Cubanálisis  El Think-Tank

ARTÍCULO ORIGINAL PARA EL THINK-TANK DE CUBANÁLISIS

 

Comandante Huber Matos Benítez

 

 

                               

 

 

                                

 

Un mensaje para la historia

 

Los cubanos eran patriotas y revolucionarios antes de que llegara Fidel Castro

 

Aun con los problemas que había que superar, la Cuba anterior a 1959 era muy superior a la Cuba de hoy. Era más independiente, libre, igualitaria, justa y próspera. Había fe y esperanza en el futuro.

 

Los cubanos jóvenes no arriesgaban su vida para huir de su país.

Afirmar lo que era cierto no es pretender volver a la Cuba de ayer, eso es una imposibilidad histórica.

 

Ni tampoco los cubanos nos hemos sacrificado por más de cincuenta años luchando contra el castrismo comunista para restaurar el capitalismo en nuestro país.

 

Aunque ahora nos quieran hacer creer que el castro-capitalismo (reformas sin libertad) es el rumbo prudente y sabio a seguir.

 

El capitalismo no es la solución de los problemas sociales de un pueblo. El capitalismo es una forma de crear riqueza, no de distribuirla o de hacerlo con equidad. Ni es el camino hacia la libertad y la democracia.

 

No lo ha sido para China, Rusia o Vietnam, tampoco lo será para Cuba. 

 

El capitalismo sin una constitución democrática daría oxigeno a la dictadura castrista como ha sucedido en otros lugares.

 

Nuestras metas siguen siendo las mismas de los revolucionarios demócratas de la Cuba de ayer, mucho antes de que apareciera en escena Fidel Castro.

 

Antes de Castro nuestra generación continuó con el compromiso de las que nos precedieron: alcanzar justicia social para el pueblo y dar fin a la corrupción y el atropello. 

 

Ellos -como nosotros después- luchamos por lograr la libertad y construir una democracia verdadera, sin castas ni grupos marginados.

 

Ellos -como nosotros después- luchamos por una democracia pluripartidista donde se respetaran los derechos humanos, la propiedad y la empresa privada. Una nación sin corruptos ni explotadores.

 

La versión castrista de Cuba

 

Mucha gente, embaucada por la propaganda y por su propia ceguera, ha creído por demasiado tiempo la versión de que cuando Fidel Castro llegó al poder en 1959 Cuba era un desastre.

 

Un lugar donde el analfabetismo, la prostitución, el abuso a los trabajadores y la corrupción eran males endémicos y sin solución, sobre los que no se había hecho nada efectivo. 

 

Un país donde mandaba la mafia y el gobierno estadounidense. 

 

Cuba no era así.

 

Fidel Castro no enseñó a los cubanos a ser patriotas, ni a ser valientes, ni justos, ni a defender la independencia de nuestra nación de cualquier intromisión extranjera.

 

Antes de 1959 ya Cuba era Cuba

 

Antes que Cuba se independizara de España ya tenía una población emprendedora y orgullosa de su cubanía.   

 

Nuestra nacionalidad se forjó en las universidades, en las ciudades y en el campo. Con la música de sus artistas y el canto de sus poetas; en las luchas por la independencia y contra las injusticias sociales y la discriminación racial. 

 

El padre de la patria cubana, Carlos Manuel de Céspedes, liberó a sus esclavos y los invitó a sumarse a la guerra por la independencia contra España desde el primer día, el 10 de octubre de 1868.

 

Dos meses después, el 27 de diciembre de 1868, Ignacio Agramonte y Loynaz, miembro de una familia acaudalada de Camagüey, abogado, Comandante de las Fuerza Revolucionarias y delegado a la Asamblea de Guáimaro, redactó la primera ley cubana contra la esclavitud, que fue aprobada.

