Cubanálisis El Think-Tank

ARTÍCULO ORIGINAL PARA EL THINK-TANK DE CUBANÁLISIS  

    

                                                 Lázaro González, Toronto, Canadá

 

LA VIVIENDA: INSTRUMENTO DE DOMINACIÓN CASTRISTA

“La penuria de la vivienda para los obreros y para una parte de la pequeña burguesía de nuestras grandes ciudades modernas no es más que uno de los innumerables males menores y secundarios originados por el actual modo de producción capitalista. No es una consecuencia directa de la explotación del obrero como tal obrero por el capitalista”.

Federico Engels

 

“Hay piedra suficiente y brazos de sobra para hacerle a cada familia cubana una vivienda decorosa”.

Fidel Castro

 

Necesaria introducción

 

Los temas centrales de la agenda cubana se refieren sin dudas a los Derechos Humanos que el régimen de La Habana por mas de medio siglo ha sustraído de la agenda social, en tanto el castrismo es un sistema que se sostiene y reproduce sobre un esquema de reproducción de la pobreza estructural.

 

Existen tres factores clave en el ejercicio de ese poder:

 

  • Férreo control político sobre la sociedad, que crea una sociedad “civil” artificial y subordinada mediante todo tipo de organizaciones fractales, que restringe a las personas a la categoría de individuo, impidiéndole alcanzar el status de ciudadano
  • Monopolio absoluto sobre la información y el acceso a ella
  • Estratificación de la sociedad y los individuos en un sistema de castas.

 

Los problemas de la vivienda y la alimentación, solo por mencionar los de mayor impacto social sin desconocer la importancia de otros muchos, son formas de expresión concreta en que el castrismo ejerce su poder.

 

El embargo es empleado por la eficiente maquinaria propagandista del régimen como el causante de todas las limitaciones materiales en que agoniza el país. Cuando se revisan las múltiples causas que esgrimen las autoridades para justificar el dantesco panorama de la vivienda y la urbanización en Cuba, el déficit de materiales y equipos de construcción, la falta de fuerza de trabajo, las debilidades del proceso inversionista, y la burocracia de los estratos medios e inferiores, siempre están presentes en los informes oficiales.

 

Y no deja de ser cierto que estos factores están presentes, limitando y distorsionando cualquier programa al respecto; pero la pregunta que no formulan nunca el Ing. Fidel Figueroa de la Paz, Ministro de la Construcción, y Víctor Ramírez, Presidente del Instituto Nacional de la Vivienda, es ¿por qué no hacerlo de otra forma? No se llega a tales posiciones en la nomenklatura castrista haciendo tales formulaciones, y ellos lo saben bien.

 

El presente trabajo que se pone a la consideración de los rigurosos lectores de Cubanálisis no pretende en modo alguno reflexionar sobre la evolución histórica de las ciudades y pueblos de Cuba, en tanto hábitat de una parte mayoritaria y creciente de la población cubana.

 

Tampoco se inserta en la línea de investigación de urbanistas, inversionistas y planificadores urbanos que lo tienen como objetivo central de su trabajo.

 

Nuestro objetivo, por consiguiente, se limita a exponer sucintamente algunos temas no frecuentemente tratados por los especialistas que residen en la isla y en el exterior. Por tanto no es un trabajo sobre urbanismo, sino sobre un conjunto de factores, muchos de ellos no de naturaleza urbanística per se, que en términos de Planificación Estratégica deberán ser tomados seriamente en consideración en el diseño y ejecución de los programas concretos que permitan enfrentar, adecuada y sustentablemente, el enorme reto de restablecer y conformar un hábitat humano para las presentes y futuras generaciones de cubanos.

 

Por alguna razón que desconozco, las personas que analizan los múltiples aspectos de la realidad cubana, colocan en un segundo plano el tema de la vivienda en particular y el hábitat del cubano en general.

