Cubanálisis  El Think-Tank

ARTÍCULO ORIGINAL PARA EL THINK-TANK DE CUBANÁLISIS

 

Huber Matos Araluce, San José, Costa Rica

 

 

                               

 

 

                                

 

¿Quién salvará al castrismo, Washington o Caracas?

 

El silencio sobre el ingeniero estadounidense Alan Gross es extraño. Gross fue condenado a 15 años de prisión por llevar a Cuba equipo para facilitar la comunicación a Internet. Hasta su esposa ha dejado de aparecer en los titulares pidiendo su libertad. 

¿Se habrá negociado su liberación?

 

El Nuevo Herald publicó el domingo 1 de diciembre que:

 

El crucero Semestre en el Mar, con 568 estudiantes universitarios de Estados Unidos y otros países, llegará a Cuba el 9 de diciembre tras nueve años de ausencia por prohibición del gobierno de George W. Bush a los intercambios académicos y culturales entre Cuba y Estados Unidos, informó este sábado el diario Juventud Rebelde.

 

Los estudiantes “tendrán la oportunidad de visitar las instalaciones de la Universidad de La Habana, recibir conferencias de historia, política y desarrollo científico de nuestro país, así como intercambiar con estudiantes de diferentes carreras”, dijo al diario José Febles, de la Universidad de La Habana.

Parecen síntomas de la estrategia de la dictadura castrista que se desarrolla en dos frentes: 

 

Uno es el de la línea dura en la que se insiste en mantener el control sobre Venezuela

 

El otro es el diplomático, el de un arreglo con Washington por si lo de Venezuela falla.

 

Si el chavismo, por la razón que sea, no puede continuar manteniendo a flote al castrismo, Washington será el salvavidas.  

 

Podría ser posible que el castrismo triunfe en ambos frentes: que logre lo que necesita de Washington y también mantenga lo que recibe de Caracas.

 

Recientemente el presidente Obama dijo que en la cuestión cubana había que ser imaginativo. 

 

Con este comentario da la impresión de que esa creatividad se originaría en el gobierno de los Estados Unidos.

 

No parece. Washington está reaccionado, cosa que no es extrañar dada la historia de las relaciones entre ambos gobiernos.

 

Es el castrismo el que ha tomado la iniciativa, por una cuestión de supervivencia.

 

¿Quién se va a creer que son los Estados Unidos los que han desarrollado un plan? Es la dictadura la que ha tomado la iniciativa.

 

Lo últimos que supimos de la política de Estados Unidos fueron las declaraciones de Arturo Valenzuela, subsecretario de Estado para Latinoamérica, en las que decía que los Estados Unidos, como no había progreso con Cuba, se las iba a tomar con calma.

 

Quién puede olvidar semejante originalidad.

 

Una crisis inevitable

 

Lo que realmente ha motivado al castrismo es que se enfrenta a una crisis terminal como la que padecieron otros regímenes de similar corte totalitario.

 

Es el resultado de un proceso lento y complicado, en el que las contradicciones del sistema ya no pueden superarse y mucho menos justificarse.

 

El fracaso económico no es la única manifestación del fenómeno, aunque es a lo que le presta la atención. El problema es más complejo. 

* Es el descrédito del marxismo-leninismo y de quienes creían en él. Es el agotamiento y la frustración de aquellos que sacrificaron parte de sus vidas tratando de hacerlo una realidad. 

* Es un nivel de corrupción tan escandaloso que ya no puede disfrazarse ni justificarse con logros que se han evaporado. 

* Es que robe el que pueda mientras esto dure, porque se acabará

* Es la repartición y la venta descarada del patrimonio nacional, la clásica piñata que ha acompañado al entierro del comunismo en casi todas partes.

* Es el rechazo a los sicópatas que saciaron su perversidad como represores oficiales.

* Es el temor a la responsabilidad personal e histórica por los grandes y por los pequeños errores. 

* Es el fin de la arrogancia y de los privilegios de la clase dominante.

En cada uno de los países que han experimentado este fenómeno el cataclismo ha sido sistémico y difícilmente alguien ha podido escapar de sus consecuencias. 

