Cubanálisis El Think-Tank

 ESPECIAL EN EL THINK-TANK DE CUBANÁLISIS

 

 

  

EL FUTURO DE CUBA QUE CASTRO NO PUEDE NI SABE VISLUMBRAR

 

  Jorge Hernández Fonseca, desde Brasil

Cubanálisis - El Think-Tank se complace en presentar a sus lectores estos documentados artículos donde se discute con un lenguaje comprensible y directo, desde antes de las "Reflexiones del Comandante en Jefe", las perspectivas de la producción de biocombustibles y la recuperación de la producción azucarera en Cuba sin dañar la producción de alimentos, sino todo lo contrario.

Frente a los superficiales augurios apocalípticos del régimen y sus seguidores en América Latina, los sólidos análisis profesionales de un especialista y conocedor de las realidades azucareras cubanas demuestran la falta de fundamento de las "Reflexiones" de Castro, que tanta alharaca levantan entre ignorantes y castristas, "que no es lo mismo, pero es igual", como dice la canción.

 

 

 

Jorge Hernández Fonseca, Manzanillo, Cuba, 1943, graduado de Ingeniero en la CUJAE (Instituto Superior Politécnico), Habana, donde fue profesor de Ingeniería y de Diseño Industrial. Fue Director de una empresa de ingeniería de la Industria azucarera cubana. Posee Máster y Doctorado en Brasil, donde trabaja como profesor universitario. Ha publicado dos libros, y dirige el periódico de asuntos cubanos www.cubalibredigital.com

 

 

 

EL ETANOL Y LA TRANSICIÓN A UNA CUBA DEMOCRÁTICA

 

 

El futuro de Cuba está a la vista. La reciente visita del canciller español a Cuba para negociar con la dictadura el visto bueno de Europa al proyecto raulista de tipo “lampedúsico” (propiciar cambios para que todo continúe igual) ha dejado claro el plan hispano-raulista para la sucesión: ofrecer cambios cosméticos, elecciones chavistas y parlamento con participación de los hombres de Menoyo y de las izquierdas fidelistas equivocadamente exiliadas, entre otros.

 

Un proyecto de ese tipo a la muerte del dictador, fue discutido detalladamente con Moratinos, contando con el flujo petrolero venezolano y algún que otro beneficio que España logre tirar de la UE, aduciendo cambios lampedúsicos-raulistas en la isla, “a la que habría que apoyar en su camino hacia la democracia”, que José Luis Zapatero, Hugo Chávez y Evo Morales imaginan.

 

Sin embargo, con la sobrevivencia no podemos ser idealistas. Durante la transición hay que procurar un sustento financiero lo más alejado posible de las donaciones, aunque en una etapa primaria sean necesarias por muy corto tiempo. Proponemos a continuación --y aprovechando elementos coyunturales actuales-- un plan estructurado para financiar un proceso limpio (no el discutido por Moratinos con Raúl en Cuba) de transición real a la democracia en la isla.

 

Afortunadamente --y en paralelo con la pretensión española-- Estados Unidos ha iniciado un movimiento de acercamiento con América Latina que tiene el etanol como bandera, lo que pudiera, en la etapa inicial del proceso de transición cubana a la democracia, constituirse en la locomotora que saque del estancamiento a la economía isleña en un sector –el azucarero-- que Cuba conoce como pocos países, y donde la isla tiene una tradición de más de 100 años.

 

Sobre el futuro político de una Cuba en transición a la democracia se ha escrito bastante, por lo que dedicaremos este análisis a los aspectos económicos. Para el cambio político se han elaborado proyectos y se tienen propuestas viables para el momento difícil a la muerte del dictador y aunque no existe unanimidad de enfoques, hay muchos análisis políticos al respecto.

 

Económicamente hablando, estimamos que deben haber cuatro columnas básicas que sustentarán el proceso político cubano de erradicación de todo vestigio de dictadura y la estructuración de los fundamentos democráticos de la sociedad. De estas cuatro columnas, una de ellas debe generar los recursos económicos y financieros de forma inobjetable, de manera que los inversionistas extranjeros decidan colocar su capital en Cuba, con garantías de retorno adecuadas y seguras, sin temores a futuras nacionalizaciones estatizantes.

 

Estas cuatro columnas básicas serían:

 

Primero: Un plan asociado a la venta de etanol a EUA en cantidades apreciables, ahora que Norteamérica está ávida de este producto a medio plazo y que Cuba cuenta con la tecnología, la experiencia y la calificación técnica y humana para llevarlo adelante, en una industria que ha sido su sustento durante más de un siglo y que generaría inversiones de inicio (y capital y empleo durante mucho tiempo de manera perdurable) a valores propios del mercado mundial.

