Cubanálisis  El Think-Tank

ARTÍCULO ORIGINAL PARA EL THINK-TANK DE CUBANÁLISIS

 

Huber Matos Araluce, San José, Costa Rica

 

 

                               

 

 

                                

 

¿Podrá sobrevivir el castrismo?

 

La última etapa del comunismo consiste en su desaparición. En algunos países, después del totalitarismo germinó la democracia.

 

En otros las clases dominantes se resistieron a perder sus privilegios y sobrevivieron, copiando del capitalismo lo que han querido.

 

En Cuba la transición dictatorial post-marxista tiene posibilidades, y también desventajas estrechamente relacionadas con el contexto geopolítico.

 

En este intento de supervivencia dictatorial cuentan Latinoamérica, Europa, el exilio cubano en los Estados Unidos, y el pueblo en la isla.

 

Latinoamérica a favor del castrismo

 

a) Venezuela es el puntal que sostiene al régimen de la isla y en la medida que el chavismo pierda o gane vigencia en ese país el castrismo correrá igual suerte.

 

No se puede descartar un cambio radical en Venezuela, pero la experiencia apunta a que la degradación del chavismo será un proceso paulatino.

 

Además del apoyo económico, la influencia venezolana en Latinoamérica es una palanca que el gobierno castrista usa en su permanente chantaje contra Estados Unidos.

 

b) Hay gobiernos en Latinoamérica, como es el caso del brasileño, que tienen deudas importantes con el castrismo. Las están pagando con respaldo político.

 

Hay gobiernos y empresas en Latinoamérica muy interesadas en aprovechar la vulnerabilidad actual de Cuba para incursionar en su economía. Apoyarán al castrismo a cambio de ventajas económicas.

 

c) Los políticos latinoamericanos siempre quieren presentarse como independientes de Washington ante el mundo, y el caso cubano es una oportunidad.

 

d) Los políticos latinoamericanos complacen a los sectores militantes de sus electorados que tienen una actitud furibunda contra los Estados Unidos. Cualquier posición que le lleve la contraría a Washington es popular entre ellos.

 

 e) La mayoría de los políticos latinoamericanos temen al castrismo y difícilmente se arriesgan a confrontarlo. 

 

El contrabando de armas a Corea del Norte y el engaño a Panamá es una prueba de la prudencia latinoamericana. 

 

Salvo el gobierno panameño no ha habido ningún otro en la zona que haya condenado a la dictadura castrista.

 

Aunque son más los latinoamericanos que desearían un futuro democrático para Cuba, es la minoría radical y organizada, más los intereses creados y el temor de los políticos de la zona, los que mantendrán la balanza a favor de una transición en Cuba hacia un híbrido de dictadura y capitalismo.

 

Europa está en veremos

 

En Europa el castrismo no ha podido alcanzar el respaldo que ha logrado en Latinoamérica. Los políticos europeos no le tienen miedo a la dictadura y son menos vulnerables a la presión de los sectores anti-estadounidenses.

 

Con excepción de España, que está comprometida con la supervivencia del castrismo por razones económicas y por sentimientos contra Estados Unidos, hay gobiernos europeos que apoyan a la oposición democrática cubana.   

 

Algunos de ellos tienen relativamente fresca la experiencia del comunismo, y se sienten mucho más solidarios con la situación del pueblo cubano. 

 

De no ser por estos países, el castrismo habría ganado terreno debido la presión de España, y la del gobierno de Estados Unidos que ha tratado que los países europeos sean más flexibles con el régimen castrista.

 

Con Europa, por ahora, parece que hay un empate. 

 

Estados Unidos y el exilio cubano

 

Estados Unidos es el campo de batalla decisivo para el castrismo.

 

Es en este escenario donde puede decidirse el futuro de Cuba.

 

De un lado están todas las fuerzas económicas y políticas estadounidenses que quieren un arreglo con “Cuba”. Es una alianza poderosa.

 

Quieren hacer negocios, quieren demostrar que todas las administraciones republicanas y demócratas anteriores estaban equivocadas.  

 

El gobierno de Obama quisiera demostrar que pudo negociar el inicio de un “algo”, aunque esto le cueste a los cubanos más años de lucha y sufrimiento.

 

De otro lado están los que insisten en que lo único que se puede negociar con el gobierno en Cuba es una transición hacia la democracia.

 

Los senadores y representantes cubano-americanos en Washington son el principal muro de contención a un acomodo entre el gobierno en Washington y la dictadura en La Habana.

 

Un arreglo que haría fácil a la dictadura continuar en el poder.

 

Por esta razón la tiranía les ha dedicado todo tipo de improperios. Han creído que con esa estrategia, que les ha funcionado en otros países, podían amedrentarlos y aislarlos.

