Cubanálisis El Think-Tank

           ARTÍCULO ORIGINAL PARA EL THINK-TANK DE CUBANÁLISIS

   

Dr. Eugenio Yáñez, Estados Unidos

 

 

 

Tornado devastador y gobernantes inútiles

 

El 27 de enero un devastador tornado golpeó la ciudad de La Habana en un recorrido de unos 11.5 kilómetros (7 millas) entre el Reparto Casino Deportivo y el municipio de Guanabacoa, con fuerza EF-4 y vientos de hasta 300 Kilómetros por hora, trasladándose a unos 42 kilómetros por hora, según informaciones.

 

Catastrófico fenómeno meteorológico, por otra parte relativamente imprevisible con suficiente anticipación, y sin demasiadas opciones de protección más allá de guarecerse de las inclemencias del tiempo lo mejor que se pueda, y que finalmente provocó seis muertes, casi 200 heridos y más de 3,500 viviendas destruidas o afectadas, así como la interrupción de los servicios de electricidad, agua, gas y telefonía en muchas zonas de la capital.

 

Los fenómenos naturales son inevitables y pueden suceder en cualquier parte: tornados devastadores ocurren todos los años en Estados Unidos; terremotos golpean México, Centro y Suramérica, así como diversos países de Europa, Asia y Oceanía; destructores huracanes vapulean sin piedad las naciones tropicales caribeñas y asiáticas; terribles heladas y olas de frío afectan a Estados Unidos, Canadá y Europa; violentos tsunamis borran del mapa poblaciones completas; interminables sequías destruyen África; inclemente desertificación afecta a cientos de millones de personas en todo el planeta; dañinas inundaciones ocurren en todas partes; erupciones volcánicas sepultan poblaciones completas y obligan a evacuar a miles y miles de personas. Es la fuerza de la naturaleza desatada en toda su extensión.

 

Cada gobierno en el mundo responde como puede ante tales desastres naturales: algunos con más recursos que otros y más tecnología, otros con medios más limitados, pero siempre se palpa la intención gubernamental de socorrer a los necesitados, aliviarles sus penas, hacerles llegar alimentos, medicinas y mantas contra la inclemencia del tiempo, y serles lo más útil posible en dependencia de las condiciones y las realidades.

 

La iniciativa privada no se queda atrás en situaciones de este tipo. Se sabe que en Montreal en 1998, en ocasión de una terrible helada, diversos hoteles, por iniciativa propia, ofrecieron albergue gratuito a los damnificados por el evento climatológico, y los protegieron sin cobrarles un centavo. Igualmente sucedió en New York en ocasión de la tormenta Sandy en el 2012, que dejó miles de personas sin protección ni techo por las inundaciones, y hoteles de todo tipo, hasta los de máximo lujo en Times Square, albergaron de manera gratuita a los desamparados neoyorkinos, ofreciéndoles alimento y cobijo en esos momentos difíciles para toda la ciudad. Y en Ciudad de México, en ocasión del terremoto del 2017, diversos hoteles se brindaron de inmediato para guarecer y proteger a quienes habían perdido sus hogares por el sismo.

 

Bellos gestos de solidaridad humana, de respaldo ciudadano, en cualquiera de los tres países mencionados, en ocasión de fenómenos naturales que golpearon a la población. No impuestos a la fuerza por un gobierno dictatorial, sino surgidos voluntariamente de aquellos tan supuestamente malvados capitalistas, que se dedican -Granma dixit- a la explotación del hombre por el hombre, pero que inmediatamente ponen a un lado sus presuntamente egoístas intereses para ayudar a sus conciudadanos, a su comunidad, sin preguntarles a qué partido pertenecen, por quién votaron en las elecciones, o a qué líder político apoyan.

 

Todo lo contrario a lo que está sucediendo en La Habana desolada por el tornado. Donde se producen dos fenómenos relacionados, y ambos que demuestran la estulticia y la tamaña desvergüenza del régimen.

