reflejado en el discurso que el mandatario dio sobre Cuba en junio, en el que cerró la puerta a nuevos avances en el proceso de normalización y prometió restringir los viajes y negocios que los estadounidenses pueden hacer al país vecino, pero no llegó a cortar las relaciones con la isla.

 

"Hubo un contraste enorme en ese discurso entre lo que dijo y lo que propuso: usó una retórica muy fuerte sobre dar marcha atrás a las políticas de (el expresidente Barack) Obama, pero lo que propuso no fue tan importante", opinó para Efe un experto en Cuba en la Universidad de Columbia, Christopher Sabatini.

 

Trump, que durante la campaña electoral prometió en Florida que endurecería la política hacia Cuba, ha afrontado la resistencia del Departamento de Estado y el sector privado, interesados en seguir con la apertura.

 

Pero los incidentes sufridos por los diplomáticos, que parecen salidos de una película sobre la Guerra Fría, han llevado a Trump a endurecer su postura, y Sabatini no descarta que opte por medidas como el cierre de la embajada o la imposición de límites más claros a los viajeros estadounidenses.

 

"Este incidente abre la posibilidad de acciones más duras" por parte de Trump, especialmente si "escucha" a sectores como los dirigentes del exilio cubano en Miami y el senador republicano Marco Rubio, indicó Sabatini.

 

En cualquier caso, las medidas anunciadas hoy han decepcionado al Gobierno cubano, que había hecho grandes esfuerzos diplomáticos por evitarlas, y abren "un periodo de atrincheramiento" para la relación bilateral, aseguró a Efe un exasesor para asuntos de Latinoamérica en la Casa Blanca de Obama, Dan Erikson.

 

Geoff Thale, un experto en el continente en la independiente Oficina de Washington para Latinoamérica (Wola), advirtió hoy de que el anuncio del Departamento de Estado puede sonar como algo que no es: una condena por los misteriosos ataques a sus diplomáticos.

 

"Hasta ahora, el Gobierno de Trump se había esforzado en no culpar al Gobierno cubano por estos ataques. Estados Unidos debería tener cuidado de no tomar medidas punitivas que puedan enviar el mensaje contrario", afirmó Thale en un comunicado.

 

 

Responde a ataques en Cuba

 

EE.UU. retira a la mayoría de su personal en la isla

 

DPA, Alemania

 

WASHINGTON.- Poco más de dos años después de la reapertura de su embajada en Cuba, Estados Unidos anunció ayer una drástica reducción de su personal diplomático ahí tras una serie de misteriosos ataques de naturaleza desconocida que afectaron la salud de 21 de sus trabajadores y están siendo investigados.

 

“Hasta que el gobierno de Cuba pueda garantizar la seguridad de nuestros diplomáticos en Cuba, nuestra embajada quedará reducida al personal de emergencia para minimizar el número de diplomáticos en riesgo de ser expuestos a daños”, manifestó en un comunicado el secretario de Estado estadounidense, Rex Tillerson, quien llegó a plantearse cerrar la legación en la isla.

 

No ha llegado tan lejos pero retira a más de la mitad de los trabajadores gubernamentales de la legación diplomática y a sus familias. En la embajada queda el personal mínimo necesario para emergencias y para asistir a los norteamericanos en la isla.

 

El Departamento de Estado emitió además una alerta de viaje que recomienda a los estadounidenses no viajar a Cuba para evitar riesgos hasta que se descubra qué ocurre y quién está detrás. Además detuvo la tramitación de visados regulares en la embajada de La Habana y suspendió las reuniones con las autoridades cubanas en la isla, aunque seguirán teniendo lugar en Estados Unidos.

 

Cuba consideró precipitada la decisión. “Va a afectar las relaciones bilaterales”, afirmó Josefina Vidal, directora de Estados Unidos de la Cancillería cubana.

 

“Hemos tenido un problema realmente grande en Cuba, tendremos algo que decir sobre esto bastante pronto”, dijo el presidente estadounidense, Donald Trump, a la prensa después del anuncio. “Han hecho algunas cosas malas” afirmó.

