Cubanálisis El Think-Tank

ARTÍCULO ORIGINAL EN EL THINK-TANK DE CUBANÁLISIS

 

                                Huber Matos Araluce, San José, Costa Rica

                                

 

CÓMO INTENTA SOBREVIVIR EL CASTRISMO ( I I )

 

¿Es tan loco Hugo Chávez?

 

La opinión generalizada entre mucha gente es que Hugo Chávez es un gobernante desastroso y que Venezuela está sumida en un caos por su mal gobierno. Mientras más anti-chavista es la persona, su opinión sobre Chávez se radicaliza: es un estúpido, un vulgar y un loco que no sabe lo que hace.

 

Sin embargo Hugo Chávez lleva diez años controlando a Venezuela y cada vez acapara más poder. Una forma de explicar este fenómeno es responsabilizar a la oposición por estar dividida. Alguien tiene que tener la culpa de que el “loco” siga gobernando. Es un argumento cómodo. Cuando los problemas son complejos las simplificaciones están siempre a la mano.  

 

Todavía más incompresible, en especial para los cubanos, es que Hugo Chávez se autoproclama “hijo” de Fidel Castro y su heredero político. Para nosotros Venezuela sigue el modelo que ha llevado a Cuba a la ruina. Como allí todavía existe una oposición, la situación económica es un desastre y la criminalidad incontrolable, tenemos la tendencia a creer que los días de Chávez están contados.  

 

Es que estamos viendo la parte de la realidad que nos conviene. Creemos, además, que con la caída de los precios del petróleo Chávez casi no puede mantener la subvención que sostiene a la tiranía castrista en el poder. Siempre nos ilusiona el rumor de que entre Chávez y Raúl Castro no hay química. Como si la relación entre ambos gobernantes fuera una cuestión de simpatías.

 

¿Una locura con un propósito?

 

No niego que Hugo Chávez sea un megalómano, es decir un fantasioso, presumido, jactancioso, vanidoso y maniático personaje. Chávez ha logrado mantenerse en el poder a pesar -o con la ayuda- de su megalomanía. Me inclino a pensar que gracias a ésta. ¿Por qué?

 

Desde el principio Chávez ha sido aconsejado por Fidel Castro. Sigue visitando Cuba con mucha frecuencia. Fidel le debe haber advertido que en Venezuela tenía que desarticular a los sindicatos opositores, como él lo hizo en Cuba. También que tenía que depurar las Fuerzas Armadas de los oficiales que no le fueran incondicionales, y neutralizar el poder de la burguesía rompiéndoles su columna vertebral hasta llevarlos a la quiebra si no lo obedecían.

 

Además tenía que concentrar en él mismo los poderes tradicionales de una estructura democrática. Chávez es el presidente, el legislador y el juez. Todo lo anterior es fundamental para un ególatra, pero falta un requisito adicional que Chávez ha alcanzado gracias a su “locura”.

 

Cuando Chávez habla no lo hace para el porcentaje de venezolanos que prefiere una democracia, sino para los que necesitan seguir ciegamente a un predestinado o aprovecharse de él. Chávez lo ha logrado con sus payasadas y desfachatez. Sencillamente, lo aman.

 

Ninguna tiranía populista puede gobernar si no tiene un sector de la población fanatizado.  Hugo Chávez tiene en Venezuela suficientes venezolanos dispuestos a tirarse a la calle y, con el amparo de las Fuerzas Armadas, aplastar a la oposición democrática si ésta intentara tomarla.

 

Para gobernar en una dictadura no hace falta la mayoría, sino la represión, el espionaje, la vigilancia, las armas y el populacho listo para romper cabezas a quien desafié al sistema.

 

La receta no la inventó Fidel Castro. Había que ser un “loco” como Hitler o Mussolini, un demagogo como Castro o un payaso como Hugo Chávez para ponerla en práctica. Chávez es un “celebrity” para el porcentaje y el tipo de venezolanos que él necesita.

 

El castrismo le ha brindado a Chávez los consejos y la experiencia represiva y subversiva. Ha puesto a su disposición a miles de cubanos con las más variadas experiencias a su servicio, desde médicos y entrenadores de deportes hasta militares y policías políticos.

 

El hecho es que la tiranía castrista hoy controla –directa o indirectamente- al país con las reservas energéticas más grandes del continente y una de las más grandes del mundo. Con la ayuda de la dictadura castrista -que se hace la tonta mirando para otro lado- Chávez está a unos meses de consolidarse en el poder. Si lo logra, el escenario será muy diferente al actual. Tal vez por eso Raúl Castro está en Cuba disfrazado con piel de oveja y asistiendo a misa.

 

Dogmatismo o pragmatismo

 

Aunque el plan de hacer de Cuba y Venezuela un solo país con dos presidentes no despertó entusiasmo en ninguno de los dos pueblos, el castrismo y el chavismo son dos cabezas del mismo engendro. [1]

 

Por esta razón los castristas y los chavistas ven su relación con los Estados Unidos con una única perspectiva estratégica. Cualquiera que sea la negociación –abierta o secreta- con Washington, esta tiene que fortalecer, nunca debilitar ese esfuerzo común.

