Cubanálisis El Think-Tank

ARTÍCULO ESPECIAL EN EL THINK-TANK DE CUBANÁLISIS

                                Huber Matos Araluce, San José, Costa Rica

 

El comunismo fideliano

(primera parte: la traición)

 

Por casi medio siglo la propaganda ha tratado de proyectar al castrismo como una experiencia única en que en un pequeño país, enfrentado al imperialismo norteamericano y dirigido por una especie de líder-dios, hizo realidad la justicia social y el progreso entre los cubanos. Pero lo que ha sucedido en la isla durante casi cincuenta años, ha sido una copia mediocre de la experiencia comunista en otras latitudes con similares y desastrosas consecuencias.   La dictadura fideliana importó la ideología oficial, el  esquema de partido único monopolizado por  un tirano, el monopolio de las armas, el control de los medios de comunicación masivos, un sistema policíaco terrorista y una economía centralizada.

 

 Hay en el caso cubano dos hechos particulares que merecen atención:

 

1) En Rusia y en China los comunistas tomaron el poder sin engañar a nadie.  En Cuba, el "líder máximo" triunfó prometiendo restaurar una democracia pluripartidista; pero una vez en el poder instrumentó una dictadura totalitaria.

 

2) Ni en Rusia ni en China los regímenes comunistas dependieron de ayuda exterior para sobrevivir.  En Cuba, la dictadura se ha convertido en un parásito que habría muerto sin las subvenciones que sigue recibiendo del exterior. Tanto el cambio radical de ideología como la total dependencia externa, gravitan sobre el régimen como una maldición.

 

Ni Vladímir Ilich Uliánov (Lenin), ni Mao Zedong engañaron a nadie. En el siglo XX ambos abrazaron el credo comunista, que era conocido ampliamente desde el siglo anterior. Ya en 1847 La Liga de los Comunistas había pedido a Marx y a Engels que pusieran por escrito los principios del comunismo y en 1848, estos quedaron definidos en el Manifiesto Comunista: “Toda la historia de la sociedad humana, hasta la actualidad , es una historia de luchas de clases” y pronostica el fin del capitalismo: “la burguesía no sólo forja las armas que han de darle la muerte, sino que, además, pone en pie a los hombres llamados a manejarlas: estos hombres son los obreros, los proletarios”. “El proletariado se valdrá del Poder para ir despojando paulatinamente a la burguesía de todo el capital, de todos los instrumentos de la producción, centralizándolos en manos del Estado, es decir, del proletariado organizado como clase gobernante, y procurando fomentar por todos los medios y con la mayor rapidez posible las energías productivas.”

 

Lenin nunca fue un demócrata, ni prometió una democracia. Como respuesta a los disturbios del principio de 1917 en Rusia, Lenin, exilado en Suiza, escribió “Cartas desde lejos” donde razonaba que esas  convulsiones tenían su origen en la lucha clasista de los años 1905/ 07 y que la guerra imperialista en curso (primera guerra mundial) era catalítico para la actividad revolucionaria.  Dos meses después, ya en suelo ruso, escribió su “Tesis de Abril” donde define con más detalle su programa: la confiscación de tierras, la guerra a la burguesía, el cambio del nombre del partido de Socialdemócrata a Comunista, etc.

 

Después del fracaso en julio, Lenin se asila en Finlandia donde termina de escribir  “El Estado y la Revolución” en el cual expone el proyecto de la dictadura del proletariado como un paso necesario para llegar al comunismo, etapa en que el estado desaparecería por innecesario. 

 

Mao Zedong abrazó el comunismo desde su juventud. A los 27 años, en julio de 1927, asistió al primer congreso del Partido Comunista de China.  Su diferencia fundamental con el marxismo tradicional era que él creía que en China, a falta de una población obrera abundante, sería la masa campesina la responsable de la revolución.  Desde ese primer congreso hasta el último en que participó, el noveno Congreso Nacional del Partido Comunista  en 1969, Mao fue uno de los más recalcitrantes líderes comunistas del mundo. Su aporte a la guerra de guerrillas y sus elucubraciones filosóficas nunca lo divorciaron del marxismo. 

 

Fidel Castro por el contrario, desde sus inicios como dirigente político, se comprometió una y otra vez a devolver la democracia a Cuba. Ésta había sido violentada por el  golpe de estado del Fulgencio Batista el 10 de marzo de 1952, a solo tres meses de unas elecciones presidenciales en que el pueblo cubano tenía la esperanza de elegir un nuevo gobernante. 

