Cubanálisis El Think-Tank

ARTÍCULO ORIGINAL PARA EL THINK-TANK DE CUBANÁLISIS

                                                    Iván César Martínez, Kinsgton, Jamaica

 

 

 

 

 

Cuba: Poder, Racismo y Democracia

(Un análisis del histórico “problema blanco”)

 

En Cuba, desde hace 500 años, tenemos un problema blanco. Este problema  ha hecho más difícil la posibilidad de lograr, para todos los cubanos, una verdadera integración nacional, basada en la equidad, la justicia social, la tolerancia cultural y el desarrollo armónico de la sociedad cubana.

 

Este problema blanco se hizo ferozmente patente durante las guerras por la independencia de Cuba contra España y luego en la primera República, a saber: a través de la Gran Guerra de los Diez Años, en la llamada Guerra Chiquita, también en la última Guerra por la Independencia inspirada por José Martí, y en 1912 en la masacre contra los independientes de color conocida como Guerra Racial o Guerrita del 12.

 

En todos estos loables esfuerzos por lograr una Cuba libre, racialmente integrada, con igualdad y equidad para todos los cubanos, independientemente del color de su piel, sus ancestros étnicos, sus orígenes nacionales o su “raza”, el problema blanco se interpuso como un escollo fatal, desunitario, desintegrador y anti-cubano.

 

Comoquiera que se mire o se desee analizar, el problema blanco ha retrasado por muchísimos años, el desarrollo humano, social, interpersonal, cultural, científico y  democrático del país, sin lugar a  dudas, ha perjudicado sensiblemente el desarrollo económico de Cuba.

 

El problema blanco puede ser definido como la concepción ideológica, generalizada entre la población blanca cubana, de que sólo las personas de esa “raza”, tienen la legitimidad, la sapiencia, la autoridad y el derecho natural (tal vez crean que dado por la Divinidad) de ser los dueños absolutos del poder en Cuba, el no tener que compartirlo jamás con las personas de piel oscura, y ser de por vida los guías supremos del resto de la población no blanca de la isla, personas estas que deben sentirse orgullosas, agradecidas y felices de ser permanentemente controladas, coercionadas y dirigidas por cualquier élite blanca que esté en el poder, sea cual fuere, el credo político que sustente.

 

Los cubanos blancos supremacistas lo son por militancia o por convicción, productiva conveniencia, o por una cómoda indulgencia plagada de ignorancia. Todos ellos suscriben la ideología de supremacía blanca como un acto natural, y por tanto, su accionar cotidiano está condicionado por sus convicciones sobre las “razas” y la posición que las mismas deben ocupar dentro de una sociedad multi-racial como la cubana.

 

El problema blanco también reside en que un alto por ciento de los cubanos adscritos a la “raza blanca” (creyentes en el blanco-supremacismo o ideología de supremacía blanca), y entre ellos incluyo a todos aquellos que pretenden serlo a través del proceso de co-optación racial, se horrorizan cuando surge el tema raza, racismo y discriminación racial. La primera reacción es la de evadirlo, y si no pueden, entonces tratan de minimizarlo y en muchas ocasiones obliterarlo.

 

Durante el desarrollo de este, para ellos, peliagudo tema, la mayoría de los criollos supremacistas, asumen una posición defensiva-agresiva. Esta parcial agresividad se manifiesta acudiendo a los sofismas de autoridad, los cuales son utilizados como parte de la defensa, al no tener razonamientos lógicos y argumentos válidos sobre el tema en cuestión.

 

Cualquiera podría preguntarse, ¿por qué esta actitud? Y la respuesta salta a la vista. Lo que realmente sucede es que la mayoría de los blanco-supremacistas no están interesados, en lo absoluto, en el tema racial de su país,.y piensan que con negarlo o desestimarlo el asunto no existe, o que de existir debe quedarse como está, lo cual les resulta más cómodo y sobre todo, conveniente.

 

Además, suelen tener una percepción muy subjetiva o peculiar sobre las relaciones inter-raciales de Cuba, por cuanto con gran ligereza y naturalidad tienden a decir  que en nuestro país nunca ha habido racismo propiamente dicho, pues jamás, ni antes de 1959, ni después, el conjunto social negro-mulato de la isla, ha sido  víctima de segregación racial o de las atrocidades que se cometían contra los negros en los estados sureños de Estados Unidos, y que lo que ha existido y existe en Cuba pudiera calificarse como un “racismo benigno”, “natural”, “pasable”, “irrelevante”, si se le compara con el norteamericano. Aquel si era racismo, se llenan la boca al decirlo.

