Cubanálisis  El Think-Tank

   ARTÍCULO ORIGINAL EN EL THINK-TANK DE CUBANÁLISIS

 

                    Ileana Fuentes, Miami

 

 

 

 

                                                       

 

 

De Historia a Hystoria: ¿Y dónde están las cubanas?

 

En muchas ocasiones anteriores he señalado que como herederos y herederas de una cultura machista, hemos mutilado la Patria al sobredimensionar a los patriotas, obviando, frivolizando e invisibilizando a las miles de mujeres protagonistas que brillan por su ausencia en la narrativa historiográfica cubana.

 

Ya no vale esa bobería martiana de que el deber se hace más dulce cuando la mujer pone su abnegada mano -entiéndase: ab–negada-, y su respaldo en él, cual si ella fuera un ente angelical con varita mágica que, al decir del autor de La Bayamesa: “todo lo deja, todo lo deja” porque ese es su lema y su tradición. Basta ya de cursilería. Todos los cubanos debemos urgentemente exigir un mayor rigor y seriedad de nuestros llamados “historiadores”. 

 

De haber aprendido una Historia de Cuba equilibrada en términos de género que alimentara un respeto a la Matria,[i] y narrara la gestión multidisciplinaria de nuestras mujeres, quizás hubiésemos profesado una mayor pasión hacia la vida, hacia el individuo, hacia un “estado de derecho” aquél 1ro de enero de 1959.

 

De haber sido así, quizás el ruido de una consigna como “Patria o Muerte” hubiera repugnado tanto que ningún cubano o cubana hubiera permitido la debacle revolucionaria que ha causado la actual dictadura.

 

Quizás 4 millones de cubanos en la mayoría de edad hubieran tenido herramientas y elementos para aferrarse a una conciencia y a un proyecto de Matria y Vida, y no le hubiesen dado cabida a la delirante manipulación del “Patria o Muerte”. Los cojones de Maceo hicieron falta en un momento dado, al igual que hacer de Bayamo otra Numancia. Pero convocar a un país entero a la muerte raya en el delirium tremens que sólo puede darse desde una TESTERIA nacional.[ii]

 

Esa es la Cuba con caudillos donde la gestión del 50% de la población no ha contado, ni cuenta, y tampoco se cuenta… la Cuba donde el decir “las mujeres mandan” fue y sigue siendo una burlona mentira que hay que dejar de repetir.[iii]

 

Así las cosas, el pasado no podemos cambiarlo, sólo analizarlo y aprender de los errores. A los exiliados como nosotros, medio siglo después del derrumbe, nos queda solamente una alternativa: legarle a futuras generaciones de cubanos y cubanas el instrumental con qué diseñar y reconstruir una Matria mejor.

 

Este ensayo se nutre de los siguientes textos que pueden considerarse clásicos o de importancia en la reciente historiografía cubana a la que se tiene acceso fuera de Cuba.

 

Menocal y Cueto, Raimundo. Origen y desarrollo del pensamiento cubano (Vol. 2), La Habana, 1947

 

Báez, Vicente, Editor. Enciclopedia de Cuba Tomos IV y IX. Madrid y San Juan: Editorial Playor, SA, 1974

 

Portell Vilá, Herminio. Nueva historia de la República de Cuba. Miami: La Moderna Poesía, 1986

 

Suchlicki, Jaime. Diccionario histórico. Miami, 1986. (En inglés: Metuchen, NJ y Londres: Scarecrow Press, 1990)

 

-----Cuba, from Columbus to Castro and Beyond. Virginia: Brassey Inc, 1990 (5ta Edición en 2002)

 

Thomas, Hugh. Cuba: The Pursuit of Freedom. New York: Da Capo Press, 1988

 

Costa, Octavio. Imagen y trayectoria del cubano en la Historia Tomo I. Miami: Ediciones Universal, 1994

 

Carbonell Rivero, Néstor. Próceres. La Habana, 1928. Re-editado: Miami: Editorial Cubana, 1999

