Cubanálisis El Think-Tank

REPRODUCCIÓN DE UN ARTÍCULO ESPECIAL EN EL THINK-TANK DE CUBANÁLISIS

 

 La ideología le cede espacios al pragmatismo: China y Vietnam

 

Federico Picado Gómez

 

Será posible mantener la orientación fundamental hacia el socialismo, en dos economías en pleno desarrollo, China y Vietnam, en medio de la aplicación de medidas correctivas, que tienden a disminuir la participación del estado y ampliar la participación del sector privado internacional y generar condiciones para que pueda emerger un sector privado nacional, creando nuevas condiciones de gestión global de la economía. . Solo el tiempo lo dirá. Una disminución de la presencia del estado nacional en la planificación y gestión de la economía y un incremento de los factores de la libre economía pueden disparar a la sociedad china y vietnamita por otros derroteros, dejando de lado las luchas de liberación que asumieron los pueblos de ambas naciones en diferentes etapas del siglo pasado, en contra de la dominación extranjera.

 

Las economías de China y Vietnam han crecido a ritmos importantes en los últimos años, cada cual en sus circunstancias internas y externas. Su ingreso a la economía capitalista mundial los hizo participes, de diferente manera, de la crisis del sudeste asiático y la condición de autonomía política conquistada en diferentes épocas, uno como producto de la revolución de 1949 y otro como producto de la guerra de liberación que concluyó en 1975, se transformó a partir de la década de los años 80, en una dependencia de factores externas que condicionó las alternativas de decisión de los factores a gobernantes en ambos países. Ya a fines de los años 90 el proceso de globalización de la economía mundial presiona fuertemente hacia una resolución terminante de la relación dialéctica entre una economía capitalista que nace y una economía socialista que languidece, en las condiciones de partidos únicos que parece están en proceso de arriar las banderas, en forma definitiva, que impulsaron en los inicios de importantes procesos de transformación política y económica en ruta hacia el socialismo.

 

CHINA -PANORAMA DE SU ECONOMÍA-

 

Las reformas económicas puestas en ejecución a partir de 1976 por Deng Xiao Ping que permitió introducir en forma paulatina la libertad de precios, aumento de la competencia y apertura económica colocan a la China contemporánea como una superpotencia en la economía global del planeta. Los acuerdos logrados con los Estados Unidos han ampliado el intercambio comercial a condiciones jamás previstas, mediante la reducción de aranceles y el levantamiento de restricciones para las inversiones de ese origen en el mercado interno, atraída por su gran potencial de ventas y consumo.

 

La economía China, en el período comprendido entre 1980-1995 creció en un promedio superior al 9%, debido a políticas de inversión, tanto de origen extranjero como nacional, y al final de ese período el volumen de sus exportaciones anuales llegaba al orden de us$ 300.000 millones. China en la actualidad ha cambiado el mapa de la economía internacional al situarse como la sexta economía del planeta y de mantenerse las tendencias de crecimiento podrá superar en el mediano a largo plazo, a los Estados Unidos. La importancia de su presencia en el comercio internacional está creciendo en términos nunca antes vistos para una economía nacional. Mientras que el volumen del intercambio comercial internacional de países como India, Brasil y Estados Unidos es equivalente a algo más del 25% del PIB en términos particulares, en China llega en la actualidad al 50%. No obstante ser una economía controlada por el Estado, con todas las limitaciones que esto genera, el país ha logrado capacidades de administración y gestión que le permiten convertirse en un ágil asimilador de procesos tecnológicos y productivos de otros países, logrando constituirse a inicios del presente siglo en el mayor receptor de inversión extranjera directa (IED), desplazando a los Estados Unidos.

 

En términos globales China aparenta ser una economía desarrollada sobre la base de un gran desarrollo industrial. El sector manufacturero representa algo más del 30% de la economía, cuando el promedio mundial para los países en desarrollo fluctúa entre el 20 al 25%. Las tasas de inversión y ahorro se acercan al 40% del PIB, mientras que las economías latinoamericanas no alcanzan el 20%. El sistema financiero chino maneja volúmenes de crédito equivalentes al 120% del PIB, lo que representa en comparación con los países latinoamericanos, cinco o seis veces más. No obstante, en muchos aspectos particulares, China se asemeja a los países en desarrollo. Un ingreso per-cápita anual por debajo de los $ 1.000 la deja a la zaga de la mayoría de los países latinoamericanos, pero en términos de los niveles de desigualdad la distribución de los ingresos no anda lejos del promedio latinoamericano.

