Cubanálisis El Think-Tank

ARTÍCULO ORIGINAL PARA EL THINK-TANK DE CUBANÁLISIS 

 

INMOVILIZADO EL GENERAL CASTRO

 

Julio Aleaga Pesant, La Habana

 

A  tres meses o casi cien días de comenzada la transición, si alguna modificación sobre el gobierno quiso  hacer el sucesor, general Castro, éstas se han visto imposibilitadas de amplificarse por estar atenazadas por varios grupos de poder que pujan en sus direcciones respectivas para aumentar su ascendencia de cara a los nuevos tiempos.

 

Aunque en lo personal no creo en las intenciones reformistas de la actual élite comunista.  El ejemplo de las pocas intenciones de reforma está en que dieciocho días después de haber sido nombrado, para mantener la “dictadura del proletariado” en Cuba, el general Castro, compareció por primera vez ante la prensa, con un sonado discurso militarista, de constantes alusiones armadas como: jefe, puesto de combate, enemigo, derrota, fusiles, tropas, milicianos, reservistas, guardia, firmeza.

No obstante, me suscribo a la tesis de que el actual escenario tiene tan pocas salidas que es necesario hallarle alguna, y cualquiera que sea pasará por un poco más de libertad económica y política para la sociedad cubana.  Esa es la tarea que debe remontar el General Castro.

Los grupos de presión que accionan en el escenario cubano, pueden ser identificados como: la misma imagen del Dr. Castro, los militares (empresarios - represores), los talibanes y los conservadores, así como un segmento minúsculo de los grupos pro democráticos.

El primero  en  presionar e influir sobre el General,  es el propio hermano, quien enfundado en su eterno traje de caudillo y, a través de la “Declaración al Pueblo de Cuba”, no sólo señaló a su hermano como sucesor; sino que le indico cómo debe continuar el trabajo provisionalmente; además, señaló a sus cófrades, quizás por la desconfianza de que, con un hermano menor con todos los poderes, él podría no salir nunca más de su postración; quizás, para enzarzar aún más en la pelea definitiva a las facciones dentro de la élite comunista y que su presencia prevaleciera otro segundo.  A lo anterior se le suma sus puntuales comparecencias en los medios de comunicación.

Otro ejemplo de estas presiones es la maniobra de comunicación, diseñada por los “Talibanes”. En ella, Itimaratí y el mismo presidente del Brasil, aparecieron como “tontos de capirote”, repetidores ingenuos del sistema de inteligencia cubano. Los asesores brasileros pusieron en boca de Lula da Silva una información tendenciosa, y a corroborar, sobre la muerte o mayor gravedad no confirmada del enfermo. 

Luego que los medios de comunicación y la opinión publica internacional quedaran atrapadas en la emboscada informativa, los “talibanes”, en una excelente maniobra de relaciones publicas se encargaron de desmentir de manera contundente los rumores, presentando al desmejorado, nada más y nada menos que un sábado en horas de la tarde. De esta manera, el desmentido se amplificó y además se mantuvo en el aire durante varios días. 

Más allá de la farsa política a las que nos tiene acostumbrados el Dr. Castro, este caso constituye otro de los mecanismos de presión sobre el General, y probablemente, debido al deterioro evidente de la salud del hermano, es la maniobra perfecta de los talibanes, empeñados en ganar tiempo para crecer dentro del espacio político comunista, mientras agitan cada cierto tiempo y con previos juegos de opinión, la deshilachada bandera que representa el Primer Comunista.

Además, los talibanes avanzan, presionando a través de la República Bolivariana de Venezuela y su liderazgo. Toman como punto de partida el desencuentro y la poca química que existe entre el General y el Teniente Coronel y a la influencia que tienen los jóvenes fundamentalistas en los proyectos de cooperación entre los dos países, como la misión milagro, y la presencia de estudiantes venezolanos en Cuba, así como los miles de profesionales cubanos que se encuentran en el país suramericano.

Sin embargo, quizás sean los conservadores los que estén marcando el liderazgo, por número y peso específico, en la asunción de los beneficios del poder.  Esa tendencia la definieron antes de “la declaración”, con la reincorporación a la estructura comunista, del subsistema del Secretariado del Comité Central, como un mecanismo de filtro para la aplicación de las directivas del Buró Político. 

De esta manera, los conservadores llevaron a esta “ordenación”, a un grupo de burócratas ineficientes y fieles, mientras se deshacían de un posible lastre. Los ascendidos son los encargados de interrumpir el paso a cualquier elemento modernizador, que se esté articulando o desplegando dentro de la elite.

