Cubanálisis El Think-Tank   

       

        Juan Benemelis y Eugenio Yáñez

LA GUERRA INEVITABLE: ISRAEL VS. IRÁN. ENSEÑANZAS PARA CUBA

La estrella de David

Existen varios escenarios en los cuales Israel puede decidirse a atacar a Irán; el principal entre ellos es el temor israelí de que ya Irán esté acercándose a lo que el Ministro de Defensa Ehud Barak llamó “la zona de inmunidad”. El tiempo se ha transformado en el peor enemigo israelí ante la carrera iraní por escudar sus instalaciones nucleares y hacerlas inexpugnables a los ataques aéreos. El paso del tiempo sólo favorece a Irán, que va logrando asimilar la tecnología de producir armas nucleares, y la de hacer inservibles los posibles ciber-ataques de virus a sus programas. Irán ya refinó uranio hasta un 30-60% o quizás más, y está en preparación avanzada para alcanzar 65% de enriquecimiento, estando ya en el camino de alcanzar 80-90%, gradación de uso en armas.

Bajo esta consideración, y de poseer mayor tiempo, Irán llegará a una posición en la cual podría acumular suficiente uranio enriquecido, al igual que centrífugas de alta calidad, en lugares mucho menos accesibles que los actuales, que podrían ser inmunes a los ataques aéreos. No por gusto Israel dispone de menos tiempo que Estados Unidos para actuar, si decide montar una campaña bélica por sí solo. Ephraim Halevi, ex director del Mossad israelí, le dijo a The New York Times el 2 de agosto que si él fuera un iraní estaría muy preocupado en las próximas doce semanas.

Especialistas de inteligencia de EEUU e Israel consideran que Irán podrá tener en tres meses “bombas sucias” (bombas radiológicas, que combinan material radioactivo y explosivos convencionales, para contaminar con radioactividad el área de la explosión). Irán las daría a sus Brigadas Al Quds, brazo clandestino de la Guardia Revolucionaria en el exterior, para utilizarlas en tiempo de guerra contra Israel y Estados Unidos en el Golfo Pérsico y todo el Medio Oriente, y más allá. Israel teme que estas bombas terminen en manos de HizbAlláh en Líbano, y de Hamás en Gaza.

De acuerdo a analistas y “generales consultores de TV”, un ataque israelí solo lograría detener el programa nuclear iraní por dos o tres años, con el peligro de convencer más aún a Teherán de insistir en lograr sus bombas atómicas. Asumen que Irán dispone de la capacidad para responder a los ataques israelíes, con repercusiones catastróficas. Los israelíes en el gobierno no piensan de igual manera que los críticos desde fuera: el jefe del Estado Mayor de las Fuerzas de Defensa israelíes, Teniente General Benny Gantz, parece francamente convencido de que, si fuera ordenado, sus tropas serían capaces de sorprender a los iraníes e impactar al mundo. Muchos en el gobierno y el parlamento señalan que cuando algunos oficiales y funcionarios retirados hablan de las limitaciones de Israel para esta operación, es porque no están actualizados sobre los más recientes planes y capacidades militares para esta misión.

Documentos desclasificados del Pentágono, donde se simula un ataque israelí a Irán, concluyen que conlleva el peligro de extenderse a una guerra en toda la región, lo que de inmediato comprometería militarmente a Estados Unidos. Para ello, sólo un cambio en la política regional y la dinamización de las fuerzas políticas dentro de Irán serían los factores que podrían detener tal programa nuclear.

Muchos generales norteamericanos alegan que Israel dispone de menos poder de fuego, y que sus golpes aéreos no serían suficientes, sobre todo en las cuevas de Fordo, que quizás es el objetivo más difícil. Pero, a diferencia del generalato del pentágono, los militares israelitas creen que concentrarse en Fordo solamente sería una acción muy limitada, pues, a su entender, existen otras instalaciones menos defendidas y tan críticas a las ambiciones nucleares iraníes, citando por ejemplo otros lugares donde se hallan las centrífugas, el reactor de agua pesada, y los cohetes de largo alcance.

En la última conferencia de seguridad, en Herzliya, el vicepremier Moshé Ya'alón, ex Jefe de Estado Mayor de las Fuerzas de Defensa Israelíes, aseveró que el grueso de las instalaciones nucleares y sensitivas iraníes aún es vulnerable a un ataque militar. Los criterios de Ya'alón contradicen a los “expertos internacionales” y muchos altos militares de Europa y Estados Unidos, que ven ya como casi imposible destruir las instalaciones nucleares en las cuevas montañosas.

El Jefe de la Dirección de Inteligencia Militar israelí, el mayor general Aviv Kochavi, ha expresado que Irán dispone de 4 toneladas de uranio enriquecido a un 3.5%, y otros 100 kilogramos enriquecidos a un 20%; como ya está en camino de lograr el 90 % de enriquecimiento (algo que es muy fácil después de llegar al 20%), el uranio disponible por Irán sería suficiente para cuatro bombas atómicas.

Este es el objetivo que Teherán, tan tozudamente, ha estado trabajando en los últimos tiempos, y eso es lo que limita las opciones de Israel, que ve con gran riesgo la política de la administración Barack Obama de sanciones y diplomacia. Netanyahu y Ehud Barak, su Ministro de Defensa y ex primer ministro, desechan que Irán pueda ser persuadido a entregar su programa de enriquecimiento de uranio, y están absolutamente convencidos de que ese país ha estado jugando a lograr tiempo para completar el programa nuclear, sin importarle las sanciones y admoniciones de la IAEA.

