Cubanálisis El Think-Tank

ARTÍCULO ESPECIAL EN EL THINK-TANK DE CUBANÁLISIS

La Recogida de Café en la Región Oriental, móvil gubernamental para la explotación infantil en Cuba

 

Yusmila Reyna Ferrera, directora APLO, desde Cuba

 

La explotación infantil constituye uno de los problemas sociales que afecta sobre todo a los países en vías de desarrollo, aunque no escapan los industrializados. El mismo es entendido como el trabajo de niños en cualquier sistema de producción económica de un país, una región, y en el mantenimiento económico de un grupo familiar, que afecte su desarrollo personal o el disfrute de sus derechos, cuando son obligados a mantener un constante trabajo para que después le quiten los ingresos recaudados, realizan trabajo que implique un riesgo y sea evidentemente peligroso, son víctimas de las peores formas de explotación como el tráfico, cualquier forma de esclavitud, obligados a prostituirse, reclutados por la fuerza, obligados o inducidos a realizar actividades ilegales o que amenazan su integridad.

 

Son diversas las causas que conducen a esta forma abusiva de la niñez, entre las que se encuentran: las redes de explotación infantil, los conflictos armados, por presión del grupo de padres, por orfandad, por negligencia de los padres y por marginación social y extrema pobreza. Estas causales se dan y varían de acuerdo a cada país en particular, por ello la mayoría de estos colaboran entre sí, a través de instituciones y organizaciones internacionales para enfrentar este fenómeno. Vale destacar que la Organización Internacional del Trabajo, junto a la UNICEF y el Programa Internacional para la Erradicación del Trabajo Infantil, atienden de cerca este mal.

 

En el caso particular de Cuba, la misma es firmante de estos convenios con dichas instituciones, además de firmar en 1989 y 1990, y ratificar en 1991, la Convención Internacional de los Derechos del Niño. Aunque en dichos documentos, y a través de los diferentes medios de comunicación en el país se condena esta práctica, además de jactarse de ser un estado que atiende como ningún otro a la niñez , sí se manifiesta  y se estimula por el propio gobierno cubano en el poder.

 

Ejemplo palpable de dicha afirmación se observó y analizó en el municipio Songo-La Maya de la provincia Santiago de Cuba, territorio eminentemente agrícola, y donde uno de sus principales renglones es la cosecha cafetalera. Entre los meses de octubre y noviembre el grano se encuentra en su máxima maduración y riqueza, por ello el poder gubernamental traza diferentes “estrategias” para recolectarlo.

 

Dentro de éstas aparece el empleo de niños y niñas menores de12 años de edad de escuelas primarias, específicamente de los centros “José Martí” y “28 de Enero”. Los infantes tienen que caminar en algunos casos distancias considerables desde sus casas o centros educacionales hasta los campos, que oscilan entre dos y cuatro kilómetros. La mayoría sin vocación alguna por la actividad a realizar, y sin la capacidad de tomar decisiones al respecto. Violándose además, el artículo número tres de la Declaración Universal de los Derechos Humanos referido a que todo individuo tiene derecho a la vida, a la libertad y a la seguridad de su persona.

 

Como consecuencia de esta situación tanto los menores como los padres se ven obligados a mentir para evadir este trabajo, alegando cualquier justificación para no asistir, ya sea certificado médico falso u otras mentiras, yendo en contra de toda formación cívica y moral, y alejados por completo de la honradez que tanto enseñó nuestro José Martí. A esto se suma que los niños pasen hambre y se expongan a la humedad y el frío por la falta de la dieta necesaria para el gasto de calorías al que lo exponen y del calzado y vestuario idóneo para este tipo de labor agrícola.

 

Por otro lado, aunque en Cuba se conocen los reportes de la UNICEF que declaran que al menos las tres cuartas partes de los 346 millones de niños sujetos a explotación infantil lo hacen en condiciones o situaciones de peligro, y que de estos el 70% lo hacen en el sector agrícola, no vacilan en emplear a los pequeños y exponerlos a las más difíciles situaciones, como pueden ser: riesgos físicos, debido a la manipulación de herbicidas y pesticidas, el uso de maquinaria pesada o instrumentos punzo-cortantes, adversidades climatológicas, agotamiento, muchas veces por largas jornadas de trabajo.