 

Las crisis periódicas de calabazas, boniatos y plátanos en los agro-mercados cubanos, las tartufadas de los hermanos Castro, un concierto de músicos mediocres, una foto trucada o no en PhotoShop, o un articulo desaparecido en un periódico cubano, acaparan titulares en los medios de información y desgastan en ocasiones a especialistas en sus análisis

 

I

 

En los últimos años Cuba ha estado sufriendo el azote de frecuentes y poderosos huracanes, que han agravado en medida considerable el deplorable estado del fondo habitacional de la isla. Hanna, Gustav, Ike y Paloma, solo en el 2008, dañaron parcial o totalmente cerca de 600 mil viviendas en Cuba. Una evaluación económica de los daños emitida por el gobierno cubano cuantifica en aproximadamente 10 mil millones de dólares las perdidas materiales.

 

Aunque todos pudimos apreciar, con la respiración entrecortada, las devastadoras imágenes de los daños provocados por los fenómenos atmosféricos, la cifra de 10 mil millones de dólares contabilizados como pérdidas materiales son estimaciones que carecen de fundamentación contable y económica. Nadie en Cuba conoce los costos reales de una simple teja de asbesto-cemento [material altamente cancerigeno que sigue siendo priorizado en Cuba como elemento de cubierta, entre otros usos, cuando el mismo ha sido vetado en la mayoría de los países como material de construcción].

 

Y la anterior afirmación sobre control de costos no tiene el propósito de desacreditar el informe gubernamental, aunque quede expuesta su inconsistencia; sino aclarar que la actual estructura de costos y gastos sustentada en tres monedas se erige en uno de los factores clave a resolver en cualquier programa de construcción y reacondicionamiento de las ciudades y pueblos de Cuba, como tendremos ocasión de examinar en su momento.

 

II

 

Se ha estimado en unas 600,000 viviendas el déficit en Cuba al concluir el año 1958. Información difícil de verificar y que considero excesiva, pues ubicaría en torno a un 9% a la población sin vivienda, lo que no se corresponde con las observaciones de los últimos años de la década del 50.

 

Los programas de ejecución de viviendas contaron con muy baja participación estatal durante todo el periodo pre-revolucionario, no existiendo una institución gubernamental dedicada a ello. Sin embargo, en una enjundiosa comunidad vertebrada en el mercado inmobiliario, la ciudadanía por una parte, las entidades constructoras e instituciones financiero-crediticias, desempeñaron el rol central en la construcción de viviendas en este periodo.

 

El castrismo lo sabía y no podía permitir que agentes ajenos a su control continuaran desempeñando un rol crucial en tan importante esfera de la vida socioeconómica del país.

 

Es muy interesante, pues estudios de la época demuestran que incluso segmentos de bajos ingresos de la población tenían acceso a ese mercado inmobiliario, en tanto el precio final de las viviendas y los gastos y costos de proyectos, equipos y materiales de construcción se ubicaban claramente por encima del punto de equilibrio de la actividad, como bien ha explicado Dimas Castellanos.

 

Castellanos expone un ejemplo contundente de ello:

 

“Por ejemplo, en 1949 el costo de una vivienda de mampostería, placa, piso de mosaicos o de terrazo, con 2 cuartos, baño intercalado, sala, comedor, cocina, portal y patio alrededor, como las que -mediante la lotería nacional- sorteaba entre sus suscriptores la Revista Resumen, estaban evaluadas en 4 mil pesos”

 

No obstante, la realidad no era idílica y la calidad de la vivienda para los sectores de menores ingresos era baja. En la foto que ilustra este trabajo, tomada de Google Earth, se puede apreciar la popular “Esquina de Cuatro Caminos” así como el Mercado Único de La Habana. La populosa intersección se conforma en la confluencia de las calles Monte, Belascoaín y Cristina.

