Cubanálisis El Think-Tank

ARTÍCULO ESPECIAL EN EL THINK-TANK DE CUBANÁLISIS

La propiedad privada sigue siendo el demonio

 

Se avizora la anulación, por parte de las autoridades, de algunas formas del llamado “cuentapropismo”

 

Ernesto Pérez Chang, en Cubanet

 

LA HABANA, Cuba.- El panorama cubano actual es bien complicado: el gobierno se muestra incapaz de hallar una fórmula efectiva para elevar la producción, también para lograr la rentabilidad de las empresas estatales, elevar los salarios, controlar el alza de los precios de los productos y desarticular la cadena de corrupción que conecta a los altos niveles de dirección del país con un mercado negro en vías de institucionalizarse.

 

En las calles no solo aumenta el ejército de decepcionados sino, además, de los iracundos y, como en otras épocas, a falta de resultados positivos en los experimentos económicos, al parecer los sacerdotes del modelo socialista han querido salvar la situación recurriendo a la quema pública de brujas y esta vez les ha tocado a los vendedores de los agromercados, y a los llamados “carretilleros”, cargar con la culpa no solo de lo mal que funciona el “modelo económico” sino del descontento popular.

 

Sin embargo, para algunos expertos, más que una circunstancial “quema de brujas” lo que está sucediendo actualmente con ese pequeño grupo de “trabajadores por cuenta propia” no es más que el inicio de una batalla mayor contra la iniciativa privada, no solo por el empecinamiento de demostrar a toda costa la superioridad de la empresa estatal socialista sino por el peligro que representa para la “estabilidad del sistema”.

 

Un destacado investigador del Centro de Estudios de la Economía Cubana, perteneciente a la Universidad de La Habana, expone su percepción del problema. Por razones de seguridad, no revelaremos su identidad: “No se hace nada experimentando con nuevas fórmulas, hay que restar a todas ellas ese factor negativo que es el hipercontrol del Estado, y el miedo de este a perder su carácter monopólico (…). El sector privado, en pocos años, ha demostrado ser eficiente y ha crecido en todos los aspectos en comparación con la empresa estatal socialista y eso, aunque parezca positivo (…) representa un peligro para la estabilidad de un sistema político autocrático que basa su firmeza en la represión y en el estricto control de todo (…). Mientras más se enriquezca ese sector privado, más ganará en autonomía y eso lo llevará a transformarse en una fuerza política con la que habrá que pactar, y en los términos que establezca el capital, no la ideología, y el gobierno cubano intentará crear, por todos los medios, mecanismos que la frenen e infundirá temores en las masas para crear espejismos: el sector privado como la fuente de todos los males, y la empresa estatal socialista, un paraíso prometido. (…) Aunque lo de topar los precios y culpar a los carretilleros y a los intermediarios por todo el problema parezca una necedad, es en verdad una táctica, porque si en algo son buenos [se refiere al gobierno cubano] es en sacarse la culpa de arriba demonizando a los posibles contrarios antes de que se vuelvan contrarios de verdad. (…) La gente no es tonta pero una mentira repetida hasta el cansancio, a veces se convierte en verdad. (…) La gente repite en la calle lo mismo que les dice el gobierno: que los precios se estabilizarán eliminando a los intermediarios (…). Pero, ¿quiénes son los intermediarios? ¿Los carretilleros? La gente no piensa en que el intermediario es el mismo Estado, pero el mismo gobierno los ha llevado a pensar que ellos nada tienen que ver con el problema porque señalan la causa, o una de las tantas, pero transfieren la culpa a quien no le corresponde”.

 