 

Antón, Alex y Roger E. Hernández. Cubans in America: A Vibrant History of a People in Exile. New York: Kensington Books, 2002

 

Fornés-Bonavía Dolz, Leopoldo. Cuba Cronología: Cinco siglos de Historia, Política y Cultura. Madrid: Editorial Verbum, 2003

 

Lo primero que hay que hacer con un libro de historia de Cuba es buscar los nombres femeninos, o el acontecer relacionado específicamente a las mujeres -como por ejemplo, el Movimiento Sufragista y el derecho de la mujer al voto- en el Índice.  Si la fecha 3 de febrero de 1934 no aparece en ese Índice, ese libro no sirve. Hay que botarlo a la basura.

 

Después de la fecha marcada [por España] para la abolición de la esclavitud -1888, aunque en Cuba se abolió en 1886-, y después de la fecha de la instauración de la Primera República -20 de mayo de 1902-, la fecha más importante de la historia de Cuba es el 3 de febrero de 1934.

 

Ese día, el presidente Carlos Mendieta firmó la ley de sufragio universal que concedió el derecho al voto al 50% de la población de Cuba: a las mujeres. Luego de más de medio siglo de luchas por obtener ese derecho, la mitad de la población de Cuba al fin logró pasar de su condición de no-persona a la de ciudadana con derechos políticos y civiles. Un libro que no le dedique al menos un largo capítulo a esa epopeya no vale la tinta en la que está impreso.

 

Repasemos la breve bibliografía anotada anteriormente para entender la dimensión de las omisiones:   

1.    1.- Nueva historia, de Portell Vilá, tiene unos 450 nombres propios en el índice, pero sólo 9 –el 2%- son de mujeres. Estos incluyen a dos esposas de caudillos – Mirta Diaz Balart de Castro y Elisa Godines de Batista-, a Vilma Espín de Castro, en el contexto de la Federación de Mujeres Cubanas, y a Celia Sánchez Manduley de quien se dice fue “compañera” entre comillas -o sea, amante- de Fidel Castro. Portell Vilá describe la Federación como “organización de delatoras al servicio del comunismo”, lo que, ideología aparte, es una irrespetuosa chabacanería en la que un historiador serio nunca debe caer.

2.     2.- La Enciclopedia de Cuba. El Volúmen IV, dedicado a la Historia, incluye un índice onomástico de 850 nombres; sólo 13 son mujeres, menos del 2%. Nueve nombres de entre los 13 pertenecen a las integrantes del coro de la Parroquia de Bayamo que en 1868 cantó por primera vez el Himno Nacional. También aparecen Isabel la Católica e Isabel I de Inglaterra. ¿No es “historia” también el acontecer de reformas legales que afectan primordialmente el desenvolvimiento de mujeres y niños -más del 60% de la población? ¿Cómo no reseñar que entre 1915 y 1940 las feministas cubanas adelantaron una agenda económica y social en beneficio de toda la Nación, sin precedentes en el planeta, que incluyó el derecho de la mujer a la propiedad privada, a heredar y establecer cuentas bancarias, a la potestad de sus hijos, al divorcio (1918), al trabajo -por encima del derecho de extranjeros- a la protección de la maternidad, a la protección de sus hijos naturales- liberados del estigma de la categoría “ilegítimos”, que fue logro de abogadas feministas- el derecho al aborto (1928), y finalmente al sufragio en 1934?  

