Cubanálisis El Think-Tank

ARTÍCULO ESPECIAL EN EL THINK-TANK DE CUBANÁLISIS

                                Huber Matos Araluce, San José, Costa Rica

 

Cuba en el limbo y el error de Obama (1)

 

La política de la administración de Barack Obama hacia Cuba ha fracasado. Después de [más de] un año de iniciar una apertura hacia el castrismo, no ha habido de parte de la tiranía disposición a colaborar hacia un entendimiento. Como la  Era de Acuario , la de Obama con nuestro país no ha llegado a ninguna parte y para Washington Cuba ha quedado en el limbo, o tal vez eso nos quieren hacer creer. [1]

 

Durante su campaña política, Barack Obama manifestó su intención de dar un giro total a la política exterior de los Estados Unidos. En un debate con los demás aspirantes a la nominación del Partido Demócrata, Obama  planteó que con el fin de iniciar un diálogo él se reuniría sin condiciones con dictadores con los cuales los Estados Unidos tenían conflictos. Hilary Clinton inmediatamente le refutó diciéndole que eso beneficiaría a priori a los tiranos.

 

Con esa declaración, en el caso de Cuba, Obama anunciaba el fin de la política que “expertos académicos” de izquierda criticaron siempre como una estrategia de “confrontación,” culpable de la conducta agresiva del castrismo contra los Estados Unidos.  También esa estrategia fue objeto de crítica permanente por parte del periodismo político que ha sustituido al periodismo informativo en ese país y en el mundo. 

 

Para todos ellos la “confrontación” había impedido el acomodo civilizado entre Washington y “La Habana”.  Además, era la causa de la actitud recalcitrante del régimen castrista contra los Estados Unidos y la  que justificaba un estado de paranoia permanente en el gobierno en Cuba, que a su vez lo inducía a reaccionar represivamente contra  cualquier manifestación de oposición en la isla.

 

Una vez presidente, Obama puso en práctica la prometida política de apertura y conciliación hacia el castrismo, que provocó una ola de elogios  y expectativas entre los críticos de la inoperante y oxidada estrategia de “confrontación”.  En todas partes se aplaudió el inicio del  inminente e inevitable cambio en las relaciones de ambos gobiernos. Apertura que abriría el camino a una era de transformaciones en Cuba que harían  posible su eventual transición hacia la democracia. 

 

Como parte de la nueva visión, Obama había prometido eliminar de inmediato las restricciones de viajes de los cubanos a la isla,  y que estos serian una especie de embajadores de la libertad; así como derogar las restricciones de envíos de dinero a la isla.  Acciones que, una vez puestas en práctica en el 2009, le garantizaron al régimen castrista un aumento de ingresos de cientos de millones dólares. Para una tiranía que sobrevive con dificultad por la subvención chavista, esos ingresos adicionales representan una tabla de salvación.  No obstante, Obama aseguraba que el embargo se levantaría cuando se diera libertad a los presos políticos y se respetaran los derechos humanos.

 

Para muchos la política anunciada por Obama descansaba en supuestos imaginarios, de cómo se comportaría el castrismo ante gestos conciliatorios del gobierno de los Estados Unidos.  Era una especie de “whishful thinking” (ilusión) que había adquirido el nivel de certeza entre muchos partidarios de Obama.  Washington debió haber previsto un escenario menos optimista.

 

Un año después el panorama es diferente.  Los presagios y las profecías de la nueva era con Cuba, que también compartía un sector “conciliador” de la oposición democrática cubana, han quedado en el limbo.  Obama no solo acepta que las expectativas fueron prematuras sino parece que el presidente estadounidense ha dado un giro enigmático en su visión del futuro de Cuba.

 

Los mensajes entre Raúl Castro y Obama

 

Pasada la euforia inicial sobre la nueva era entre la administración de Obama y el castrismo, a la primera señal de desacuerdo que se le dio cierta importancia fue a una rectificación del enfermo dictador, que a unas declaraciones de Raúl Castro y su disposición de negociar con Obama sobre cualquier tema, definió públicamente lo que, según él, había querido decir Raúl. Castro demostraba su desagrado por la posible conciliación entre ambos gobiernos. 

 

Sin embargo, para observadores más atentos al comportamiento del castrismo las declaraciones de Castro no eran más que un evento, precedido por otras acciones nada alentadoras que indicaban que el régimen en lugar de flexibilizarse se endurecía, entre ellas:

 

·        purgas a funcionarios que no se consideraban incondicionales del raulismo;

 

·        el ascenso de Ramiro Valdés, represor por excelencia, miembro de la vieja guardia y jefe del Ministerio del Interior en sus épocas más siniestras; 

 

·        la ausencia de medidas que respaldaran los cambios implícitos en las críticas de Raúl Castro al sistema;

 

·        la eliminación de elementos moderados del régimen, que simbolizaban por su juventud y sus experiencias promesas hacia menos estatismo;

 

·        la sistemática negativa del gobierno a comunicarse con la oposición democrática, la insistencia de medidas represivas contra la disidencia y –en una presunta antesala a la apertura- la inexplicable persecución de cubanos que recibían señales de televisión vía satélite.

