Cubanálisis El Think-Tank

           ARTÍCULO ORIGINAL PARA EL THINK-TANK DE CUBANÁLISIS

   

Dr. Eugenio Yáñez, Estados Unidos

 

 

 

Un golpe de Estado es algo muy serio para andar jugando

 

Se necesitan actitudes profesionales, y los amateurs no tienen cabida, si realmente se pretende tomar el poder mediante una asonada de este tipo.

 

Aparentemente no eran todos los que estaban ni estaban todos los que eran en la puesta en escena caraqueña de esta semana. De entrada, es lógico suponer razonablemente que el Secretario de Estado de Estados Unidos no puede ser un tonto ni mucho menos. Y si ese Secretario de Estado, antes de ocupar ese alto cargo, era el Director de la Agencia Central de Inteligencia (CIA) de Estados Unidos, con mucha más razón hay derecho a exigirle que no haga declaraciones absurdas ni fabrique castillos en el aire, y que cuando haga referencia a un supuesto acontecimiento al menos verifique los aspectos más elementales.

 

¿De dónde sacó el señor secretario de Estado Mike Pompeo que el narcodictador Nicolás Maduro estaba en un avión en un extremo de la pista en Caracas listo para despegar hacia Cuba, a donde tenía planeado huir? ¿Cuántas incoherencias son posibles en una sola oración? ¿O era todo desinformación pura y dura? ¿O provocación?

 

Porque vale preguntarse: ¿De qué estaría huyendo Nicolás Maduro, y por qué? Cuando todo lo que había en Caracas en la mañana del martes 30 de abril era que funcionarios del servicio bolivariano de inteligencia (SEBIN) habían liberado a Leopoldo López de su prisión domiciliaria –algo que aparentemente no aparecía en los planes iniciales- y que éste junto al presidente encargado Juan Guaidó estaban llamando a las fuerzas armadas a rebelarse contra “la usurpación” y a los venezolanos a dirigirse a la base aérea “La Carlota”, en Caracas, base más simbólica que efectiva desde el punto de vista de armamento, equipos y poder de fuego.

 

Ni un solo soldado se había unido en esos momentos a la “rebelión”, mucho menos un sargento o un oficial con mando de tropas o disponibilidad de armamentos, y era incierto lo que pudiera suceder en “La Carlota” después de ese llamado a desconocer a Nicolás Maduro. Además, aunque no nos resulte nada simpático, el muy obtuso Nicolás Maduro es el comandante en jefe de las fuerzas armadas venezolanas, y debería tener información suficiente de la situación operativa en todas las unidades del país, para no tener necesidad de salir corriendo a montarse en un avión en Maiquetía para escapar hacia Cuba cuando todavía, como se dice en Cuba, nadie “le había tirado ni un hollejo a un chino” en Caracas.

 

Entonces, ¿cómo es posible un intento de golpe de Estado -olvidémonos del lenguaje “políticamente correcto”, pues de eso se trataba con ese llamado a desconocer a Nicolás Maduro- sin militares, sin armamentos, sin tomar emisoras de radio y televisión, sin gente en la calle. Alegar que había información de que Guaidó podría ser detenido al día siguiente es recurso de segunda categoría: ese peligro estaba latente diariamente desde que se proclamó “presidente encargado”. No un día más que otro. Y si no había sido detenido hasta ahora era por la evidente amenaza de Estados Unidos si algo sucedía a Guaidó, no por otra cosa.

 

Además, otro aspecto a  preguntarse: ¿en caso de que Maduro decidiera escapar, sería recibido en Cuba? ¿El régimen de Raúl Castro permitiría a Nicolás Maduro lo que no se le permitió en su momento a Salvador Allende ni a Manuel Antonio Noriega, dándole refugio seguro en La Habana, sin haber disparado ni un solo tiro, para escapar a la ira popular o a la justicia?

 

Y, “más peor” aun, como hubiera dicho el cantante popular cubano Virulo, ¿tuvo que ser Vladimir Putin quien llamara desde Moscú para detener la supuesta fuga del dictador hacia La Habana? ¿Y en ese caso, a quién habría llamado Putin? ¿A Raúl Castro? ¿O al propio Maduro? ¿O tal vez al piloto del avión?