 

Muchos, en su negativa a admitir el hecho del racismo, acuden a las relaciones inter-personales existentes en Cuba, como un ejemplo de su inexistencia. Entiendo necesario una vez más subrayar  que el racismo puede coexistir sin problema alguno con unas (aparentes o reales), relaciones interpersonales entre personas de diferentes “razas”, tanto en el plano de la amistad como relacionándose en actividades sociales como fiestas, bautizos, cumpleaños, incluso en la creación de parejas bi-raciales. Y esto es así por cuanto las relaciones interpersonales (lo admitan los más abiertos o las  rechacen los más recalcitrantes), no ponen para nada en peligro lo más fundamental, a saber, el control de todos los poderes de la sociedad por parte de la élite blanca, incluida la ideología rectora de supremacía racial.

 

Ya se ha demostrado sociológica y filosóficamente, que el grupo social o racial que controla el poder de forma absoluta, posee por tanto el control monopólico de los conocimientos. Por tanto el control del poder y los conocimientos se complementan y necesitan el uno al otro, y ambos de conjunto construyen y manipulan lo que se debe saber, los conocimientos que debe aprehender la sociedad en su conjunto, y también crean la conciencia social, la cultura y el discurso dominante en la sociedad. 

 

Este alto porcentaje de cubanos blanco-supremacistas (tanto dentro como fuera de Cuba), se han olvidado, o simplemente, no saben,  que  no existen ni han existido jamás racismos duros, ni blandos, ni soportables, ni naturales, ni paternalistas. El racismo es uno sólo, y siempre persigue los mismos objetivos, independientemente de la forma en que superficialmente se manifieste.

 

El asunto reside en que el RACISMO sólo puede establecerse, funcionar y perdurar, cuando el grupo racialmente privilegiado de ha adueñado de  los medios imprescindibles para construir una ESTRUCTURA ESTABLE DE PODER RACISTA. 

  

Esta ESTRUCTURA DE PODER RACISTA  se afinca en el control absoluto y reproducción permanente: del poder político, el poder económico, el poder cultural, el control de las leyes que se promulgan, de los tribunales, de las cárceles, de las diversas policías y fuerzas armadas, de los esquemas publicitarios, de la prensa escrita, radial y televisiva, de la educación  y del discurso ideológico que se impone desde ese poder compactado, a toda la sociedad.

 

Por lo tanto, el racismo es un acto consciente (ideológico), de preservación y defensa permanente de los  privilegios raciales que un grupo racial (el blanco español en el caso de Cuba) obtuvo en un momento dado de la historia del país, al imponer su dominación y hegemonía.

 

Es decir, el racismo, no surge por azar, ni por un hecho natural, ni tampoco por una actividad del inconsciente humano, sino por sistémicos y sistematizados actos de violencia suprema, bien planificados, cuyo objetivo es  rendir por la fuerza bruta, y luego, someter ideológicamente a los que a la postre se convierten en  sus víctimas.

 

Es por ello que el racismo no es más que una construcción socio-política, una construcción humana que se realiza por y desde el poder y para la preservación de ese  poder, y que se pone en marcha, y se estructura, a través de la violencia, y se mantiene por la violencia. De ahí que el racismo siempre haya generado (y ese también es el caso de Cuba) una poderosa Cultura de Resistencia contra la opresión racista, que en nuestro país comenzó con las  rebeliones de esclavos, el cimarronaje, los palenques, las constantes conspiraciones de esclavos, primero solos, y luego, también con negros y mulatos libres, e incluso, con estos y la participación de blancos progresistas, no supremacistas, (recordemos solamente, los casos de Aponte y la conspiración de la Escalera), así como la impresionante incorporación de negros y mulatos a las tropas mambisas y a las conspiraciones contra el colonialismo español, durante todo el período histórico de 1868 a 1898.   

 

La Cultura de Resistencia se  manifestó de forma elocuente en favor de que se le hiciera  justicia a los preteridos mambises y a la población negro-mulata de la isla, entre 1908 y 1912,  y luego esa cultura ha proseguido de diversas formas y  maneras  hasta llegar a  nuestros días.

