Cubanálisis El Think-Tank

 ESPECIAL EN EL THINK-TANK DE CUBANÁLISIS

 

            Eugenio Yáñez

            Antonio Arencibia

            Juan Benemelis

 

 

  

 

LA ESTRATEGIA GENERAL DEL GENERAL

Muchos parecen aceptar de buen grado que en Cuba no está sucediendo nada significativo, y que las noticias sobre las supuestas transformaciones que se deberían realizar llegan a cuentagotas y no pueden confirmarse, pero más que sequía informativa, hay en el exterior una evidente falta de instrumentos analíticos para entender la profunda reorganización estratégica del país, que nos llega desde la Isla en lenguaje cifrado.

 

Nada de que sorprenderse, siendo controlada la información por un gobierno de los militares, más que un gobierno militar, es decir, con un estilo de dirección operativo-estratégico que no tiene nada que ver con teorías clásicas de la administración pública tal como se estudian en las escuelas de gobierno y ciencias políticas. Los militares en el poder, para evitar el hundimiento del País-Titanic han declarado estado de emergencia, y saben que si no revierten la situación urgentemente no quedará nada que administrar después del colapso.

 

Colapso que no llegará como se modeló tantas veces desde un sector del exilio muy optimista, en ocasiones demasiado lejos de la realidad o aferrado a un solo escenario, a través del estallido de sublevaciones populares y el derrumbe del régimen en poco tiempo, tras la muerte biológica del caudillo.  

 

Lo que no significa que ese colapso que tanto se ha anunciado sea imposible, aunque no constituye el único escenario plausible, y parece más factible que llegaría si el nuevo gobierno no puede evitar el hundimiento definitivo de una sociedad con una economía en crisis galopante, o al menos solucionar los temas definidos como de “seguridad nacional” (producción de alimentos) y “máxima prioridad” (el problema de la vivienda).

 

Ante el escenario imprevisto, el recurso emocional más primitivo ha sido desear matar al mensajero, como si eliminando al meteorólogo se evitara el huracán. Y en vez de poner las cosas en lugar seguro, y reforzar las ventanas para enfrentar el ciclón, se pierde tiempo pretendiendo descalificar al portador de las noticias y maldiciendo a la naturaleza, el destino o la suerte.

 

Estamos ante definiciones recientes que significan, además, que salud pública, educación y “revolución energética”, que fueran declaradas tareas estratégicas prioritarias en la Proclama de Fidel Castro del 31 de Julio del 2006, han pasado discretamente a la historia del voluntarismo fidelista-guevarista, para ser sustituidas por quehaceres más prosaicos pero más realistas, como garantizar comida y vivienda a la población.

 

Tras esta reevaluación de prioridades, el Teatro de Operaciones Militares (TOM), se ha convertido en lo que podría llamarse un TOE (Teatro de Operaciones Económicas), dirigido por un Estado Mayor (Raúl Castro y la Comisión del Buró Político), y con tres direcciones estratégicas de combate,  que se explicarán más adelante, mientras que los 169 municipios del país se han transmutado en Unidades Tácticas de Combate (UTC) de esta operación decisiva.

 

Ni compañías, ni batallones, ni regimientos ni brigadas: en el Teatro de Operaciones Económicas definido en el país “combatirán” 169 municipios, cada uno bajo las órdenes del Partido como jefe y el Gobierno Local como Plana Mayor, y todos controlados por “cuerpos de ejército” provinciales del partido y el gobierno, encargados de poner frijoles, papas y leche en la mesa de los cubanos, y a la vez evitar que sus viviendas se derrumben al primer aguacero fuerte.

 

En otras palabras, aparentemente la visión estratégica de Raúl Castro y sus más cercanos colaboradores militares parece renunciar a la clásica dirección ramal y ministerial de la híper-centralizada economía cubana, para apostar por la dirección territorial basada operativamente en los municipios del país, donde se concentrarían los esfuerzos para tratar de garantizar el éxito de esas dos tareas prioritarias, que por elemental definición tienen carácter local y no central.

 

La eliminación de algunas de las llamadas prohibiciones absurdas, de más impacto emocional que real sentido económico, han jugado el papel de “exploración por el combate”, para sondear la situación operativa en el país y comprobar los estados de opinión de la población.

 

Si todo lo anterior suena como lenguaje militar, no es casualidad: ¿en que otro idioma hablan, y piensan, los estrategas? ¿Puede alguien realmente considerar que, por ejemplo, la información que circuló en abril sobre supuestas reformas en los procesos de inmigración para aplicar en mayo, no era parte de un globo de ensayo lanzado desde el poder, y que se le escapó "involuntariamente" a algún entretenido funcionario cubano?

 

Una parte no despreciable de cubanos en el exterior está congelada en la visión de un Raúl Castro débil y ladino, respirando a la sombra de su hermano y rodeado de un hogar de ancianos con Alhzeimer, y no logran darse cuenta que el general ha demostrado una extraordinaria capacidad de maniobra, ampliando el nivel y el alcance de las relaciones internacionales cubanas, ajustando, poco a poco, una economía desastrosa y anquilosada en un país sin instituciones, heredada precipitadamente tras enfermar Fidel Castro de secreto de estado, y manteniendo la represión en un nivel lo suficientemente sofisticado para evitar sobresaltos internos y condenas de importancia contra el régimen.

 

En vez del análisis, la improvisación “noticiosa”, la descalificación y el insulto, para tratar de explicar todo lo que no se entiende y entender todo lo que no se explica, reproduciendo toda noticia que aparece, una tras otra, sin evaluación ni examen, y sin interrelaciones, para terminar, concluyendo que “no está pasando nada” y que el raulismo es más de lo mismo, con rima y todo.

 

Cubanálisis-El Think Tank, de conjunto, en libros, publicaciones, y por sus integrantes por separado, lanzó los primeros alertas sobre el “raulismo” cuando todavía las Fuerzas Armadas Revolucionarias eran vistas como un monolito y no se distinguían las facciones o tendencias dentro de las mismas.

 

Alertó sobre las diferencias entre Raúl Castro y Ramiro Valdés cuando no eran percibidas, así como del regreso de Ramiro inmediatamente después de comenzar la sucesión, que se desarrolló a la vista de todos pero inadvertido para muchos.

 

Identificó a los “talibanes”, y puso en evidencia su resistencia a los “históricos” y a los generales, y su pérdida de poder, cuando muchos identificaban a algunos de ellos como “número dos” o “probable sucesor”.

 

Destacó los yacimientos de petróleo confirmados por el Servicio Geodésico de EEUU en la Zona Exclusiva Económica de Cuba en el Golfo de México, y la trascendencia estratégica de éstos para la economía cubana y las relaciones con Estados Unidos.

 

Advirtió que no había regreso para Fidel Castro cuando cadenas de televisión del mundo entero fueron a La Habana para transmitir la supuesta “reaparición” del Comandante.

 

Explicó que La Habana no dependía de Hugo Chávez y su petróleo al extremo de necesitar seguirlo incondicionalmente, sino que más bien era el teniente coronel de Sabaneta quien dependía completamente del asesoramiento y apoyo desde La Habana para mantenerse en el poder.

 

Muchos de estos criterios, que ahora se dan por naturales, enfrentaron críticas serias y responsables, o incredulidad, factores muy normales en un proceso analítico tan complejo y con información muy restringida. Y también hubo resistencia, desprecio, silencio, ataques e insultos, pretendiendo linchar los mensajeros para que el mensaje no se escuchara, y no surgieron precisamente de La Habana.

 

Lo más fácil fue gritar “raulistas”, pretendiendo descalificarnos y a la vez evitarse la necesidad de pensar: cada uno hace lo que mejor sabe hacer, o puede hacer, y así será.