 

El motor del crecimiento chino en la actualidad se fundamenta en la permanente reestructura de la economía, en su capacidad para atraer inversión extranjera de tipo industrial y en el estímulo de las capacidades nacionales para promover proyectos de inversión privada nacional, por lo que estos dos sectores se constituyen en los factores dinámicos de la economía. El ajuste de la economía china, que incluyó la privatización y/o liquidación de decenas de miles de empresas estatales, está generando el desplazamiento de grandes volúmenes de mano de obra, proveniente tanto de las zonas rurales como de las empresas estatales en proceso de modernización, por lo que los sectores dinámicos, por sus ritmos de crecimiento, se convierten en una fuente de asimilación. Se estima que en diversos sectores ineficientes de la economía china hay alrededor de 160 millones de trabajadores excedentes y que en el mediano plazo la población de las zonas rurales podrá verse reducida en 300 millones de personas.

 

La migración de inmensas masas de habitantes de las zonas rurales, atraídas por el desarrollo acelerado de proyectos de inversión en las zonas costeras, está generando el mayor proceso de urbanización nunca antes visto en la historia moderna. En los últimos 20 años, en medio del proceso de reforma económica, más de 200 millones de habitantes de las zonas rurales han dejado de serlo, para convertirse en residentes urbanos y para los próximos años una carga superior, tendrán que ser asimilados por nuevos asentamientos humanos y ciudades en proceso de expansión.

 

La estrategia de expansión urbana fue múltiple, ampliar las grandes ciudades, desarrollar las medianas y pequeñas y crear ciudades nuevas. Sin embargo a pesar de todos los esfuerzos, los volúmenes de inversión no fueron suficientes para crear nuevos espacios para los emigrantes y en los últimos años han aparecido los síntomas clásicos de la urbanización enferma, presente en las grandes ciudades de América Latina, aunque no en los extremos de miseria y hacinación.

 

La expansión de las áreas urbanas y el nacimiento de nuevas ciudades a disminuido la tierra útil y a esta tendencia se une el crecimiento de la planta industrial que obliga a la ejecución de colosales inversiones en el crecimiento de la infraestructura vial y ferroviaria, para la movilización y transporte masivo de mercancías y personas. En los últimos 16 años se han construido más de 41.000 km de autopistas y los próximos cinco años se tienen proyectadas inversiones en el orden de 24.000 km. Sumados en su conjunto el proceso de expansión le ha restado a la superficie del país alrededor de 6,6 millones de hectáreas y más de 30 millones de campesinos han sido desalojados. La mejoría indudable en la calidad de vida y el grado de independencia de la población china ha estado acompañada de un marcado deterioro del medio ambiente, causado por la acelerada industrialización de las regiones costeras.

 

La actual etapa de crecimiento de China puede explotar por varias vías. Con solo el 6% de la tierra cultivable del mundo, la economía china da de comer al 22% de la población mundial. La relación de tierra cultivable per-cápita es sensiblemente baja, en algo menos que la media mundial, ocho veces menos que en Estados Unidos y la mitad de la India. Una crisis de población contra tierra cultivable que ha impulsado la urbanización de tierra útil por los efectos de la expansión de las capacidades de la planta industrial, puede generar una crisis de insostenibilidad, que se manifiesta en las zonas rurales y desde las zonas rurales, poniendo en aprietos a todo el sistema económico. Agreguemos a esta situación el problema de las demandas energéticas crecientes que se expresan en toda su crudeza, en el crecimiento del sector industrial y productivo, y además que, cada habitante urbano consume en promedio tres veces y media más energía que el habitante de las zonas rurales.

 

El acelerado crecimiento de la economía china permite destinar alrededor del 20% del PIB en inversiones para favorecer las empresas estatales que se destacan por su ineficiencia y que se constituyen en un lastre de la economía, en las condiciones de una economía de mercado. Dichas empresas consumen el mayor volumen del crédito disponible y el sistema financiero público los conceden al margen de consideraciones de riesgo, pero que el rápido crecimiento de la masa circulante lo permite, en virtud de que los depósitos bancarios están creciendo a un promedio anual del 15%.

