Cubanálisis El Think-Tank

ARTÍCULO ORIGINAL PARA EL THINK-TANK DE CUBANÁLISIS  

 

 

 

                                                                                                                               Lázaro González, Toronto, Canadá

 

Neocastrismo y Vaticano: Liturgias y Vía Crucis. El camino de Tarzán

 

“La historia no se repite si no es en la mente de quien no la conoce”.- Khalil Gibran

 

“Estos son mis principios, si a usted no le gustan, tengo otros”.-  Groucho Marx

 

“¿Cuáles son los derechos de los escritores y de los artistas, revolucionarios o no revolucionarios?  Dentro de la Revolución, todo; contra la Revolución, ningún derecho (APLAUSOS). Y esto no sería ninguna ley de excepción para los artistas y para los escritores.  Esto es un principio general para todos los ciudadanos, es un principio fundamental de la Revolución”.- Fidel Castro.

 

“Dios tiene derecho a una respuesta por parte del hombre, tiene derecho al hombre mismo, y donde este derecho de Dios desaparece por completo, se desintegra el orden jurídico humano, porque falta la piedra angular que le dé cohesión”. - Joseph Ratzinger, "El espíritu de la liturgia"

 

 

Notable pianista que ejecuta brillantemente a su admirado Mozart, el políglota Joseph Aloisius Ratzinger [Baviera, Alemania-1927], definió claramente la misión de su papado cuando, luego de dos días de conclave, cuatro votaciones y dos fumatas negras, el 19 de abril del 2005 se erigió en el 2650  [1]  sucesor de San Pedro bajo el emblemático pero olvidado nombre de Benedicto.

 

Hijo de un oficial de la policía, Ratzinger, que a los cinco anos de edad descubre su fe en los oropeles del cardenal de Munich y es obligatoriamente enrolado en las Juventudes Hitlerianas a los 16, había venido manifestando sus deseos de retirarse a una aldea bávara para ampliar su ya prolífica obra teológica, de alguna manera confesó a algunos allegados que no obstante estaba listo “para cualquier función que Dios  le asignara”, que él sabía que no sería otra que conducirlo a impartir desde el balcón principal de la Basílica de San Pedro la Urbi et Orbi.

 

Sus primeras palabras antes de ofrecer la bendición fueron:

“Queridos hermanos y hermanas, después del gran papa Juan Pablo II, los señores cardenales me han elegido a mí, un simple y humilde trabajador de la viña del Señor. Me consuela el hecho de que el señor sabe trabajar y actuar con instrumentos insuficientes, y sobre todo me encomiendo a vuestras oraciones. En la alegría del Señor resucitado, confiando en su ayuda continua, sigamos adelante, que el Señor nos ayudará y María Su Santísima Madre estará de nuestra parte. Gracias”. [Negritas-LG]

Hombre marcado por las controversias [2], la racionalidad de su dogma lo acerca más a la doctrina que a la fe. Respetado o rechazado, pero nunca amado, Ratzinger se convierte en el cancerbero ideológico que un carismático e idolatrado Juan Pablo II requiere. Participante del Concilio Vaticano II [1962-1965] como asesor teólogo del cardenal Josef Frings, desde 1981 hasta mayo del 2005 dirige como prefecto el Colegio Vaticano, [3] encargado de custodiar lo que se considera la correcta doctrina católica en la iglesia.  

Luego la selección del nombre pontifical no es el acto de un devoto sino el de un racionalista. Resultado de una fría evaluación de la misión que le corresponderá enfrentar a una iglesia católica que él quiere definitivamente ubicar en el siglo XXI. De hecho Giacomo Paolo Battista della Chiesa (1854-1922), fue consagrado cardenal por Pío X apenas tres meses antes que luego de diez votaciones, fuera investido como Benedicto XV, el Papa de la Primera Guerra Mundial.

El propio Ratzinger argumenta su decisión:

“He querido llamarme Benedicto XVI para relacionarme idealmente al venerado pontífice Benedicto XV, que ha guiado a la Iglesia en un periodo atormentado por el primer conflicto mundial. Fue valiente y auténtico profeta de paz y actuó con extrema valentía desde el inicio para evitar el drama de la guerra y después al limitar las nefastas consecuencias”.

Por consiguiente Benedicto XVI [o Benito [4] XVI] se asigna -y con ello a la Iglesia Católica- la divina pero no menos hercúlea misión de regentear la reconciliación humana en la única concepción que concibe y comulga, bajo los purpúreos mantos pontificios:

“…poner mi ministerio al servicio de la reconciliación y de la armonía entre los hombres y los pueblos, profundamente convencido que el gran bien de la paz es sobre todo don de Dios, don frágil y precioso que debe ser invocado, tutelado y construido día tras día con el aporte de todos”.