 

¿Y que es verdaderamente el raulismo?

 

Como resultado de la sucesión en Cuba se ha puesto de moda hablar de "raulismo" como una especie de nueva línea ideológica del régimen de La Habana, e incluso se la ha calificado obtusamente como una variante lite del castrismo. 

 

En definitiva, el término ha sido una especie de comodín para marcar la sustitución de figuras que pone fin a una era autocrática, sin cambiar la esencia dictatorial del gobierno de Raúl Castro.

 

Pero aquí sucede como en la Unión Soviética, donde no hubo ni jruschovismo ni gorbachovismo, o en la China post Mao, cuyas reformas no se calificaron con el nombre de Deng Xiaoping. 

 

En la Isla, el general de ejército no está presentando una filosofía política novedosa ni mucho menos, ni pretende hacerlo: su tarea principal es evitar el derrumbe y administrar con alguna sensatez los recursos de un país en bancarrota.

 

En lo económico enfrenta la obsolescencia tecnológica, el atraso en la informática, los transportes y la infraestructura; la ineficiencia industrial; la ascendente deuda externa, la improductividad agropecuaria y una indisciplina galopante.

 

En lo político, una excesiva centralización del poder y el desestímulo de la población evidencian el fracaso de la economía central de plan.

 

Durante casi dos años Raúl Castro ha sostenido un control férreo sobre los disidentes, aunque ha podido evitar hasta ahora llegar a las medidas carcelarias masivas de Fidel Castro.

 

Pero una población al borde de la miseria, con una economía incapaz de sostenerse por sí misma y muchos aspirantes al poder supremo tras la partida de la gerontocracia, son dificultades que Raúl Castro debe enfrentar todos los días.

 

Amén de mantener el equilibrio dentro de la élite, para evitar confrontaciones, aunque todo indica que ha logrado balancear el ejercicio del poder con figuras de la vieja guardia en los puestos claves.

 

La paradoja cubana consiste en la glorificación que de Fidel Castro hace la nomenklatura, la cual derivó su poder del caudillo, y al mismo tiempo anhelar su final biológico para poder generalizar cambios imprescindibles para aplacar la desesperación popular, puesto que en vida, el caudillo encamado resulta el principal obstáculo.

 

Para ello, mientras mantiene intacto el mito del fundador, cambia discretamente lo que tenga que cambiar, a nombre de un Fidel Castro idealizado por la propaganda como genio previsor de las "rectificaciones" imprescindibles.

 

Limitado por su propia edad, 77 años, y la de sus más cercanos colaboradores, el plan personal de Raúl Castro es sostenerse en el poder durante unos pocos años y en ese tiempo garantizar que a los mandos actuales del Partido y el Ejército le sucedan los del segundo nivel, para que den continuidad al impulso al desarrollo económico del país.

 

Cuando eso ocurra, aspiran al retiro tranquilo, en Cuba o quien sabe donde, con los dineros de dudosa procedencia y la mínima inmunidad, o impunidad, para no ser molestados.

 

Teniendo en cuenta la tendencia política de las élites partidistas en la casi totalidad de los países ex–socialistas, el ala reformista y la socialista ortodoxa que coexisten dentro del PCC posiblemente se enfrascarían en rivalidades que terminarían favoreciendo la apertura democrática.

 

Pero no hay que adelantarse a los acontecimientos, mejor seguir en el presente: aunque no haya raulismo, hay raulistas, y conforman la mayoría de la Comisión del Buró Político o Grupo de los Siete, el Estado Mayor de Raúl Castro.

 

Sus incondicionales son gente de absoluta confianza de Raúl Castro, que formaron el círculo de allegados durante el interregno transcurrido entre la Proclama del 31 de julio del 2006 y su nombramiento oficial como Jefe de Estado el 24 de febrero del 2008.

 

Procedentes del Segundo Frente Oriental “Frank País” o el alto mando de las FAR, deberán orientar y controlar militarmente la estrategia general de los cambios económicos, a los que se sumarán, "de grado o por fuerza", los cuadros dirigentes de las restantes instancias del PCC y el gobierno.

 

Mientras tanto, y a contrapelo de lo vaticinado por algunos expertos, se ha estado diluyendo el papel de los "generales-empresarios" en el nuevo gobierno. Lejos de copar las empresas principales del país con militares en activo, como algunos han pensado y proclamado, el general-presidente más bien los ha ido enviando de regreso a sus cuarteles, dejando la gestión empresarial a funcionarios “civiles”, aunque sean de origen militar, que funcionarán en condiciones “civiles”, pero a los que se les exigirá como en un campamento.

 

Sin desechar la importancia que durante muchos años tuvieron las empresas militares y las administradas por altos oficiales, hay que decir que si las FAR favorecieron en los últimos 15 años en las empresas del grupo GAESA un ensayo de gerencia estilo capitalista, esto está cambiando hoy en la esfera agropecuaria, donde se recurre a mecanismos de la economía “civil”.

 

¿Por qué Raúl Castro quita el pie del acelerador?

 

Se ha comprobado que en los últimos dos meses el flamante gobierno de Raúl Castro ha entrado en una especie de compás de espera, sin ninguna novedad noticiosa en cuanto a “cambios”, en un regreso a la vieja retórica, mientras se mantiene la crítica en tono menor en la prensa oficial, como si la cúpula se debatiera entre la necesidad de cambios y la cautela al hacerlos.

 

Parece haber consenso en la necesidad de avanzar hacia una apertura limitada del mercado, que debe conllevar la restitución del valor al salario y aceptar las diferencias de ingresos en la sociedad, en función de incentivar la productividad, pero sin perder los controles políticos esenciales: por supuesto, de aquí al modelo chino hay mucho trecho.

 

Pero hay factores de peso que explican que el nuevo equipo de gobierno todavía siga tomando decisiones muy puntuales en vez de emprender los cambios estructurales prometidos e imprescindibles. 

 

Estos factores son: la presencia, muy desvaída e incoherente, pero aún latente, del caudillo histórico y, -muy importante-, la posibilidad de una variación en la política norteamericana respecto al régimen como resultado de la contienda electoral en Estados Unidos. 

 

Mientras tanto el núcleo dirigente del Buró Político se concentra en impulsar la agricultura para resolver el problema de la alimentación de la población, agravado por la subida de precios en el mercado mundial, utilizando créditos crecientes para adquirir equipos, insumos y comprar abastecimientos imprescindibles.

 

Al hacerse Raúl Castro del poder provisional en julio del 2006 el precio del barril de petróleo se movía entre 50 y 75 dólares. Al asumir oficialmente el poder en febrero del 2008, el precio rondaba los 100 dólares. En junio de ese mismo año, da vueltas alrededor de los 140, y sin señales de debilitarse.

 

Considerando el año 2005 = 100, el precio del arroz en julio del 2006 estaba en 108, al año siguiente en 136, y en junio del 2008 sobrepasa los 160, y seguirá su ascenso.

 

No importa lo que piensen o deseen el general y sus generales: si mantienen el país como si esos indicadores de precios no existieran no les va a quedar dinero ni para los funerales de “you know who”.

 

La alternativa carioca

 

En este panorama de cautela excesiva en abril y mayo, solo hay un hecho que demuestra avances: se acaba de aprobar la primera inversión extranjera en la agricultura cubana por parte de Brasil.

 

La visita del Ministro de Relaciones Exteriores de Brasil, Celso Amorim, a La Habana se inició con un planteamiento de alto contenido político que muestra el interés del gobierno del presidente Luiz Inacio da Silva, Lula, por vincularse al desarrollo futuro de Cuba, desde petróleo y soya hasta carne de res, de cerdo y aves.