 

Cabe recordar, a modo de destacar el problema blanco que estamos tratando, que el racismo en Cuba fue construido a partir del siglo 16 por el imperio colonial español. Los colonialistas, a sangre y fuego, cometiendo todo tipo de salvajismos, incluyendo el genocidio, construyeron una estructura de poder piramidal, mediante la cual los peninsulares (los españoles nacidos en España) se convirtieron en los privilegiados y beneficiarios de la estructura de poder racista, la que primero ejercieron contra las etnias de aborígenes que existían en Cuba (siboneyes, guanajatabeyes y taínos), luego contra los africanos esclavizados, y más tarde contra negros y mulatos libres.

 

La construcción de ese poder colonial-racista se realizó por la fuerza de las armas, la coerción, la intimidación  y la violencia hacia los grupos raciales a los que  subordinaron..

 

La estructura colonial de poder fue racista e ideológicamente blanco-supremacista. Sus concepciones euro-céntricas no fueron impuestas desde el poder para aculturar a sus víctimas, sino para someterlos ideológicamente, es decir, desenraizarlos y desculturarlos a nivel de la conciencia., con el objetivo de crearles un síndrome de inferioridad permanente.

 

Con la mira puesta en la creación del síndrome de inferioridad permanente dentro de los grupos raciales subordinados,  la ideología racista de supremacía blanca  construyó para su beneficio, como si fueran verdades universales, conceptos absolutos como los siguientes: todo lo genuinamente bueno, justo, universal, noble, hermoso, sabio, culto, bello, civilizado, inteligente, lógico, racional, humanista, trascendental y por supuesto cercano a Dios, provenía de la “raza” blanca representada por los  peninsulares, y por extensión, provenían de la Europa blanco-occidental-cristiana.

 

Esa misma ideología racista construyó también conceptos universales y absolutos de lo diametralmente opuesto a las virtudes peninsulares euro-cristianas, inculcando en los cubanos la idea de que todo aquello que proviniera de los grupos racialmente controlados y subordinados (incluyendo sus aspectos físicos) era malo y totalmente contrario a las virtudes blanco-europeas. Es decir, que se les debía considerar y tratar como seres inferiores, semi-humanos, salvajes, ateos, sin inteligencia e incapaces de valerse por sí mismos,  por lo que, sin dudas, habían nacido para ser esclavos, o simplemente para ser manejados en la subordinación. Pero nunca permitirles ejercer o compartir el poder.

 

Aunque parezca increíble, la actual estructura de poder existente en Cuba en 2010, metamorfoseada en fraseologías y consignas que no permiten ver la realidad fácilmente hasta que se penetra en ella, no ha cambiado casi nada desde la época en que el imperio español reinaba en la isla.

 

Desde la colonia hasta el dia de hoy ( antes, durante y a posteriori de las guerras de independencia contra España, en la república burguesa y  en el socialismo) el poder en Cuba ha sido un poder racializado, un poder blanco-depredador, que se nutre y se ha nutrido siempre, en lo material e ideológico, de los negros y mulatos cubanos, es decir, de aquellos que no pueden ser co-optados como miembros de la “raza” blanca.  

 

Este poder racializado, rehusa hoy dia, y ha rehusado siempre, la idea de compartir el PODER en igualdad de condiciones con los negros y mulatos de la isla, quienes supuestamente deberían ser sus compatriotas.

 

De todo esto que hemos dicho hasta aquí se desprende que el problema blanco de Cuba  no sólo ha retrasado, como dijimos antes, el avance y el desarrollo socio-económico de la isla, sino que, al aferrarse a la estructura de poder racista, la sociedad no podrá, por medios pacíficos y civilizados dar pasos firmes hacia la des-alienación, la igualdad, la democracia, la equidad y la  inter-culturalidad, y estaremos siempre bordeando el peligro de un desgarramiento o un enfrentamiento nacional sangriento.

 

Por otra parte, los supremacistas blancos, tanto aquellos que viven dentro como  los que viven fuera de la isla, en su pretensión de no  poner jamás en discusión el monopolio del PODER, ni querer ver el asunto racial relacionado con la posesión y control absoluto de ese PODER, ambos grupos del problema blanco (aunque aparentemente tienen contradicciones políticas antagónicas) coinciden, en bloque monolítico, que el problema racial en Cuba no es hoy, ni fue nunca antes,  algo de gran importancia, y que lo poco de racismo que existía, fue resuelto por Fidel, al haberles dado (a los negros y mulatos)  oportunidades que jamás habían tenido. Y todo esto se dice en ambas orillas del problema blanco, a pesar de que el propio Fidel Castro, en las poquísimas, esparcidas y brevísimas referencias que ha hecho sobre este cardinal y trascendental tema racial, se ha visto siempre obligado a reconocer la existencia del racismo bajo su gobierno.

