Cubanálisis El Think-Tank

ARTÍCULO ESPECIAL EN EL THINK-TANK DE CUBANÁLISIS

                                Huber Matos Araluce, San José, Costa Rica

 

La importancia del desarrollo agrícola en Cuba

 

En el 2001 la ONU estableció como uno de los objetivos de desarrollo del nuevo siglo (The Millennium Development Goals), reducir en un 50%, para el año 2015, la cantidad de personas que viven con menos de un dólar al día en todo el planeta. Los que trabajan en Cuba y ganan el salario promedio de $17 dólares mensuales viven con $0.56 de dólar al día; los jubilados o pensionados viven con $0.33 centavos de dólar al día.

 

El resto de la población depende de los que trabajan y de una economía informal e ilegal que convierte a todos en víctimas potenciales del chantaje policiaco o la represión política. En Cuba, para sobrevivir, hay que vivir en la ilegalidad, es decir, en el temor, algo muy conveniente para la dictadura, porque hace de la mayoría de los cubanos infractores o delincuentes.

 

Como en Cuba se importan alimentos $2,500 millones de dólares anuales, y el 20% restante que se produce en la isla puede alcanzar los $625 millones, el total del valor de los alimentos es de $3,125 millones al año. Esta cifra ubica a la mayoría de la población cubana por debajo del nivel de pobreza de un dólar al día. Si los 11.2 ó 11.4 millones de cubanos consumieran un dólar diario de comida, el gasto en alimentos sería de más de $4,000 millones por año, en lugar de $3,125 millones.

 

Que el actual régimen haya llegado a la conclusión de que lo único a lo que puede aspirar es a sustituir las importaciones de alimentos no deja de tener sentido. Después de medio siglo de esfuerzos por aumentar la producción agrícola, parece que han aceptado el fracaso. En realidad el fracaso es auto-infligido, como lo fue en la URSS la deficitaria producción de alimentos por parte del Estado.

 

Desde el 2007 Raúl Castro viene insistiendo, sin resultados tangibles, en la necesidad de cultivar la tierra. El pasado 26 de julio señaló que hay que hacerlo para sustituir las importaciones de alimentos. Esto equivale a proponer que los cubanos sigan pasando hambre, porque nada se hace sustituyendo importaciones de alimentos en cantidades insuficientes. En Cuba la solución es potenciar la producción agrícola, para convertir al país en un exportador de alimentos.

 

Para exportar productos agrícolas en una economía globalizada, la agricultura cubana tiene que deshacerse del yugo estatal y, además, incorporar los conocimientos científicos y la tecnología que le permita elevar su productividad a un nivel competitivo. Con la capacidad demostrada por el exilio cubano para competir en Estados Unidos, no veo razón para que los agricultores cubanos no igualen la productividad de los norteamericanos.

 

En Estados Unidos el 2% de la población produce alimentos para el 98% restante, exportar, y realizar gigantescas donaciones de alimentos a países necesitados. En Cuba equivaldría a que menos de 250,000 cubanos alimenten al resto de sus compatriotas. Sobran tierra y mano de obra en la isla para convertir a Cuba en un exportador de alimentos y subproductos industriales.

 

Los ingresos por esas exportaciones serían un factor clave para elevar el nivel de vida de los cubanos, y una fuente de inversiones para el desarrollo económico en general. Pero el objetivo del desarrollo agrícola en Cuba debe ir más allá de convertir al país en un exportador de alimentos y, como consecuencia, autoabastecerse en lo que convenga.

 

Hay otro aspecto fundamental relacionado con el desarrollo agrícola de Cuba: la pobreza en el mundo es un fenómeno mucho más común en las áreas rurales; el 75% de los pobres del planeta vive en el campo. Además, el campo exporta su pobreza a las ciudades. Así lo fue la Cuba de ayer, así lo es en la Cuba de hoy, y así puede ser en la Cuba democrática del futuro, si el desarrollo agrícola de la Isla no se orienta en forma debida y no cuenta con los recursos necesarios.