Los militares israelíes, cuando son entrevistados, no ocultan ya la preparación de sus fuerzas para un plausible ataque al programa nuclear iraní. Están concientes, además, de que un ataque contra Irán desataría acciones de represalia contra el territorio israelí no solamente por parte de los iraníes, que serían las más difíciles de ejecutar para la parte persa, y tal vez las menos efectivas, sino que también podrían producirse acciones armadas por parte de las fuerzas armadas de Siria (que estaría tratando también de quitarse las presiones internas de los rebeldes sirios con un llamado a una guerra árabe contra “el sionismo”), así como de los libaneses de HizbAlláh o de los palestinos de Hamás en Gaza.

Es conocida la amplia y diversa cooperación militar entre Estados Unidos e Israel, incluyendo información de inteligencia, coordinación cibernética, y negociaciones diplomáticas. Las recientes visitas a Israel de funcionarios estadounidenses como Hillary Clinton, Secretaria de Estado, Leon Panetta, Secretario de Defensa, Michele A. Flournloy, ex Subsecretaria de Defensa, David S. Cohen, Subsecretario del Tesoro para la Inteligencia y el Terrorismo, y Wendy R. Sherman, Subsecretaria de Estado para Asuntos Políticos, tienen como función asegurar a Israel que es inamovible el compromiso de Washington de prevenir un Irán nuclear, y que está preparado para usar las fuerzas militares de ser necesario. El jefe del Pentágono, Leon Panetta fue muy enfático cuando dijo: “No le permitiremos a Irán desarrollar un arma nuclear, punto”.

A pesar del contencioso Israel-EEUU, sobre la decisión de cuándo es necesario emprender, si fuera necesario, una acción militar contra las instalaciones nucleares iraníes, la actual preparación militar que en silencio vienen realizando tanto Israel como Estados Unidos se halla en su fase final.

En la campaña militar contra las instalaciones nucleares iraníes puede aseverarse que Israel hará uso de todo su arsenal estratégico, excepto armas nucleares, para golpear la mayor cantidad de blancos posible. Será un ataque combinado de aire, mar y tierra, contra programas nucleares conocidos, al igual que otros no hechos públicos. A su vez, el ataque podría incluir las vulnerables refinerías petroleras, lo que destruiría completamente la economía de la República Islámica, regresándola al siglo XIX. Además, Irán sabe perfectamente que Israel, de ser atacado, dispone de la capacidad para responder con un segundo golpe que podría causar daños catastróficos.

Israel dispone de armas letales en su vasto arsenal; posee armamento nuclear que se calcula en 400 ojivas. Asimismo, se considera que ha desarrollado armas nucleares tácticas, las llamadas “mini-nukes”, capaces de penetrar y convertir en cenizas a cualquier bunker en Irán. Los submarinos nucleares israelíes pueden aniquilar cualquier agresor que destruya al pequeño país judío si es atacado sorpresivamente.

Un punto desconocido en esta correlación de fuerzas es la escuadra naval de los israelíes, que ha sido reforzada y dotada de submarinos adscritos a la flota del Mar Rojo; y para nadie es un secreto que su famosa Brigada Paracaidista lleva meses realizando múltiples y complicados ejercicios.

Los israelíes también se han esmerado en mejorar sus defensas con los cohetes Arrow y Patriot y los cohetes Iron Drone. Y han perfeccionado al Heron-TP, que es una segunda generación de sus primeros aviones no piloteados. El Heron está preparado para volar por más de 20 horas, y tiene un alcance de vuelo capaz de llegar hasta los cielos iraníes.

 

 Heron TP no tripulado

El Heron-2 y su homólogo, el Eitan, están diseñados para sobrevolar las instalaciones iraníes más neurálgicas, protegidas por los misiles Shahab-3, mientras el Arrow (Hetz), del sistema de defensa coheteril, se halle en pleno funcionamiento. El Herón-2 puede estar en vuelo ininterrumpido 20 horas consecutivas, y algunas fuentes dicen que el Eitan puede volar por 45 horas; ambos, también serían utilizados no solamente para proveer detalles sobre el terreno sino para desmantelar y desarticular las comunicaciones enemigas. Se ha especulado, incluso, que hasta podrían portar bombas.

La guerra del siglo XXI

Si se pretende pensar en la guerra que se está preparando basados en la mentalidad de la Segunda Guerra Mundial, las guerras de Corea o Vietnam, las guerras de Israel en “los Seis Días” o el “Yom Kippur”, o incluso en las Guerras del Golfo que desarrolló Estados Unidos y la coalición aliada contra Saddam Hussein, no se podrá entender el escenario que preparan los israelíes para detener el programa nuclear iraní.

Desde el punto de vista estrictamente militar, son muchos los analistas y especialistas militares que consideran que Israel no está en condiciones de propinar efectivos golpes destructivos a las instalaciones nucleares iraníes.

Un especialista de la conocida publicación IHS Jane’s es muy escéptico y señala: “Israel no tiene la cantidad de fuerzas y no tendrá la libertad de operar que se necesita para destruir el complejo nuclear iraní”. (…) “Si [Irán] entierra todo lo suficientemente profundo, sobrevivirá lo suficiente. Cualquier ataque israelí sólo puede dañar y posiblemente ni siquiera ralentice el esfuerzo iraní”.

Otros consideran que los israelíes podrían atacar múltiples objetivos en territorio iraní y dañar considerablemente las instalaciones y el programa nuclear, pero que siempre sería mucho menos daño que el que podría provocar Estados Unidos si llevara a cabo esos ataques. Por eso algunos insisten en que aun cuando un ataque israelí pueda tener éxito, sólo demoraría el programa nuclear iraní, pero no lo eliminaría. Sin embargo, un reconocido analista de un think-tank de Washington ha señalado: “Hay muchas incógnitas y riesgos potenciales, pero puede que Israel sepa que esos riesgos no son tan graves”.