 

El presidente derrocado, Carlos Prío Socarrás (foto), había decepcionado a la mayoría de la población por no haber puesto freno al estigma nacional: la escandalosa e inaceptable corrupción de los funcionarios públicos. A tres meses de elecciones presidenciales, la victoria del Partido del Pueblo Cubano, “ortodoxo”, el más  comprometido en la lucha contra la corrupción, ofrecía una firme esperanza a la población.

 

En varios documentos públicos que citaremos, Fidel Castro lejos de propugnar una revolución comunista, se comprometió una y otra vez a luchar por el regreso de la democracia en Cuba dentro del contexto de la Constitución de 1940, una de las constituciones democráticas más avanzadas socialmente de su época y la constitución vigente en la isla cuando Batista dio el golpe de estado. 

 

En ella habían quedado como tareas, entre otras reivindicaciones, la legislación de una ley de reforma agraria, que luego sería uno de los objetivos del programa revolucionario del movimiento que encabezó Castro.  Este movimiento no era la única fuerza de oposición a Batista y durante toda la lucha guerrillera Castro trató siempre de que todas las demás organizaciones de oposición lo respaldaran.

 

La Historia me Absolverá. Un año y siete meses después del derrocamiento de presidente Prío Socarrás, el 16 de octubre de 1953, Fidel Castro habla en detalle sobre la vitalidad de la democracia cubana antes del golpe de estado.  Esta es su descripción: “Había una vez una república. Tenía su Constitución, sus leyes, sus libertades, Presidente, Congreso, tribunales; todo el mundo podría reunirse, asociarse, hablar y escribir con entera libertad, el gobierno no satisfacía al pueblo pero el pueblo podía cambiarlo y ya solo faltaban unos días para hacerlo.  Existía una opinión pública respetada y acatada y todos los problemas de interés colectivo eran discutidos libremente. 

 

Había partidos políticos, horas doctrinales de radio, programas polémicos de televisión, actos públicos, y en el pueblo palpitaba el entusiasmo. Este pueblo había sufrido mucho y si no era feliz, deseaba serlo y tenía derecho a ello.  Lo habían engañado muchas veces y miraba el pasado con verdadero terror…Deseaba un cambio, una mejora, un avance, y lo veía cerca.  Toda su esperanza estaba en el futuro.” Estas son las palabras de Castro en su discurso “La historia me absolverá”, un documento público que tuvo amplia difusión en Cuba.

 

El Manifiesto del Movimiento 26 de Julio y la Carta de México. Los objetivos democráticos de la revolución fueron luego ratificados en el Manifiesto del Movimiento 26 de Julio, ideario del grupo que Castro organizó. En Agosto 1956 Fidel Castro y el más popular líder estudiantil de Cuba, José Antonio Echeverría, dirigente del Directorio Revolucionario, firmaron en México un pacto conocido como la Carta de México, en la que se afirma: “La Revolución llegará al poder libre de compromisos e intereses para servir a Cuba, en un programa de justicia social, de libertad y democracia, de respeto a las leyes justas y de reconocimiento a la dignidad plena de todos los cubanos.” 

 

Siete meses después, el 13 de marzo de 1957, José Antonio murió combatiendo a la policía de Batista, en un operativo parte del fallido asalto del Directorio Revolucionario al palacio presidencial, que tuvo como objetivo eliminar al dictador.

 

El Manifiesto de la Sierra Maestra. En 1957 en plena lucha guerrillera en las montañas de la provincia de Oriente, Castro se compromete en otro documento público, “El Manifiesto de la Sierra” a la formación, con los demás grupos de la oposición, de un Frente Cívico Revolucionario señalando: “Queremos elecciones, pero con una condición: elecciones verdaderamente libres, democráticas, imparciales”… “Garantía absoluta a la libertad de información, a la prensa radial y escrita y de todos los derechos individuales y políticos garantizados por la Constitución”... “Declarar bajo formal promesa, que el gobierno provisional celebrará elecciones generales para todos los cargos del Estado, las provincias y los municipios en el término de un año bajo las normas de la Constitución del 40 y el Código Electoral del 43 y entregará el poder inmediatamente al candidato que resulte electo”. 