 

Cientos de pequeños y medianos negocios ocupaban las plantas principales de las edificaciones, generalmente de dos plantas, ofreciendo cualquier variedad de productos y servicios a precios muy populares. Dos cines, el Esmeralda y el Cuatro Caminos, que proyectaba películas de estreno. Dos grandes tiendas por departamentos como la original y legendaria “Casa de los 3 kilos”, de Zabala, y el “927”. Esta ultima con precios inferiores a Fin de Siglo y El Encanto, ofrecía productos de altísima calidad con una atención al cliente de primer nivel.

 

Pero, sin dudas, el centro comercial más importante del área era el Mercado Único de La Habana, o la Plaza de Cuatro Caminos, como la población la denominada. En el lado del mercado que daba para la calle Cristina existía una estación de ferrocarril y una planta beneficiadora de los productos agrícolas.

 

Las segundas plantas de los edificios del área generalmente estaban ocupadas por casas-apartamentos de tres y hasta cuatro cuartos, disfrutando además de amplios balcones y patios interiores. Generalmente eran habitados por los propios dueños de los negocios de la zona. No obstante, también se comenzó un proceso de construcción de edificios con apartamentos muy modernos, con todas las comodidades conocidas en la época. En la zona también se encontraba Larrea, un edificio de 7 u 8 plantas que fue celebre en las páginas de la crónica roja  por el caso de la “descuartizada”.

 

Sin embargo para los trabajadores de muy bajos ingresos existían las opciones de alquilar un apartamento o un cuarto en uno de los numerosos “pasajes” o “solares” que existían, y muchos de ellos hoy aun perduran en una suerte de estática milagrosa. Los denominados “pasajes” eran pequeños apartamentos generalmente de un cuarto pero con baño propio, en tanto que en los “solares” los vecinos tenían que compartir baños comunes.

 

La inmensa mayoría de las personas que vivían en ellos eran personas que emigraban del campo a la ciudad en busca de mejores oportunidades. Sin dudas, se daban expresiones de marginalismo, pero como cultura predominante prevalecían la honradez, la sencillez y los deseos de prosperar mediante el trabajo.

 

Cada edificación contaba con un “encargado”, representante del dueño, que generalmente vivía en el lugar y velaba tanto por el orden cívico como por el mantenimiento del inmueble. Entre 3 y 10 pesos mensuales era el costo de la renta.

 

Numerosas familias luego de su primera etapa en esta zona, se mudaban a apartamentos con mejores condiciones en el Cerro, Santos Suárez y Luyanó, entre otras áreas adyacentes.

 

Castellanos ha calculado que en ciudades del interior como Bayamo y Güira de Melena un trabajador con un salario mensual entre 80 y 100 pesos podía comprarse una casa de madera con techo de tejas y piso de cemento, con baño y un cuarto.

 

Con el crecimiento de la clase media en la Ciudad de la Habana, comenzó un fuerte movimiento urbanístico en las zonas de Fontanar, Víbora Park, el Reparto Eléctrico, y el Casino Deportivo. Comenzó la expansión al este de la Bahía de la Habana con la creación del reparto Alamar, que cobijara anos mas tarde a la nefasta y militarizada Ciudad Escolar “Luis Augusto Turcios Lima”. Ahí fue donde vi por primera vez a solo un metro de distancia a Fidel Castro, quien llego repartiendo caramelos para explicarnos que nos iban a mudar para una escuela en el campo.

 

Como la oferta de inmuebles para todos los segmentos de ingresos generalmente estaba por encima de la demanda, existía la capacidad de seleccionar de acuerdo al poder adquisitivo de cada persona el lugar donde deseaba vivir.

 

Jean Lamore, un investigador francés de los primeros anos de la Revolución indico que “una encuesta de la OIT arrojaba que el promedio de los alquileres pagados por los cubanos antes de las medidas de Fidel Castro, representaban la cuarta parte de los ingresos familiares”.

