Cubanálisis El Think-Tank

ARTÍCULO ESPECIAL EN EL THINK-TANK DE CUBANÁLISIS

 

                                Huber Matos Araluce, San José, Costa Rica

                                

 

El Hermano mayor y el hermano menor

 

El hermano menor y el triunfo del embargo

Raúl Castro heredó el poder al final de la larga decadencia del castrismo. Su ascenso se anunció como el non plus ultra del pragmatismo y la organización pero lo único que ha demostrado es ignorancia, mediocridad y temor.

A favor de Raúl hay que admitir que su hermano tampoco fue una lumbrera. Fidel fue un demagogo que tuvo mucho a su favor: la inocencia de un pueblo apasionado, la necesidad que había en occidente de un líder antiyanqui y populista, una economía cubana que pudo resistir todas sus locuras iníciales y luego, durante treinta años, el salvavidas de una exorbitante subvención soviética.

Raúl heredó los errores acumulados del presuntamente superdotado líder y hermano mayor. Entre estos, un pueblo agotado y desilusionado, una economía en las ruinas, un mundo en que la demagogia tercermundista es cosa del pasado, miles de millones de dólares de deuda al occidente democrático y una subvención venezolana mucho menos generosa que la que recibió Fidel de la URSS.

Para desgracia de Raúl muy recientemente ha quedado desvirtuado uno de los fundamentos de la mitología castrista: “la excusa” del embargo estadounidense como el origen de todos los males de Cuba.

La mayor parte del pueblo cubano se ha convencido de que los problemas económicos del país no se deben al famoso ‘bloqueo yanqui” sino que son producto de la corrupción del régimen, sus decisiones estúpidas y el derroche.

Y como el “bloqueo” ya no es la excusa para justificar la pobreza y ausencia de oportunidades que padecen los cubanos, tampoco es excusa para reprimir a los que se quejan y protestan.

Su poder manipulativo se ha evaporado. Lo saben los represores de la Seguridad del Estado y lo saben las víctimas.

Entre las herencias de Raúl la más grave es que el embargo estadounidense triunfó.

Después de esfuerzos permanentes por parte de algunos intelectuales, expertos y políticos para demostrar que el embargo había fracasado, ha quedado demostrado lo contrario.

El régimen no puede esconder su desesperación por atraer el turismo, el capital y tener acceso al mercado estadounidense.

Los dos viajes del Cardenal Ortega a Washington y la insistencia en que se les quite a los ciudadanos estadounidenses la restricción de ir de turistas a Cuba son pruebas de que la dictadura está convencida de que sin el mercado estadounidense no puede haber recuperación económica ni progreso en Cuba.

La recién anunciada venta de condominios de lujo exclusivamente a ciudadanos extranjeros en Cuba, en un régimen de privilegios prohibidos a los cubanos, es una vergüenza.

También se acaba de anunciar el proyecto para la construcción de 16 campos de golf en Cuba, por supuesto, exclusivo para los visitantes y residentes extranjeros que la dictadura espera que vengan a disfrutar de los beneficios que les proporcionará “la revolución”.

Por estas razones es cada vez más evidente que, a pesar de toda su cacareada inflexibilidad socialista, Raúl y sus acólitos se arrodillan ante el capitalismo y ante los Estados Unidos, pidiéndoles ayuda.

Por las mismas razones el embargo estadounidense y la Posición Común de la Unión Europea representan cartas de negociaciones decisivas que tiene la oposición democrática cubana dentro y fuera de la isla.

El hermano menor le ha soltado un poco la rienda a Fidel para que lo ayude ante una situación en extremo difícil.

No ha sido una decisión inteligente pedirle cooperación a un anciano que hace unas semanas aseguró el inicio de una guerra atómica, y que el sábado pasado, ante la Asamblea Nacional del Poder Popular, dijo que el origen del universo sucedió hace 18,000 años.

Pero Raúl, en su inseguridad, parece no haber calculado bien o tal vez no tenga mejor alternativa.

El regreso del hermano mayor y sus consecuencias

La aparición de un Fidel Castro en las actuales circunstancias ha estimulado el argumento de quienes ven a un Raúl como promotor de cambios y a un hermano mayor que los frena o incluso los entorpece.