 

En primer lugar, a través de los twitters que algunos de los burócratas gubernamentales utilizan en estos tiempos como jugueticos que no saben controlar, se está mostrando la verdadera cara y los sentimientos de los dirigentes comunistas cubanos.

 

El presidente designado repite una y otra vez en sus mensajes que nadie quedará desamparado, pero eso sin dudas es algo que ni él mismo se puede creer, y para dejar en evidencia las mentiras presidenciales basta revisar cuántos cubanos han perdido sus viviendas tan solo en el presente siglo 21 y todavía no han podido acceder a un techo decente donde cobijarse y organizar sus vidas.

 

Creer que esta vez será distinto, es infantil. O creer que porque el gobernante reúna diariamente al Consejo de Ministros, al Consejo de Estado, o a ambas instituciones, podrá resolver algo, es como si las cosas se pudieran resolver hablando. Porque, ¿con qué se sienta la cucaracha? No es lo mismo salir a la calle todos los días a conversar con la población, o saber bailar casino, que liderar una nación, sobre todo en tiempos muy difíciles o cuando ocurren catástrofes naturales.

 

Puesto que además de la indolencia característica del régimen hacia las necesidades más perentorias de los cubanos, sencillamente no existen recursos disponibles para paliar todas esas situaciones. Con una economía en bancarrota y de hecho semiparalizada en tiempos “normales”, donde no se dispone ni de harina para hacer pan ni de huevos para la alimentación de la población, ¿de dónde saldrían los recursos para mitigar las terribles situaciones y necesidades inmediatas de tantos miles de cubanos tras el paso devastador del reciente tornado?

 

Además, y es lo muchísimo más bochornoso: el régimen y sus pandilleros-gobernantes están más interesados en hacer propaganda política a favor del SÍ en el referendo sobre el bodrio de proyecto constitucional que se celebrará el 24 de febrero para imponer una presunta constitución que eternizaría la inmoralidad comunista en el poder, y en demostrar la “unidad” entre “el pueblo” y “sus dirigentes” que en resolver las verdaderas tragedias que azotan a los habaneros en estos momentos.

 

Ni pensar en soluciones como las mencionadas en Montreal, New York o Ciudad de México: los muy socialistas y solidarios cabecillas cubanos no se andan con esas boberías “burguesas”. El Ministro del Turismo informó casi inmediatamente después del tornado que las instalaciones turísticas no estaban afectadas y podrían continuar funcionando normalmente.

 

Ni pensar que ni de casualidad los desamparados, los muertos de hambre de “las masas populares”, pudieran tener algún acceso solidario a esas instalaciones turísticas, que en definitiva se necesitan para conseguir divisas imprescindibles para que el hijo de Fidel Castro pueda pasear en yates suntuosos por las islas griegas y balnearios de lujo en Turquía, el nieto del “Comandante” darse la vida muelle por ciudades de Europa y playas exclusivas de México, entre otros lugares “chic”, o “Vilmita” Rodríguez Castro, la nieta del general sin batallas, pasee por New York con su novio ostentando carteras Louis Vuitton y ropa de marca.

 

Tal indecencia sin tener en cuenta que buena parte de los hoteles de la capital y las playas adyacentes controlados y administrados por los militares alcanzan un muy bajo nivel ocupacional durante casi todo el año, porque en realidad parecen más bien instalaciones destinadas para lavar dinero con su construcción y explotación que para ofrecer servicios turísticos a nacionales o extranjeros.

 

Por otra parte, el cínico Ministro de Comercio Exterior e Inversión Extranjera, que comercia con el exterior bastante poco y no son muchas las inversiones extranjeras que logra atraer al país, declaró que lo verdaderamente importante era la Marcha de las Antorchas celebrada al día siguiente del tornado para honrar al dictador en jefe -nunca se realiza para honrar realmente a José Martí- y promover el votar SÍ por la constitución castrocomunista, que lo demás vendría después. Naturalmente, ni sus agradables suministros especiales ni sus lujosas viviendas o sus automóviles sufrieron daño alguno.