O como la definiera unos años antes en su "El espíritu de la liturgia" (2000):

 

“Dios tiene derecho a una respuesta por parte del hombre, tiene derecho al hombre mismo, y donde este derecho de Dios desaparece por completo, se desintegra el orden jurídico humano, porque falta la piedra angular que le dé cohesión”. [5]

¿Alguna remembranza o evocación?

En una iluminación no divina sino caótica, y por tanto fractal, se nos revela: g[z]=z[2]+c; el conjunto de Mandelbrot, proceso recursivo o iterativo capaz de producir estructuras autosimilares independientemente de la escala específica. Los fractales son estructuras geométricas que combinan irregularidad y estructura. Donde bastaría insertar un “-” para lograr el eterno e infinito acoplamiento perfecto de Dios y la Revolución.

[Imagen generada por Dale Winter]

No se trata de encontrar soluciones exactas a las ecuaciones que definen dicho sistema dinámico (lo cual suele ser imposible), sino más bien el poder contestar preguntas como “¿A largo plazo, se estabilizará el sistema? ¿Y si lo hace, cuáles serán los estados posibles?” o “¿Variará el estado a largo plazo del sistema, si cambian las condiciones iniciales?”

Uno de los objetivos importantes aquí es describir los puntos fijos, o puntos estables de un sistema dinámico dado; son los valores de la variable que son constantes en el tiempo. Algunos de estos puntos son “atractores”, lo que significa que si el sistema 'arranca' en un estado cercano, convergerá hacia este punto fijo.

También nos interesan los puntos periódicos, o estados del sistema que se repiten una y otra vez. Los puntos periódicos también pueden ser atractores.

Si cedemos a Aristóteles tendríamos que decir que lo opuesto a la suavidad es la rugosidad, que ahora se está abordando con la geometría de los fractales, en contraposición a la geometría euclideana y sus derivadas maurras

Sin embargo, en el mundo real de la realpolitik, la dinámica se modela con sistemas sociales no lineales altamente complejos, para los cuales las soluciones cerradas constituyen una rara excepción. Por lo general, y a pesar de la perseverancia de nuestros cubanólogos no iniciados en la lógica borrosa, nunca se conocen con precisión las condiciones iniciales, siendo la respuesta de estos sistemas altamente sensible de ellas, como nos han demostrado Lorenz y seguidores hasta la saciedad.

Sistemas dinámicos en disipación, como el neocastrismo y la Iglesia Católica, exhiben comportamientos caóticos en su dinámica, y fractales en sus estructuras. De ahí que, ante perturbaciones generadas por atractores, el sistema reacciona expulsándolos, para eventualmente retornar a él, como tendremos ocasión de examinar. Pero la simetría identificadora entre ambos, que transcurre en los puntos de rompimiento y duplicación [“toros”] conduce a una simetría de tipo fractal genérica, que permite la conservación y expansión caótica que garantiza ad perpetuum Iglesia y Castrismo.

Al menos eso pretenden y a ello se aplican diligentemente, salvo que un aleteo imperceptible de una testaruda Heliconius (especie de mariposa cubana muy común en los jardines) quiebre el “toro” autoduplicativo y genere una dinámica destructiva-transformativa del sistema.

De facto ha ocurrido en más de una ocasión en la filogenia tanto de la iglesia como en la aberración isleña, y el neocastrismo no es más que la más reciente muestra de ello.

Porque si Dios tiene derecho al hombre mismo en tanto razón de ser, el castrismo en sus cotos privados se apropia de lo cubano y lo concibe -y define-  exclusivamente dentro de si mismo. Nada ni nadie puede usurpar el derecho “natural”, porque es dado por la sagrada revelación biranesa, y comprometería el ser. Ya no sería cubano, sino mercenario, gusano, vendepatria, escoria. La descalificación supone la anulación: la aberración del no-ser, la no-persona, el limbo. Luego, en los puntos de quiebre de la filogenia castrista, se determinan las múltiples posibles ontogenias cubanas que se bifurcan en dos grandes troncos fractales [Feigenbaum]: “Tainos luchando su yuca” en cualesquiera de las formas posibles, o zombies errantes.

 

Pero como en el éxodo de la siempre presente vieja tragedia griega, el inquieto protestón es merecidamente castigado para enseñanza moral del resto de los siervos. Por consiguiente, es noble en su naturaleza, aunque requiera de la piedad y el terror para lograr la adecuada purificación de las perturbadoras pasiones. Lógicamente, la extensión del calvario y la estigmatización es congruente con la gravedad del pecado. Unos dictan conferencias y cosechan aplausos en los templos alternativos, entretanto otros, a pesar de todas la promesas pagadas y esfuerzos reivindicativos, continúan excomulgados mas de medio siglo después de Girón.

Pocos permanecieron indiferentes a la visita del Papa Benedicto XVI a Cuba (“dieciséis, y no decimosexto”, por aquella regla de la Real Academia Española de legitimar como cardinales a los números romanos superiores a 10), y hubo miles de despachos y cientos de análisis virtualmente en cada uno de los mas de 256 idiomas presentes en Internet, y las mas de 6,000 lenguas escritas así lo corrobora.