 

Si estas estimaciones fueran ciertas, estaríamos en presencia de un hecho que por si mismo demuestra la solidez del mercado inmobiliario en la década de los anos 50 y de manera indirecta la prosperidad de una economía donde la capacidad crediticia de sus ciudadanos estaba acorde con lo que hoy en día, más de medio siglo después, se consideran estándares crediticios muy favorables.

 

El propio Fidel Castro, en su alegato en ocasión de los sucesos del Moncada, lo corrobora: “…dos millones doscientas mil personas de nuestra población urbana pagan alquileres que absorben entre un quinto y un tercio de sus ingresos;…”

 

III

 

Si la alimentación es la primera prioridad individual de la existencia física, la vivienda en Cuba se erige como la prioridad de carácter social, en tanto constituye un bien básico y es, por tanto, un tema de alta sensibilidad social. Muy temprano lo entendió lo que luego conoceríamos como castrismo, el que implementó las medidas correspondientes para convertirla en eficaz instrumento mediante el cual, conjuntamente con otras acciones, transformar en reos del poder a la población.

 

No se puede entender el problema de la vivienda en Cuba sin considerarlo como uno de los mecanismos mediante el cual el castrismo ejerce su poder.

 

La vivienda en Cuba no es por consiguiente un problema de planificación urbana, técnico-constructivo, materiales y tecnologías constructivas. No es tampoco un problema de fuerza de trabajo ni de equipos especializados, y ni siquiera de financiamiento. El problema de la vivienda en Cuba es eminentemente de naturaleza política, aunque todos los elementos antes mencionados y otros conformen parte de él.

 

En 1959 se implementa la rebaja en un 50% de los alquileres para quienes pagaban hasta 100 pesos mensuales, y en un 30% para quienes pagaban más de 100 mensuales, medida de enorme aceptación por los estratos bajos y medios de la sociedad, pero de un meridiano corte populista y no popular, porque inmediatamente se contrajo la inversión en el sector inmobiliario, con lo que comienza el proceso de decrecimiento de la disponibilidad de nuevas viviendas.

 

En este periodo se implementaron otras medidas, como la denominada Ley de Solares Yermos, que obligaba a los propietarios de tierras inactivas a venderlas al gobierno, supuestamente con el objetivo social de construir viviendas mediante el recientemente constituido Instituto Nacional de Ahorro y Vivienda.

 

La Ley de Reforma Urbana es promulgada el 14 de octubre de 1960, formando parte del paquete de medidas para controlar el poder económico del país, una vez que el político se consolidó en el transcurso de 1959.

 

Una parte significativa de la población aspiraba a ser propietaria de las viviendas que ocuparan, por modestas que pudieran ser. Y este legítimo sentimiento popular lo emplea oportunista y convenientemente el castrismo en dos direcciones.

 

Por una parte, las medidas que instrumenta la ley garantizan en el plano político un masivo respaldo popular al gobierno revolucionario; mientras que por la otra despoja a los propietarios de sus inmuebles y les concede una ridícula pensión vitalicia como compensación, con lo cual elimina el poder económico de potenciales enemigos. Jugada maestra del arsenal castrista que hipnotiza a unos y neutraliza a otros.

 

Alguien ha hecho notar que la mayoría de los propietarios de las viviendas y edificios eran pequeños inversionistas que habían obtenido esos activos luego de capitalizar sus ahorros, y que constituirían su fuente de ingresos para el momento posterior a la jubilación.

 

La Ley de Reforma Urbana permitió que aproximadamente un millón de familias cubanas se convirtieran en propietarios de las viviendas que habitaban, abonando en plazos de entre 5 y 20 anos el 50% del precio de la misma. Medida de gran impacto popular, con grandes réditos políticos y con cero costos para el gobierno.

 

Sin embargo, el indudable beneficio de ser propietario de su vivienda no vino excepto de leoninas condiciones que ponen en tela de juicio el carácter de legítimo propietario del inmueble. Ahora el flamante propietario no podría vender ni rentar la vivienda o parte de ella. La “talanquera” revolucionaria mostraba desde sus inicios su efectividad en conducir a los ciudadanos hacia la categoría de individuo. Nunca ha sido más explicita y brutal la política castrista, a pesar de que expertos en el tema continúen obnubilados con el populismo castrista.

