Cubanálisis El Think-Tank

ARTÍCULO ORIGINAL PARA EL THINK-TANK DE CUBANÁLISIS

     

                                                            Dr. Eugenio Yáñez, Miami

UN PRONÓSTICO ARRIESGADO: ¿QUÉ SUCEDERÁ EN CUBA EN EL 2007?

 

 2006 no pasará a la historia de Cuba como “el principio del fin” del castrismo, ni tampoco como “el final del principio”, sino como el año del fin de la era de Fidel Castro. No tan casualmente, a partir de ahora los años “revolucionarios” no tienen nombres, sino números: el último fue “de la revolución energética”, 2007 será, simplemente, “año 49 de la Revolución”. Quién sabe si hasta terminará siendo simplemente “2007”, como en todo el mundo.

 

Termina el 2006 alimentando con más fuerza el secretismo de la condición del máximo líder: mientras el deteriorado Comandante continúa padeciendo de secreto de estado, y tras casi dos meses sin ofrecer "prueba de vida" ni mostrar su figura ni siquiera en fotos o videos, se desatan todo tipo de especulaciones, para beneplácito de los sensacionalistas de la información y angustia de los simpatizantes del régimen.

 

Se han escuchado todo tipo de versiones, desde Hugo Chávez asegurando que puede jugar pelota o que camina por las noches por pueblos y ciudades, hasta quienes aseguran, “de fuentes absolutamente confiables”, que ya Fidel Castro está bien muerto, congelado o conservado en formol, y que su ataúd está fabricado.

 

Un prominente cirujano español viajó a La Habana a fines de diciembre, pero no para celebrar Nochebuena y Navidad, sino a chequear al Máximo Paciente. Voló en un avión puesto a su disposición por el gobierno cubano, y con medicamentos de alta tecnología disponibles en los departamentos de salud pública de Madrid. Todo el mundo supo del viaje en cuanto comenzó, y al regresar a España ofreció una conferencia de prensa sobre el tema más secreto de la historia de Cuba: la salud de Fidel Castro. Que solamente es realmente secreto todavía porque lo saben muy pocos, poquísimos.

 

El cirujano dijo muchas cosas que coinciden con la versión oficial del régimen. No hay que cuestionar la integridad profesional o personal del Dr. García Sabrido. Ni resolvería mucho tampoco.

 

Sin embargo, sería bueno recordar que hace más de cuarenta años Cuba movió a un personaje mundialmente conocido, Che Guevara, desde La Habana hasta las selvas del Congo, pasando por El Cairo y Dar-es-Salam sin que nadie se enterara. Al fracasar la aventura africana, volvió a moverlo por Dar-es-Salam hasta Praga, y posteriormente de Praga a La Habana y de ahí a Bolivia… y nadie se enteró.

 

¿Tanto han perdido en eficacia los servicios de seguridad cubanos que no pueden sacar a un cirujano (eminente, sí, pero figura privada) por tres o cuatro días hasta La Habana y regresarlo a Madrid sin que nadie se entere? ¿No se pudo elaborar una “leyenda” con cobertura suficiente de que el galeno hubiera pasado las Navidades en una isla del Caribe con su familia? ¿O es que todo el mundo se enteró del viaje a La Habana y el chequeo a Fidel Castro, precisamente, porque eso era lo que deseaba el régimen cubano?

 

El secreto de estado no lo es menos ahora que se sabe, según contó el médico, “hasta donde pudo conocer”, que Castro puede morir en cualquier momento de una enfermedad “benigna” complicada, por ejemplo, por una diverticulitis combinada con peritonitis u obstrucción intestinal. La diferencia entre morir con metástasis en el páncreas o con medio metro menos de colon tras una complicación posterior a una operación de diverticulitis es tema de interés para patólogos y forenses, para más nadie. Los muertos de enfermedades “benignas” no están menos muertos que los fallecidos por las “malignas”, aunque sean Comandantes. Y los enfermos graves no están menos graves porque su gravedad se declare secreto de estado.

 

Sin dudas que a finales de julio, cuando fue operado de urgencia, estuvo al borde de la muerte. Benigna o maligna, o ambas cosas a la vez, la enfermedad del Comandante en Cama es gravísima. ¿Es grave o no es grave una enfermedad que obliga al paciente a una convalecencia de cinco meses, tras los cuales no es capaz de mostrarse ni varios minutos caminando normalmente o hablando coherentemente?