 

Los niños y niñas se exponen también a la violencia de los adultos en estos lugares de trabajo, por la presión de cumplir con determinadas cuotas de producción, ocasionándole estrés. Agregar, además, los peligros que pueden producirse de las mordidas de reptiles (culebras), picaduras de abejas o avispas y, caídas de gajos secos de árboles frondosos, abundantes en los cafetales cubanos, unido a posibles pinchazos en la vista u otro lugar del cuerpo por ramas.

 

Esta situación de explotación, tomando como referencia el oriente del país, ocurre a lo largo de la isla por su consabida estructura gubernamental vertical, que hace que, en el caso que nos ocupa, que el presidente del gobierno municipal asuma lo orientado por el gobierno y el partido provincial, que ya han sido orientados por el nivel central, y que al mismo tiempo las direcciones de las escuelas primarias, sin previa autorización de los padres (cosa que es costumbre en Cuba) movilicen a los menores, en detrimento de la lógica y organización del proceso docente educativo, sencillamente porque se indicó, porque existe una absurda emulación entre los centros, porque la dirección puede ser censurada y hasta sancionada: Obviando toda voluntad de los sujetos y por consiguiente la espontaneidad del proceso trabajo, violando toda normativa internacional acordada, atentando contra la dignidad de los niños y niñas, poniendo en riesgo su salud mental y física, disminuyendo tal vez su espacio de lúdica, incluso exponiendo su vida.

 

Ante tales argumentos no queda otra cosa que plantear, que la explotación infantil se convierte en uno más de los daños tangibles del gobierno de los hermanos Castro. Trazando, aún más varias aseveraciones concretas alrededor del tema:

 

Los niños y niñas no reciben remuneración alguna por el trabajo realizado. Tan solo quizás un diploma de reconocimiento.

 

Los niños y niñas recogen café para el Estado y después su propia familia tiene que comprarlo al mismo Estado en los establecimientos dispuestos a tal efecto.

 

Los niños y niñas recolectan café y no café con chícharos, como luego tienen que consumir, pues es lo que se vende en las bodegas.

 

Los niños y niñas tienen que trasladarse a distancias considerables desde su centro de estudio u hogar hacia los campos.

 

Los niños y niñas están expuestos en estas jornadas a la prostitución, promiscuidad, violencia, robo, estrés, malos vicios, al no tener la custodia de sus padres y sí una insuficiente protección de un maestro muchas veces inexperto.

 

Los niños y niñas están propensos a adquirir enfermedades, debido al fecalismo al aire libre, que siempre aparece en estos campos, por el tratamiento deficiente del agua, o por las malas condiciones higiénicas sanitarias.

 

Se impone desde luego una profundización en la temática, partiendo de la concientización de todos los cubanos de la existencia de este problema social, y luego la eliminación de las dos causales fundamentales de ésta en nuestro país, que a juicio de quien escribe, radica en la extrema pobreza en que vivimos, que hace que nuestro mal gobierno en su desesperación por mantenerse a flote, asuma las más inusitadas “estrategias”, aunque sea a causa, esta vez, de la inocencia infantil.

 

Y por otra parte la negligencia de los padres cubanos al permitir que utilicen a sus hijos, derivada del miedo ante las presiones de la escuela, del desconocimiento de los riesgos y derechos suyos y de sus hijos, del compromiso social que tengan como militantes del partido comunista o no, etc.

 

Se necesitaría de inmediato que se asuman diferentes demandas al Estado y Gobierno por diferentes organismos y organizaciones, como la realizada por el Municipio de Oposición de Songo-La Maya, que dio pie a este artículo, que también a nivel internacional se denuncie esta práctica, exigiendo el cumplimiento de los acuerdos contraídos por Cuba sobre el uso indiscriminado de menores en labores agrícolas y el respeto y reconocimiento del derecho de los niños y niñas hasta la edad de 18 años a no trabajar. 

 

Por otro lado, se le exija al gobierno del municipio en cuestión una revisión de su programa para la recogida del café, que evite la entrada en crisis de su recolección, cosa que viene ocurriendo año tras año, así como su política de empleo, que permita emplear al sin número de excedentes actuales que tiene y a su gran cantidad de vagos habituales.

 

Resolver esta problemática resulta una tarea bastante difícil, sobre todo porque no existe la voluntad gubernamental, pero si contamos con la de las madres y padres de los menores de todo nuestro país, estos abusos pueden cesar. Destacando en todo momento que como diría nuestro Maestro el niño ha de vivir trabajando y pensando en todo lo que ve, y entrar en contacto con la naturaleza, pero eso no implica que se le violen sus derechos, quemándoles su edad de oro.