Los israelíes no dudan que si Estados Unidos participara directamente en la operación los resultados serían mucho más efectivos y definitivos, y saben que para lograr el éxito ellos solos tendrían que operar al límite de sus capacidades militares, tecnológicas, operacionales, políticas y económicas, y con innumerables riesgos. Como señala un experto refiriéndose a los objetivos de Israel en un golpe masivo contra Irán: “Si lo lograsen sería una impresionante muestra de poderío contra una serie de objetivos difíciles y dispersos”.

Sin embargo, a pesar de tantas dificultades y peligros, los israelíes consideran estos riesgos mucho más aceptables que el de permitir, sin intentar nada para evitarlo, que los ayatolas se armen de municiones nucleares. Por otra parte, no sería la primera vez que Israel sorprende al mundo con operaciones militares que se consideraban “imposibles” de realizar, como la ofensiva de Moshe Dayan sobre fuerzas árabes abrumadoramente superiores, o la toma de Jerusalén en combates cuerpo a cuerpo, ambas durante la guerra “de los Seis Días”, o la marcha blindada sobre El Cairo avanzando entre las líneas de las tropas egipcias en ofensiva durante la guerra del “Yom Kippur”.

La guerra que se avecina

Entonces, veamos algunos elementos de la posible y probable guerra que vendría, desde el punto de vista militar.

La correlación de fuerzas entre ambos contendientes puede dar lugar a interpretaciones erróneas si no se profundiza en la información. A primera vista, aparece Israel con 7.5 millones de habitantes frente a Irán con 77 millones. En territorio, las diferencias son abismales: Israel ocupa 8,019 millas cuadradas (20,770 Km2) e Irán 636,296 (1’648,000 Km2). Y en total de fuerzas armadas en activo y personal de reserva Israel compila 752,000 personas, mientras Irán alcanza 1’195,000.

Pero hasta aquí son las ventajas aparentes de Irán, que pudieran ser relevantes en una guerra convencional, pero que no sirven de mucho en la que se aproxima. En poderío militar la balanza se inclina irremediablemente del lado israelí, que dispone de 1,964 aviones frente a 1,030 de Irán; y 3,230 tanques frente a 1,793 de Irán; el presupuesto militar israelí cubre 16 mil millones de dólares, y el de Irán 9 mil millones; en gasto militar per cápita Israel muestra 2,133 dólares, mientras Irán se queda en 117 dólares.

Y lo más sofisticado y complejo: se calcula que Israel dispone de 400 cabezas nucleares, mientras Irán no cuenta con ninguna. A lo que hay que sumar la abrumadora capacidad israelí en computación y software y en sistemas de comando y control, así como las experiencias israelíes en guerras contra múltiples ejércitos enemigos y en diversos frentes en 1948, 1956, 1967, 1973, 1982, 2006, 2008 y 2009, mientras el Irán contemporáneo solo acumula experiencias en los diez años de enfrentamiento con Irak a partir de 1979.

El papel protagónico en los combates que sobrevendrán en territorio iraní no corresponderá a tropas sobre el terreno, pues será básicamente una guerra de tecnología avanzada, donde sofisticados aviones y misiles, bombas “inteligentes”, complejísimos sistemas de comunicación, comando y control (CCC), los más modernos sistemas de inteligencia electrónica y alerta temprana, satélites, información de inteligencia en el terreno, sistemas electrónicos de desinformación, y hasta submarinos, deberán participar en batallas y operaciones que requerirán a la vez la máxima coordinación y efectividad, y la ejecución en plazos relativamente breves, pues Israel no puede darse el lujo de afrontar batallas que se prolonguen demasiado; y en estos escenarios y circunstancias que pueden producirse, varios días pueden resultar “demasiado”. Sin embargo, no son pocos los analistas que consideran que un golpe aéreo masivo contra Irán requeriría varias semanas.

Por otra parte, no se trata de una operación comparativamente sencilla como fueron los ataques “quirúrgicos” contra el reactor nuclear de Irak en 1981 o el de Siria en 2007, donde ambos países contaban con muchas menos defensas antiaéreas que las que tiene Irán en la actualidad. Y ambos reactores destruidos por certeros golpes aéreos estaban a una distancia mucho más cercana de las bases aéreas israelíes que lo que están las fronteras de Irán.

Anteriormente mostramos el mapa muy similar al que aparece a continuación, con la ubicación de las principales instalaciones del programa nuclear iraní. Ahora, se muestran las instalaciones iraníes relacionadas con el desarrollo y utilización combativa de misiles en su territorio:

 

Como se podrá comprender fácilmente, no tiene sentido que Israel pretenda atacar a la vez TODAS las instalaciones nucleares y sitios de lanzamiento de misiles iraníes, lo que por otra parte le resultaría imposible, dados los recursos y el tiempo necesario para ello. De ahí que, desde mucho antes de comenzar la operación, los estrategas israelíes deberán haber definido las instalaciones priorizadas para ser atacadas e intentar su destrucción durante los primeros golpes aéreos.

Esas deberían ser las prioridades israelíes, de acuerdo a la importancia que representan para el desarrollo del programa nuclear iraní y el peligro potencial para Israel en caso de que esas instalaciones culminaran sus proyectos. En dependencia de la capacidad israelí de golpear otras instalaciones podrían seleccionarse otros blancos vinculados al programa iraní de misiles y al de experimentación de explosivos.

