Cubanálisis El Think-Tank

ARTÍCULO ESPECIAL EN EL THINK-TANK DE CUBANÁLISIS

 UNA HISTORIA NO CONOCIDA SOBRE EL CURSO DEL AÑO 1965

EN LA ESCUELA DE MEDICINA DE LA HABANA

 

Álvaro Álvarez, Miami, Especial para Cubanálisis
 

Álvaro J. Álvarez nació en Ciego de Ávila, Cuba (1943). Comenzó a estudiar Medicina en La Habana en 1964 y en marzo de 1966 fue detenido y condenado a 4 años de cárcel por delito Contra la Integridad y Estabilidad de la Nación. En la prisión de Camaguey le ofrecieron regresar a continuar la carrera, pero no aceptó. En Cuba nunca estuvo involucrado en ninguna organización comunista. En 1978 pudo salir hacia Venezuela como expreso político, y posteriormente vino para Estados Unidos. Al llegar a Miami comenzó a trabajar en el sector de Seguros de Vida y Salud, actividad en la que lleva 34 años.



Llegué a La Habana para matricular el Primer Año de Medicina el 14 de agosto de 1964. Por supuesto, me dirigí hacia lo que yo creía era la Escuela de Medicina en la calle I y 25 en el Vedado. Al llegar a la oficina de registro la Sra. Caridad me matriculó y me envió para el edificio de 3ra. y F en El Vedado (piso 11) muy cerca del antiguo y muy conocido El Recodo.

Ese fue el principio de las irregularidades de nuestro curso, pues siendo todos nosotros bachilleres graduados en los distintos institutos de la República se nos obligó a pasar un Curso de Pre-Médica de 7 meses de duración con un examen final para poder ingresar al Primer Año de la Carrera de Medicina. Este examen efectuado en marzo de 1965 fue, por supuesto, eliminatorio, y creo lo suspendieron más de doscientos alumnos.

Un día el administrador de F y 3ra. nos reunió a todos para explicar que comenzaríamos “Las Marchas Militares Nocturnas Voluntarias” y los que no se inscribieran tendríamos que limpiar las escaleras del edificio completo (como 20 pisos); si terminábamos antes, iríamos a barrer la calle 3ra. Yo limpié y barrí, pero no marché, al igual que unas decenas de condiscípulos que a partir de ese momento estábamos “marcados para siempre”.

Debo aclarar que mientras los bachilleres varones estábamos en F y 3ra. recibiendo las clases en un edificio al frente, o sea, por la calle F, las hembras estaban recibiendo las mismas clases en albergues o casas en el reparto Nuevo Vedado, cerca del Zoológico o de la Ciudad Deportiva. Había además alumnos en planes “acelerados” para hacerlos bachilleres en dos años, y estos estaban en Ciudad Libertad (antiguo Columbia), en Tarará y en Nuevo Vedado. Todo esto fue un verdadero “arroz con mango”. A finales de diciembre de 1964 nos fuimos de vacaciones para nuestros respectivos hogares y al regresar el lunes 4 de enero de 1965 todos los grupos nos unimos en lo que se conoce ahora como el Instituto de Ciencias Básicas y Preclínicas (remodelado entre 1963 y 1964) que era el edificio del Colegio Sagrado Corazón de Jesús, sito en la calle 146 y la Avenida 31, Reparto La Coronela, entre el Country Club y la Lisa, que había sido confiscado a las monjas en mayo de 1961.

Aquí todos los más de 1,000 alumnos estuvimos encerrados militarmente sin poder salir a la calle o ir a nuestras casas hasta el fin de semana, y una vez al mes desde el viernes y regresando el lunes a las 7 am. Los varones estábamos en albergues (4 edificios prefabricados de dos plantas que se conocían como el A, B, C o D. Las hembras vivían en los alrededores en casas confiscadas a familias que se habían ido del país. Todos los estudiantes estábamos custodiados por tropas de la Seguridad del Estado, porque al lado norte del albergue “C”, en su finca oculta y muy protegida, vivía Castro I, dueño absoluto de la Isla y de “todos sus pobladores”. Como él era hijo de un soldado de Valeriano Weyler, a nosotros nos tenían que “reconcentrar” también, como si fuéramos presos en vez de estudiantes de medicina. Siempre he creído que todo lo sucedido a nuestro grupo en esos 30 meses fue obra suya y los que daban la cara cumplían sus órdenes.