3.     3.- El Volumen IX, dedicado a los gobiernos republicanos, contiene 2,200 nombres, y sólo 77 son femeninos, el 4%, y eso porque los autores decidieron incluir a las madres, esposas e hijas de presidentes. Ejemplo: la madre, las dos esposas y las cuatro hijas de Alfredo Zayas, suman 7; las dos esposas y las tres hijas de Batista suman 5; la madre, una hija y la segunda esposa de Carlos Prío, otras 3. Nada se habla en este tomo de la intensa organización política de las feministas de la primera mitad del siglo 20 que conformaron una docena de partidos políticos como el Partido Nacional Feminista, dirigido por Amalia Mallén de Ostolaza y fundado el 12 de diciembre de 1912, cuyo centenario celebramos este año; el Partido Sufragista, en 1913, y el Partido Nacional Sufragista en 1928. Ni se mencionan las muchas entidades cívicas -lo que hoy llamaríamos ONGs- en que militaron las mujeres para obtener reformas laborales, sociales y legales: la Asociación de Damas Isabelinas (1910); el Club Femenino de Cuba (1918); la Alianza Feminista (1928); el Lyceum (1930); la Unión Laborista de Mujeres (1930); y la Federación Nacional de Asociaciones Femeninas de Cuba (1921). Y tampoco se toca el hecho de que se celebraron tres congresos nacionales de mujeres en los años que precedieron la Constitución del ‘40: el primero en 1923, un segundo en 1925, y el último en 1939. 

4.     4.- Los dos libros de Suchlicki: Según nuestro amigo Jaime, en los 500 años que transcurren entre la era de Colón y la era de Castro existió en Cuba solamente una mujer mencionable: Vilma Espín. En 212 páginas, solamente página y media recoge un acontecer “femenino”: la Federación de Mujeres Cubanas. Su otro tomo -Diccionario- incluye un total de 244 nombres, tanto de individuos como de eventos o movimientos. Solamente 14 -el 6%- son de mujeres; la Federación se toca en 10 renglones; el tema mujeres, 20 renglones. 

5.     5.- Imagen y trayectoria del cubano en la Historia, de Octavio R. Costa cae en la misma categoría. El Volumen 1 contiene 978 referencias, de las cuales 36 -el 4%- son mujeres cubanas. Hay unas 13 adicionales, de no cubanas. ¿Cómo obviar que entre 1934 y 1940 fueron electas 2 senadoras, 3 alcaldesas y 15 diputadas a la Cámara de Representantes? ¿O que la Comisión Interamericana de Mujeres se funda en La Habana en 1928? 

6.      6.- Origen y desarrollo del pensamiento cubano de Menocal Cueto (Vol 2) no solamente hiere al incluir solamente a una mujer, ni siquiera cubana, la Reina María Cristina, sino que desfachatadamente altera la realidad de la Constitución de 1901 diciendo: “Conforme a las aspiraciones de la revolución de 1895, se aprobó por una mayoría abrumadora el sufragio sin limitaciones y así se consagraba en la Constitución para todos los cubanos mayores de veintiún años con excepción de los asilados, incapacitados, inhabilitados o pertenecientes a las fuerzas armadas.” Esa falsedad pone en duda la veracidad de los muchos otros datos y comentarios que hace el autor en este tomo. El sufragio no fue universal hasta 1934; la votación en la Constituyente de 1901 no logró el derecho al sufragio para las mujeres, a pesar de que la discusión sobre este tema, según varios delegados, fue de las más acaloradas. El voto fue 9 a favor, ¡y 19 en contra!  

7.     7.- Cuba: The Pursuit of Freedom de Hugh Thomas, en sus 1,600 páginas de texto no menciona el sufragio de nadie. Entre los logros que menciona sobre la presidencia de Carlos Mendieta, el sueldo mínimo y la autonomía universitaria meritan cada uno un párrafo. Pero nada del sufragio femenino. No obstante, Thomas está entre los mejorcitos. A pesar de que no se encuentran en su tomo ni Marta Abreu, ni Ana Betancourt, Emilia Casanova, Edelmira Guerra, Mirta Aguirre, Ofelia Domínguez, Ofelia Acosta, Magdalena Peñarredonda, Martha Frayde, María Luisa Dolz, o Mariana Grajales, sí están presente con mayor o menor detalle, Elena Mederos, Mirta Díaz-Balart, Hortensia Lamar, Tina Forcade, María Corominas, Evélida González, Olga Guevara, Violeta Casals, Enma Pérez, Edith García Buchaca, Vilma Espín, Celia Sánchez, Haydée Santamaría y Melba Hernández. [iv]

