Cubanálisis El Think-Tank

ARTÍCULO ESPECIAL EN EL THINK-TANK DE CUBANÁLISIS

 

                                Huber Matos Araluce, San José, Costa Rica

                                

 

EL TOTALITARISMO Y LA REPRESIÓN. DE STALIN AL MULÁ OMAR

 

La represión es una característica innata de los regímenes totalitarios. El régimen se condena cuando deja de reprimir. En el proceso de destruir la cultura pre-totalitaria e imponer las nuevas ideas, el sistema exige que la obediencia sea absoluta. Por esta razón en su primera fase la represión es excesivamente brutal. Su objetivo no es castigar sino aterrorizar. Con el tiempo la represión debe tomar otras formas. Jean Kirpatrick plantea que:

 

“La principal tarea del totalitarismo es convertir la ideología en cultura…en la medida en que las nuevas creencias son aceptadas y, se establecen nuevos hábitos, debe declinar la necesidad de la represión por medio de programas agresivos de ´cambios en la manera de pensar´ y el castigo de los disidentes”.1 

 

Independiente de la inclinación política de sus seguidores, el patrón totalitario se reitera en todos los tiempos. Uno de los totalitarismos más recientes es el de los talibanes. Cuando esta secta comenzó a apoderarse de Afganistán, después que los afganos habían derrotado al ejército invasor soviético, el objetivo del Mulá Omar, jefe de los talibanes, ha quedado resumido en las instrucciones de un oficial talibán:

 

Ustedes deben convertirse en gente tan notoria por sus atrocidades que cuando lleguen a una zona la gente tiemble en sus sandalias.  Cualquiera puede dar palizas y hacer morir de hambre o de sed.  Quiero que su unidad encuentre nuevas formas de torturar tan terribles que los gritos aterroricen hasta los cuervos en sus nidos, e incluso si alguien sobrevive nunca pueda volver a tener una noche de sueño”. 2

 

Con ese fin los talibanes prohibieron: reírse en público, escuchar música, ver televisión o un video, jugar cartas o ajedrez y volar un papalote. Se pagaba con la muerte tener un libro que no fuera islámico. Prohibido tener fotografías. Se arrestaba a quien tuviera un pájaro enjaulado y se mataba al pájaro. Las mujeres no podían aparecer en los balcones de sus casas y las ventanas tenían que pintarse de tal forma que no pudieran verse desde afuera, etc.

 

El objetivo de los talibanes es el mismo que el del totalitarismo comunista: que una persona con dudas, inconforme o disidente “nunca pueda volver a tener una noche de sueño”. 

 

La represión comunista no es tan retrógrada como la de los talibanes, pero igualmente perversa. Millones de seres humanos han sido sus víctimas.  El 11 de abril de 2003 tres jóvenes cubanos fueron fusilados por intentar huir de Cuba robándose una embarcación. El castigo no tuvo relación con la ofensa. En realidad, el régimen no estaba interesado en corregir la conducta de los inculpados, sino en lograr un efecto paralizante en la población. Querían quitarle el sueño a quien pensara huir de Cuba haciendo lo mismo o algo parecido.

 

En uno de sus libros, Alexander Solzhenitsyn relata cómo las cuotas de arrestos se enviaban por telegrama desde Moscú a todos los pueblos de la URSS. En esos casos, primero se arrestaba a las personas y luego se les acusaba de un crimen social. Lo importante era sembrar el terror “revolucionario”.

 

En un pueblo donde habían hecho detenciones, pero faltaba llenar la cuota, el comisario recordó que en los alrededores había un campamento de gitanos, y con ellos cumplieron la exigencia.

 

Los comunistas camboyanos también dieron una demostración de la represión que practican las tiranías comunistas en sus principios o cuando se ven en peligro. En los cuatro años en que gobernaron Cambodia, de abril de 1975 a octubre de 1979, asesinaron a dos millones de personas.

 

Uno de los dos más grandes sanguinarios del comunismo fue Stalin: se le atribuyen 23 millones de muertos, entre los asesinados en las purgas y las víctimas de las hambrunas en Ucrania. Mao fue el más cruel de todos, responsable de la muerte de más de 49 millones de personas.

 

El escrutinio histórico

 

Como todo fenómeno político, los totalitarismos han tenido que responder a sus promesas, sus logros y sus costos.  El balance histórico nunca ha sido positivo.