 

Desde La Habana el periódico Granma había utilizado una maniobra digna del museo de la candidez analítica del adversario, y publicó este párrafo de 77 palabras el día 15 de diciembre:

 

El Comandante en Jefe se comunicó por teléfono con la sesión de trabajo que sostienen los Presidentes de las Asambleas Provinciales del Poder Popular, y que continuará este sábado, presidida por Carlos Lage, secretario del Comité Ejecutivo del Consejo de Ministros, y Ricardo Alarcón de Quesada, presidente de la Asamblea Nacional del Poder Popular. El Jefe de la Revolución fue informado de los pormenores de la reunión, lo cual motivó la alegría y el aplauso cerrado de los participantes.

 

Con 27 sinónimos a su disposición para referirse al verbo hablar, Granma, aunque no es un modelo de respeto al idioma español, se escurrió significativamente hacia el verbo “comunicar”, que no implica necesariamente al Comandante en viva voz. Y todo cuando durante casi siete semanas no se sabía nada del caudillo, y abundaban criterios de que su habla y su mente no están a plena capacidad, lo que explicaría su ocultamiento.

 

La maniobra no convenció, como no habían convencido las balbuceantes y repetitivas declaraciones de los pregoneros del régimen, incluido el Mínimo Líder, Raúl Castro. Y entonces vino el viaje a Cuba del galeno español, que nadie se preocupó de enmascarar en el secreto o la discreción, sino todo lo contrario

 

¿Está muerto Fidel Castro? No lo parece. ¿Está vivo entonces? Tampoco. No ha fallecido biológicamente, pero su estado de salud es muy delicado, muy lejos de la supuesta constante mejoría que se le atribuye continuamente.

 

En la tarde del 30 de diciembre se preparaba este ensayo y se escribió: "Este análisis se escribe para publicar en la edición del primer día de enero del 2007: cabe la posibilidad de que el régimen muestre un video del Máximo Paciente a las doce de la noche del 31 de diciembre, explicando a los cubanos que 2007 será un año de victorias, pero muy duro. Como siempre. O quizás hasta algunas imágenes en vivo, aunque la suspensión de la visita del Presidente brasileño a Cuba a comienzos de enero "para despedirse de su amigo Fidel Castro" parece sugerir que el tirano no está presentable. ¿Por qué correr en Cubanálisis el riesgo de que el régimen mostrara a Castro cuando ya estaría publicado este análisis?

 

Porque, aparezca o no aparezca, en vivo o en video, hablando o sin hablar, o con un mensaje escrito, no modifica lo fundamental: políticamente, ya Fidel Castro está fuera del juego. No puede decidir, dar órdenes ni chequear la marcha de las cosas. No es necesario ser médico, ni ser parte del reducidísimo círculo íntimo que conoce la verdad, para saberlo: basta ver como se comportan y hablan los sucesores. Los verdaderos, no los que aparecen en la Proclama".

 

En la noche del 30 de diciembre, Granma hizo público un "Mensaje del Comandante en Jefe al pueblo de Cuba", que dice más o menos lo que se señalaba en los párrafos anteriores, más toda la continua repetición de frases huecas y consignas. Todo, claro, por el aniversario 48 del triunfo de la Revolución, y deseando que 2007 "constituya una aurora de esperanza para todo nuestro pueblo". Ni una palabra sobre felicidad, paz, armonía o prosperidad para los cubanos: no está diseñado para eso. El único elemento de interés es que la Agencia Cubana de Noticias tuvo un desliz y publicó la noticia refiriéndose a "Fidel Castro" a secas, sin mencionar sus cargos, algo que nunca había sucedido, aunque en la versión en inglés le llama "President". Como quiera que sea, nada de eso modifica la estructura, el desarrollo ni las conclusiones del presente documento, que continúa como estaba escrito.

 

¿Un Fidel Castro cuya muerte se oculta para ganar tiempo? Si después de todo un año preparándose, porque no comenzaron en Julio 31 ni mucho menos, todavía los sucesores necesitan “ganar tiempo” para algo, no han sabido hacer su trabajo, y todo el tiempo del mundo sería inútil. Pero sus acciones y decisiones no son las de los que buscan tiempo antes de dar la noticia, sino las de los que están consolidando las cosas: las que ellos consideran imprescindibles, aunque estuvieran equivocados.

 

Se insiste en la recuperación del tirano, su continua mejoría, se alimenta la especulación de que regresará al poder, para que sea el adversario quien no pueda ganar tiempo: para que todos decidan esperar a ver que pasa, no hacer nada hasta que se defina el destino de Fidel Castro.

