Cubanálisis El Think-Tank

ARTÍCULO ORIGINAL PARA EL THINK-TANK DE CUBANÁLISIS

  

                                                                          Dr. Eugenio Yáñez

                                                                                                                                                            

 

TENIENTE CORONEL NO MANDA A GENERAL

 

Quienes sigan aferrados a la idea de que Hugo Chávez, a golpe de petróleo y dólares, puede imponer su voluntad a los sucesores en Cuba, harían bien en analizar detenidamente la última visita del teniente coronel a la Isla en ocasión de la cumbre de PETROCARIBE.

 

Aunque Chávez se comporte como malandro en sus relaciones internacionales, y lo mismo quiera pelear con el rey de España, cuando aquel no está frente a él, que insulte groseramente a los presidentes de Estados Unidos o Colombia, y Fidel Castro le envíe sus bendiciones y apoyo desde su ya casi vitalicio lecho de enfermo en infinita recuperación permanente, Raúl Castro no se deja llevar por las emociones y, mucho más sutilmente de lo que se le reconocería habitualmente, pone las cosas en su lugar sin dejar de sonreír o abrazar al bolivariano.

 

Después de la cumbre de PETROCARIBE en Cienfuegos se orquestó un gran circo en Santiago de Cuba, donde Chávez parece tener más seguidores que en Caracas, de acuerdo a las informaciones de la prensa controlada por el régimen cubano, y después de las actividades protocolares de rigor, sobredimensionadas en función de la “hermandad” con Venezuela, se pronunciaron los discursos habituales de ambas partes.

 

Chávez, después de insistir en que hablaría poco, y bajo el embrujo del mensaje de Fidel Castro que le definió como brillante y gran estadista por su discurso en Cienfuegos, habló extensamente y cargado de incoherencias (¡que cosa más rara!) sobre todo y sobre todos, y volvió a la misma cantaleta del bolivarianismo descocado y atemporal, su permanente leit motiv después de repartir a manos llenas, y sin consultarles, la riqueza de los venezolanos.

 

Por cierto, parece que no le aclararon suficientemente que la ciudad de Cienfuegos, enclavada en el Cacicazgo de Jagua, según la denominación de los conquistadores españoles, lleva ese nombre desde que fue fundada en 1819 y no tiene nada que ver, más allá de la coincidencia, con el comandante guerrillero Camilo Cienfuegos, que tampoco nació allí, sino en La Habana y en el siglo XX. Pero el golpista venezolano no pierde tiempo en esos detalles históricos.

 

Chávez se dirigió en sus discursos a “Raúl, Carlos, Misael, Yadira, Rolando, Felipe, Marta, María del Carmen, Alfonso, Germán”, mencionando por sus nombres de pila a la flor y nata de la nomenklatura cubana presente en Santiago, como haría un buen padre con sus hijos en la mesa familiar, y les recordó a todos que “Fidel nos anda vigilando, él está pendiente de todo lo que pasa y de lo que no pasa, y llama cada 10 minutos”, como para que nadie se olvide que él es el hijo predilecto del “Big Brother”.

 

Y lanza parrafadas de gran estadista como las siguientes:

 

“…llegué hasta allá, donde estaba el conjunto, y ella [la cantante] me invita a cantar y yo canto muy mal, Fidel canta mejor que yo (Risas). Fidel canta mejor que yo, yo lo que hago es hacer bulla. Pero ella me dice: "No, yo a usted lo he oído, ¿qué cantamos?" Y me puso a cantar, cantamos una canción de amor ahí.

 

Luego Felipe [Pérez Roque] se me acerca, ya cuando me despedía, y me dice: “Oye, declama Maisanta.” Como Maisanta es un poema muy largo y ahí estaban bailando, y había como otro ambiente, así lo percibí, le dije: "Felipe, otro día, porque es largo ese poema y la gente seguramente quiere seguir bailando y disfrutando, mejor uno se va.”

 

Oratoria magistral, sin dudas.