 

Antes del inicio del período de reformas en la economía del país en 1978, el comercio exterior chino se condujo siempre dentro de los marcos de un sistema estatal, en el cual unas pocas empresas extranjeras mantenían un monopolio sobre el intercambio comercial. En estas condiciones las importaciones se redujeron en volúmenes importantes y las exportaciones autorizadas llegaban a un límite que les permitiera asumir el pago de las compras en el exterior. Al contrario, en las últimas dos décadas del siglo pasado y lo que corre del presente siglo, el comercio exterior chino ha experimentado un notable crecimiento y expansión, a tal punto que su participación en el comercio mundial ha logrado elevarse al 3% y según proyecciones de fuentes serias se estima que para 2020, China estará ocupando el segundo lugar en el volumen del intercambio comercial a nivel mundial.

 

No obstante las metas alcanzadas por China en términos de su desarrollo económico, las reformas desarrolladas en los 20 años tienen profundos agujeros negros, que en los últimos tiempos han aumentado de tamaño y profundidad. En el área de la educación, que debe ser una responsabilidad inmediata y básica del gobierno, se evidencian enormes deficiencias, en particular en la enseñanza pública. La enseñanza privada ha crecido aunque manteniéndose a niveles bajos, en el caso de la pública resulta evidente la ausencia de inversiones que impulsan su deterioro general, especialmente en las rurales del país. En términos de gasto en educación, el gobierno central y los gobiernos provinciales asumen el 2% y el 11% respectivamente de los gastos totales y el porcentaje restante debe ser asumido por los gobiernos locales. En teoría la enseñanza es gratuita durante nueve años, pero en vista de las insuficiencias presupuestarias, los gastos fijos por concepto de servicios públicos, además del transporte, debe ser asumido por los grupos familiares, lo que se constituye en una causa de ausentismo, sobre todo en las áreas rurales, por los bajos niveles de ingresos. Resulta evidente que China se encuentra lejos de invertir en educación el 6% del PIB, como lo recomiendan los organismos internacionales.

 

El sistema de salud resulta ser otro profundo agujero negro en la realidad de China, pues las diferencias entre las zonas urbanas y rurales son en extremo importantes, así como las diferencias entre colectivos de asalariados, pues la calidad de los servicios de salud depende de cual sea el régimen público o privado, que cubre las empresas. El volumen de las inversiones públicas no llega a consolidar la calidad de los servicios y las demandas de crecimiento y cobertura. Resulta alarmante que algo menos del 20% de la población total del país tiene asegurada la asistencia en salud y según estadísticas responsables la población urbana total está cubierta en el 50% y la cobertura en las zonas rurales no alcanza el 20%.

 

El mundo laboral constituye otro agujero negro de la realidad china. El desempleo, la precariedad, la desregulación y la falta de seguridad son términos de uso corriente. El desempleo sigue aumentando, aunque las cifras varían según la fuente, la causa y la región del país. El problema está ligado en su mayor expresión al proceso de reconversión de empresas estatales y sector público, que acumulan un considerable excedente de mano de obra y funcionarios, cuya adaptación a las condiciones vigentes y en evolución del sistema económico debe realizarse en forma paulatina, con la finalidad de evitar un nivel de descontento social, que no pueda ser manejado oportunamente por las autoridades de gobierno. Los indicadores de desempleo, sobre todo en las provincias norteñas donde el peso del sector estatal es importante, ronda el 20%. En términos particulares el volumen del desempleo urbano anda en los 24 millones de personas a los que se agregan una cifra superior a los 75 millones procedentes de las zonas rurales, que logran sostenerse en términos de ingresos limitados en trabajos esporádicos y de temporal en las grandes ciudades. Los subsidios por desempleo son insuficientes en su cuantía y los mecanismos de reciclaje profesional caminan a marcha forzada, pero el cambio del modelo económico anda en forma lenta. Por otra parte, no obstante que la legislación laboral establece que las relaciones entre empleador y empleado deben expresarse en un contrato de trabajo, solo disponen de esta condición dos de cada 10 trabajadores chinos que laboran en el sector privado. Esta situación puede afectar, según cifras extraoficiales, el 60% de los 150 millones de emigrantes rurales que buscan empleo en las emergentes urbes del litoral chino.

