Cubanálisis El Think-Tank

ARTÍCULO ORIGINAL PARA EL THINK-TANK DE CUBANÁLISIS  

 

 

 

                                                                                                                               Lázaro González, Toronto, Canadá

 

El Síndrome del Neocastrismo

 

“A little nonsense now and then is relished by the wisest men”

 

Roald Dhal

 

“Politics can be relatively fair in the breathing spaces of history; at its critical turning points there is no other rule possible than the old one, that the end justifies the means”

 

Arthur Koestler

 

El Síndrome del Neocastrismo está recorriendo a la nación cubana en su casi total integralidad. Solamente algunos disfrutan, por el momento, de inmunidad a esta aberración en la conducta humana que la psicología ha denominado el Síndrome de Estocolmo, en alusión al robo del banco Kreditbanken en la capital sueca en 1973, donde una de las rehenes se resistió al rescate y a colaborar con las investigaciones de las autoridades.

 

Lo singular en el síndrome del neocastrismo, a diferencia del de Estocolmo, donde una víctima desarrolla una relación de complicidad con su victimario, reside en que en el neocastrismo la víctima es colectiva y no se identifica con una persona, sino que adquiere una dimensión supra-personal que abarca la estructura social de una nación, entendida no solo como un conjunto de individuos sino, ante todo, como una cultura con identidad propia y sentido de pertenencia, independientemente de que las relaciones victimas-victimarios sean directas o mediatas, espaciales o temporales.

 

No obstante encontrarse en sus primeros estadios, comienzan a apreciarse manifestaciones de lo que los psicólogos sociales denominan la de-individuación, observable en la dinámica de las muchedumbres, donde prevalecen los sentimientos de anonimato, en tanto elemento de protección individual frente a los retos asumidos en las relaciones grupales y sociales. Actitud social y potencialmente peligrosa, por cuanto responde a patrones conductuales de inhibición.

 

El parasitismo sistémico del castrismo, incapaz de generar sus propias estructuras desarrollistas, articula una dependencia de la dicotomía “Amigo Externo - Enemigo Externo”, a cuya entropía se asocian sus oscilaciones entre los estados de depresión-crisis, recuperación-expansión, prosperidad, y recesión.

 

El neocastrismo, es decir, el castrismo sistémico estructurado en torno al nuevo paradigma social de “Lucha tu alpiste pichón”, es consustancialmente dependiente de la dinámica “Amigo Externo - Enemigo Externo”.

 

Imposibilitado de servir ni un cuarto de libra de calabaza solariega en el plato de cada cubano, el centro de poder en Cuba le ha asignado siempre una prioridad máxima a la potenciación de los elementos exógenos gerenciables, que permitieron, si no llenarle el buche a los insaciables millones de pichones, al menos persuadirlos de ello. Para “glotones” y siempre desagradecidos, la represión, el ostracismo social y la emigración, son algunos de los recursos siempre disponibles y aplicables puntualmente, del amplio arsenal con que cuentan.

 

El general Raúl Modesto Castro, encargado de la primera etapa de la fase neocastrista del castrismo, reconoce y potencia al homo economicus cubano, asignándole la misión “calabaza patriótica”, aunque este homo economicus demuestra insistentemente con su accionar sus preferencias por tareas más acordes con su condición de cubano, como son la gastronomía, la expansión de la piratería comercial y el jineterismo en sus múltiples variantes.

 

También retoma la “batalla de ideas”, que en lo interno está dirigida a la asunción del nuevo paradigma social, mientras en lo externo se enfoca en la potenciación de la concreción de la relación “Amigo Externo - Enemigo Externo”, mediante el empleo de las técnicas y procedimientos propios del Carril II de la Torricelli neocastrista.

 

A todos, a pichones y emigrados, a amigos y enemigos, se les aplica un integral, pero diferencial, programa conductual conminatorio, enfocado a provocar la simpatía, o al menos la tolerancia senso-racional, por su victimario.

El “no coger lucha” del homo economicus cubano es conceptuado erróneamente como una actitud de indolencia social, cuando es en sí misma su manera de “coger lucha”, en tanto norma conductual de adaptabilidad a un entorno hostil y enclaustrado. En tanto aceptamos que la relación entre las personas que se mueven en un mismo contexto lo denominamos “lo social”, la cultura por su parte es el consenso en significados, a los cuales se les asignan similares valores.

