Cubanálisis El Think-Tank

ARTÍCULO ORIGINAL PARA EL THINK-TANK DE CUBANÁLISIS

                                         Huber Matos Benítez

El ocaso de Hugo Chávez

 

Huber Matos Benítez

 

Hugo Chávez nunca fue realmente popular en Latinoamérica. Su control del formidable ingreso petrolero pudo haberle ganado una verdadera  influencia en la región, pero tenía que lograrlo con originalidad, sensatez y sinceridad. 

 

Su falta de transparencia, sus cambios de rumbo, su estilo agresivo, su prepotencia insolente y su estrecha vinculación con Fidel Castro, no fueron las mejores credenciales.

 

Salvo sus obedientes discípulos en Bolivia, Ecuador y Nicaragua, la clase política latinoamericana ha estado más interesada en fomentar las exportaciones y facilitar la inversión extranjera que en formar parte del teatro chavista.

 

Los trabajadores latinoamericanos ya no se dejan encantar tan fácilmente por la retórica populista, y la clase media es muy celosa de sus logros.

 

Las subvenciones y los préstamos que Chávez ha repartido han provocado más suspicacia que agradecimiento.

 

Todos sabían que detrás había una agenda orientada hacia la dominación regional.

 

Para ser original, Hugo Chávez tenía que crear un nuevo discurso de solidaridad con la mitad de la población de nuestro continente, que vive en la pobreza. Un planteamiento acompañado del análisis de las barreras que han impedido un desarrollo más equitativo en cada país; diseñar soluciones adecuadas, facilitar los recursos necesarios para el éxito y poner en práctica un sistema que midiera resultados.   

 

En su lugar, siguió los pasos y consejos de Fidel Castro, un dictador totalmente fracasado. 

 

En el siglo XXI copió la estridencia antiyanqui que su tutor utilizó medio siglo atrás. 

 

Trató de desintegrar el movimiento obrero en Venezuela, amordazó los medios de comunicación de su país, socavó el sistema democrático controlando los tres poderes; y ha tratado de neutralizar a las Fuerzas Armadas eliminando y persiguiendo a sus oficiales independientes.

 

Igual que hizo Castro con el subsidio soviético de seis mil millones de dólares anuales, Chávez derrocha los petrodólares que son  patrimonio del pueblo venezolano.

 

La denuncia pública del general Isaías Baduel antes del plebiscito del pasado diciembre representó un duro golpe para Chávez.  El general, lejos de venir de las filas de la oposición tradicional, lo había salvado de un golpe de estado y, en consecuencia,  su credibilidad entre los chavistas era difícil de discutir. 

 

En esa contienda Chávez fracasó por muchas razones, entre ellas, la eficaz organización de la oposición, el rol dinámico de la juventud y el desencanto de millones de venezolanos con su estilo y sus pobres resultados; pero la contribución de Baduel a ese triunfo democrático no puede pasarse por alto.   

 

Tarde o temprano Chávez le pasaría la cuenta.

 

Ahora Baduel ha vuelto a insistir en que no hay tiempo que perder porque el gobernante sigue conspirando contra lo que queda de democracia en Venezuela y plantea que la solución está en una nueva Asamblea Constituyente.

 

Casi al mismo tiempo, el partido oficialista anuncia que después de las elecciones regionales del próximo noviembre, insistirá en presentar otra vez una reforma para abrirle paso a una reelección indefinida de Hugo Chávez. 

 

La oposición democrática, que logrará triunfos importantes en las próximas elecciones, seguramente tiene presente la opción de una Asamblea Constituyente que terminaría con  las posibilidades dictatoriales de este anacrónico fideliano.

 

Mientras tanto, a Baduel se le ha iniciado “una investigación” con el fin de desprestigiarlo, inhabilitarlo políticamente y neutralizar el impacto de un “accidente” a lo Camilo Cienfuegos[i]

 

La alianza de Chávez con las FARC ha resultado un verdadero desastre ante el mundo entero, jugó al ridículo y ganó abrumadoramente. 

 

Ahora, asustado por su desprestigio dentro y fuera de Venezuela, como un camaleón, que en este caso cambia de colores según la ocasión, se ha abrazado a Uribe, al más admirado de todos los presidentes latinoamericanos y a quien siempre insultó en forma brutal.

 

Mientras tanto, por la espalda, da órdenes al obediente Daniel Ortega para que continúe el apoyo a las FARC; por supuesto, con el dinero de Venezuela. 

 

Al mismo tiempo, el petróleo venezolano impide la quiebra final a la dictadura castrista en Cuba, pagándole a ese régimen el equivalente a 144, 000 euros anuales, por cada uno de los 23,000 médicos y paramédicos cubanos en Venezuela[ii]

 

Por esta razón, en la suerte del pueblo venezolano va la del cubano; son destinos paralelos de dos pueblos hermanos. 

 

El ocaso del tirano y el de su mediocre aprendiz van de la mano.

 

NOTAS:


[i] El Comandante Camilo Cienfuegos desapareció una semana después de mi arresto por denunciar públicamente la orientación comunista que se le estaba dando a la Revolución Cubana.  Ambos nos oponíamos a esa situación.  Nunca se supo cómo desapareció su avión en un corto vuelo entre Camagüey y La Habana,  tampoco aparecieron pruebas de un accidente.