 

Agricultura y Desarrollo

 

Por medio siglo la economía cubana no se ha derrumbado gracias a la ayuda exterior recibida. Desde principios de la década de los 60 hasta 1990, el régimen castrista se sostuvo por las subvenciones masivas de la URSS hasta su colapso; después, fue asistida con créditos de las democracias occidentales, y desde hace diez años se mantiene artificialmente por el subsidio venezolano.

 

Cuando escasearon las subvenciones y se hizo difícil conseguir financiamiento externo, el castrismo se abrió al turismo y negoció su monopolio con empresas españolas. Similar acuerdo alcanzó con los canadienses en la explotación del níquel  y, en los últimos años, ha intentado vender sus potenciales reservas petroleras, con poco éxito y algunas dificultades serias.

 

En Cuba, según Raúl Castro, hay escasez de todo menos de problemas. Y por fin admite públicamente que no se puede seguir achacando al bloqueo – entiéndase embargo - todos los males del país.  En el 2008 Cuba importó de los Estados Unidos, su quinto socio comercial, un total de 801 millones de dólares en alimentos.

 

La admisión de Raúl Castro sobre la bancarrota de una economía que los dos hermanos han llevado a la quiebra es tardía. Cuba tiene hoy una deuda externa de 32,000 millones de dólares. En el 2008 Cuba exportó 3,680 millones de dólares, y las importaciones ascendieron a 14,249 millones de dólares. Es un verdadero absurdo que en una isla con un área cultivable cercana a los seis millones de hectáreas se tenga que  importar el 80% de los alimentos de la población.

 

Raúl Castro dice que lo inmediato y lo estratégico es volver al campo para producir los alimentos que hoy se importan. Esto es otra improvisación, de las tantas con que han empeorado la ineficiencia inherente a una economía centralizada. En Cuba la solución a la crisis alimentaria no es que la tierra produzca más para sustituir las importaciones,  sino aumentar el poder adquisitivo de los cubanos y potenciar las exportaciones agrícolas y sus subproductos industriales, para que esos ingresos estimulen el  desarrollo nacional.

 

Para hacer producir la tierra que nunca se debió abandonar, el régimen entrega parcelas en usufructo, no en propiedad, a gente que la pide, pero que no tiene acceso a fertilizantes, semillas, agroquímicos, aperos de labranza, financiamiento, ni tecnología de punta. Tampoco tienen la libertad de vender sus cosechas  a quien pague el mejor precio.

 

Para empezar a resolver el problema agrícola de Cuba hay que plantearlo en forma sistémica, como parte de un todo nacional e internacional. ¿Cuál es la demanda alimentaria del mercado interno? ¿Tiene la población recursos para comprarla? ¿Qué productos se deben importar, y cuáles, por ser más rentables, se deben cultivar y exportar?

 

Nadie que hable en serio del desarrollo económico de Cuba puede desconocer la ventaja geográfica  de estar  a 90 millas (145 kilómetros) de los Estados Unidos, un mercado que en el año 2008 importó productos agrícolas por casi ochenta mil millones de dólares.

 

Con el  llamado a sembrar lo que se importa, el régimen demuestra cuán lejos está de entender las condiciones necesarias para el desarrollo de la economía cubana. No deja esto de ser lógico, porque los Castro nunca han tenido que preocuparse por la racionalidad de las inversiones, ni por las circunstancias geográficas, humanas e históricas que inciden en forma fundamental en el desarrollo económico de cualquier nación.

 

El general pretende justificar su desconocimiento alegando que no es economista. A estas alturas del siglo XXI, nadie que se atreva a hablar del tema puede pasar por alto que un país no sale de la pobreza sin un esfuerzo público y privado, coordinado dentro de un marco político que brinde estabilidad; un sistema legal que garantice inversiones y compromisos, que resuelva los conflictos con prontitud y transparencia, y un sistema financiero, público y privado, que incentive la creatividad y la responsabilidad empresarial e individual. La democracia es, mayormente, la respuesta.

 

El dinero y la comida

 

Raúl Castro anunció el 26 de julio que hay que cultivar la tierra, porque la producción de alimentos es una cuestión estratégica, bla, bla, bla… Agregó, como siempre, que a los cubanos les esperan más sacrificios.