 

Thomas no dedica una sección a la Federación de Mujeres Cubana, y sólo la menciona como referente bajo Vilma Espín. Thomas también incluye a Paulina Alsina, secretaria del presidente Ramón Grau San Martín entre 1944 y 1948, y viuda de su hermano, el periodista Francisco Grau. Thomas cita al difunto Julio Lobo, el magnate azucarero, donde alega que Paulina y el presidente eran amantes, causa del suicidio de Francisco. Lo de siempre…  

8.   8.- Próceres, de Carbonell Rivero, adolece del mismo mal.  Sus casi 300 páginas recogen las vidas de 36 “patricios y repúblicos… luminarias… grandes hombres de la patria”. Eso, todos hombres. ¿Dónde quedaron Martha Abreu y Emilia Casanova, por mencionar dos luminarias con ovarios?

 

¿Qué decir de Martha Abreu, que no sólo fue mecenas de la Guerra del ‘95, y de muchísimas causas cívicas una vez instaurada la República, sino que fue delegada y principal negociadora en el “capítulo” de Francia del Partido Revolucionario Cubano y gestionaba, junto al puertorriqueño Don Emeterio Betances, una solución pacífica ante la inminente tercera guerra de independencia en la Isla? 

 

¿Y qué decir de Emilia Casanova?  Para la Guerra de los Diez Años, iniciada en 1868, Emilia Casanova recogió fondos en Nueva York y Nueva Orleáns, y rifó sus mejores y más valiosas joyas. Inició una campaña epistolar en pro de la independencia de Cuba, “a diversas personalidades de Charleston, Méjico, Yucatán, El Salvador, Guayaquil, Bolivia, Chile, Montevideo, Buenos Aires, Venezuela, Perú…”.[v]  Se carteó con Céspedes -que no la apoyó en su liderazgo neoyorquino-, con Garibaldi y Víctor Hugo; escribió desde 1869 hasta su muerte a favor de la independencia de Cuba. Fue la primera cabildera cubana en Estados Unidos, y visitó la Casa Blanca del entonces presidente Ulises Grant, y el Congreso de Estados Unidos a favor de la causa cubana, a nombre de Las Hijas de Cuba, que ella fundara en Nueva York en 1869. ¡¡Emilia Casanova es la precursora de todos los que hoy luchamos en Estados Unidos por la democracia y los derechos en Cuba!!

Desde su residencia en Hunts Point esta matancera organizó varios envíos de armas a Cuba, desde el muelle de su mansión, por el Long Island Sound, hacia el Atlántico con destino a Cuba. ¿Puede faltar esta mujer en los libros de Historia de Cuba?  Y todo esto al tiempo que reescribía la Cecilia Valdés de su marido, Cirilo Villaverde, lo que, para la historia literaria, la hace co-autora de la insigne novela. 

9.- No por ser un libro cubano-americano, incluso escrito en inglés y con enfoque “americano” Cubans in America, de Antón y Hernández, pasa la prueba de fuego. Unas 245 entradas onomásticas -y unas 15 temáticas como las artes, la publicidad, el activismo político en las que se menciona a cubanas-, solamente logra 29 nombres, 3 de ellos de no-cubanas (como Lucille Ball y Janet Reno). Un porcentaje un poquito más alto que los libros mencionados anteriormente, el 12%.  Cabe mencionar algo aquí [que voy a ampliar más adelante] y es que la ficción a veces pasa a integrar las filas de la realidad. En el índice de Cubans in America aparece el nombre “Cecilia Valdés”. Es como si se incluyera a Mamacusa Alambrito, o a Vitola, la que se defiende sola.  