 

Durante el siglo XIX los cubanos combatieron en tres guerras contra el colonialismo peninsular.  En la última (1895–1898), España, en su afán de mantener a la isla bajo control a cualquier costo, envió un ejército de 200,000 soldados. 

 

En esta contienda una tercera parte de la población campesina de la Isla murió, y la economía cubana quedó desbastada. 

 

En toda esa larga epopeya que se peleó a caballo y luchando contra un ejército superiormente armado, el pueblo aprendió a admirar con devoción a sus héroes.  

 

El 26 de octubre de 1868 en Pinos de Baire cuarenta mambises se lanzaron por primera vez a la carga al machete contra más de 200 soldados españoles.

 

José Martí, el escritor, poeta y arquitecto de la independencia, murió en combate; también el más bravo de sus jefes militares, el General Antonio Maceo. 

 

La intervención de los Estados Unidos en esa última guerra logró la rápida derrota de España, pero una serie de injustas condiciones impuestas por el gobierno de Washington a la constitución de Cuba creó una profunda molestia en una población nacionalista e inteligente.

 

Desde esa independencia lastimada en 1902, cada generación tomó como suya alcanzar la patria soñada por José Martí. Una nación con todos y para el bien de todos. 

 

La enmienda Platt fue finalmente derogada en 1934, mediante acuerdos entre ambos gobiernos, que firmaron un nuevo tratado en el que se mantenía la permanencia de la base naval de Guantánamo y la plena vigencia de las normas que la regían. Las protestas de los cubanos por la intervención de EEUU en sus asuntos internos, de claro matiz imperialista, provocaron varias renegociaciones del tratado, y finalmente desembocaron en la derogación de la Enmienda.

 

Cuba era Cuba antes de que Fidel Castro naciera, y los cubanos sabían lo que querían y lo que había que rechazar y cambiar en su sociedad.

 

Por lazos históricos, el comercio y la geografía, la influencia de los Estados Unidos estuvo presente en la vida política de la isla.

 

Pero Cuba no era una colonia de los Estados Unidos. Ni la prostitución era una institución de supervivencia para miles de hombres y mujeres como lo es hoy en la Cuba castrista.

 

Cuando los cubanos empezaron a llegar como exiliados a Miami en 1959 no llegaron con complejos de inferioridad. 

 

En la Cuba de antes de 1959 ya habían construido un país y habían demostrado que podían competir con los estadounidenses y superarlos.

 

La Constitución social-demócrata de 1940 fue una muestra del compromiso moral y social martiano que vivía intensamente en el corazón de los cubanos.

 

De 1902 a 1959 Cuba avanzó económica y socialmente hasta convertirse en uno de los países más prósperos de Latinoamérica. 

Problemas por superar había, esperanza, organización y energía también.

 

La leyenda castrista

 

Fue el golpe de estado de Fulgencio Batista, el 10 de marzo de 1952, lo que impidió que se celebraran las elecciones de junio de ese mismo año, en la que el Partido “Ortodoxo” de tendencia social demócrata seguramente hubiera triunfado por el amplio apoyo popular con el que contaba.

 

Un año después, el 26 de julio de 1953 un grupo de cubanos opuestos a la dictadura de Fulgencio Batista trató de tomar el Cuartel Moncada en la ciudad de Santiago de Cuba. Fue una improvisada y desastrosa escaramuza militar. 

 

Su jefe, Fidel Castro, como luego demostraría con frecuencia en la Sierra Maestra, actuó ese día con suficiente prudencia y huyó a tiempo mientras sus compañeros arriesgaron la vida con temeridad.

 

Castro fue descubierto en su escondite y detenido. No fue torturado y asesinado con crueldad por los esbirros batistianos como muchos de sus compañeros de asalto. 

 

En un juicio en el que tuvo todas las garantías, Fidel Castro expuso su programa de cambios dentro de la democracia. Su discurso fue ampliamente difundido al pueblo por los medios de prensa.