 

A lo que sigue una muestra de coherencia sin par, que se menciona ahora, pidiendo disculpas a los lectores, por lo que responderá después Raúl Castro en su discurso:

 

“Pero en alguna ocasión, pensando y pensando y dándome cuenta de la historia, debo decirte, Raúl, que yo cuando niño tenía como un complejo; porque una vez oí, detrás de la pared de caña brava de la cocina grande de la bisabuela Martha Frías, que en paz descanse, a Martha Frías regañando a mi madre —éramos niños de andar jugando con un caballito de palo, corriendo por allá, o tumbando mangos y mamones en el patio de los rastrojos, allá, al sur de Venezuela, entre los montes donde nacimos y crecimos, entre maizales, topochales, pobreza y miseria, pero grandeza de un pueblo heroico, el venezolano, igual que el cubano.

 

Yo oí un día que la abuela Martha, abuela de mi madre Elena, le dijo, regañándola por alguna discusión en la cocina —mi madre era muy joven, tendría unos 25, menos de 30 años tenía en ese tiempo, casi 30 años seguramente—, yo tendría unos 8 ó 9, y andaba con Adán jugando y otros primos, muchos niños jugando, corriendo, y lo oí clarito: "Tú eres así, alzada, porque tú estás enrazada" —enrazada, dijo— "de ese asesino. Ese, el abuelo tuyo, era un asesino", y ella hablaba, y otra que acuñaba: "Sí, es verdad: mató a un tal Palacio, lo amarró a la pata de un mango y lo fusiló", un niño, yo me estremecía, un abuelo asesino. "Por allá llegó y macheteó a 20." "¡Uh, macheteó a veinte, Adán!" "Les cortó el cuello a no sé cuántos en Puerto Nutrias, que asaltaron Puerto Nutrias." Y en la casa no se hablaba de aquel señor, no se hablaba, era como prohibido hablar de aquel señor. Pero a mí me quedó la semilla de la duda.

 

Ya hombre, ya soldado, pero todavía adolescente, empiezo a darme cuenta de cosas, y es cuando José León saca el libro, y yo ya, devorador de libros, impulsado entre otros por mi maestro, aquel que está allá, mi general Jacinto Pérez Arcay, bolivariano hasta la médula, patriota hasta la médula, forjador de generaciones de soldados revolucionarios en Venezuela (Aplausos); empujado por lo que una vez me dijo mi general, me consiguió buscando libros y yo le pregunto —usted no era general todavía, era coronel—, me dio no sé cuántos libros, 10, 20 libros, y todavía me da 10, 20 libros; libro que sale, me lo busca. Me dijo esa vez mi General: "Te ha pasado algo muy bueno, Chávez, te invadió la ansiedad del conocimiento y esa nunca te va a abandonar; déjate llevar por ella, la ansiedad de conocer.”

 

Pero el ambiente era distendido y todos se sentían con buen humor:

 

"Hugo Chávez.— Ahora, vean ustedes, yo ando... Yo no sé cuánto tiempo voy a hablar aquí; además, como Raúl me recomendó que hablara desde aquí, porque tengo muchos papeles...

 

Gral. de Ejército Raúl Castro.— Hoy puedes hablar lo que quieras. ¿Están de acuerdo ustedes? (Exclamaciones de: "¡Sí!") ¿Mañana no es domingo? (Exclamaciones de: "¡Sí!") Pues que hable hasta mañana (Risas)."

 

Pasó en ese discurso, casi inadvertida, una corta frase de Chávez que dice mucho sobre la sucesión en Cuba: “…la ayudantía de Fidel, que es la misma de Raúl”. De manera, entonces, que todo lo que diga, haga o piense el Sucesor será de conocimiento inmediato del Comandante en Jefe aunque él no se lo informe: para eso está la "ayudantía".