 

El canciller carioca declaró que su país aspiraba a ser el primer socio comercial de Cuba. Parte importante de los acuerdos concretados fue la selección de más de 40 mil hectáreas de tierra en las provincias de Matanzas y Ciego de Ávila para el cultivo de la soya con asesoramiento institucional brasileño, lo que Fidel Castro atacó a la primera oportunidad, alegando que la soya transgénica no es apta para el consumo humano, lo cual constituye una falacia.

 

Por su parte, tras participar en un foro empresarial en La Habana, Amorim destacó la marcha de la colaboración en el sector alimentario y dijo a periodistas que está en proceso de estudio un crédito, que podría llegar a los 600 millones de dólares, para financiar infraestructuras y servicios.

 

El canciller  brasileño también hizo una visita protocolar al presidente de la Asamblea Nacional del Poder Popular, Ricardo Alarcón, y cerró el programa en una sesión conjunta para chequear el cumplimiento de los diez acuerdos bilaterales firmados el pasado enero durante el viaje del presidente Lula.

 

Esa reunión, encabezada por Carlos Lage por la parte cubana, contó con la asistencia de otros dos miembros del Buró Político, Concepción de la Campa y la ministra de la Industria Básica, Yadira García.  Según declaró Lage en la reunión, ante el reto de que Brasil sea el socio número uno de Cuba, el régimen está "favorablemente dispuesto a ese objetivo".

 

Tras este encuentro, Raúl Castro, acompañado de Carlos Lage, el miembro del Secretariado Fernando Remírez de Estenoz, y el canciller Felipe Pérez Roque, almorzó con Amorim y miembros de su delegación durante tres horas, dando una señal muy nítida de la importancia que tienen las relaciones del gobierno cubano con Brasil. Días antes, con el canciller venezolano, no hubo almuerzo ni tres horas: unos minutos, un café y expresiones de solidaridad.

 

Una semana antes de la visita de Amorim, altos ejecutivos de Petrobrás habían discutido en Río de Janeiro con la ministra cubana de Industria Básica, Yadira García, la posibilidad de efectuar estudios sísmicos en la Zona Económica Exclusiva de Cuba en el Golfo de México.

 

Según el asesor del presidente de Petrobrás, durante este viaje a La Habana hubo avances con la parte cubana, aunque los acuerdos no están aún concluidos. No obstante, a su regreso a Brasil, el canciller Amorim informó a la prensa que el grupo Odebrecht, importante consorcio carioca en la rama de la construcción, abrirá una oficina en la Isla.

 

Teniendo en cuenta que esa empresa se ha destacado mucho en la construcción de refinerías, plataformas, puertos, y en la perforación de pozos petroleros en aguas profundas para Petrobrás, todo parece indicar que su oficina estará vinculada al estudio de factibilidad de las inversiones brasileñas en un bloque en los yacimientos cubanos de alta mar.

 

No puede dejar de señalarse que desde la zafra del 2007 se empezaron a utilizar en Holguín las combinadas cañeras ¨Case IH¨, de procedencia brasileña, y que actualmente, asesoradas por técnicos de ese país, se emplean en el corte en campos cañeros desde Camaguey hasta Guantánamo.

 

Las máquinas Case-International Harvester, con más de un 60% de sus componentes fabricados en Brasil, mediante convenio con la casa matriz Grupo Fiat de Italia,  han contribuido a que esa nación sea la mayor productora de azúcar de caña y una de las principales del mundo en alcohol.

 

La reunión del presidente Lula con el primer vicepresidente del régimen, Machado Ventura, en Roma, durante la Cumbre de la FAO sobre la alimentación, mostró el interés de ambas partes en esta jugada de alcance estratégico.

 

Este acercamiento marca decididamente el interés de ambos gobiernos por establecer relaciones económicas mutuamente beneficiosas, y es inversamente proporcional a la alianza castro-chavista sustentada por el petróleo venezolano, de claros matices ideológicos.

 

Cuando viajó a la Isla en enero, el presidente Luiz Inacio Lula da Silva, expresó su deseo de ayudar a Cuba estimulando a los empresarios de su país para que inviertan, y así “acelerar el proceso de transición política y económica”, y los funcionarios tanto cubanos como brasileños expresaron que Brasil “sería un socio más conveniente que la Venezuela de Hugo Chávez” en el proceso de transición.

 

Si las cosas no avanzaron más en ese momento fue por la rotunda negativa de Fidel Castro a darle luz verde a la apertura en Cuba, lo que indica también, de acuerdo a las actuales decisiones del general, que la salud de su hermano se sigue deteriorando aceleradamente.

 

Por eso se ha producido un distanciamiento, tanto cubano como brasileño, respecto a Caracas, aunque en La Habana deben ser muy cuidadosos, por los 98,000 barriles diarios de petróleo, el cable submarino La Guaira-Santiago de Cuba, y la chequera que funciona inagotable desde el socialismo del siglo XXI hacia el socialismo del siglo XIX.

 

El alejamiento de Raúl Castro con Caracas se ha evidenciado primero, por la frialdad con que se observó desde lejos el resultado del referéndum de diciembre del 2007 sin proponer “la cañona”, después por la gélida posición asumida respecto al diferendo ecuatoriano-venezolano-colombiano, y por último con el silencio oficial en torno a la muerte de Manuel Marulanda, que no pasó de la narrativa noticiosa.

 

Lo que resulta consecuente con la estrategia del régimen de haber pasado a Chávez la “atención” a las FARC, y concentrarse en mejorar las relaciones con el gobierno colombiano de Álvaro Uribe, lo que se evidencia en el silencio absoluto de los 900 “gigas” de información en las computadoras de Raúl Reyes, donde no se ha publicado una sola línea que pudiera comprometer al régimen.

 

Después de su sorpresivo discurso pidiendo a las FARC liberar incondicionalmente a todos los rehenes y deponer las armas, por no ser momento histórico para continuar la aventura, el domingo 15 de Junio Chávez anunció en "Aló, Presidente" que visitaría a Fidel Castro en La Habana al día siguiente, sin dar más detalles, y sin mencionar a Raúl Castro. Evidentemente, hay muchas cosas que coordinar en la nueva situación.

 

Curiosamente, en la prensa de izquierda de inspiración más radical ha aparecido una crítica contra el PCC y el nuevo gobierno de Raúl Castro, por preocuparse más de sus relaciones diplomáticas con Uribe que con las FARC, haciendo la salvedad de que Fidel Castro sí "repudió" la acción en que fue muerto el narco-guerrillero Raúl Reyes.

 

La estrategia del nuevo gobierno

 

La estrategia del general está determinada por la presión-temor ante la marejada de expectativas que genera el fin de la autocracia, lo que induce al cambio, y éste a la larga implicará un rechazo al legado castrista.

 

Aunque algunos en el exterior se resisten a aceptarlo, la población, en términos generales, está esperanzada y espera una mejoría bajo el general: tan graves estaban las cosas y tan perdidas las esperanzas, que mínimos gestos superficiales como los realizados hasta ahora ofrecen una lejanísima luz en el túnel de los optimismos.

 

Asimismo, el nuevo gobierno cuenta con un relativo apoyo ligeramente crítico de dos sectores internos que en el orden de las ideas hubieran podido retar su sucesión: la Iglesia Católica y los intelectuales.

 

Tanto los gobiernos de América Latina, como la mayoría de los de Europa, asumen que el nuevo equipo tendrá que implementar determinadas reformas, y han optado por un compás de espera, al tanto de cómo se puedan desarrollar los acontecimientos.

 

Solo la casi totalidad de la élite política del exilio de Miami y la actual administración norteamericana se hallan a contra-corriente, aferrados a estrategias de un solo escenario que ya han demostrado repetida y consistentemente su ineficacia, y esperando por un Big Bang popular.