 

Segundo: Un plan que reestructure la industria del turismo y la tire del aparheit en que el fidelismo la ha sumido, con el concubinato de inversionistas españoles y de otros países, explotadores todos de la mano de obra esclava que la “revolución” cubana les brindó.

 

Tercero: Un necesario plan de financiamiento y reanimación de las producciones agrícola no cañeras (la caña de azúcar sería financiado en el primer plan) con vistas a producir alimentos, basada en una fuerte red de productores agrícolas privados, o en cooperativas no estatales.

 

Cuarto: Un plan de reanimación de la infraestructura cubana, destruida casi totalmente por medio siglo de desidia y desatención, que incluiría la fabricación de casa, calles, carreteras, acueductos, servicios de saneamiento básico, entre otros.

 

Tres premisas básicas serían necesarias para un Plan Global como este: Primero: es necesario el establecimiento de una seguridad jurídica básica, que brinde a los inversionistas las garantías de la defensa de sus derechos por sobre el estado. Segundo, la isla tendría que establecer un régimen capitalista en su economía, eliminando todo vestigio de estatismo; y Tercero, sería necesaria la autorización de un flujo libre de capitales extranjeros al país.

 

Sobre estas bases económicas, en las que no se ha abordado los muy importantes factores políticos asociados, estudiaremos someramente lo que se constituiría en la fuente de financiamiento y entrada de capitales, el plan asociado al etanol, que junto a la industria turística, se constituirían en los pilares de la afluencia de capitales hacia la isla durante el proceso de transición a la democracia.

 

 

PROYECTO CUBA-ETANOL

 

Dos factores se conjugan positivamente para que Cuba pueda contar desde ahora con un plan perspectivo encaminado a financiar el necesario período de transición a la democracia, a la muerte del dictador cubano: Por un lado, la puesta a punto en Brasil de una tecnología en el área de los combustibles renovables, sustitutos del petróleo y usando la caña de azúcar como factor clave, y por otro lado, el interés comercial de EUA por acceso a ese mercado.

 

Los recientes artículos escritos por el dictador cubano, además de ir al encuentro de este asunto de manera negativa, indica sin lugar a dudas que presiente el peligro decurrente del interés estadounidense en un producto (etanol) totalmente producible en Cuba. Al interés político por la desaparición del socialismo cubano, EUA sumaría ahora el interés económico de tener un suministrador ubicado en las cercanías de sus costas, lo que abarataría su logística.

 

Cuba es potencialmente capaz, durante el período de transición a la democracia --y en muy poco tiempo-- de producir mil millones de galones de etanol sin mayores complicaciones. Esto es el 20% del etanol que produce actualmente EUA con su maíz. Sólo serían necesario contar con dos factores claves: 1,- Volver a instaurar el capitalismo en la isla, y 2.- permitir la entrada y salida de capital extranjero. La fuerza técnica y productiva existe en la isla, así como entre los técnicos azucareros cubanos en diáspora por el mundo, como el resto de los cubanos.

 

Según informaciones actualizadas procedentes de los medios azucareros especializados en Cuba, en la actualidad hay 318,769 hectáreas de tierras cubanas que antes eran dedicadas a la producción azucarera y que ahora están totalmente inactivas. En estas tierras, hoy cubiertas por malas hierbas, podrían producirse 500 millones de galones de etanol, es decir, la mitad del plan aquí propuesto de mil millones de galones con destino a EUA. En la isla hay además, sembradas de caña de azúcar otras 488,267 hectáreas, en las cuales podría producirse una mezcla de: 500 millones de galones de etanol (completando los mil millones de galones) más 1 millón 700 mil toneladas de azúcar, que es lo que produce hoy el socialismo cubano de Castro.

 

Considerando que EUA estableció un plan nacional para sustituir apreciables cantidades de gasolina, no es descabellado deducir que el precio del galón del etanol estará vinculado directamente al precio de la gasolina, más que a sus costos de producción en la isla. Basado en la experiencia de 30 años en Brasil con un plan alcoholero similar, podemos afirmar que, considerando un precio de venta del alcohol de 70% del precio de venta de la gasolina (factor comercial aplicado en Brasil) la venta de alcohol es entre un 40 y un 60% más rentable que la venta del azúcar equivalente, que también pudiera resultar lucrativa, según los precios.

 

Brasil exporta actualmente etanol hacia EUA pagando un arancel de 54 centavos de dólar por galón colocado en el mercado norteamericano. Este arancel, sumado a los costos de producción del etanol en Brasil, cubre el precio de venta que EUA paga al gigante sudamericano por el etanol con ganancias, pudiendo hacerse los cálculos para el ‘caso Cuba’.