 

Un reflejo de la delicada situación social que vive China, como consecuencia de las políticas de reforma implantadas está relacionado con el incremento exponencial de las desigualdades en términos de ingreso, según un informe de diciembre del 2005 presentado por el Programa de Desarrollo de la ONU, y elaborado con participación china. Mientras que La renta per cápita en las ciudades ha ascendido a 1.049 euros, con un crecimiento medio anual del 9,6%, en las zonas rurales la media solo habría alcanzado los 325 euros, con un incremento medio anual del 6,2%. Debe tomarse en cuenta que en China no existen mecanismos de ajuste de ingresos.

 

En un informe hecho público por la CIOSL antes de la reunión ministerial de la OMC de Hong Kong, en diciembre del 2005, se denuncia que el ritmo de aumento de las desigualdades en China es de los más veloces del mundo y que su tendencia a la exclusión social no tiene precedentes. Además del desempleo y la sobreexplotación de la mano de obra, se advierte que la lucha contra la pobreza, que se libró exitosamente a comienzos de los años 80, a partir de los 90 se ha estancado, corriendo el riesgo de agravarse con la integración más profunda en la OMC.

 

En resumen, las reformas son un éxito, pero tiene ganadores y perdedores, en los términos y condiciones de una sociedad socialista de mercado.

 

El ingreso de China a los mecanismos del desarrollo capitalista provoca una serie de cambios en la ubicación de los actores sociales y su comportamiento. El pasar de un sistema de economía centralizada a economía abierta y de libre mercado genera consecuencias de diferentes características. Hacen presencia en otros fenómenos, la migración de población rural a las ciudades, el hostigamiento de la tradicional moral confuciana nacional por una jerarquía individual de valores occidentes desconocidos en la cultura nacional, el previsible recambio de las garantías estatales permanentes por el enfrentamiento solitario a las crisis cíclicas de la economía mundial, el choque entre los patrones colectivo de conducta social y las desigualdades que genera el crecimiento capitalista. Aparecen nuevas contradicciones y enfrentamientos hasta ahora inexistentes en una sociedad hasta ahora sin clases, entre el avance económico y el retroceso social, entre el crecimiento del PIB a niveles nunca vistos y soñados y el crecimiento del desempleo, en los marcos de la diversidad social y una supuesta uniformidad política.

 

Sumemos también, como factores de enfrentamiento en el terreno político, la contradicción entre tradición y reforma, entre legitimidad y eficiencia, entre legalidad y desarrollo, entre democracia por descubrir y democracia en el socialismo, entre derechos civiles y derechos políticos, integridad territorial y regionalización de la economía, entre unidad nacional y reivindicaciones nacionales, en fin, entre un tipo de estado que nació bajo la sombro e influjo de un proceso de liberación política y una nación con nuevos intereses y perspectivas, en donde privan los objetivos del desarrollo.

 

No obstante que el gobierno chino parece conservar el rumbo de los acontecimientos, al final de cuentas debemos esperar cual es la reacción que se pueda acumular entre aquellos sectores sociales que han pasado de tener una perspectiva asegurada como consecuencia de un estado de economía planificada a la inseguridad propia de la competencia capitalista, dado que la presión que se pueda manifestar por diferentes vías, puede ser el ariete que encabece, que propicie y estimule, la síntesis global del sistema de contradicciones que se han venido acumulando en el seno de la sociedad china.

 

VIETNAM -PANORAMA DE SU ECONOMIA-

 

Vietnam, no obstante que recuperó su independencia en 1945, tuvo que esperar 30 años, luchando por defender su soberanía nacional y rescatar el sur en 1975, de manos de la ocupación extranjera. Las consecuencia derivadas de una guerra de liberación nacional, que se libró tanto en el norte como en el sur del país fueron desastrosas y al final del conflicto, que terminó con las negociaciones de paz y la salida del ejército de los Estados Unidos, único sostén del régimen títere de Saigón, el país se encontraba en ruinas.