 

Se puede inferir que la estrategia general de Raúl Castro tiene una fase inicial de aplicación de 3-4 años, buscando llevar al país en lo económico y social a un punto en el cual se resuelvan los problemas más graves y acuciantes (alimentación, vivienda y transporte), y a partir de entonces pueda establecerse un modelo coherente de desarrollo.

 

Sería en ese momento que la actual élite política, encabezada por Raúl Castro, transferiría todos los mecanismos del poder a una generación más joven, que tenga en claro cuál será la vía y como funcionará el modelo.

 

Por lo cual, estaríamos ante un gobierno muy consciente de su provisionalidad, y que tiene como meta el retiro de las actividades militares y civiles de toda la generación fundacional de la revolución tan pronto se den las condiciones para la próxima transferencia de poder.

 

Es decir, de acuerdo a la lógica militar y la doctrina militar, cuando Raúl Castro considere que la Cuba-campamento que deje tras de sí podría seguir funcionando “normalmente” en su ausencia y la de los “históricos”.

 

El experimento chino, a pesar de ser muy común (un Gobierno, dos Sistemas) no es transferible a Cuba con facilidad, ya que lejos de ser un modelo, una meta, es una vía sin fin hacia algo desconocido, pues luego de implementar sus reformas, los resultados han obligado a improvisar sobre la marcha. Raúl Castro no puede distanciarse del “elán” de su hermano, como Deng Xiaoping lo hizo con Mao Zedong, aunque solo sea por el apellido.

 

Además, Cuba no dispone de la inmensidad del territorio chino, que le permitió experimentar en regiones diferentes: su economía es muy endeble, y no cuenta con una potencia tecno-económica dispuesta a invertir masivamente: el ofrecimiento del Brasil está en pañales en estos momentos, y habría que definir no si los cubanos quieren bailar zamba, que lo quieren, sino si los brasileños querrían bailarla masivamente en Cuba.

 

En la actualidad no puede definirse que exista un modelo económico-social “a la China” o “a la vietnamita”, pues la grave situación en el orden alimenticio, primero, y de hacinamiento habitacional, imponen medidas operativas por encima de cualquier plan coherente. De aventurar un paralelo, debido a la composición militar, estilo autoritario y situación del país, la estrategia se acerca más al tipo de régimen taiwanés de Chiang Kaishek, o al malayo de Mahatir.

 

En la Cuba post-Fidel, el poder se concentra en el Buró Político y el Consejo de Estado, y en el Estado Mayor que representa la Comisión del Buró Político, en los cuales prácticamente se repiten los mismos personajes, que a la vez representan los principales mandos militares.

 

Lejos de establecerse la división de funciones y figuras entre el Partido Comunista, el Estado y el Gobierno (como China o Vietnam) toda la autoridad sigue concentrada en el mismo grupo de dirigentes, que intentan, colectivamente, representar el absoluto poder que personificaba el hoy Comandante en Cama.

 

No se trata del clásico gobierno militar de república bananera latinoamericana o africana: estamos ante un super-ejecutivo de mayoría militar montado sobre una administración civil.

 

Si bien las fuerzas armadas constituyen aún la institución más organizada, Raúl Castro no se ha apoyado en ellas para sus planes económicos y sociales: ha buscado el reforzamiento de la institucionalidad y legitimidad del Partido Comunista, y todo indica que es en la cumbre de la cúspide del aparato partidista que se decidirá la suerte, se escogerán las estrategias y se determinarán los cuadros de dirección.

 

Si bien en China fue el Partido quien encabezó las reformas, y fue la institución en la que se debatían las ideas, chocaban las tendencias y se imponían los líderes, no fue así en la Unión Soviética de Mijail Gorbachev y Boris Yeltsin, ni en casi ningún país de la ex Europa oriental soviética. En estos, el vehículo fueron las asambleas nacionales o los soviets, tanto nacionales como regionales, con lo cual se debilitaron en extremo los Partidos Comunistas, y al final se provocó su desmantelamiento.

 

Al inicio de la interinatura de Raúl Castro, la férrea defensa del papel de la Asamblea Nacional para la oficialización de la Sucesión por parte de su presidente, Ricardo Alarcón, hacía pensar en que tal organismo podría jugar esta vez una función novedosa en la etapa post-Fidel Castro.

 

Actualmente, tras servir de foro el 24 de febrero del 2008 para la aprobación formal y legitimización institucional e internacional del nuevo gobierno previamente diseñado, el presidente de la ANPP quedó excluido del Comité Ejecutivo del Buró Político, lo que podría llevar a pensar que Raúl Castró aprendió de la experiencia de lo ocurrido durante la perestroika soviética, cuando las asambleas (soviets) se le fueron de la mano a Gorbachev. 

 

Siempre que el control totalitario no se debilite o disuelva ante nuevas coyunturas, habrá que esperar una etapa post-Raúl para comprobar si esa Asamblea Nacional sigue siendo una escenografía o si puede llegar a jugar un papel mínimamente parlamentario: si lo jugara, esa Asamblea pudiera ser uno de los vehículos para poder pasar entonces de la sucesión a la transición.

 

Mientras tanto, Raúl Castro quiere devolver a la Asamblea el eventual rol de fiscalización y control de la labor del gobierno, que le correspondería, y que fuera totalmente usurpada por el estilo caotizador y desorganizado de Fidel Castro desde el momento mismo de su creación.

 

Según ha declarado Ricardo Alarcón, la reorganización y ampliación de las Comisiones de la ANPP, y sus reuniones menos espaciadas, fortalecerán la institucionalidad y el acatamiento de las normas jurídicas. Y además dijo que al análisis, investigación y confección de proyectos legislativos se deberían incorporar instituciones, personalidades y ciudadanos, lo que hasta ahora no se hacía.

 

Sin pena ni gloria, también, el omnipotente Grupo de Coordinación y Apoyo del Comandante en Jefe fue transformado en Grupo de Coordinación y Apoyo del Consejo de Estado: más allá de la semántica, el equipo de procónsules del César se convirtió de la noche a la mañana en equipo de burócratas sin demasiado poder, al servicio de un órgano colegiado de 31 integrantes, y no de un caudillo en particular. Otra decisión de aún mayor significado fue el traspaso de la Reserva Estratégica que controlaba absolutamente el Comandante, al Alto Mando de las FAR.

 

El problema alimentario

 

Mientras las instancias de decisión suprema se establecieron altamente centralizadas en el Buró Político y el Consejo de Estado, y más exactamente en la Comisión del Buró Político, el grupo de los siete samurais, cuyos cargos principales se repiten, la implementación ejecutiva se ha descentralizado a las direcciones provinciales y municipales en el caso de la esfera agroalimentaria.

 

En esta rama las delegaciones provinciales y municipales de agricultura tienen que  asumir funciones de distribución de tierras, la aplicación de medidas para el incremento de la producción agropecuaria, y la comercialización local (municipal) de la producción.

 

La convicción de implementar cambios necesarios para vincular la economía cubana a las realidades del mundo contemporáneo existe, aunque su materialización depende en gran medida de factores externos como son la eliminación de las sanciones por parte de la Unión Europea y el debilitamiento del embargo norteamericano, que influirán en el ritmo de integración económica de la Isla al mundo globalizado.

 

Sin embargo, con independencia de lo que resulte de esos fenómenos donde el régimen no puede decidir los resultados, Raúl Castro está forzado a liberar el mercado interno, que ha sido la causa de la escasez crónica como resultado de la errónea, o maquiavélica, política de Fidel Castro.

 

Dos variables claves de esa incentivación del mercado interno son la propiedad y los precios, y Raúl Castro ha enfrentado ambas mediante cuatro decisiones específicas: devolver al precio su función; entregar tierras ociosas en usufructo a privados; estimular la remuneración material ilimitada como pago por el trabajo, y permitir el libre consumo en la medida que la economía se recupere.