 

Las inversiones asociadas a un plan de este tipo serían financiadas con el etanol resultante de su venta en el mercado norteamericano. Estas inversiones serían básicamente equipos y maquinarias para la industria sucro-alcoholera, casi totalmente producibles en la isla con algunas licencias brasileñas y norteamericanas, pero con un elevado volumen de equipos y maquinarias desarrollados plenamente dentro de la isla con tecnología propia o comprada.

 

Un plan sucro-alcoholero como este para Cuba, tendría las siguientes ventajas:

 

1) El capital que entraría en la isla bajo un plan estructurado como este, con las ventas de sus productos a EUA asegurados y a precios del mercado mundial, permitiría la generación de cientos de miles de puestos de trabajo bien remunerados desde el principio, algo necesario durante el período de transición, personal con el que Cuba ya cuenta en la actualidad.

 

2) Este plan implicaría, además del crecimiento de la industria sucro-alcoholera cubana, el desarrollo de otra industria asociada a la fabricación de maquinaria, la mecánica fabril y de transporte (ferrocarriles, puertos, etc.), de los proyectos de ingeniería, así como de los centros de investigación y desarrollo que les estarían asociados, todos vinculados a esta agro-industria, empleadora de mano de obra de dos tipos: intensiva y altamente calificada al mismo tiempo,

 

3) Las nuevas inversiones en los centrales bajo un plan de este tipo, pudieran asociarse a la modernización de la base energética de la industria sucro-alcoholera, para permitir (moliendo 120 días de zafra y destilando y/o refinando durante el inactivo) producir electricidad para la red nacional, reduciendo la dependencia del petróleo importado en la generación eléctrica.

 

Poder materializar alguna manera efectiva de generar rápidamente empleo y renta a los cubanos durante su transición a la democracia como aquí se expone, lógicamente que no implica borrar de los planes de inversiones en la isla otros proyectos productivos asociados a líneas más actuales de desarrollo, como la biotecnología y las ciencias médicas y clínicas, la electrónica y/o la informática, en todos los cuales Cuba ha demostrado tener cierto potencial. Sin embargo, la experiencia y la tradición cubana con la caña de azúcar, unido al interés de EUA en el etanol, lo tipifica como producto llave en este momento.

 

 

FIDEL CASTRO: DE LA DECREPITUD A LA INCOMPETENCIA

 

El dictador cubano en su lecho de enfermo, se nos presenta por escrito como un ‘experto’ en anti-norteamericanismo, etanol, ecología y estrategia alimentar. En ninguno de los tres últimos campos puede mostrar una obra como para darle peso a sus criterios. Solamente como anti-EUA es que el dictador muestra un copioso currículo como para tenerlo en cuenta. Veamos.

 

Los criterios estrictamente políticos decurrentes del escrito dictatorial, van encaminados a tratar de crear subliminalmente, una barrera ficticia entre Brasil Y EUA. Nada tan insensato. Brasil exhibe una copiosa colección de éxitos en el área alcoholera, que le han hecho acreedor del reconocimiento de la principal potencia tecnológica mundial. Eso le duele mucho a Fidel Castro.

 

Es evidente que, en momentos que analistas políticos serios reportan un giro hacia la izquierda en Latinoamérica, el dictador cubano se preocupe porque el líder del principal partido de la izquierda Continental, y presidente el mayor país de Sudamérica, se asocie a Estados Unidos a partir del reconocimiento norteamericano del desarrollo de una tecnología netamente brasileña, que pudiera resolver uno de los principales problemas de la Norteamérica actual: la energía.

 

El artículo del dictador cubano no esconde un toque inevitable de envidia hacia Lula da Silva, contestado decentemente por el Canciller brasileño: “las ideas de Castro son ideas antiguas”. Pero no es mi intención abordar los aspectos políticos de pésimo “paper” que el dictador nos ofreció, queriendo dictar cátedra en un asunto del cual no sabe rigurosamente nada.

 

En cuanto a la ecología, el país en el que Castro es amo y señor “de vidas y hacienda” es el ejemplo más acabado de lo que no debe ser hecho, al transformar la “tierra más hermosa que ojos humanos vieron” en un verdadero suplicio económico, ecológico, político, humano y moral.

 

Respecto a la estrategia alimentar que sugiere, baste decir que Cuba es el único país del universo que ha mantenido un estricto racionamiento de todo tipo de productos, comida, ropas, accesorios y un largo etcétera, que deja “desnudo al rey” cuando critica la posición brasileña con el etanol. El gigante sudamericano acaba de tirar de la extrema pobreza, en un año, a casi 10 millones de personas, dándoles acceso a bienes y servicios que en Cuba son una quimera.