 

Con todos mirando para el toro, el torero ha podido organizar la corrida con tranquilidad y eficiencia: picadores, a sus puestos, banderilleros, a sus puestos. Y matadores (literalmente), a los suyos. Nadie se equivoque: en lo que todos esperan por el final del Castro más famoso, el otro Castro organizó y ejecutó el proceso de controlar el verdadero poder en estos momentos: Raúl con los Comandantes. Y muchos todavía hablan de la “provisionalidad” de la sucesión.

 

El momento exacto de la muerte biológica de Fidel Castro es ya asunto de historiadores y pitonisas, pero no de análisis políticos profesionales. Sin embargo, hay tantos sensacionalistas desesperados por el “palo periodístico”, que cada dos o tres días anuncian la muerte de tirano, quizás pensando que así adivinarán algún día. La noticia fabricada con un titular que nada tiene que ver con el contenido, y alimentada por los rumores de otras publicaciones, son caldo de cultivo para ir diseñando un escenario absurdo o totalmente falso, que puede abarcar, según esotéricas e inexistentes “fuentes”, desde que Raúl quiere liberar a los presos políticos pero Alarcón se niega, a la posibilidad de que cascos azules de la ONU intervengan en Cuba para controlar una guerra civil, o a la afirmación de que están llegando militares cubanos a Venezuela, pero no está claro si son “fidelistas o raulistas” (¡!): maravillas de “analistas”.

 

De haber muerto instantáneamente en la madrugada del 27 de julio, o en la mesa de operaciones, es difícil saber lo que hubiera sucedido. De haberse mantenido al mando del país y con un mínimo de salud hasta estos momentos, la situación económica, política y social de Cuba en estos instantes hubiera sido sin dudas peor: de seguro se hubiera desinteresado de los problemas de los cubanos y hubiera dedicado sus energías y atenciones para “aconsejar” a Evo Morales, “asesorar” la campaña electoral de Hugo Chávez y “denunciar el fracaso imperialista” en Irak, pero de alimentos, transporte y salud de los cubanos, nada.

 

La atención en la medio-muerte-medio-vida de Fidel Castro quita el foco de otros aspectos de interés, y básicamente del principal: el sutil y siniestro proyecto, en plena marcha, de escamotear al pueblo cubano sus derechos elementales, y excluirlo de las decisiones que tienen que ver con el futuro del país, mediante el sencillo procedimiento de “permitir” el acceso a los boniatos y las calabazas e impedirlo a las urnas o la información: algunos “especialistas” le llaman a esto “el modelo chino”, y lo más triste es que se lo llegan a creer.

 

No ha sido por casualidad que la población cubana sufre el racionamiento de productos alimenticios e industriales desde marzo de 1962, hace casi cuarenta y cinco años. La escasez tiene que ver con la ineficiencia del sistema y las veleidades de su caudillo, pero es antes que nada una concepción estratégica criminal e imperdonable: hacer tan difíciles las condiciones de vida de la población, que la lucha por la subsistencia desplace de las prioridades del cubano la lucha por los derechos humanos, políticos y civiles.

 

Los cubanos en la isla no necesariamente desean de forma unánime una solución de capitalismo ultraliberal y economía de mercado como única opción a la barbarie. Insisten en los llamados “logros sociales”, entre los que se incluyen el acceso gratuito a la salud pública y la educación. Castro y su propaganda reiteran que la única alternativa a su espantoso sistema está en Miami, Bangladesh o Haití, cuidándose de mencionar a Costa Rica, Chile o Uruguay, por no decir Suecia, Alemania o Inglaterra. Esos “logros” del régimen hoy son más leyenda que realidad en su materialización diaria, pero no por ello son absolutamente inalcanzables o injustos.

 

Muchas veces la población cubana se expresa, o los valerosos disidentes dicen y escriben sobre temas que desde fuera del país parecen descabellados o erróneos: es muy fácil decir que “están perdidos”, o que los pobrecitos no saben como son las cosas. O referirse en positivo a la parte de los disidentes que dicen cosas agradables a los oídos comisariales, ignorando a los demás. No necesariamente hay mala fe, y en ocasiones los que “están perdidos” o los pobrecitos que no saben como son las cosas no son precisamente los que resisten la embestida del mitin de repudio o esperan en silencio, con miedo y con hambre, el “camello” para regresar a una casa que se cae, a compartir la desesperanza, la falta de agua y electricidad, y el calor sofocante, con sus seres queridos.