 

La reacción en la población ha sido una mezcla de desilusión, indignación, descontento y confusión. 

 

La nomenclatura, desde las bases hasta los más altos niveles, ha quedado expuesta al rechazo y a la desmoralización.

 

Es importante entender la crisis en toda su dimensión, porque el camino a la solución del verdadero problema del pueblo cubano no puede ser un atajo.

 

Un vericueto que conduciría al relanzamiento del castrismo como un régimen amigable a la libre empresa extranjera y a las nacionales en manos de los viejos y nuevos combatientes.

 

Un régimen que permite las libertades que le convienen y prohíbe las que le son peligrosas.

 

Sobre este tema Julio M. Shiling, en su libro Dictaduras y sus paradigmas: ¿Por qué algunas dictaduras se caen y otras no?, ha planteado que los cubanos estamos ante una encrucijada, en la cual no podemos aceptar otra cosa que la liquidación total del sistema comunista y la construcción de una democracia.

 

Del fracaso y otros factores

 

El comunismo ha sido un fracaso en todas partes, pero en Cuba hay factores que merecen ser parte de este escenario.

 

1.- Tienen que ver con la rápida descomposición del castrismo.

 

2.- La dinámica erosión de la dictadura también tiene que ver con los cambios tecnológicos que nos han modificado la vida a todos.

 

Desde que Internet en los años 90 salió del terreno militar y universitario a conquistar el mundo la dictadura en Cuba se encontró con un contrincante para el que no tenía un antídoto eficaz.

 

Miles de cubanos -dentro y fuera de Cuba- se convirtieron en ciudadanos supranacionales que empezaron a gravitar día a día en la realidad de su país.

 

Entre ellos los periodistas independientes, que siempre trabajaron con limitaciones extremas, han llegado a tener una capacidad de comunicación extraordinaria.

 

Sin dudas, el escenario asemeja la profecía bíblica: Conocerán la verdad y la verdad os hará libres.

 

3.- Otro factor ha sido la irrupción de una nueva generación, que desprecia a la dictadura por la vida que mal viven, llena de limitaciones y escasa de esperanzas.

 

El tema generacional no es exclusivo de Cuba, pero su peso en el proceso tiene mucho que ver con la influencia del exilio cubano. 

 

Esos hombres y mujeres que han triunfado en tierras cercanas y lejanas, demostrando que lo que se necesita para salir adelante es seguridad jurídica y libertad.

 

Todo esto ha sucedido ante el ejemplo de cientos de héroes, algunos todavía presentes, que se enfrentaron al sistema cuando costaba la vida en el paredón o ir a la cárcel.

 

La religión ha muerto

 

Que un régimen de fuerza se debilite y colapse no es un acontecimiento exactamente extraordinario. Ha sido una experiencia frecuente en la vida de las sociedades. 

 

El caso del comunismo es más grave: es la aceptación final de que el credo fue una mentira que se transformó en farsa con vida propia, a costos terribles para el pueblo, su supuesto beneficiario.

 

Después de Fidel Castro

 

La segunda escena de este drama de medio siglo es protagonizada por un hermano lleno de temor pero igualmente brutal, asistido por un grupito muy pequeño de octogenarios.

 

Quieren evitar el juicio del pueblo y tratan de pasar a su descendencia el país del que se han servido como verdaderos terratenientes y señores feudales.

 

Lamentablemente, no están solos en este propósito. 

 

Hay intereses externos que necesitan evitar que a Cuba llegue una democracia.

 

Algunos tienen que defender sus jugosas inversiones, por ejemplo, España. Otros, como Brasil, quieren lograr las suyas para estar “en propiedad” cuando el cambio suceda. 

 

Muchos quieren un pedazo de Cuba ahora, porque que es barata y se puede negociar sin fiscalización institucional ni escrutinio público.

 

Otros, como el gobierno de Estados Unidos, que se encuentra acorralado por sus adversarios políticos internos, sabe que el campo de acción donde tienen más libertad es en el internacional.

 

Y Obama no quiere dejar su presidencia sin tener el privilegio de haber sido quien dio los primeros pasos para un cambio en Cuba.