 

Todo apunta a pensar que la fuerte corriente supremacista generadora del problema blanco (tanto dentro de Cuba, que es la que está .en el poder, como la que vive  fuera de Cuba) niega o reniega de su cubanía, al negarse rotundamente a afrontar y discutir abiertamente el problema racial de Cuba, un país multi-racial de casi 12 millones de habitantes, donde la mayoría de la población (aunque las estadísticas oficiales lo quieran negar) está constituida por personas del grupo racial negro-mulato.

 

MENOS DE TRES HORAS EN 51 AÑOS (superficialidad supremacista hacia el Racismo)

 

Cabe recordar, porque es significativo, que en estos 51 años posteriores a 1959. Fidel Castro, a su forma, estilo y manera de interpretar el racismo en Cuba,  nunca le ha dedicado a este tópico tan prioritario y vital un discurso completo, ni un escrito analítico, ni una sesión del Comité Central de su Partido Comunista.

 

Todo cuanto ha hecho Castro han sido breves referencias al tema (pinceladas y pequeños fragmentos) dentro de discursos políticos generales que ha  pronunciado.

 

En cuanto a la  Asamblea Nacional del Poder Popular, supuestamente el órgano legislativo del país, aunque actúe en la práctica como un Parlamento gomígrafo, es decir, que sólo acuña las decisiones del gobierno, en los casi 34 años que lleva de creado, los “representantes del pueblo” jamás han pronunciado una sola palabra sobre como andan las relaciones raciales en Cuba (si bien, si mal, si regular, si deben legislarse algunas cosas, si se han cometido injusticias o discriminaciones) y mucho menos han expresado  las posibles preocupaciones de “sus electores” sobre este asunto. 

 

Vale la pena subrayar también que en estos 51 años (hasta el 1ro de Enero de 2010) donde han habido 446,760 horas de vida, las referencias del líder cubano al tema racial (juntando todas sus intervenciones), no llegan al ridiculísimo tiempo de !!tres (3) horas!!. En este tiempo infinitamente pequeño, las referencias hechas por Fidel Castro han sido analizadas, desde el punto de vista de los prejuicios raciales históricos existentes en la conciencia  de los blancos cubanos, y en ningún momento, desde el punto de vista de la ESTRUCTURA DE PODER RACISTA-BLANCO-SUPREMACISTA, que nunca se ha cambiado, ni siquiera en algunos detalles, durante su ya exageradamente largo tiempo de mandato.

 

Raúl Castro, quién ahora representa públicamente a su hermano Fidel en el poder de la isla, (pues Fidel Castro sigue siendo el Jefe del Partido, el cual, constitucionalmente, dirige y controla todo en el país) al pronunciar un discurso en diciembre pasado en la Asamblea Nacional cubana le dedicó al asunto racial del país tal vez alrededor de 20 segundos. El tema racial fue ligado al tema de las mujeres, algo que en total no rebasó los 40 segundos. Y cito:

 

“…a pesar de que el 65 por ciento de la fuerza laboral técnica se compone de mujeres y que la ciudadanía forma un hermoso arco-iris racial sin privilegios formales de tipo alguno, pero subsisten en la práctica, como expresara Fidel en la clausura del Congreso Pedagogía 2003, que aún en sociedades como la de Cuba, susrgida de una revolución social radical, donde el pueblo alcanzó la plena y total igualdad legal y un nivel de educación revolucionaria que echo por tierra el el componente subjetivo de la discriminación, ésta existía todavía de otra forma. Fidel la calificó como discriminación objetiva, un fenómeno asociado a la pobreza y a un monopolio histórico de los conocimientos” y continuó diciendo “Por mi parte ejerceré toda mi influencia para que estos nocivos prejuicios sigan cediendo espacio hasta ser suprimidos y se promuevan a cargos de dirección a todos los niveles, por sus méritos y preparación profesional, a las mujeres y los negros” y luego subrayó “no se trata de dar un bandazo”.

