Cubanálisis  El Think-Tank

ARTÍCULO ORIGINAL PARA EL THINK-TANK DE CUBANÁLISIS

 

Huber Matos Araluce, San José, Costa Rica

 

 

                               

 

 

                                

 

Cuba y Corea del Norte: el cuentapropismo y la transición democrática

 

El tema de cómo ayudar a la democratización de Cuba ha estado dominado por el simplismo, la política y los intereses. Con poca frecuencia se plantea el asunto con objetividad.

 

¿Qué deben hacer Europa y los Estados Unidos para propiciar una democracia en Cuba?

 

La respuesta es parte de un debate permanente donde parece que ni empresarios, ni periodistas, ni algunos políticos europeos y otros estadounidenses tienen que probar o demostrar nada.

 

La mayoría proponen lo que les parece o conviene plantear, sin tener en cuenta la experiencia histórica ni los hechos.

 

Por ejemplo, lo primero que ignoran o tergiversan es el impacto que han tenido en Cuba políticas opuestas: la de los Estados Unidos versus la de Europa y el resto del planeta.

 

Mientras los Estados Unidos mantuvieron un embargo comercial a la Isla, prohibiendo originalmente a las empresas norteamericanas comerciar con Cuba, todas las democracias industrializadas del mundo tomaron la posición completamente contraria.

 

Desde Canadá hasta Japón, incluyendo Europa, por más de medio siglo le dieron préstamos y crédito al gobierno de Cuba. Le han vendido y le han comprado todo lo que se ha podido comerciar, además de proporcionarle asistencia y ayudas gratuitas.

 

El embargo estadounidense no ha impedido que Cuba exporte sus principales productos: azúcar, tabaco, níquel y servicios médicos a quien los ha querido pagar en el mundo, excluyendo a los Estados Unidos.

 

Ni mucho menos ese embargo ha evitado que millones de canadienses, europeos, latinoamericanos y ciudadanos de otros países hayan viajado como turistas a Cuba.

 

El fracaso económico del castrismo se debe a la economía socialista, fracaso que han experimentado todos los gobiernos que impusieron ese modelo.

 

El ejemplo más reciente es el de Venezuela y su “socialismo del siglo 21”. El gobierno chavista, anti yanqui y antiimperialista, tiene a los Estados Unidos como uno de sus más importantes socios comerciales.

 

A pesar de esto, Venezuela, con una de las reservas energéticas más grandes del mundo, está al borde del precipicio económico.

 

El embargo de los Estados Unidos

 

Quienes señalan que el embargo estadounidense ha fracasado parten del supuesto que éste tenía que lograr el colapso del castrismo o hacerlo cambiar. La conclusión es tan falsa como fácil.

 

El embargo de los Estados Unidos no tuvo tal propósito y nunca hubiera podido lograrlo, porque el gobierno cubano dependía de un generoso subsidio de la Unión Soviética. Además, Cuba podía comerciar con casi todo los países del mundo.

 

No fue hasta que la URSS se desplomó que comenzó una crisis grave en Cuba, que pudo superarse porque Venezuela tomó el papel salvador del bloque soviético.

 

Habría que considerar el impacto del mantenimiento o la suspensión del embargo estadounidense si Venezuela dejara de subvencionar al régimen castrista.

 

Aunque sería iluso creer que el fin de esta subvención daría inicio en forma irreversible a una transición democrática en Cuba.

 

Quienes se oponen al embargo no han tenido en cuenta que el embargo puede haber persuadido  a elementos dentro del gobierno cubano de que la transición democrática es un precio que tendrán que pagar -con o sin los Castro- para normalizar la relación con los Estados Unidos y salvarse ellos mismos del caos y de la justicia del pueblo.

 

Desde otra perspectiva, los anti embargo callan que la política de amistad y de comercio de la Unión Europea hacia el régimen castrista tampoco ha logrado un cambio de sistema en Cuba.

 

La política del “policía malo” (los Estados Unidos) y la del “policía bueno” (la Unión Europea) merecen estudio, porque esta situación ha hecho más fácil la vida a la dictadura en Cuba.

 

Quizás lo que no funcionó ayer como se pretendió o como se alega, pueda estar teniendo resultados ahora o los tendrá en el futuro.

 

¿Estaría la democracia garantizada?

 

¿Podría sobrevivir otra dictadura en Cuba? ¿Una que protegiera los intereses y personajes del castrismo?

 

Nada está escrito y nada está fuera de las posibilidades. Una estrategia de apoyo al pueblo cubano no puede rechazar tal escenario ni tampoco como enfrentarlo.

 

Lo que no se puede argumentar es que cualquier política hacia Cuba puede por sí sola lograr un cambio.

 

Este es el principal error del grupo que propone una mayor flexibilidad hacia el régimen de la Isla, que eventualmente conduciría a un levantamiento del embargo.

 

Son varios los factores que pueden llevar a que un país sometido a una dictadura se mueva hacia una democracia y que ésta se consolide.

 

Uno de ellos es la voluntad del régimen en el poder. En el caso del castrismo ha sido su convencimiento de que es peligroso ceder y el hecho de que siempre ha tenido un padrino que lo financie.

 

Hasta ahora ha sido el castrismo el que no ha permitido que ni la presión estadounidense ni la amistad y colaboración europea hayan logrado verdadero progreso en el campo del pluralismo político y el respeto a los derechos humanos.

 

Tampoco lo hará con cualquier otro planteamiento que sea considerado desestabilizador.

 

Por eso cuando alguien propone alguna nueva idea sobre cómo los Estados Unido o la Unión Europea deben relacionarse con el régimen castrista, tiene que aceptar que durante medio siglo la dictadura castrista, por decisión propia, ha sido un muro infranqueable.