 

Arrancando con un nivel de desarrollo muy bajo, derivados de la guerra de agresión en el norte y la ocupación del sur, teniendo un estado nacional enfrentado a todas las limitaciones posibles, la dirigencia política de Vietnam tuvo que asumir las responsabilidades de reconstrucción del país y encauzarlo por las vías del desarrollo socialista. Una nación aislada del mundo internacional, confinada en el oeste asiático y dependiendo de la ayuda material, colaboración económica y técnica de China y la URSS, se encaminó hacia una severa crisis de carácter estructural que puso en juicio el sistema político y sus derivaciones económicas, que le impedían desarrollar todo el potencial de desarrollo del país.

 

En 1986 la inflación alcanzaba el 400% y el Producto Interno Bruto (PIB) descendía a extremos alarmantes y el volumen de la producción nacional no alcanzaba a satisfacer por lo menos las necesidades internas.

 

A principios de los años 80, esfuerzos limitados de ajuste de la economía, especialmente en las zonas rurales del país, se implantaron como respuesta a iniciativas de los campesinos de desarrollar proyectos de cultivo de alimentos básicos, al margen del sistema de planificación central. La producción agrícola se elevó y los suministros de alimentos aumentaron. Estos resultados pusieron en evidencia problemas en las regulaciones estatales vigentes sobre precios, mercados y propiedad de la tierra, que obligaron a las autoridades de gobierno a introducir reformas en forma gradual, que dio origen a las políticas de ajuste de la economía, que comenzaron a implantarse a partir de la segunda mitad de la década. Según la opinión de una fuente competente, "Las reformas macroeconómicas prepararon las condiciones económicas y psicológicas para las reformas económicas que condujeron a los mecanismos de mercado". Y según la misma fuente, "una vez que el gobierno adoptó oficialmente la política -doi moi- de reformas de todo el sistema de la economía, el proceso de implantación no continuó siendo ni gradual ni sistemático." Una especie de "terapia de choque" fue necesaria para crear los mecanismos de mercado básicos.

 

Frente a esta situación de deterioro de la economía por la que transitaba el país, a finales de 1986 el Partido Comunista de Vietnam tomó medidas extraordinarias con la intención de revertir el comportamiento declinante, por medio de la implantación de reformas urgentes, que incluyeron la liberalización del comercio, los precios, medidas monetarias ajustando los tipos de cambio, la apertura a la inversión extranjera y eliminar restricciones con la intención de generar un sector privado nacional.

 

La línea de la renovación adoptada por las autoridades políticas del país, conocida como Doi Moi, cuyos contenidos principales fue la reactivación económica, la simplificación de los mecanismos y procedimientos burocráticos, la eliminación de la política de subvenciones, la renovación de mecanismos de gestión, y el desarrollo de una economía multisectorial bajo control del estado nacional y con orientación socialista, en sus contenidos fundamentales, con vista a impulsar la renovación de la economía para acelerar la industrialización y modernización del país.

 

En los primeros años del plan quinquenal 1986-1990, no obstante que los viejos mecanismos de gestión de la economía no habían desaparecido y los nuevos estaban en proceso de implantación, la política de renovación logró resultados alentadores aunque modestos. En 1988, no obstante las medidas extraordinarias adoptadas para la reactivación del sector agrícola y agro-industrial, el país tuvo que importar 450.000 toneladas en alimentos diversos, pero al año siguiente logró exportar y colocar en el mercado internacional 1 millón de toneladas de arroz y ya para 1990, se convirtió en el tercer exportador mundial del grano. Otras áreas de la actividad económica como la producción de energía eléctrica, acero, cemento y petróleo crudo, lograron resultados alentadores en términos de crecimiento. En el quinquenio 1986-1990 el intercambio comercial tuvo un crecimiento anual del orden del 28% y los niveles de inflación fueron abatidos, del 400% en 1986 al 67% en 1990.