 

Esta brevísima parrafada habla por sí sola, el supremacismo es más que evidente y la proyección más que clara, incluyendo la cita que hace de lo que su hermano dijo hace 7 años. Este nuevo discurso sobre el tema “racial” hecho por Raúl Castro engrosará el “abundante” material bibliográfico teórico anti-racista que los líderes cubanos han acumulado en más de medio siglo.

 

La  Conveniente “Confusión” entre Racismo y Prejuicios raciales

 

Como ya hemos visto, el racismo no es un problema cultural, tampoco un problema de conciencia o de prejuicios heredados del pasado colonial. Vale la pena recordar nuevamente que el racismo es una estructura de poder racializada, conscientemente construida y estructurada para reproducir y conservar los privilegios y la hegemonía de un grupo racial sobre otro u otros grupos raciales.   

 

De tal suerte, el racismo y la discriminación racial que le acompaña, solamente pueden existir debido a la  existencia de un  poder estatal racializado, único capaz de utilizar la fuerza, la coacción, la intimidación, contra el grupo o los grupos subordinados racialmente.

 

El Racismo y la discriminación racial sólo pueden ser ejercidos por quién o quiénes sustentan las riendas del poder o por aquellos que estén respaldados y/o consentidos por esa estructura de poder. Sin poder, y sin respaldo del poder, nadie, ni personal ni colectivamente como grupo, puede llevar a cabo una práctica sistemática de racismo y discriminación racial, por mucho odio u animadversión que  tenga contra los otros grupos raciales.

 

Sólo la fuerza del poder, el mismo que crea la ideología del discurso nacional y los conocimientos, que deben ser aprendidos por toda la población, es el que puede inferiorizar, subordinar y marginalizar a los grupos raciales no favorecidos dentro de la sociedad.

Por tanto, sin el respaldo de las estructuras racistas de poder, y sin la ayuda imprescindible que presta la ideología de supremacía blanca, los llamados racistas , por muy racistas que puedan ser, sólo tendrían prejuicios raciales. 

 

Los prejuicios raciales , como todos sabemos, son las opiniones negativas, los malos criterios, que las personas que creen en el racismo se han formado de antemano (pre-juicios) hacia el grupo racial o cualquier persona perteneciente a ese mismo grupo étnico.

 

Los prejuicios raciales por sí solos, y sin el respaldo material de la estructura racista de poder, carecen de los recursos necesarios para convertirse en poder excluyente o marginilizador.

 

Un ejemplo vivo de lo que hablamos lo constituyó la matanza de 1912 contra los miles de antiguos mambises negros y mulatos pertenecientes al Partido de los Independientes de Color (PIC), quiénes, como sabemos, reclamaban sus derechos civiles y políticos como ciudadanos cubanos y una cuota de poder para los afro-descendientes en la sociedad cubana post-independentista.

 

Las cabezas decapitadas de los dirigentes del PIC, que fueran paseadas por las calles de Santiago de Cuba en medio del jolgorio y el sangriento festín de los supremacistas (miembros del ejército y voluntarios blancos, cubanos y españoles) se produjo gracias al poder material (militar, policial, jurídico, legal y de convocatoria pública) que controlaba la estructura de Poder Racista del país. Estas decapitaciones, el terror generalizado que tuvo lugar contra toda la población afro-descendiente desde el Cabo de San Antonio hasta la Punta de Maisí, y toda la campaña ideológica anti-negra que desató a través de todos los medios de comunicación y propaganda,  constituyó la más acabada obra, y la más abierta, del racismo post independentista, y nadie en su sano juicio podría argumentar que todo eso fue realizado por los prejuicios raciales.

 

Es importante destacar que sólo desde el poder racista puede enmascararse o sublimizar la verdadera esencia del racismo. Sólo desde esta estructura de poder racializado pueden utilizarse los poderosos instrumentos materiales e ideológicos que son empleados a diario para ayudar a  reproducir la alienación, la dependencia y la subordinación de los grupos raciales discriminados y subordinados socialmente.

 

Sólo desde esta específica estructra de poder, se puede reprimir, de forma violenta y/o disfrazada, las contra-ideologías que desarrollan los intelectuales, estudiosos y activistas conscientes, pertenecientes al sector racialmente coercionado.