 

Quiero concentrarme en los criterios técnicos vertidos por el dictador cubano, sobre todo en los referidos al etanol, que califica nada menos que de “idea siniestra”. Los que de un manera u otra estuvimos en la isla relacionados con la Industria azucarera, sabemos del criterio antiguo (como dijera el Canciller brasileño) del dictador cubano, de no convertir alimentos en recursos energéticos y específicamente en Cuba, de no convertir el azúcar y sus derivados, en alcohol.

 

Este criterio subjetivo, no sustentado sobre ninguna base racional (la mayoría de los alimentos, al final, son convertidos en energía por el cuerpo humano) el dictador cubano lo impuso en Cuba ocasionando un subdesarrollo energético memorable. Un país, que pudiendo cocinar con cocinas de alcohol eficientes y modernas (a falta de gas natural o líquido) todavía cocina con queroseno importado, es el ejemplo más acabado del retraso tecnológico y la insalubridad.

 

Este capricho dictatorial, recuerda mucho el criterio bajo el cual Stalin prohibió en la URSS de los años de la post guerra, el uso de la computación (vean bien, Stalin prohibió la computación) bajo el caprichoso criterio de que la informática “era contraria al marxismo leninismo”, lo que costó al país un retraso tecnológico que nunca más pudo equilibrar en los años sucesivos.

 

La senilidad post operatoria del dictador lo ha llevado a escribir una pieza que pasará a la historia como símbolo de su decadencia. Por un lado critica a EUA por su plan junto a Brasil con el etanol y por otro recomienda a la Unión Europea elaborar un plan similar --en lugar de usar maíz o caña de azúcar, se usaría la soya-- lo que según el propio Castro “ayudaría a resolver problemas energéticos y alimentarios”. ¿Vale para Europa, pero no para EUA?

 

Hay en el artículo del dictador un párrafo verdaderamente patético. Parece mentira que sus asesores hayan dejado publicar semejante incoherencia. Decir que es necesario “reducir y además reciclar todos los motores que consumen electricidad y combustible es una necesidad elemental y urgente de toda la humanidad” es más que un error de enfoque, es gritar a los cuatro vientos que no sabe de lo que está hablando. Usar la palabra “reciclar” en este contexto ayuda a la ambigüedad, porque no está claro si quiere “mejorar la eficiencia” o pasar estos motores a retiro creando un ciclo superior. ¿Cuál? Además, la electricidad en Brasil y muchos lugares del mundo es producida por medios limpios, en hidroeléctricas, por lo que no hay que atacar el uso de “motores eléctricos” y menos de la energía eléctrica, que implica modernidad.

 

Como se deduce del propio artículo, la conversión del maíz en etanol deja un residuo que es alimento animal, y se transforma en alimentos humanos de todo tipo. Convertir alimentos en etanol con caña de azúcar, deja también incontables subproductos que al final se convierten en alimentos (con 26% de proteínas --en el caso del maíz-- como reconoce el propio dictador en su lamentable artículo) por lo que, convertir una parte de los alimentos productores de etanol, no elimina, sino más bien ayuda, a la producción de alimentos. En países como Brasil por otro lado, hay tierras suficientes para producir alimentos y etanol, como en otras partes del mundo.

 

El dictador habla de la subdesarrollada producción de alcohol en Cuba a partir de las mieles y dice que “es un sueño o un desvarío” la producción de alcohol directamente del jugo de caña --tecnología desarrollada por Brasil-- lo que es una absoluta y redonda mentira. Un embuste. Cuba es capaz de producir alcohol con jugo de caña con similar éxito que lo hace Brasil.

 

El dictador culpa a los cambios climáticos por la raquítica producción azucarera cubana, lo que  se constituye en el colmo de la falta de respeto a sus congéneres. Un hombre que todos saben mandó a desmantelar casi totalmente la industria azucarera, a eliminar los campos de caña, desempleado más de 100,000 obreros, dijo además que el mercado de azúcar era “una basura” (mientras los brasileños se hacían millonarios dentro de este mercado) no cabe dudas que está enfermo y en adelante, habrá que filtrarle sus opúsculos a la prensa pública.

 

Proponer como solución mundial para los países pobres “el cambio de bombillos” no puede más que provocar la hilaridad planetaria con las demencias de un anciano convaleciente, así como ejemplificar el uso de “una computadora y el creciente número de redes de Internet” es como para matar del corazón al opositor Guillermo Fariñas, que hizo huelga de hambre para que le permitieran conectarse al sistema de Internet, prohibido en Cuba como todos saben.

 

Como si todo esto fuera poco, hablar de agua en la isla es una total falta de respeto con el pueblo cubano. No hay una sola ciudad cubana, por pequeña que esta sea, donde haya agua corriente para consumo humano. Todo en Cuba es a base de tanques de agua estancada en tanques de 55 galones. No hay pueblo de la isla donde funcione el acueducto. ¡Una vergüenza!