10.- El Índice onomástico de Cuba Cronología… de Fornés-Bonavía Dolz contiene cerca de 2,300 nombres, de los cuales 122 son de mujeres, aproximadamente un 6%. De estos, hay una docena de mujeres extranjeras. Es interesante señalar que abundan en la lista las cantantes y las escritoras. No por despreciar la cultura en ninguna de sus manifestaciones, pero ¿dónde quedaron las tres delegadas a la Asamblea Constituyente del ’39 -la doctora en ciencias Alicia Hernández de la Barca, la farmacéutica Esperanza Sánchez Mastrapa, y la abogada María Esther Villoch Leyva… para citar sólo un ejemplo?

Debo señalar que en los muchos datos que este libro recoge para el año 1912, ninguno refleja la fundación del Partido Nacional Feminista. La sección del año 1912 sí recoge datos sobre la guerra racial cuyo centenario también se observa este año. El dato de muertes entre los independientes de color en Oriente se fija en 3,000, a pesar de que otras fuentes calculan en 6,000 la matanza de afro-descendientes en Oriente, sin contar los asesinatos de negros y mulatos en el resto de la Isla.

 

Entonces: ¿Cómo insertamos a las cubanas en la Historia de Cuba? ¿Cómo las insertamos para documentar su presencia y su gestión personal y colectiva, en apoyo a las buenas causas políticas de otros países, desde la época colonial; en las tres guerras de independencia durante el siglo 19, tanto en la manigua, como desde el activismo en el exterior; en el movimiento abolicionista; en la organización de partidos políticos; en las múltiples reformas legales a partir de 1902; en modernizar la educación, la salud pública y los servicios sociales; en la gestión en pro del sufragio femenino; en el periodismo, la cultura y las letras; en las luchas en pro de la democracia, y en contra de todas las dictaduras -la de Gerardo Machado, la de Fulgencio Batista, la de Fidel Castro, y ahora la de Raúl Castro; en la campaña de alfabetización de 1961, que era época aún de apoyo masivo a la nueva revolución; en el presidio político de todos los tiempos, y muy especialmente en el que se inicia con el período revolucionario en 1959, y que vio a mediados de los sesenta a unas 7,000 presas políticas, y que cuenta con la ignominia de 13 cubanas fusiladas en el Paredón[vi];  en posibilitar el éxodo y la adaptación de miles y miles de refugiados, y en el éxito social, cultural, económico y político del Exilio actual; en las múltiples ramas del saber y de la investigación dentro y fuera de Cuba; en la lucha por las libertades civiles y los derechos humanos?

 

¿Cómo? Pues ante todo, hay que ser radical. Libro de Historia que no mencione un mínimo elemental de datos que documenten la gestión y participación de las cubanas en la Historia de Cuba, desde Guarina de Hatuey hasta Laura Pollán de las Damas de Blanco, hay que catalogarlo de DESINFORMADOR, por tanto INSERVIBLE, y botarlo a la basura.

 

Para ilustrar que mi radical planteamiento es perfectamente posible, les refiero a seis libros básicos, cuyo contenido comprueba que la Historia de Cuba que aprendimos todos nosotros, y todas las generaciones anteriores, es inexacta, incompleta y falseada. ¿Por qué? Porque esa historia excluye por completo la gestión de las mujeres, y por tanto, no contribuye a una apreciación integral o equitativa de la identidad nacional o del acontecer político, social o económico de la Nación cubana. Los seis libros son (en orden cronológico por fecha de publicación):

 

Stoner, K. Lynn. From the House to the Streets: The Cuban Woman’s Movement for Legal Reform, 1898-1940 Durbam, NC: Duke University Press, 1991. Publicado en español por Editorial Colibrí con el título De la casa a la calle.