Omara Serra, ex funcionaria del Ministerio de Comercio Exterior, es de la opinión de que el gobierno muestra señales de “arrepentimiento” con respecto a las medidas para incentivar la iniciativa privada: “Es como si las protestas de los cubanos frente a la Embajada de Ecuador los hubiera hecho pensar en algo que para muchos era impensable. (…) Nunca imaginé ver a la gente gritando por su dinero, un dinero que no les regaló Venezuela ni el extinto campo socialista sino que lo han ganado trabajando, en sus negocios particulares, sin tener que gritar viva Fidel o abajo los yanquis. (…) Cuando yo vi eso me dije: eso es ahora, cuando pasen unos años esa misma gente que no depende del gobierno va a marchar por la Plaza pidiendo reformas, derechos, voz. Si lo pensé yo (…), también lo pensaron allá arriba. (…) La acumulación de dinero no solo desarrolla un país en un sentido estrictamente económico, lo hace cambiar en todos los aspectos, y llegará el momento en que el sector privado tenga el suficiente dinero para cambiar las reglas del juego y para convertirse en interlocutor de los grandes empresarios y hasta de los gobiernos, saltándose toda esa cadena de mando tan militar, tan primitiva, que es el verdadero lastre de nuestra economía. (…) Demostrar la superioridad de la empresa estatal socialista conllevará a declarar una guerra sucia contra el sector privado. (…) ¿En qué consistirá? Mejor tienes que preguntar en qué consiste, ahora, en el presente, esa guerra porque en ninguna de las leyes aprobadas para la inversión extranjera, ni en las propuestas de inversiones son mencionados los emprendedores cubanos. (…) El futuro de Cuba está planificado para otros, pero no para los cubanos. Puedes rentar tu casa, tu auto, pero no puedes aspirar a una crear una inmobiliaria ni tener un concesionario, esos son privilegios del Estado y de aquellos que no portan carnet de identidad cubano”.

 

Desde la autorización del trabajo por cuenta propia, numerosas personas, con recursos para hacerlo, han preferido pasar del sector estatal al privado y, sorteando algunos escollos, han logrado cierta bonanza pero muchos reconocen que este no es el denominador común y que, posiblemente, sean más los negocios que se frustran que los que prosperan debido a las trabas impuestas por el gobierno.

 

Manuel Santusi fue, durante poco más de un año, el “dueño” de una pequeña fábrica de materiales para la construcción hasta que se vio obligado a entregar la licencia y retornar a un empleo estatal. Para él, el gobierno no actúa de manera justa con los emprendedores a los que no brinda ningún tipo de facilidades: “Todos los días te cambian las leyes, según les convenga (…), llega el momento en que no sabes por qué estás pagando tal o tal más cual impuesto, te ponen más condiciones que a las empresas del Estado y más limitaciones a la hora de adquirir las cosas [insumos]. (…) No puedes establecer contratos con empresas extranjeras, no puedes importar ni exportar y para comercializar es otro montón de condiciones y trámites que se tardan meses. (…) Para sobrevivir te obligan a hacer trampas, fraudes, a atentar contra tus propios clientes, a estafarlos en buena medida. Por eso la mayoría de los negocios abren, funcionan un tiempo, un año, dos y después tienen que cerrar, y si se mantienen es porque le han “cogido la vuelta” al sistema”.

 

Fidelio Goyanes, chofer de un auto de alquiler, también advierte que existe una guerra constante entre el sector privado y el Estado: “un país que quiere desarrollar la empresa privada crea leyes que la estimulen, pero aquí solo se crean para vaciar los bolsillos de la gente. (…) Yo no cobro la tarifa que cobro porque me dé la gana, yo cobro eso porque tengo un impuesto que pagar, piezas y petróleo que comprar en donde aparezcan y porque en las shopping [tiendas estatales en divisas] el gobierno no nos regala las cosas, las cobra bien caras, y uno está obligado a comprar en ellas porque la famosa “canasta básica” ya ni se menciona, eso no existe. (…) El gobierno nos reclama a nosotros por cobrar lo que cobramos pero ¿quién le reclama al gobierno? (…) Nosotros no somos empresarios, somos buscavidas. Incluso quien tenga dos paladares, tres o diez, también es un buscavidas porque se sabe que, en este país, para que un negocio prospere hay que hacer mucha maraña”.

 

¿Qué otras medidas adoptará el gobierno en los próximos días para bajar los precios y terminar con la especulación? Por los numerosos reportajes aparecidos en la prensa cubana, se intuye que todas tengan que ver con el sector privado y con la anulación de algunas formas del llamado “cuentapropismo”, practicadas por aquellos sectores más pobres de la población (carretilleros, mercaderes ambulantes, revendedores), lo cual obligará a una buena parte de ellos a retornar a los empleos estatales, una tendencia que, analizada irónicamente desde lo estadístico, pudiera ser interpretada en el discurso oficialista como una “recuperación de la confianza en la empresa socialista”.