 

El dictador quiso salir del ostracismo post operatorio escribiendo una de las piezas más erróneas, incompetentes y neutras de su larga historia de embustes. El Óscar que ganó Al Gore seguramente estuvo en la mente senil del déspota. No dudemos que ya está en camino su “documental”, con la secreta ambición de recibir un Premio en Hollywood.

 

¡Que lo compre quien no lo conozca!

 

 

 CASTRO Y EL ETANOL: SEGUNDO ROUND

 

 

El dictador cubano “ataca de nuevo” por el flanco del etanol, después de haber mandado a retirar su primer y lamentable artículo al respecto, que ya no es posible encontrarlo en Granma. En este segundo lance, deja al descubierto las verdaderas intenciones con sus ‘reflexiones’, al mencionar a Lula da Silva, la reunión de Camp David y los planes conjuntos Brasil-EUA.

 

Es natural que Castro defienda ahora al petróleo que lo mantiene con vida, a partir de la sumisión de Chávez. Lo difícil es creer los argumentos que, tanto en la primera ‘reflexion’ como en esta segunda, expone de manera poco convincente. El primer artículo fue un desastre; un verdadero desliz dictatorial y una falta de respeto a las personas de buen censo. Este segundo fue revisado, pero adolece de errores primarios, con los cuales trata de justificar ahora un error estratégico grave al desmantelar la industria azucarera cubana, verdad detrás de todo esto.

 

El dictador se cuida mucho de mencionar los índices que le dan a la caña de azúcar una ventaja estratégica en la corrida del etanol y que permite a Brasil enfrentarla de manera ventajosa. Castro se concentra en los “cereales y leguminosas” y deja a la caña de lado, relatando solamente la conocida letanía con la “pobreza de los cañaverales”. Otra justificativa.

 

Castro menciona el dato brasileño de tener solamente el 1% de sus tierras cultivables dedicadas la caña, que Lula da Silva publicara en artículo del Washington Post y la compara con la tierra cubana dedicada al mismo cultivo (dice que en Cuba era 3 veces menos, “cuando se produjeron casi 10 millones de toneladas”). Falso, no se llegó ni a 9 millones de toneladas.

 

En este segundo artículo el dictador se concentra en atacar el plan del etanol con el argumento de la falta de tierras y agua. Lo que no dijo Castro es que en Brasil la tierra dedicada al cultivo de la soya es siete veces mayor que la dedicada a la caña y que el pastoreo de ganado emplea nada menos que 60 veces más tierras cultivables que la sembrada con caña de azúcar.

 

Por otro lado --y Castro evitó referirse a ello en su artículo-- el rendimiento medido en litros de etanol por hectárea de tierra cultivada, es siete veces mayor con caña de azúcar que con maíz y dos veces mayor que cultivada con remolacha, que el dictador ni la menciona. Es evidente que Castro sabe las ventajas de la caña de azúcar en un plan alcoholero como el que ahora une a Brasil y EUA, pero le es muy difícil reconocer, no sólo las ventajas competitivas de Brasil en esta corrida, como su falta de visión estratégica destruyendo la industria azucarera cubana.

 

Los supuestos temores del dictador cubano con el cambio climático son puras lágrimas de cocodrilo, porque ha sido precisamente el combustible fósil que ahora indirectamente defiende, el que ha ocasionado la aparición de planes emergentes como el del etanol. Siendo el etanol comprobadamente menos agresivo al medio ambiente, ¿como es posible atacarlo? cuando además se trata de incentivar producciones en países pobres, que mucho se beneficiarían.

 

Aunque este segundo artículo no es tan desastrosamente inconexo como el primero, el dictador entra en terrenos que no conoce, al opinar sobre un potencial plan con etanol en la UE mezclándolo a los combustibles fósiles y cita palabras de un especialista holandés, que vaticina un incremento del área sembrada en Europa del 50%. Falso, Europa no necesita sembrar una sola hectárea de tierra para producir etanol, porque lanza al mercado mundial más de seis millones de toneladas de azúcar subsidiada sobrante de su sistema azucarero, que potencialmente podrían convertirse directamente en más de mil millones de galones de alcohol.

 

Como si todo esto fuera poco, Castro vuelve a insistir en el “cambio de bombillos” como solución mundial al problema energético, provocando estupefacción y la convicción de estar ante un anciano decrépito e incorregible.

 

Si los alabarderos de la dictadura se apresuran a anunciar el retorno de Castro al gobierno, estos dos artículos pifios muestran su verdadero estado mental. Si bien el pataleo dictatorial es válido, para justificar la barbaridad asociada al desmantelamiento de la industria azucarera cubana, como mínimo, el dictador debería poner gentes capacitadas a escribirles sus artículos.

