Cubanálisis  El Think-Tank

ARTÍCULO ORIGINAL PARA EL THINK-TANK DE CUBANÁLISIS

 

Huber Matos Araluce, San José, Costa Rica

 

 

                               

 

 

                                

 

CUBA EN EL SIGLO XXI (SEGUNDA PARTE Y FINAL)

El extremismo islámico

En el capítulo anterior planteamos que las consecuencias del colapso de la URSS hace más de veinte años llegan hasta nuestros días.

El régimen castrista, por haber insistido en el esquema totalitario y por una recalcitrante y anacrónica política antiestadounidense ha tenido que pagar el precio. Factura que ha pasado al pueblo cubano, víctima real de la ceguera, la incompetencia y la ambición castrista.

El desplome de la URSS fue el fin de la puja ideológica y militar entre las dos potencias que dominaron la última mitad del siglo pasado. Fue el fin de una guerra fría, tibia y a veces también caliente, entre dos formas de actuar y pensar completamente opuestas.

Con la caída de la URSS la dictadura en Cuba no solo perdió la subvención soviética y la legitimidad ideológica, sino que tendría que sobrevivir en un mundo en el cual las dictaduras y el terrorismo internacional, que el estado castrista apoyó primero que nadie en el mundo, irían desapareciendo.

Pero eso no fue todo. El capitalismo demostraría una vez más su vitalidad, adaptándose y utilizando los avances científicos y las nuevas tecnologías.

La globalización aceleraría la competencia.

En 1990 la mayoría de los individuos no imaginaba que cualquier ciudadano tendría literalmente en sus manos la posibilidad de estar al tanto de las últimas noticias. Podría aprender sobre casi cualquier tema y comunicarse a un costo bajísimo o a ningún costo con otra persona en el planeta. Eso era ciencia ficción. Los primeros teléfonos celulares costaban en aquel tiempo $3,000 dólares y pesaban bastante.

Ni Fidel ni Raúl Castro tenían la menor idea de que mientras ellos insistían en seguir el camino de los dinosaurios hacia la extinción, el mundo se lanzaba en una aventura casi fantasiosa.

¿En qué forma sucedió?

Uno de los factores que aceleró el desplome soviético fue el fracaso de sus nueve años de invasión a Afganistán y su obligada retirada en febrero de 1989, dos años antes de la disolución formal de la URSS.

Nadie pudo imaginar que el triunfo contra el ejército soviético en Afganistán resultaría en el fortalecimiento del extremismo islámico.

Una vez en control de Afganistán, los talibanes -un movimiento islámico derechista y militante- permitieron que el país se convirtiera en la principal base de la organización terrorista Al-Qaeda.

Los enemigos de los Estados Unidos han insistido en que Osama Bin Laden fue algo así como un subproducto de la CIA durante la guerra en Afganistán que luego se volvió contra sus mentores norteamericanos. No fue así. Bin Laden era antiamericano y terrorista antes de llegar a Afganistán.

Los Estados Unidos, por medio de la CIA, financiaron una buena parte del esfuerzo contra los soviéticos, pero fue una sección especial del servicio de inteligencia de Pakistán (ISI), bajo del mando del coronel Mohammed Yousaf, la que canalizó y coordinó casi toda la ayuda estadounidense en la guerra antisoviética de Afganistán.

Pero independiente del origen de Al-Qaeda, su atentado contra las torres gemelas en Nueva York y el Pentágono el once de septiembre de 2001 provocó dos reacciones que repercutirían hasta nuestros días, y en Cuba también.

La primera reacción fue la invasión estadounidense de Afganistán el siete de octubre de 2001 con el propósito de derrocar el gobierno talibán de ese país y eliminar la organización terrorista responsable del ataque.

La segunda fue la guerra en Irak contra Saddam Hussein.

La presencia armada y política de los Estados Unidos en el mundo árabe lo desestabilizaría favorablemente, como ya veremos.

Afganistán

En poco tiempo los Estados Unidos y sus aliados expulsaron a los talibanes del poder y a Al-Qaeda de Afganistán. Los norteamericanos creyeron que habían ganado la guerra, pero lo que pareció una intervención relativamente exitosa se convertiría en el conflicto militar más prolongado de su historia.

Esto sucedió porque el gobierno estadounidense no hizo a tiempo en Afganistán el esfuerzo necesario para consolidar la democracia.

Un paso difícil, pero por la misma razón inevitable. Por el contrario, Estados Unidos dejó un vacío de poder por el cual tuvo que pagar y todavía está pagando un alto precio.

Pero la importancia geopolítica del rápido éxito militar en Afganistán consistió en que la administración de George W. Bush creyó que las fuerzas militares de los Estados Unidos tenían la capacidad de repetirlo en cualquier otro país de la zona. Ya no había URSS que los frenara.

Irak

Un poco más de un año después de la invasión a Afganistán los Estados Unidos invadieron por segunda vez a Irak.