 

Y tras muchas incoherencias, demasiadas, y una larga historia contada a su manera, entre diálogos con Raúl Castro, el historiador de la ciudad de Santiago recordatorios del ojo vigilante de Fidel Castro sobre ellos, y muchas cosas más, terminó su intervención con una rotunda y muy protocolar frase lapidaria: “Viva Fidel, carajo”.

 

Así son las revoluciones en América Latina, ¿no?

 

Cuando corresponde al Sucesor en Jefe el discurso de respuesta, se mantiene dentro del tono jocoso que ha primado, se refiere a Chávez en tono distendido y cuenta anécdotas, aparentemente sin venir al caso, pero evidentemente destinadas a recordarle a Chávez las líneas de comando y autoridad, como corresponde a un general aclararle a un teniente coronel que parece no entender:

 

Tomando como referencia el asalto al Moncada, Raúl Castro señala que “…tuvo la virtud también de reclutar al Che Guevara antes de conocer a Fidel; porque yo conocí al Che cuando nos liberaron. Los cubanos que regresaron en aquel momento del exilio me dieron los datos de él para que lo ubicara (El presidente Chávez pregunta si están en México). Estando él en México, porque lo habían expulsado de Guatemala cuando derrocaron a Arbenz en 1954, con la invasión de Castillo Armas, que ya estábamos presos.

 

El Che, cuando lo conocí, dice —porque el 26 de Julio originalmente era de mucha heterogeneidad ideológica: todos contra Batista, pero unos pensaban de una forma y otros de otra—: "Menos fulano, mengano y zutano, que son gente progresista y se expresan y piensan dentro del espíritu de lo que decía Fidel en la Historia me absolverá, los demás no."

 

Por eso, una semana después llega Fidel y en la avenida Insurgente, donde yo tenía un cuartico, al frente había un pequeño restaurante y ahí nos reunimos los tres, estuvimos toda la madrugada hablando y el Che, entonces, se une a nosotros. Ya éramos tres, y en la futura expedición, puso una condición: que si quedaba vivo, había que ayudarlo a ir a su país a hacer lo mismo. Por eso hubo que cumplirlo (Aplausos).

 

Por eso, creo que es en el discurso de la despedida del Che, en la Plaza de la Revolución, que Fidel cuenta esa anécdota y concluye diciendo: “El Che y Raúl fueron los dos primeros que se inscribieron para lo que después sería el futuro desembarco del Granma.”

 

¿A qué se refiere Raúl Castro con esta anécdota, en este lugar y en este momento?

 

 Evidentemente, está marcando su territorio, como cuando la fiera orina, al destacar, ante Chávez y ante todos, que él ya estaba en la Revolución cuando el teniente coronel era un niño escuchando los cuentos de su abuela a través de las cañabravas mientras montaba caballitos de palo, que conoció a Che Guevara antes que Fidel Castro, y que fue él mismo, Raúl, quien se lo presentó a su hermano.

 

Es la cultura guerrillera cubana, la “legitimidad” en Cuba castrista. No por gusto en todas las auto-biografías y formularios y planillas tipo “cuéntame tu vida” que es necesario llenar en Cuba para todo y por todos, las inevitables preguntas de rigor para comenzar son: “¿En que fecha se incorporó al proceso revolucionario¿ ¿Dónde? ¿Quién era su jefe?”

 

Pero Raúl Castro no se limita a señalar ante Chávez la antigüedad en su militancia, y recurre a una anécdota bien conocida del fabulario y las leyendas de la revolución cubana:

 

Yo creo que a esa anécdota que se conoce, que el día 18, hace cuatro días, se cumplieron 51 años, cuando después del desastre de Alegría de Pío el 5 de diciembre de ese año 1956, donde fuimos sorprendidos y destruido nuestro destacamento de guerrilleros, que acababa de desembarcar tres días antes, 13 días después nos unimos en la montaña —eso era en el llano, cerca de la costa, de donde ni siquiera se veían las montañas de la zona occidental de la Sierra Maestra—, y cuando en un lugar conocido por Cinco Palmas de Vicana, los campesinos nos unieron a los dos grupos, Fidel con dos fusiles —ese es uno de ellos (Señala)—, porque uno de los tres compañeros había perdido el fusil, y un pequeño grupo que llegó conmigo, con cinco fusiles, después del abrazo inicial me separó y me preguntó: "¿Cuántos fusiles traes?" Digo: "Cinco", me comunicó inmediatamente: "Y dos que tengo yo, siete. ¡Ahora sí ganamos la Guerra!”

