Cubanálisis  El Think-Tank

ARTÍCULO ORIGINAL PARA EL THINK-TANK DE CUBANÁLISIS

 

Huber Matos Araluce, San José, Costa Rica

 

 

                               

 

 

                                

 

EL PARTIDO SE QUEDA (I)

 

El caso de Cuba

 

Los resultados de la reunión del Partido Comunista en enero no debieran decepcionar a los demócratas cubanos. Por el contrario, para nuestro beneficio, los campos han quedado claramente definidos.

 

Los miembros de la nomenclatura que albergaban alguna esperanza en que la gerontocracia iniciaría una apertura política deben haberse convencido de que este no será el caso. Raúl Castro y su grupo tienen toda la intención de controlar el poder hasta que mueran, y luego dejarlo como herencia a sus familiares e incondicionales.

 

El pueblo también lo habrá entendido. El Partido se queda con el poder, y no piensa compartirlo ni discutirlo con nadie. La comunidad y la prensa internacional, que han estado queriendo ver una transición donde no la hay, tienen ahora menos base para seguir presagiando la próxima novedad de la transición política en Cuba.

 

Ni el actual presidente en Washington, ni el que triunfe en las próximas elecciones, podrá alegar que los turistas, como embajadores de la libertad, van a lograr la democratización de Cuba; ni tampoco los pequeños empresarios financiados desde el exterior. Si levantan el embargo, los dólares van primero a reforzar el aparato de seguridad para que el partido siga mandando por la eternidad. Exactamente como en China.

 

El país que proponga mejorar las relaciones con el gobierno de Cuba está bien alertado de que, haga lo que haga, en la isla no habrá multipartidismo, sino una dictadura totalitaria.

 

Los empresarios que quieran invertir en Cuba también saben lo que hacen, se convierten en socios directos o indirectos del régimen, y con ello de todas sus tropelías, sean cubanos o extranjeros, aunque digan públicamente que tienen las mejores intenciones.

 

Esto lo sabía el pueblo cubano mejor que nadie. Por esa razón no le prestó ninguna atención a la reunión del Partido. Quien se haya sorprendido, debe analizar por qué razón albergó esperanzas.

 

La gerontocracia castrista ha tomado una decisión muy parecida a la que tomó Deng Xiaoping en China en los años ochenta: el comunismo es un fracaso, es cierto, pero no se puede admitir públicamente, porque nosotros, el Partido Comunista, nos quedaremos con el poder.

 

En China decidieron que en lugar del comunismo iban a cohesionar a sus miembros y al pueblo con la temática del nacionalismo. De ahí la reflexión del dictador Fidel Castro: La fruta que no cayó, y los recientes comentarios anti yanquis de Raúl Castro.

 

Deng Xiaoping decidió que ante el fracaso económico se invitaría a los capitalistas a reconstruir la economía; así se neutralizaría el descontento del pueblo, y la gente eventualmente aplaudirá la sabiduría del partido.

 

En China empezaron a desmantelar todas las barbaridades de Mao evitando criticarlo, como en Cuba están haciendo con las de Fidel Castro. Así lo han hecho desde entonces en China, y así pretenden hacerlo en Cuba también.

 

En esa coyuntura existencial a la que generalmente más tarde que temprano llegan los gobiernos comunistas, las decisiones no han sido siempre las mismas. Un vistazo al pasado nos puede iluminar sobre el futuro del castrismo en Cuba.

 

China y la URSS

 

El colapso del comunismo en China y en la URSS fue inevitable. El colectivismo fracasó y al final tanto Moscú como Pekín tuvieron que abrazarse al capitalismo.

 

En China el Partido Comunista se quedó con el poder; en la URSS el Partido lo perdió. En cada caso los acontecimientos obedecieron a dos mundos con circunstancias y orígenes diferentes.

 

Rusia nació de los primeros eslavos organizados -en la tierra de Rus- 900 años después del nacimiento de Cristo. En 1547 Iván IV “el terrible” fue su primer Zar. En 1917 Nicolás II fue el último. En ese mismo año el proceso revolucionario fue secuestrado en octubre por el grupo más radical y organizado: Lenin y sus bolcheviques marxistas. Lenin dio la orden de asesinar al Zar depuesto y a toda su familia.

 

En 1917 Rusia pudo haber tomado el camino de otras naciones europeas, conformando una república democrática y constitucional. En vez de eso, los comunistas fundaron la URSS, un imperio político-militar demasiado extendido y heterogéneo, en el que había países con tradiciones y culturas propias, sometidos por la fuerza a los designios del Kremlin.

 

A pesar de su fanática carrera por alcanzar la profecía marxista, “la vanguardia” soviética no pudo progresar como las democracias occidentales. Ante el fracaso del dogma, era difícil justificar en forma permanente la coerción y el terror.

 

En un discurso secreto en 1956, el Primer Secretario del Partido Comunista, Nikita Kruschev, denunció los crímenes de Stalin. Según el historiador inglés Robert Conquest, 20 millones de víctimas. La gerontocracia soviética insistió en el comunismo hasta que Mijail Gorbachev apareció en escena en 1985.