La primera invasión, conocida como la Guerra del Golfo o Tormenta del Desierto, había sido una respuesta multinacional a la invasión de Irak a Kuwait. Duró siete meses, de agosto de 1990 a febrero de 1991. El objetivo no fue despojar a Saddam Hussein del poder, sino castigarlo por su invasión a Kuwait.

La segunda invasión, con el propósito de derrocar a Hussein, comenzó en marzo y se dio por concluida en mayo de 2003.

Lo demás es historia conocida.

Fue fácil triunfar contra los talibanes en Afganistán y también contra Saddam Hussein en Irak. Lo difícil ha sido llegar a establecer un equilibrio en sociedades fragmentadas y polarizadas por el fanatismo y la violencia.

Para lograr estabilidad en Irak los Estados Unidos tuvieron que encaminar al país hacia la democracia a un costo considerable. Sin duda, han tenido bastante éxito.

Irak no es democrático al estilo estadounidense, pero es democrático. Ha tenido hasta ahora la suficiente estabilidad para evitar la fragmentación y el colapso.

El país ha demostrado que la democracia es una alternativa política superior a la dictadura, a la dominación de una secta sobre otra y al radicalismo de Al-Qaeda.

Lo que ha sucedido en Irak repercutiría en los vecinos de alguna manera.

Del fracaso soviético al de Al-Qaeda

El continúo esfuerzo de Estados Unidos y sus aliados por salvar a Afganistán de otra dictadura talibán y la lucha en todos los frentes por neutralizar Al-Qaeda han rendido sus frutos.

El terrorismo islámico ha ido perdiendo potencialidad organizativa. Puede todavía golpear y quizás un día vuelva a causar una tragedia de grandes proporciones.

Pero la guerra sistemática contra esta organización y la inesperada y revolucionaria Primavera Árabe han desplazado al terrorismo como opción política.

La Primavera Árabe

El movimiento revolucionario, que comenzó en Túnez con la inmolación de Mohamed Bouazizi el 17 de diciembre de 2010, modificó el mapa político de varios países y ha obligado a las monarquías a tomar medidas para evitar el contagio.

La Primavera Árabe también ha tenido sus consecuencias en Cuba.

En alguna forma, la derrota de Saddam Hussein y el experimento democrático en Irak contribuyeron a debilitar el status de opresión, marginalización y humillación que parecía inconmovible en el mundo árabe.

Las fuerzas armadas cubanas, peor armadas, entrenadas y motivadas que las de varios países árabes, han visto como las revoluciones populares pueden derrotar o neutralizar a un ejército.

En algunos casos la simpatía y la ayuda internacional han sido muy importantes, hasta el punto de inclinar la balanza. Estos ejemplos no pueden haber sido pasados por alto por los militares y sus familias en Cuba.

Pero las consecuencias de la Primavera Árabe van más allá.

Gracias a las revoluciones árabes, los Estados Unidos y otros países que confraternizaron, fueron socios y hasta apoyaron dictaduras en esa parte del mundo han tenido que rectificar ante los hechos.

Hoy no es aceptable que la Unión Europea o los Estados Unidos apoyen o confraternicen con una dictadura en un pequeño país, por ejemplo Cuba. Lo podrán seguir haciendo con Rusia y con China por razones geopolíticas, pero no con un tiranuelo como Raúl Castro.

En este sentido no será fácil a la Unión Europea y Estados Unidos llegar a un acomodo permanente con la dictadura en Cuba.

Pero la influencia de las revoluciones árabes en Cuba no se limita al ejemplo de pueblos venciendo o doblegando ejércitos dictatoriales, o a que los países del primer mundo ya no puedan justificar tan fácilmente relaciones amistosas con pequeñas tiranías.

El castrismo ha estado estrechamente vinculado con las dictaduras de Siria y Libia, hasta el punto de continuar apoyando el genocidio de Bashar al Assad contra su pueblo.

Por esta razón, la muerte de Gadafi se sintió en La Habana, y el eventual derrocamiento de Assad en Siria será otra derrota muy cercana a los Castro.

El desprestigio del castrismo en el nuevo mundo árabe no es algo para despreciar o pasar por alto. Todo tiene su precio.

El pueblo cubano, que no parecería tener mucho que ver en todo esto, es un observador silencioso de los acontecimientos. No lo descartemos con la pamplina de que tienen miedo. Los egipcios tenían miedo también, lo tuvieron por miles de años de opresión.

La mención que hizo Raúl Castro este pasado 26 de julio de 2012 sobre que había gente que quería fomentar en Cuba revueltas parecidas a la de Libia y Siria es una admisión de temor.

La revolución digital.

¿Qué tiene que ver esto con Cuba?

La revolución digital comenzó con Eniac, el primer computador electrónico, diseñado en la Universidad de Pensilvania como el secreto militar PX. Se comenzó a construir en 1953 y costó el equivalente hoy en día de aproximadamente ocho millones de dólares.
Luego dio un salto cuántico con el diseño del microprocesador 4004 de Intel, anunciado públicamente en 1971.

Cuando los vendedores de Intel empezaron a comercializarlo, nadie imaginaba, ni vendedores ni compradores, que tenían en sus manos el poder que comenzaría a cambiar el mundo en todos los órdenes, hasta en el político.

