Cubanálisis El Think-Tank

ARTÍCULO ESPECIAL EN EL THINK-TANK DE CUBANÁLISIS

 

                                Huber Matos Araluce, San José, Costa Rica

                                

 

Cuba, la revuelta popular y la crisis del castrismo

 

Nadie debería sorprenderse porque la mayoría del pueblo en Cuba no se une a las protestas públicas escenificadas por los opositores. Aunque muchos quisieran creer que sí, el pueblo cubano no está listo todavía para reclamar sus derechos. En lugar de acusarlo de cobardía debemos entender su situación y ayudarlo a salir de ella.

 

La protesta popular es siempre una opción, pero una opción del pueblo y aunque en nuestro caso no se puede descartar ninguna estrategia para el cambio, es probable que éste siga sucediendo dentro del marco de referencia del mundo socialista al que Cuba perteneció y cuya desintegración no fue el producto de rebeliones populares.

 

Es comprensible entender el entusiasmo de muchos cubanos exiliados ante la ola de revoluciones en los países árabes. Estas han cautivado la imaginación y la preocupación de una buena parte del mundo. Parecería que en Cuba el camino de las protestas debía ser inevitable; sin embargo, las manifestaciones populares son consecuencia de circunstancias particulares en cada país.

 

Hay cubanos que creen que una rebelión popular en la isla es inminente. Otros argumentan que en Cuba no hay nada que hacer porque los cubanos están llenos de miedo. Que Cuba ya no tiene salvación. Al centrar su tesis en el temor, los pesimistas apuntan al comportamiento de los cubanos, dándole más importancia que a las circunstancias que lo determinan. 

 

Excluyen de su argumentación que la conducta humana es el resultado de muchos factores.  Si éstos varían, el comportamiento puede cambiar. Una revuelta popular en Cuba ha sido imposible hasta ahora por la forma en que los cubanos perciben su realidad. Si las condiciones cambian y sus percepciones cambian, la revuelta puede producirse.  

 

El pueblo cubano bajo el castrismo no siempre ha sido el mismo. Hace pocos años no tenía valor para hacer críticas al régimen y hoy lo hace casi públicamente. Ahora la gente tiene una opinión diferente sobre las fortalezas y debilidades de la dictadura. Hay cada vez mas reproches públicos de individuos que ayer apoyaban al sistema. Mañana el pueblo podría convencerse de que puede actuar en defensa de sus derechos.

 

Los exiliados tenemos una percepción de la realidad cubana diferente a la de un compatriota que vive en la isla. Nosotros vemos al régimen castrista aislado internacionalmente, en la quiebra y dirigido por un grupo de erráticos octogenarios. 

 

La mayoría del pueblo cubano no tiene acceso a las noticias de Cuba que nosotros en el exterior recibimos constantemente. A veces nos enteramos de sucesos en una ciudad que la mayoría de los vecinos del mismo pueblo desconocen. Los cubanos pueden sentir y ver muchas cosas, reales o imaginarias, que nosotros no tenemos en cuenta.  

 

Es admirable que la oposición interna se lance a las calles a retar al régimen. Ellos no esperan que la población se les una. Están poniendo a la tiranía en aprietos, obligándola a la represión para exponer sus abusos ante el mundo. También van ganándole espacios y ayudando a la gente a entender que el miedo se puede perder.

 

Hace más de treinta años, cuando mi padre salió de la cárcel nos dijo que teníamos por delante una guerra ideológica. La Voz del CID fue la respuesta. Esa batalla está ganada, hoy tenemos por delante un reto diferente. En lugar de argumentar que el pueblo tiene miedo, ayudémoslo a darse cuenta de que ya no tiene que temer.

 

A lo largo de la historia los escépticos y pesimistas han negado posibilidades a quienes han planteado o intentado objetivos audaces o proyectos aparentemente descabellados. La evidencia demuestra que el progreso de la humanidad ha sido las más de las veces el resultado de los esfuerzos o sacrificios de visionarios y soñadores. 

 

En algún momento un hombre pre-histórico, ante el pesimismo o la burla de los demás, se puso a forjar un rudimentario instrumento con una piedra, más de una piedra le debe haber fallado hasta que encontró el filón apropiado. Así nació la edad de piedra. Otros se pusieron a fantasear con una rueda hasta que alguien la hizo rodar; mientras en algún momento, unos “chiflados” se dedicaron a escudriñar las estrellas tratando de entender sus “erráticos” movimientos. A Galileo lo condenaron. Cristóbal Colon fue un despistado para mucha gente.

 

Una revuelta popular es posible en cualquier país en que haya un régimen sin legitimidad e incapaz de canalizar las aspiraciones del pueblo. Cuba no es una excepción. Como hemos mencionado ya, quien crea que porque el pueblo cubano tiene miedo no puede protagonizar una revuelta popular, hace un diagnóstico superficial de un problema complejo y circunstancial.

