Cubanálisis El Think-Tank

ARTÍCULO ORIGINAL PARA EL THINK-TANK DE CUBANÁLISIS  

     

                                                 Lázaro González, Toronto, Canadá

 

Cuba-Estados Unidos:

Los Círculos Viciosos y Virtuosos de la transición cubana [ I I ]

 

 "No substantial famine has ever occurred in any independent and democratic country with a relatively free press”.- Amartya Kumar Sen, Premio Nóbel de Economia.

 

No es de extrañar que el tema de las negociaciones Cuba-Estados Unidos levante no solo expectativas sino también sentimientos encontrados, en tanto una buena parte de los sujetos políticos involucrados directa o mediatamente mantienen significativas reservas, que en mayor o menor medida obstaculizan la solución del conflicto.

 

Y mientras aún no pocos políticos, politólogos y gente común evitan el término conflicto para referirse a las relaciones Cuba-Estados Unidos, el reconocimiento del mismo es precisamente el punto de partida para su solución. Mientras no se entienda lo anterior por los encargados de trazar y ejecutar las políticas de los actores, y también por la academia, no se podrá trabajar de conjunto por ir construyendo las soluciones múltiples y parciales que permitan la conformación de relaciones de no confrontación. Colocar al castrismo en una posición de no confrontación y de aceptación de seguir las reglas internacionalmente aceptadas sería ya de hecho un triunfo de primera magnitud: expertos en sabotaje de negociaciones, ellos lo saben, y lo evitarán mientras no se sientan al borde del abismo.

 

La Habana se ha quedado sin argumentos serios para el dialogo, y en su defecto refuerza la propaganda en torno a los “Cinco luchadores antiterroristas” y al “terrorista” Posada Carriles, porque en la filosofía de barrio, primitiva pero en cierto modo efectiva, del Clan Castro, no tener nada que decir no es motivo para quedarse callado: de ahí la presencia constante en los medios del Bloguero en Jefe.

 

En alguna ocasión, cuando Castro I intentó mofarse del nombre del glandular Rahm Emmanuel, el power-broker de la Casa Blanca, más conocido como “Rahmbo” (en alusión al personaje de Sylvester Stallone), interpelado por la prensa, afirmó que mientras menos se hable de Cuba es mejor, en lo que constituyó una de las más contundentes  bofetadas políticas que Fidel Castro ha recibido en su vida [se cuenta que “Mr. Rahmbo” en una ocasión le envío de regalo a un adversario político, en una preciosa caja, un pez muerto, al mejor estilo de Don Corleone, y eso contando con que el culto judío fue bailarín de ballet clásico en su niñez].

 

Las escaramuzas propagandistas sobre “los cinco” y Posada no constituyen un tema de peso en una negociación seria, a pesar que muchos piensan de otra manera. Y no lo es porque, a pesar de que la separación de poderes en los Estados Unidos dificulta la concreción de órdenes ejecutivas provenientes de la Casa Blanca, son un manjar para los negociadores norteamericanos en términos de concretar algunas de las concesiones que siempre es necesario realizar. Ni los Cinco son un peligro para el vendedor ambulante de pastelitos de guayaba en la calle 8, ni Posada Carriles, terminalmente enfermo, lo es para un recluta del servicio militar obligatorio.

 

A cambio, La Habana tendría que realizar concesiones del mismo orden, que pudieran incluir la liberalización de los presos de conciencia y opositores pacíficos, con la premisa de que sería una alternativa personal de cada uno de ellos permanecer en el país, viajar al extranjero para tratamientos de salud, o emigrar definitivamente y, PUNTO, asunto concluido; por favor, señores, tomemos un receso y pasemos al siguiente aspecto de la agenda.

 

Suscribiendo el concepto de Maurras de entender la política como el arte de hacer posible lo necesario, cabe entonces formular qué es lo necesario para los sujetos políticos, tanto cubanos como norteamericanos, en términos de abandonar el ruinoso y desesperanzador círculo vicioso en el cual transcurre la existencia del país, e insertarse en un prometedor y prospero circulo virtuoso sustentable.