 

En algunos casos la ideología totalitaria desapareció. El Nacional Socialismo nazi pereció como consecuencia del fracaso militar ante los aliados en la Segunda Guerra Mundial. En el comunismo el proceso ha sido diferente. Fracasó en su batalla ideológica contra el capitalismo y la democracia en el campo del desarrollo económico.

 

La represión que pareció ser el instrumento esencial de la vanguardia proletaria en su marcha hacia el futuro, se convirtió en su propia ponzoña. La característica que desde Hannah Arendt hasta Jean Kirkpatrick se estudió como un rasgo esencial del sistema tuvo consecuencias fatales.

 

En el partido comunista la represión fue monopolizada siempre por un individuo.  Representante de una minoría dentro de la minoría, que la usó como el arma para defender sus intereses y privilegios. 

 

La persecución, la vigilancia y la brutalidad policíaca que en un momento determinado fue justificada por fanáticos y simpatizantes, perdieron legitimidad entre muchos de ellos.

 

La dictadura del proletariado que se suponía era una etapa temporal del proceso se convirtió en la meta permanente, desplazando la inalcanzable llegada del paraíso comunista.

 

La institucionalización de la violencia en todas sus formas selló la suerte de la utopía marxista leninista. La revolución comunista se infringió su propia muerte.

  

Si lo analizáramos desde un punto de vista marxista, la represión impidió que la dialéctica intrínseca a todo proceso cumpliera su función regeneradora. La represión terminó impidiendo la evolución del sistema.

 

En la URSS la primera crítica oficial a la represión fue la denuncia en 1956 de los crímenes de Stalin por parte del nuevo dirigente del Kremlin Nikita Khrushchev. Aunque esta denuncia no detuvo la represión comunista si fue una señal freno al uso de las purgas contra miembros del partido.  Fue el principio del revisionismo de todo el sistema.

 

Las víctimas del pasado o sus recuerdos regresaron como un dedo acusador. Los nuevos ciudadanos de la “sociedad sin clases” comprendieron que eran sujetos de la explotación de una Nueva Clase.  El sistema comenzó a fracturarse tanto por dentro como por fuera.

 

Los millones de muertos, la falta de libertad y los traumas causados a generaciones completas empezaron a sobresalir sobre logros económicos y sociales. Los costos sociales y humanos no podían justificarse.

 

La experiencia demostró que la conformidad lograda por los regímenes totalitarios era una circunstancia temporal. Era el producto del terror, el adoctrinamiento, el desplazamiento o destrucción de la vieja cultura, la desintegración familiar etc.

 

En los totalitarismos que temporalmente alcanzaron un determinado nivel de conformidad social, la represión tendió a disminuir con el tiempo y cambió a formas más sutiles y menos violentamente abiertas. Ya no podía ejercerse contra los viejos enemigos. Habían sido derrotados y en muchos casos ya habían desaparecido.

 

Contradictoriamente tenía que aplicarse contra los miembros de la nueva sociedad socialista.  Entonces las contradicciones debilitaron más a un sistema ya en crisis.

 

La represión de baja intensidad

 

El cisma causado por las críticas de Khrushchev a los crímenes de Stalin alimentó el revisionismo gradual del marxismo-leninismo en el mundo comunista. También provocó una airada reacción de Mao Zedong.

 

Las acciones de Mao frente a lo que consideraba una herejía contra el marxismo leninismo tuvieron una trascendencia mucho mayor que las denuncias contra Stalin en acelerar el fin del mundo comunista.

 

En 1958 Mao movilizó a toda la población China en un esfuerzo titánico conocido como “El gran salto hacia adelante”. Con él pretendía convertir en cinco años a China en un coloso industrial. Los resultados fueron catastróficos. Entre otras cosas provocó hambrunas en la que murieron millones de campesinos.

 

Consciente de que el revisionismo tomaba fuerza en China en 1966, Mao lanzó otra campaña purificadora: la Revolución Cultural. Fue una purga de toda la sociedad y del partido comunista que duró hasta 1976. Un verdadero descalabro económico, político y social.   

 

El poder de Mao quedó completamente debilitado dando paso con su muerte a un cambio radical.  La gran transformación de la economía china al capitalismo.

 

Si el primer golpe al comunismo lo había dado Nikita Khrushchev -sin conocimiento de la trascendencia de su denuncia-, el segundo y definitivo lo darían conscientemente los chinos en 1979 bajo el liderazgo de Deng Xiaoping.  El inicio de las reformas y los éxitos en China precedieron por seis años el discurso de Mijail Gorbachov en Leningrado en 1985, en el que propuso el inicio de la reformas al comunismo en la URSS.