 

En el caso de los pasajes, solares y cuarterías, muy comunes en muchas zonas de la capital, particularmente alrededor del Mercado Único, los mismos fueron expropiados en beneficio del estado, sin indemnización para sus propietarios.

 

En las zonas rurales del país, donde el clásico y tradicional bohío dominaba mayoritariamente el hábitat humano, se procedió paulatinamente a la creación de micro repartos en una suerte de reconcentración campesina.

 

El problema de la vivienda en Cuba no puede ser analizado aislado de otras acciones del castrismo. La concentración de la población campesina en pequeños pueblos, donde efectivamente las condiciones de las viviendas eran incomparablemente superiores, perseguía no solo el objetivo de reforzar el consenso popular en torno al gobierno de los siempre potencialmente díscolos campesinos, sino ante todo separarlos de su cultura natural de existencia asociada al cultivo agrícola.

 

En el proyecto castrista no había espacio para el campesino aislado, sino para las grandes granjas estatales al estilo soviético. Se transforma así al campesino en obrero agrícola mediante su relocalización, y se le ubica como mano de obra en los planes agropecuarios del Agricultor en Jefe

 

La Ley de Reforma Urbana no fue más que una encubierta nacionalización de los bienes inmobiliarios, que cerró definitivamente el espacio a la iniciativa privada a este sector. Ejecutada, además, con el propósito de incrementar el apoyo popular, es una muestra típica del comportamiento castrista.

 

Deseo dejar constancia del carácter apócrifo de las pensiones vitalicias a los propietarios de inmuebles expropiados, porque algunos estudiosos las han considerado como una remuneración justa que no dejaba desamparados a los antiguos propietarios.

 

Las pensiones de entre 150 y 600 pesos mensuales no eran erogadas por el estado, sino que se extraían de los fondos congelados en cuentas bancarias de estas personas hasta el momento de su fallecimiento. Por otra parte, el derrumbe del valor real del peso cubano, que al dictarse las medidas expropiatorias estaba a la par con el dólar norteamericano, hundió en la penuria económica a muchas de estas personas, ya de edad relativamente avanzada, y los condujo a una proletarización forzada o a la emigración.

 

IV

En el transcurso de la década que va de la promulgación de la Ley de Reforma Urbana [1960] a la Zafra de los 10 Millones [1970], la población cubana creció en mas de 1.5 millones de habitantes [12.3%].

Durante el periodo no se ejecutaron significativas inversiones en viviendas, salvo en áreas montañosas y las vinculadas a los ambiciosos y todos fracasados planes agropecuarios que condujeron a la reconcentración de los campesinos individuales.

El Censo de Población y Viviendas [1] ejecutado en 1970 mostró palmariamente los primeros signos de deterioro del fondo habitacional y el crecimiento del déficit de viviendas.

 

Mientras que de 1959 a 1963 se habían construido por el estado 85.4 miles de nuevas viviendas, en el periodo 1964-1970 descendió a 43.9 miles. De acuerdo con Atienza [2004], el peso relativo de las viviendas en la capital desciende de un 55% para el periodo 1946 a 1959, a un 25% para el 1959-70.

El desarrollo de proyectos en las zonas rurales, incluyendo los territorios montañosos, no estuvo inspirado solamente por razones de justicia social. El escenario natural donde Fidel Castro desplegó sus operaciones insurreccionales debía ser incorporado con medidas populistas al curso del discurso revolucionario, y así cerrar las posibles bases sociales a posteriores intentos insurreccionales.

En las zonas como el Escambray, donde los programas castristas no surtieron el efecto deseado, sencillamente se reconcentró a la población a 600 kilómetros de distancia, como ocurrió con la fundación del pueblo “modelo” Sandino.