Como era de esperar, particular relieve cobró la casi unánime hormonal reacción de los visitados, independientemente del lugar de residencia permanente. Defenestrándolo en las llamas eternas de la frustración, o postrándose de hinojos ante su “Santidad”; peregrinando con el Cardenal de Miami Thomas Wenski desde “Jayalia”, o con la pachanga combatiente de las brigadas de respuesta rápida. Rogando un minuto, o serenos e inmutables ante el atropello a la Dignidad de un carnero que se niega a ser de ese “Dios”. El espectáculo es a la liturgia como el mojo al lechón asado. En eso son maestros en el Vaticano y en La Habana, y hasta la oveja descarriada en ocasiones es necesaria para enaltecer la puesta en escena.

Porque en toda liturgia, sea religiosa o impía, los escenarios son fundamentales. Juan Pablo II ofició al costado, Benedicto XVI en el altar mayor del demiurgo isleño. La consumación.

Por ello no trascendió las guardarrayas cubanas. Se requiere algo de refinamiento neuronal de un Julián del Casal o el mismísimo ahora venerable Félix Varela, pero nunca un Esteban Lazo o su contraparte opositora. Y es que la deferencia papal de visitar dos veces una isla en el breve lapso eclesial de 14 anos, donde sus nativos denominan “Virgen Mambisa”, “Cachita” u Ochún a la encarnación misma de la Santísima Virgen María madre de Jesús, y la identifican como una mulata bella, simpática, buena, bailadora, fiestera, amante de lo dulce, siempre contenta y muy sensual, o con un sombrero de yarey blandiendo un machete, indica que la emotividad  isleña no es concordante con la solemne liturgia pontifical.

O como singularmente expresara Pedro Pablo Bilbao:

“Sólo que los cubanos venían de votar abrumadoramente a favor del castrismo (enero 11, 1998) y nada más que Juan Pablo II levantó el vuelo, fueron en masa a la marcha de las antorchas convocada por la Ujotacé. Tras espantar el vuelo Benedicto XVI y su séquito, la gente irá a lo que se monte por otro aniversario de la propia UJC o de Girón. Y nadie se llame a engaño: a la tercera, tampoco será la vencida” [6].

Luego, deben existir otras razones.

La cosmovisión de Ratzinger considera que Occidente, y por extensión el mundo, se encuentra en una era neopagana, donde el culto al dinero, el poder, el placer y el prestigio, han ocupado el espacio correspondiente a los valores humanos [7]. Ante ello, propone la liberación “del que vive del perdón y la promesa de la vida eterna” con connotaciones de ética humana universal ineludible y subyugante a cualquier relativismo nacional, social, político, religioso, económico e ideológico.

Dios, y los que viven del perdón y la esperanza de la vida eterna, tienen primacía absoluta e indiscutida sobre los argumentos de la relatividad de la singularidad, tras la cual se justifican a los neopaganos del placer, el poder y el dinero; sean republicanos, chinos, suecos, musulmanes, anticastristas, fidelistas, cuentapropistas, banqueros o campesinos, o se llamen Barack Obama o Tupou VI, el Rey de Tonga.

Porque, de una u otra manera, la cosmogonía de Benedicto XVI es la versión eclesiástica de la sociedad del riesgo del sociólogo alemán Ulrich Beck (1944), y empalma con las “Reflexiones” del catastrofismo oportunista.

Si para Benedicto XVI las fuentes de la Doctrina Social de la Iglesia radican en el derecho natural y la revelación, Fidel Castro lo ha asumido per se: él es la exclusiva fuente de derecho, y sus delirios constituyen revelaciones geniales de estricto cumplimiento, so pena de ser excomulgado. 

Si para la iglesia católica los sujetos son el Espíritu Santo, la jerarquía eclesiástica y el dialogo con los demás cristianos y hombres de bien, Fidel Castro se ha autoerigido en el espíritu santo de la santísima trinidad que constituyen Cuba, la Revolución y él mismo; ha conformado una estructura piramidal-fractal de castas para sus siervos, y es un incansable interlocutor con todos los que le pueden procurar algún bien.

Pero la Doctrina Social de la Iglesia es también ecuménica, y en su dimensión antropológica se concentra en la dignidad de la persona a imagen de Dios. Por su parte, el demiurgo de Birán la supera cuando nos incrustaba en el hipotálamo en becas, cañaverales, prisiones, y en cuanto recoveco tratáramos de escabullirnos, el “Seremos como el Che”, lo que es decir serviles, eficientes y ascetas maquinas de odio y muerte, pero nunca referida al Dios Creador y Rector inaccesible del Universo cubano, pues así no sería funcional.