 

Como consecuencia, el general Castro está dispuesto a aceptar la realidad de las desigualdades, tolerando la noción de diferentes “clases” y estratos sociales, aunque manteniendo los subsidios alimentarios, la educación pública y un sistema general de salud: un intento de utopía socialista, socialdemócrata, que conlleva el funeral de Che Guevara.

 

La ministra de Inversiones Extranjeras, Marta Lomas, expresó recientemente que si bien en la Isla se estudian otros modelos, se aspira a encontrar uno propio. Sin dudas, puede verse en la agricultura, donde comienzan a implementarse mecanismos de la economía de mercado e inspiraciones de la Nueva Política Económica (NEP) que impulsara Bujarin a inicios de la Revolución Bolchevique, y que Stalin se encargó de pulverizar con la colectivización forzosa y el terror.

 

Está claro que se va camino, si no estamos ya, ante un esquema dual, caracterizado por la resurrección paulatina del mercado con un sistema político restrictivo,  cuya meta es llegar a mezclar el consumismo con el pragmatismo autoritario, mediante el fortalecimiento del papel del partido único. Por eso, recientemente, Raúl Castro ratificó ante el Comité Central que “cuando las dificultades son grandes, más son necesarios el orden y la disciplina”.

 

Hablando crudamente, Raúl Castro parece apostar de inmediato por una combinación de las experiencias del llamado “sistema de perfeccionamiento empresarial” y un regreso a la concepción original del llamado Nuevo Sistema de Dirección y Planificación de la Economía (NSDPE), desarrollado durante los años setenta como respuesta a la locura de los Diez Millones, y aprobado, después de  reticencias y recortes “fidelistas”, en el primer Congreso del Partido Comunista en 1976.

 

A pesar de la tenaz resistencia y permanente boicot de Fidel Castro, el NSDPE mostró resultados superiores y más racionales que el manicomio de la “ofensiva revolucionaria” y “el espíritu del Che”, que hundieron fatalmente a la economía cubana.

 

Tras diez años de esfuerzos infructuosos y tres congresos partidistas sin definiciones claras, Fidel Castro echó abajo el sistema, lanzando inconsultamente el “proceso de rectificación de errores y tendencias negativas”, que nuevamente aplastó a la economía y condujo al “período especial” no por la caída del comunismo, sino porque el caudillo decidió avanzar a todo tren “por el camino correcto”.

 

Treinta y tres años después de aquel primer congreso partidista que aprobó el NSDPE, Raúl Castro parece querer intentarlo de nuevo, está vez sin el lastre del Comandante: ¿es ya muy tarde para dos comidas?

 

La rápida elevación de los precios mundiales y la crisis alimentaria interna cubana resulta una combinación que ha precipitado las reformas en la agricultura y forzará a ampliarlas aún más. Por ello, para el equipo de gobierno,  los próximos 2 ó 3 años son la etapa más crítica que tienen por delante. Aunque la agricultura cubana cuenta con reservas de productividad, tierras y recursos humanos calificados para impedir un desastre, la coyuntura económica global no deja mucho espacio y tensionará extraordinariamente la efectividad de esos elementos.

 

La crisis alimentaria se presenta en tres direcciones estratégicas del teatro de Operaciones Económicas:

  • La más crítica es la del sur de Oriente, de Manzanillo a Guantánamo, con 3 millones de habitantes.

  • La segunda dirección estratégica se halla el norte de Oriente, desde Victoria de las Tunas hasta Baracoa, con 2 millones de habitantes: entre la primera y la segunda, son cinco provincias orientales y cinco millones de habitantes.

  • La tercera dirección estratégica es el área metropolitana de La Habana, y los pequeños pueblos adyacentes, con 2.5 millones de habitantes, lo que hace un total nacional de 7.5 millones de habitantes, las dos terceras partes de la población.

Es en estas tres direcciones estratégicas que resulta más elevada la representación de negros y mulatos, observándose que la crisis alimentaria también tiene “color”.

 

La selección de tres diputados de las dos provincias habaneras para dirigir la Comisión Agroalimentaria de la Asamblea Nacional  evidencia la importancia que da el gobierno a mejorar la situación en la capital del país.

 

La producción de alimentos es la principal tarea del gobierno y del Partido Comunista, ya claramente definida como asunto de “seguridad nacional”. El país gastó más de 1,700 millones de dólares en la importación de alimentos en el año 2007, y con los recientes aumentos de precios de los productos alimenticios y el transporte gastará más de 1,900 millones de dólares en el 2008, para comprar 20% menos de productos.

 

Las medidas consolidan la descentralización del sector agrícola, transfiriendo el control central del Ministerio de Agricultura desde La Habana, y todas las decisiones del uso de las tierras, el cultivo y la distribución de recursos y comercialización, a las delegaciones municipales, ahora garantes del control estatal sobre los recursos y el destino de las producciones contratadas. Los productores privados y las cooperativas estarán, en lo adelante, bajo la supervisión de los municipios.

 

Existen cerca de 250,000 mil personas vinculadas a la propiedad privada y a las 1,100 cooperativas, donde el Estado determinaba qué producían y cuánto vendían a precios fijos arbitrariamente determinados.

 

En vista de que la superficie cultivable de 6,629,600 millones de hectáreas se mantiene ociosa en la mitad de esa extensión, el régimen decretó la entrega de tierras  en usufructo a los campesinos existentes, pero todavía ha sido muy poca la distribución a nuevos usufructuarios.

 

Esto se debe a que en una primera fase se están “fortaleciendo”, (según la terminología oficial), las unidades de producción agropecuarias de tipo cooperativo (Cooperativas de Producción Agropecuaria, privadas, y Unidades Básicas de Producción Cooperativa, semi-estatales) para estabilizarlas y disolver aquellas que no lleguen a ser rentables, repartiendo entre las primeras sus tierras y medios.

 

La ampliación de la incorporación de nuevos productores agrícolas corresponderá a una segunda fase, de fecha aún indefinida, ya que conlleva el aporte por el estado de créditos e insumos, que actualmente están priorizados para las empresas y cooperativas más productivas.

 

El cambio ya es notable desde el comienzo: la encargada económica de una Cooperativa con 750 ha. en Bejucal apuntaba que por vez primera recibían fertilizantes y útiles de labranza, y señalaba que si ellos recibían lo que habían planificado podrían abastecer de viandas y vegetales a todo Bejucal y “exportar” a Ciudad de La Habana.

 

Los agricultores privados ya gozan de cierta prosperidad económica relativa, y ello se evidencia en las cuentas bancarias que mantienen, en su nivel de vida, con automóviles, neveras, televisores, teléfonos, etcétera. Los 63 trabajadores que en Nueva Paz, Provincia Habana,  cultivan tomates, ají  y pepinos para los centros turísticos, tienen un ingreso mensual promedio de unos 2,000 pesos mensuales, unos 80 dólares, cinco veces más que lo que gana un médico. Como ellos, son los que llegan a las tiendas de divisas y las vacían, dice una dependienta.

 

El 70% de los 11 millones de cubanos nació después de 1959, y 3 millones no han cumplido 20 años todavía. Si bien en los bolsones de extrema pobreza del oriente cubano, la población protesta de su actual condición de vida, en términos generales, el régimen de Raúl Castro representa una alternativa hasta ahora inexistente.

 

No obstante, durante algún tiempo, hasta que se produzca el despegue agrícola, tendrá la disyuntiva de balancear los créditos y efectivo disponibles entre insumos para la producción y las compras de alimentos.

 

No solo existen dificultades materiales para elevar la producción agropecuaria en el área de los insumos (fertilizantes, plaguicidas, maquinarias), sino trabas burocráticas, organizativas y salariales, que se están empezando ahora a tratar de resolver y que datan de la época de los grandes subsidios soviéticos.