 

Sin embargo, a la historia conocida Raúl Castro añade esta vez varias frases que intentan reivindicar una independencia de pensamiento que nunca antes había expresado en público con relación a este tema:

 

“Yo no me atreví a escribir en el diario lo que pensé, porque, realmente, se lo dije después de la guerra: “Yo pensé que te habías vuelto loco”

 

Un día en el Parlamento me preguntó: “No me vengas a decir que tú no tenías fe en el triunfo.” Digo: “Sí, yo tenía fe en el triunfo, pero no de nosotros”.

 

Traducción de la historia: Yo, Raúl Castro, he sido y seré leal a Fidel hasta el último instante, pero eso no significa que me creo todo lo que él diga o que no pienso por mí mismo.

 

Mensaje para Hugo Chávez: Mientras Fidel Castro esté vivo te tratamos así, como él quiere, pero desde el momento en que el no esté será el estilo de Raúl Castro con el que tendrás que lidiar, y ya ves que no es el mismo de Fidel.

 

Para terminar el discurso, en el párrafo final, el general utiliza verdadera maestría oratoria: “¿Entonces despedimos a Chávez ya? Lo invitamos a que vuelva el día que él escoja, cuando ya empecemos a materializar, en la parte que les toca a los santiagueros, los acuerdos que hoy firmamos”.

 

No confundirse: Chávez puede regresar a Cuba “el día que él escoja”, pero cuando los sucesores consideren que ya han comenzado a materializar “en la parte que les toca a los santiagueros”, los acuerdos que han sido firmados. Es decir, Chávez escogería el día cuando los sucesores determinen que ya llegado el momento de escogerlo.

 

Y por si las cosas no estuvieran claras, casi al terminar su discurso, antes del párrafo mencionado arriba, cuando lo que más se recuerda son los finales, entre risas y lenguaje corporal de simpatía, refiriéndose al viejo general venezolano que el golpista teniente coronel ha identificado como su maestro, y que se mencionó más arriba en este análisis, Raúl Castro se dirige directamente a Hugo Chávez y le dice, para con solo 26 palabras establecer definitivamente las reglas del juego:

 

“Mira al viejo general que fue profesor tuyo, le pregunté la edad hoy en el aeropuerto y se quedó sorprendido, yo soy más viejo que él”.

 

¿Traducción?

 

Sí, amigo lector, eso mismo. En política y rejuegos de poder las cosas que no se dicen tienen tantos mensajes como las que se dicen, y a veces más.

 

Y Raúl Castro ha dicho muy sutilmente a Hugo Chávez a lo largo de este discurso algo así como: empecé en esta batalla cuando eras un niño, he seguido a Fidel sin dudar, pero tengo mis propias ideas, y soy más viejo que tu maestro venezolano.

 

Soy tu superior, nunca podrás mandarnos a nosotros. Fidel será tu padre, de acuerdo, y el de todos nosotros también, pero yo soy tu hermano mayor.

 

No te vayas a equivocar nunca: podemos reírnos en público y hablar de la hermandad revolucionaria, pero con todo el petróleo y el dinero que nos regalas, que nos hace mucha falta y que te agradecemos, no estás comprando el título de cappo de tutti cappi, que pertenece a Fidel y “la familia”, sino solamente la franquicia para utilizar su nombre en Venezuela, América Latina y el mundo.

 

¿Es este análisis política-ficción, como dirán algunos? Ver para creer: el tiempo tiene la última palabra.

 

Porque, en definitiva, teniente coronel no manda a general.