Los baños en los albergues estaban en la planta baja y la pared no llegaba hasta arriba quedando una abertura de unos dos pies, por donde entraba el aire y en invierno la temperatura bajaba tanto que algunos decían que alcanzaba hasta los 2
ºC (unos 35-36 F). Como algo típico del sistema comunista, las resistencias de los calentadores las habían traído de Alemania Oriental, y el amperaje allí era distinto al nuestro; al conectarlas, se quemaban… nunca hubo agua caliente. Si te quejabas era contrarrevolución.

Muchos fines de semana había prácticas de milicias obligatorias, así como trabajos en la agricultura, que no podías dejar de ir. Periódicamente, expulsaban a algún o alguna estudiante, sin que te enteraras de sus nombres hasta varios días después.

Otra gran violación de nuestros derechos (humanos, civiles, estudiantiles, etc.) llegó una triste noche del mes de diciembre de 1965 (puede haber sido el día 5 ó 6) que se nos obligó a todos ir al Salón Teatro (el cual tenía una gran capacidad) y después de cerrar la enorme puerta principal, nos comunicó el alumno JMC (omito su nombre porque ya está fallecido), uno de los dirigentes de la Juventud Comunista, que siendo alumno al igual que todos nosotros creía ser dueño de nuestras mentes y de nuestros cuerpos; el grupo creado por él y su pandilla, conocido como Comité de Depuración, tenía ya una lista secreta para DEPURAR a los que ellos consideraban no podían graduarse de Primer Año por ser personas que no reunían los requisitos revolucionarios para poder seguir siendo alumnos de medicina.

Ya el Comité, conformado por aquellos con un grado mayor de odio, había ido a visitar a los Comités de Defensa de la Revolución (CDR) de las distintas localidades y pueblos donde vivían los “presuntos depurados” que tenían en la lista. Dicha lista era mucho más larga, pero al final los “agraciados” fueron NUEVE, ocho varones y una hembra que creo era de Sancti Spiritus y nunca más he sabido de ella. Los 53 años que han pasado han logrado hacernos olvidar algunos de aquellos nombres, pero creemos recordar a estos seis: Héctor Brito (La Habana), José Ángel Goiriena Lima (Güines), José L. Molleda Marsán (La Habana), Abilio Orozco Franco (Morón), Roger (Cárdenas) y Juan Manuel (Matanzas).

Cuando salimos del encierro en el Salón Teatro aquella noche muchos de nosotros pensamos… “nos tocará la próxima vez”.

Otras de las violaciones que necesito contar fue el sistema creado por un personaje siniestro, conocido por el seudónimo de “Chepo”, hijo de un líder antibatistiano que murió en el asalto al Palacio en 1957. Este bastardo abogado de pacotilla era el administrador de la escuela ICBP, y creo decir sin equivocarme que era odiado y temido hasta por los mismos miembros de la UJC/PCC. Chepo llevaba a juicio a cualquiera que no estuviera pelado militarmente, a cualquiera que le cogiera una mano a su novia o esposa, a cualquiera que llegara antes (fíjense: no después) de la hora de entrada; por supuesto, a los que llegaran tarde también los llevaba a juicios de suspensiones de pases por 1, 2 ó 3 meses. Como le pasó a Carlos, que llegó 6 horas antes y lo llevó a juicio y lo condenó.

Recuerdo allá hubo 3 llamados custodios que eran quienes nos “cuidaban o vigilaban” al estilo marxista. Pero los verdaderos vigilantes eran las tropas de la Seguridad del Estado o los llamados anillos de protección del Rey… Castro I de Birán.