 

Casi medio siglo de régimen ha pretendido domesticar a estos millones de cubanos, esa “mayoría silenciosa” que no puede expresarse libremente y que sabe que siempre está en libertad condicional o en licencia extrapenal dentro de la gran cárcel, y ha tenido éxito en acallar el descontento y minimizar la actividad pacífica contestataria, después de haber eliminado a sangre y fuego el enfrentamiento violento de los primeros años: la balsa y el bombo, el “quedarse” en cualquier país, o el “insilio” (exilio mental interior), son mecanismos de defensa del cubano de a pie frente al régimen.

 

En ocasiones, los mensajes que reciben desde fuera de la gran cárcel son contradictorios. En dos ocasiones el presidente de Estados Unidos, que prohibió a los familiares de los cubanos de la isla viajar a visitarlos cuando deseen o enviar toda la ayuda posible, ha hecho referencia al “problema” de la recuperación de propiedades para después del comienzo de la transición. Como es de suponer que el Presidente de esta gran nación tiene mucha más información que Cubanálisis, tratamos de encontrar por todas partes a quienes sostienen esas posiciones de recuperación de propiedades con tanta fuerza e impacto que requieren que el Presidente se refiera en dos ocasiones al tema, pero hay que reconocer la ignorancia: no aparece nada que haga pensar que el tema es prioritario entre la aplastante mayoría de los exiliados, ni siquiera significativo.

 

El Secretario de Comercio, cubano-americano eficiente y capaz, copresidente del Reporte al Presidente para la ayuda a una transición democrática en Cuba, habla de la necesidad de realizar un plesbicito en Cuba ya, y dos semanas después se contradice: nada de plesbicito, solamente elecciones multipartidarias en una transición a la democracia. El subsecretario de Estado, un brillante politólogo, saluda con beneplácito la oferta de Raúl Castro de sentarse a dirimir el diferendo con Estados Unidos, pero al día siguiente se desdice: nada de beneplácito, nada que conversar con el régimen, ni siquiera para saber lo que tendría que decir el nuevo gobernante de facto: solamente se aceptan elecciones multipartidarias en una transición a la democracia.

 

Esos hermanos cubanos de a pie, con todas las limitaciones y el terror sobre ellos, no pueden entender totalmente estas posiciones, porque son seres pensantes, calificados y preocupados por su destino: y porque no vean salida por estas vías, o solamente escuchen propuestas descabelladas, no van a tirarse a pecho descubierto contra los tanques para lograr algo que no está claro y que nadie aclara: entre mil doscientos millones de chinos, en 1989 solamente uno se paró con la flor frente a los tanques que avanzaban camino de Tien An Men; de acuerdo a las proporciones poblacionales, a ningún cubano corresponde hacerlo en la Plaza de la Revolución.

 

Una docena de cubanos intentó desfilar pacíficamente el Día de los Derechos Humanos, en un parque de El Vedado, pero no pudo avanzar más de cien metros: una turba de unos 200 energúmenos le atacó y golpeó al grito de “Viva Fidel” y “Viva la Revolución”: el mundo pudo verlo, porque corresponsales extranjeros estaban presentes, pero fue noticia de cuarenta y ocho horas, que dio paso a nuevos rumores sobre la salud del tirano… y lo mismo de siempre. Por cierto, hay noticias desde La Habana de que los camiones de ETECSA, la compañía telefónica, fueron utilizados como carros-jaula para llevarse a quienes protestaban, como si el Ministerio de Informática y Comunicaciones, organismo superior de ETECSA, fuera el Ministerio del Interior. No debía ser así, pues muchos “expertos” aseguran que el Ministro del ramo (el Comandante Ramiro Valdés) no tiene poder real ninguno.

 

La otra opción para los cubanos de a pie la está bosquejando, lamentablemente, el régimen: garrote y zanahorias, o zanahorias a cambio de no tener que usar el garrote. Como en Cuba no hay demasiadas zanahorias, se prometen y aseguran diez huevos por persona mensualmente, y se hacen movidas sutiles que sugieren que esta cifra podría aumentar si los cubanos se mantienen tranquilos y obedecen todas las directivas gubernamentales: una determinada mejoría en la alimentación, transporte, suministro eléctrico, medicina, vestuario y vivienda, a cambio de “orden y estabilidad”: inaceptable para los seres humanos en New York o Estocolmo, por supuesto, pero esto sería el paraíso en Burkina Faso o Níger. Claro, Cuba no es Burkina Faso ni Níger, pero tampoco es New York ni Estocolmo. A medio camino entre ambos extremos.

