Cubanálisis  El Think-Tank

ARTÍCULO ORIGINAL PARA EL THINK-TANK DE CUBANÁLISIS

 

Huber Matos Araluce, San José, Costa Rica

 

 

                               

 

 

                                

 

 Lecciones de Venezuela para los cubanos

 

Muchos cubanos se compadecen por la suerte de los venezolanos y  les brindan consejos sobre lo que ellos deben o no deben hacer. Son actos de buena fue basados en nuestra terrible experiencia con el comunismo castrista. Quizás convenga aprovechar la oportunidad para aprender de los venezolanos cómo es que ellos enfrentan al chavismo.

 

a) La primera lección que tenemos que asimilar de estos latinoamericanos que se parecen tanto a los cubanos, es que ante el peligro de perder su país han superado las diferencias de todo tipo y se han unido.

 

¿Cómo lo han logrado?

 

Tal vez se vieron en nuestro espejo y comprendieron que si seguían el camino de los cubanos estaban perdidos. Pueden haber aprendido de nuestro error y del alto precio que hemos pagado y no quieren repetirlo. Lo extraño es que nosotros no hayamos hecho lo mismo en tanto tiempo y continuemos sin enmendarlo.

 

Puede ser que la unidad entre los venezolanos se haya facilitado por otras razones. Tal vez tenga orígenes culturales, puede que sean menos individualistas que los cubanos, y por esta razón les haya sido más fácil ponerse de acuerdo. 

 

Podría ser una manifestación de  madurez política. Antes de Hugo Chávez los venezolanos vivieron varios gobiernos democráticos, en los cuales la tolerancia entre partidos políticos rivales fue parte de su vida diaria.

 

El tema puede servir para que otros con más capacidad y conocimiento lo estudien; nos podrían ayudar a entender cuáles han sido las razones por las cuales los venezolanos han logrado la unidad política que nosotros no hemos podido conseguir.

 

b) De la unidad de los venezolanos se desprende otro asunto de similar importancia. Fácilmente los cubanos atribuimos nuestro fracaso ante el castrismo a la falta de unidad. Hay toda una argumentación autocrítica que convierte a la falta de unidad en la clave y responsable de la tragedia del último medio siglo. El mea culpa ignora que Fidel Castro recibió el apoyo soviético y también desconoce unos cuantos factores más que forman parte de este complejo asunto.

 

La creencia de la unidad como la solución y salvación en la lucha contra la dictadura es un error que justifica la inacción y la frustración en demasiados cubanos. El caso venezolano nos demuestra que aun unidos el castro chavismo es un adversario difícil.

Si seguimos creyendo que la unidad de los cubanos es la solución final, el día en que la logremos podemos caer en el pesimismo, como resultado de un diagnóstico superficial y una solución simplista.

 

Aun unidos los cubanos, como los venezolanos, tendremos por delante una tarea compleja porque en la solución hay que tener en cuenta  otros factores importantes. 

 

c) Otra lección que podemos aprender de los venezolanos es cómo están lidiado con la hipocresía, la cobardía y el cinismo de un grupo de líderes políticos en el mundo.

 

Los dirigentes venezolanos manejan esta situación con habilidad. Ellos enfatizan a quienes sí los respaldan. Los cubanos, que hemos sido saturados de la indiferencia-complicidad de muchos de esos líderes, fácilmente caemos en el derrotismo. A nuestro favor está el hecho de que más de medio siglo de lucha tiene sus consecuencias.

 

La indiferencia de políticos y pueblos demócratas ante las desgracias de otras naciones han sido parte de la historia. El 3 de febrero de 1941, cuando Hitler estaba a menos de cinco meses de lanzar una ofensiva contra Rusia que implicaba el genocidio masivo de millones de personas, se dirigió a sus generales y les dijo:

 

“Cuando la operación Barbarrosa comience, el mundo va a sostener la respiración y no va a hacer ningún comentario”.

Los venezolanos han manejado la ausencia de solidaridad con mucha cautela, casi convencidos de que tarde o temprano lograrán el apoyo de los indiferentes, quizás nosotros podamos hacer lo mismo.

 

Los cubanos no somos exactamente unos cavernícolas en este sentido, pero aprender un poco de los venezolanos nos podría servir.

 

d) Otra útil experiencia de los venezolanos es que, aunque ellos escogieron a Henrique Capriles como el dirigente de la Mesa Unidad Democrática, no lo han convertido en un salvador, elegido o líder único. Lo han apoyado en dos elecciones nacionales, lo respetan y lo admiran, pero no lo “adoran”.

 

Nosotros los cubanos cometemos con bastante frecuencia el error de esperar a un salvador, y cuando creemos que ha aparecido lo adornamos con todos aquellos atributos que queremos que tenga. Esa idolatría tan enraizada en nuestra cultura política nos ha traído desastres y decepciones. 

 

Tal vez somos tan autosuficientes que solo podemos aceptar el liderazgo de una especie de dios viviente, por lo que el líder del momento o es un sol o es estiércol.

 

Esta actitud nos lleva fácilmente a comparar a los dirigentes cubanos de diferentes organizaciones de oposición democrática con el arquetipo del “salvador” que esperamos. Como ninguno da la talla, entonces los criticamos y los descartamos. 