 

Por eso, lo que separa la actual situación de un eventual escenario en el cual las necesidades básicas de alimentación estén resueltas, es la decisión de la élite de implementar cambios en la producción y comercialización agropecuaria, pero eso requiere un enfoque sistémico que aún no se ha perfilado.

 

Este reordenamiento del sistema de la agricultura cubana propugna la disolución de 104 empresas estatales agrícolas, algunas de las cuales ya están siendo convertidas en prestadoras de servicios para atender directamente a los productores y a la distribución de productos. A medida que se extiendan las reformas en la agricultura, Raúl Castro tendrá que tomar decisiones difíciles para equilibrar el resto de los sectores de la economía.

 

Medidas salariales en la industria

 

Una segunda oleada de reformas debería consistir en la aplicación plena del así llamado Perfeccionamiento Empresarial en la esfera industrial.

 

En la industria hay que tener en cuenta que la productividad del trabajo, a pesar de los pronósticos, creció solo cinco por ciento en 2007, mientras el salario medio aumentó en 5,5 por ciento, de acuerdo a las informaciones oficiales, de cuya exactitud y precisión hay derecho a dudar.

 

También el régimen reconoce que las resoluciones 187 y 188 del Ministerio del Trabajo y Seguridad Social (MTSS), referentes a la disciplina laboral, no tuvieron resultados económicos, porque previamente no se habían reorganizado el trabajo y los salarios, eufemismo para referirse al autismo voluntarista.

 

Como un primer paso para empezar a resolver esta situación se aprobó la Resolución 9 del MTSS, que ajusta las formas y sistemas de pago a los resultados del trabajo.

 

El miembro del Buró Político y Secretario General de la Central de Trabajadores de Cuba (CTC), Salvador Valdés Mesa, explicaba a la revista Bohemia su percepción de las razones del desorden salarial:

 

“En todos estos años de período especial  el país se ha visto en la necesidad de tomar muchas decisiones de manera particular para determinados sectores, ramas, empresas, o ministerios. Vino la despenalización de la divisa, después el país aplicó estímulos en divisas para aquellos sectores que tenían que aportar mayores ingresos, y estimular, por ejemplo, las exportaciones. Eso influyó en que se desordenó el sistema salarial, y hoy nuestra escala salarial tiene muchos problemas, están solapados los grupos, y en muchas actividades no funciona el principio de distribución socialista; se hace colectivamente, y no es justo”.

 

Esas declaraciones implican admitir que el régimen de Fidel Castro se equivocó una vez más al tomar decisiones puntuales desde 1989, pretendiendo resolver un error con otro error, sin tener en cuenta que la economía funciona como un sistema, y que cualquier estímulo en un sector productivo llevaba a desigualdades sociales con los no estimulados.

 

Por otra parte, aún en los sectores priorizados los estímulos salariales se otorgaban injustamente, en contra del trabajador y a favor del colectivo.

 

Aunque las primeras medidas de Raúl Castro fueron dirigidas al reforzamiento de la disciplina laboral, cayó en un error parecido al basarse en un enfoque demasiado “militar”, ya que primero había que incentivar a los trabajadores individuales, incluso cuando el colectivo incumpla sus metas, como está ahora recogido en la Resolución 9.

 

Pero cuando este bonzo sindical plantea que “no hay cosa más injusta -y desigual a la vez-, que el igualitarismo”, se enfrenta con un interesante cambio de lenguaje respecto a lo que se aceptaba como políticamente correcto en los tiempos del Castro ahora enfermo. Según algunos observadores, la citada resolución equivale a un nuevo entierro del Che Guevara, a pesar de los homenajes oficiales por el 80 aniversario de su nacimiento.

 

También Valdés Mesa se aparta del papel tradicional de los sindicatos como ¨correa de transmisión” del Partido, cuando enfatiza como una de sus tareas más importantes la de representar los intereses de los trabajadores ante el Estado y la sociedad. ¿Funeral también para Vladimir Ilich?

 

Petróleo, crédito y liquidez 

 

En cuanto al problema energético, hay una situación muy curiosa: Carlos Lage declaró pocos días atrás que el país consume 158,000 barriles diarios de petróleo, por lo que es necesario ahorrar.

 

La aritmética elemental sugiere algo distinto: Cuba declara oficialmente producir un millón de toneladas de petróleo-equivalente por trimestre, que serían unos 7.3 millones de barriles, un promedio de unos 80,000 barriles de petróleo diario.

 

Si Chávez entrega a Cuba 98,000 barriles diarios, según datos oficiales, sumados a los 80,000 que Cuba estaría produciendo, habría un excedente de unos 20,000 barriles diarios, 600,000 mensuales, o unos 7.2 millones de barriles anuales.

 

Eso representa casi un millón de toneladas de petróleo al año, y con un precio de 130 dólares el barril, serían 936 millones de dólares en excedentes petroleros, con los que Cuba puede contar a pesar de sus constantes lamentos sobre el tema.

 

El petróleo sigue su rumbo estratégico, y cada vez son más las compañías interesadas en la prospección en la Zona Económica Exclusiva cubana, ahora con el interés manifestado por Brasil: aún siendo de largo plazo la perspectiva del petróleo submarino, las reservas comprobadas son lo suficientemente atractivas para interesar a muchos inversionistas, y no pueden desecharse las posibilidades del régimen de obtener créditos contra futuras producciones en estas áreas.

 

La producción nacional se anuncia en un millón de toneladas-equivalentes cada tres meses, y sigue aumentando: eso constituye aproximadamente la mitad de las necesidades del país.

 

Si se mantienen los ritmos de crecimiento del petróleo terrestre y de plataforma por dos o tres años, y se incorporan a los volúmenes nacionales las primeras extracciones significativas del petróleo submarino, la disponibilidad de este producto cubriría perfectamente la demanda nacional, y desaparecería del escenario el espectro de la paralización petrolera, que durante casi medio siglo ha pendido sobre el régimen.

 

Además, el país cuenta con suficientes aliados productores de petróleo (como Libia, Angola, Azerbaiyán, Argelia, Guinea Ecuatorial, y aparentemente Brasil) para enfrentar una emergencia que requiriera suplir un corte brusco del abasto venezolano.

 

Pero aunque el gobierno de Raúl Castro no tiene problemas inmediatos de créditos, tendrá que ser muy cuidadoso en los desembolsos, llevando las compras de alimentos y de insumos a lo indispensable y amortizando puntualmente las sumas financiadas. Si Vietnam está dispuesta a hacer entregas extraordinarias de arroz a Cuba, y Venezuela e Irán pudieran obviar los incumplimientos de pagos, ni China, ni Brasil, ni Rusia, se guían por el internacionalismo proletario.

 

Complicada situación del exilio y los disidentes

 

Las reformas que está introduciendo el nuevo gobierno en la agricultura y las que se esbozan para otros sectores, les han arrebatado a la disidencia parte de su programa a favor del mejoramiento económico; así, ésta se ha concentrado en la lucha por los derechos humanos y políticos.

 

A la luz de los últimos acontecimientos, la lucha por la liberación de los presos políticos, enarbolada por las Damas de Blanco, choca con el proyecto castrista de utilizar esos prisioneros como moneda de cambio en una eventual excarcelación de los agentes del régimen convictos en Estados Unidos por espionaje, que la propaganda oficial identifica como “Los cinco héroes prisioneros del imperio”.

 

Por eso, las marchas de las esposas, hermanas y madres de los cubanos condenados sumariamente durante la Primavera Negra, que eran “toleradas” en la 5ta Avenida de Miramar, fueron reprimidas en cuanto pretendieron salirse de ese marco para manifestarse frente a dependencias gubernamentales de la Plaza de la Revolución.