Hoy, cuando el paradigma social se reconforma en la cuerda de “Lucha tu alpiste, pichón”, uno de los retos que enfrentan los sucesores, potencialmente mas peligroso que la miseria material misma, reside en que el valor referencial se encuentra “afuera” del sistema, en ese atractor extraño que amenaza con desgajarse del mismo, generando en su dinámica transformativa la destrucción de su gestor. De ahí la importancia que se le atribuyen a la imagen, el espectáculo y la liturgia que, en términos concreto-sensoriales, pasa por el “Síndrome del Neocastrismo”.

Por tanto es altamente apreciada la Sollicitudo rei socialis donde se acentúa que

“…la preocupación social de la iglesia se orienta al desarrollo auténtico del hombre y de la sociedad, que se respete y promueva en toda su dimensión la persona humana”.

Siendo el trabajo uno de los medios más importantes para su realización, que brinda la oportunidad a la que convoca infructuosamente el General-Presidente de:

  • Realizarnos como seres humanos.
  • Ofrecer lo mejor a nuestra familia.
  • Perfeccionar nuestras habilidades y destrezas.
  • Desarrollar el potencial de cada cual.
  • Alcanzar las metas personales, así como las de la Organización.
  • Contribuir al mejoramiento de la productividad y el buen servicio.
  • Realizar productos y servicios con calidad y esmero.
  • Contribuir al engrandecimiento de nuestra economía y desarrollo del país.
  • El ser útil nos permite engrandecer nuestra autoestima y satisfacción por el deber cumplido.

 

"Confirmada de este modo la dimensión personal del trabajo humano, se debe luego llegar al segundo ámbito de valores, que está necesariamente unido a él. El trabajo es el fundamento sobre el que se forma la vida familiar, la cual es un derecho natural y una vocación del hombre. Estos dos ámbitos de valores -uno relacionado con el trabajo y otro consecuente con el carácter familiar de la vida humana -deben unirse entre sí correctamente y correctamente compenetrarse".

Coronado el ciclo del rol del trabajo en la Doctrina Social de la Iglesia, ésta se proyecta a lo social-nación, en una concepción que puede incorporarse plenamente a la Constitución de la República, los estatutos del Partido Comunista, o a la “actualización del modelo económico”:

"El tercer ámbito de valores que emerge en la presente perspectiva -en la perspectiva del sujeto del trabajo- se refiere a esa gran sociedad, a la que pertenece el hombre en base a particulares vínculos culturales e históricos. Dicha sociedad -aun cuando no ha asumido todavía la forma madura de una nación- es no sólo la gran "educadora" de cada hombre, aunque indirecta (porque cada hombre asume en la familia los contenidos y valores que componen, en su conjunto, la cultura de una determinada nación), sino también una gran encarnación histórica y social del trabajo de todas las generaciones. Todo esto hace que el hombre concilie su más profunda identidad humana con la pertenencia a la nación y entienda también su trabajo como incremento del bien común elaborado juntamente con sus compatriotas, dándose así cuenta de que por este camino el trabajo sirve para multiplicar el patrimonio de toda la familia humana, de todos los hombres que viven en el mundo".

Luego las verdades relativas que emanan de los respectivos templos se absolutizan en las coincidencias de la identificación de su irrevocable voluntad de sobrevivir, cualesquiera sean las circunstancias. Si escalar montanas hermana hombres, la lucha por la supervivencia frente a los poderosos paganos conlleva a la complementariedad litúrgica y a la discreción y respeto mutuo en los procedimientos que cada uno emplee contra los que viven en el pecado del culto al placer o a la democracia. Un cura escrupuloso por aquí, y un protestón por allá, no son más que las ovejas descarriadas del Señor, y por consiguiente deberán ser salvadas de la tentación mediante la confesión, auxiliada oportunamente por un par de latigazos o una mazmorra.

Fidel Castro precisa en oportuna “reflexión” a pie de escalerilla, los limites de la identificación:

“…cuando llegué a la convicción de que marxistas y cristianos sinceros, de los cuales había conocido muchos, con independencia de sus creencias políticas y religiosas, debían y podían luchar por la justicia y la paz entre los seres humanos”.

Mientras Raúl Castro en Santiago de Cuba, y Marino Murillo en La Habana, puntualizaban sin miramientos las acotaciones de la relatividad castrista y neocastrista, en cuartelaria respuesta a las subversivas -pero demasiado elevadas sinapsis para el taíno que lucha su yuca- advertencias de Benedicto XVI, sobre que el relativismo frecuentemente genera indiferencia y escepticismo, en tanto la exaltación de las verdades propias puede acarrear el fanatismo y el odio.

Considerando que Marino Alberto Murillo Jorge es uno de los nuevos vicepresidentes del Consejo de Ministros del régimen de Raúl Castro y uno de los pocos miembros no históricos o tradicionales del Buró Político, la delicada misión de explicar, persuadir y convencer de primera mano a la prensa extranjera que cubría la visita de Benedicto XVI a la Isla, sobre lo que realmente le interesa conocer a la opinión publica internacional sobre el proceso de reformas del neocastrismo, su designación podría ser inapropiada y peligrosa. 