Pero, para poder llevar a cabo exitosamente estas misiones, hay que resolver infinidad de problemas logísticos y de aseguramiento, que no resultan nada fáciles.

Considerando las dificultades que representaría un golpe a las instalaciones nucleares de Irán basándose solamente en sus aviones de combate, se considera que es muy posible que los israelíes combinen el ataque de sus aviones con oleadas de misiles, no solo para golpear sino también para neutralizar las defensas antiaéreas iraníes y elevar las oportunidades de destruir las fortificaciones construidas por Irán para proteger sus instalaciones nucleares.

A la hora de los balances militares sobre Israel, nunca se considera el silencioso y multi-billonario programa de armas electrónicas diseñado para interferir, confundir, y bloquear las defensas y comunicaciones de Teherán antes de cualquier ataque. Israel se halla casi a  la par de Estados Unidos en capacidad de guerra electrónica, y en el caso de Irán todo su sistema eléctrico, de internet, comunicaciones celulares, y conexiones de emergencia civiles y militares se hallan a merced de estos sistemas de infoguerra.

En 2007, cuando se atacó la sospechosa instalación nuclear siria en Al-Kibar, toda la cadena de mando del ejército sirio quedó confundida e interferida por las armas cibernéticas israelíes, incluyendo los sistemas de defensa de radares, que dejaron de consignar los vuelos, o que registraban una oleada de cazas donde no tenía lugar.

En su infoguerra, o guerra cibernética, Israel golpeará los sistemas de defensa electrónicos y de computación iraníes, para facilitar sus ataques virales. Todo indica que los antes mencionados aviones automáticos Heron-2 y Eitan, serán los encargados de esta campaña de guerra electrónica.

La esencia de las fuerzas coheteriles israelíes son los misiles Jericó, de los que el país dispone de más de 100: pueden ser equipados con armas convencionales o nucleares, y tienen un altísimo nivel de exactitud golpeando blancos seleccionados en pequeñas, medias y largas distancias; es decir, tienen un CEP (probabilidad de error circular) muy pequeño, y pueden ser lanzados desde tierra o desde submarinos. Dado su nivel de precisión, serían utilizados selectivamente con ojivas convencionales contra instalaciones nucleares iraníes seleccionadas, pues el objetivo sería neutralizar las facilidades y no el aniquilamiento masivo de personas.

Mientras que los Jericó I solamente alcanzan las 300 millas (480 Km) y no pueden hacer nada en Irán, los modelos de alcance intermedio Jericó II pueden alcanzar hasta 900 millas (1,448 Km), llegando hasta Teherán. Aunque no existe demasiada información al respecto, se sabe también que desde el 2008 Israel efectuó pruebas con un modelo balístico intercontinental Jericó III, que podría alcanzar todo el territorio de Irán, y del cual la prensa israelí ha informado que ya ha sido desplegado.

Las especificaciones del Jericó III son clasificadas, pero se estima que es un cohete de tres fases, de combustible sólido, capaz de transportar una ojiva de 1,000 kilogramos, de los conocidos MIRVed, de múltiples vectores de un radio de acción específico. Su alcance se halla entre las 2,982 a 4,038 millas (4,778 a 6,500 Km), suficientes incluso para llegar a objetivos más allá del Medio Oriente. Armados con bombas convencionales de alto poder explosivo, un barraje de 40 cohetes Jericó III sería suficiente para hacer polvo las instalaciones de Natanz, Isfahán y Arak.

Un artículo de “Pravda” en noviembre del 2011 señalaba que el Jericó III era capaz de alcanzar blancos tan distantes como New York o Tokyo, cargar una ojiva nuclear de 750 kilotones u ojivas múltiples, y resultaba tan veloz que no sería un blanco nada fácil para los sistemas de defensa antimisiles.

Dada la importancia y la ubicación de las facilidades nucleares en territorio iraní, los primeros y más importantes golpes aéreos deberían concentrarse en las instalaciones de enriquecimiento de uranio, ubicadas en Natanz y en la bien fortificada Fordo (al sur de Qom, la ciudad sagrada). También podrían ser prioridad la planta de producción de agua pesada y el reactor de agua pesada que se construye en Arak. Además, las instalaciones de conversión de uranio en gas en las centrífugas ubicadas en Isfahán. No sería lo más probable el enorme reactor de Bushehr, en el suroeste, junto al Golfo Pérsico, construido por los rusos, pues tiene una importancia secundaria para la producción de armas nucleares, y además su destrucción podría ser un contaminante en el Golfo.

 

Logística

La distancia desde Israel hasta los objetivos iraníes es una media de entre 900 y 1,100 millas (1,500 y 1,800 kilómetros), lo que supone para su aviación de combate (aviones F15I y F16I) un viaje de ida y vuelta de una media de 2,000 millas (3,200 Km), más los recorridos para las acciones operativas sobre los blancos seleccionados. Esta realidad geográfica impone el reabastecimiento en el aire de los aviones de combate, en territorios hostiles o al menos no aliados, y requiere una determinada cantidad de aviones-cisterna. Con paciencia y en silencio Israel ha construido su capacidad aérea y su flota de aviones cisternas, para reabastecer en el aire a sus aviones de guerra que se encaminen a Irán.