 

Castro fue el redactor principal de este manifiesto, que también fue firmado por Felipe Pazos y Raúl Chibás el 12 de julio de 1957; fue publicado por entero en la mayor revista de circulación nacional de Cuba, “Bohemia” el 27 del mismo mes. El Manifiesto de la Sierra servía para tranquilizar a los sectores de propio movimiento de Castro que estaban preocupados por los rasgos dictatoriales que empezaban a sobresalir en su conducta.  También garantizaba tanto al pueblo, como a los demás grupos de oposición a Batista, que un triunfo del Movimiento 26 de Julio no implicaba otra cosa que el regreso a la democracia.

 

Felipe Pazos,  era un hombre de gran prestigio en Cuba, entre otras cosas por su posición antibatistiana. En 1944 fue delegado a la conferencia de Bretton Woods, precursora del Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial, fundador del Banco Nacional de Cuba, el principal economista del Banco Mundial (1952/53) y Director de Investigaciones del Centro de Estudios Monetarios para América Latina (CEMLA, 1954/57). 

 

Al triunfar la revolución en 1959, aceptó de nuevo la presidencia del Banco Nacional de Cuba como un miembro importante del equipo revolucionario.  Después, en el exilio fue de 1961 a 1966, uno de los “nueve sabios” a cargos de coordinar “La Alianza para el progreso” y economista principal del BID (1966/75).

 

Raúl Chibás (foto) era el hermano de Eduardo Chibás, el fallecido líder del Partido del Pueblo Cubano. Raúl Chibás era una figura emblemática del movimiento ortodoxo, un luchador incansable contra la corrupción y durante la lucha contra Batista llegó a ser el tesorero del Movimiento 26 de Julio y comandante de la revolución.  Como Felipe Pazos, también murió en el exilio.

 

El Pacto de Caracas. La unidad de propósitos del Frente Cívico Revolucionario planteado en el Manifiesto de la Sierra, quedó plasmado el siguiente año en Caracas, Venezuela, con la firma del Pacto de Caracas.

 

En él se apela a la unidad de todos los grupos y partidos políticos opuestos a Batista para en un esfuerzo común: “que derrocará a la infame tiranía que durante años ha regado con sangre el suelo de la patria, segando sus mejores reservas humanas, arruinando su economía, perturbando hasta sus cimientos todas las instituciones cubanas, al interrumpir el proceso democrático y constitucional del país, al que ha conducido a esta cruenta guerra civil que finalizará con el triunfo de la revolución por el esfuerzo unido de todos. Ha llegado la hora de que la inteligencia, el patriotismo, el valor y el civismo de sus hombres y mujeres salve a la patria oprimida con la decisión de todos los que sentimos muy en lo hondo el destino histórico de nuestra nación, su derecho a ser libre y a constituir en la comunidad democrática, como forma esencial de la vida,”. 

 

En el Pacto de Caracas, documento escrito por Fidel Castro en la Sierra Maestra y dictado por radio a Venezuela, se ratifica una vez más: “Conducir al país, a la caída del tirano mediante un breve gobierno provisional, a su normalidad, encauzándola por el procedimiento constitucional y democrático”. Entre los firmantes del pacto está su promotor y redactor, Fidel Castro, y representantes de organizaciones políticas, sindicales, estudiantiles, entre ellas el depuesto presidente Carlos Prío Socarrás, líder de la Organización Auténtica.

 

Por todas estas manifestaciones y garantías, con el triunfo de los revolucionarios el 1 de Enero de 1959, el regreso de la democracia a Cuba era una expectativa completamente razonable. Los comunistas, que no habían participado activamente en la lucha contra Batista y que más bien se habían incorporado a ella tardíamente, no tenían ni arrastre popular ni prestigio; por el contrario, varios de sus dirigentes principales habían estado vinculados a Batista. 

 

La médula del Movimiento 26 de Julio era de clase media y tanto el movimiento obrero como la masa estudiantil eran anticomunistas. El pueblo no esperaba otra cosa que el cumplimiento del programa democrático de los revolucionarios.

 

Pero los planes de Fidel Castro eran diferentes. El Movimiento 26 de Julio fue desintegrado. En Julio de 1961 se fundó las Organizaciones Revolucionarias Integradas (ORI) en la que formaba parte el Partido Socialista Popular (Comunista).  El 26 de Marzo de 1962 la ORI fue sustituida por el Partido Unido de la Revolución Socialista de Cuba (PURSC) y el 3 de Octubre de 1965 éste desapareció para convertirse en el Partido Comunista de Cuba (PCC).