 

A Fidel Castro se le condenó a 15 años de prisión. Gracias a una amnistía del dictador Fulgencio Batista solo cumplió 22 meses en la cárcel, y con un trato preferencial.

 

Quien era un desconocido en el país y un fracasado aspirante a algún puesto de dirigente en el partido Ortodoxo se convirtió de la noche a la mañana en un personaje en Cuba.

 

Ya en libertad, Castro viajó a los Estados Unidos y luego a México, país en el que organizó un grupo de 85 hombres con los que salió en un yate hacia Cuba.

 

Los expedicionarios no desembarcan en el lugar ni en la fecha apropiada. Para apoyarlos el día 30 de noviembre se produjo un levantamiento en la ciudad de Santiago de Cuba al mando de un aguerrido joven de la ciudad, Frank País.

 

Fidel y sus compañeros llegaron a un lugar remoto de la costa sur de la provincia de Oriente. Solo un pequeño grupo que logró mantenerse unido se internó en la Sierra Maestra, donde comenzó la lucha en las montañas y las ciudades de Cuba.

 

Durante la lucha guerrillera en más de una oportunidad su testarudez y arrogancia casi cambian el rumbo de la guerra a favor de la dictadura; creía saberlo todo, y con frecuencia daba órdenes absurdas, insultaba a sus subordinados, y se mantenía a distancia de los combates.  

 

Quienes luchábamos a su lado conocíamos esos defectos porque eran evidentes, pero jamás imaginábamos que Fidel aspirara a una dictadura de por vida. 

 

Los sucesos del Moncada, la posterior expedición que partió desde México, y la guerra de guerrillas en las montañas estuvieron marcados por el mismo patrón: audacia, desorden, improvisación, suerte, y buena publicidad. 

 

En todos estos casos un grupo de cubanos generalmente jóvenes, sacrificados, valientes e idealistas, se lanzaron sin temor al combate contra la dictadura. 

 

La campaña publicitaria a su favor, potenciada por Herbert Mathew en el New York Times y por la revista Bohemia en Cuba, elevó su figura a niveles épicos.

 

Así nació el mito de un individuo con indiscutibles dotes de actor, una oratoria combativa, un astuto oportunismo, absoluta crueldad para tratar a quien creía le hacía sombra y una persuasiva capacidad de manipulación.

 

La traición a la revolución y al pueblo

 

El 1o de enero de 1959 los revolucionarios llegamos al poder. Fidel Castro, el Movimiento 26 de Julio, y el Ejército Rebelde, tenían el compromiso público con el pueblo cubano de iniciar una época de transformaciones respetando la libertad y la democracia.  

 

Una revolución como la que José Figueres había hecho en Costa Rica.

 

Fidel Castro tenía otros planes, quería mantenerse en el poder de por vida y en un sistema democrático no habría podido lograrlo.

 

En un régimen democrático sus defectos habrían sido expuestos y criticados. Habría tenido que rendir cuentas del manejo de la economía del país, del resultado de sus decisiones equivocadas, y corregirlas, o su popularidad habría empezado a desaparecer.

 

Fue entonces cuando Cuba cayó en el abismo. Cuando Fidel Castro traicionó los postulados de la revolución democrática.

 

Cuando quiso dirigir la república como se manda a un campamento. Peligro del que José Martí había advertido al jefe insurrecto Máximo Gómez el 20 de octubre de 1884, expresándole: “Un pueblo no se funda, General, como se manda un campamento”.

 

En su afán de establecer una dictadura comunista en Cuba sobre la que pudiera gobernar hasta su muerte, Fidel Castro provocó a los estadounidenses.

 

No quería un arreglo inteligente con el principal socio comercial de Cuba, quería un rompimiento total para poder justificar su giro hacia el comunismo.

 

También atacó y confiscó a los propios empresarios cubanos que habían financiado su guerra en las montañas, y a los campesinos que fueron sus más leales colaboradores. 