Luego llegó la Internet. Llegó la libertad y también mucho más. Si la información es poder desde el inicio de la historia humana, con la Internet el control de esta dejó de ser el monopolio de los fuertes.

Los descendientes del 4004 de Intel miniaturizaron los computadores y revolucionaron la telefonía. Toda una cadena de descubrimientos y tecnología mantienen conectada cientos de millones de personas en el planeta.

Las dictaduras, que usaban los medios de comunicación como parte fundamental de la represión, se han debilitado ante el tsunami digital. Hasta las más retrogradas como Corea del Norte enfrentan un enemigo elusivo y difícil de controlar.

El problema se complica para cualquier régimen dictatorial porque sin las ventajas de las tecnologías digitales sus economías y hasta sus sistemas de control político quedan rezagados del resto del mundo.

China, por esta razón, no ha podido evitarlas. Pekín gasta recursos inmensos en tratar de controlar lo que sus habitantes leen y se transmiten por medio de Internet. Es un esfuerzo destinado al fracaso.

El caso de Cuba no se escapa de este paradigma. A fin de tomar el camino del progreso, nuestro país tiene que incorporarse al mundo digital en una forma total. No hay alternativa. El régimen lo sabe y nada puede hacer. Tiene miedo.

Cuanto más frene el acceso al mundo digital, más oposición tendrá en las nuevas generaciones de cubanos, y menos competitiva será la deficiente economía de la isla, la estatal y la privada.

En el mundo de hoy no se concibe que un albañil no tenga un teléfono celular al que se le pueda llamar, a cualquier hora y en cualquier lugar que se encuentre, para que vaya a inspeccionar un trabajo y dar una cotización. Es una cuestión de modernizarse o perecer.

Conclusiones

Cuba en el siglo XXI es un tema apasionante del cual en esta primera y segunda entrega a Cubanálisis, hemos arañado la superficie.

En primer lugar analizamos lo que bautizamos como el síndrome del ombligo del mundo, esta presunción de los cubanos a creer que todo lo nuestro es más importante que lo de los demás. El síndrome nos desubica y nos hace daño.

También señalamos el importante hecho de que hay millones de ciudadanos del mundo que aman a nuestro país y le desean lo mejor sin haber nacido en él. Esto representa un inmenso poder.

Luego comentamos cómo la disolución de la URSS había puesto en tema de discusión cuan justo era el capitalismo en democracia y cuan representativa era ésta en un sistema multipartidista.

Indicamos que hay discusiones necesarias sobre el sistema en que vivimos que no deben evitarse. Cuba no tiene por qué cometer los errores que países democráticos están tratando de superar.

La dirigente democrática de Birmania, Aung San Suu Kyi, ha tratado este tema con toda franqueza como una vía para acelerar el progreso político y económico de su país. ¿Por qué no imitarla?

Cuba debe lanzarse en este siglo a una carrera para recuperar su tiempo perdido, pero debe hacerlo con un esquema moderno y justo. La creatividad, la productividad y la competitividad andan de la mano en este siglo, también de la mano de la justicia social por razones prácticas y morales.

En ambas entregas hemos analizado casi en forma repetitiva la participación de Estados Unidos en Afganistán e Irak. Lo creímos importante. En un resumen final debía incluirse como un solo tema.

Tratamos cómo la desaparición de la URSS había dejado a los Estados Unidos como el poder sin par en el planeta. Cosa que gravita sobre todos sus enemigos, Rusia, China, etc. Incluyendo la pequeña satrapía castrista.

Una masacre en Cuba por parte del régimen es difícil de concebir y muy difícil de aceptar para Washington. El ejemplo de cómo el ejército egipcio tuvo que frenar a sus militares represores es importante. El ejército sirio del dictador Bashar al Assad está pagando el pasar por alto los consejos y advertencias de los Estados Unidos.

Hemos intentado dar una visión panorámica de las fuerzas que inciden sobre los actores de nuestro país: la globalización, las tecnologías digitales, la supremacía estadounidense, el desprestigio de las dictaduras y del terrorismo, entre otros.

Los cubanos hoy debatimos cuándo el pueblo se lanzará a las calles y si algún día lo hará. La conclusión generalizada es que los cubanos son un pueblo cobarde. Con todo respeto al que piense diferente, me parece que es una visión limitada, equivocada e injusta.

Un levantamiento es una cuestión de circunstancias. Circunstancias que son el resultado de la providencia y del trabajo constante e inteligente. Los pueblos son genéticamente guerreros y los cubanos también.

Detrás de cada ciudadano de nuestro país que agacha la cabeza y se somete están los genes de un combatiente cavernícola y feroz. El régimen castrista, como toda dictadura, lo sabe.

El tema de Cuba en el siglo XXI no puede limitarse a la página de nuestra historia relacionada con el fin del castrismo. Es mucho más complejo y prometedor.

Espero que esta breve, limitada y sin duda defectuosa contribución pueda servir de algo a alguien.