El incremento demográfico y la priorización de construir viviendas en el interior de país, a lo que habría que añadir las emigraciones internas, determinaron que el gobierno lanzara un nuevo proyecto en las zonas urbanas, con más fuerza en la capital del país, donde las tensiones habitacionales eran mayores, basado en el esfuerzo propio de los necesitados de vivienda.

 

Como en tantas ocasiones pasadas y posteriores, el nacimiento del Movimiento de Microbrigadas fue presentado rimbombantemente como modelo para el mundo para la solución de los problemas habitacionales.

 

De esa manera el castrismo ejecutó uno de sus propósitos más definidos, pero también más vergonzosos, al emplear una necesidad humana vital, como es la vivienda, en un mecanismo de obediencia y sumisión incondicional.

 

El ejército de microbrigadistas se convirtió en una fuerza laboral para acometer cuanta tarea ordenara el Supremo en Jefe. Porque ese hombre que, espoleado por la necesidad de una vivienda, está a la orden para cumplir cualquier misión que se le encomiende,  también sabe que la vivienda de su familia le será otorgada en una asamblea de trabajadores de su centro de trabajo por méritos laborales, horas de trabajo voluntarias, marchas del pueblo combatiente, guardias cederistas, y acatamiento y sumisión. No hay espacio para el ciudadano, solo para el individuo incondicional subsumido en un sistema de castas. [2]

 

Lo anterior ha sido claramente reconocido por investigadores oficiales: “Quedaría entonces que la ubicación de las personas en cuanto a situación de habitabilidad funcionaría como una expresión resumida de las posiciones de ventaja o desventaja en la jerarquía social, y que buena parte de la trayectoria recorrida en este sentido, es decir movilidad ascendente o descendente es equivalente a mejoría o no en la situación del hábitat, dependiendo en buena medida de las posibilidades que ofrece la política social, al favorecer el alcance progresivo de calidades dignas de existencia, a todos por igual o sólo a algunos grupos”. [Núñez Moreno-2007]

Mediante la promulgación de la Ley General de la Vivienda en 1988 e innumerables disposiciones complementarias posteriores, el castrismo actualiza el marco jurídico y perfecciona su sistema de control sobre los bienes inmobiliarios. Los poseedores de un titulo de propiedad de la vivienda que habitan se convierten en rehenes de un sistema de restricciones que transforman sus anhelos y esperanzas en letra muerta. [3]

V

Después de 56 años que Fidel Castro afirmara que “Hay piedra suficiente y brazos de sobra para hacerle a cada familia cubana una vivienda decorosa”; y a 49 de haberse promulgado la Ley de Reforma Urbana, las estadísticas oficiales recogen un déficit de 600,000 viviendas, que algunos autores elevan a un millón.

 

Confirmando la estimación anterior, Víctor Ramírez, actual Presidente del Instituto Nacional de la Vivienda, en el elusivo lenguaje que caracteriza a la nomenklatura cubana, expuso ante los diputados en la pasada sesión de la Asamblea Nacional que de cumplirse el plan de ejecución de viviendas del año [50,000], el país solo cubriría entre un 5-7% del déficit acumulado [entre 714 mil y 1 millón de viviendas].

 

Considerando que se ha estimado que en el año 1958 el 9% de la población no tenía acceso a una vivienda, 51 anos después la obra de la Revolución Cubana muestra -siguiendo las estadísticas oficiales-, un 8.9% de personas sin viviendas, que la sencilla observación común del hacinamiento y calidad de vida de la población la mueven al alza.

 

Solo en la capital del país el 42% de las viviendas están en mal o regular estado, y 24,000 de ellas se encuentran en estática milagrosa.

 

Igualmente las autoridades gubernamentales reconocen, sin sonrojarse, que el 85% del fondo habitacional necesita ser objeto de labores de reconstrucción o renovación, y que en el 60% de los hogares cubanos pueden convivir hasta cuatro generaciones.