 

 

CASTRO, COMO GORE, DE POLÍTICO FRACASADO A ECOLOGISTA MATRERO

 

 

El dictador cubano acaba de entregarnos su tercera “reflexión” sobre los bio-combustibles, haciendo uso y abuso de la altura que él supone tienen sus razonamientos ante los simples mortales. Esos somos todos sus súbditos cubanos, y sus admiradores en la fauna izquierdista mundial. Las profusas referencias a la “especie humana”, acompañadas de una épica introducción histórica --digna de un documento menos matrero-- descubren una personalidad enferma de un ego amazónico que se sobrepone a su grave enfermedad y a su decrepitud.

 

Esta tercera entrega es un documento contra Brasil y su hazaña tecnológica imponiendo el etanol como combustible alternativo al petróleo a nivel planetario. El artículo del dictador, está lleno de mentiras, verdades a medias y pocas verdades, intentando parecer un documento serio, escrito por alguien que destruyó la ecología de una isla en la que manda y desmanda.

 

En un gesto típico de dictador envilecido, comienza “perdonándole la vida” a Lula da Silva al no culparlo de “las leyes objetivas de la historia”. Como si el presidente brasileño, reconocido mundialmente por sus méritos al frente del gigante sudamericano, necesitara del perdón de un dictador fracasado y moribundo, devenido defensor del petróleo de su mantenedor.

 

El dictador cubano, senil y enfermo, enseña puerilmente sus cartas en la primera frase, cuando desinforma al lector incauto al comenzar expresando “Nada me anima contra Brasil”, para después arremeter contra la política exitosa que ese país sudamericano ha mantenido en los últimos 35 años, con vistas a implantar un complejo sistema de sustitución de combustibles fósiles en su economía, abrazado internamente como un proyecto nacional supra-partidista.

 

En esta tercera entrega, el dictador se empeña en demostrar su conocida tesis contra el etanol y los bio-combustibles, adoptando una estrategia que rehuye el problema principal: las ventajas indiscutibles de la caña de azúcar en la producción de etanol. El dictador lo elude. Es un documento largo, cargado de conclusiones carentes de base, que inexplicablemente no hace referencia a la caña de azúcar y se empeña en concentrase en el alcohol maíz, usado en  EUA.

 

El plan de sustituir parte de la gasolina con etanol procedente de la caña de azúcar, tiene las ventajas siguientes, ocultadas en la palabrería dictatorial de su tercera reflexión:

 

Primero: Se produciría un combustible renovable y natural, con secuencia de obtención infinita, producido por una planta --la caña de azúcar-- que es una de las mayores convertidoras de energía solar en combustibles, alimentos y materias primas varias, utilizables por el hombre.

 

Segundo: Durante el proceso vegetal de conversión --por la energía solar-- del CO2 en fibras, azúcares, mieles y combustibles, se ayuda paralelamente a disminuir el calentamiento global provocado por la combustión de los derivados del petróleo, purificando los gases nocivos.

 

Tercero: La combustión del etanol disminuye considerablemente el efecto negativo, si se compara a los gases procedentes de la combustión de fósiles, reduciendo además considerable y potencialmente los precios del petróleo, razón adicional oculta tras los ataques fidelistas.

 

Cuarto: Permitiría a los países pobres obtener fuentes seguras de trabajo, empleo y renta, produciendo un combustibles que tendría equiparado su precio al precio de la gasolina, propiciando una transferencia neta de recursos de los países ricos hacia los países pobres.

 

Quinto: Un plan de producción de cantidades considerables de etanol usando la caña de azúcar, aceleraría el desarrollo tecnológico y económico de los países cañeros, que incorporarían a la industria azucarera, la industria mecánica y del transporte, entre otras.

 

Sexto: La adopción del etanol como combustible sustituto de la gasolina, permitiría distribuir las riquezas asociadas a los combustibles, que hoy se concentran en pocos países y pocas manos.

 

Octavo: Como la caña de azúcar no sólo produce azúcar y etanol, sino también importantes cantidades de energía eléctrica, un voluminoso plan de producción de alcohol para sustituir la gasolina, permitiría el aumento considerable de la electrificación de los países pobres, usando el bagazo de caña como combustibles y eliminando adicionalmente el uso del petróleo.

 

Ante tantas y tan abrumadoras ventajas para la producción del etanol usando caña de azúcar como materia prima, se explica porqué el dictador cubano no haya escrito en su artículo una sola palabra de este asunto cuando toca el tema, sobre todo, sabiendo que Brasil –país al que ataca de diversas maneras en su exposición-- usa exclusivamente la caña de azúcar para su plan con el etanol y no el maíz, en cuyas desventajas productivas el dictador se concentra.