 

La recuperación de la economía y los signos positivos que evidenciaba tuvo un gran significado de carácter político, pues el proceso de tránsito que estaba encarando el país, se desarrolló en la antesala de la crisis general que se estaba gestando en la Unión Soviética y el resto de países socialista del este europeo. En estas circunstancias el comercio exterior de Vietnam cayó en forma abrupta pues el intercambio comercial en 1991 solo alcanzó un 15% en comparación con el año anterior, 1990. No obstante estos resultados negativos, los factores positivos que se pudieron expresar fue que el proceso de renovación comenzaba a dar sus expresiones positivas y las unidades económicas iban generando destrezas en la aplicación de los nuevos de los nuevos mecanismos de gestión en las empresas y proyectos industriales.

 

Los cambios radicales que se dieron en la gestión global del país en el quinquenio 1991-1995, abrieron los espacios adecuados para la aparición de diversas áreas de desarrollo de la actividad productiva, y pasar de una economía centralizada, a una de mercado. La organización de las nuevas relaciones de propiedad y producción hizo posible la aparición de diversos sectores. Un sector de actividad del estado, un sector estatal con una clara visión capitalista, un sector de economía privada y un sector de actividad productiva bajo principios cooperativos, formaron una amalgama de intereses, en donde la actividad economica no estatal ocupó alrededor del 60% del PIB. En el quinquenio 1991-1995 se entregó a los sectores económicos el derecho de uso de la tierra y la exportación e importación. El sector de economía estatal continuó recibiendo atención especial, como punta de lanza de todo el sistema, jugando un papel importante sobre todo, en la asignación de recursos de inversión.

 

En el período 1991-1995 las repercusiones del ajuste fueron extraordinarias pues los índices de crecimiento sobrepasaron las expectativas gubernamentales, alcanzando niveles del 8,8% y las cifras oficiales ponían los niveles de inflación en el orden del 14%. Los cortes de gastos fijos del gobierno central han puesto bajo control el déficit presupuestario que se arrastraba de periodos anteriores y el crecimiento de las exportaciones ha reducido el déficit comercial. La producción agrícola, especialmente de productos para la dieta básica, logró un crecimiento continuo y sostenido. La producción industrial de todos los sectores fue adaptándose a los nuevos mecanismos de gestión, logrando un aumento promedio anual del 13,5%. En términos generales la producción nacional comenzó a generar acumulación que le permitía atender alrededor del 90% de las demandas anuales de financiamiento. En el período 1991-1995 fueron aprobados y puestos en ejecución, alrededor de 1.400 proyectos financiados mediante inversión extranjera directa con un valor registrado superior a los us$ 20.000 millones, alcanzándose en el período aumentos anuales del orden del 50% y el crecimiento anual de las exportaciones alcanzó el 27% en promedio, triplicando el PIB.

 

Responsables vietnamitas del proceso de reforma de la economía durante el período 1991-1995 indicaban que, "la economía está todavía en una etapa de transición. Los problemas siguen siendo agudos pues muchos mecanismos de la economía de mercado no están presentes todavía". Indicaban también que "Vietnam carece de código civil, código comercial, una ley de competencia, ley de protección al consumidor y leyes que gobiernen a las empresas estatales, cooperativas y mercados públicos. La banca y las finanzas públicas necesitan reformas y se deben establecer mercados de capital."

 

Durante el período 1991-1995 las tendencias inflacionarias fueron controladas y estabilizadas, gracias al crecimiento de la producción, a la creación de mayores facilidades para la circulación de mercancías y a las experiencias de años anteriores, en la lucha contra la inflación. Los precios de mercancías y servicios se estabilizaron gradualmente pasando el crecimiento anual de 6,75% en 1991 al 4,5% en 1995.

 

De igual manera, durante el período indicado logró establecer relaciones políticas y de intercambio comercial, con los mayores centros económicos y políticos del mundo. Durante 1995 Vietnam se convirtió en miembro pleno de la Asociación de los Estados del Sudeste Asiático (ASEAN), firmó con la Unión Europea un acuerdo marco de colaboración en diversas áreas vitales y normalizó las relaciones diplomáticas con los Estados Unidos. Hasta finales de 1996, Vietnam tenía relaciones económicas y comerciales con más de 120 países y el intercambio comercial alcanzó un alto crecimiento con un promedio anual de más de 20%.