 

Fuentes, Ileana. Cuba sin caudillos: Un enfoque feminista para el siglo 21. Princeton: Linden Lane Press, 1994;

 

La mujer cubana: Historia e infrahistoria 1882-1973. Miami: Instituto Jacques Maritain de Cuba y Ediciones Universal, 2000;

 

Molina, Antonio J. Mujeres en la Historia de Cuba. Miami: Ediciones Universal, 2004;

 

González Pagés, Julio César. En busca de un espacio: Historia de mujeres en Cuba. La Habana: Editorial de Ciencias Sociales, 2005;

 

Alzola, Concepción Teresa. Trayectoria de la mujer cubana. Miami: Ediciones Universal, 2009.

 

Un dato interesante: el primer libro que se escribe sobre historia de las mujeres en Cuba en el extranjero es el de la Dra. Lynn Stoner, académica norteamericana que tuvo acceso al Archivo Nacional de Cuba por motivo de su tesis doctoral, y pudo investigar datos no difundidos hasta el momento.

 

El primer libro dentro de Cuba que se escribe sobre el mismo tema lo hace un hombre -un muy valiente cubano feminista (Julio César González Pagés)- que se ha forjado un espacio intocable como académico en la Universidad de La Habana con su Red Interamericana de Masculinidades, y que en estos momentos recorre la Isla celebrando el centenario del Partido Nacional Feminista y recuperando la historia feminista de Cuba.

 

Alzola anuncia en su Advertencia Preliminar, que ha seguido las normas implantadas por las feministas de eliminar toda filiación de la mujer por los hombres de su familia, ya que la mujer no es propiedad de su marido, y aunque lleve el apellido paterno, tampoco es propiedad de padres o hermanos.

 

Yo añado que es importante recopilar y narrar los logros y méritos de las mujeres como individuos, como seres humanos independientes y soberanos, y no abordar bajo su nombre los logros, méritos y relaciones del resto de su familia, sobre todo de los hombres de la familia. Ese detalle -hablar de toda la parentela masculina de una mujer y asumir que con ello se reseñó su biografía-  es lo que hace del extenso y lamentable volumen de Antonio Molina un ofensivo -y carísimo- desacierto, a pesar de los muchos datos que aporta, y que indiscutiblemente le servirían de pista u hoja de ruta a cualquier historiador.

 

El tomo de Molina comete el mismo error -en mayores proporciones- que el de Antón y Hernández. Aquí, entre docenas de nombres de mujeres no-cubanas, de información incompleta y superflua, y de personajes literarios o de la cultura popular que son parte de la ficción, también aparece Cecilia Valdés.

 

Sobre el libro de Concepción Alzola, es obligatorio recomendarlo. En su libro no queda puerta por tocar: esclavas, prostitutas, cortesanas, benefactoras, primeras damas, mecenas, mártires, mambisas, abolicionistas, sufragistas, exiliadas del siglo 19; feministas, educadoras, literatas, poetas, novelistas, ensayistas, activistas políticas, periodistas de todos los medios, bibliotecarias, teatristas, diseñadoras, bailarinas, músicas, compositoras, científicas, médicas, dentistas, enfermeras, investigadoras, farmacéuticas, arquitectas, ingenieras, aviatrices, militares, deportistas, abogadas, políticas, líderes cívicas, religiosas, anarquistas, masonas, empresarias, sindicalistas, líderes obreras, exiliadas del siglo 20, presas políticas.

 

En Alzola está la obra de consulta a partir de la cual los y las historiadores del futuro podrán escribir una nueva Historia de Cuba. ¿Cómo, entonces, podemos seguir aceptando que se hable de “una mujer cubana llamada Cecilia Valdés”, o sólo de “un coro de parroquia”, o que se desmeriten los logros de las mujeres, aún los de nuestras adversarias ideológicas, con el “San Benito” venenoso y pendenciero de “la parienta”, “la amante” o “la querida”?