Los análisis de los especialistas señalan tres posibles rutas de la aviación israelí para alcanzar el territorio de Irán: Turquía por el norte, Jordania-Irak por el centro, y Arabia Saudita por el sur. Para ello, sería necesario que esos países dieran el visto bueno al paso de los aviones de Israel, o al menos que miraran hacia el otro lado cuando sus cielos fueran surcados por los aviones de la nación judía, lo que, aparentemente, no resultaría nada factible, pues no se concibe a esos países musulmanes cediéndole el paso a sus enemigos sionistas para ir a golpear a otro país musulmán, aunque no árabe. ¿Sería posible entonces utilizar estas rutas? Sería posible, a pesar del enfrentamiento histórico de esas naciones con Israel, por el peligro que representa Teherán para todos sus vecinos.

Ni Arabia Saudita, ni Irak, ni Jordania, ni Turquía, desean un belicoso Irán con armas nucleares, que en primera instancia estaría dispuesto a lanzarlas contra Israel, pero que después de eso no se sabe contra quién podría lanzarlas, y las declaraciones de los ayatolas y sus múltiples amenazas no valen para tranquilizar a nadie en la zona. De manera que decidir entre permitir aviones israelíes surcando los cielos propios, o el riesgo de que sean misiles nucleares iraníes los que lo hagan dentro de poco, y sin estar claro contra quién serían dirigidos, o lo que podría suceder en caso de un error, lleva a esos gobiernos del área a tolerar, excepcionalmente, esos corredores aéreos israelíes.

Lo cual no significa, automáticamente, que sectores anti-israelíes en las fuerzas armadas de esos países por donde volaría la aviación israelí, que no han de ser pocos militares en esos países, no pudieran avisar a Irán de lo que estuviera sucediendo. Es de pensar que si la inteligencia iraní, dentro del tenebroso Ministerio iraní de Inteligencia y Seguridad Nacional (MISIRI), trabaja con un mínimo de profesionalismo, habrá alertado a sus agentes en las instituciones militares de Turquía, Jordania, Irak y Arabia Saudita, sobre esta posibilidad, y habrá tomado las medidas imprescindibles para recibir esa información lo más rápidamente posible. Al mismo tiempo, es de suponer que los israelíes también hayan previsto este escenario y hayan tomado determinadas contramedidas.

Se considera por diferentes especialistas y analistas militares en todo el mundo que se necesitarían unos 100 aviones para llevar a cabo el golpe aéreo masivo de los israelíes contra instalaciones nucleares iraníes. Esto no sería un limitante, por cuanto la suma de los aviones F-15 y F-16 israelíes disponibles, en sus diferentes versiones operacionales, supera fácilmente esa cifra, y algunas fuentes señalan que Israel pudiera tener hasta 350 de estos aviones.

Sin embargo, el problema del reaprovisionamiento de combustible en el aire resultará crítico. Aunque se señala que el rango de tales modelos es de alrededor de 2,765 millas (4,450 Km), eso se logra en condiciones óptimas de altura y velocidad, y en los cálculos habría que considerar el peso de las municiones que llevarían tales aviones, las condiciones de altitud y velocidad a que deberían volar para garantizar la seguridad, posibles acciones de combate frente a la aviación iraní, maniobras para escapar de la cohetería antiaérea enemiga, y las maniobras para descargar las municiones (bombardear) en los lugares adecuados y desde las alturas adecuadas.

Considerando todo esto, habría que determinar cuántos aviones-cisterna serían necesarios para garantizar el éxito de las misiones, reabastecer en el aire a los aviones de combate, y de cuántos de estos aviones-cisterna dispone Israel.

 

Lo que se conoce por diferentes fuentes es que Israel cuenta con una cifra de entre ocho y trece aviones-cisterna, en el evento de que todos estuvieran en disposición operativa para el asalto, cifra que resultaría insuficiente para la cantidad de aviones de combate que participarían. Por lo que se considera que es posible que Israel haya adaptado aviones comerciales convencionales que actúen como aviones-cisterna en una situación de emergencia como la que se produciría si se decide atacar las instalaciones nucleares de Irán.

Entonces, el número de aviones de combate requeridos se eleva cuando se consideran aquellos que son necesarios para la protección de los aviones-cisterna. No puede descartarse, tampoco, que en el evento de que los israelíes decidan que de todas formas se lanzarán a la operación de atacar las instalaciones iraníes, aviones de reaprovisionamiento norteamericanos, ingleses, turcos, o incluso de algún país árabe, participen en tareas de reaprovisionamiento en el aire, o hasta que alguno de los portaviones desplegados en el Golfo Pérsico pudieran servir de base de aterrizaje, aprovisionamiento y despegue para los aviones de Israel.

Algo sobre lo que no se conoce demasiado es sobre la fuerza naval israelí y sobre lo que se menciona como “pequeña flota de submarinos de Israel”, que podría eventualmente tener un importante papel en el golpe contra las instalaciones nucleares iraníes. Por lo que parece, los analistas y especialistas militares coinciden en que Israel debe tener una razonable capacidad de golpe a través de misiles lanzados desde sus al menos seis-ocho submarinos Dolphin, de fabricación alemana. Y en realidad, no puede afirmarse a ciencia cierta que la tecnología israelí no haya logrado plataformas marítimas capaces de lanzar misiles de alcance medio de gran precisión de impacto desde la superficie o las profundidades marinas. Y esos submarinos no tendrían que estar necesariamente en el Golfo Pérsico para disparar.