 

¿Cómo suena esto? ¿Cómo si fuera viable? ¿O realmente lo es? El régimen de los sucesores está apostando a esta solución, no por amor al pueblo, sino por amor a sus propios intereses. No pueden mantener la dictadura con terror, miseria y carisma, por el temor a la explosión social y al repudio internacional. Y careciendo de carisma deben hacer más pasajero el espanto o la miseria: han optado por aliviar ligeramente la depauperación, lo cual posibilitaría la represión más sutil y selectiva; pero sin dejar de precisar que si fuera necesario, habría tantas noches y días de cuchillos largos como fuera necesario.

 

Basta leer la información sobre la sesión ordinaria de la Asamblea Nacional el 22 de diciembre para entender la propuesta: no palabrería hueca y promesas, sino análisis de los problemas y presión sobre la nomenklatura para que solucione cosas: no para cubanos felices, sino cubanos que no piensen en la explosión social. Y no las fantasías del caudillo enfermo de secreto de estado, sino puntos específicos: energía, vivienda, alimentación, transporte y disciplina laboral, en ese orden, son las tareas prioritarias para el 2007.

 

Los sucesores proponen un plan cuatro a uno a favor de los cubanos de a pie: menos apagones, reparaciones en las viviendas, mejor alimentación y transporte. A cambio de eso, fuerte disciplina laboral: aprovechamiento de la jornada, eliminación del ausentismo, salarios vinculados a los rendimientos. Y para la nomenklatura, planes realistas, que resuelvan problemas, y no autocomplacencia. Eso debe haber caído bien en los oídos de la población cubana.

 

Casi terminando diciembre, Raúl Castro declara que “siempre que los productores cosechen mucho y sobre todo que vendan a precios módicos, no importa lo que ganen por mes, pues habría respaldo productivo”. Veinticinco palabras echan por tierra cuatro décadas de “planes especiales” y “agricultura socialista” de Fidel Castro, siempre preocupado por el “enriquecimiento” injusto de los campesinos. Y de paso dan indicación de las posibilidades de recuperación del Convaleciente en Jefe: Raúl Castro no hablaría así para tener que modificar eso dentro de algunas semanas. Por otra parte, está claro que el idioma chino es más conciso: Deng Xiaoping dijo, e hizo, lo mismo, con una sola palabra a los campesinos: “enriqueceos”. Y echó por tierra las “enseñanzas” de Mao.

 

No se trata de pronosticar con seguridad que habrá cambios sustanciales, perestroika criolla ni Den Xiaoping vestido de General de Ejército. Resulta, sin embargo, un lenguaje nuevo y diferente, que se aleja de los habituales recitales infinitos y aburridos de Fidel Castro. Preguntas concretas y señalamientos específicos: no convencen al Sucesor los pobres argumentos de los dirigentes: le están escondiendo la bola. Bastó un día para discutir en la Asamblea más asuntos que los que lograba Fidel Castro necesitando tres: los delegados pudieron regresar a sus provincias para Nochebuena. Y se decidió el nombre del 2007 simplemente como Año 49 de la Revolución: terminó la bobería de ponerle nombres. Y solo después de aprobado el nombre Raúl informó que se había consultado con Fidel y que éste estaba de acuerdo. No importa si es cierto o no, el mensaje es claro.

 

Es algo sin importancia en cualquier país, pero en Cuba representa mucho: la Asamblea toma decisiones sin conocer la opinión del Máximo. En un asunto trivial, es cierto: pero es algo que nunca había sucedido. Son cosas que deben haber caído bien a los cubanos en la isla, aunque sean cosas insignificantes. Porque pueden ser alertas sobre la forma de moverse de los nuevos sucesores.

 

Sin escándalo, discretamente, ya se han celebrado hasta el momento seis Plenos Provinciales del Partido: Pinar del Río, La Habana, Villaclara, Cienfuegos, Holguín y Santiago de Cuba. ¿Lo de siempre? No necesariamente. No se habla de batalla de ideas o desarrollo bolivariano, sino de producción agrícola, eficiencia y disciplina. No del futuro luminoso, sino de la producción de alimentos del mes que viene. Que se logre o no es otra cosa, pero no es el lenguaje de tiempos del Comandante en Cama.

 

Bien cayó también en la población cubana la melosa oferta de Raúl Castro a “sentarse en la mesa de negociaciones” con Estados Unidos para “resolver el diferendo”. Hastiados de enfrentamiento inútil y absurdo, los cubanos de la isla vieron en esto una oportunidad de relajar tensiones y buscar relaciones más favorables, algo que nunca veían con el Máximo Paciente.