 

Pudiéramos resumir que la represión estalinista fue la que provocó una reacción adversa en las filas de partido comunista soviético con implicaciones importantes a largo plazo. Stalin tuvo logros económicos y el esfuerzo de la segunda guerra mundial lo catapultó inmerecidamente a la categoría de héroe. A pesar de todo esto la represión lo condenó.

 

Mao por el contrario fracasó una y otra vez en sus grandes proyectos a un costo humano abrumador. Fue la represión de Mao la que lo llevó al fracaso político y éste abrió las puertas al revisionismo chino que influyó en forma determinante en los acontecimientos de la URSS previos a su desaparición.

 

Con la desintegración de la URSS y el rechazo al marxismo-leninismo en China, solo dos países quedaron rezagados y ondeando la desprestigiada bandera del comunismo en el mundo: Corea y Cuba.

 

Las dos familias en el poder –los Kim en Corea y los Castro en Cuba- han insistido en mantener sus privilegios tratando de defender una doctrina que fracasó rotundamente en todas partes donde se puso en práctica.

 

La economía en ambos países está en la quiebra. En Corea las hambrunas son la amenaza permanente.  El país sobrevive gracias a los réditos de una política de chantaje con la que extraen ayuda a los países occidentales.

 

En el caso cubano la economía no se ha paralizado por el subsidio chavista, los ingresos que se reciben por las remesas y envíos de los exiliados cubanos más una industria turística sujeta a una paz social artificial que puede resquebrajarse en cualquier momento.

 

El castrismo se mantiene como en una cuerda floja. Por eso aplican una represión selectiva contra sus opositores sin llegar a los niveles de violencia característicos en la primera etapa de la dictadura del proletariado.

 

Este tipo de represión que podríamos caracterizar como de baja intensidad, es el producto de las circunstancias:

 

 

El castrismo teme que la aplicación de una violencia más cruda provoque una reacción incontrolable en una población aparentemente domesticada.

 

Las recientes revueltas en los países árabes ilustran el caso. Pueblos que por casi medio siglo aceptaron pacientemente dictaduras corruptas y asesinas han reaccionado con una audacia inesperada ante una agresión que consideran completamente inaceptable. Los cubanos no tienen porque por qué ser una excepción.

 

El castrismo está fracturado internamente por los fracasos del sistema, por su aislamiento internacional, por la falta de fe en sus líderes y por la corrupción interna. No hay ninguna posibilidad de una “Revolución Cultural” en Cuba.

 

La nomenclatura está en crisis, consciente de que el régimen se encuentra en su etapa final, independiente de lo que ésta demore. Solo una minoría de elementos represivos patológicos está dispuesta a machar sus manos de sangre.  La mayoría busca una salida en el horizonte.

 

 

El turismo es una industria muy vulnerable a los problemas políticos de una nación. La tiranía castrista tiene que evitar a toda costa que una imagen de inestabilidad en Cuba pueda afectar el ingreso de turistas.

 

El exilio representa ingresos para el régimen castrista superiores a los del turismo. Por esta razón la dictadura está obligada a cuidarse de las repercusiones que una represión cruda pueda tener en la comunidad exiliada. Esta puede reaccionar exigiendo a Washington una línea más dura hacia el régimen.

 

Sin el mercado socialista y sin la subvención de la URSS, el régimen cubano quedó desamparado. La subvención chavista depende de un hombre en el poder y por lo tanto está sujeta a su futuro en Venezuela.

 

El único camino que le queda a la dictadura es un arreglo con los Estados Unidos, y una condición básica para llegar a él implica un nivel de represión políticamente aceptable para los Estados Unidos.

 

El castrismo prolonga su permanencia en el poder inútilmente. Su ciclo vital está por concluir. Los cambios que pretende implementar implican un relajamiento en el control político. La represión de baja intensidad es un arma de doble filo, trata de mantener un equilibrio en una sociedad que está en el abismo o lo bordea, al mismo tiempo que frena la única energía que liberada totalmente puede sacar a Cuba del atraso y de la pobreza: la del pueblo.

 

--------------

 

1 “Dictatorship and double Standards” Simon and Schuster, páginas 114 a 115

2 “The Sewing Machines of Herat” Christina Lamb, Perennial, página 9