 

Y efectivamente lo fue, como se pudo apreciar dirigiéndose a los periodistas acreditados como si fueran reclutas imberbes en su primera semana de servicio militar. Murillo no es un político, aunque se le haya encomendado presidir algunas delegaciones al exterior con el objetivo de explicarles a algunos socios y compinches el proceso de reformas, pero su falta de habilidad, carisma y empatía en el trato humano es manifiesta. No solo el tono y la exposición son en si duros, arrogantes, prepotentes, rígidos y cuartelarios, sino que comete numerosos errores de pronunciación, incluso en la propia sintaxis y fluidez del discurso, incompatibles con un relacionista publico lidiando con agudos y habilidosos representantes de unos medios internacionales generadores de estados de opinión.

 

Y es que Murillo es resultado y parte integrante de un sistema de castas -piramidal en su jerarquización y fractal en su reproducción- con que el sistema controla a la nomenklatura de los adoradores de Dios. Un sargento vestido de burócrata mediocre, de “obedece y manda”, que es incapaz de apartarse un milímetro del guión establecido por conciencia de su propia incapacidad, pero también por miedo.

 

Un miedo atroz a que algo en el video resultante no sea del agrado de Castro 2.0. Pero así son los hombres escogidos por el heredero de esa finca privada que es Cuba para los Castro, ahora además contando con la pública bendición papal: miedosos sargenticos.

 

Pero esto es solo un asunto del Administrador y con los siervos del Señor. El Mesías está en otro lugar.

 

Néstor Díaz de Villegas [9]  lo ha expresado muy atinadamente solo que el homólogo del  Papa no es Raúl Castro, quien solo actúa como “administrador”, sino su hermano Fidel, porque como el mismo expresa, Fidel Castro es el Mesías hasta en la portada de aquella Bohemia manipuladora y agorera de Miguel Ángel Quevedo, el demiurgo creador de esa entelequia paranoica que ha sido la Revolución de y por Castro:

 

“Escuchando los cálculos de Raúl, el Papa Benedicto XVI debe haberse sentido orgulloso de lo bien que los jesuitas del Colegio Dolores prepararon a los hermanitos Castro. ¿No vino Benedicto XVI a festejar un milagro que ocurrió hace cuatro siglos, mientras que los cubanos esperaban uno para esa misma tarde? ¿No representa Benedicto XVI otro reino castrista destinado a durar por los siglos de los siglos, amén? ¿No es Benedicto el homólogo del general, un mensajero infalible de la Verdad revelada? ¿Y acaso no gobiernan los Papas desde un Palacio de la Revolución levantado sobre las ruinas de un batistato que se llama paganismo?”

 

Y es que en el duelo de verdades absolutas y relativas en que se desplegó la visita papal, las verdades absolutas de Benedicto XVI fueron relativizadas por Fidel Castro, que eleva a absolutas las propias, haciéndolas perfectamente asumibles desde el Granma y/o las “Reflexiones”, según proceda. Luego, el futuro de Cuba depositado en las sensuales manos de una virgen mulata que parrandea o se enclaustra, de acuerdo con los humores de Punto Cero, viaja en el ala de la mariposa de Lorenz.

En tal sentido, Emilio Ichikawa considera que Benedicto XVI

“…está proponiendo una ética universal de libertades y derechos humanos de la que ningún gobierno podría excusarse con el pretexto de su singularidad política y cultural” [8].

El neocastrismo ha sido bendecido, y el arzobispo del dominó, Thomas Wenski, precisa como:

 

"A la vez que Cuba desea una transición, el Papa y la Iglesia quieren que sea digna del ser humano, digna del cubano (...) Salir de un materialismo ideológico para caer luego en un materialismo fáctico no será tampoco digno del hombre (…) La Iglesia desea un aterrizaje suave, pero un aterrizaje que abra un futuro de esperanza”.

 

Es decir, “respetuoso”, y en los marcos de la empatía macabra del Síndrome del Neocastrismo.

Por otro lado, los editores de Espacio Laical, portavoces mediáticos de la jerarquía eclesiástica cubana, han sido autorizados a informar lo evidente:

“…la Iglesia Católica se ha colocado como una importante interlocutora nacional, se profundiza el ejercicio de los derechos humanos en el área de la libertad religiosa, se plantea la cuestión de la emigración como un tema central, y se reconoce la carencia de legitimidad de las políticas agresivas de las administraciones estadounidenses contra Cuba. En estos temas, al parecer, existe bastante coincidencia entre los anhelos de la Iglesia Católica y del Estado”. [Negritas-LG].