 

En su primer mandato lo hizo, pero sus pasos no fueron correspondidos, y el castrismo se quedó con los beneficios de miles de millones de dólares en remesas y viajes a Cuba.

 

Ahora el presidente estadounidense, creyendo o simulando que es él quien ha tomado la iniciativa, sigue insistiendo en un arreglo que a él lo puede favorecer políticamente, pero que puede condenar al pueblo cubano a la dictadura por muchos años más.

 

El cambio hacia dónde

 

En Cuba, defenestrado ideológica, moral y materialmente el marxismo leninismo, el Ancien Régime castrista alza la bandera de la actualización del socialismo.

 

Pero, como ha afirmado el Dr. Oscar Elías Biscet, esto no es más que

 

   "un proceso de perfeccionamiento de su comunismo… cambios dentro de la dictadura".

 

Sabemos que a los regímenes de fuerza les cuesta mucho trabajo ceder a los reclamos.

  

Solo ante el peligro inminente a veces lo intentan, pero cuando son de corte totalitario inventan cualquier maniobra para sobrevivir.

 

China es un caso: hizo cambios en su sistema económico cuando se encontraba en la ruina , pero mantuvo intacta la institucionalidad totalitaria.

 

La dictadura en Cuba está obligada a hacer cambios. Superficiales, profundos, inteligentes o estúpidos, porque de no hacerlos, el castrismo perecerá en el fondo del precipicio.

 

Estos cambios no se deben a las visitas de turistas “embajadores de la libertad” o al desarrollo de los pequeños negocios de los cuentapropistas.

 

Ambos fenómenos no son más que parte de las maniobras del régimen en su afán de sobrevivir. 

 

Como lo fue en su momento la inversión de las empresas españolas en la industria turística cubana.

 

Hacer creer que los cambios del castrismo son el resultado de estímulos positivos desde el exterior es auto engañarse y tratar de convencer a otros de la ceguera propia, o un esfuerzo por encubrir intereses particulares.

 

El régimen en la Isla enfatiza y se limita a cambios económicos, porque los cambios políticos modificarían las instituciones en las que descansa su hegemonía. 

 

Esas instituciones determinan las reglas del juego: quién manda, quién obedece, quién explota a quién, quién mata y quién castiga.

 

Ante la negativa a cambios en las instituciones políticas, el atajo escogido por el castrismo es hacer creer que los cambios económicos llevaran algún día a la democracia.

 

Es un truco en el que participan más de un gobierno democrático aliado de la dictadura.

 

La treta por partida doble

 

Como planteamos al principio, el castrismo despliega dos esfuerzos simultáneos para sobrevivir.  

 

Uno está dedicado a la permanencia de un régimen chavista amigo en Venezuela. El otro, convencer a Washington de que el castrismo puede ser un socio amigable, flexible y rentable.

 

Raúl Castro le ha prometido a Brasil y a España cambios que garantizarán sus inversiones, y al gobierno en Washington el privilegio de ser co-gestores de una nueva era en Cuba.

 

Lo que han ofrecido puede ser políticamente aceptable para los empresarios y para los presidentes de estos países, pero no lo es para el pueblo cubano.

 

Una vez que Washington haga las concesiones que necesita el castrismo para sobrevivir, no importa que el régimen aplaste a la oposición interna y encarcele a cada joven hombre y mujer que quiera reclamar sus derechos.

 

Las agencias de viajes, los inversionistas del turismo, y toda una plétora de intereses, se encargarán de que se mantengan las concesiones, sin importar qué pasa con los revoltosos disidentes que no entienden que el progreso material en Cuba es lo importante.

Para el castrismo, la consolidación del chavismo en Venezuela sigue siendo la opción preferida, pero la opción estadounidense es la puerta de escape si la primera fracasa.

 

También sería la pérdida del principal aliado que tiene la oposición democrática cubana, dentro y fuera de la isla.

 

En otras palabras: un golpe terrible para los demócratas cubanos.

 

¿Podrá lograrlo el castrismo? Quizás.

(Continuará)