 

Si el que propone una nueva política al presidente Obama está convencido de que de la dictadura quiere ir hacia una transición democrática, tiene la obligación de demostrarlo y no tomar por cierto lo que puede ser una cuestión puramente táctica.

 

Ante crisis severas hay dictaduras que han cedido, mientras otras se han radicalizado.  Desde la guerra fría hasta nuestros días los ejemplos no faltan.

 

Cuando en el pasado el castrismo se ha encontrado en problemas ha hecho concesiones, y luego de superada la crisis ha vuelto a la rigidez.

 

A fin de cuentas, el regreso de Cuba a la democracia es nada más que una posibilidad.   La defensa o sugerencia de determinadas medidas lograr un cambio autentico en esa dirección debe considerarse en un contexto del que no pueden estar ausentes las experiencias de otros países.

 

El cuentapropismo y la empresa privada

 

¿Conduciría a la democratización de Corea del Norte que los Estados Unidos apoyaran una mayor autonomía de los habitantes de ese país?

 

Eso dependería de que el régimen de Corea del Norte aceptara que sus súbditos tuvieran mayor autonomía. Parece improbable que esto dependa de lo que hicieran o dejaran de hacer los Estados Unidos.

 

En todo caso, sin cambios políticos fundamentales en Corea, lo que hoy se pueda permitir, mañana podría convertirse en un delito. Esta ha sido la experiencia en Cuba.

 

Sin embargo, uno de los firmantes de la carta a Obama en que le piden mayor flexibilidad hacia “Cuba”, Arturo Valenzuela, ex subsecretario de Estado para Latinoamérica, afirmó en una entrevista al periódico El Mundo que:

 

“No habrá liberalización en Cuba hasta que el pueblo gane autonomía”.

 

Está claro que tanto en Corea del Norte, como en Cuba, esa autonomía dependerá de la decisión de cada dictadura, no de la decisión de Barack Obama.

 

Usar como ejemplo la existencia de cuentapropistas o de empresas privadas en Cuba para demostrar la certeza o posibilidad de un cambio hacia la democracia es una ilusión, ignorancia o demagogia.

 

En Corea del Norte también hay cuentapropistas e inversiones extranjeras y esto no es indicio ni garantía de que el país se esté encaminando hacia la democracia.

 

En Corea del Norte: “…La forma más popular de ganar dinero es con pequeñas tiendas o restaurantes, o pequeñas industrias haciendo ropa o zapatos, enseñando en forma privada y brindando servicios médicos privados… Recientemente hay un creciente número de personas que están involucrándose en el negocio de los transportes registrando ilegalmente vehículos y botes en nombre de compañías o agencias y apropiándose de las ganancias, ya que está prohibido a una persona ser dueño de un vehículo”.

 

En Corea del Norte hay varias zonas francas en la que se han instalado empresas capitalistas, muchas de ellas de la vecina y enemiga mortal Corea del Sur. En este sentido Corea del Norte está mucho más avanzada que Cuba.

 

Los ilusos no han dejado de hablar y de escribir del proyecto de Mariel en Cuba como la epifanía del “cambio” del capitalismo a la democracia. Pero sin garantías de orden constitucional e institucional que incluyan el respeto a los derechos humanos no habrá una verdadera democratización.

 

En conclusión, la presencia de cuentapropistas y de empresarios en una dictadura no es garantía de democracia ni de transición a la democracia.

 

China, Rusia, Vietnam, Siria e Irán, entre otros, son países donde se violan sistemáticamente los derechos humanos. Sin embargo, en estas naciones hay muchas más libertades y garantías económicas que las que el régimen de Raúl Castro ha planteado y permite en Cuba.

 

Ninguno de esos sistemas está evolucionando hacia el multipartidismo y la democracia verdadera.

 

El argumento de Arturo Valenzuela de que: “No habrá liberalización en Cuba hasta que el pueblo gane autonomía”, es una afirmación muy discutible por otra razón.

 

Hay países que han pasado de la dictadura a la democracia sin necesidad de tal “autonomía económica”, y hay pueblos que con autonomía económica aún viven bajo regímenes tiránicos.

 

¿Hay cambios en Cuba que garanticen un futuro democrático?

 

Descartado el factor del cuentapropismo o incluso de la empresa privada como determinante de una transición a la democracia, tendremos que preguntarnos si el régimen castrista está tomando acciones en esta dirección para fortalecer su precaria economía y así afianzar la dictadura, o para iniciar una transición democrática.

 

Las acciones y declaraciones del castrismo en este sentido están bien documentadas.

 

Mientras para muchos los cambios en Cuba son parte de una estratagema de supervivencia ante la crisis venezolana, otros dan por seguro de que esos cambios son las señales de una nueva era en la que los Estados Unidos no deben perder la oportunidad.

 

Las dictaduras se resisten al cambio mientras pueden. Esto depende de una serie de circunstancias  y de factores internos y externos, todos interactuando.

 

El deterioro económico actual en Cuba y la debilidad política del régimen son consecuencia de decisiones de la dictadura y de la dependencia que el castrismo siempre ha tenido de la subvención externa.

 

Lo que hace falta no son propuestas aisladas sino una estrategia que contemple los diferentes escenarios,  porque ni el cuentapropismo, ni la desaparición de Raúl ni de Fidel Castro, ni el fin de la subvención venezolana, ni una mayor flexibilización del gobierno de Obama hacia el régimen en la Isla, necesariamente van a conducir a Cuba hacia la democracia.

 

El presente y el futuro del pueblo cubano se encuentran en juego y no hay espacio para la demagogia, la superficialidad y el error.