Cubanálisis  El Think-Tank

ARTÍCULO ORIGINAL PARA EL THINK-TANK DE CUBANÁLISIS

 

Huber Matos Araluce, San José, Costa Rica

 

 

                               

 

 

                                

 

Cuba: el camino de la revolución o el del compromiso ( V )

 

 

La unidad de los cubanos

 

En el capitulo anterior tratamos el tema de la cohesión social. Llegamos a la conclusión de que, por determinadas razones, los cubanos padecemos de una especie de crisis de identidad colectiva.

 

La resultante de esta crisis es el debilitamiento de la cohesión social, que a su vez ha hecho muy difícil que los cubanos podamos concertar un esfuerzo conjunto en el campo político. 

 

La falta de unidad no es atribuible en forma exclusiva a la frágil cohesión que nos une. Dentro de este contexto hay tres factores que deben comentarse por separado: la dictadura, los Estados Unidos, y el caudillismo.

 

Contra la unidad de los cubanos la tiranía ha conspirando desde el día en que llegó al poder en 1959. Ha sido un esfuerzo sistemático. Ya hemos señalado que su principal objetivo fue destruir la cultura que hacía de los cubanos un pueblo. Parte importante de ese plan fue nunca permitir que la oposición anticastrista pudiera unirse.

 

Este trabajo divisionista ha funcionado como un mecanismo de retroalimentación: cuanto más eficaz es la división fomentada por el régimen, tanto menor cohesión; y a menor cohesión, mayor fragmentación.

 

Otro elemento han sido los Estados Unidos. Cuando les ha convenido la unidad de los cubanos, la han logrado. Luego no han tenido interés en fomentarla. También les preocupa que ésta se llegue a materializar.

 

La invasión de Playa Girón fue una operación planeada y financiada por el gobierno de los Estados Unidos. El plan tenía como requisito que pareciera una revuelta de los cubanos.  Era necesario que la oposición anticastrista se presentara unida. Washington no tuvo dificultad en lograr esa unidad.

 

Nueve días antes de de la invasión, el 8 de abril de 1961, el Consejo Revolucionario de Cuba hizo pública una proclama. Estaba firmada por los principales dirigentes de la oposición: José Miro Cardona, Manuel Antonio de Varona, Manuel Ray, Carlos Hevia, Antonio Maceo, Manuel Artime y Justo Carrillo.

 

Después de este desastre los Estados Unidos nunca más han propiciado la unidad entre los cubanos. Temen que esta se convierta en un problema mayor. Ayudando a algunos grupos e ignorando a otros, Washington ha alimentado los conflictos y la división entre ellos. 

Al gobierno de los Estados Unidos no le interesa la unidad de los cubanos porque una oposición unida podría obligar a Washington a tomar medidas contrarias a los intereses políticos del gobierno de turno.

 

La capacidad de cabildeo de los cubanos ya ha puesto límites a la libertad del presidente estadounidense de decidir qué política va a poner en práctica con respecto a Cuba. La unidad de los grupos de oposición potenciaría esa influencia.

  

Por ejemplo, el poder persuasivo de la comunidad judía en el gobierno en Washington es difícil de rebatir. La reciente amenaza del veto de los Estados Unidos al reconocimiento de un estado palestino en el Consejo de seguridad de la ONU es una muestra de lo que puede lograr una minoría influyente.

 

En los procesos revolucionarios la unidad de la oposición es generalmente una condición importante. Cuando a los Estados Unidos y a otras potencias les ha convenido fomentar la unidad de determinados grupos, han puesto sus recursos en función. 

 

Durante la revolución contra Gadafi la división entre los rebeldes se resolvió por presión externa. La fuerzas que pugnan en la Libia post Gadafi siguen siendo objeto de fuertes influencias de parte de los gobiernos que participaron en el derrocamiento del dictador.