De lo que se trata es en qué medida el paradigma social impuesto por el régimen dominante se corresponde con la cultura social, porque mientras en ésta se comparten significados comunes, en una sociedad se establecen relaciones.

Es por ello que, en el proceso de reingeniería social que es el neocastrismo, esté obligado ontogenéticamente a la reproducción estructural y funcional del entorno hostil y enclaustrado [así como de la pobreza estructural, de ahí las férreas acotaciones al trabajo privado], como una de las condiciones sine qua non para su supervivencia; modifica su paradigma social para disminuir la entropía en su relación con la cultura compartida.

Por ello ha habido que desmontar el andamiaje castro-fidelista, sustituyendo los apocalípticos “Socialismo o Muerte” y “Patria o Muerte”, altamente entrópicos, por el muy neutro “Muchas gracias”, y cada vez en menores ocasiones se exclama “Viva Fidel” en exclusiva, porque se acompaña inexorablemente del “Viva Raúl”.

Algún notable economista lamentaba recientemente que el régimen no ofrecía información para evaluar el resultado de las reformas en proceso, y no le falta razón en ello; pero, y a pesar de considerarse casi unánimemente el factor económico como el central a examinar, el asunto rebasa con creces su dimensión económica, para ubicarse en la holográficas interrelaciones Paradigma Social - Cultura.

Luego, el homo economicus cubano, inmerso en un entorno hostil y enclaustrado por más de 52 años, no considera la alternativa de desaparecer, y asume su participación en ese entorno posible. Cierto que no todos los individuos lo asumen en igual grado, pero el castrismo antes y el neocastrismo ahora, consideran esos escenarios, haciéndoles pagar un elevado precio por ello.

La calibración de la interacción del homo economicus cubano con su entorno, que supone su adaptación social, se realiza no solo mediante la asunción temporal de las experiencias, sino también a través de la verificación de su capacidad de representar los roles sociales pre-establecidos por el régimen dominante. En este proceso, que se conoce en Psicología Social como afinamiento, el aprendizaje permite interiorizar el óptimo operatorio para representar su papel.

Dado que este proceso de interiorización supone las interrelaciones del homo economicus cubano con sus iguales y con el medio, a fin de compartir los significados, todo lo que denominamos Revolución Cubana le ha prestado la máxima atención a crear los espacios de interacciones, sean estos las “organizaciones no gubernamentales”, escuelas en el campo, servicio militar, espacios recreativos, deportivos y culturales, e incluso la libreta de abastecimientos.

No es solo totalitarismo como frecuentemente se tipifica, aunque lo suponga: es, ante todo, un proyecto estratégico de modelación conductual.

No importa que el homo economicus exprese su disconformidad en su tozuda perseverancia de implantar cada año nuevos records negativos de natalidad, que pondrán a la población cubana por debajo de los 11 millones de personas para el año 2032 si se mantienen las actuales tendencias, cuando los viejos representarán el 30% de la población [hoy es ya el 17.8%], y simultáneamente aparecen en positivo los resultados de emigración cada año.

Por otra parte, de una u otra manera, el homo economicus se entusiasma con la telefonía celular y la hace crecer a ritmos exponenciales [1 de cada 10 cubanos disfruta hoy del servicio, cifra ridícula para estándares mundiales, es cierto, pero impresionante a menos de 3 años de establecido el servicio para la población]; se entrega al entretenimiento social de la micro y mini empresa; holgadamente se erige en el segundo segmento del mercado turístico cubano, superado solo por los canadienses, con más de 300 mil visitantes en el 2010 y unos 400 mil estimados para el presente año; mientras otros protestan públicamente por la posibilidad de retornar a las restricciones de viajes y remesas de la administración Bush.

Considerado el consentimiento como aquella actitud individual con la que los miembros de una sociedad reaccionan ante el poder, se observa que el impacto de las reformas, que nuestro economista no aprecia, está trasladando progresivamente el centro de gravedad del consentimiento social de la población mayoritaria que rechaza a los gobernantes y al sistema, pero desde un consentimiento pasivo hacia uno pasivo asumible, en el sentido de adscribirse activamente al paradigma social propuesto. Paradigma que, desideologizado y en gran medida despolitizado, ofrece, desde el enclaustramiento neocastrista, un entorno de supervivencia.