 

A la persona en cuestión, lejos de aceptar que puede aportar algo, la consideramos un verdadero peligro en la lucha por la democracia en Cuba.

 

Hasta aquí hemos mencionado algunas de las cosas que podemos aprender de los venezolanos:

 

a) Han logrado la unidad que nosotros no hemos podidos alcanzar.

 

b) Han estado conscientes de que la unidad es un requisito en la lucha pero no es la solución.

 

c) No caen en el derrotismo ante la indiferencia o complicidad de muchos dirigentes extranjeros.

 

d) Han evitado la idolatría.

 

Un posible escenario cubano

 

Las lecciones no terminan aquí. Los recientes eventos en Venezuela ilustran un escenario posible en Cuba que no debe pasar desapercibido por nosotros.

 

Para la dictadura castrista el futuro ideal puede ser la celebración de elecciones dentro de un esquema de fraude institucionalizado como el venezolano. En esa circunstancia, el Partido Comunista se quedaría con el poder en Cuba.

 

Con ese objetivo, y ante el peligro de una futura unidad de la oposición, al castrismo le convendría ir creando desde ahora sus propios y falsos dirigentes anticastristas, que eventualmente formarán un partido que se opondría de una u otra forma a la unidad. 

 

En esas circunstancias el castrismo podría alcanzar la victoria, con una minoría de la votación popular y un buen esquema de fraude, como se ha usado en Venezuela.

 

Tal situación no está  fuera del marco de la realidad. Es una posibilidad, siempre y cuando el régimen castrista pueda superar las dificultades que actualmente atraviesa, y que no puede resolver aun con Maduro en el poder y con la continuidad de la subvención venezolana.

 

La economía cubana no puede salir adelante, hay problemas estructurales, la población envejece y la migración de profesionales y de potenciales empresarios es difícil de revertir.

 

Quienes se quedan en Cuba tienen muy limitado acceso a las tecnologías. La mayoría de la población no está preparada para manejar los instrumentos que son claves del desarrollo en este siglo. Esto requiere tiempo y recursos.

 

La única solución del régimen es lograr un volumen de Inversión Extranjera Directa que pueda servir de arranque a la economía en la isla, y así disminuir el descontento popular.  Es la única forma en que en el futuro el neocastrismo podría posicionarse para una maniobra electoral.

 

Para lograr esas inversiones el régimen castrista tiene que resolver dos problemas: 

 

Primero tienen que lograr que el turismo estadounidense viaje a Cuba y, luego, conseguir que el embargo estadounidense se levante.

 

El argumento de que si se levanta el embargo, Cuba no tiene con qué comprar, es otro sofisma. Lo que necesita el castrismo son inversiones extranjeras de los Estados Unidos, acompañadas por inversiones de otros países.

 

Es por estas razones que han dejado salir a un grupo de cubanos de la oposición. La dictadura está dispuesta a sufrir un poco más en su descrédito internacional con las declaraciones de  estos disidentes, con tal de mejorar su imagen en los Estados Unidos. 

 

El objetivo es presentar las salidas de los opositores hacia el extranjero como un acto de apertura y flexibilidad, que puede ser usada por la maquinaria antiembargo en los Estados Unidos.

 

Si el pueblo cubano puede salir y entrar de la isla, ¿por qué razón no lo pueden hacer también los ciudadanos estadounidenses? Los intereses turísticos y los intereses creados de esa nación presionarán con nuevos bríos al presidente Obama a levantar la restricción para que los norteamericanos puedan viajar a Cuba.

 

Quizá el fraude electoral y la desfachatez del gobierno chavista en Venezuela puedan afectar negativamente el intento de la dictadura castrista en propiciar la imagen de que todos los cubanos marchamos hacia la normalidad.

 

Como este artículo comenzó con el interés de saber qué podemos aprender los cubanos de los venezolanos, podríamos preguntarnos:

 

¿Cómo evitamos unas futuras elecciones fraudulentas en Cuba?

 

Para responderla sería útil que imitemos a los venezolanos demócratas, erradicando la idolatría de nuestro quehacer político. Aceptemos que cada cubano demócrata tiene un aporte que dar aunque no sea de nuestro agrado personal. 

 

Como ellos, entendamos que la unidad de los cubanos no es la solución, pero es indispensable. Así podremos evitar que la división entre nosotros sirva al régimen y a otros intereses foráneos en nuestro propósito de alcanzar una democracia pluripartidista basada en una constitución democrática. 

 

La unidad nos facilitará persuadir a otros gobiernos y fuerzas en el mundo de que Cuba -sin el castrismo- tomará el camino de una transición pacífica.

 

La unidad no es la solución, pero es necesaria para que los cubanos tengamos fe y seguridad en el futuro. Para que el pueblo sepa que la libertad y la democracia se traducirán en justicia para todos. Y que una auténtica igualdad de oportunidades hará posible que la prosperidad y el destino de la nación sean compartidos por todos.

 

Cuba y Venezuela transitan destinos paralelos, quizás existe una razón para tal coincidencia. Aprendamos unos de otros, por el bien de nuestros pueblos y del resto de América.