 

Parecen demasiadas incoherencias alrededor de un solo hecho, y todo tiene mucho más tipo de un trabajo de amateurs en Washington que lo que se podría esperar de un equipo experimentado de profesionales. Y como es evidente que no se trata de amateurs, hay que preguntarse el por qué sucedieron estas cosas, y cómo. Por tanto, debería haber otras explicaciones, que intentaremos buscar y encontrar.

 

¿Hubo o no hubo conspiración?

 

Aparentemente, desde comienzos de año había conversaciones conspirativas entre personeros del entorno del dictador Nicolás Maduro, representantes de Estados Unidos, y componentes de la oposición venezolana encabezados por el presidente encargado Juan Guaidó. Lo cual no significa que todo ello haya podido pasar inadvertido a los aparatos de la contrainteligencia cubana, tan bien posicionados entre las unidades militares y los estamentos civiles de la dictadura caraqueña.

 

Se hablan incoherencias superlativas, como han hecho varias veces tanto el asesor de seguridad nacional de Estados Unidos John Bolton como el secretario general de la Organización de Estados Americanos (OEA), Luis Almagro, o el senador republicano por Florida Marcos Rubio, acusando a La Habana de tener en Venezuela a “veinte mil matones”, como si se tratara de un ejército de ocupación.

 

Pero a pesar de esa aparente abrumadora cifra, no se presentan evidencias para justificar tales barrabasadas, y las acusaciones no van más allá de hacer mención a unos supuestos “torturadores con acento cubano” que alguien escuchó en algún momento, de los cuales no se presentan ni un video ni una foto, a pesar de que todos los venezolanos tienen teléfonos celulares donde graban represión, golpizas, asaltos, y abusos de todo tipo. Y, sin embargo, no reservan ni una simple foto de un  “torturador con acento cubano”.

 

Por eso desde La Habana desmienten a todos, Bolton, Almagro y Rubio, asegurando que son falsas las informaciones sobre esos miles de militares cubanos en Venezuela. Porque en realidad son falsas tales acusaciones. Porque una cosa es que en Venezuela haya miles de colaboradores civiles que han recibido instrucción militar en Cuba, y que podrían organizarse en unidades militares en caso de necesidad, y que además se utilicen, como demostró The New York Times hace pocas semanas, en funciones de proselitismo y propaganda a favor del régimen venezolano, además de en sus actividades médicas, pero eso no los convierte en militares activos. Y eso mismo ocurre con maestros, entrenadores deportivos y colaboradores civiles insertados en las distintas instituciones venezolanas.

 

Raúl Castro no necesita tropas cubanas en Venezuela para apuntalar a Maduro, puesto que en la Fuerza Armada Nacional Bolivariana, desde hace muchos años, ya tuvo mucha precaución la contrainteligencia cubana de promover y colocar en posiciones clave solamente a incondicionales del régimen, para evitar “sorpresas” desagradables. Y, por otra parte, si Maduro y su dictadura fueran a caer, por las barbaridades económicas, la corrupción galopante y la crisis absoluta y total de todas las infraestructuras del país, ni Raúl Castro podría evitarlo.

 

“Torturadores con acento cubano”

 

Dentro de todo el equipo de asesores militares cubanos destacado en Venezuela funcionan los oficiales de la contrainteligencia, y una parte de ellos son los pertenecientes a Investigación Judicial y Criminalística, que son los que tienen a su cargo las labores de interrogatorios. Pero no son gorilas que desayunan diariamente con sangre de niños venezolanos ni matones africanos, árabes o centroamericanos que todo lo resuelven interrogando a los detenidos con pinzas saca-uñas o metales al rojo vivo.

 

Y mucho menos esos interrogadores cubanos son entrenados ni dirigidos por Ramiro Valdés, como están convencidos tantos venezolanos que repiten esas tonterías en la televisión en español en Miami, porque “el cosaco” Valdés hace ya muchísimos años que no se dedica a esas actividades represivas, después de dejar más que listo el suficiente y capacitado “relevo” cubano para materializar la represión.