 

Los líderes disidentes que residen en la capital, no han escapado al repudio, la vigilancia y las provocaciones, pero han evitado la cárcel porque el régimen sabe el precio internacional que tendría que pagar por esa acción. No obstante, los opositores de fila, y muy especialmente los que viven en capitales o ciudades de provincias, están sometidos a un grado creciente de detenciones preventivas, “actas de advertencia” e incluso agresiones, para impedir sus reclamos de derechos civiles y políticos.

 

Ahora la dictadura está aprovechando a su favor la agria polémica entre diversas organizaciones del exilio en torno al empleo de fondos federales norteamericanos para el apoyo económico a los disidentes y familiares de presos políticos, y recientemente surgió la denuncia de que se está haciendo más difícil recibir tales fondos en la isla.

 

Las declaraciones de algunos disidentes en el sentido de que la ayuda no les llega en forma suficiente, aún siendo justa, ha contribuido a enturbiar esta situación, sin que se haya esclarecido suficientemente que son los propios frenos de la Ley Helms-Burton los que obligan a invertir más dinero en gastos administrativos para que se haga efectiva la ayuda económica a los opositores en la Isla.

 

No se ha procedido por la administración Bush, a pesar de sus declaraciones de endurecimiento contra el régimen, a la activación y aplicación del artículo 3 de esa ley, que fuera suspendido por el gobierno Clinton desde su firma.

 

La administración actual perdió la oportunidad de suspender la prohibición de la ley de enviar fondos privados a Cuba con destino a los disidentes, y a eso sumó el recrudecimiento de las limitaciones en las remesas de los cubanos a sus familiares y espaciamiento del derecho de viajar a la Isla. 

 

De esta manera, no solo ha afectado a la disidencia dentro de Cuba, sino que ha alejado de la vertiente más conservadora del Partido Republicano a algunos sectores cubanos en Estados Unidos.

 

Mientras el candidato presidencial demócrata Barack Obama se ha pronunciado por la eliminación de esas duras disposiciones del gobierno Bush, el senador McCain, candidato republicano, ha hecho énfasis en no reunirse con Raúl Castro en caso de ser electo en noviembre.

 

Por primera vez en muchos años, los votantes cubano-americanos tienen ante sí dos opciones sustancial y totalmente diferentes del enfoque de las relaciones de una eventual administración norteamericana con el régimen de La Habana, lo que de seguro hará mucho más interesantes las elecciones presidenciales en el sur de la Florida.

 

Y Estados Unidos no logra convencer a Europa para abrazar la línea “dura” frente al régimen: cada vez más, la superpotencia se va quedando sola frente a la Unión Europea, América Latina y el resto del mundo, que condenan abrumadoramente “el bloqueo” y buscan alternativas diferentes para lidiar con el régimen.

 

Por si fuera poco, el Vaticano parece estar apostando seriamente a la mediación, y las muy reservadas reuniones del cardenal Tarciso Bertone con Raúl Castro en La Habana y con José Ramón Machado Ventura en Roma sugieren que la Iglesia considera que existen posibilidades reales de negociar algún quid pro quo con el régimen.

 

Ni siquiera el tema de la discriminación racial ha sido abrazado por la disidencia como un elemento de movilización, a pesar de que son evidentes las desigualdades entre negros y mulatos con relación a la población blanca, no solamente en el orden interno o las proporciones de la población penal, sino al estar los no-blancos prácticamente ajenos al recibo de remesas familiares desde el exterior.

 

Un grupo significativo de figuras disidentes internas parece estarse inclinando a conceder cierta credibilidad a la idea de un plan de reformas positivas por parte del régimen, más aún cuando las cosas se han complicado de tal manera con relación a la ayuda desde el exilio y la administración norteamericana y sus intrincados mecanismos burocráticos para canalizar las ayudas.

 

Y no son solo los gobiernos europeos y latinoamericanos quienes parecen dispuestos a conceder a Raúl Castro un cierto compás de espera para comenzar a ver transformaciones: incluso alguien como el ex gobernante soviético Mijail Gorbachov afirmó recientemente que el gobierno de Raúl Castro traerá cambios en Cuba.

 

La aparente estrategia económica general del general

 

La estrategia general para resolver la crisis alimentaria y los problemas de vivienda y transportación se fundamenta en el desarrollo agropecuario, el petróleo de Venezuela , el níquel y el turismo como fuentes de ingreso y base de solución.

 

En el turismo se planean construir 30 hoteles antes de 2010, para sumar 10,000 habitaciones más.

 

En este sector se impone el modelo de empresas mixtas (empresas nacionales, capital foráneo y experiencia administrativa importada y transmisible) y en la agricultura en la producción privada y cooperativa, aunque se está debatiendo muy fuertemente la aceptación de capital extranjero para el “agro-business”, aunque la variante brasileña parece modificar la ecuación.

 

En la actualidad existen 230 empresas mixtas, 162 menos de las que había en el año 2000.

 

Para reconciliar las monedas (cuc, peso, dólar) y escapar de la esquizofrenia monetaria, es necesario fortalecer el peso cubano, via producción, puesto que casi todo lo que se necesitaría con los niveles de oferta actuales se destina al turismo.

 

El propio Raúl Castro aclaró que ese cambio tiene que considerar el sistema salarial, los precios minoristas, las gratuidades y subsidios en servicios y productos, como la libreta de racionamiento y otros mecanismos "irracionales e insostenibles".

 

El Estado abona salarios al 80% de la población laboral activa, subsidia la educación, la electricidad, el agua, el gas y el teléfono, y además importa más del 50% de los alimentos que consume el país, (80% de los subsidiados), y también trata de pagar su deuda externa: un desbalance evidente entre ingresos y gastos. 

 

El comercio con China y el acuerdo petrolero con Venezuela se mantienen, y el de Brasil se anuncia muy promisorio, mientras el turismo genera actualmente cerca de 2,000 millones de dólares anuales de ingreso bruto, aunque los altos costos en divisas, a causa de la ineficiencia, reducen el ingreso neto significativamente. El níquel, por su parte, aporta 1,400 millones de dólares anuales.

 

Las remesas familiares de cubanos en el exterior representan actualmente más de mil millones de dólares, a pesar de las restricciones del 2004 impuestas por la administración del presidente George Bush: pero en caso de una victoria de Barack Obama en las presidenciales de noviembre, o de un reacomodo de las posiciones actuales de John McCain, estas cifras podrían duplicarse fácilmente.

 

La producción de níquel se mantiene en un discreto pero estable ascenso, y la evolución de los precios mundiales sigue favoreciendo a los productores: con una producción que se va por encima de las 70,000 toneladas anuales, el preciado mineral aporta más de 1,400 millones de dólares en moneda fuerte a las arcas del régimen, superando los ingresos del turismo.Y están en plan nuevas inversiones, de conjunto con Venezuela, por 700 millones.

 

El tabaco alcanzó 400 millones de dólares en exportaciones durante 2007, y las medidas de estimulo aplicadas a los productores privados deben reflejarse en mayores volúmenes en 2008.

 

En números redondos, considerando níquel, tabaco, turismo, remesas, producciones tradicionales de exportación, servicios, y los ingresos de GAESA, el régimen podría estar disponiendo de unos 6,000 millones de dólares anuales en estos momentos: nada extraordinario, pero suficiente para no sentirse acorralado..

 

Conclusiones

 

El desarrollo de este análisis, que se basa en la constatación de realidades evidentes en la isla, conduce a un conjunto de conclusiones que sin duda provocarán urticaria a quienes se aferran al esquema de solo considerar que allí sucede “más de lo mismo”, y que continúan apostando a un derrumbe explosivo que no se vislumbra en el horizonte.