 

El problema blanco cubano se basa también en el aferramiento al poder y a las estructuras coloniales racistas, que tanto le han servido y siguen sirviéndole desde el siglo 16 hasta el presente siglo 21. De una u otra manera, la mayor pretensión de los supremacistas blancos es tratar  de seguir escamoteando la tragedia racial cubana, en aras de mantener la cohesión de su grupo racial privilegiado, para de esa forma seguir manteniendo el control absoluto de la sociedad.

 

Por otra parte, el problema blanco pretende esconderse detrás del concepto de cubanidad con el que soñaba nuestro apóstol José Martí (cubano es más que negro, más que mulato, más que blanco). Pero en realidad se tapan y se han cubierto con el concepto martiano. La cubanía, según ellos, les pertenece, y los demás (los otros), deben aún hacer muchas más cosas, obtener muchos más méritos y por muchísimo más tiempo (indefinidos años o siglos), para poder acceder a la cubanía que ellos han diseñado, construido, controlado, pintado y despintado, todas las veces que han querido.

 

El concepto de cubanía de los blancos problemáticos es algo así como MI YO ABSOLUTO CUBANO siempre arriba, debido a mi blanca cubanía, y el yo relativo de los otros (negros y mulatos) permanentemente abajo y subordinados, por no haber tenido el privilegio o pertenecer al monopolio de la blancura. Y piensan y actúan así, a pesar de que la verdadera cubanía y el acto de cubanía mas extraordinario de toda la historia de Cuba se expresó en la  Protesta de Baraguá, y esta acción de inmamente Resistencia y amor a la patria y la justicia humana fue realizada por el mulato Antonio Maceo en 1878.

 

De lo dicho hasta aquí es por lo que afirmamos que en Cuba existe, y ha existido, por cinco siglos, un problema blanco y no precisamente un problema negro, como los supremacistas han querido hacer ver por mucho tiempo. Las víctimas históricas, las que tanto han contribuido y luchado por su país en todos los tiempos y en todas las ocasiones en que ha hecho falta, son también las víctimas del racismo presente, ¿Cómo es posible que se les haya considerado un problema, o se les siga aún  considerando problema?

 

El problema fue invertido por los supremacistas, hayan sido estos independentistas, autonomistas, anexionistas, republicanos, democráticos, abecedarios, ortodoxos, falangistas o fidelo-comunistas. Viene ahora a mi mente el caso del Dr. Agramonte, uno de los más racistas-supremacistas que haya tenido Cuba, quién estuvo a punto de ser presidente de nuestro país en 1952 cuando sustituyó en la candidatura a su primo Eduardo Chibás, quién se había suicidado.

 

Agramonte no salió presidente por el Partido Revolucionario Cubano Ortodoxo (los Ortodoxos como se les llamaba popularmente), porque Fulgencio Batista dio un golpe de estado tres meses antes de las programadas elecciones generales. Este mismo Agramonte, en 1959, al triunfo de la revolución, fue ministro de relaciones exteriores y luego embajador de Cuba, antes de irse al exilio.

 

Desgraciadamente, en Cuba, durante todo el pasado siglo 20, las ideas  más reaccionarias, racistas  y totalitarias, han encontrado dentro de los supremacistas cubanos un terreno fértil. Desde las ideas nacional-socialistas de Hitler, el Falangismo de Primo de Rivera, el Neo-Fascismo de Juan D. Perón, las ideas del Lombrosianismo y las de la  Eugenesia, por citar algunas, han tenido muchos adeptos, y muchos “ilustres” nombres se han visto asociados a semejantes idearios.

 

Vale recordar que estos idearios arriba mencionados son precisamente aquellos que radicalmente se apartan de los hermosos ideales de la construcción de una nación unida, inclusiva, tolerante, anti-racista y democrática como la que querían Martí y los mambises.

 

Fernando Ortiz, quien por casi medio siglo fue uno de los principales ideólogos del racismo-supremacista en nuestro país, sufrió un proceso de  cambio intelectual luego de haber transitado mucho más de la mitad de su vida. En esa época de nuevas luces, Ortiz encontró fuerte oposición dentro de sus muy numerosos y hasta entonces, admiradores, pertenecientes a la élite blanco-supremacista.