 

Resulta necesario hacer una acotación al término de qué es lo necesario a los sujetos políticos. A los efectos de la solución de conflictos no es relevante lo que pudiéramos denominar la situación objetiva de las partes del mismo, sino cómo esas partes perciben o reflejan esa realidad que pretenden modificar. No importa la terrible realidad que 3-4 generaciones de cubanos convivan en la misma ruinosa vivienda, con todos los problemas que ello crea, si los sujetos políticos no consideran eso un asunto relevante, o sencillamente lo desconocen a la hora de buscar soluciones conjuntas con la contraparte envuelta en las negociaciones.

 

Es ética y moralmente criminal soslayar estas realidades, pero en términos de realpolitik, donde los políticos y negociadores tienen tareas precisas que cumplir, y se mueven persiguiendo objetivos que expresan los intereses de las partes representadas, el hecho de que la abuela dueña original de la vivienda comparta un camastro con dos nietos para dejarle espacio de intimidad a su hija casada en lo que es también la sala donde el yerno ve la pelota con sus amigos, no tiene porque ser relevante para los negociadores, aunque sea frustrante para muchos que, debiendo entenderlo, no alcanzan a comprenderlo. En tal sentido, el papel de las personas encargadas de manejar la información pública es difícil de exagerar en tanto un manejo inadecuado de la misma puede exacerbar la frustración social, ya de por si alta hasta niveles que comprometan seriamente la estabilidad del país, porque un país en crisis de gobernabilidad no negocia.

 

Por otro lado, si se desea la inserción de Cuba en el mundo real, del cual la ha tenido secuestrada el régimen de La Habana por más de medio siglo, se debería entonces comenzar a tratar los temas cubanos empleando el riquísimo arsenal teórico-conceptual y metodológico que el mundo contemporáneo emplea. En tan sentido, una generalización de los principales temas que caracterizan a la realidad cubana actualmente pudiera ser resumida de la siguiente forma:

 

·        Estancamiento social y económico con valores culturales deformados predominando un clima de pobreza estructural. Tasas de inversiones productivas en bienes de consumo y servicios ineficientes, y generalmente en tecnologías obsoletas que no garantizan la reproducción sustentable de la sociedad, y que es generadora de una elevadísima dependencia exterior financiera, tecnológica [know how incluidos] y material

 

·        Renta bruta y neta insuficientes, resultado del déficit estructural en la creación de riqueza, que constituyen un obstáculo para elevar a su vez las inversiones y las remuneraciones en cualquiera de sus formas

 

·        Escasez de ahorro público [estatal] y personal, que impiden contar con los recursos financieros para ejecutar las inversiones requeridas para garantizar el crecimiento y bienestar socioeconómico sustentable, con lo cual se acentúa la dependencia exterior.

 

Existen numerosos diagnósticos realizados por distinguidos analistas, pero la abrumadora información macroeconómica y sectorial es solo asimilable por expertos en los temas, y no posibilitan a los políticos y negociadores desentrañar las esencias que permitan fijar los objetivos precisos para las negociaciones. De lo que se trata en momentos de transmutaciones históricas es de ir a las esencias antes que a las diversas formas en que éstas se manifiestan. Se está iniciando un proceso de solución gradual, donde el todo o nada solo conduce al NADA.

 

No obstante las debidas reservas con que se deben examinar los análisis y propuestas del Banco Mundial, la afirmación de que “Transformar el Estado en un agente que promueva la igualdad de oportunidades y practique la redistribución eficaz es quizás el desafío más urgente que enfrenta América Latina [y Cuba también-LG], a la hora de poner en marcha mejores políticas que estimulen el crecimiento y al mismo tiempo reduzcan la desigualdad y la pobreza”, está fuera de toda duda razonablemente fundamentada. Ver Informe del Banco Mundial REDUCCIÓN DE LA POBREZA: CÍRCULOS VIRTUOSOS Y CÍRCULOS VICIOSOS.

