Cubanálisis  El Think-Tank

ARTÍCULO ORIGINAL PARA EL THINK-TANK DE CUBANÁLISIS

 

Huber Matos Araluce, San José, Costa Rica

 

 

                               

 

 

                                

 

LA MUERTE DE RAÚL CASTRO

 

La muerte no es verdad cuando se ha cumplido bien la obra de la vida.

José Martí

 

En estos días las especulaciones sobre la muerte de Fidel Castro se han intensificado. No se sabe si está muerto o si lo mantienen respirando en forma artificial. Como los últimos años del caudillo están unidos al ridículo, al fracaso y a la pérdida del poder, su desenlace tendrá una importancia relativa.

 

La muerte de Raúl Castro será más importante porque es probable que cuando suceda el general-presidente tendrá todavía el control del poder. 

 

La muerte de Fidel Castro

 

La desaparición de Fidel Castro será un acontecimiento que impactará a los fidelistas que quedan en la isla.  Para estos, que son una minoría, será el fin de una época, el fin de todo.

 

También su fallecimiento será  motivo de interés para algunos medios de la prensa en el mundo.

 

Pero para la mayoría de los cubanos Fidel Castro ya no cuenta. Para ellos, él es el responsable principal del desastre que padecen. Tienen poco o nada bueno que recordar de quien ofreció un paraíso que se convirtió en un pantano.

 

Los cubanos están  consientes de que poco cambiará en Cuba el día en que entierren a quien los llevó al engaño, y en el proceso les robó lo mejor de sus vidas. El tristemente famoso Comandante en Jefe, al morir, ya no tendría el poder en sus manos.

 

Para la mayoría de quienes han envejecido sirviendo al régimen y no han querido, o no han podido, participar en la corrupción para enriquecerse, existe un profundo nivel de resentimiento contra Fidel Castro. 

 

Lo dieron todo por nada y se quedan con el amargo trabajo de aceptar la derrota del sistema por el que tanto lucharon. Son ellos y no él quien tiene que darle la cara al fracaso, a la población y al mundo.

 

Incluso para quienes tuvieron el privilegio y el orgullo de convertirse en profesionales en la Cuba castrista, el país  no ofrece oportunidades. El camino del destierro es la puerta de escape. Para alcanzar un nivel de vida razonable y tener oportunidades, sin depender de condicionamientos políticos o del favor de alguien en la cúpula del poder, tienen que irse de Cuba.

 

 

La mayoría de los cubanos han llegado al convencimiento de que son una especie de esclavos. Trabajan por mucho menos de lo que ganan otros con igual o menor nivel profesional en muchos países.

 

Saben que esto no es el resultado del embargo o del bloqueo estadounidense, sino el producto de un sistema que ha fracasado en todas partes. Saben que solo una minoría de privilegiados se beneficia, y que esa elite le teme al dinamismo que resulta del progreso.

 

Su peor enemigo

 

En mayor o menor grado los cubanos están informados que la senilidad de Fidel Castro lo ha convertido en el hazmerreír de mucha gente.  Hecho evidenciado por los disparates que dice y publica.

  

A un periodista estadounidense le dijo que el sistema en Cuba ya no funcionaba, para luego negar lo que había dicho.

 

En otra oportunidad anunció con exactitud la fecha del inicio de una guerra atómica, que nunca tuvo la menor posibilidad de materializarse.

 

Estas y otras declaraciones absurdas parecen haber sido manejadas con bastante dificultad por Raúl Castro. No ha tenido el valor de frenarlo, contradecirlo, o impedirle que continuara haciendo el ridículo.

 

Aunque hay la posibilidad de que Raúl Castro permitiera que Fidel Castro se perjudicara con sus declaraciones aberrantes. Era una forma de auto descrédito que le permitiría ocupar el poder  sin mucha sombra de su hermano mayor.

 

Pero cualquiera que fuera la razón, maquiavelismo o temor a contradecirlo, Fidel Castro se convirtió  involuntariamente en su peor enemigo.

 

La oportunidad perdida

 

Fidel Castro es el responsable de que se perdiera  la oportunidad de un arreglo con los Estados Unidos, otra muestra de su mala cabeza y también de la cobardía de su hermano Raúl Castro.

 

En los momentos en que Barack Obama asumió la presidencia de los Estados Unidos, el nuevo presidente tenía la mejor disposición de lograr un entendimiento con el gobierno cubano.

 

Lo inteligente habría sido  iniciar un diálogo que lograra  lo mínimo necesario para la supervivencia del régimen, teniendo en cuenta las posibilidades y limitaciones políticas del gobierno de Obama respecto a Cuba. No fue así. Fidel Castro quería una especie de rendición incondicional.

 

Cuando Raúl Castro declaró que él estaba dispuesto a conversar de cualquier tema con Obama, Fidel Castro lo desautorizó en público diciendo que eso no era lo que había querido decir su hermano.

 

La tiranía pudo haber ofrecido una liberalización en los viajes de los cubanos en la isla y el exterior a cambio de que Estados Unidos eliminara a los estadounidenses la restricción de viajar como turistas a Cuba.