 

Mientras con sus técnicas de interrogatorio “suaves” (soft) los “contrainteligentes” cubanos destacados en Venezuela consigan la información que buscan, no necesitan recurrir a técnicas “duras” (hard). De manera que si privando de sueño a los interrogados, o descompensándoles su reloj biológico interno con horarios irregulares de comidas, descansos, interrogatorios y acceso al agua, logran desequilibrarlos para poderlos quebrar y hacerles confesar lo que le interesa conocer al mando cubano, no recurrirán a las técnicas “duras”, que parecen ser un recurso más agradable a los interrogadores venezolanos, que en definitiva no alcanzan el nivel de sofisticación de sus colegas cubanos. No hacen falta cubanos para propiciar shocks eléctricos o repartir “bicho’ebuey” entre los prisioneros venezolanos cuando tantos nacionales pueden hacerlo y hasta con delectación. No por gusto en Venezuela mueren cada año más de veinte mil personas en la violencia callejera, mientras Cuba aparenta ser un paraíso de tranquilidad ciudadana.

 

Por eso no sería descabellado pensar que al menos parte de la supuesta “conspiración” contra Nicolás Maduro que se llevaba a cabo estaba controlada por la contrainteligencia cubana, que le “dio cordel” a las actividades para poder penetrarlas completamente.

 

Parece demasiada casualidad que el propio Diosdado Cabello haya sugerido a Juan Guaidó -burlándose de él- “liberar” del arresto domiciliario a Leopoldo López para demostrar que realmente era un “presidente”. Y que eso mismo es lo que haya sucedido, de manera relativamente fácil, poco tiempo después. Como si el propio Cabello hubiera diseñado la trampa para que cayera en ella el presidente encargado. Lo que, por otra parte, provocó disgustos en una parte de la oposición venezolana -que no es monolítica ni mucho menos- que consideró precipitada la liberación de López y una muestra de subordinación emocional del “presidente encargado” hacia el ilustre hasta entonces preso político.

 

Al final de la historia, en estos momentos la única opción de Leopoldo López debe ser el exilio, en España o en otro lugar, pues no parece que podrá permanecer libre en la calle en su país después de su “liberación”, y no podrá pretender permanecer indefinidamente como “huésped” en la embajada española sin solicitar asilo. Ya desde el gobierno socialista español han declarado públicamente que su presencia en la Embajada deberá ser “discreta” y que, entre otras cosas, no podrá convocar conferencias de prensa dentro del local diplomático.

 

De tal forma, Leopoldo López queda fuera del juego por completo, ya que una vez asilado solamente podrá hacer desde España o desde el país en que se encuentre, lo mismo que ahora hace, por ejemplo, el exalcalde venezolano asilado Antonio Ledesma: sentidos llamados antigubernamentales y a la resistencia cada varios días, tal vez con bastante fuerza emocional, pero sin demasiados resultados prácticos.

 

¿La contrainteligencia dormía o se hizo la dormida?

 

Evidentemente, parece exageradamente fantasioso imaginar que todas estas cosas en los escenarios venezolanos hayan ocurrido por casualidad. Siempre hemos dicho que los que creen en la casualidad son los enamorados, y hacen bien, pero que los analistas serios no pueden darse ese lujo.

 

Entonces no tiene sentido aceptar tranquilamente que el ministro de defensa nacional, el presidente del tribunal supremo, y el jefe de la guardia presidencial de la dictadura, hayan estado coqueteando durante semanas con los conspiradores -opositores y americanos- para supuestamente cuando llegase el momento oportuno pasarse al bando de la oposición y “entregar” al narcodictador al gobierno contestatario, y que todo pueda quedar así como si nada y sin que suceda algo más, simplemente porque no se decidieron a actuar en el momento preciso. Como si en estas realidades, que no son video-juegos virtuales, pudieran decir: ¡Olvídense de lo que estaba pasando, que era jugando!