 

Ni Estados Unidos, ni Francia, ni Inglaterra, quieren que se repita en Libia lo sucedido en Afganistán cuando las fuerzas soviéticas se retiraron. El abandono que hizo Estados Unidos de ese país facilitó a los talibanes la toma del poder. Estos dieron santuario a Al Qaeda; lo demás es historia.

 

Siria es otro caso. Influencias externas propician la unidad de la oposición. Esto pudiera garantizar que la eventual salida de Assad conduzca a un gobierno moderado que contribuya a la estabilidad en la región.

 

El día en que Washington crea que el castrismo se acerca a su etapa final, presionará por la unión de la oposición democrática. Les interesará evitar un caos en la isla que los obligue a intervenir militarmente. También querrán tener crédito en el desenlace.

 

Entre los cubanos la unidad de los grupos de oposición puede alcanzarse por otras razones. 

 

1) Ante un inminente colapso del régimen, los grupos se pudieran unirse para presentarse ante la población, el exilio y la comunidad internacional como actores legítimos. 

 

2) La nomenclatura disidente pudiera tomar la iniciativa de cambio y arrebatarles el protagonismo a los grupos de oposición, obligándolos a la unidad.

 

3) Ante la capacidad del castrismo para sortear la situación, y ante la ineficacia de las organizaciones para fomentar la protesta en la población, la oposición pudiera verse obligada a presentar un frente común.

 

Son factibles otros escenarios que combinen los elementos presentados. La unidad pudiera resultar de una mezcla de razones que la harían una alternativa razonable, o inevitable.  También es posible que la unidad no se alcance.

 

A la dificultad para lograr una posición conjunta también ha contribuido el caudillismo. Este ha jugado un papel importante en esta selva de intricados intereses.

 

Medio siglo de lucha sin victorias ha nivelado el terreno de la oposición a tal punto de que cualquiera se siente con derecho a probar su liderazgo. El resultado ha sido un universo de pequeñas organizaciones y liderazgos. El problema estriba en que una vez embarcado en su misión, el aspirante se obliga a criticar en forma pública o privada a todos los demás dirigentes.

 

Aunque el tiempo demuestre que su esfuerzo no pudo alcanzar ninguna meta apreciable, el “líder” difícilmente reconoce su fracaso. En unos casos hay intereses, en otros son cuestiones de amor propio o fantasía.

 

Esto no debe sorprendernos. Ni es una muestra de falta de inteligencia o patriotismo, como muchos piensan.  El caudillismo es tan viejo como la raza humana. Nació con la primera forma de organización social.  

 

En Latinoamérica el germen caudillista de los tiempos coloniales importado de la metrópoli emergió con fuerza propia ante el debilitamiento o la desintegración de las instituciones coloniales en el proceso independentista.

El caudillo surge cuando la población deja de tener fe en las instituciones o cuando estas no existen. El caudillo es el antídoto inmediato a la ausencia de cohesión social. Con su carisma proporciona el pegamento necesario para unir frustraciones con sueños y ambiciones.

El caudillo moderno necesita medios de comunicación. El castrismo se ha encargado de que los líderes de la oposición no tengan acceso a ninguno en la isla. Nuestros aspirantes no tienen la oportunidad de tener un contacto directo con el pueblo cubano. 

 

Solo por esta razón ya están destinados al fracaso. Incluso un liderazgo ganado como resultado de una prologada participación en la lucha tendría dificultad en superar la disponibilidad de medios de comunicación.

 

Quien critique o trate el asunto de la falta de unidad entre los cubanos con simplezas no contribuye a esclarecer el asunto. El tema hay que analizarlo en un contexto sistémico e histórico.

 

Hay quien ha planteado que la diversidad de grupos ha hecho más difícil al régimen luchar contra la oposición. Independiente de la validez de la tesis, el hecho es que hasta ahora ha sido la única forma en que la oposición se ha podido manifestar.

 

La tiranía ha demostrado una hostilidad implacable cuando ha visto a un grupo de oposición organizándose en la isla a nivel nacional. Esto parece ser suficiente prueba de que temen a cualquier esfuerzo que no pase de ser un grupo pequeño y aislado.