Para nuestro Ratzinger “La crisis eclesial en la que nos encontramos hoy depende -en gran parte- del hundimiento de la liturgia” [10]; por ello el portavoz del Vaticano. Federico Lombardi, al informar del encuentro entre Fidel y Joseph, certificaba para los entendidos  el pacto de los Mesias:

El Papa Benedicto XVI y Fidel Castro también conversaron sobre el cambio en la liturgia de la Iglesia. Fidel le solicitó al Papa libros que pueden ayudarle a sus reflexiones sobre los graves problemas que aquejan al mundo”. [Federico Lombardi- Cubadebate.com]

 

Como quiera que los sistemas caóticos, además de complejos, son impredecibles, y generan aleatoriamente bifurcaciones del tipo de Feigenbaum, en tanto ligeras variaciones de las condiciones de partida pueden provocar dispersiones que den al traste con el sistema, el proceso de corte y empalme debe transcurrir siguiendo la transformación del “panadero” cuando amasa el hojaldre. Ello explica en los escenarios de la liturgia, una media hora y no un minuto.

 

Porque, a fin de cuentas, en el nuevo “Camino de Tarzán” (“Vía Crucis” para los sofisticados), que Ratzinger modificó desde la diestra de Juan Pablo II, en la Undécima Estación: Jesús promete su reino al buen ladrón. 

 

 

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Notas:

 

1] Según El Diccionario de los papas de César Vidal Manzanares (1997) que consideró a Juan Pablo II como el 264o.

 

2] Para no estudiosos del asunto podria ser suficiente el siguiente resumen tomado de Wikipedia:

 

Ratzinger llevó las riendas de la Congregación para la Doctrina de la Fe, lo que le hizo ganarse críticas de "duro" y "conservador" entre los sectores más progresistas de la Iglesia. Fue polémico su enfrentamiento con su amigo y rival, el teólogo Hans Küng, lo cual incrementó su fama de intransigente, acusación que ni el propio Küng comparte [cita requerida]. Ambos eran compañeros de juventud en la Universidad de Tubinga, donde ejercían como profesores de Dogmática y defendían de forma entusiasta las reformas aperturistas del Concilio Vaticano II. Pero tras mayo de 1968, Ratzinger se fue haciendo más conservador y crítico con las posiciones teológicas más liberales y relativistas, mientras Küng radicalizó su pensamiento y fue desarrollando una teología muy crítica con los dogmas (especialmente con el de la infalibilidad papal). En 1979 la Santa Sede suspendió a Küng para oficiar como sacerdote y enseñar teología católica, polémica decisión que los partidarios de Küng atribuyeron a Ratzinger [cita requerida]. Sin embargo, en septiembre de 2005, unos meses después de iniciado su papado, Ratzinger invitó a Küng a su residencia en Castelgandolfo para departir amistosamente sobre cuestiones teológicas en las que venía trabajando Küng y que interesaban al papa, aunque dejando de lado las viejas polémicas en torno a la dogmática. Küng, desde su ecumenismo, piensa ahora que Benedicto XVI podría llegar a ser el renovador de la Iglesia que como cardenal no fue [cita requerida].

En una carta dirigida por el cardenal Ratzinger, entonces prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, al cardenal Theodore McCarrick, arzobispo de Washington DC, y a monseñor Wilton Gregory, presidente de la Conferencia de Obispos Católicos de Estados Unidos (USCCB), con ocasión de la reunión plenaria de primavera que este organismo, se sostiene una posible disparidad de opiniones entre los católicos hacia la pena de muerte, que contrasta con la posición sobre la eutanasia y el aborto:

Puede haber una legítima diversidad de opinión entre católicos respecto de ir a la guerra y aplicar la pena de muerte, pero no, sin embargo, respecto del aborto y la eutanasia.38

Carta de J. Ratzinger, al cardenal Theodore McCarrick, arzobispo de Washington DC

En el párrafo anterior de esa misma carta, se dicen unas palabras importantes para situar esta cita en su contexto:

Por ejemplo, si un católico discrepara con el Santo Padre sobre la aplicación de la pena de muerte o en la decisión de hacer la guerra, éste no sería considerado por esta razón indigno de presentarse a recibir la Sagrada Comunión. Aunque la Iglesia exhorta a las autoridades civiles a buscar la paz, y no la guerra, y a ejercer discreción y misericordia al castigar a criminales, aún sería lícito tomar las armas para repeler a un agresor o recurrir a la pena capital.

Durante una visita a su Baviera natal, el 12 de septiembre de 2006 Benedicto XVI pronunció un discurso en la Universidad de Ratisbona citando una discusión acaecida entre el emperador bizantino Manuel II Paleólogo (1350-1425) y un persa recogido en la obra publicada en los años 60 ‘Conversaciones con un musulmán, Séptimo coloquio’, del teólogo alemán de origen libanés Theodore Khoury:

