Cubanálisis  El Think-Tank

ARTÍCULO ORIGINAL PARA EL THINK-TANK DE CUBANÁLISIS

 

Huber Matos Araluce, San José, Costa Rica

 

 

                               

 

 

                                

 

¡Ah… el embargo… la piedra en el zapato!

 

La historia ha demostrado que no hay gobierno comunista que pueda permanecer en el poder a menos que se asocie con el capitalismo. La alternativa es el camino de la represión y la hambruna. El que tomó Corea del Norte. 

 

Los norcoreanos han podido hacerlo porque tienen armas nucleares. Allí el hambre puede matar a decenas de miles de personas y no habrá ningún gobierno en el mundo que se atreva a hacer nada. 

 

Bastaría una amenaza del dictador de lanzar una ofensiva convencional contra Corea del Sur para que cualquier nación se paralizara.

 

Cuba es diferente. La tiranía castrista no cuenta con armas nucleares. Los Castro no pueden arriesgarse a una hambruna. Serian muy graves las consecuencias.  

 

En Cuba, reprimir con violencia las protestas de un pueblo hambriento es impensable. En la Florida viven casi dos millones de cubanos, más sus amigos hispanoamericanos y estadounidenses. Medio millón de ellos seguramente saldrían a las calles a protestar airadamente. La repercusión sería contundente.

 

Por estas mismas razones ya no se elimina a los opositores en el paredón. Ahora se hace selectivamente en un hospital, simulando que se trata de salvar al detenido. O se les acosa en sus casas y en las calles. O se les desaloja de las iglesias.

 

Y es que en la Cuba de hoy el fusilamiento de individuos por razones políticas provocaría una reacción violenta de parte de sus familiares, de sus amigos y hasta del barrio. Los turistas huirían de país.

 

El régimen no puede arriesgarse a una hambruna ni a reprimir sangrientamente el descontento. No tiene otra alternativa que la de casarse con el capitalismo.

 

Es en este asunto donde comienzan las confusiones. La tiranía no sigue la formula que recomiendan los economistas convencionales. Ni la que plantean los reformadores desde un ángulo más político. Ni la que escriben los periodistas, muchas veces más inspirados por sus simpatías y deseos hacia el castrismo que por las realidades. 

 

El régimen tiene que casarse con el capitalismo para sobrevivir. No lo hace para que el país progrese y la población salga de la pobreza, sino para pagar su sistema represivo y los costos de una nomenclatura improductiva y corrupta.

 

En buena parte, esta es la causa de la lentitud que vemos en las presuntas reformas propuestas por Raúl Castro. Van a paso lento, calculando el equilibrio que no quieren perder, y preocupados por mantenerse en el poder. 

 

No les importa el atraso en que se hunde el país, ni lo que le sucederá al pueblo cubano dentro de cinco o diez años.

 

No están interesados en que se desarrolle un capitalismo popular, donde cualquier cubano tendría la libertad de generar riqueza y negociarla. Ese capitalismo requiere medios y garantías legales para desarrollarse.

 

Ese tipo de capitalismo necesita de instituciones que protejan los derechos de las personas de los abusos de otros y de los atropellos del Estado. Es un capitalismo que exige de una base democrática para florecer.

 

El capitalismo que les sirve a los Castro es el capitalismo salvaje. El que va a Cuba con una patente de corso otorgada por el régimen. Van a explotar a los cubanos y a sacar una ganancia de su inversión que no lograrían en ningún otro país donde se respetaran los derechos laborales y una economía ecológicamente sostenible.

 

Es el tipo de capitalismo que ya está y seguirá llegando a Cuba. El de las transnacionales que corrompen a los funcionarios con sobornos y regalos.

 

Los resultados macroeconómicos de esas alianzas hasta ahora han sido mediocres, pero los resultados políticos han sido miopes pero satisfactorios.

 

No han mejorado el nivel de vida de la población, pero han ayudado a sostener la represión y los privilegios de la nomenclatura.

 

Con cierta frecuencia se encuentran en la prensa del exterior críticas al régimen por no profundizar los cambios. Se alega que sin ellos no habrá un mejoramiento al nivel de vida.  Tienen toda la razón. No entienden o no quieren admitir que el objetivo real del régimen es otro.