 

Pero  los nuevos inquilinos de la Casa Blanca, convencidos de que podían cambiar el mundo con su nueva política de conciliación con tirios y troyanos, ya habían tomado la iniciativa respecto a Cuba. 

 

La eliminación de restricciones a los viajes de los cubanos en el exilio y a los envíos de remesas representaban beneficios económicos por centenares de millones de dólares que, para una economía ruinosa, eran una bendición y el inicio de ventajas adicionales sin tener que corresponder con nada por ellas.

 

Se eliminó la restricción a la conexión de banda ancha de Internet entre compañías norteamericanas y Cuba; aunque el régimen se ha negado a hacer uso de esa ventaja. Se restringieron algunas facilidades a los disidentes en la Oficina de Intereses de los Estados Unidos en Cuba, que ya no podían hacer copias fotostáticas ni recibir libros desde el exterior por esa vía.

 

Pasaban los meses, y de la contraparte castrista no había la reacción esperada.

 

Por el contrario, el régimen parecía actuar más sincronizadamente con Hugo Chávez y su retórica antiimperialista. Se seguía machacando en el tema del “bloqueo” con una demagogia superada por la realidad y por la nueva disposición y las acciones del gobierno estadounidense.

 

El gobierno de Obama no admitía la futilidad de su nueva política hacia Cuba, hasta que el 13 de octubre el presidente de los Estados Unidos recibió al presidente del gobierno de España, José Luis Rodríguez Zapatero.

 

Entre los temas que conversaron estuvo el de Cuba.  Unos días después, el 25 de ese mes,  el periódico español El País filtra parte de la conversación que sostuvieron ambos presidentes. 

 

Lo que publica el periódico es tan importante como lo que se infiere del  contenido.

 

Veamos:

 

El Nuevo Herald comienza refiriéndose a la información de “El País” con este párrafo:

 

El presidente norteamericano Barack Obama solicitó a España que mediara ante las autoridades cubanas para que éstas hagan más esfuerzos en mejorar las relaciones con Estados Unidos, sostiene el diario español El País en su edición del domingo”.

 

El País informó que Barack Obama le pidió al presidente José Luis Rodríguez, durante su visita a la Casa Blanca, que le mandara este mensaje a Raúl: “Decidle a Raúl que si él no da pasos tampoco yo podré darlos”.

 

Según El País, Obama insistió en el tema de los pasos: “Nosotros estamos dando pasos, pero si ellos no dan pasos también, será muy difícil que podamos continuar”'.

 

En el mismo artículo se cita a Obama pidiéndole a Rodríguez Zapatero: “Que les diga a las autoridades cubanas que comprendemos que no se puede cambiar las cosas de la noche a la mañana, pero que, pasados unos años, cuando se mire hacia atrás, debe quedar claro que éste fue el momento en el que empezaron los cambios”.

 

Es obvio que las citas contienen la clave de un intercambio de mensajes entre ambos gobiernos:

 

Obama le dice a Raúl: “comprendemos que no se puede[n] cambiar las cosas de la noche a la mañana, pero que, pasados unos años, cuando se mire hacia atrás, debe quedar claro que éste fue el momento en el que empezaron los cambios”.

 

Si dudas, Obama está respondiendo a un mensaje de Raúl Castro en que este le dice que en Cuba no pueden hacerse cambios rápidos. A lo que Obama le responde que comprende que “no se pueden cambiar las cosas de la noche a la mañana”.

 

Por lógica, ese mensaje de Raúl Castro tiene que obedecer a uno inicial de Obama, en el cual le planteaba el tema del cambio en términos rápidos, tan rápidos como para que Raúl respondiera que no se pueden hacer los cambios de la noche a la mañana. 

 

Por su grado de comprensión y aceptación, la respuesta de Obama a Raúl es casi “conmovedora”.  No obstante, Obama pide al dictador que dé algunos pasos para que por lo menos quede claro para la posteridad que dentro de unos años, recibirán (ambos) reconocimiento histórico y el mundo sabrá que el cambio en Cuba comenzó ahora.

 

Pero en sus conversaciones con Rodríguez Zapatero, Obama parece haber ido más allá, hasta considerar un entendimiento con España para tratar de sustituir la “posición común” Europea respecto a Cuba, tema que trataremos más adelante.

 

Ahora analizaremos la evaluación del Departamento de Estado sobre la política de conciliación y pasos hacia Cuba.

 

En las declaraciones de Arturo Valenzuela, Subsecretario de Estado para Latinoamérica, no hay una admisión explícita del fracaso, ni se plantea formular un nuevo enfoque. 

 

Parecen una cortina de humo detrás de la que se esconde el fracaso, la ausencia de un nuevo enfoque, o una determinación acerca de la que no se quiere hablar, para no tener que pagar un precio político antes de las próximas elecciones en los Estados Unidos.

 

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[1] La Era de Acuario traerá consigo una edad de hermanamiento universal arraigada en la razón, donde será posible solucionar los problemas sociales de una forma justa y equitativa, y con mayores oportunidades para la mejora intelectual y espiritual.

 

(Continuará)