 

En el 2007 la Viceministra de Economía y Planificación, Magalys Calvo, dijo que Cuba importaba el 84 % de la canasta básica de alimentos, por un valor de 1,000 millones de dólares, que es como decir que cada uno de  los 11’200,000 cubanos podían sobrevivir con una cuota diaria del 84% de su comida por menos de 25 centavos de dólar al día. En el mundo eso se calificaría como hambruna.

Ahora Raúl Castro dice que se importa el 80% de la comida, no por  mil, sino por “miles de millones de dólares”. La cifra del 2007 ¿era falsa? Y ésta, ¿quién sabe? Más serio parece el dato de Raúl Díaz, de AFP, quien informa que en el 2008 el gobierno castrista importó $2,500 millones en alimentos.

 

Si dividimos estos $2,500 millones de dólares entre los once millones cuatrocientos mil cubanos de ahora, tocan a cada uno 60 centavos de dólar por día. A esto le sumamos el otro 20% que no se importa, o sea 12 centavos más de producción nacional, y nos quedamos con que cada cubano puede comprar 72 centavos de dólar de comida al día.

 

Aunque esos 72 centavos de dólar diarios no se los ganan todo el mundo, el salario promedio de los cubanos es de 56 centavos de dólar al día. Habría que preguntarse: ¿Cómo, si ganan 56 centavos al día, pueden comprar los 72 centavos de comida disponible diariamente? Simplemente, no se puede.

 

Con esos 56 centavos de salario diarios compran comida, pero también tienen que pagar transporte, electricidad, ropa y zapatos. Sin incluir en la lista artículos de “lujo” como son en Cuba el papel higiénico, el jabón y la pasta de dientes – olvídese de todo lo demás que le venga a la mente, incluyendo una aspirina. Y si quiere comprar una plancha eléctrica tiene que pagar 75 dólares, el equivalente a más de cuatro meses del salario promedio en la isla.

 

El 80% de la comida que se importa no se regala: hay que pagarla. El otro 20% que se produce en Cuba tampoco es regalado. Una libra de carne de cerdo cuesta un dólar, la venta o compra de carne de res se paga con la cárcel, y las frutas “escasean en los mercados y son cada día más caras” informó el diario del gobierno Granma, el 4 de julio pasado.

 

Según Margarita González, ministra de Trabajo y Seguridad Social, un maestro en Cuba gana 408 pesos mensuales, equivalente a $17 dólares. Para fines ilustrativos, podemos hacer este ejercicio: con todo su salario mensual, un maestro cubano solo puede comprar cerca de 16  libras de carne de cerdo, mientras que con lo que gana en un mes una empleada doméstica costarricense compraría 100 libras. Si es una oficinista cubana que gana 300 pesos al mes, puede llevar a la casa nada más 12 libras. Con su ingreso mensual, un campesino salvadoreño puede comprar 104 libras,  el costarricense compra 130 libras, y al obrero agrícola cubano, con 182 pesos en 30 días, solo le alcanza para 7.5 libras.

 

La ministra de Trabajo y Seguridad Social anuncia que para noviembre los maestros ganarán más: el sueldo será de 534 pesos mensuales, o sea, $22 dólares. Entonces, casi tendrán 73 centavos de dólar por día para comprar la comida disponible de 72 centavos diarios. ¡Puede que les sobre un centavo de dólar al día! O sea, 30 centavos al mes, para pagar ropa, zapatos, electricidad, transporte, y todo lo demás.

 

¿Y los demás cubanos que ganan menos, y que son los más? Seguirán pasando necesidades.  Veamos: hay 1’610,000 pensionados y jubilados que, según la ministra, recibirán mensualmente 243 pesos mensuales, o sea $10.14 al mes; es decir 33 centavos de dólar al día.

 

En Cuba la mayor parte de la tierra de cultivo está ociosa o es altamente improductiva, pero no se ganaría mucho con un nuevo esfuerzo para sembrar si no hay fertilizantes, semillas y aperos de labranza; no hay financiamiento, no existe un mercado libre, y el pueblo continúa recibiendo un salario de miseria.