Un ataque contra las instalaciones nucleares iraníes requiere el aniquilamiento o la neutralización de las defensas antiaéreas de la nación persa, que se basan en sistemas mayormente suministrados por Rusia, aunque también incluyen el ya anticuado sistema norteamericano Hawk, obtenido por Irán en tiempos del Sha. Entre los mejores recursos antiaéreos de los iraníes están los misiles rusos SA-5 contra objetivos a gran altura, así como sistemas móviles Tor-M1/SA-15 (foto), diseñados para combatir objetivos a menores alturas. En suma, Irán se halla defendida con sistemas de defensa coheteril obsoletos, de tecnología de la era soviética, y con los cuales ya Israel ha lidiado anteriormente. Sin embargo, Rusia no le ha entregado a sus aliados persas los mucho más efectivos sistemas S-300 de largo alcance, aunque los iraníes aseguran haberlos obtenido por ellos mismos.

Todos esos sistemas de los que dispone Irán son familiares para los pilotos israelíes, pero por ninguna circunstancia puede subestimarse la capacidad operativa de esos ingenios antiaéreos. Recientemente crearon dificultades y riesgos en Libia a la aviación aliada, y se necesitó tiempo para neutralizarlos.

Sin embargo, dadas las condiciones del escenario que se prevé en un enfrentamiento con Irán, donde además participará la fuerza aérea de Teherán, que a pesar de ser anticuada, con aviones Mig29 y con una capacidad de sus pilotos muy inferior a la de los israelíes, Israel no podrá disponer del tiempo ni de los recursos necesarios para destruir físicamente las instalaciones de defensa antiaérea enemigas, por lo que será imprescindible que sus sistemas de interferencia y desinformación electrónica, mediante aviones o misiles, puedan impedir el funcionamiento adecuado de las baterías y sistema de defensas antiaéreas.

De todos modos, Israel tendría que utilizar sus aviones y misiles diseñados para la guerra electrónica para atravesar las defensas aéreas de Irán y causar interferencias en sus radares y sistemas de detección que permitan la creación de un pasillo para el ataque.

No se puede olvidar, por otra parte, que es de esperar que los medios rusos de alerta temprana y vigilancia electrónica desde territorio sirio y desde las unidades navales rusas desplegadas en el Mediterráneo, el Mar Negro y el Índico, así como desde el propio territorio ruso y quizás desde las fronteras de Georgia, Azerbaiyán, Turkmenistán, Uzbekistán y Kazajstán, puedan alertar a los iraníes de la aproximación y presencia de la aviación israelí, y contribuir a alistar al máximo los sistemas antiaéreos y la aviación iraní.

Suponiendo que los israelíes resolvieran exitosamente los problemas operacionales y los logísticos para acercarse al territorio donde en encuentran los eventuales blancos que serían atacados, comienza el problema de la efectividad de las municiones que se utilizarían para destruir las instalaciones.

El ataque a las instalaciones nucleares

El ataque deberá golpear instalaciones soterradas, por lo que no servirán las bombas o misiles convencionales. Israel dispone de un centenar de bombas de precisión anti-bunker GBU-28, de fabricación norteamericana, de 5,000 libras (2,268 kilogramos), guiadas por láser y con una cabeza penetrante, y una cantidad superior de la más pequeña GBU-27. Objetivos como Natanz son vulnerables a sus efectos, debido a la precisión y el número de ellas. La GBU-28 es la mayor bomba penetrante que se puede transportar en aviones tácticos, y desde la primera vez que se utilizó en la Tormenta del Desierto (1991) frente a Saddam Hussein, ha sido perfeccionada con mejores ojivas penetrantes y guías de láser más precisas.

 Dadas las características de la GBU-28, un avión F-15I solamente puede transportar una bomba de este tipo, con la que debería recorrer más de mil millas (1,600 Km), con reabastecimiento de combustible en el aire, y sorteando eventuales defensas antiaéreas y aviones enemigos, para atacar desde distancias relativamente cortas los blancos seleccionados, pues el efecto de penetración de esta poderosa bomba depende de la velocidad y el ángulo de penetración, siendo el golpe ideal el que se produce desde gran altura a la máxima velocidad y en un plano vertical sobre una superficie plana.

Sin embargo, algunas de las instalaciones nucleares iraníes se encuentran en laderas de montañas, por lo que las GBU pudieran resultar menos efectivas que en las condiciones ideales. Mientras las instalaciones de enriquecimiento en Natanz son subterráneas, la nueva planta de Fordo está soterrada bien profundamente en la ladera de una montaña. No es tan fácil bombardear objetivos soterrados en una cueva o la ladera de una montaña, por lo que el arma sería menos efectiva, pero aún así resultaría mucho más conveniente que cualquier otra munición disponible en los arsenales, con excepción de las municiones nucleares.

Tal vez una sola bomba no baste para penetrar una instalación, sobre todo si está profundamente soterrada y protegida. En ese caso, serían necesarias varias bombas, una tras otra, sobre la misma área de impacto para atravesar suelo, roca y concreto.

Acorde con Austin Long, un académico de la RAND Corporation, si los F-15I armados con bombas GBU-28 y GBU-27 atacan un solo objetivo, existe una gran posibilidad de que gran parte de las bombas, si se lanzan con precisión, golpeen el objetivo escogido, penetrando incluso en las instalaciones subterráneas de la supuestamente inexpugnable Fordo.

Si esto no bastara, no se descarta bombardear para tratar de bloquear el acceso a las instalaciones mediante la destrucción de túneles de entrada, o las fuentes energéticas de las instalaciones, sean depósitos o transportes de combustible o instalaciones eléctricas soterradas. A fin de cuentas, el objetivo es aniquilar o neutralizar las instalaciones nucleares, combinando destrucción física con cortes e interrupciones permanentes de energía, y destrucción y bloqueo de los accesos de entrada y salida.