 

Sin embargo, la jugada raulista tiene dos caras y un propósito siniestro: no son casuales los brutales y grotescos ataques contra el Presidente de Costa Rica, Oscar Arias, ni la sistemática campaña contra el gobierno costarricense que se desarrolla en el periódico Granma y en toda la prensa cubana.

 

La habilidad negociadora del Presidente Oscar Arias y su fuerte liderazgo llevaron a la negociación y firma de los acuerdos de paz centroamericanos en los años ochenta, que pusieron fin a décadas de conflicto en la región. Y que le merecieron, acertadamente, un Premio Nobel de la Paz. Estados Unidos podría aceptar perfectamente a Oscar Arias como negociador de las diferencias con el régimen cubano y, de facto, lo acepta.

 

Arias ha propuesto una formula negociadora sobre el tema que exige a Estados Unidos el levantamiento del embargo económico y la definición de la retirada de la Base Naval de Guantánamo, caballos de batalla de la ideología del régimen, a cambio de un referéndum por la democracia en Cuba. Evidentemente, el régimen no está nada interesado en ese referéndum, pero la sola propuesta le pone en un aprieto, pues le ofrece lo que por tantos años ha demandado: el fin del “bloqueo” y la retirada de la Base Naval.

 

En un lógico toma y daca diplomático, donde para recibir hay que dar algo a cambio, Cuba debería realizar un referéndum para legitimar su sistema y su gobierno. Arias ni siquiera exige un cambio automático de sistema, sino un referéndum donde el pueblo cubano exprese libremente su voluntad sobre qué sistema político, económico y social desea para sí. Se sobreentiende que si el régimen ganara ese referéndum tras un proceso verdaderamente libre y democrático, no estaría obligado de ninguna manera a una modificación del sistema.

 

El régimen de Cuba considera inaceptable la propuesta, pues la sola mención de someterse a una consulta popular libre y abierta le aterra. Para el resto del mundo, sin embargo, la propuesta aparece como balanceada y justa, o al menos como un punto de partida aceptable y respetuoso para ambas partes, que merece ser considerada seriamente.

 

No pudiendo desacreditar la propuesta, el régimen ha optado, como siempre, por intentar desacreditar al proponente. Y naturalmente, no dice que lo hace a causa de la propuesta, sino a causa de la conducta sumisa del Presidente Arias, que merece tantos insultos del gobierno cubano.

 

La típica doble moral implantada en Cuba por Fidel Castro: una declaración abstracta de buenas intenciones de sentarse a negociar, y a la vez un ataque brutal y permanente contra el prestigioso portador de una excelente propuesta para dar comienzo a esas negociaciones: matar al mensajero para que no se divulguen las malas noticias.

 

Los cubanos de a pie merecen más que esto, naturalmente. Todos los cubanos, allá en la isla y fuera de Cuba, merecemos más que esto, y además, en democracia y un estado de derecho. Los sucesores no nos ofrecen esto, no pueden ni quieren hacerlo. Sin embargo, consideran que sus siniestros movimientos con la zanahoria y el garrote les darían los tres o cuatro años que desean para consolidar el poder y estabilizar la economía a niveles mínimos, pero no moribundos. Y cuando los gobernantes tienen entre 74 y 78 años de edad, saben que tres o cuatro años es una eternidad.

 

En términos sociales, descontando a una vanguardia de disidentes lúcida y valerosa, la sociedad cubana en su conjunto, aplastada por las carencias y necesidades, necesita unos tres o cuatro años para pasar de la supervivencia urgente y la satisfacción elemental de las necesidades más perentorias a la etapa de análisis políticos, morales y sociológicos. En otras palabras, debe resolver los problemas de alimentación, salud, vivienda, transporte y vestuario antes de discutir, como sociedad, de la separación de poderes, el contrato social o la forma de elección de sus líderes.

 

Ese es precisamente el tiempo que los sucesores consideran que necesitan para consumar la gran felonía, institucionalizar la dictadura y controlar a la población a través de la satisfacción de las necesidades elementales más inmediatas.

 

El año 2007 se perfila como un año complejo y difícil, donde los cubanos todos debemos actuar con inteligencia y decisión si realmente queremos avanzar hacia la democracia.