 

En la década de los sesenta, el argumento más popular entre los sectores de izquierda en el mundo, para justificar o tratar de entender el viraje de Fidel Castro hacia el comunismo y su alianza con la URSS fue, que había sido una consecuencia de la agresividad norteamericana contra los revolucionarios, cuando estos iniciaron su programa de expropiaciones.  Esta hipótesis fue perdiendo vigencia en la medida en que Fidel Castro y algunos de sus más cercanos seguidores testimoniaban que su afiliación al marxismo leninismo era anterior a la toma del poder. 

 

En la revista “Cuba Socialista” de Noviembre de 2005, editada por el Comité Central del Partido Comunista de Cuba, un artículo de Noel Manzanares Blanco afirma que: “…el Ejército Rebelde  --destinado a ser elemento central y aglutinador de todos los que luchaban contra la tiranía--la rectitud en la postura de los hombres portadores de la ideología marxista-leninista (además de Fidel Castro, Ernesto “Che” Guevara y Raúl Castro Ruz --por citar estos ejemplos--) no solo servía de escudo ante la infamia, sino que también tributaba a la consolidación del prestigio del núcleo central de la vanguardia político-revolucionaria”. El autor describe a Fidel Castro como un marxista leninista en la Sierra Maestra en el año de 1957, poco tiempo antes de que firmara el Manifiesto de la Sierra Maestra anteriormente citado.                                                           

 

¿Era Castro comunista, o se abrazó al comunismo por la amenaza estadounidense, o lo hizo porque éste le brindaba la oportunidad de quedarse en el poder de por vida?

 

El debate sobre cuál fue la razón del cambio en la ideología de Castro, si es que realmente hubo un cambio, rebasa los límites de este artículo, cuya proposición inicial y muy sencilla es que mientras Lenin y Mao llegaron al poder comprometidos con  un programa comunista, Castro, por el contrario, lo alcanzó con la promesa de restablecer la democracia multipartidista y en su lugar, se entronizó por casi medio siglo al frente y al mando unipersonal de una dictadura totalitaria.

 

Es evidente que traicionó la promesa que hizo al pueblo cubano, a todos los revolucionarios demócratas que lucharon junto a él, y a las organizaciones con las cuales firmó acuerdos y declaraciones de principios.

 

El enfrentamiento entre los revolucionarios demócratas y los que se prestaron a consolidar a Fidel Castro como un dictador, fue dramático. En los primeros meses después del triunfo de enero de 1959, Castro comenzó a purgar con violencia a todos aquellos dirigentes revolucionarios que rechazaban cooperar y/o se opusieron a la orientación comunista que tomaba su gobierno.  Esa purga incluyó calumnias públicas, severas condenas  a prisión y fusilamientos. 

 

A este conflicto inicial le siguieron miles de ejecuciones, cientos de miles de presos políticos y el exilio de casi dos millones de personas, muchos de los cuales habían sido simpatizantes de la revolución democrática, que se resistieron a los intentos de comunizarla o simplemente huyeron por la represión y la falta de oportunidades.  En mi opinión, la traición a la revolución cubana tuvo una importancia que lejos de disminuir, ha aumentado con el tiempo.

 

En vista del desastre político, económico, social y moral que el totalitarismo ha traído a Cuba, los postulados originales de aquella  revolución adquieren de nuevo relevancia.  La ausencia física de Castro de la escena política cubana es el preludio de su final. 

 

Al mando ha quedado su hermano Raúl Castro y un grupo de antiguos comandantes y generales comprometidos con el fracasado proyecto comunista. La mayoría de la población y de las personas vinculadas directamente con el gobierno, quieren un cambio que les permita disfrutar del progreso y los beneficios  que la globalización y las nuevas tecnologías han propiciado.

 

Cuba está en una encrucijada; o el régimen actual se amorfa en una dictadura que recurre a una alianza con el capitalismo para sobrevivir en el poder y se arriesga a mantener un sistema en que los bajos salarios y los privilegios a los extranjeros conduzcan a una convulsión social impredecible o, propicia una transición como la de Hungría y la república Checa, países que abandonaron el comunismo para establecer un estado de derecho. 

 

Los postulados democráticos y originales de la Revolución Cubana pueden ser rescatados, para que una auténtica democracia tenga como objetivo fundamental la justicia social y el progreso. 

 

Donde se defienda una soberanía ausente de paranoia patriotera, y se establezcan con los Estados Unidos y otras naciones una relación saludable y equitativa. Una nación donde sean los cubanos del pueblo, principalmente los que viven en la isla, y no las empresas extranjeras, quienes tengan las condiciones y oportunidades para participar en el desarrollo económico de su país.