 

En primer lugar, el régimen no está acorralado internacionalmente, si se compara con la situación de la junta militar de Myanmar (antigua Birmania), o Sudán, o como estuvieron los golpistas haitianos en los años noventa. La prudente distancia mantenida hacia los delirios bolivarianos, las huestes de Tirofijo, o las torpezas de Evo Morales, y un cierto desdén hacia las payasadas de Rafael Correa y Daniel Ortega, han obrado a favor del régimen en el escenario internacional.

 

La posición de la administración Bush sigue manteniéndose en el enfoque “duro”, lo que no ha impedido crecientes ventas de alimentos al contado y pagadas por adelantado, que alcanzan el orden de cientos de millones de dólares: El Nuevo Herald señala que "las compras de alimentos de Cuba a Estados Unidos escalaron la cifra récord de $254.7 millones durante los primeros meses del 2008 ( ... ) Sólo en abril la empresa estatal Alimport compró $82.2 millones en productos agrícolas a firmas estadounidenses, el mayor balance para un mes desde que se iniciaron las transacciones comerciales entre ambos países en el 2001".

 

Tanto Europa, Japón y Canadá, como América Latina, se mantienen a la expectativa de una evolución gradual de los acontecimientos hacia posiciones de apertura, sin mostrarse demasiado exigentes en cuanto al alcance de esas aperturas, al menos por el momento.

 

Rusia, China, Vietnam, y en general la mayoría de las naciones afroasiáticas y caribeñas mantienen relaciones al menos cordiales con el régimen, que aún preside el Movimiento de los No Alineados, ha expandido paso a paso el alcance de sus relaciones internacionales con muchos países, y que recibe en la ONU 184 votos a favor cuando propone condenar “el bloqueo” de Estados Unidos.

 

En el plano económico, la situación actual es extremadamente compleja y muy difícil, provocada por la desastrosa herencia fidelista y el acelerado aumento de los precios de los productos alimenticios y el petróleo, pero el régimen, a diferencia de la constante desidia e improvisación de tiempos del Comandante, ha diseñado una estrategia de urgencia para comenzar a trabajar en la agricultura, la vivienda y el transporte, y parece delinear acciones de más alcance para aplicar en un futuro próximo.

 

Ciertamente, la cautela ha primado hasta ahora en las decisiones del equipo dirigente, pero en la medida que avancen los tiempos deberá profundizar mucho más en la aplicación de cambios estructurales más profundos, o la economía no podrá sostenerse.

 

Con un sentido mucho más realista de las necesidades del país y las condiciones de vida de la población, no parece probable que el régimen se paralice ante transformaciones de más fondo cuando vea que las medidas actuales son insuficientes: no se trata de abrazar abiertamente la economía de mercado y diversas formas de propiedad de manera masiva, pero sí permitir el funcionamiento de los mecanismos imprescindibles para poder asegurar las condiciones de vida mínimas de la población.

 

Simultáneamente, con financiamiento crediticio de Venezuela y China, y oportunidades como las que ha ofrecido recientemente Brasil y las que pueden intuirse en Rusia, más los rumbos promisorios en que se mueven los ingresos de servicios médicos y biotecnología administrados con sensatez, el crecimiento del turismo, la producción de níquel, petróleo y tabaco, existirían condiciones no solamente para capear la crisis actual, sino para plantearse también un programa realista de desarrollo.

 

En el orden político y social interno, la sucesión de poderes ha generado expectativas de cambio y mejoría, aunque solo fuera en comparación con el pozo sin fondo de tiempos de Fidel Castro. Las tímidas medidas liberalizadoras como la venta de teléfonos celulares y computadoras, la posibilidad de alojamiento en hoteles que eran exclusivos del turismo extranjero, o hasta la reciente autorización de cirugías para cambio de sexo, han despertado en la población las ilusiones de que ahora sí podrían verse mejorías y que Raúl Castro está aplicando en Cuba un modelo diferente, aunque cuando se profundiza en la pregunta esa misma población, más que entenderlo, parece “sentirlo”.

 

Aunque la represión se mantiene sin señales de alivio, su aplicación ha sido mucho más sofisticada y selectiva: mientras las Damas de Blanco fueron desalojadas de la Plaza de la Revolución, aunque sin golpes, han podido continuar desfilando los domingos en su “coto” de la Quinta Avenida.

 

La autorización de la salida de la bloguera Yoani Sánchez a recibir un premio en España fue manejada con un criterio de costo-beneficio, o males menores: su presencia y su discurso en Europa hubieran tenido más repercusión negativa para el régimen que la que tuvo haberla mantenido en el limbo migratorio que le impidió viajar, y todo el evento se diluyó relativamente rápido entre otras noticias y acontecimientos.

 

Los pataleos y llamados a incrementar la represión, como el del director de Granma Lázaro Barredo pidiendo más fuerza en la aplicación de la llamada “ley mordaza” y contra los "mercenarios", o llegando al ridículo de reclamar la extradición de Carlos Alberto Montaner, recuerdan más las payasadas de Hugo Chávez, aunque los disidentes continúan siendo observados de cerca y la espada pende sobre ellos todo el tiempo.

 

Con la concentración del poder en el estado mayor de emergencia que constituye la Comisión del Buró Político, los mecanismos del poder están entrelazados y repartidos en muy pocas manos: la continua presencia de Machado Ventura y Esteban Lazo, dos de los siete samurais de la Comisión, en eventos internacionales de importancia, ha relegado a Carlos Lage a tareas económicas dentro del país, mientras Felipe Pérez Roque ni siquiera puede entrar al despacho del cardenal Bertone en el Vaticano. La permanencia de ambos en la super-élite, después del Gran Funeral, no está garantizada.

 

La promoción de Ramiro Valdés, Álvaro López Miera y Salvador Valdés Mesa al Buró Político en sustitución de Alfredo Jordán (fallecido), Juan Carlos Robinson (preso) y Marcos Portal (demovido), completa la nómina original de 21 miembros y garantiza a Raúl Castro el balance a su favor en el máximo órgano partidista.

 

La convocatoria al Congreso del Partido para diciembre del 2009, convenientemente establecida para dejar tiempo más que suficiente a celebrar solemnemente los Grandiosos Funerales, garantiza a Raúl un Congreso sin sorpresas y la posibilidad de promover nuevas generaciones a las máximas instancias partidistas y de gobierno, cuando muchos de los “históricos” tendrían más de setenta y cinco años, por lo menos, y enormes deseos de terminar los años que le queden de vida en la tranquilidad de sus hogares en vez de repartiendo tierras ociosas o apuntalando viviendas que se pueden derrumbar.

 

Aunque Raúl Castro tiene sus planes, tanto él como su hermano, una vez fuera del juego, no tienen otro significado que el de referencia histórica, por lo que no debería sorprender ver en Cuba en pocos años una nueva generación de “comunistas” de comportamiento típico mezclado de aparatchiks reciclados, socialdemocracia europea y liberalismo latinoamericano, acelerando la economía de mercado y llamando a pactar de alguna manera a intelectuales, académicos y disidentes, y algunas figuras del exilio, para crear condiciones de una lenta pero continua apertura democrática que debería llevar a un modelo al final más parecido a Chile, Uruguay o Costa Rica que a Vietnam o China.

 

En esos tiempos, ya la biología habrá pasado la cuenta inevitable a casi todos los personajes históricos de ambos lados del Estrecho de la Florida, y serían estas nuevas generaciones intermedias las que llevarían a cabo la transición hacia la democracia cubana que Fidel Castro nunca quiso, Raúl Castro no pudo ejecutar, los cubanos hasta ahora no sabemos canalizar, y Estados Unidos y el exilio no han podido propiciar.