Todavía diferentes especialistas y analistas de defensa aseguran que seguiría siendo difícil destruir las instalaciones iraníes más profundas utilizando las bombas estadounidenses existentes, por lo que en el Pentágono están desarrollando y experimentando con la llamada “artillería penetrante masiva” (Massive ordenance penetrator) diseñada desde el comienzo mismo pensando en su utilización en Irán y en Corea del Norte. Algunos especialistas y militares retirados, con la vista puesta en las incursiones israelíes en Irán, han recomendado al gobierno de EEUU vender a Israel 200 bombas GBU-31 mejoradas, además de tres aviones-cisterna avanzados.

El contragolpe iraní

Se considera que las posibilidades actuales de Irán de atacar directamente a Israel son limitadas. Su fuerza aérea es bastante anticuada, contando con los Mig29, y resulta absolutamente inferior a la de los israelíes, además de los problemas de mayor limitación de la capacidad de sus pilotos, y limitaciones de reabastecimiento de sus aviones en pleno vuelo.

A pesar de la gritería propagandística y las amenazas, Irán cuenta solamente con un número limitado de misiles balísticos que puedan alcanzar a Israel. Su arsenal de misiles incluye el Ghadr-1, versión modificada del Shahab 3, con mil millas de alcance (1,600 Km), pero Irán solamente cuenta con seis vehículos de lanzamiento. El Sajjl-2 podría alcanzar territorio de Israel, pero no se considera que esté en condiciones operativas todavía.

Sin embargo, ambos misiles son demasiado imprecisos para resultar efectivos contra blancos militares estando cargados con armamento convencional, así como si estuvieran cargados con armas químicas y biológicas. En conclusión, mucho más ruido que nueces.

Entonces, sin poder contar con una cohetería efectiva ni una fuerza aérea capaz de golpear con efectividad el territorio israelí, lo más probable es que Irán pretenda devolver el golpe a los israelíes a través de sus apoderados en la zona: Siria, HizbAlláh en el Líbano, y Hamás en la zona de Gaza, así como acciones terroristas contra intereses e instituciones israelíes y judías en cualquier parte del mundo donde les sea posible, en lo que sería una respuesta de guerra “asimétrica” contra Israel. No parece probable, a pesar de las tensiones retóricas de siempre con Israel, que el frágil y flamante nuevo gobierno egipcio tuviera intenciones o estuviera en condiciones de participar en una aventura tan peligrosa simplemente para apoyar a Teherán.

Para la dictadura siria, cuyo único gran aliado en la región es Irán, atacar a Israel puede resultar una apuesta demasiado peligrosa. Sin embargo, está obligada a hacerlo, a pesar de la fragilidad del poder de Bashir al Assad en estos momentos, y el extraordinario repudio internacional contra su régimen. Intentaría, de manera desesperada, que ese enfrentamiento con Israel pudiera resultar un acontecimiento salvador, si logra que los árabes vean ese choque como una nueva yihad contra la malvada “entidad sionista”.

No será fácil que lo logre, pues importantes centros árabes y musulmanes de poder en la región, como Arabia Saudita, Turquía y Jordania, así como los petro-estados del Golfo, no se prestarán para ese juego, por lo que Siria tendría que llevar a cabo esa aventura prácticamente sola, contando solo con el apoyo de Irán y de las organizaciones terroristas de la región.

La dictadura siria, cuyas fuerzas armadas llevan casi un año y medio de enfrentamientos internos en una guerra civil solamente reconocida hace pocos días, no parece estar en condiciones de oponer un fuerte peligro militar a Israel, a no ser con su arsenal de armas químicas, pues aunque la nación judía tenga involucrada a la élite de sus estados mayores, aviación y fuerzas coheteriles en la dirección del golpe principal, los combates en Irán, puede contar con fuerzas en su propio territorio para enfrentar y derrotar a los ejércitos sirios, incluyendo fuerzas blindadas, infantería mecanizada, artillería, aviación y helicópteros de ataque.

El expediente de utilizar los arsenales químicos es una carta peligrosa, que pudiera traerle a Bashir al Assad más repudio mundial aun, lo que no le resultaría nada conveniente en la situación actual. Más factible sería facilitar que HizbAlláh tuviera acceso a esas armas químicas y pudiera aparecer internacionalmente como que no fueron los sirios, sino la organización terrorista, la que lanzara los ataques con armas químicas.

Se dice que en dos horas pueden llegar esas armas químicas al valle de la Bekaa, en el Líbano, donde impera HizbAlláh, si Damasco perdiera el control de las mismas. Simultáneamente, se dice que Israel ya tiene elaborados detallados planes de contingencia para ocupar o destruir esos arsenales de armas químicas que se encuentran en territorio sirio si existiera el peligro inminente de que pudieran ir a parar a manos de los terroristas; una de las posibles acciones israelíes sería una ofensiva relámpago con protección aérea y de blindados, para trasladar esos arsenales a territorio israelí.

El otro frente en el que HizbAlláh atacaría a Israel, como ya sucedió en 2008 y ha sucedido después, sería el lanzamiento de cohetes desde los miles de dispositivos de todo tipo que Irán ha hecho llegar a sus subrogados de HizbAlláh en Líbano, y que están constituidos por las BM21 y BM16 (las conocidas “Kastiushkas”), con un alcance de 15 millas (25 Km), así como los Fahr-3, alcance de 28 millas (45 Km), Fajr-5, 48 millas (75 Km), y Zelzal-2, 125 millas (200 Km). Se entiende que eventualmente podrían disponer también del lanzador Fateh-110, 125 millas (200 Km). La organización terrorista cuenta también con una decena de misiles rusos SS-1E (Scud-D), que pueden llevar una ojiva de 2,137 libras (985 Kg) y logran un alcance de 187 millas (300 Km).