Cuando terminamos los exámenes o las Pruebas de Nivel del curso de Pre-Ciencias Médicas efectuados del 22 al 26 de marzo de 1965 nos fuimos para nuestras casas sin saber sí habíamos aprobado dichos exámenes; y ¿saben ustedes como nos enteramos? Pues el día 2 de abril en la página 5 del periódico El Mundo salió publicada la relación de los 680 que habíamos aprobado y que podíamos empezar el Primer Año. Nunca en Cuba se había producido semejante cosa y creo nunca más volvió a pasar; por eso y mucho más nuestro curso fue algo muy distinto a todos los anteriores y a los posteriores.

El “premio” que nos dieron por haber aprobado esos exámenes de ingreso al Primer Año de Medicina fue el trabajar durante 13 días en labores agrícolas; a la mayoría de los varones nos llevaron en guaguas escolares a la finca “El Paraíso”, perteneciente al Central García Lavandero (antiguo Pilar) en Artemisa. Al llegar estuvimos varias horas esperando a que sacaran de las naves a los pollos de ceba y echaran cal viva sobre las excretas.

El almuerzo y la comida era todos los días el mismo menú: un boniato sancochado. Había una sola llave de agua para los cientos de estudiantes-cortadores de caña, y esa llave estaba a un pie de altura de la tierra, o sea que teníamos que agacharnos para poder asearnos un poco: de baño normal, nada. Dormíamos en hamacas amarradas a palos o troncos rústicos y muchos en mal estado, que al partirse por el peso de varios cuerpos, nos caíamos sobre aquella mezcla de excremento y cal. Otro grupo de varones fueron con las hembras hacia la recogida de papa en el área de Jovellanos en la provincia de Matanzas: ellos la pasaron algo mejor.

Siempre se nos informó que estaríamos “encerrados” durante el Primer Año, como había pasado con el curso anterior, pero al llegar el fin de curso el 19 de diciembre de 1965, nos enteramos del nuevo engaño… Otro año más encerrados como presos.

Cuando se terminó el Segundo Año en septiembre 1966 la alegría fue tal que hubo algunos actos típicos de los estudiantes que han sido engañados repetidamente, y ese fue el motivo que se presentaran importantes personajes del gobierno, Universidad y de Becas, como por ejemplo: José Ramón Machado Ventura, José Llanusa Gobel, José M. Miyar Barruecos (Chomy) y el Dr. Ramón Martínez Rodríguez (Redondo Mayor). Por supuesto, detrás del telón estaba Castro I, y aunque no hizo presencia física, su mano tenebrosa estaba ahí.

Resultado: todos los alumnos del albergue “C” donde habían ocurrido los “actos inaceptables” recibieron una carta que decía así: “todo este colectivo como un bloque monolítico será enviado a las montañas orientales hasta que se ganen el derecho de regresar a la Universidad”.

Fuimos castigados indefinidamente a realizar labores agrícolas en La Melba (Moa), pero como allí no había condiciones para poder recibir tantas personas, muchos fueron llevados a otros lugares como San Lorenzo, La Lata, el Basurero, Haití Chiquito, Palma Soriano, Mayarí Arriba, Contramaestre… Durante el mes de diciembre ya todos fueron llevados a La Melba para unirse al grupo que ya estaba allí. Por eso a nuestro grupo se les conoce como “los castigados de La Melba”. Para seguir con el odio hacia nuestro grupo durante esos meses fueron depurados por lo menos 11 alumnos. Al cabo del tiempo algunos de esos “depurados” pudieron regresar a los estudios, pero no todos.

Me cuenta mi amigo el Dr. Oscar Valdés Yero, depurado en San Lorenzo, que esos días fueron un infierno para su grupo, porque les robaban el café recogido para hacerlos parecer holgazanes, y además les lanzaban piedras enormes que rodaban montaña abajo, con el doble propósito de hacerles daño o de amedrentarlos para que renunciaran y así no tener que depurarlos.