 

Los ataques, que medios estadounidenses describieron como acústicos, tuvieron lugar en residencias del personal diplomático y en hoteles que frecuentan ciudadanos norteamericanos.

 

Entre otros síntomas, las víctimas han sufrido pérdida de audición, mareos, zumbidos, dolores de cabeza, fatiga, problemas cognitivos y dificultades para dormir. El sindicato del Servicio Exterior de Estados Unidos aseguró recientemente que algunos sufrieron además lesiones cerebrales traumáticas leves.

 

El gobierno de Raúl Castro asegura no tener nada que ver con estos sucesos, que comenzaron a fines de 2016. Lo repitió el canciller Bruno Rodríguez ante la Asamblea General de la ONU la semana pasada, donde pidió no politizar los sucesos.

 

Falta de protección

 

Pero aunque Estados Unidos no ha acusado nunca directamente a La Habana y a que apunta que coopera en la investigación, la responsabiliza de no proteger al personal diplomático como obliga la Convención de Viena.

 

Un alto funcionario del Departamento de Estado que habló con la prensa bajo condición de anonimato no descartó ayer la posibilidad de un tercer país tras los sucesos, que la administración de Trump comenzó calificando de incidentes y ahora llama ataques. Pero también evitó rechazar expresamente que se haya descartado la posibilidad de una autoría cubana.

 

Lo que ha sucedido es un misterio y, pese a las investigaciones en marcha desde hace meses, el gobierno de Estados Unidos no ha logrado averiguar quién está detrás de los hechos y cuál es la fuente que ha causado los problemas de salud a sus trabajadores gubernamentales.

 

Los primeros casos se conocieron en noviembre de 2016 y los últimos hasta ahora se registraron en agosto, según dijo el alto cargo del Departamento de Estado.

 

La opinión pública conoció el tema el pasado mes de agosto, cuando tras una filtración a la prensa, el Departamento de Estado confirmó que en mayo había expulsado a dos diplomáticos cubanos como respuesta a los problemas de salud que estaba sufriendo el personal norteamericano en La Habana.

 

Pese a que enrarece el clima, el paso dado ayer por Washington no supone una ruptura ni un cambio en los vínculos diplomáticos existentes con la isla, con la que Estados Unidos retomó las relaciones en 2015 tras más de 50 años con ellas rotas.

 

“Mantenemos nuestras relaciones diplomáticas con Cuba, y nuestro trabajo en Cuba continúa bajo la guía de la seguridad nacional y los intereses de la política exterior de Estados Unidos”, dijo Tillerson, que el lunes se reunió en Washington con su par cubano a petición de este. “Cuba nos ha dicho que continuará investigando estos ataques y continuaremos cooperando con ellos en ese esfuerzo”, añadió el jefe de la diplomacia estadounidense.

 

Desde su llegada a la Casa Blanca, Trump critica el acercamiento a Cuba de su predecesor, Barack Obama. En junio anunció cambios en esa política que aún no entraron en vigor y que pasan por impedir toda posibilidad de turismo estadounidense y vetar a las empresas las transacciones con compañías en manos de las fuerzas armadas.

 

El senador republicano Marco Rubio, una de las voces que Trump más escucha en lo relativo a Cuba, instó ayer al Departamento de Estado a expulsar al mismo número de diplomáticos cubanos de Washington que diplomáticos estadounidenses ha retirado de La Habana.

 

También pidió rebajar el grado de la legación a sección de intereses y considerar volver a incluir a Cuba en la lista de países patrocinadores del terrorismo, de la que Obama la sacó.

 

 

Advertencia de viajes de EEUU enfría industria turística de Cuba

 

Nelson Acosta y Marc Frank, Reuters

 

LA HABANA.- Los negocios cubanos que apuestan a las visitas de turistas de Estados Unidos han sufrido un duro golpe en los últimos meses después de haber disfrutado un auge de dos años y medio.