 

La nueva Historia de Cuba hay que escribirla con Y:   H  Y  S  T  O  R  I  A, derivación de la palabra hysterium, del griego “útero, matriz”. (La palabra “histeria” sinónimo de arrebato es un invento machista de Sigmund Freud, que era un misógino profesional). En inglés las feministas utilizan el término Herstory; el idioma se presta. Pues nosotras las cubanas, que hablamos español, debemos en el futuro reclamar que la Historia sea HYSTORIA, con Y… y que nos siga en esta cruzada el resto de las mujeres de este mundo. [vii] 

 

Las cubanas hemos sido punta de lanza en el mundo iberoamericano, e incluso desde la Isla hay diversos movimientos desde el periodismo cibernético que involucran a sus contrapartes en el exterior en la lucha por darle visibilidad a la gestión femenina en sus respectivos países.

 

Les dejo con mi lema: SIN CUBANAS no hay Hystoria.  SIN CUBANAS, no hay país.

 

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[i] De Patria a Matria. Conferencia dictada por la autora en la Universidad de Miami, 1999 y publicada como parte del      Occasional Papers Series del Instituto Superior de Estudios Cubanos –hoy el ICCAS- de la Universidad de Miami. 

[ii] Testeria: término acuñado por la feminista norteamericana Julia Loesch en 1972, definido como: “La habilidad de la clase gobernante masculina de causar catástrofes planetarias con gran eficiencia, calma y madurez”.  

[iii] Frase pronunciada por el presidente Ramón Grau San Martín (1944-1948), del Partido Auténtico de Cuba. 

[iv] Marta Abreu, delegada en Francia del Partido Revolucionario Cubano, mecenas de la causa de la independencia, y filántropa en la República, sobre todo en su natal Santa Clara.

  Ana Betancourt, delegada suplente en la Asamblea de Guáimaro (1868) y primera persona que habló de los derechos de la mujer en un contexto político y público.

  Emilia Casanova, ya mencionada.

  Edelmira Guerra, activista y feminista, por la independencia, que en 1897 propuso el primer tratado sobre los derechos civiles de las mujeres, con vista a la independencia.

  Mirta Aguirre, pensadora y política de la Cuba de los años ’30, ’40 y ’50 y en adelante; miembro del Partido Comunista de Cuba desde 1932; eminente académica y profesora de la Universidad de La Habana.

  Ofelia Domínguez, feminista radical, abogada, fundadora de varias organizaciones feministas en Cuba; delegada de Cuba a la UNESCO en los años ’50 (junto a Elena Mederos).

  Ofelia Acosta, galardonada escritora, novelista y feminista de los años ’30 y ’40; entre las principales de su generación.

  Magdalena Peñarredonda, conocida como “La Delegada”, veterana de la Guerra de Independencia de donde egresó con grados de Comandante del Ejército Libertador; feminista y periodista. Escribió a principio del siglo 20 que el primer feminista de Cuba había sido el norteamericano Leonard Wood.

  Martha Frayde, médico, miembro del Partido Ortodoxo, y luchadora contra Batista; embajadora de Cuba en la UNESCO hasta finales de los sesenta, cuando quiso romper con el gobierno de su amigo y colega Fidel Castro; fue prisionera política durante 3 años; por presión internacional fue liberada y partió a España, donde cofundó el Comité Cubano pro Derechos Humanos, que todavía dirige desde Madrid, a sus noventa-y-pico de años.

  María Luisa Dolz, pedagoga y reformista de la educación cubana; feminista de las originales de principios de la República; fundó el proyecto de estudios a Harvard University para maestros/maestras cubanos que revolucionó a partir de 1901 el sistema escolar cubano.

  Mariana Grajales, maestra, pequeña empresaria, y madre de los hermanos Maceo; símbolo de la lucha por la independencia de Cuba.

  Elena Mederos, feminista de los años ’30 y ’40, fundó la Escuela de Servicio Social a mediados del siglo 20; nombrada embajadora de Cuba ante la UNESCO a principio de los años ’50; primera Ministro de Bienestar Social nombrada Ministro de Bienestar Social por el gobierno Castro-Urrutia, se separó del mismo en 1960 y partió al exilio; fundadora de Of Human Rights, organización en EE.UU. que aboga por los derechos humanos y la libertad de los presos políticos y de conciencia en la isla.

