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ARTÍCULO ESPECIAL EN EL THINK-TANK DE CUBANÁLISIS

Lo que se cocina en Venezuela

 

Plinio Apuleyo Mendoza, Bogotá, en El Tiempo

 

Lo que en realidad oculta el enfrentamiento entre Nicolás Maduro y Diosdado Cabello es un conflicto entre los militares venezolanos y los Castro.

 

Lo que se cocina en Venezuela no es solo una pugna que enfrenta en secreto al presidente del país, Nicolás Maduro, y al presidente de la Asamblea Nacional, Diosdado Cabello. Tras ellos se percibe un oculto y tenso conflicto entre los militares venezolanos y los hermanos Castro.

 

Lo primero que provoca es risa. Oír a Maduro afirmando que desde Colombia las más altas instancias están preparando un plan para derrocarlo y que el expresidente Uribe, junto con Roger Noriega y J. J. Rendón, está preparando un veneno para inoculárselo y matarlo con lentitud parece más bien el libreto de una farsa burlesca. ¿Qué más puede uno esperar de un hombre a quien el espíritu de Chávez se le aparece envuelto en las plumas de un pajarito?

 

El más preocupado con estas chifladuras debe de ser el presidente colombiano Juan Manuel Santos. No las esperaba. Cauteloso como es, antes de recibir a Capriles tomó un teléfono, según contó la periodista Vicky Dávila, y llamó a Maduro para no inquietarlo. Maduro, al parecer, aceptó sus explicaciones. La prueba de ello es que una vez divulgado el encuentro de Santos con el líder opositor, guardó un prudente silencio. El que saltó con inusitada ferocidad diciendo que Santos les había puesto una bomba a las buenas relaciones entre los dos países fue Diosdado Cabello. ¿Por qué se apresuró a hacerlo a espaldas del propio presidente Maduro? Aquí está la clave de lo que realmente se cocina en Venezuela.

 

Veámoslo con cuidado. Esta no es solo una pugna que enfrenta en secreto a los dos dirigentes. Tras ellos, se percibe un oculto y tenso conflicto entre los militares venezolanos y los hermanos Castro. Los primeros, con Diosdado Cabello a la cabeza, no han logrado nunca digerir la presencia del servicio de inteligencia cubano —el G2— dentro de las Fuerzas Armadas. No se resignan a un G2 que los sigue paso a paso y todo lo fiscaliza, hasta los ascensos. Es algo que los ofende.

 

No es una invención mía. Esta realidad me la hizo conocer, en un reciente viaje a Caracas, un oficial de muy alta graduación cuyo nombre, por razones de seguridad, omito mencionar. De paso, explica por qué Fidel y Raúl Castro movieron todas sus cartas para impedir que Diosdado Cabello, presidente de la Asamblea Nacional, ocupara por 30 días la presidencia de Venezuela mientras se realizaban las elecciones. Pensando en la millonaria y vital ayuda que les otorgó Chávez, solo confían en Maduro para conservarla. Y sin duda influyeron en la unción que le dio el caudillo antes de desaparecer.

 

Pese a ella, Maduro tiene una situación interna muy frágil. No así Diosdado Cabello, quien ejerce un sólido control sobre todos los organismos de inteligencia, la Policía, los órganos de control cambiario y los gobernadores militares que están al frente de un gran número de Estados.

 

Esta realidad se hizo pública con el audio que la oposición dio a conocer y que contenía una conversación del periodista chavista Mario Silva con un oficial cubano. ¿Cómo llegó esta grabación a la Mesa de Unidad Democrática que acompaña a Henrique Capriles? A mí no me extrañaría que hubiese sido el propio G2 cubano. Fiel heredero de la KGB soviética, esta maniobra suya estaría destinada a desenmascarar a Diosdado Cabello, mostrando sus negocios y maniobras.

 

Como sea, todos sabemos hoy que la furiosa explosión de los dos dirigentes chavistas ante el encuentro de Santos con Capriles obedece ante todo a rivalidades y pugnas intestinas. Para no dejarle espacio a su rival, Maduro ha resuelto mostrarse más chavista que Chávez y hacer responsable del colapso económico que vive su país a Colombia, incluyendo la escasez, la devaluación del bolívar y hasta la carencia de papel higiénico. ¿Lo calmarán las sonrisas y buenas palabras de María Ángela, la agraciada canciller colombiana? De pronto, si los Castro —interesados en el proceso de paz— deciden darle otro giro a las pataletas de Maduro. Este, no lo olvidemos, baila siempre al compás de Cuba. Con sus desvaríos, hasta el propio pajarito que revoloteaba en Barinas sobre su cabeza debe estar alarmado.