 

En 1943, Ortiz (Por la Integración de Blancos y Negros, Ultra No. 77 ) dijo que el racismo en Cuba persistía y se encendía sin cesar por obra de aquellos que estaban movidos por sus ciegas codicias y despóticas incivilidades, y advirtió que si Cuba no quería hundirse en el caos social debía darle solución al racismo, debido a que al racismo alcanzaba a todos y era para todos una amenaza permanente.[1]

 

Ya entonces Ortiz reconocía el grave peligro que representaba la permanencia del racismo, y muy atinadamente hablaba de ciegas codicias, algo directamente vinculado al control del poder absoluto. Eran precisamente momentos, en que los negros y mulatos cubanos se agitaban por conseguir que se aprobaran las leyes complementarias a la Constitución de 1940, referentes al racismo y la discriminación racial. De haber sido aprobadas las referidas leyes complementarias a los preceptos constitucionales, Cuba hubiera dado un cambio muy positivo en el camino hacia una pronta solución del conflicto racial y la estructura racista de poder.

 

Las leyes complementarias nunca fueron aprobadas, debido a la oposición de los parlamentarios blanco-supremacistas, y quedaron en la Constitución unas bellas intenciones convertidas en cadáver y en recuerdos.

 

El Desmonte de la Estructura racista 

 

Mientras que en  Cuba no se desmonte y destruya la actual y ya muy vieja estructura de poder hegemónico racial y la ideología de supremacía racial  inmanente a ese poder, todo cuanto se hable o escriba por parte de los actuales líderes cubanos y sus cómplices ideológicos (de cualquier raza o color de piel), no será otra cosa que un gran engaño demagógico para seguir ganando tiempo y espacios, para continuar indefinidamente con las estructuras racistas y el discurso paternalista disfrazado de patriotismo y cubanía.

 

El mayor de los patriotismos sería comenzar desde ya (aunque fuera tardíamente) a desarrollar un programa de acción para erradicar la estructura de poder racista-blanco-supremacista. Ahí reside el contenido verdadero de la patria y el patriotismo.

 

¿Cómo es posible hablar de Patria y de justicia social y de igualdad social, si persiste una estructura de poder racista y una ideología racista dominante?

 

¿Cómo es posible que se critique el racismo con todas sus injusticias y destrucciones humanas  en otros países, cuando aún las más altas esferas del poder en Cuba están muy lejos de instrumentar o ayudar a los negros y mulatos cubanos  a crear una agenda propia para destruir el racismo, mientras hacen todo lo contrario reprimiendo a los luchadores anti-racistas?

 

Constituye una afrenta teórica imperdonable decir que 50 años no pueden contra 450 años de racismo, especialmente cuando intencionadamente se quiere confundir Racismo con Prejuicios Raciales, a sabiendas de que ambos son dos cosas distintas, y que lo que debe ser atacado directamente es el racismo y el poder absoluto que ejercen los miembros de la élite supremacista “blanca” enraizados  en el poder. 

 

Es importante señalar que un gran número de  ciudadanos cubanos considerados como blancos, (muchos de ellos no supremacistas), al no ser víctimas del aplastante peso del racismo y de  la exclusión social y del poder que ello conlleva, por motivos de su condición de blancos y su pertenencia al grupo racial dominante, aunque sean muy pobres, vivan en la marginalidad o sufran diariamente todos los problemas económicos y privaciones existentes en Cuba y padezcan la criminalización que el gobierno ha hecho de las libertades civiles y de  la lucha por esas  libertades; han sido tan enajenados por el histórico discurso racial supremacista, que encuentran un refugio a sus graves padecimientos  en su condición de ser blancos. 

 

Aunque estén lejos del poder real, intuyen, por el propio hecho de no pertenecer al grupo de exclusión y coerción permanente, que tal vez, algún día ese poder blanco-supremacista, al que teóricamente pertenecen, les de la posibilidad de escapar de su condición social, por ello sus vidas se desenvuelven dentro de parámetros psicológicos muy diferentes a los de los ciudadanos cubanos negros y mulatos. Desgraciadamente, la alienación de estos blancos humildes los empuja a no querer expresar abiertamente su solidaridad contra la injusticia racial..