 

China fue otro mundo. La leyenda dice que China fue fundada por Fohi, un personaje mítico que algunos relacionan con el Noé bíblico. Los arqueólogos han encontrado los primeros restos homínidos, de hace más de dos millones de años, en una cueva cerca de Pekín. Las raíces culturales de la China actual comenzaron a forjarse por la dinastía Han, dos siglos antes del nacimiento de Cristo.

 

Cuando en el siglo XIII Marco Polo llegó a “La Ciudad del Cielo”, hoy Hangzhou, la describió como “la mejor ciudad del mundo”, la Venecia del futuro. Polo se maravilló ante una vía acuática, sin saber que tenía mil millas de largo y en su construcción participaron tres millones de personas, mil años antes de que él llegara a esa ciudad como recaudador de impuestos del emperador mongol Khubai Khan.

 

En el siglo XV China era la civilización más avanzada de su tiempo, con una población de más de cien millones de personas, el doble de la de toda Europa. En ese siglo los chinos exploraron los mares con expediciones compuestas de decenas de miles de hombres y cientos de embarcaciones. De no ser por la amenaza mongol en el norte, la cultura budista, el aislacionismo y los conflictos internos, China hubiera sido una potencia mundial desde entonces.

 

Como ocurrió en Rusia con los zares, la regente del niño emperador Puyi, fue obligada a renunciar en 1912. Terminó la dinastía Qing y nació la República de China con un presidente revolucionario y demócrata: Sun Yat-sen.

 

A partir de ese momento las luchas internas impidieron la ansiada consolidación de China. La invasión de Japón causó 20 millones de muertos civiles. La guerra entre el Partido Comunista y el Partido Kuomintang terminó en 1949, cuando Mao Zedong triunfó sobre el Kuomintang y los nacionalistas de Chiang Kai-shek huyeron hacia Taiwán.

 

El terror y los errores de Mao superaron a los de de Stalin. Los historiadores Jung Chang y Jon Halliday le atribuyen a Mao 70 millones de muertos. Al morir en 1976, su sucesor, Deng Xiaoping, tenía ante sí un problema muy diferente al que tuvo Gorbachev diez años después.

 

Deng Xiaoping

 

Mientras la economía China bajo Mao estuvo dirigida por Chen Yun no hubo estancamiento. Por el contrario, con la ayuda de la URSS China creció hasta 1958. Entonces a Mao se le ocurrió el “Gran Salto Hacia Adelante”: un crecimiento forzado que resultó en un desastre económico total y la muertes de millones de personas. Algo así como el fracaso de la zafra de los diez millones de toneladas de azúcar de Fidel Castro en 1970, pero en serio y en grande.

 

Como si esto no fuera suficiente, en 1966 Mao dio inicio a “La Revolución Cultural”. Una purga gigantesca del Partido Comunista y de toda la sociedad china con el propósito de eliminar a los que él y sus fanáticos seguidores consideraban enemigos personales y opositores al maoísmo.

 

Entre ellos Deng Xiaoping, quien en 1968 fue despojado de todos sus cargos y enviado a cumplir castigo en una fábrica de tractores. Mao muere en 1976, y dos años después el hábil Deng Xiaoping ha arrinconado al sucesor oficial, Hua Guofeng, y ya tiene las riendas del poder.

 

En esos momentos la situación de China es crítica. El rompimiento con Moscú en 1960, por razones ideológicas y geopolíticas, había dejado a China sin benefactor. Deng estaba consciente de que la URSS y Vietnam tenían ambiciones que afectarían seriamente los intereses de China.

 

Aunque Vietnam tenía menos de un seis por ciento de la población de China, después de la derrota de los Estados Unidos en 1975 contaba con un ejército poderoso y con experiencia.

 

 Xiaoping estaba convencido de que la URSS planeaba usar a Vietnam para arrinconar a China, como antes había usado a Cuba contra Estados Unidos; de hecho, describía a Vietnam como la Cuba del Este. China no tenía cómo defenderse, sus fuerzas armadas estaban sobredimensionadas, con equipamiento obsoleto, y faltas de entrenamiento.

 

En 1978 el Partido Comunista Chino y la sociedad estaban divididos entre los que apoyaron la Revolución Cultural y sus víctimas. El culto a Mao subsistía en un porcentaje de la población.

 

 Miles de los más capaces comunistas que habían sido purgados durante este proceso todavía estaban en régimen de castigo y su rehabilitación no era inmediata. Deng los necesitaba. Mao había dejado un caos: China tenía 900 millones de habitantes que escasamente podían alimentarse.

 

Xiaoping era un pragmático. Había sobrevivido varias purgas. Incluso después de que su hijo mayor quedó paralítico por agresión de los “guardias rojos” de Mao, Deng, desde su lugar de castigo, planeó su regreso al poder e insistió en su lealtad a Mao, al Partido, y en su posible utilidad.