 

El concepto de pobreza estructural referido a Cuba no ha sido tratado por los especialistas, y es clave en el diseño de políticas estratégicas que permitan revertir el dramático circulo vicioso en que se desenvuelve el país. Usualmente se le presta atención a manifestaciones de la misma [crisis financiera, alimentaria, energética, habitacional, migratoria, laboral, etc.]; sin examinar las reales causas de estas manifestaciones, resultados de las políticas socioeconómicas voluntaristas y parasitarias del régimen de La Habana por más de medio siglo.

 

El incremento de los niveles de ingresos públicos (estatales) e individuales, resultado a su vez de las políticas inversionistas adecuadas, permite insertar la economía y el país en su conjunto en el círculo virtuoso del progreso. La pobreza estructural a la que concientemente Fidel Castro y ahora su hermano y sucesor han sometido al país, en tanto mecanismo de coerción y control social, tiene limites económicos y sociales (con repercusiones en otras esferas de la vida nacional), que todos conocemos y sufrimos a pesar de la represión y el acecho constante al que someten a la población, y con particular crudeza a los opositores.

 

La crisis permanente en que se ha transformado la revolución permanente que pretendió ejecutar Fidel Castro es inobjetable, y no requiere fundamentación a ningún nivel de conocimiento sistematizado o empírico.

 

Generación de pobreza -y en casos extrema pobreza-, como política de estado crea círculos viciosos en términos de crecimiento económico y social no importa lo que nos quieren mostrar las estadísticas oficiales.

 

Los que durante años han estado vinculados al sector empresarial en Cuba conocen perfectamente la letanía sobre los salarios sin respaldo productivo y las empresas eufemísticamente llamadas “irrentables” (estado que muchas veces se justifica por las prestaciones “sociales” de las mismas). El mito del salario sin respaldo productivo (otro ángulo del tema cubano en que reconocidos especialistas siguen las consignas del régimen), no es más que un mito.

 

Y lo es en tanto las necesidades, de bienes productivos como de vida y servicios, están presentes y no encuentran expresión en una demanda estructurada que reanime la economía vía la inversión productiva (se considera igualmente la inversión en servicios e infraestructuras, además de las inversiones sociales imprescindibles en educación, salud, etc.) precisamente por los niveles depauperantes de los salarios, sueldos y prestaciones.

 

La solución a esta contradictoria dicotomía, la busca el régimen esquilmando los ingresos personales mediante diversos métodos y procedimientos: doble circulación monetaria, con el agravante de abonar esos ingresos en moneda nacional o con una pequeña fracción en CUC para los casos estrictamente autorizados, y “obligar” a concurrir al mercado estatal en “divisas”; subsidio a una canasta básica minina e insuficiente cuantitativa y cualitativamente; impuestos comerciales exorbitantes que gravan los productos en el mercado inevitable del CUC; tasas de cambio leoninas frente a las divisas extrajeras, gravámenes e imposiciones a las remesas familiares, etc.; cuando de lo que se trata es de convertir esas incalculables necesidades acumuladas en demandas estructuradas.

 

Algunos no distinguen entre necesidades y demandas, incluso entre personas que por razones políticas o académicas están involucradas en el tema Cuba, lo que es lamentable, pues si no se entiende que una necesidad solo alcanza la categoría de demanda estructurada cuando la misma se vertebra en un deseo de compra con la capacidad financiera requerida, no se podrá entender una de las piedras angulares del trazado de políticas económicas y sociales efectivas y sustentables.

 

El obstinado igualitarismo –reconocido públicamente por Raúl Castro- como componente de la doctrina ideológica y económica del régimen no ha funcionado en Cuba, como en otras naciones en desarrollo, como factor de estimulación del crecimiento y el desarrollo. Por el contrario, ha sido y continúa siéndo, luego de los reiterados fracasos de la administración de Castro II de introducir una reforma general en materia de organización del trabajo y los salarios, un obstáculo insalvable en los marcos de las reglas que rigen el sistema para lograr el crecimiento y el desarrollo.