 

Y así son todos los twitters de los “gobernantes” cubanos: propaganda barata que nadie cree, abundante demagogia y falsas promesas, en un repetir cansino y vacío que lo único que hace es ocupar tiempo y consumir las pocas neuronas de los pandilleros del régimen, pero no infunde esperanzas ni a los más optimistas.

 

Por si todo esto fuera poco, el gobierno pretende centralizar y controlar todas las ayudas que se entreguen a los damnificados a través de sus ineficientes mecanismos que han demostrado durante sesenta años que no sirven para nada y que solamente generan demoras, burocracia, desidia, privilegios, corrupción y arbitrariedades. Y todo eso no para entregar verdadera ayuda solidaria, sino para venderla a las víctimas del fenómeno atmosférico, como en un prostituido mercado persa medieval, aprovechándose de las necesidades de los desamparados.

 

Pero el régimen insiste en que sea de esa manera por dos razones: para poder continuar manteniendo su dogal sobre la población, pero también porque le teme más que el diablo a la cruz a cualquier tipo de participación popular no controlada por la dictadura.

 

Por eso ha desplegado a su policía en las zonas afectadas, con órdenes estrictas de impedir a toda costa que personas -por su cuenta- repartan ayudas a los damnificados, aunque lo hagan con recursos que ellas mismas buscaron, consiguieron y pagaron, en silencio y ordenadamente, sin ningún tipo de propaganda política ni mucho menos, sino por simple solidaridad humana.

 

Y así se han dado situaciones bochornosas, como en el municipio de Regla, donde la jefa del gobierno municipal, personalmente, expulsó y ordenó escoltar con la policía, como si fueran delincuentes, a miembros de la Camerata Romeu, prestigiosa institución musical del país, que solamente estaban repartiendo ayuda a los damnificados sin escándalos ni alborotos, y mucho menos sin hacer ningún tipo de propaganda, porque la propaganda y el alboroto son componentes del estilo del régimen cuando hace llegar sus limosnas a la población, no de las personas verdaderamente solidarias con sus semejantes.

 

Diversos cuentapropistas, como iniciativa de ellos mismos, ofrecieron y llevaron comida gratuita a personas en zonas afectadas por el tornado, y hasta en ocasiones ayuda con conexiones eléctricas a través de plantas portátiles, pero eso es algo que no le gusta al régimen para nada y lo reprime, por el mensaje “ideológico” que representa a esos cuentapropistas entregando comida gratuitamente a sus conciudadanos mientras el régimen se la cobra, aunque cínicamente declare que la cobra supuestamente a precios asequibles, pero en ningún caso la entrega gratuitamente. Ni mucho menos le hacen llegar energía eléctrica de emergencia a los más necesitados. Consiguientemente, tales generosas contribuciones de los cuentapropistas fueron impedidas también.

 

Es que el régimen no soporta, además del terrible temor que le provoca, que las personas vayan a darse cuenta de que puede existir vida más allá de la dictadura, e incluso sin necesidad de dictadura ni de partido comunista.

 

Por eso mismo han exacerbado a sus inspectores aduanales como perros rabiosos en los aeropuertos y puertos para que no permitan la entrada, por ninguna circunstancia, de alimentos ni artículos de primera necesidad que puedan llevar a Cuba cubanos, o incluso extranjeros, para ayudar a los compatriotas en estos momentos tan difíciles tras el paso del tornado. ¿De qué repugnante material tiene que estar hecha la estrecha mentalidad y el corazón de los castrocomunistas en el poder en Cuba para que actúen de una forma como esta?

 

Bochornosa realidad, sí, pero no para los cubanos de a pie, víctimas de la dictadura, sino para los que detentan el poder en Cuba hace sesenta años en contra de los intereses de la población. Y que alguna vez tendrán que responder por sus miserias humanas y sus obscenidades políticas, porque estas situaciones no pueden ser eternas.