 

Los cubanos no son (no somos) animales, enfocados solamente en los instintos biológicos primigenios. Por eso los sucesores necesitarán también, además de medidas que alivien las condiciones materiales de la población, algunas medidas para relajar la represión brutal, que se pueden presentar básicamente como supresión o reducción sustancial de muchas arbitrariedades dictatoriales existentes actualmente, como mantener en prisión a pacíficos prisioneros de conciencia, aupar los mítines de repudio, negar la salida del país a personas que ya han recibido las visas correspondientes, o detener a las personas arbitrariamente y por tiempo indefinido.

 

Nada de esto se hará por respeto al inexistente estado de derecho o por vocación por la democracia, sino como válvula de escape para evitar el “recalentamiento” de la sociedad. Si aparecen más zanahorias y el garrote se mantiene enmascarado, aunque a mano, la imagen se hará más pasajera y aceptable a la “opinión pública internacional”, y numerosas cancillerías extranjeras sonreirán lo suficientemente perceptible para molestar a Washington, diciendo que, al fin, se comienza a ver la luz.

 

Estando el Comandante en Cama solo como recuerdo moral y referencia conceptual que no sería de obligatorio cumplimiento, y desarrollando los sucesores movimientos de esta naturaleza, es necesario buscar y encontrar las estrategias adecuadas para enfrentar estas nuevas realidades, dentro y fuera del país.

 

Cada vez que se dice esto, saltan Comisarios, Guardianes de la Pureza y Vigilantes de la Verticalidad de las Ideas y Árbitros de la Verdad, para repetir lo mismo: eso es una forma sutil de pedir el levantamiento del embargo, no se pueden hacer concesiones sin nada a cambio, esto sería una defensa edulcorada de la sucesión, hace falta más de lo mismo, pero que funcione de verdad.

 

Y saltan los super-expertos del Parnaso anticastrista: más nadie tiene derecho a saber lo que está diciendo, nosotros sí, aunque llevemos muchos años sin lograr algo efectivo, porque esta vez sí va a funcionar: los sucesores no pueden sostenerse en las condiciones actuales, se van a desmoronar irremediablemente, es algo casi inmediato ya.

 

Tampoco Fidel Castro “podía sostenerse” al desaparecer la Unión Soviética hace quince años, pero va camino de morirse en el poder, como siempre soñó, para dar su última burla a los cubanos.

 

Sería maravilloso estar equivocado, y que el totalitarismo se desmoronara como castillo de arena a la orilla del mar en menos de veinticuatro horas tras la muerte biológica del tirano: entonces si valdría la pena bailar en la Calle Ocho y celebrar el acontecimiento, como cuando cayó el muro de Berlín, porque los cubanos podríamos comenzar a definir nuestro destino.

 

Pero si esto no sucede, y nuestros hermanos en la isla, muy razonablemente, conservan esperanzas y todavía no le temen más a la vida que a la muerte, y no ponen su pecho descubierto frente a los cañones de los tanques, existe el peligro de verse sin estrategia alguna frente a unos sucesores hábiles, decididos y con opciones, que podrían sostenerse en el poder por demasiado tiempo para lo que Cuba y los cubanos quieren y requieren. Ya ejecutaron los pasos imprescindibles para la sucesión, se están consolidando día tras día, y esperar inmóviles hasta la muerte biológica de Fidel Castro es regalarles tiempo y oportunidades: no es sensato decir que los sucesores quieren ganar tiempo, cuando los adversarios se lo están regalando sin darse cuenta.

 

El embargo, las transmisiones de televisión y radio hacia Cuba, los impedimentos de viajes familiares y remesas de dinero, no son fines en sí mismos, sino medios destinados a propiciar el final de la dictadura totalitaria. No se les pueden regalar a los sucesores como maravillosas cartas de triunfo a cambio de nada. Algunas de éstas pueden ser excelentes herramientas de negociación.

 

Sin embargo, señalar que hay que buscar nuevas estrategias para las nuevas realidades no supone obsequiarles nada a los sucesores. Entender como dádivas al régimen los análisis de la necesidad de nuevas estrategias muestra, simplemente, que no hay estrategias claras para enfrentar la realidad.

 

Aferrarse a las estrategias utilizadas frente a Fidel Castro, cerrando los ojos a las nuevas realidades de la sucesión implantada y que se consolida por días, mientras se espera pasivamente observando la “provisionalidad” de Raúl Castro o el final biológico del tirano, es  regalar tiempo y mucha tranquilidad a los sucesores: pretender enfrentarlos con las estrategias diseñadas para enfrentar a Fidel Castro, aunque fueran las mejores del mundo (lo que estaría por ver), sería utilizar las decisiones acertadas para el problema equivocado.