Hamás actuaría como “hermanos menores” de HizbAlláh desde la Franja de Gaza, pues aunque son tan terroristas como los que más, cuentan con menos recursos y menos armamento coheteril, y sus cohetes son de menor alcance.

Lo que se pretendería sería convertir el territorio de Israel en un infierno con tres frentes, recibiendo simultáneamente ataques aéreos y terrestres en el frente sirio, más continuas andanadas coheteriles tanto en el norte israelí, desde el Líbano, como en el sur, desde la Franja de Gaza.

Lo que habría que considerar es que la aviación, la defensa antiaérea y las unidades blindadas israelíes podrían detener a las tropas sirias, que llegarían al combate agotadas y diezmadas por casi dieciocho meses de guerra civil, sin un gran respaldo popular de su pueblo, y con sus centros de comando y control en muy malas condiciones, pues estarían afectados por las continuas deserciones de generales y altos oficiales, y por las pugnas internas dentro de las fuerzas armadas, así como por la interferencia electrónica israelí.

Las tropas élite de la guardia republicana no podrían comprometerse ampliamente en el frente israelí, pues son las encargadas de asegurar el poder de Bashir al Assad, que se tambalea entre la rebelión, las sublevaciones internas y las presiones internacionales. Y el “padrino” ruso no podría hacer demasiado en apoyo militar de la dictadura siria mientras que el hermano mayor en Teherán está siendo vapuleado por golpes aéreos masivos contra las instalaciones nucleares.

Frente a los ataques de HizbAlláh desde Líbano, Israel podría disponer todavía de una parte de su aviación y helicópteros, artillería de mediano y largo alcance y tropas blindadas, para misiones de búsqueda, bombardeo, aniquilamiento, neutralización y desgaste de las dispositivos de lanzamiento de cohetes donde quiera que se encuentren, sin tener que comprometer demasiadas unidades de la infantería en el terreno, para no complicarse innecesariamente, como sucedió en 2008.

 En cuanto a los ataques de Hamás desde Gaza, sería el mismo enfoque de respuesta que en el Líbano, pero en menor escala, al ser menor la escala de los peligros desde Gaza. Y en la medida que terminan las operaciones en Irán, y los israelíes derrotan a los sirios (no debe descartarse ni siquiera no solamente que detengan a los invasores en la frontera y los rechacen, sino hasta la posibilidad de un avance de los blindados y fuerzas especiales de Israel hacia Damasco).

Todo lo anteriormente analizado no quiere decir que Israel desarrollará un paseo militar en caso de llevar a cabo un golpe aéreo masivo contra las instalaciones nucleares iraníes, ni que eliminará sin preocupaciones las amenazas provenientes de Siria, de HizbAlláh y de Hamás como respuesta al golpe contra Irán, ni que no tiene que tener temores de ataques terroristas en cualquier parte del mundo contra sus intereses o los intereses judíos. Tampoco que va a disfrutar de simpatías y aplausos en Naciones Unidas y los foros internacionales, donde la izquierda carnicera, los fundamentalistas y quienes practican el “antiimperialismo” como deporte nacional, desatarán todo tipo de ataques y buscarán las más fuertes condenas y sanciones contra el pequeño país, la única democracia que existe en todo el Medio Oriente.

Siendo así, ¿por qué entonces Israel debería correr tantos riesgos para lanzarse en un ataque en solitario contra las instalaciones nucleares iraníes? Muy sencillo: porque también enfrentan en solitario, o al menos antes que todos los demás países, el riesgo de desaparecer bajo hongos de explosiones nucleares iraníes y ataques con armas de exterminio en masa.

Conclusión: ¿final abierto?

Israel tendrá muy poco margen de error en todos estos escenarios, si es que tiene alguno. Los israelíes confían que son capaces de dañar en lo fundamental las potencialidades nucleares de los iraníes y ganar en seguridad nacional y tranquilidad por un buen tiempo, a un costo militar relativamente aceptable, y que podrán resolver las nuevas situaciones en el frente sirio y los ataques de HizbAlláh y Hamás desde Líbano y Gaza. En cierto sentido, si fuera así, lograrían una extraordinaria victoria estratégica, mucho más trascendente que todas sus victorias en las guerras de 1948, de “los Seis Días” y del “Yom Kippur”.

Quedaría un elemento peligroso y complejo por definirse: ¿qué sucedería si los israelíes realizan el trabajo contra Teherán y los fundamentalistas, pero no logran destruir significativamente todas o algunas de las instalaciones nucleares que sean atacadas, que serían las más importantes del programa nuclear iraní?

¿Que vendría después? ¿What is next?, como dicen los americanos. Irán se sentiría con pleno derecho a las represalias en cualquier lugar y en cualquier momento -terrorismo puro y duro-, y de seguro intentaría acelerar mucho más aun, y más abiertamente, su polémico programa de fabricación de armamentos nucleares.

Se crearía entonces una disyuntiva para Estados Unidos, en su carácter de única superpotencia mundial y líder del mundo libre: permitir el rearme y la agresividad iraní que sin dudas se desatará en todas partes donde haya israelíes o judíos, o hasta cualquier norteamericano o ciudadano del mundo occidental, o por el contrario, terminar rápidamente el trabajo que los israelíes comenzaron, y Estados Unidos tendría que hacerlo o por si solo o liderando una coalición, como en Yugoslavia o Libia.

Hasta aquí llega nuestro análisis. Porque podemos suponer, modelar, pronosticar o imaginar. Pero no adivinar.