 

Ante este argumento pudiera plantearse uno contrario. Señalar que en China ha habido una mejoría sustancial del nivel de vida. Que a pesar de esto y gracias a esto el Partido Comunista se ha mantenido en el poder. Que en Cuba podría suceder lo mismo.

 

También se puede agregar que en Rusia, aunque en otro nivel, ha habido progreso y los comunistas se reciclaron y mantienen el poder. También es cierto. Rusia hoy es menos pobre que ayer y Putin, un ex agente de la KGB, sigue en el poder.

 

Hay diferencias que explican por qué en China y en Rusia si se reciclaron los comunistas en el poder y por qué en Cuba el castrismo no quiere arriesgarse por ese camino.

 

El caso ruso es fácil de explicar. Rusia es el primer productor de petróleo del mundo. Su riqueza proviene en dos terceras partes de los hidrocarburos. Es algo parecido al caso de Venezuela. 

 

En ambos países la economía del sector no petrolero puede ser mediocre, pero el funcionamiento y la estabilidad de sus gobiernos no dependen de ella.

 

Rusia y Venezuela son países subvencionados por la naturaleza. Sus regímenes políticos pueden ser un desastre. Pueden desestimular la inversión privada, la creatividad y la productividad; pero el petróleo evita el colapso.

 

Cuba no tiene petróleo propio que la sostenga ni que le permita hacer inversiones. 

 

Sin la subvención venezolana el país entra en crisis terminal. Dependería del turismo, una industria muy frágil a las convulsiones políticas, y de las remesas de los exiliados. Esta es una fuente de ingresos que depende del visto bueno del gobierno de turno en Washington.

 

En resumen, Cuba no puede hacer lo que hicieron los comunistas rusos porque en Cuba no hay petróleo que ayude a hacer la transición de la dictadura comunista a la dictadura capitalista.

 

¿Y cómo lo hizo China?

 

China lo hizo sin petróleo. El cambio de una a otra dictadura lo logró con el apoyo de los empresarios de la diáspora china, el respaldo de  los Estados Unidos y el de Japón. 

 

El castrismo tendría que hacer con los empresarios cubanos del exilio lo que hizo Deng Xiaoping con los empresarios chinos de Hong Kong. Al convencerlos de que sus inversiones en Cuba estarían garantizadas, el régimen comunista hasta evitaría las huelgas. 

  

Además, el castrismo tendría que sentarse con Washington a negociar las demandas políticas de los Estados Unidos respecto a una transición democrática en Cuba.

 

En este asunto Washington es el representante de los votantes cubanoamericanos. Los congresistas cubanoamericanos en el Congreso tendrían que dar su visto bueno a cualquier compromiso.

 

Es en este asunto en el que radica el problema de la tiranía. Para tomar el camino que tomó China tiene que negociar con sus enemigos políticos: la oposición democrática cubana en el exilio.

 

China no tuvo que negociar con Taiwán. No había suficientes chino-americanos en los Estados Unidos como para que tuvieran  peso político en las elecciones estadounidenses.  

 

Por razones estratégicas, el gobierno de los Estados Unidos tenía mucho interés en una negociación con China. El castrismo no puede ofrecerle al gobierno en Washington ninguna ventaja de suficiente peso como para que el presidente de turno esté dispuesto a enfrentarse a los congresistas cubanoamericanos y al voto cubanoamericano.

 

Tendrían los Castro que entregar a Hugo Chávez (eliminarlo), lo que equivale a perder el control de la mayor riqueza petrolera del continente. Tendrían los Castro que convertirse en informantes de la CIA y servir de vigilantes de las actividades de los iraníes en Latinoamérica. 

 

O ahora que parece que Chávez va camino al cementerio, tendrían los Castro que llegar a algún acuerdo secreto con los Estados Unidos para que Venezuela siga entregándole petróleo a Cuba a cambio de algo que le sirva a Washington.

 

Todo es posible, pero hay algunas cosas más posibles que otras.

 

En resumen:

 

Los Castro no pueden permitir una hambruna en Cuba. No pueden hacer cambios fundamentales porque no tienen el petróleo para financiarse. No pueden negociar con los Estados Unidos y quedarse con el poder. Se los impide el embargo y el poder del voto cubanoamericano.

 

¡Ah… el embargo… la piedra en el zapato!  

 

El que hay que levantar, porque según quienes lo proponen, ha fracasado en el objetivo de derrocar a los Castro.

 

¡Qué casualidad que hay tanto interés en liquidarlo!