Cubanálisis  El Think-Tank

ARTÍCULO ORIGINAL PARA EL THINK-TANK DE CUBANÁLISIS

 

Frank Díaz-Pou, Miami

 

 

                               

 

 

                                

 

Las fuentes del financiamiento del modelo castrista

 

Desde hace más de tres décadas y antes del derrumbe del mal llamado “campo socialista” la mayoría de los “cubanólogos” comentaban en los medios de prensa el gran apoyo financiero que  el régimen castrista recibía de la Unión Soviética y, en menor grado, de los otros miembros del CAME.

 

En esa época, en una audiencia pública ante una comisión del Congreso estadounidense, un funcionario de la comunidad de inteligencia de este país estimó que dicha ayuda financiera alcanzaba los 5 mil millones de dólares anualmente.  Esta cifra se convirtió en el socorrido “cliché” utilizado ampliamente para identificar la fuente principal de financiamiento del fracasado sistema económico adoptado en Cuba por Fidel Castro.

 

Por supuesto, luego de la desaparición de la ayuda soviética, el régimen sufrió un colapso económico que ellos calificaron como “periodo especial”. En el estudio de “La Economía Cubana: Reformas estructurales y desempeño en los noventa”, publicado por la CEPAL en el año 2000, se planteaba que “sobre la base de los niveles de productividad de 1989 [antes del fin de la ayuda soviética] se ha estimado que la tasa de desempleo equivalente de los subutilizados, sumada a la del desempleo abierto, asciende a 42% en 1994 y en 1996.

 

Más tarde, y gracias a la estrategia conocida como  “Foro de Sao Paulo”, tomó el poder en Venezuela el Teniente Coronel Hugo Chávez Frías. Desde ese momento, y debido a la enorme transferencia de capital desde ese país al estado cubano y sus personeros más encumbrados, se popularizó la idea que la Venezuela chavista había ocupado el puesto de la Unión Soviética como el principal sostenedor del régimen castrista.

 

Sin lugar a dudas, las transferencias de capital que ha recibido el régimen castrista desde la Unión Soviética, desde mediados de la década de los 1970s hasta  finales de los 1980s, y más tarde Venezuela desde principios de la década pasada hasta el presente, le han permitido subsistir en algunos momentos “holgadamente”.

 

Los últimos análisis comparativos de la economía mundial publicados por la banca de desarrollo internacional estiman que la economía cubana a finales del 2014 alcanzaba los 128 mil 500 millones de dólares. Una transferencia venezolana que puede oscilar alrededor de 5 a 6 mil millones es importante, pero no es suficiente para mantener un mínimo nivel de desarrollo económico y social.

 

Aunque los ingresos por servicios médicos y los envíos de “remesas a familiares” por parte de la población “exilada” y los residentes en el exterior son considerables, todos ellos compensan las pérdidas por las exportaciones de minerales y otros productos primarios que han sufrido una reducción de sus precios.

 

Aunque la Cuba castrista tiene un crecimiento de población neutro o ligeramente negativo en los últimos años, los “subsidios” de la desaparecida Unión Soviética y recientemente Venezuela no son suficientes para mantener a la economía cubana casi a flote, teniendo en cuenta lo desproporcionado del gasto público, la ineficiencia de las empresas estatales y el casi inexistente sector privado.

 

Entonces, sería conveniente preguntarnos: ¿que otro elemento ha estado financiando el modelo económico implantado en Cuba hace más de medio siglo?

 

Desde la Antigüedad hasta nuestros días la fórmula empleada por los gobiernos para obtener un superávit que les permita financiar gastos, sean estos productivos o improductivos, es restringir el consumo de la población. 

 

En muy pocas instancias hemos visto trabajos de investigación de la realidad económica y social de Cuba contemporánea en que se estudie detenidamente la pérdida del poder adquisitivo de los trabajadores cubanos en los últimos 56 años [1958-2014]. 

 

Aunque el régimen castrista intentó sacar al sistema económico cubano del área dólar durante el periodo de asociación intensa con la URSS y el CAME, en los últimos años el dólar está volviendo a ocupar su posición de moneda de referencia en la Cuba de la segunda década del siglo XXI.

 

Calculemos la pérdida del poder adquisitivo de los trabajadores cubanos en los últimos 56 años basados en los siguientes hechos:

 

1)      La tasa de cambio en 1958 promediaba 1 US$ = 1C Peso (es decir, existía paridad entre un dólar de EEUU y un peso cubano).

 

2)      La tasa de cambio en el 2014 promediaba 1 US$ = 25 C Pesos.

 

3)      El índice PIB/Deflación del dólar norteamericano (US$) en el 4to trimestre de 1958 era de 17.1.

 

4)      El índice PIB/Deflación del US$ en el 4to trimestre del 2014 era de 109.18.