 

El resultado ha sido todo lo contrario.

 

Sin desestimar la autoridad que tiene el presidente de los Estados Unidos para tomar medidas que puedan favorecer a los sectores que quieren un arreglo con el castrismo, no parece fácil que el presidente Obama esté dispuesto a arriesgar una confrontación con este grupo de políticos cubano-americanos.

 

Estos congresistas cuentan con una masa de votantes importantes en el Estado de la Florida, y el Partido Demócrata seguramente querrá evitar que el retroceso que ha sufrido en la Florida continúe aumentando.

 

Además, hay un grupo de cubanos que hacen donaciones al Partido Demócrata, cuyas opiniones y recomendaciones no pueden ser desestimadas sin consecuencias.

 

Como siempre, el embargo y los viajes de los estadounidenses a Cuba son los temas en conflicto. 

 

El castrismo sabe que el turismo estadounidense puede sustituir la subvención venezolana si esta se llegara a perder.

 

Pero tan importante como esto es el hecho de que el régimen en Cuba necesita las inversiones de las empresas estadounidenses para estimular la moribunda economía de la isla y brindarle confianza a los capitalistas de otros países.

 

Quien quiera hacer una inversión en Cuba quiere estar seguro de que el mercado de los Estados Unidos está abierto a sus productos y servicios.

 

Ningún otro país tiene la capacidad económica, el mercado y la proximidad geográfica para revitalizar la economía cubana como los Estados Unidos.

 

Por esta razón, hay un ataque permanente y obsesivo contra el embargo estadounidense, de parte de los más variados lugares y personajes.

 

China, si tuviera la voluntad, podría ser un socio formidable para Cuba, pero los chinos no están interesados.  

 

Rusia aun menos, y Brasil está en un plano meramente oportunista.

 

Conclusión: los demócratas cubanos que quieren el fin del castrismo y una transición hacia la democracia en Cuba, por el momento, tienen este frente bajo control, pero no pueden descuidarse.

 

El pueblo cubano

 

El grado de emancipación sicológica y política del pueblo cubano puede ser otro factor que decida la balanza en Cuba. 

 

La dictadura confía en poder continuar controlando a la oposición organizada, con represión e infiltrando agentes para sembrar la discordia y la confusión entre los activistas. 

 

Saben que pueden liquidar físicamente a quien quieran con una enfermedad, un accidente o el confinamiento indefinido en prisión.

La oposición no está actuando para potenciar el caudal de insatisfacción que existe en la población, sino para potenciar su protagonismo partidista o personal. 

 

Lo que puede suceder es que sea el pueblo quien tome las riendas de los acontecimientos y deje a la oposición en la retaguardia.

 

La dictadura tiene miedo del cubano de a pie, del cubano que no está organizado. 

 

Creen que el descontento en la población puede conducir a protestas espontáneas. La dictadura tendría que reprimirlas, y no sabe cuáles podrían ser las consecuencias de esa represión.

 

Pero no es conveniente entusiasmarse demasiado con la idea de un levantamiento popular.  Es un temor de un gobierno que, con toda razón, ve fantasmas en todas partes. 

 

Quienes crean que esa es la solución, usando como ejemplo las revoluciones populares de otros países, no tienen en cuenta las diferencias entre Cuba y esos lugares. 

 

Aquí lo hemos mencionado como un escenario posible.

 

En Cuba es difícil creer que el nivel de descontento disminuirá; a mayores libertades tendría sentido que pueda aumentar. 

 

Lo que sí es posible es que ese nivel de descontento llegue a minar la voluntad de la mayoría de la nomenclatura. 

 

El fin del régimen podría ser el resultado de un derrumbe moral en su cadena de mando y el temor a eventuales protestas populares.

 

A la hora de valorar el papel del pueblo cubano parece que la dictadura está en franca desventaja.

 

Conclusión

 

El castrismo tiene a su favor el respaldo de los políticos latinoamericanos, el de fuerzas importantes en los Estados Unidos, y el de las empresas que quieren normalizar la situación entre Cuba y los Estados Unidos.

 

La dictadura tiene el apoyo de los intereses españoles, que temen que la democratización de Cuba los deje en una posición vulnerable.

 

Los cubanos demócratas tienen posibilidades de prevalecer en que la política de los Estados Unidos siga siendo la de exigir una transición democrática en Cuba como condición a concesiones importantes.

 

El pueblo en la isla puede aumentar su presión al cambio, y su descontento puede ser cada vez más determinante en el curso de los acontecimientos.

 

Esta visión simplificada de los factores en juego en el futuro de Cuba deja muy clara la importancia del exilio cubano, tanto en los Estados Unidos como su posible influencia en el comportamiento del pueblo cubano. El exilio cubano es decisivo, aunque todavía no se haya dado cuenta.