 

La medida habría significado para el régimen el ingreso de algunos miles de millones de dólares anuales, que sumados a los ingresos que le llegan del exilio, le habría permitido a la tiranía un mayor margen de maniobra. Era casi como desmantelar el embargo sin que Washington tuviera que capitular.

 

Es probable que en lugar de recibir del exilio cinco mil millones de dólares la dictadura hoy recibiera el doble, más los ingresos de los turistas estadounidenses. El gobierno de Obama estaba listo a convertir cualquier concesión como muestra del éxito de su política de negociación con las tiranías.

 

De todas formas de Cuba han continuado saliendo miles de cubanos. Los presos políticos más conocidos fueron liberados por la presión que provocó el asesinato de Orlando Zapata y el protagonismo de las Damas de Blanco.

 

Cuando Deng Xiaoping llegó a Estados Unidos a negociar un acercamiento con ese país y a pedir ayuda para los cambios en China, un grupo defensor de los derechos humanos logró que varios senadores insistieran con Deng sobre la libertad de emigrar de los chinos.

 

Ante la insistencia Xiaoping les pregunto qué cuantos millones de chinos querían ellos que él le mandara a los Estados Unidos. Desde ese momento los norteamericanos dejaron de insistirle en el asunto.

 

La dictadura castrista pudo haber ensayado una variante de esta propuesta. Quizá en lugar de 400,000 turistas cubanos viajando anualmente a la isla hoy serían el doble.

 

En conclusión, Fidel Castro perdió la oportunidad de negociar con el gobierno de Obama por su senilidad y sus caprichos. Raúl Castro demostró al mismo tiempo su incapacidad como líder.

 

La muerte de Raúl Castro

 

La muerte de Raúl Castro va pareja con la del castrismo. Su capital político se ha reducido a la mínima expresión ante el pueblo cubano, que esperaba de él una nueva oportunidad.  Perdió la oportunidad de capitalizar esa misma oportunidad que tuvo.

 

Raúl Castro ha tomado las riendas del navío, pero no ha tenido  la audacia de alzar las velas y cambiar el rumbo. Solo quienes no lo conocían pudieron haber esperado de él una conducta diferente. Siempre fue un rebelde mediocre y un revolucionario mediocre. Cuba necesita mucho más que un individuo astuto e intrigante en el poder.

 

Pero además de todo esto, Raúl Castro está enfermo. Es alcohólico, padece de depresiones, y se rumora que tiene cáncer en la próstata. Recientes declaraciones publicadas en el Diario el Listín de Republica Dominicana dicen así:

 

Juan Carlos Frómeta, funcionario del Departamento de Relaciones Internacionales del PCC, sostuvo que el general Raúl Castro “se prepara para ese relevo hasta que el PCC se aboque a un congreso en el que se espera que un liderazgo colectivo asuma la riendas del partido y de la Revolución Cubana”.

 

Se espera que Raúl Castro se aferre al poder ejecutivo otros cinco años, a pesar de las malas noticias sobre su estado de salud.

 

La insistencia en el liderazgo colectivo es una muestra de que aun en las altas esferas de la Nomenclatura no hay confianza en la visión ni el liderazgo de Raúl Castro. Él lo sabe, y el tema del liderazgo colectivo es una forma de brindarle confianza al grupo de relevo. Parejo a esto, la repartición del país entre los cómplices les sirve de incentivo para defender un régimen que el pueblo desprecia.

 

Con más de 81 años de edad, Raúl Castro puede ser que no dure cinco años más. Además, es difícil vislumbrar que el deterioro económico y político pueda frenarse en Cuba en ese tiempo.

 

Si las deserciones son una medida de la crisis en Cuba, ésta va en aumento. Gente de pueblo, deportistas, profesionales, artistas, y los hijos de la Nomenclatura, salen de la isla continuamente.

 

Muchos de los que huyen viven mejor en Cuba de lo que pueden inicialmente alcanzar en el exterior. Se van  porque perciben que el barco se hunde, y no quieren tener parte en el naufragio. La percepción es la realidad.

 

Si no cae en otra recesión, la economía mundial tendrá una lenta recuperación. Hay muchos países donde invertir, naciones donde existe seguridad jurídica y estabilidad política. El que invierta en Cuba tiene que pensarlo muchas veces.

 

Raúl Castro y el grupo de incompetentes que le acompaña no están capacitados ni tienen la audacia para transformar al país y frenar el descontento de la población. Lo han demostrado con creces.

 

En estas circunstancias de indecisión, crisis y creciente oposición, la  muerte de Raúl Castro puede ser el detonante que no provocará la de su hermano mayor. Fidel Castro ha muerto políticamente antes de perder la vida.

 

El triunfo de Hugo Chávez en Venezuela atrasa por un tiempo indefinido una crisis que parecía inminente. No es de extrañar que las muertes futuras de uno y del otro compliquen la supervivencia del castrismo a tal nivel que la hagan muy improbable.

 

En el tiempo que falta para los funerales de Raúl Castro la oposición democrática puede alcanzar el nivel de comunicación con el pueblo que le permita al cubano de a pie entender y creer que hay un mañana y un futuro mejor.