 

Ante la opresión y la imposibilidad de defenderse las personas y los pueblos reaccionan con temor; éste es el secreto del éxito de las dictaduras. Hacerle creer a la gente que no hay esperanza ni posibilidad en la rebelión.  La historia está llena de ejemplos.

 

Los egipcios sometidos a los faraones por milenios y hasta recientemente acostumbrados a obedecer, se contagiaron por las revueltas populares de sus vecinos de región que también por décadas habían actuado con temor. 

 

Lo importante no es afirmar que los libios o los egipcios son más valientes que los cubanos.  Los pueblos no son congénitamente cobardes o valientes. Lo importante es entender por cual razón o circunstancias esos pueblos perdieron el miedo. O incluso, como aún con temor actuaron con audacia.

 

El caso de Siria es relevante. Seguro que en las manifestaciones de los sirios hay una mezcla de temor, rebeldía y fe. Saben que unos cuantos morirán cada día y en especial cada viernes, pero aún ante la violencia criminal, parte del pueblo insiste en pagar el precio y protestar.

 

En Cuba por temor a que la población pierda el miedo el régimen castrista dedica muchísimos recursos a la represión. Esa ha sido la permanente obsesión de la dictadura.  ¿Por cuál otra razón desde hace algún tiempo la tiranía castrista insiste públicamente en que no van a dejarse tomar las calles?

 

Reiterando esa amenaza están admitiendo el peligro de que algún grupo pueda tomarlas.  Piensan que el pueblo pueda unírseles. Sean miles o cientos de miles, o millones de cubanos que exijan en la calle comida, derechos, libertades, o el fin del sistema.

 

Por eso el aparato represivo reacciona con tanta agresividad ante cualquier señal que pueda contagiar a los demás, ya sea un pequeño grupo o una persona. No importa que sea Yoani Sánchez, quien no tiene ni pertenece a ninguna organización, o que se trate de activistas políticos, o incluso de gente del pueblo que reclama cualquier cosa. La violencia contra ellos es inmediata.

 

Lo expuesto anteriormente no es para afirmar que la solución del problema cubano actual es el de tomar las calles, sino que la dictadura lejos de descartar esa opción la tiene muy presente. En Cuba parece que el que mete el miedo es el que más lo tiene.

 

Por muy heroica, estimulante y redentora que pudiera ser una rebelión en Cuba, la verdad es que los regímenes comunistas en Europa no se derrumbaron ante una revuelta popular, ni incluso en el caso de Rumanía, donde la hubo parcialmente. Por esta razón, no debemos sentirnos frustrados. La libertad en Cuba no tiene necesariamente que ser el resultado de una revuelta popular. 

 

En la URSS el cambio fue iniciado por sus líderes. En Polonia, el Sindicato Solidaridad fue instrumental. No quiere decir esto que en nuestro país tenemos que esperar un Gorbachov, o el binomio polaco Walesa-Jaruzelki. Las condiciones son diferentes.

 

En la URSS la aparición de Mijail Gorbachov fue un accidente histórico.  Uno detrás del otro murieron tres dirigentes soviéticos (Leonid Brézhnev -1982, Yuri Andrópov -1984, Konstantín Chernenko -1985). Como por un deseo de la Divina Providencia, en fila esperaba el reformista Gorbachov.

 

Lo que es común entre Cuba y los países ex comunistas de Europa ha sido el fracaso del comunismo. En la URSS esto persuadió a una buena parte de la nomenclatura de que un cambio de sistema era lo único que podía frenar el retroceso con relación a Occidente.

 

En la URSS la corrupción se había vuelto más importante que el credo ideológico. El aparato económico, administrativo y político era obsoleto. Con diferentes niveles de percepción y reacción en cada país, los pueblos comenzaron a vislumbrar un futuro de libertades.  La URSS se hundió en el propio pantano que había creado.

 

El comunismo castrista es una variante del fracaso de la experiencia soviética con un componente geopolítico muy importante - los Estados Unidos - la democracia más rica del planeta, a 90 millas de sus costas y un exilio, que juega un papel determinante en el desempeño de la economía de la isla y en el estado de opinión de la isla. 

 

Para ponerlo en términos futbolísticos, desde hace algún tiempo los castristas están jugando en la cancha de los cubanos demócratas, quienes (aunque no sea completamente evidente) son ahora los que tienen todas las ventajas. Mes tras mes las noticias de Cuba apuntan a mayor descrédito para el régimen. Corrección de errores de los errores anteriores, que también son nuevos errores. 

 

Nuestra preocupación no debería ser si el pueblo tiene miedo o no. Nuestra preocupación debería ser si estamos haciendo lo necesario y lo inteligente para explotar las ventajas que tenemos sobre la dictadura. 

 

No debemos rendirnos ante un enemigo moralmente vencido y materialmente en quiebra. 

 

No debemos ser víctimas de un falso optimismo creyendo que la protesta popular debe ser ya, ni que tiene que ser el único camino.

 

Sobre todo debemos dejar de ser víctimas del pesimismo que el régimen nos inculcó por décadas.