Esta hipótesis se emplea en estos momentos para justificar una presunta falta de entendimiento entre el régimen castrista y el gobierno de Obama.

La ausencia de ese entendimiento puede perfectamente tener otro origen: que Raúl Castro y su grupo, a pesar de la delicada situación en que se encuentran, todavía no han estado dispuestos a ceder a todas las condiciones exigidas por los Estados Unidos.

O incluso pueden haber aceptado, formal o tácitamente, esas condiciones para ponerlas en efecto en un lapso de tiempo determinado. Mientras, Washington estaría observando con precaución el cumplimiento de las promesas, antes de ceder en medidas de las cuales no le sería fácil retroceder.

Otra posibilidad es que el castrismo crea que lo hábil es continuar apostando a Chávez como la fuente de ingreso seguro y al crecimiento del turismo como parte del paquete de salvación.

En cuyo caso deben estar muy seguros en La Habana de que en las próximas elecciones parlamentarias en Venezuela ya están organizadas las medidas, incluyendo el fraude, para asegurarse de que Hugo Chávez no perderá el control.

Ante todo lo anterior, que es un simple bosquejo de diferentes escenarios no necesariamente excluyentes, el argumento de Fidel Castro como el enemigo de las reformas y Raúl como el propulsor puede ser un razonamiento simplista para tratar de explicar una situación compleja.

Mientras tanto, la aparición de Fidel Castro parece haber tenido más consecuencias negativas que positivas para el castrismo.

Mientras Fidel estuvo retirado de la actividad política por cuestiones de salud, Raúl era el responsable, por la incapacidad de su hermano, de resolver el deterioro generalizado que hay en Cuba.

Ahora que Fidel “ha regresado con salud”, y aunque insistan oficialmente en que él nada más que se hace cargo de las cuestiones internacionales, tampoco podrá resolver la precaria situación de la sociedad cubana.

Ahora los dos cargan con la responsabilidad del desastre actual. Esto tiene serias consecuencias a corto, mediano y largo plazo.

Simultáneamente, el regreso del hermano mayor disminuye aun más la debilitada imagen de Raúl ante la población y entre los miembros de la nomenclatura.

Esto ha sucedido a pesar de presentar al viejo Fidel sin los grados de comandante y de hacer pública, en los momentos de su aparición, la continua persecución contra el socio favorito de Fidel, el chileno Max Marambio.

También en el plano internacional ya se empiezan a recoger las reacciones negativas de las meteduras de pata de Fidel Castro.

No ha terminado el mundo de asimilar con incredulidad sus pronósticos de la guerra atómica; su afirmación sobre sabotaje de parte de los Estados Unidos al barco de guerra de Corea del Sur; su descubrimiento de que el “nacimiento del Universo” sucedió hace 18,000 años, cuando Fidel Castro lanza una estocada a México, asegurando que a López Obrador le robaron su triunfo electoral.

La reacción del gobierno mexicano ha sido de un rechazo categórico a la intromisión.

Si Raúl y su grupo creyeron que traer o permitirle a Fidel un papel activo podía estimular la vacilante moral de la minoría castrista en el país es probable que hayan tenido la razón.

Pero al parecer no previeron las consecuencias negativas de su reactivación política, aunque esta fuera limitada por su salud o por un acuerdo previo, o por una imposición que él aceptó desde hace algún tiempo.

Esto no nos debe sorprender. Raúl y su grupo han demostrado falta de imaginación para afrontar los problemas del país.

Son personas que fueron escogidas, adiestradas y acostumbradas a aceptar las decisiones de un hombre que siempre se creyó experto en todo y superior a todos.

Tomaron las riendas del poder en esas condiciones, con el agravante de no haber podido ejercerlo nunca, tarea que no es fácil para nadie.

Aun peor, han estado queriendo salir adelante con esquemas anacrónicos.

No entienden que Cuba tiene que integrarse al mundo moderno –democrático y capitalista- en los términos de este y no en los de una camisa de fuerza ideológica.

Que Cuba debe llegar a un acuerdo mutuamente beneficioso con los Estados Unidos y con Europa.

Tal vez lo más grave es que no entienden que en la economía de nuestros tiempos el manejo de los recursos humanos es fundamental. Siguen tratando al pueblo cubano sin respeto y con temor.

El regreso del sembrador de miedos es el regreso del enterrador.