 

La presente realidad es que la oposición consiste en grupos pequeños, luchando en circunstancias muy difíciles, con poca coordinación entre ellos. Con frecuencia comportándose como rivales encubiertos. A veces denunciando a la manipulación de grupos exiliados.

 

La fragmentación es parte de la dinámica de los procesos revolucionarios. Que las organizaciones de oposición se vean como competidoras es normal. Pretender que los cubanos actúen de manera diferente es razonable; pero juzgarlos sin tener en cuenta las lecciones del pasado no contribuye a comprender ni a resolver el problema.

 

La historia de la oposición dentro de Cuba no ha sido siempre la misma. Ha transcurrido durante más de medio siglo. Se han escrito páginas gloriosas en este proceso. Se ha luchado en muy diferentes circunstancias. Lo que hoy es motivo de una detención por varias horas antes resultaba en una condena a prisión por largos años.

 

En toda la historia de Latinoamérica los miles de fusilados y presos políticos victimas del castrismo son un caso excepcional en la lucha por la libertad y la democracia. Es un triste honor que les corresponde a los cubanos. Es un currículo que no puede desconocerse a la hora de valorar medio siglo de resistencia.

 

En la Cuba de hoy hay más posibilidades de afrontar al régimen que en la Cuba de ayer.  Hay en el escenario de la oposición mucha mayor diversidad que la que hubo nunca. 

 

Esto es el producto de varios factores: 1) la descalificación del régimen, es decir, su total fracaso. 2) la irrupción de una nueva generación, la generación postcastrista para llamarla de alguna manera. 3) el desencanto internacional con una dictadura que el mundo justificó atribuyéndole haber alcanzado la utopía socialista. Este desencanto se ha ido convirtiendo en respaldo a la oposición democrática. 4) los avances tecnológicos que facilitan el flujo de información como nunca antes.

 

En este nuevo entorno político-social ser de la oposición no es sinónimo de bondad, valor y principios. Hay corruptos y politiqueros, como los hubo antes de Castro, con Castro y como los habrá después de él. Hay quienes viven de la oposición y quienes viven para la oposición. 

 

Hay fuerzas que juegan sus fichas en busca del poder el día que el castrismo se desplome para siempre.  Nada de esto nos debe sorprender; es la vida en sociedad. En nuestro caso, una sociedad traumatizada, como hemos expuesto en estos breves borradores.

 

Hay otra oposición de la que hemos tratado con anterioridad y que no podemos dejar de mencionar, porque en un momento determinado puede fundirse a la oposición tradicional: la nomenclatura disidente. Compuesta por centenares de miles de personas que, habiendo participado en la filas del régimen o estando aún en ellas, quieren también un cambio sustancial en Cuba. 

 

Esta nomenclatura puede ser un factor de cambio tan importante como la oposición democrática. Lo fue así en todos los países que conformaron la URSS. No hay ninguna razón para pensar que no lo será igual o parecido en Cuba.

 

Los une un sentimiento de responsabilidad por el actual desastre, un sentimiento de culpabilidad, porque de una u otra forma han sido cómplices de las atrocidades del régimen, y también los une la necesidad de la supervivencia.  

 

Mientras en la oposición tradicional hasta ahora ha primado la desconfianza y la competencia, en la nomenclatura disidente el interés por la supervivencia es vital.

 

El único camino que tienen es la redención. Apoyan los cambios, o toman el control, o se hunden con el régimen. Este grupo es quien maneja los mecanismos del poder en Cuba.    Sería razonable pensar que su papel será decisivo.

 

A la hora de describir la oposición en Cuba hay que tener en cuenta que lo que puede parecer un panorama estático puede cambiar en cualquier momento. 

 

En el tema de “Cuba: el camino de la revolución o el compromiso” ya llevamos cinco capítulos. Nos falta nada más que analizar el factor internacional y el acontecimiento no previsible de esta ecuación cuya dinámica determinará los futuros acontecimientos.

 

 Continuará