Reconocen igualmente que el 10% de las viviendas son irreparables, y que 43% del fondo se encuentra en malas o regulares condiciones.

Asimismo admiten que el 8% de la población vive en barrios marginales, ciudadelas, solares, y en viviendas en precario estado.

En tanto, la población flotante de Ciudad de la Habana, a pesar de las férreas medidas contra las corrientes migratorias internas, supera fácilmente las 30 mil personas anuales, en estimados muy conservadores: estas cifras deben ser sustancialmente peores. Basta recorrer las calles de Centro Habana, el Cerro, y los asentamientos ilegales que crecen incontroladamente en la periferia de la ciudad, para conformarse una idea mas ajustada a la dramática y explosiva realidad.

Muy cerca de la casa del actual presidente cubano, en lo que es el vertedero municipal de Playa, mas conocido por “el Bote”, se encuentra uno de esos asentamientos, donde numerosas familias han levantado, con los materiales de desechos que encuentran en el propio basurero, sus precarias viviendas.

Quien se adentre en “el Bote” podrá encontrar los desechos médicos y de laboratorio de las instituciones de salud de la zona, como el Centro de Ingeniería Genética y Biotecnología, el Instituto Finlay, el Instituto de Medicina Tropical, y el Centro de Monoclonales. Sin comentarios.

Decenas de miles de personas malviven hacinadas durante años en los denominados albergues temporales, verdaderos barracones coloniales, luego que sus viviendas se derrumbaron, y sin esperanzas ni certezas de ninguna índole.

El impacto social y demográfico de estas realidades es incalculable y se muestra claramente en el descenso de la natalidad, la marginalidad, la promiscuidad, el abuso domestico, las tasas de suicidio, y el aumento de la criminalidad: expresiones todas de la fase decadente y desintegradora del castrismo.

Un dato sumamente revelador del nivel de frustración popular se aprecia en el denominado plan de viviendas de la CTC, que tiene un programa aprobado de 10,000 viviendas, pero se han concluido menos de la mitad, porque las personas que se inscribieron para trabajar en el plan ya no se motivan ni para construir su propia vivienda. Es la crisis del empleo de la vivienda como instrumento de dominación y control social del castrismo.

Entre las alternativas que el gobierno ejecuta se encuentran las denominadas “petro-casas”. La prensa nacional anuncia a bombo y platillo una serie de inversiones en marcha, gracias a la Alternativa Bolivariana para las Américas (ALBA), con la construcción del segundo complejo residencial en el país con la tecnología de las "petro-casas".

 

Estudios realizados confirman que el policloruro de vinilo es un material cancerigeno, pero el populismo y la propaganda castrista no se detienen en ello. [4]

 

Sin respuesta para la construcción de nuevas viviendas al ritmo requerido, preparan ambiciosos programas de rehabilitación del deteriorado fondo habitacional. Unas 250,000 denominadas acertadamente “acciones” constructivas están previstas a ejecutar para el presente ano.

 

Miles de millones de dólares invertidos en la industria de materiales de construcción están cubiertos por las malas hierbas, o laboran al 20-30% de la capacidad instalada.

 

La producción de ladrillos se continúa realizando en las mismas condiciones infrahumanas de principios del siglo XX.

 

Plantas de prefabricado como la GP-70 de San José de las Lajas, que costó cientos de millones de rublos, jamás se pudo poner en fase de producción, entre otras razones porque el sistema electro-energético de la misma tenia un ciclo de generación continua que consumía mas combustible que una termoeléctrica tradicional.

 

El gigantismo y la estandarización, extrapolados de los soviéticos, que empleaban falsos conceptos de economías de escala, llevó a emplear tecnologías constructivas de elevadísimos costos en cemento, acero, equipos especializados y energía, a lo cual habría que añadir no solo los gravísimos problemas de filtraciones de cubiertas, entre otros, sino el empobrecimiento del entorno arquitectónico.