 

Primero, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ordenó en junio mayores restricciones a los viajes a la isla caribeña. Luego, el Departamento de Estado recomendó el viernes no viajar tras una serie de supuestos ataques a sus diplomáticos en La Habana, que han sufrido misteriosos problemas de salud.

 

El gobierno estadounidense dijo que hasta que la causa de estos problemas no fuera determinada no podía garantizar la seguridad de ciudadanos estadounidenses.

 

Las nuevas regulaciones aún no han sido publicadas, y la advertencia no significa que los estadounidenses no pueden viajar a Cuba. De todos modos, las medidas relegan otra vez a la isla al ámbito de “fruto prohibido” a ser disfrutado bajo propio riesgo.

 

“Como mismo influyó positivamente cuando se restablecieron las relaciones (Cuba-EEUU), ahora va a ser muy negativo y va a incidir sin dudas”, dijo José Enrique Montoto, que renta un apartamento, frecuentemente a visitantes de Estados Unidos, a través de Airbnb. “Están creando un ambiente de inseguridad a los que intentan viajar a Cuba”.

 

Montoto, de 57 años, dijo que tres ciudadanos estadounidenses que iban a llegar a La Habana el sábado cancelaron sus reservaciones con él a último minuto sin ninguna explicación. Y le preocupa que otros hagan lo mismo.

 

Menos del 10 por ciento de los visitantes extranjeros a la isla son estadounidenses, aunque el número de los viajeros de este país se triplicaron a 285.000 el año pasado debido a las nuevas excepciones a la prohibición de viajes tras el histórico acercamiento entre Washington y La Habana bajo el mandato del expresidente Barack Obama.

 

De acuerdo con estadísticas del gobierno cubano, eso ubicaría los ingresos por estadías de estadounidenses en unos 300 millones de dólares.

 

OTROS MERCADOS

 

Por mucho tiempo, Cuba ha atendido en gran parte a turistas canadienses y europeos, y algunos dueños de negocios locales dijeron que los recientes eventos bajo el mandato de Trump son un duro recordatorio de que no hay que depender mucho de un sólo mercado.

 

Con todo, otros dicen que los estadounidenses son particularmente buenos clientes que pagan bien. Y también temen que la advertencia de viajes de Estados Unidos manche aún más la imagen de Cuba como un destino seguro e idílico después de que el huracán Irma hizo desastres el mes pasado.

 

Una caída este año del turismo sería otro golpe a la economía de Cuba, que ya está lidiando con un caída en los envíos de petróleo barato de su aliado clave Venezuela, menores exportaciones y una crisis de efectivo.

 

“Estoy preocupada por el impacto que (la advertencia) tendrá en nuestro negocio en 2018 y 2019”, dijo Andrea Holbrook, propietaria de Holbrook Travel, con sede en Florida, que organiza tours a más de 30 países.

 

“Cuba ciertamente ha sido un destino emergente”, dijo el sábado en una conferencia en La Habana organizada por una asociación estadounidense RESPECT de 150 negocios y entidades sin fines de lucro que llevan estadounidenses a la isla.

 

Los operadores estadounidenses de cruceros, como Royal Caribbean y Carnival Corp podrían salir ilesos, según los expertos, porque sus pasajeros pueden quedarse a bordo. Los supuestos ataques contra diplomáticos de Estados Unidos han ocurrido en sus casas u hoteles.

 

Los organizadores estadounidenses de tours dicen que los supuestos ataques no han afectado a ningún turista de Estados Unidos y que Cuba sigue siendo uno de los destinos más seguros posibles.

 

Los cubanos en el sector de alojamiento turístico dicen que en lugar de esperar que las relaciones mejoren con Trump, deberían buscar nuevos mercados.

 

“Él está buscando cerrarnos cada vez más, pero siempre que se cierra alguna puerta se abren otras”, dijo Aimée Santos, de 53 años, que renta su departamento a turistas.