Como elemento de análisis podemos incorporar,  que el tipo de fechoría por el que se juzgó y sentenció a uno de sus miembros (Robinson Agramonte), es bastante común en la Isla, por lo que la solución expedita que se le dio al conflicto legal y partidista fue ideal, para no llegar ni a la verdad ni a la justicia.  A partir de ese criterio, no es desechable la idea, de que Machado Ventura y su grupo sacrificara uno de sus peones en el “Buró”, con tal de obtener un silencioso control del “Secretariado”.  

Como rezó el diario Granma en su momento, “el Secretariado”, será el encargado de organizar y asegurar la ejecución y cumplimiento de sus acuerdos; pero además, y ésto es lo más importante, será el encargado de aplicar la política de cuadros (renovación de líderes) tanto en el Partido como en la sociedad. Esto último se entiende como el control de las promociones y aprobación y rechazo de los dirigentes dentro del Partido y del Gobierno. A todas luces, una plaza muy codiciada en las organizaciones totalitarias.

Con este dominio sobre el aparato burocrático del segmento conservador, es probable que se rompa el equilibrio y permita reajustes de fuerza dentro de la élite del Gobierno. Se puede apreciar así, al designar al ministro de Transporte y al secretario general de la Central de Trabajadores de Cuba (CTC).  Es por eso que algunos analistas se inclinan a pensar que el nombramiento de Sierra Cruz tiene que ver con la intención de los “conservadores” de controlar, además del Partido, la administración de los créditos bancarios y otros medios que debe asumir el Estado cubano en los próximos meses; mientras que Valdés Mesa, el “líder sindical” permite mantener el control de la burocracia partidista sobre la organización obrera.

Un movimiento inadvertido ha sido el de los militares (empresarios – represores), quienes se han acercado en los últimos meses para establecer un bloque unido para apoyar, luego de negociación, al que salga vencedor de las disputas entre los diferentes grupos de los civiles.

Los “represores” han disminuido el nivel de violencia articulado por las organizaciones armadas, y se dedican a desarrollar la represión contra los demócratas, a través de fanáticos revolucionarios, encargados de realizar los Mítines de Repudio y golpizas aisladas, mientras ellos se dedican a realizar lo que llaman “profilaxis”, y que consiste en detenciones de pocas horas y deportaciones a la provincia de residencia.

Por su parte los “empresarios” han sostenido la tendencia de fusionar empresas para ponerlas bajo su mando, como en el caso de Almacenes Universo y Caracol desde el año pasado y que en estos días suma a Havanatur, que pasó de CIMEX al ministerio de Turismo, así como el cambio de nominación de Publicitur.  

En la acera de enfrente, la mayoría de los grupos democráticos mantienen una política de “bajar el perfil y aumentar el horizonte”. Esto les permite organizarse y crecer a la sombra de los eventos; mientras, otro grupo, encabezado por la Asamblea para Promover la Sociedad Civil, se encarga de calentar la situación. Esto lo hace “la Asamblea” sin tener la suficiente capacidad de convocatoria a nivel social, sin construir consensos a nivel organizacional y estimulando las respuestas más negativas del régimen (tendientes al incremento de la violencia a través de los mítines de repudio, las golpizas y las detenciones arbitrarias contra los demócratas de manera aislada).

Entre las incapacidades de la “Asamblea”, está la de medir, en competencia política, cuál es su verdadera fuerza, y la de establecer estrategias que, conjuntamente con otras organizaciones pro democracia y los reformistas del partido comunista, puedan impulsar a las reformas que necesita el país.

Aunque muchos cubanos prefieren que el provisional Jefe de Estado, dirija sus próximos movimientos públicos  y privados hacia temas económicos, de liberación de presos políticos y de tolerancia social, ya que esto le permitiría buscar apoyos internacionales y consensos internos para crear nuevos escenarios, su actual discurso es entendible, no justificable, dentro del cúmulo de presiones, muchas veces contrapuestas, a la que se ve expuesto; y al ánimo político ultra conservador de buena parte de ellas, sobre la base del inmovilismo y la sucesión dinástica; además del intento de mantener cierta cohesión dentro de la Isla, ante el peligro real e inminente de desmoronamiento del Estado.

Como sabemos, la posibilidad de la implosión del Estado cubano se fundamenta en su debilidad, debido al extremo grado de pobreza de la población, la violencia política y social y el descrédito de las instituciones publicas, que tributan ante él y ahora también al desarrollo de fuerzas centrífugas que se están desatando dentro de la élite comunista.

 

 

 

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