 

En junio de 1996, en el marco del proceso de profundización e intensificación de las reformas económicas y consolidación de la política de apertura de la economía, el VIII Congreso del Partido Comunista de Vietnam planteó como metas para el año 2020, hacer de la nación vietnamita "un país industrial, con bases materiales y técnicas modernas, estructuras económicas adecuadas, relaciones de producción avanzadas y conformes al desarrollo de las fuerzas productivas, alto nivel de vida material y espiritual, defensa y seguridad fortalecidas, pueblo próspero, país poderoso, suciedad justa y civilizada".

 

En período 1996-2000 la economía de Vietnam siguió su marcha ascendente, no obstante períodos de crisis por factores externos que tuvo que sortear. Hacia 1997 mantuvo ritmos positivos logrando un crecimiento anual del PIB superior al 9%, por encima del promedio del período precedente 1991-1995. El capital de inversión para el desarrollo creció rápidamente, alcanzando los us$ 15.000 millones, equivalentes al 35% de las metas del quinquenio 1996-2000, provenientes el 51% de fuentes internas y el resto de origen externo.

 

A partir de 1997, debido al impacto negativo de la crisis financiera y monetaria que se hizo presente en la región y a desastres naturales, la economía del país se vio sometida a dificultades. El ritmo de crecimiento del PIB sufrió una importante contracción pues su producto bruto pasó del 9.34% en 1996, al 4.80% en 1999. La disminución del crecimiento se reflejó en todas las ramas de la actividad económica del país, especialmente en los sectores industrial, los servicios y la agricultura y la inversión extranjera se contrajo. No obstante se presentaron algunos signos alentadores que se reflejaron en el crecimiento del turismo y por otro lado, la pobreza se disminuyó notablemente, pues solamente en 1999, alrededor de 400.000 familias se liberaron de los niveles de pobreza y 1,2 millones de puestos de trabajo fueron creados.

 

En el 2001, el IX Congreso del Partido Comunista de Vietnam aprobó la Estrategia de Desarrollo Económico-Social 2001-2010 y las Orientaciones y Tareas del Plan Quinquenal 2001-2005, destinadas en lo fundamental a acelerar el crecimiento económico y la calidad del desarrollo social del país. Los cinco contenidos principales de la estrategia fueron los siguientes:

 

1. El desarrollo rápido, eficiente y sostenible. El crecimiento económico paralelo con el progreso y la igual sociales y la protección del medio ambiente.

 

2. El desarrollo económico como tarea central, creando la base para un país industrial.

 

3. El impulso de la renovación, la liberación y el despliegue de todas las fuerzas productivas.

 

4. El fortalecimiento de la economía independiente y soberana ligado a la activa integración internacional.

 

5. La estrecha combinación entre el desarrollo económico-social y la defensa y seguridad del país.

 

Gracias a las acciones correctivas del gobierno, Vietnam logró detener las tendencias negativas que se manifestaron durante el quinquenio 1996-2000, logrando recuperar los ritmos de crecimiento. El PIB del 2001 fue de 6.89% y en 2003 alcanzó el 7.2%, reportándose incrementos importantes en la actividad industrial superiores al 10% anual y limitados en la actividad agrícola que pasó del 3% en el 2001 a 4,5% en el 2003.

 

No obstante la recuperación de la actividad económica en el quinquenio 2001-2005, la política de reformas no es el remedio para todos los problemas de Vietnam. La política del "doi moi" ha ayudado a resolver muchos problemas pero también ha contribuido a crear otros de especial importancia, que atentan en contra de los resultados positivos de la gestión global del país. El consumo de drogas, la prostitución y las actividades delictivas han aumentado, así como en forma significativa el abismo entre ricos y pobres. La comercialización de la educación y la atención médica, -al mejor estilo de los países sometidos a procesos de liberalización de la economía-, está creando un sistema de dos niveles. Los servicios han mejorado para las personas que tienen capacidad de pago y han perdido calidad para quienes no pueden hacerlo.

 

Según la opinión de autoridades económicas de gobierno "los cambios en la sociedad han hecho que algunas personas se conviertan en ganadores, mientras que otros han ido a engrosar las filas de los perdedores y la desigualdad en los ingresos está comenzando a ser objeto de preocupación pública". La contradicción entre los que forjaron el pasado y los que construyen el presente, entre los perdedores y ganadores, puede ser que defina el futuro de Vietnam.