 

Nada lleva a suponer que automáticamente esta vez será distinto de parte de quienes pretenden la democracia y libertad para Cuba, y similar por parte de los que pretenden la continuidad dictatorial, aunque con estilos diferentes de Fidel Castro. Sería apropiado pensar en lo que puede pasar y lo que se debe hacer si resulta a la inversa: que puede ser distinto el estilo y la actuación de los sucesores totalitarios, en la forma, no en la esencia, mientras se mantiene similar la actuación por parte de quienes pretenden la democracia y la libertad para Cuba.

 

Evidente y felizmente, no habrá invasión americana: nadie lo desea, muy pocos se lo creen, y Estados Unidos, además, no puede aunque quisiera. La sublevación militar en Cuba, el golpe de estado y la guerra civil están por verse, y aunque no pueden descartarse definitivamente, no parecen probables en lo inmediato, aún ni después de morir Fidel Castro. Con Ramiro Valdés de adversario latente de Raúl Castro, una alineación de militares de alta graduación junto a “Ramirito” frente a Raúl era posible. Cuando ambos parecen haber llegado al acuerdo de supervivencia de que es mejor colaborar en los últimos años de su vida para mantener lo alcanzado, que enfrentarse a cañonazos, los militares sublevados tendrían que alinearse contra ambos y Juan Almeida a la vez: teóricamente posible, prácticamente improbable. Y militarmente suicida.

 

La sublevación popular, que podría desatarse a partir de cualquier situación, desde una discusión en el Stadium Latinoamericano por una jugada en tercera, la señora que se queja del hombre que la está molestando mientras viajan en el “camello” y llama al policía, o de una respuesta popular espontánea y contundente contra energúmenos y vándalos que quieren avasallar a un disidente en un acto de repudio, es y será siempre el imponderable, factible de imaginar, imposible de pronosticar: puede suceder mañana, o no suceder nunca.

 

Y si no hay, ni allá ni aquí, ni una estrategia definida ni acciones concretas a desarrollar en estas nuevas y específicas condiciones, además de soñar y hablar hasta por los codos, solo quedaría esperar de nuevo por soluciones biológicas, cuando mueran los sucesores, de manera violenta entre ellos mismos o natural, de forma pública o a través de un proceso que sería, también, secreto de estado.

 

Muchos pueden pensar que esta vez, al menos, no habría que esperar durante cuarenta y ocho años más.

 

Triste consuelo. Cuba vale mucho, demasiado, para que ese sea su destino. Y el futuro de Cuba es demasiado importante para dejarlo en manos de unos cuantos que se consideran los elegidos divinos.

 

Cuba merece un Año Nuevo más alentador. Confiemos en que los cubanos, entre todos, allá y aquí, los de a pie, y no solo dependiendo pasivamente de élites, sabremos encontrar el camino para que el futuro de nuestra Patria sea realmente muy brillante, próspero, pacífico y democrático, y que al sentarnos en una mesa en la Nochebuena del 2007, allá o aquí, donde sea, el hecho de ser cubanos, querernos y respetarnos, sin odios, rencores, ni separaciones familiares arbitrarias, sea más importante que la militancia que profese cada uno, las historias y leyendas que guarden los archivos, o las opiniones políticas sobre la mejor manera de hacer avanzar nuestro país.

 

Tal vez esta vez el Máximo Paciente haya tenido razón en su "Mensaje" del 30 de diciembre, porque todos los cubanos pueden tener hoy una realista "aurora de esperanza" para este 2007. Aunque no sea la misma esperanza que imaginaba el Comandante en Cama en su aberrado mensaje.

 

Y ya que este “Secreto de Estado” ha sido el mejor guardado en la historia de Cuba, que nunca más en nuestra patria haya personas que se puedan sentir con derecho a declarar como secreto de estado la salud o la conducta de quienes dirijan el país, que habrán sido encargados de esa tarea por elección popular, libre y soberana, de guiar a los cubanos hacia el futuro, la democracia y la prosperidad.

 

 

Termino esta vez con un toque personal que no acostumbro al escribir:

 

Felicidades en el 2007 para todos los que me hacen el gran honor de leerme, tanto en Cubanálisis-El Think-Tank como en los libros “Secreto de Estado” y ahora también en “Jaque al Rey” (ambos escritos de conjunto con Juan Benemelis), y los que me ven y escuchan en televisión y radio, los que me alientan, los que me estimulan a continuar escribiendo y participando en los medios, y los que opinan diferente, discrepan y expresan sus opiniones, sus discrepancias y sus críticas con respeto.

 

Y para los otros, también. ¿Por qué no?