 

Aquellas minorías pasivas [en términos de consentimiento social] que, rechazando a la gerontocracia en el poder y sus reformas, comulgan con el sistema, al estilo de Pedro Campos y seguidores, así como las que asumen un consentimiento activo expresado en el rechazo tanto a los gobernantes como al sistema, van quedando progresivamente aun más aisladas y subsumidas en el torrente popular.

 

De hecho, algunas figuras significativas de la disidencia insular y el exilio, como Oscar Espinosa Chepe, Héctor Palacios y Francisco “Pepe” Hernández (Presidente de la Fundación Nacional Cubano-Americana), entre otros, rechazan terminantemente cualquier intento por retrotraer las relaciones Cuba-Estados Unidos al periodo previo a la administración actual (y donde subyace el propósito de modificar el mapa electoral del estado de La Florida para las elecciones del 2012).

 

Asimismo, se abren espacios a la polémica en última instancia conciliadora [1], mientras presenciamos la inédita coparticipación de liberales clásicos con marxistas en publicaciones recientes [2].

 

Por su parte, el secretario de Estado de Asuntos Exteriores e Iberoamericanos de España, Juan Antonio Yáñez-Barnuevo, señaló que Cuba es un asunto que “cada vez influye menos en la relación” [con los Estados Unidos], y que el mismo se aborda de “forma tranquila” y cada vez de una manera “más coordinada”, sin que por ello dejara de insistir en el expreso deseo del gobierno socialista español de que Estados Unidos “levante todas las medidas” del embargo, según un despacho de AFP.

 

Y es que en realpolitik la victoria siempre es el galardón supremo de los que logran movilizar hacia sus significados a una masa mayoritaria de individuos pasivos política y socialmente.

 

Sin detenerse, el infatigable Gran Hermano contempla orgulloso los éxitos parciales de su obra de reingeniería social y conductual.

 

A fin de cuentas, 32 años después que Deng Xiaoping comenzara a “cruzar el río tanteando cada piedra”, ¿cuántos de los 1,300 millones de chinos asumen un consentimiento positivo como el disidente chino Liu Xiaobo, Premio Nóbel de la Paz, en prisión desde 2008 por pedir reformas democráticas? ¿O que por ciento de los 87 millones de vietnamitas comparten los valores de Tran Huynh Duy Thuc, ex propietario de una empresa en Internet, condenado a 16 años de cárcel por similares razones?

 

Luego, los criterios de un experto en el Síndrome de Estocolmo como Nils Bejerot, que restringe el mismo a la individualidad de personas que han sufrido experiencias traumáticas del tipo victima-victimario (entendible en las sociedades occidentales y democráticas), deberían ser reconsiderados en los casos donde la víctima es una nación completa y el victimario un grupo reducido de individuos que, empleando todos los resortes del poder, reducen a esa nación a la condición de víctima.

 

Por consiguiente, la fetichista pero no menos cierta y efectiva “lealtad” hacia el régimen, alcanzada de esta manera, se imbrica con los atractores sociales que se concretan en el paradigma social, en tanto factor de cohesión anti-entrópico del sistema, y aunque sea explícitamente oportunista y manipulador, el homo economicus cubano la asume en su proceso de afinamiento para desempeñar el rol social que se le ha asignado. 

 

Porque para Cuba hoy no existe un “Gran Gigante Bonachón”, sino que en el país de los gigantes solo encontramos Tragacarnes, Ronchahuesos, Quebrantahombres, Mascaniños, Escurrepicadillo, Buche de Ogro, Aplastamocosos, Sanguinario y Devorador, todos listos para convenientemente ubicar a cada uno -ellos mismos incluidos- en el personaje que le corresponde desempeñar en la puesta en escena neocastrista.

 

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1] González Medero, L: “Saladrigas, Arboleya y el debate sobre el futuro de Cuba”. Espacio Laical Digital

 

2] Montaner, C.A; Rojas, Rafael; de Aragón, Uva; Blanco, Juan A; y Faya, Ana J.: El otro paredón. Asesinatos de la reputación en Cuba”