"En el séptimo coloquio editado por el profesor Khoury, el emperador toca el tema de la ‘yihad’ (…) de manera sorprendentemente brusca se dirige a su interlocutor simplemente con la pregunta central sobre la relación entre religión y violencia, en general, diciendo: ‘Muéstrame también aquello que Mahoma ha traído de nuevo, y encontrarás solamente cosas malvadas e inhumanas, como su directiva de difundir por medio de la espada la fe que él predicaba’. El emperador explica así minuciosamente las razones por las cuales la difusión de la fe mediante la violencia es algo irracional. La violencia está en contraste con la naturaleza de Dios y la naturaleza del alma. ‘Dios no goza con la sangre; no actuar según la razón es contrario a la naturaleza de Dios. La fe es fruto del alma, no del cuerpo. Por lo tanto, quien quiere llevar a otra persona a la fe necesita la capacidad de hablar bien y de razonar correctamente, y no recurrir a la violencia ni a las amenazas… Para convencer a un alma razonable no hay que recurrir a los músculos ni a instrumentos para golpear ni de ningún otro medio con el que se pueda amenazar a una persona de muerte…"25 Discurso de Benedicto XVI el 12 de septiembre de 2006 en Baviera

El texto enfureció a numerosos clérigos y creyentes musulmanes, que consideraron una insensibilidad o un desatino citar un texto antiguo donde se desacreditaba a todo el Islam como "violento y malvado". El papa afirmó días después que se habían malinterpretado sus palabras y lamentó que hubiese habido quien las hubiera interpretado erróneamente, tanto en el mundo islámico como en Occidente;25 nota 5 ese mismo año hizo un acercamiento a personalidades de otras religiones, tras reunirse con líderes de Turquía y con el patriarca ecuménico de Constantinopla, Bartolomé I.

De todas formas, el Instituto de Retórica de la Universidad de Tubinga le concedió al discurso, en decisión de 18 diciembre, el premio al mejor discurso del año 2006. El Jurado indicó que había sido malinterpretado intencionadamente. En época de fundamentalismos religiosos -así decía la motivación del jurado-, este discurso suponía "una determinación -muy comprometida, de gran precisión argumentativa y llena de referencias históricas- de la fe cristiana desde el espíritu griego", un discurso "magistralmente construido en su composición sinfónica y a la vez coherente".39 nota 6

En el libro publicado en 2010 cuyo autor es el periodista alemán Peter Seewald y titulado La luz del mundo. El papa, la iglesia y las señales del tiempo, Benedicto XVI consideró el uso de preservativos en determinados usos como un primer paso hacia la moralización, en el caso de prostitución de alguien con SIDA.40

...puede ser un primer paso para abrir la vía a una sexualidad más humana, vivida de otro modo

3] La Sagrada Congregación para la Doctrina de la Fe, Sagrada Congregación de la Romana y Universal Inquisición o Sagrada Congregación del Santo Oficio.

4] Derivado del latin Benedictus se modifica patrimonialmente en las lenguas romances como Benito, mientras como cultismo deriva en Benedicto.

5] Fragmentos de “El espíritu de la liturgia”, Ediciones Cristiandad, 2007-05-30 [Negritas y subrayados-LG]:

- Podríamos decir que entonces -en 1918- la liturgia se parecía a un fresco que, aunque se conservaba intacto, estaba casi completamente oculto por capas sucesivas. Gracias al Concilio Vaticano II, aquel fresco quedó al descubierto y, por un momento, quedamos fascinados por la belleza de sus colores y de sus formas. Sin embargo, ahora está nuevamente amenazado, tanto por las restauraciones o reconstrucciones desacertadas, como por el aliento de las masas que pasan de largo.

- Dios tiene derecho a una respuesta por parte del hombre, tiene derecho al hombre mismo, y donde este derecho de Dios desaparece por completo, se desintegra el orden jurídico humano, porque falta la piedra angular que le dé cohesión.

- El culto es percatarse de la caída, es, por así decirlo, el instante del arrepentimiento del hijo pródigo, el volver-la-mirada al origen. Puesto que, según muchas filosofías, el conocimiento y el ser coinciden, el hecho de poner la mirada en el principio, constituye también, y al mismo tiempo, un nuevo ascenso hacia él.

 - La Eucaristía es, desde la cruz y la resurrección de Jesús, el punto de encuentro de todas las líneas de la Antigua Alianza, e incluso de la historia de las religiones en general: el culto verdadero, siempre esperado y que siempre supera nuestras posibilidades, la adoración en espíritu y verdad.

- El culto cristiano implica universalidad. La liturgia cristiana nunca es la iniciativa de un grupo determinado, de un círculo particular o, incluso, de una Iglesia local concreta. La Humanidad que sale al encuentro de Cristo se encuentra con Cristo que sale al encuentro de la Humanidad.