 

Solo a partir de la segunda mitad de la década del 90 Cuba comenzó a emplear elementos aligerados, pero limitados a las obras para el turismo. 

 

En la propia sesión de la Asamblea Nacional citada, un diputado insiste en potenciar el desarrollo de la industria local de materiales de construcción, a los efectos descentralizar los suministros, disminuir los costos de transportación, y abaratar los presupuestos de ejecución de obras. Probablemente el diputado, por su juventud, no conoció que en cada localidad cubana existían industrias, muchas de ellas artesanales, que cubrían la demanda de cualquier tipo de material de construcción, y que fueron borradas del tejido económico del país por el castrismo.

 

Como expresión de la política oficial respecto al problema de la vivienda, los electores cubanos representados por sus diputados pueden aquilatar los derroteros de sus anhelos y esperanzas: “la más elemental evaluación económica permite comprender fácilmente que el país no tiene dinero ni materiales para proponerse hoy empeños superiores”. [Tomado de las conclusiones de la comisión parlamentaria]

 

Y si quedara alguna duda al respecto, Héctor Rodríguez, jefe del Departamento de Construcción e Industria del Comité Central del Partido, en el mas ortodoxo estilo stalinista-machadista sentenció: “Hay organismos a todos los niveles para que se cumplan las ordenanzas”.

 

Mas claro ni el agua, Papá Estado no puede seguir alimentando a los pichones que engendró. El llamado a sálvese quien pueda esta dado.

 

Notas:

 

  1. Los censos poblacionales son poderosos instrumentos de diagnostico que son ejecutados en todas las naciones del mundo para trazar las políticas convenientes; pero la forma fascistoide en que se realizó perseguía el objetivo de construir un registro central de los individuos y sus circunstancias, que sería empleado con fines de control y represión; de esta manera se institucionalizó el sistema de control a la población, complementado con otros programas de coerción social. No olvidar que la presentación del Carnet de Identidad actualizado era requisito primario para realizar cualquier gestión, ya fuera para trabajar, mudarse, obtener la libreta de abastecimientos. Fue además la base estadística primaria para conformar los registros militares. La primera versión del carnet de identidad, que estuvo activo por varios años, era un pequeño libro, donde además de los datos de las personas, contaba con numerosas hojas para ir registrando los lugares donde había vivido y donde había trabajado. En un sistema que combina armónicamente lo peor del totalitarismo y la dictadura como es el castrismo, todas las decisiones significativas son tomadas por Fidel Castro. Siendo el carnet de identidad un tema estratégico en el sistema de control y coerción social, Fidel Castro encarga de esa tarea a un individuo altamente calificado y con enorme experiencia en el tema, que desde la década del 40 se desempeñaba como el falsificador de los documentos de identidad –pasaportes incluidos- del antiguo Partido Socialista Popular. Entre las misiones especiales que cumplió fue el enmascaramiento del Che Guevara

 

  1. Algunos investigadores afirman que el financiamiento para las inversiones de los edificios construidos por el movimiento microbrigadista estaba a cargo de las correspondientes entidades a las que pertenecían las mismas. Ante todo, hay que aclarar que existían dos estructuras a las que eran asignadas las brigadas de microbrigadistas: el Movimiento de Microbrigadas, subordinado al Poder Popular, con una estructural provincial, municipal y por zonas; y el sistema de empresas constructoras de viviendas, generalmente subordinadas al Ministerio de la Construcción. El financiamiento para las obras, en todos los casos, corría a cargo de la correspondiente Dirección de Inversiones, excepto los casos de las obras destinadas al MINFAR, MININT y Consejo de Estado.

 

  1. Un resumen del conjunto de prohibiciones a los propietarios de vivienda puede ser apreciado en el trabajo de Esmeralda Rodríguez Campos: “¿Quien posee las viviendas en Cuba?”.

 

  1. Las petrocasas y los peligros del uso del PVC. Las Chavoviviendas: nuevo logro "robolucionario"