 

Porque también en esto el régimen se equivoca intencionalmente. El igualitarismo genera pobreza, en tanto la equidad social y económica generan riqueza; pero ello constituye una colisión frontal contra uno de los fundamentos totalitarios del sistema, que hasta el momento y a pesar de la crisis permanente han soslayado  manipulando sus formas de expresión por medios populistas, nacionalistas, y político-ideológico-movilizativos como la “Batalla de Ideas”, el retorno de “los cinco”, el “bloqueo”, y cualquier otra excusa de igual naturaleza. Si algún estudioso desea preparar su doctorado y no encuentra un tema plausible a sus propósitos, el examen del empleo de la tesis del “Enemigo Externo” por parte de Fidel Castro y su régimen le garantizaría el éxito absoluto en sus empeños.

 

La Oficina Nacional de Estadísticas (ONE) no ofrece, por ser seguramente uno de los tantos secretos de estado, los elementos mínimos para calcular importantes indicadores de pobreza y distribución de la renta en Cuba, y hay que sentirse complacido con las declaraciones de que el salario medio creció en “X” por ciento, mientras se alcanzó el 1.8% de desempleo, considerado técnicamente como pleno empleo, y que si no es, debe estar muy próximo a constituir un nuevo record Güinness, en tanto la población en edad laboral activa “flotando” en ciudades y pueblos supera con creces a los que a las mismas horas hacen como que trabajan en cualquier dependencia estatal, mientras el Estado hace como que le paga. En concreto me refiriero a instrumentos analíticos tan valiosos como el  Coeficiente de Gini, que mide la desigualdad de los ingresos; al Índice de Atkinson, que cuantifica la desigualdad de la renta, y también a los índices de Dalton y Theil.

 

El profesor Amartya Kumar Sen, Premio Nóbel de Economía en 1998 y quien ha sido distinguido con mas de 80 doctorados honorarios –por si alguien tiene reservas sobre la contundencia de sus conclusiones-, ha dejado claramente establecido a partir de sus investigaciones que la pobreza, mas allá de su connotación económica, es en si misma la ausencia de libertad y democracia.

 

Y aquí se sintetizan y concretan las hipótesis que pretende desarrollar este trabajo, en tanto premisas teórico-conceptuales que permitan aportar algunos elementos en el orden metodológico para la elaboración e instrumentación de las políticas adecuadas para el inevitable proceso de transición al que está llamada la sociedad cubana.

 

No hay fuerza humana o divina que se pueda oponer al progreso social y que por confluencias de circunstancias Cuba ha estado ajena. En un régimen totalitario y parasitario, que durante mas de medio siglo ha empleado todo tipo de métodos y procedimientos para contener la inserción de Cuba en el curso positivo –que no positivista- del desarrollo, entendido como la tesis del profesor Kumar y no solo en términos de un crecimiento económico, ahora afloran creando las condiciones opuestas para las que fueron concebidas.

 

Dependerá ante todo de los sujetos políticos para que esta transición se concrete en los plazos más cortos posibles y con el menor trauma social. La transición, según muestra la experiencia histórica mas reciente, es  procesal y conlleva costos sociales asociados; mientras mas lenta se despliegue mayores son los costos y la incertidumbre asociada. Después de Einstein, el factor tiempo no puede ser desconocido.

 

Todavía se escuchan voces clamando por el comienzo de una genérica y esotérica transición, sin que se precisen más detalles que generalizadoras expresiones de “democracia”, “libertad”, “libertad de expresión y asociación” -lo que siendo legitimo no articula un programa político- sin percatarse que la misma ya ha comenzado, aunque muchos se empeñen en desconocerlo a nivel de propaganda y cintillos periodísticos desde La Habana hasta Miami, pasando por cualquier rincón donde alguien se refiera públicamente al tema Cuba; y no porque haya ocurrido una sucesión controlada y supervisada de Castro I a Castro II, sino porque el régimen, luego de buscar desesperadamente en los últimos años un padrino económico no muy interesado en inmiscuirse en los discursos de La Habana, que complemente y eventualmente esté en condiciones de asumir el rol que la Venezuela chavista desempeña, y que ahora, experimentando la crisis previsible, ha reconocido de facto la insustentabilidad del proyecto, al aceptar tácitamente (no importan las reflexiones de Castro I, que insiste en salvar su imagen de inclaudicable ante la Madre Historia, aunque mande al hermano a decir lo que dice), lo que habrá ocasión de analizar en el próximo segmento de este análisis, cuando se aborden los procedimientos concretos de las negociaciones- iniciar un proceso de acercamiento y contactos para preparar los temas de la agenda de la negociación con el enemigo externo jurado del Castrismo. El que no vea en ello el auto-reconocimiento y la confesión del fracaso del proyecto, más que castrista, fidelista, debiera urgentemente acudir a un oftalmólogo mental.