 

En primer lugar, ¿qué sentido tendría “echar pa’lante” públicamente a los conspiradores para exponerlos a represalias del régimen? ¿Es convincente el criterio de que eso fue hecho para demostrar el alcance de la conspiración, la debilidad de la dictadura y la falsedad de un supuesto apoyo monolítico al dictador? Hay derecho a cuestionarse si esas cosas fueron tan evidentes como se pretende hacer creer ahora post facto.

 

Diosdado Cabello, el número 2 del chavismo, dijo el domingo 5 de mayo que Nicolás Maduro “perdonó la vida”. “Les perdonamos la vida, Nicolás Maduro levantó la bandera de la paz y les perdonó la vida” a los militares que se alzaron el pasado martes junto al jefe del Parlamento, Juan Guaidó, reportó EFE. “Era muy fácil, un blanco más claro imposible para darle (...), por tierra, facilito, por aire, más fácil, por donde lo hubieras visto en una operación de esas y no lo hicimos, no caímos en la provocación de ellos”.

 

Pero más que creer a Cabello, que es otro de los malandrines en el poder, analicemos los hechos. En primer lugar, ¿qué sentido tendría “echar pa’lante” públicamente a los conspiradores para exponerlos a represalias del régimen? ¿Es convincente el criterio de que eso fue hecho para demostrar el alcance de la conspiración, la debilidad de la dictadura y la falsedad de un supuesto apoyo monolítico al dictador? Hay derecho a cuestionarse si esas cosas fueron tan evidentes como se pretende hacer creer ahora post facto.

 

De haber sido evidente el supuesto amplio alcance de la eventual conjura, y haber habido movimientos conspirativos -de cualquier magnitud dentro del entorno del régimen en Caracas- la represalia del gobierno venezolano de Nicolás Maduro y su pandilla contra esos supuestos conspiradores arrepentidos o asustados de última hora, no hubiera podido demorar, porque le estaría yendo en juego la propia existencia. Y por mucho menos que algo como eso al castrismo no le ha vacilado la mano en aplicar las represalias más violentas y de largo alcance en su propio país para que no peligre ni de lejos el poder, así que con mucha más razón en Venezuela en circunstancias como las que había.

 

Con todo lo anterior quiero destacar que si se parte de premisas falsas se llegará a conclusiones equivocadas, independientemente del nivel de calificación de los analistas y de la disponibilidad de recursos con que puedan contar.

 

La televisión en Miami y las fantasías

 

Eso se veía claramente en la televisión de Miami el martes 30 de abril y el miércoles 1ro de mayo. Mientras los canales que transmiten en inglés, locales y nacionales, subtitulaban las informaciones comedidamente bajo los rótulos de “Crisis en Venezuela” o “Unrest (intranquilidad) in Venezuela”, los canales en español subtitulaban sus imágenes bajo los encabezamientos de “rebelión militar en Venezuela” y de “levantamiento militar en Venezuela”, cosas que no existieron en ningún momento más allá de la imaginación de algunos dizque “periodistas”, puesto que en realidad durante todo el día en total se “rebelaron” veintitantos soldados, algunos sargentos y uno que otro teniente, la mayoría de los cuales se dirigió con prisa y sin pausa a la embajada brasileña a solicitar protección diplomática.

 

Incluso, algunas de las locutoras de los canales en español realizaron su aporte a la ciencia militar, y convirtieron los jeeps blindados de la Guardia Nacional en “tanques de guerra” que pasaban por encima de los manifestantes. Nadie pudo aclararle a estas damas que un “tanque de guerra” rueda sobre esteras y tiene cañones y ametralladoras, mientras un jeep blindado carece de esas cosas, y lo más que se podría decir refiriéndose a tales vehículos es llamarles “tanquetas”, que aunque no sería una descripción exacta sería mucho más preferible que a llamarles “tanques de guerra”. Pero tal vez eso ya podría ser pedir demasiado.