  Mirta Díaz-Balart, primera esposa de Fidel Castro, madre de su primogénito Fidel Castro Díaz-Balart.

  Hortensia Lamar, activista en pro del sufragio femenino, fundadora de diversas entidades sufragistas en los años ’20 y ’30; veterana de la lucha en contra del presidente Gerardo Machado (años ’30); ayudó a gestionar su salida del poder en 1933.

  Tina Forcade (datos coinciden con los de Hortensia Lamar).

  María Corominas, (datos coinciden con los de Hortensia Lamar).

  Evélida González, joven estudiante de 23 años y miembro del Partido Ortodoxo que sufrió tortura durante la lucha contra Batista, años ’50.

  Olga Guevara, alzada en la Sierra Maestra, encabezó el Batallón “Mariana Grajales”, en el que lucharon Vilma Espín, Celia Sánchez, Melba Hernández y otras destacadas revolucionarias.

  Violeta Casals, coorganizadora junto a Carlos Franqui de Radio Rebelde, desde la Sierra Maestra.

  Enma Pérez, si bien se le menciona por ser la esposa del escritor y activista Carlos Montenegro, es poeta y fue expulsada del Partido Socialista Popular (antiguo Partido Comunista) en los años ’40 durante la presidencia de Grau.

  Edith García Buchaca, uno de las principales líderes del Partido Comunista, desde los años ’30; casada con Carlos Rafael Rodríguez, ambos de Cienfuegos, y luego, en 1953, con otro líder comunista Joaquín Ordoqui; fue figura principal de la cultura y de su estalinización a principio de los ’60, hasta que fue purgada del PCC junto a Ordoqui, y puesta bajo arresto domiciliario junto a él.

  Vilma Espín, miembro del Batallón “Mariana Grajales” en la Sierra Maestra; encabezó hasta su muerte en 2007 la Federación de Mujeres Cubanas, fundada en 1960; estuvo casada por muchos años con el actual presidente de Cuba. Raúl Castro, y durante su vida fungió de virtual Primera Dama de Cuba, por exigencia de Fidel Castro.

  Celia Sánchez, miembro del Batallón “Mariana Grajales” en la Sierra Maestra; la figura administrativa mujer de la Revolución, y asistente personal, brazo derecho de Fidel Castro desde la Sierra, hasta su muerte de cáncer en 1982.

  Haydée Santamaría, la figura madre de la Revolución, “Heroína del Moncada”, miembro del Batallón “Mariana Grajales”, fue nombrada directora de Casa de las Américas a principio de los ’60, y abogó por muchísimos intelectuales perseguidos; se suicidó el 26 de julio de 1980, se dice que en shock por los acontecimientos en torno al éxodo de Mariel.

  Melba Hernández, abogada de profesión, otra miembro del Batallón “Mariana Grajales”,  relegada al anonimato por muchos años. Desde hace una década es miembro de la Asamblea Nacional del Poder Popular.

  Paulina Alsina de Grau, ya mencionada.

 [v] Curnow, Ena. “Emilia Casanova: un ejemplo raro de mujer en el siglo XIX”. Palabra Cubana Blog. 19 mayo 2011. Es justo mencionar que la Licenciada Curnow tiene inédito un exhaustivo libro sobre Emilia Casanova, que en algún momento seguirá los pasos de su Manana: Detrás del Generalísimo, la biografía de Francisca Toro, esposa del General Máximo Gómez.

[vi] Datos recopilados y documentados por el Proyecto de la Memoria Histórica, fundado por el fallecido Dr. Armando Lago y la cubanóloga María Werlau, que lo dirige y actualiza desde New Jersey, EE.UU.

 

[vii] Término acuñado por la autora en conferencia pronunciada en Miami Dade College, marzo 2003, y mencionada por vez primera en una columna de El Nuevo Herald en aquella ocasión.