- Que nadie diga ahora: la Eucaristía está para comerla y no para adorarla. No es, en absoluto, un pan corriente, como destacan, una y otra vez, las tradiciones más antiguas. Comerla es un proceso espiritual que abarca toda la realidad humana. Comerlo significa adorarle. Comerlo significa dejar que entre en mí de modo que mi yo sea transformado y se abra al gran nosotros, de manera que lleguemos a ser uno solo con Él. De esta forma, la adoración no se opone a la comunión, ni se sitúa paralelamente a ella. La comunión alcanza su profundidad sólo si es sostenida y comprendida por la adoración. La presencia eucarística en el tabernáculo no crea otro concepto de Eucaristía paralelo o en oposición a la celebración eucarística, más bien constituye su plena realización. Pues esa presencia la que hace que siempre haya Eucaristía en la Iglesia.

- El domingo es, para el cristiano, la verdadera medida del tiempo, lo que marca el ritmo de su vida. No se apoya en una convención arbitraria, sino que lleva en sí la síntesis única de su memoria histórica, del recuerdo de la creación y de la teología de la esperanza. Es la fiesta de la resurrección para los cristianos, fiesta que se hace presente todas las semanas, pero que no por eso hace superfluo el recuerdo específico de la Pascua de Jesús.

- La ausencia total de imágenes no es compatible con la fe en la encarnación de Dios. Dios, en su actuación histórica, ha entrado en nuestro mundo sensible para que el mundo se haga transparente hacia Él. Las imágenes de lo bello en las que se hace visible el misterio del Dios invisible forman parte del culto cristiano.

- La imagen de Cristo y las imágenes de los santos no son fotografías. Su cometido es llevar más allá de lo constatable desde el punto de vista material, consiste en despertar los sentidos internos y enseñar una nueva forma de mirar que perciba lo invisible en lo visible. La sacralidad de la imagen consiste precisamente en que procede de una contemplación interior y, por esto mismo, lleva a una contemplación interior.

- En la acción por la que nos acercamos, orando, a la participación, no hay diferencia alguna entre el sacerdote y el laico. Indudablemente, dirigir la oratio al Señor en nombre de la Iglesia y hablar, en su punto culminante, con el Yo de Jesucristo, es algo que sólo puede suceder en virtud del poder que confiere al sacramento. Pero la participación es igual para todos, en cuanto que no la lleva a cabo hombre alguno, sino el mismo Señor y sólo Él.

- Tu nombre será una bendición, había dicho Dios a Abrahán al principio de la historia de la salvación. En Cristo, hijo de Abrahán, se cumple esta palabra en su plenitud. Él es una bendición, para toda la creación y para todos los hombres. La cruz, que es su señal en el cielo y en la tierra, tenía que convertirse, por ello, en el gesto de bendición propiamente cristiano. Hacemos la señal de la cruz sobre nosotros mismos y entramos, de este modo, en el poder de bendición de Jesucristo. Hacemos la señal de la cruz sobre las personas a las que deseamos la bendición. Hacemos la señal de la cruz también sobre las cosas que nos acompañan en la vida y que queremos recibir nuevamente de la mano de Dios. Mediante la cruz podemos bendecirnos los unos a los otros. Personalmente, jamás olvidaré con qué devoción y con qué recogimiento interior mi padre y mi madre nos santiguaban, de pequeños, con el agua bendita. Nos hacían la señal de la cruz en la frente, en la boca, en el pecho, cuando teníamos que partir, sobre todo si se trataba de una ausencia particularmente larga.

- Existen ambientes, no poco influyentes, que intentan convencernos de que no hay necesidad de arrodillarse. Dicen que es un gesto que no se adapta a nuestra cultura (pero ¿cuál se adapta?); no es conveniente para el hombre maduro, que va al encuentro de Dios y se presenta erguido. (...) Puede ser que la cultura moderna no comprenda el gesto de arrodillarse, en la medida en que es una cultura que se ha alejado de la fe, y no conoce ya a aquel ante el que arrodillarse es el gesto adecuado, es más, interiormente necesario. Quien aprende a creer, aprende también a arrodillarse. Una fe o una liturgia que no conociese el acto de arrodillarse estaría enferma en un punto central.

- La religiosidad popular es el humus sin el cual la liturgia no puede desarrollarse. Desgraciadamente muchas veces fue despreciada e incluso pisoteada por parte de algunos sectores del Movimiento Litúrgico y con ocasión de la reforma postconciliar. Y, sin embargo, hay que amarla, es necesario purificarla y guiarla, acogiéndola siempre con gran respeto, ya que es la manera con la que la fe es acogida en el corazón del pueblo, aun cuando parezca extraña o sorprendente. Es la raigambre segura e interior de la fe. Allí donde se marchite, lo tienen fácil el racionalismo y el sectarismo.

6] Pedro Pablo Bilbao: Castro, el papa y la fijeza

7] “Ser Cristiano En La Era Neopagana”: Joseph Cardinal Ratzinger; Ediciones Encuentro (Julio 3, 2006)

8] Emilio Ichikawa: Benedicto XVI en La Habana: Verdad y verdades

9] Néstor Díaz de Villegas: La Segunda Venida

10] “Los Años de Ratisbona” – Extracto del libro “Mi Vida”, autobiografía de Joseph Ratzinger [1917-1977]