 

Una vez rehabilitado por orden de Mao, Deng cultivó el aparato militar, del que era uno de sus más destacados veteranos combatientes, y fue clave en la eliminación de los elementos más radicales del fanatismo maoísta: la banda de los cuatro.

 

Ya en el poder, Deng Xiaoping sabía que necesitaba consolidar al Partido Comunista Chino y buscar el apoyo de Occidente para llevar a cabo su agenda:

 

a) Con urgencia había que alimentar a los chinos y empezar a modernizar a un país pobre y atrasado. Él sabía que sin los países capitalistas no podía lograrlo, especialmente Japón y los Estados Unidos.

 

b) Tenía que evitar que la URSS intentara de nuevo agredir a China y que utilizara a Vietnam para debilitar su zona de influencia. Para esto necesitaba la amistad y la influencia de los Estados Unidos.

 

Xiaoping fue sobre todas las cosas un pragmático con gran capacidad de maniobra. Si para los comunistas la dictadura del Partido era el medio para alcanzar el comunismo, a él esa dictadura le permitiría comenzar a enterrar al maoísmo, la versión china del marxismo leninismo.

 

Con su objetivo definido, Deng Xiaoping le planteó a los miembros del Partido que si los errores del pasado se reconocían públicamente el Partido se debilitaría y el país podía encaminarse al caos.

 

Era necesario reconocer los errores de Mao en el plano interno, pero indicó que se debía reconocer sus aciertos. Insistió en que Mao tenía que seguir siendo la bandera del Partido, y el socialismo la meta. Con esta fórmula alivió el conflicto, y ganó tiempo para ir eliminando a quienes desde la izquierda se opusieron a sus proyectos.

 

Como los cambios que él se proponía realizar eran herejías a la luz del marxismo, Xiaoping convenció al Partido de que en adelante la verdad sería el resultado de la realidad, no del dogma.  En otras palabras, si el experimento era exitoso, ese era el camino a seguir y ningún otro.

 

Entre el pueblo Deng se hizo entender con el proverbio: “no importa el color del gato, lo importante es que cace ratones”. Los ratones eran lograr convertir a la China en un país desarrollado, incluso por la vía de una economía de mercado.

 

Cómo los experimentos que le dieron ciertas libertades a los campesinos en el uso de sus cosechas tuvieron buenos resultados, la realidad demostró cuál era el camino correcto. 

 

Pero Deng sabía que la modernización de China solo se podría lograr con la tecnología y los capitales de Occidente. Con este propósito dio tres pasos audaces:

 

a) Visitó Japón, el país odiado por los chinos que no habían olvidado los 20 millones de víctimas causadas por la invasión japonesa. Xiaoping cautivó a los japoneses. En adelante en el desarrollo de China el papel del Japón capitalista fue fundamental.

 

b) Aceleró el acercamiento entre China y Estados Unidos con dos propósitos: 1) pedirle ayuda para el desarrollo de China, y 2) usar a Estados Unidos en su maniobra para frenar las aspiraciones soviéticas en Asia.

 

c) Cultivó a la diáspora china, y en especial a los chinos empresarios de Hong Kong, para que invirtieran en China con todas las garantías. Se establecieron zonas de desarrollo económico con leyes diferentes, donde las empresas extranjeras podrían invertir sin temor, y con toda la colaboración del gobierno especial de la zona.

 

Deng Xiaoping contó con el interés estratégico de Occidente, especialmente de los Estados Unidos, que vieron en China un potencial aliado en las espaldas de la URSS. El capitalismo mundial, por su parte, no perdió la oportunidad ante un mercado con un potencial tan grande.

 

Xiaoping estaba convencido de que el Partido podría legitimarse en el poder mientras el ritmo de crecimiento fuera suficiente para mantener la estabilidad social. Sabía que cierto nivel de corrupción era parte inevitable del proyecto, y que a la etapa que comenzaba sucedería otra etapa un siglo después.

 

Tuvo que enfrentar oposición interna y dificultades de diversa índole, pero siempre las manejó con pragmatismo. El lunar de su carrera fue la represión que ordenó en la Plaza de Tiananmen en junio de 1989.

 

El éxito económico de China tiene que valorarse en el contexto de otros milagros asiáticos anteriores, como los de de Japón, Taiwán, Singapur, Corea del Sur, etc.

 

El éxito chino no es el resultado del Partido Comunista, sino el producto de un pueblo muy trabajador y un individuo excepcionalmente capaz, que supo abrir camino derribando dogmatismos y prejuicios.

 

Sin Deng Xiaoping el Partido Comunista Chino pudo haber tomado el rumbo de los comunistas soviéticos o el de Corea del Norte.

 

En primera y última instancia la opinión más importante sobre el desarrollo en China la tendrían que dar los chinos en elecciones libres, que no se les han permitido. Por el contrario, el Estado chino mantiene permanente vigilancia, control y represión sobre quienes dan opiniones que no les son favorables o protestan por las injusticias.

 

Deng Xiaoping criticó a Miajil Gorvachev por no haber tomado su mismo camino en la URSS. Eran dos hombres diferentes en dos mundos diferentes.

 

(Continuará…)