 

Por eso pasó el martes 30 de abril, y el miércoles primero de mayo, y un águila por el mar, y del “levantamiento” militar o la “rebelión” no quedaron más que los titulares, y ahora todo se ha volcado a acusar al general Vladimir Padrino, ministro de defensa de Nicolás Maduro, de “doble Judas”, porque supuestamente habría traicionado tanto al dictador Maduro (cuando estaría conspirando contra él) como al líder opositor Juan Guaidó (cuando se negó a sumarse a la “rebelión”), o a buscar “indicios” que explicarían las conductas “ambivalentes” de tales conspiradores, que en realidad parecen más bien personajes fieles al régimen venezolano actuando como agentes controlados por la contrainteligencia para desarticular una conspiración contra la dictadura.

 

Podrá pensarse si se trata de que intentemos ser fantasiosos. Sin embargo, simplemente, debería recordarse que en los primeros meses de 1959 el castrismo organizó con sus nacientes aparatos de seguridad la llamada “conspiración de Trinidad”, ciudad del centro de la isla donde tendieron una trampa al dictador dominicano Rafael Leónidas Trujillo y a cubanos exiliados de las fuerzas batistianas, y producto de esa operación capturaron aviones, armamento y a varios cubanos que habían escapado de la isla anteriormente, algunos de los cuales cumplieron largas condenas de prisión después de su captura en Trinidad.

 

Si eso fue a comienzos de 1959, con “la revolución” todavía menor de edad, ¿qué no podrían organizar ahora los “segurosos” cubanos, casi sesenta años después, para desarticular a la oposición venezolana y hacerla quedar mal?

 

El futuro inmediato de la oposición venezolana

 

Si mencioné en párrafos anteriores que Leopoldo López podría quedar fuera del juego tras esa movida fallida de la “Operación Libertad” del martes 30 de abril, podemos también tratar de imaginar el futuro de Juan Guaidó, quien después de haber dicho que la ayuda humanitaria entraría en Venezuela “sí o sí” el 23 de febrero, pero no entró, y haber dicho tras “liberar” a Leopoldo López el 30 de abril que “seguiremos liberando presos políticos” sin haber podido rescatar a más ninguno, por qué momento complicado pueden estar transitando su credibilidad política y su capacidad de liderazgo después de algunos acontecimientos como estos que hemos mencionado.

 

Tal vez el presidente encargado venezolano logre recuperarse de este golpe, como tendrá que hacer también incluso el presidente Donald Trump, que ya dijo que esa historia de Maduro en la pista con el avión listo para huir a Cuba eran “rumores” y no realidades, o que expresó en confuso posterior cantinfleo que la dictadura cubana podría sufrir un “embargo total” si continuaba apoyando al régimen venezolano, para al día siguiente ofrecer al castrismo “una apertura” amigable si se alejaba de Maduro. Naturalmente, se dirá que no es otra cosa que el manejo de la política del garrote y la zanahoria, pero aparentemente demasiado torpemente expresada,  a nivel tercermundista casi.

 

Guaidó tendrá que buscar también su rumbo después de esta semana de dudosos resultados para los opositores, y le será mucho más difícil que al presidente Trump, quien como gobernante del país más poderoso del planeta siempre tiene la agenda llena de actividades nacionales e internacionales. Que Juan Guaidó llame a más marchas, sean a los cuarteles o a las calles, sin objetivos concretos y verificables, solamente conducirá al desgaste y a la pérdida de entusiasmo de los opositores, por lo que es imprescindible obtener resultados concretos y sin demorarse demasiado. De entrada, su llamado a las marchas del sábado 4 de mayo a los cuarteles para invitarlos a sumarse al desconocimiento de “la usurpación” solamente tuvo eco en algunos cientos de personas en todo el país.

 

O dicho de otra manera, el llamado a clamar por los cuarteles resultó un fracaso absoluto: los venezolanos no respondieron al presidente encargado como éste esperaba. Y esto hay que verlo y analizarlo también sin olvidarse ni por un instante que no todos los opositores, aunque pueda parecerlo en determinado momento, están demasiado interesados en que Guaidó tenga éxitos en su gestión.

 

Por lo pronto, para (casi) todos los participantes en la comedia/tragedia venezolana de esta semana (¿deberíamos excluir a los castristas, que aparentemente sí sabrían lo que estaban haciendo?), debe quedar clara una moraleja inconfundible: Un golpe de Estado es algo muy serio para andar jugando.