 

Mientras la falta o inapropiada inversión genera estancamiento, bajas rentas y ahorros públicos y privados mínimos e irrelevantes en términos macro-económicos -a pesar de los cambios de ministros- que a su vez impiden financiar la inversión, constituyendo el circulo vicioso de la socioeconomía cubana, la inversión adecuada genera crecimiento y desarrollo económico, eleva las rentas publicas y privadas, lo que estimula el ahorro, que a su vez permitirá financiar las nuevas inversiones, generando el circulo virtuoso base de la real transición hacia el progreso.

 

Pero como se ha apuntado anteriormente, no es posible aisladamente insertarse en un circulo virtuoso de desarrollo económico, como ha pretendido el régimen de La Habana desde sus primeras trasnochadas concepciones económicas de los años 60, incluyendo por un lado a Ernesto Guevara, más conocido por Che, y Carlos Rafael Rodríguez por el otro, (solo para mencionar a algunos de los mas renombrados teóricos de la economía insular castrista), hasta las reformas económicas en tiempos de periodo especial eterno, pasando por la autocrítica en el primer Congreso del Partido, el Sistema de Dirección y Planificación de la Economía [SDPE] y el consiguiente proceso de rectificación de errores y tendencias negativas, mientras figuras como Felipe Pazos eran puestas a un lado.

 

Limitaciones democráticas, y más aun la carencia absoluta de ellas, como es el caso que nos ocupa, determinan un clima de coerción social y represión que genera, en medida proporcional, corrupción e inestabilidad social, algo que el castrismo domina a cabalidad. Sin embargo, el establecimiento de reglas democráticas sustentadas en instituciones y no en hombres, aunque los mismos jueguen un papel clave en su implementación, conduce a un clima de libertad y transparencia en las diversas esferas de la vida nacional que se revierten en estabilidad social y un perfeccionamiento de la democracia.

 

Crecimiento y desarrollo económico son consustanciales a la democracia y la libertad como prueba la experiencia histórica, y Cuba no será la excepción, a pesar de las resistencias de La Habana y cualquier incomprensión o torpeza política del resto de los actores de este proceso en marcha.

 

No obstante, debe quedar claramente establecido que las transformaciones de los círculos viciosos en virtuosos tienen un carácter procesal y no lineal, como han demostrado las investigaciones de Polanyi y Friedman, aunque difieran en el peso relativo que se le confiere a una u otra variable. Nadie se siente a esperar cómodamente a que los círculos viciosos se transformen en virtuosos por un simple algoritmo de programación lineal o intervención divina. La Historia no funciona de esa manera, aunque todavía existan personas que de buena fe crean en ello, sufran en una cuartería de la Habana Vieja, o pesquen en la corriente del golfo con su yate de cuatro motores fuera de borda.

 

Para los jugadores y espectadores de este privilegiado momento de la Historia de Cuba  y, lamentablemente, pésele a quien le pese y duélale a quien le duela, y sin importar cuales de los potenciales escenarios se concretará en el corto y mediano plazo, la solución al tema cubano tiene asiento reservado en la mesa principal, para el castrismo y cualquiera de los sucesores y/o representantes designados.

 

La Cuba de los Castro no es el Berlín de mayo de 1945 ni Japón luego de los devastadores golpes nucleares de Hiroshima y Nagasaki; y también, si defendemos la democracia y la libertad, tenemos que entender y respetar que sean parte de la solución.

 

Los que no comulguen con ello deberán prepararse para una prácticamente imposible solución violenta, y a la vez para quedar relegados en espacio y tiempo.

 

(continuará)