 

Por lo pronto, aparentemente ya se podría haber comenzado a resquebrajar, aunque fuera en lo mínimo, la imagen monolítica de la dictadura que su espuria propaganda pretende vender continuamente.

 

Está circulando en las redes sociales un pequeño video de aproximadamente un minuto y medio, aparentemente grabado en el poblado de Regla, donde los vehículos del mediocre presidente Díaz-Canel y su escolta salen a la carrera de entre las decenas de damnificados que les gritaban “descarados” y los abucheaban, porque los “queridos dirigentes” no se atrevieron a enfrentarse a la realidad de que el pueblo no estaba dispuesto a continuar escuchando pasivamente tanta demagogia, tonterías, mentiras y falsas promesas por parte de la pandilla de desprestigiados e ineptos cabecillas que se quieren eternizar en el poder.

 

Una situación de este tipo, en momentos en que el mecenas bolivariano en Caracas hace agua y se tambalea ante la presión del pueblo venezolano que rechaza abiertamente a la dictadura, y lo único que realmente tiene por delante el inmoral de Nicolás Maduro, si pretende salir bien, es acogerse a la oferta de irse a una playa de su elección lejos de Venezuela para terminar sus días, porque la alternativa sería ser llevado a otra playa, pero en la prisión de Estados Unidos en la base naval de Guantánamo, si no está dispuesto a aceptar una salida pacífica y negociada, no augura nada agradable para la dictadura en La Habana.

 

Esto puede ser un anticipo de nada, sin ninguna otra trascendencia más allá de una rebeldía momentánea de algunos pobladores de Regla, o tal vez podría ser una muestra fehaciente del nivel de tensiones que se vive actualmente en el país, y que se puede exacerbar con el paso de los días si los problemas no se resuelven con la celeridad requerida, lo que el régimen no tiene recursos para hacer.

 

Pero lo que sí resulta evidente y que no puede ser subestimado es que algo como esto nunca había sucedido durante los sesenta años de dictadura, al menos que se recuerde. Y el hecho de que suceda en un momento en que el régimen cuelga de un hilo en lo referente a la posibilidad de los bolivarianos de Caracas de seguirlo manteniendo, supone un nivel de complejidad y peligro para la dictadura como no lo había conocido durante decenas de años.

 

El presidente de mentiritas cubano justificó la situación de su estampida con un aparente enfoque paternalista, refiriéndose a “irritación” que padecía la población debido a las tantas dificultades, así como también a “incomprensiones”, aunque sin criticar en ningún momento a quienes protestaban. Y ese gobernante sabe que no dispone de los recursos necesarios para resolver la situación, por lo que la irritación y las incomprensiones que menciona persistirán. Pero puede ser absolutamente seguro que a los “tipos duros” del estamento militar en el poder y a los anquilosados dinosaurios del partido comunista tal acontecimiento no les debe haber hecho ninguna gracia ni le estarán buscando atenuantes ni justificaciones, y no sería sorprendente que ya estuvieran sonando los tambores y los cantos belicosos y se estuviera gritando “destrucción” y llamando a soltar los perros de la guerra.

 

Lo que sea en cuanto a posible trascendencia de tales hechos, lo podremos ir sabiendo poco a poco. Pero no porque el régimen lo vaya a contar en un arranque de transparencia que no posee por naturaleza, sino lo sabremos a pesar de la cortina de mentiras de la dictadura, porque cada vez se le hace más difícil ocultar las verdades.

 

Si el final de la historia de estos miserables gobernantes cubanos es parecido al de Todor  Yivkov tras una revuelta popular, o a lo Nicolae Caesescu en un consejo de guerra, o a lo Slobodan Milosevic en un tribunal internacional, o a lo Muammar el-Khadaffi en una inmunda alcantarilla, no tiene demasiada importancia.

 

Lo fundamental es que más tarde o más temprano terminarán, como se merecen, en el basurero de la historia.