Cubanálisis  El Think-Tank

ARTÍCULO ORIGINAL PARA EL THINK-TANK DE CUBANÁLISIS

 

Comandante Huber Matos Benítez

 

 

                               

 

 

                                

 

Raúl Castro debe ser acusado por violar la soberanía de Panamá

 

El contrabando de armamento descubierto en Panamá es un asunto muy grave. En este caso la jurisprudencia legal y el ejemplo cívico que resulte de las acciones del gobierno panameño será de importancia histórica. Otros delincuentes también estarán tentados a traficar componentes y armas convencionales, químicas o nucleares por el territorio de Panamá. Este es el momento de actuar con firmeza.

 

Ni el gobierno panameño ni ningún gobierno democrático del mundo pueden aceptar una salida cómoda e irresponsable ante los hechos. Son violaciones de dos regímenes dictatoriales a la soberanía panameña, a un mandato de la ONU y a la paz y seguridad de los pueblos.

 

Cualquier nación del mundo democrático cuyo territorio fuera violado por el trasiego en forma clandestina de tal cantidad de armamento, confiscaría el contrabando y el medio de transporte en forma definitiva y tomaría acciones drásticas contra los actores materiales e intelectuales de la transgresión.

 

En este caso el general Raúl Castro debe ser acusado de dos delitos: es el autor intelectual del contrabando de armas y es el responsable de violar el embargo impuesto por el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas contra Corea del Norte.

 

Panamá ha acusado al capitán del barco y a los tripulantes, que son los títeres del régimen cubano y del norcoreano. Quien ha violado su territorio es Raúl Castro, que es el jefe del gobierno que ha reconocido que las armas salieron de Cuba, y su cómplice norcoreano.

 

El barco Chong Chon Gang ya se encontraba en Cuba cuando el general norcoreano Kim Kyok Sik y el general Raúl Castro confabulaban en privado y luego anunciaron públicamente la cooperación militar entre ambas tiranías.

 

El contrabando es evidente, el barco desconectó su equipo electrónico que lo ubicaba por medio satelital, el armamento no fue declarado, y fue escondido con alevosía en Cuba.  El régimen castrista tenía toda la intención de que las autoridades panameñas no lo detectaran en una simple inspección, y cuando el barco fue detenido mintieron alegando que solo llevaba azúcar.

 

Que las armas fueran a quedarse en Corea del Norte o regresaran a Cuba es inconsecuente ante la violación de la soberanía panameña. En sus disparatadas declaraciones la parte castrista insinúa haber planeado la burla a Panamá en ambas direcciones, primero en el viaje hacia Corea y luego de regreso a Cuba.

 

Con el engañoso argumento de que después de su reparación el cargamento militar regresaría a Cuba, la tiranía castrista ha tratado de justificar la violación del embargo de armas a Corea del Norte declarado por el Consejo de Seguridad de la Organización de Naciones Unidas.

 

El Ministerio de Relaciones Exteriores de Cuba se contradijo diciendo que era armamento soviético obsoleto, fabricado a mediados del siglo pasado que iba hacia Corea del Norte para su reparación y luego regresaría a Cuba para apoyar la defensa de la isla.

 

¿Para qué reparar algo obsoleto y para qué defenderse con armas anticuadas? ¿Por qué no se enviaron a Rusia donde se fabricaron?

 

Además, expertos militares han señalado que ese tipo de armamento reforzaría la capacidad militar de Corea del Norte.

 

El presidente Martinelli ha sido valiente en sus declaraciones y en sus acciones y será recordado por el resultado final de esta incuestionable violación de la soberanía de su país y el mandato de la ONU, pero las presiones para que ceda son muchas y muy fuertes.

 

Por estas razones, aunque los hechos son contundentes, quienes creemos en la democracia no debemos esperar un actuar solidario de parte de la mayoría de los políticos del continente.

 

Estados Unidos, que ha pedido y trabajado muy duro para que otros países respalden los embargos de armas contra el régimen sirio, el iraní, e incluso el norcoreano, ya ha declarado que este asunto no es un problema entre Cuba y los Estados Unidos.  Es una forma de no confrontar las permanentes violaciones y abusos de la tiranía castrista, entre estos la injusta condena del ciudadano estadounidense Alan Gros a 15 años de prisión.

 

Pero no podemos perder de vista que ante millones de demócratas del mundo, el castrismo una vez más ha sido expuesto como un régimen cínico y mentiroso. Su desprestigio se ha acelerado ante la evidencia de esta felonía cometida en contubernio con otra dictadura de las más crueles del planeta, la dinastía norcoreana.

 

Hasta hoy, y pase lo que pase, el fracaso del castrismo en este asunto es irreversible.