 

Para los negros y mulatos no hay sueños, ni presentes, ni  futuros, de aspirar a compartir el  PODER con los supremacistas. Esa integración racial completa sólo podrá realizarse sin que exista el poder hegemónico blanco y su ideología de superioridad racial y control social. Su realidad existencial y el racismo y la ideología supremacista  que trata a cada paso de inferiorizarlos, humillarlos y marginarlos, esforzándose por reproducir su ya  gran parcela de marginalidad al impedirles como grupo la movilidad social, ha encontrado como su única solución para salir de su profunda alienación psicológica y social, encontrar el camino de su auto-liberación humana reforzando su identidad como grupo, hacerla valer de forma organizada  dentro de la sociedad y producir dentro de su propio grupo racial negro-mulato quiénes les conduzcan al camino de la liberación total, la cubanía bien expresada, la democracia real  y a  su inserción en el concierto mundial de los grupos étnicos que luchan por la humanización del planeta sin esquemas, doctrinas, ni los dogmatismos políticos de las doctrinas políticas contemporáneas, los hace desenvolverse dentro de parámetros psico-sociales de profunda alienación y desesperanza.

   

Es por ello que la lucha permanente por desmantelar la estructura de poder racista-blanco-supremacista dentro de la isla de Cuba debe constituir, para todos los cubanos interesados en la construcción de la nación cubana (de todas las ‘razas’), la tarea de primer orden que deben tener,  como si fuera una especie de Cruzada; sería el luchar resueltamente unidos, todos los anti-racistas cubanos por situar en el corazón del suelo  de la isla al  hombre y su dignidad humana.  

 

Esta lucha abarcaría no sólo el imprescindible fin del racismo, sino también la implantación perpetua de la igualdad, la equidad, la tolerancia y la nueva democracia humanista, entre y para  todos los cubanos.

 

CONCLUSIÓN

 

La politización del racismo es un  absurdo teórico y una aviesa maniobra ideológica de los supremacistas, para re-colonizar las mentes de las víctimas y perpetuarse en el poder. El racismo en Cuba ha estado presente durante el feudalismo-azucarero-esclavista de la colonia, a través de las diferentes etapas republicanas semi-democráticas-capitalistas, en los breves momentos democratico-capitalistas, y durante más de medio siglo de fidelismo-comunista.

 

Esto nos demuestra, y nos lleva justamente a pensar, que el Racismo está más allá de los sistemas y los credos  políticos, y que su solución no está en ningún sistema político en particular, sino en el desmantelamiento de una estructura de poder jerárquico-racial, que en nuestro caso es lo que ha sobrevivido más de medio siglo, luego de que una revolución, autoclasificada como muy radical, progresista e igualitarista en el plano social, llegó al poder.

 

Si en  Cuba desde 1959 se  hubiera comenzado a destruir  la estructura racista de poder, como unos cuantos líderes negros y mulatos pensaron hace 51 años atrás, hoy no tuviéramos que estar hablando sobre el PROBLEMA BLANCO, ni contra el Racismo, ni estuviéramos penetrando en  la necesidad  democrática que significa la eliminación de este tipo específico de tragedia humana.

 

Una visión socio-política genuinamente revolucionaria y humanista, en lo absoluto comprometida con la ideología blanco-supremacista, y con el apoyo de la gran mayoría del pueblo cubano, habría sepultado hace ya mucho tiempo todo el andamiaje estructural-político-ideológico del racismo colonializante que aún padecemos.

 

Desafortunadamente, durante la época en que la sociedad cubana nacionalizaba y confiscaba a diestra y siniestra y vencía militarmente a sus oponentes, los líderes del gobierno en vez de nacionalizar, confiscar o fusilar a la estructura de poder racista que seguía viva y activa, optaron por convivir con ella,  y apoyarse en esa vieja  dama indigna de poder racializado y hegemónico, a la que maquillaron como si fuera una jovencita quinceañera atractiva y soñadora.

 

 El fin del Racismo, además de cumplimentar un hecho histórico de justicia suprema, es una exigencia de la razón, que debe poner en conjunción y armonía a todas las fuerzas intelectuales, científicas y culturales de Cuba, en aras de implementar un discurso nuevo, nacional y  único, de la verdad, que sea capaz de hacer trizas los fundamentos ideológicos alienantes y depredadores que se han apoderado por centurias del imaginario de nuestro pueblo.

 

 Hoy día todo está mucho más claro, las confusiones y espejismos que fueron creados  entre los afro-descendientes  se van disipando, el camino a la esperanza se acorta,  y hay mucho menos espacio para que se pueda colar nuevamente la mentira, el engaño y la alienación.       

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[1] Fernando Ortíz , 1943, Por la Integración de Blancos y Negros, Ultra No. 77 pp. 69-76