 

5)      Un obrero agrícola no calificado ganaba en 1958, en la provincia de La Habana, $65 pesos cubanos (C. Pesos) al mes.

 

6)      Una maestra de escuela primaria con experiencia ganaba en 1958, en la provincia de Matanzas,  $108 pesos cubanos (C. Pesos) al mes.

 

7)      El índice Producto Interno Bruto (PIB)/Deflación está basado en el “poder de compra” que tiene un consumidor para adquirir una “canasta” de artículos y servicios que le permitan satisfacer sus necesidades básicas.

 

El contenido de esta “canasta” varía con el tiempo, para ajustarse a las preferencias o “necesidades” del consumidor. Los índices PIB/Deflación se publican trimestralmente por el Buró de Análisis Económico de la Secretaria de Comercio de los EE.UU. de América.

 

Caso A: Obrero agrícola no-calificado                              1958       a  US$ del 2014

            Salario mensual en US$                                              65.00               415.01

                                                                                                    

                                                                                               Salario ajustado a C$

            Salario mensual en Pesos cubanos                               65.00           10,375.29

            Promedio salario mensual pagado por el Estado                                  360.00

            Pérdida del poder de compra                                                             96.5%

 

Para recibir la misma cantidad de bienes y servicios que adquiría con US$65 en 1958, el consumidor necesitaría aproximadamente US$415.01 a finales del 2014. A esta cifra -ajustada a dólares del 2014- se le aplicó la tasa de cambio de 1 US$ = 25 CUP (pesos cubanos) para obtener la cifra en pesos cubanos que debería estar ganando este obrero en el 2014 para que pueda obtener una canasta similar de bienes [artículos] y servicios a la que él adquiría en 1958.

 

De acuerdo a estos cálculos el régimen castrista le ha quitado al obrero el 96.5% del poder de compra que tenía en 1958.

 

                                                                                                            US$ 1958 ajustados

Caso B: Maestra de primaria con experiencia                    1958    a US$ del 2014

            Salario mensual en US$                                               108.00         689.56

                                                                                               

                                                                                                 Salario ajustado a C$      

            Salario mensual en Pesos cubanos                                 108.00           17,283.95

            Promedio salario mensual pagado por el Estado                                      500.00

            Pérdida del poder de compra                                                                 97.1%

 

En este segundo ejemplo el régimen castrista le ha quitado a la Maestra de primaria con experiencia el 97.1% del poder de compra que tenía en 1958.

 

Las instituciones del estado cubano creadas por el régimen castrista para su servicio se caracterizan por el gigantismo de algunos de sus componentes, si lo comparamos con Estados con características demográficas y de desarrollo económico y social similares.

 

Debido a las limitaciones de tiempo y espacio que nos afectan, vamos a referirnos a algunas de esas instituciones.

 

Desde su inicio, el régimen castrista ha implantado una férrea política de control social para asegurar la permanencia indefinida de su clase dirigente al frente de los destinos del país.

 

Para lograr esta meta ellos desarrollaron dos políticas complementarias.

 

La primera fue la militarización de la vida nacional, convirtiendo a Cuba en un cuartel, para llevar la rígida disciplina militar a todos los ámbitos de la sociedad cubana.

 

La segunda fue la implantación del terror de estado por medio de los llamados “órganos de la seguridad del estado”.

 

Para poner en ejecución ambas políticas crearon dos organismos centrales, el Ministerio de las Fuerzas Armadas Revolucionarias [MINFAR] y el Ministerio del Interior [MININT].

 

Ambos tienen otras estructuras burocráticas que facilitan la ejecución de sus planes. El gasto público de estos organismos y sus estructuras burocráticas asociadas es un “secreto de Estado”, pero su tamaño y capacidad operativa es comparable a cualquier primera potencia del mundo, y superior al resto de los países de América Latina y el Caribe.

 

Otras de las instituciones que inciden en el gasto público son el Partido Comunista de Cuba y las llamadas “organizaciones de masas” que le dan apoyo.

 

Por último, el régimen castrista tiene una presencia internacional comparable con las potencias europeas de primera línea, a través de una extensa red de representaciones diplomáticas a lo largo y ancho del globo terráqueo. 

 

La única forma que tiene el régimen de mantenerse controlando los destinos de Cuba es por medio de las instituciones burocráticas antes mencionadas. El día que estas no tengan los recursos financieros para operar eficientemente, el régimen castrista no puede mantenerse en el poder.

 

Por ello, ninguna reforma económica será válida en Cuba mientras se siga explotando al obrero al restringirle su consumo, lo que degrada y empobrece cada vez más al pueblo  cubano, que se merece un destino mejor.

 

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Frank J. Diaz-Pou es un consultor financiero con amplio desempeño profesional en temas económicos, financieros y de comercio internacional en los EE.UU., América Latina y el Caribe.