 

No hay que usar tanta palabrería para decir que el maíz es un competidor que pierde ante la caña de azúcar para producir alcohol y que sólo se emplea basado en compromisos políticos. La producción de alcohol a partir del maíz, según estudios de universidades norteamericanas, necesita más energía para su producción, que la energía contenida en su masa resultante.

 

La producción del alcohol partiendo de la caña de azúcar en compensación, no sólo produce la energía propia de la masa de alcohol resultante del proceso, como que es capaz de producir cantidades varias veces mayores de la contenida en su masa resultante, en forma de energía eléctrica (la forma más valiosa de energía producible) para ser distribuida por una red eléctrica.

 

Como se desprende de lo dicho antes, queda claro que los factores que impulsan al dictador a arremeter contra Brasil y su plan de etanol con argumentos ecológicos, son puramente políticos. Para demostrar lo anterior, es bueno formular algunas preguntas para que sean abordadas por el dictador en las sucesivas “reflexiones” sobre este tema en el futuro:

 

Primero: ¿Por qué el dictador apela a ahora a la ecología, cuando personalmente mandó a la Brigada “Ché Guevara” a desmontar todos los ecosistemas de pequeños bosques a lo largo y ancho de la isla de Cuba en los años 60, precisamente para sembrar caña de azúcar?

 

Segundo: ¿No es sospechoso que Hugo Chávez, único beneficiario de los argumentos castristas contra el etanol, sea también el único mandatario sudamericano que se ha unido al dictador cubano en su lucha contra la producción renovable de un combustible natural?

 

Tercero: ¿Porqué a la hora de los argumentos --durante la llamada “Cumbre Energética” de la isla de Margarita-- Hugo Chávez entregó sus banderas y abrazó el etanol de caña de azúcar como solución para los países pobres, ante las razones de su competidor, Lula da Silva?

 

Cuarto: ¿Porqué la mayoría abrumadora de la fuerza técnica y científica de la industria azucarera cubana, abrazó en los años 80 del siglo pasado un plan similar dentro de la industria cubana, frustrado precisamente por los argumentos “viejos” (y actuales) del dictador cubano?

 

Los análisis se comparten o rechazan con argumentos. He aquí algunos argumentos para que la Cuba del futuro --sin dictadores que creen saber de todo-- pueda tener un plan asociado a su riqueza cañera, que le permita enterrar definitivamente las penurias económicas, políticas y morales que medio siglo de autosuficiencia incompetente le ha impuesto injustamente.

 

Castro, igual que Gore, merece el Premio Nóbel, en este caso, de testarudez y matrerismo.

 

 

CASTRO: NI ETANOL… NI AZÚCAR

 

El Comandante arremete de nuevo desde su lecho de enfermo contra los planes de desarrollo económico de Brasil, basados en sus acuerdos con Estados Unidos en el área de un combustible limpio y renovable: el etanol. Como ya había comprometido su palabra criticando las decisiones soberanas de un país que no es el suyo, insiste ahora en criticar de la manera más ingrata posible, las líneas de un gobierno hasta ahora amigo de su dictadura.

 

Sin embargo, y señalada la torpeza –sólo explicable por su lamentable estado mental después de las operaciones múltiples ha que fue sometido a los 80 años-- quiero referirme al tema central de todas sus ‘reflexiones’ en cuanto a los combustibles renovables: “no es ético tratar de convertir alimentos en combustibles. Para el Brasil, según el dictador cubano, no sería ético ni recomendable convertir el alimento azúcar en el combustible etanol.

 

Sentado el tema que con tanta vehemencia senil debate el Comandante, comenzaremos por decir que en el mismo subyace una tesis cacareada como una verdad por el dictador: “La conversión de alimentos en combustibles llevaría la hambruna a “la especie”.  Esta hambruna, según el déspota, sería casi exclusiva de los países pobres (no de los ricos) que lleven adelante la parte agrícola de la conversión de alimentos en combustibles. Veamos.

 

En primer lugar es importante decir una verdad: Lo que lleva al hambre a determinados grupos sociales es la falta de fuentes de trabajo productivo y de ingresos efectivos. Obtenidas esas fuentes de trabajo productivo, de manera que el resultado de ese trabajo (el producto) tenga una demanda efectiva y convertible en recursos económicos, se acaba el hambre, porque el hambre es producto de la falta de ingresos, no de la falta de alimentos. Habiendo dinero, alguien, cerca o lejos, tarde o temprano, produce alimentos para vender.

 

La visión dictatorial de que “cuando se hace una cosa no se hace otra”, no se aplica a la sociedad de libre mercado. Esa es la debilidad del comunismo y es la fortaleza de la sociedad libre de mercado capitalista, donde las leyes inherentes ajustan las producciones.