Lograron llevar a un grupo de alumnas de nuestro curso desde la Habana, distante unos 670 Kms., para gritarles y humillarlos. Esa táctica totalitaria funcionó, y unos pocos, no pudiendo soportar aquello, abandonaron todo y se marcharon a sus casas.

Oscar recuerda a EVB (no mencionamos su nombre completo), como el que más se ensañó con él. Al igual que Saturno, la Revolución termina “devorando a sus propios hijos”: años después, y siendo ya médico, EVB fue suspendido de por vida para ejercer la profesión, por vender medicamentos ilegalmente.

Otros de los depurados fueron: Martell, Aguado, Piedra, Eirin-González, Tejerina, Rielo, Ordaz-Caballero, y Pérez Pérez.

A mediados de marzo 1966, estando en Segundo Año, hubo otra masiva movilización al corte de caña en Mangalarga, perteneciente al central Cunagua (Bolivia), al noroeste de la provincia de Camaguey, donde se decía que los mosquitos llegaban a matar al ganado que estuviera un poco débil. Aquellos días cañeros fueron como un castigo por las horribles condiciones de albergue, comida, transporte y medicamentos básicos, pues no había antidiarreicos para poder atenuar el tremendo brote de diarrea que se presentó a los pocos días de haber llegado por las deficientes condiciones sanitarias, y nunca pudo ser excusa para poder quedarte acostado en la hamaca. Tenías que ir a trabajar enfermo, porque si no te depuraban en las reuniones nocturnas de análisis del trabajo del día.

Me cuenta mi amigo Eloy que les habían prohibido acercarse a un barracón cercano, pero él fue, y hablando con los haitianos que allí vivían logró que le dieran un cuartucho que estaba deshabitado, pero lleno de suciedad y telarañas. Después de limpiarlo un poco junto con otros dos amigos, se mudaron para lo que pasó a ser un “Hilton” en comparación a donde estaban todos los demás. Solamente tengo el dato de José Antonio (de Pinar del Río) como depurado en esta etapa. Parece ser que Mangalarga era zona de castigo, porque del lado sur estaba un campamento de la UMAP (Unidades Militares de Ayuda a la Producción) custodiado por soldados, portando todos rifles AK 47.

Otro aspecto a destacar fue que durante 1965 y1966 los personajes más malévolos de la dirigencia de la UJC y el PCC se dedicaban a “descubrir” a los alumnos con tendencia homosexual de ambos sexos, y para ello utilizaban a los que se prestaban para servir como “señuelos” y llegaban a esconder a los testigos para justificar lo que supuestamente habían visto y oído.

Estoy completamente seguro que fueron muchos los afectados por estas técnicas de depuración sexual que el pueblo cubano nunca ha tenido conocimiento que existieron, y fueron llevadas a cabo por los mismos dirigentes de nuestro grupo, del que algunos han fallecido, otros están en funciones profesionales o de jefatura en el MINSAP, y por supuesto, otros han abandonado el barco y pueden estar aquí entre nosotros, y quizás usted los conoce pero no sabe quién fue en realidad y el trauma ocasionado a sus propios condiscípulos.

Arrepentidos o no, el daño está hecho y solo Dios lo sabe.

Esto debe conocerse para que nunca más vuelva a pasar en la tierra de José Martí.


Nota.- Quiero destacar que la Docencia en esos dos primeros años de la Carrera de Medicina era muy buena: la mayoría de nuestros profesores lo habían sido durante muchos años anteriores, y su capacidad académica era de primera.

Independientemente al aspecto político, nuestro curso estaba formado por muy buenos profesionales, y muchos de ellos se han destacado en las diversas especialidades médicas, tanto dentro como fuera del país.

Yo nunca me gradué, porque fui condenado a 4 años de cárcel por delito Contra la Integridad y Estabilidad de la Nación (“CIEN”) cuando cursaba el Segundo Año, pero estoy muy unido a mis amigos del curso 1965.