 

Castro destruyó la pujante economía cubana que había heredado intacta cuando llegó al poder en 1959.

 

Las repuestas de los Estados Unidos siempre fueron parciales, débiles y mal organizadas.  Esto fortaleció y consolidó su poder en Cuba. 

 

La dictadura castrista durante más de medio siglo se ha mantenido a base del terror totalitario que copió de la KGB soviética. 

 

Con el mismo arrojo de los antepasados mambises los cubanos demócratas se lanzaron a luchar contra el totalitarismo castro comunista.  Miles fueron fusilados, miles pasaron una buen parte de su vida en prisión.

 

En toda la historia de las luchas contra las dictaduras y por la democracia en Latinoamérica, no ha habido un solo pueblo que haya pagado tan alto el precio de su afán libertario. Hasta el día de hoy los crímenes y los abusos no han cesado.

 

Durante toda su permanencia en el poder el castrismo ha sido un régimen económicamente improductivo. 

 

Todos los supuestos y aplaudidos logros de la revolución en medicina, salud, deporte y otros, fueron pagados con recursos enviados a Cuba por la URSS.

 

Quienes en el mundo aplaudieron esos logros se dejaron engañar y ayudaron a engañar a otros.

 

El régimen ha evitado el colapso económico total por las subvenciones extraordinarias que le dio la URSS durante tres décadas y por la de Venezuela hasta el día de hoy. 

 

La Unión Europea ha facilitado también su supervivencia. Cuba le debe $31,681 millones al Club de París, que no puede pagarle porque el país ni produce ni exporta.

 

El embargo de los Estados Unidos se ha podido mantener por la insistente presión de los políticos cubanoamericanos en el Congreso; esta medida nunca pudo ser efectiva por las subvenciones mencionadas y porque Europa la neutralizó, vendiendo y supliendo al castrismo todo tipo de equipo, mercadería y materia prima que ha querido comprar.

 

A pesar de todo esto, el embargo se ha convertido en la pieza de negociación que puede obligar a los herederos del castrismo a una transición democrática en Cuba.

 

La lucha continua

 

Hoy el castrismo enfrenta a una población desconfiada, agotada y frustrada. Una deuda externa que es la mayor de Latinoamérica, una infraestructura obsoleta y semidestruida.

 

El pueblo cubano quiere un cambio real, un cambio hacia la libertad y la democracia, un cambio de gobierno, y un cambio de retórica.

Los cubanos lo lograrán, porque en la lucha por la libertad no conocen claudicaciones ni temen el sacrificio. 

 

No tememos a los estadounidenses, tenemos suficiente capacidad y dignidad para sostener una relación respetuosa con los Estados Unidos.

 

No tenemos que acusarlos de enemigos para justificar nuestras carencias y una demagogia populista que rechazamos.

 

Esperamos que los miembros de las Fuerzas Armadas cubanas sepan que su enemigo no es el pueblo sino la cúpula desacreditada y corrupta que lo explota.

 

Que cuando llegue el momento unan su voluntad a la de los cubanos y ayuden a rescatar a la nación de esta demasiado larga y oscura noche totalitaria.

 

Que no faciliten el escape de Raúl Castro y los responsables de esta tragedia, para que sean ellos y nadie más, quienes tengan que enfrentarse a los tribunales de una Cuba democrática.

 

¡Patria, Pueblo y Libertad, el pueblo de Cuba resiste y vencerá!

 

-----------------

 

Cinco comandantes formábamos la cúpula dirigente: Fidel Castro, Raúl Castro, el Che Guevara, Camilo Cienfuegos y un servidor.

 

Entender el presente sin conocer el verdadero pasado de Cuba es una tarea que conduce irremediablemente al error. Hay ciertamente una Cuba antes de Castro y otra después.

 

De lo cual estábamos muy conscientes los cubanos, y por esta razón participábamos en la lucha antes que apareciera en escena Fidel Castro.