 

Partiendo de esta visión se puede entender por qué el castrismo no ha querido negociar con el gobierno de Obama una apertura en Cuba. La prioridad del castro-chavismo es consolidar su poder en Venezuela. Una vez alcanzado este objetivo, Chávez puede aumentar el oxígeno al régimen en Cuba. Este a su vez continuará ayudándole a neutralizar a las fuerzas de oposición en Venezuela. Antes de eso, una negociación entre Raúl Castro y el gobierno de Obama sería inconveniente.

 

Los castro-chavistas llevan meses tratando de polarizar el conflicto venezolano para justificar las acciones que les permitan arrinconar a la oposición democrática en las próximas elecciones. Por esa razón han insistido en la temática del enemigo yanqui y sus lacayos: Colombia y los golpistas venezolanos.

 

Antes de esa maniobra, un acuerdo entre el “Imperio” y el “socialismo” castrista en los términos que exige Obama –transición a la democracia- debilitaría la toma final del poder en Venezuela.

 

Tal transición conlleva:

 

1) El fin al apoyo del gobierno cubano a las fuerzas que conspiren contra la democracias en el continente; el chavismo es la más notoria y los iraníes no se quedan detrás.

 

2) El fin de la cooperación de futuro gobierno cubano con el narcotráfico.

 

Si Obama no exigiera el cumplimiento de ambas condiciones, estaría arriesgando su capital político y el del Partido Demócrata. Se puede equivocar, pero no es probable.

 

Como la dependencia que tiene Chávez del régimen cubano es vital, quedarse sin su apoyo antes de consolidar su poder es muy riesgoso. Un acomodo entre el castrismo y los Estados Unidos desconcertaría a una masa chavista para quienes el capitalismo es el origen de todos los males de la humanidad y el socialismo del siglo XXI su única solución. 

 

Mientras los militantes chavistas se lanzan a la conquista de ese futuro, el aliado cubano estaría regresando al pasado de la mano de los Estados Unidos.

 

Ese acuerdo tampoco sería bien recibido por los militares, agentes de inteligencia y represión cubanos que sirven de apoyo a Chávez, ni para sus contrapartes venezolanas.

 

Por eso la prioridad para el castro-chavismo es el mando total para Chávez. Después podrán negociar con “los yanquis” y ponerles a estos sus condiciones.

 

¿Ayudarlos en la lucha contra el narcotráfico? ¿Protegerles su flanco sur contra la infiltración terrorista? ¿Quién mejor que los aliados de Irán en Latinoamérica para esa misión?

 

¿Puede Hugo Chávez una vez consolidado en el poder, aumentar la subvención a Cuba? Sin dudas

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En algo más de una década Hugo Chávez ha recibido ingresos por más de 700,000 millones de dólares. Una suma astronómica para una nación con 28 millones de habitantes. 

Venezuela tiene una de las mayores reservas energéticas del mundo. Los recientes contratos con empresas extranjeras [2] aumentarán sustancialmente la extracción de petróleo. [3]

 

Aun duplicando su actual capacidad de producción –aproximadamente 3 millones de barriles diarios- Venezuela no podría ni acercarse a suplir la demanda futura del continente, estimada en más de diez millones de barriles.

 

Pero los países americanos no son los únicos necesitados del producto. China le ha otorgado créditos a Caracas por 20,000 millones de dólares a pagar con futuras entregas de petróleo.  

 

Hugo Chávez es un demagogo y un terrible mal administrador. La corrupción entre sus asociados es crónica, y reparte miles de millones de dólares entre sus incondicionales en Latinoamérica.

 

La baja en los precios del petróleo lo han puesto en aprietos relativos, pero a la hora de gastar en sus Fuerzas Armadas no le tiembla la mano. Lo ha demostrado.

 

El castrismo es su guarda pretoriana dentro y fuera de Venezuela. A Chávez no le importará dejar de importar productos por miles de millones de dólares si el castrismo necesita recursos para su supervivencia.

 

Llegará un momento en que en Venezuela, o no habrá encuestas de popularidad o no le importarán mucho a Hugo Chávez.

 

¿Puede fracasar el plan castro-chavista?

 

(continuará)

 

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[1] “Me voy muy satisfecho porque se consolidan y avanzan las relaciones con nuestros hermanos venezolanos. Cada día somos más la misma cosa”, dijo Castro, que llegó a Caracas el 18 de abril.

En la misma ceremonia Chávez dijo que los dos países “perfectamente pudiéramos conformar en un futuro próximo una confederación de repúblicas. Una confederación: dos repúblicas en una, dos países en uno”.

 

[2] La estadounidense Chevron, el consorcio español Repsol, Provietnam, la CNPC china, los italianos de ENI y el consorcio TNK-BP.

 

[3] El gobierno chavista dice que la aumentará –la producción- en 2.2 con una inversión extranjera de 80,000 millones de dólares en los próximos seis años.  Además, recibirá un pago de más de cinco mil millones de dólares por los derechos de exploración en los próximos tres años.