 

El dictador cubano da por sentado que la conversión de alimentos en combustibles no obedece a la ley inexorable de la oferta y la demanda: Cuando comiencen a escasear los alimentos, porque estos son convertidos en combustibles, sus precios suben, estimulando la producción de los mismos, hasta establecerse un balance en el que tanto gana el que produce alimentos, como el que produce combustibles. Si los alimentos desaparecieran, sus precios subirían tanto, que sería más negocio producir alimentos que combustibles y así por delante, como sucede con toda mercancía. El motor de la producción, cualquiera que esta sea, no es la necesidad en abstracto, es la demanda económica efectiva sobre el producto.

 

Al dictador cubano no le agradan las leyes del mercado. Pero es oportuno decir que eso no tiene mucha importancia. Esas leyes existen aunque él no las acepte, y el mejor ejemplo es el país que él dirige hace medio siglo: Carece de combustibles y carece de alimentos.

 

Pero hay más. El dictador cubano habla sin nunca haber experimentado, y cita teóricos que jamás han producido absolutamente nada. La prueba irrefutable que el dictador esta equivocado es el propio país que ataca. Brasil convierte parte del azúcar de caña en etanol, dejando de producir una fracción de ese alimento (el azúcar) para producirlo. Sin embargo, Brasil produjo durante 2006, en número redondos, unos 17,500 millones de litros de etanol (combustible) usando caña de azúcar, pero produjo además unas 26 millones de toneladas de azúcar (alimento). Para 2007, Brasil está produciendo unos 20,000 millones de litros de etanol (incremento importante del combustible) pero va a producir además unos 30 millones de toneladas de azúcar (incremento también del alimento). Esto es así, consistentemente, desde hace unos 35 años. Más etanol y más azúcar, simultáneamente.

 

Es la práctica, real conocida y verificable, no hay siquiera perspectivas que lo dicho por el dictador ocurra. Se produce más combustible y al mismo tiempo, más alimentos.

 

El ejemplo anterior (puede comprobarse en la práctica) es del último año y el actual 2007, pero también en Brasil hay un histórico de producciones, siempre en aumento, tanto de combustible (etanol) como de alimentos (azúcar). No aparece para nada la amenaza del dictador referida a que cuando se produce combustible con alimentos, escasea el alimento.

 

Es evidente que los criterios del dictador están influidos por su obsoleta ideología, que es muy diferente a la ideología de Lula da Silva y la de todo el resto del mundo económicamente responsable. El Comandante no da crédito a las leyes económicas existentes fuera de su voluntad, pero que inexorablemente se aplican a la producción de combustibles y/o alimentos, regulando sus producciones según la oferta y la demanda.

 

En compensación, países de Sudamérica, Asia y África, (países pobres) estructurados en un plan masivo de producción de etanol con caña de azúcar, significaría para ellos una fuente inestimable de mano de obra, de empleo y renta, que tiraría de la miseria a cientos de miles (sino millones) de familias pobres, sometidas actualmente al hambre y la miseria porque no tienen fuentes de ingreso, ya que el mercado del primer mundo no se interesa en sus producciones. Si el primer mundo quiere etanol, ¿por qué no producirlo? ¿Porque escaseará el azúcar? se le compra a Brasil, que sabe como producir alimentos y etanol y además, transfiere la tecnología a quienes la quieran comprar. Esa es la verdad detrás del debate.

 

Pero este asunto tiene otros enfoques: Uno es el ambiental, netamente favorable a los combustibles renovables (el dictador cita trabajos, supuestamente científicos, criticando los combustibles renovables, pero omite decir que esos trabajos fueron financiados con el dinero de las grandes empresas petroleras). El otro enfoque es el energético. Es importante reconocer --y el dictador cubano lo obvia-- que el factor energético es el factor principal para un equilibrado desarrollo social de cualquier sociedad en la actualidad. Si la comida es el alimento individual, la energía es el alimento de la sociedad. Por la energía ha habido guerras, y las seguirá habiendo. De ahí la importancia de conseguir fuentes energéticas capaces de ser producidas de manera sustentable y autónoma, sin depender de las fuentes de combustibles fósiles, concentradas en algunos pocos territorios y países ajenos y lejanos.

 

Sabemos que los editoriales que el dictador manda a publicar, son parte de la campaña para mantener su vigencia y dominio sobre la empobrecida y sacrificada sociedad cubana y que en realidad lo que pretende, más que tener razón en lo que escribe, es mantenerse aparentemente vivo ante un pueblo que clama por su desaparición. Sin embargo, también es importante analizar las barbaridades que expresa, poniendo de relieve, no sólo la decrepitud que lo está caracterizando al final de su vida, como su falta de argumentos en un tema importante, tanto para el tercer mundo, como para el futuro democrático de la isla.