Cubanálisis El Think-Tank

ARTÍCULO ORIGINAL PARA EL THINK-TANK DE CUBANÁLISIS

   

 

 

                                Dr. Eugenio Yáñez

                                                                                                                                                            

 

Tarjeta roja para El Comandante

 

Terminó el mundial de fútbol con  España como nuevo campeón, pero no comenzó la guerra mundial anunciada por Fidel Castro en otra de sus interminables reflexiones. Aparentemente, dos de los supuestos contendientes de la Apocalipsis antiimperialista nuclear, Irán y Corea del Norte, prefirieron disfrutar el encuentro final para saber si los españoles vencerían la maldición o La Naranja Mecánica impondría su leyenda: nadie estaba interesado en lanzarse las anunciadas bombas nucleares en todas las direcciones posibles, entre tiros de esquina y remates: cualquier cosa menos los dislates del Comandante en Jefe, solamente importantes en la prensa oficial.

 

El compañero Fidel se ha quedado más solo que una Jabulani en el aire. Se empeñó en arruinarle a todos el mundial surafricano anunciando, con menos coherencia que El Caballero de París, inminente guerra nuclear antes de cuartos de final, pero solo se lo echó a perder él mismo, incapaz de alegrías y disfrutes.

 

El mundo vio caer prepotencia brasileña, misticismo argentino, eficiencia alemana, arrogancia francesa, soberbia inglesa, despiste italiano, y muchos equipos presentes solo porque la FIFA quiso hacer lo “políticamente correcto”, convocando a 32 donde basta con 8, los de casi siempre, pero ese es otro tema: tras ochenta años de mundiales solamente ha habido ocho campeones, tres de ellos una sola vez,

 

Lo más importante es que nadie, ni en Cuba ni en el extranjero, hizo caso de las “muy sabias” reflexiones castristas: millones y millones siguieron el mundial sin preocuparse de los lúgubres vaticinios del Comandante. Sin embargo, la tarjeta roja no se la gana solamente por sus dislates relacionados con la guerra mundial que no fue, sino con los nuevos escenarios que en tan pocos días han surgido en Cuba, y donde es evidente que ya no tiene espacio.

 

Todos los disidentes presos de la Primavera Negra del 2003, “los presos de Fidel”, serán excarcelados a más tardar en cuatro meses, en un proceso que ya ha comenzado. Tras una inédita negociación entre el gobierno y la Iglesia católica, donde participó también el canciller español Miguel Ángel Moratinos, el mundo conoció la noticia de un nuevo escenario cubano que conmocionó al país entre el sopor del calor veraniego y la pasión por el fútbol.

 

Muy pronto, con la alegría de saber que esos dignos cubanos saldrían de las mazmorras castristas, se quiso ver la nueva situación como un rotundo triunfo de la oposición, pero esa puede ser una visión precipitada de los acontecimientos, producto de una lógica euforia tras tanto tiempo de recibir golpes demoledores.

 

En una negociación, si es realmente una negociación, no hay ganadores ni perdedores: cada parte obtiene algo que consideraba importante, a cambio de ceder en determinados aspectos que le interesaban a la otra parte.

 

Cuando una de las partes impone a la otra su voluntad total sin ceder nada a cambio no puede hablarse de negociación. Pero la situación creada en el país con este proceso da la impresión de que el raulismo ha hecho una jugada muy arriesgada, después de fuertes batallas internas con lo más reaccionario de La Caverna castrista, cediendo en algo que solamente demostraba más soberbia y testarudez fidelista que fuerza o solidez gubernamental.

 

Sin embargo, a cambio de ello el régimen totalitario ha creado condiciones para recibir una imprescindible bocanada de oxígeno político y económico que ya necesitaba desesperadamente, y que ahora tiene razonables posibilidades de considerar que se le facilitará, con la intención de poder consolidar la transición post-fidelista y dar a la generación histórica que lleva más de medio siglo destruyendo el país un mayor plazo para hacer cambios económicos.

 

Un análisis desapasionado de los acontecimientos llevaría a considerar que la más acertada evaluación de la situación la hizo el casi moribundo Guillermo Fariñas cuando declaró que en el resultado no había vencedores ni vencidos, sino que Cuba había ganado, lo que provocó el disgusto de quienes quisieron ver en esto un regalo al régimen cuando no era más que la constatación de una realidad evidente. También la Dama de Blanco Berta Soler dijo sin tremendismos de ninguna clase: “Ganadores hemos sido todos desde diferentes puntos de vista''

 

Junto a ello, y sin que pueda asegurarse que todo fue previsto de esa manera, ha surgido un escenario completamente nuevo, donde todas las partes necesitan urgentemente ajustar sus estrategias a las nuevas realidades, so pena de quedar desfasados, como Fidel Castro, si insisten en mantenerse en sus posiciones como hasta ahora y no son capaces de adaptarse a las nuevas dinámicas que surgen vertiginosamente.

 

Veamos todo este complejo proceso por partes.

 

En primer lugar, aunque todo haya sido negociado y no impuesto, los factores que llevaron al régimen a tener que sentarse a negociar fueron desatados por

 

1) la valiente muerte de Orlando Zapata Tamayo tras su inclaudicable huelga de hambre por 85 días,

2) la constancia de Las Damas de Blanco y de Apoyo caminando por las calles habaneras con sus inclaudicables gladiolos en las manos, enfrentando turbas, represiones y golpizas a la vista del mundo para sostener su mensaje por la libertad de sus familiares injustamente detenidos, y

3) la temeraria huelga de hambre y sed de Guillermo Fariñas durante ciento treinta y cinco días, que obligó a la dictadura a ingresarlo en un hospital para impedir su muerte.

 

Fueron estos factores los que hicieron apuntar todas las miradas del mundo hacia Cuba y generaron la presión internacional sobre el régimen, comenzando con la muy contundente declaración de condena del Parlamento Europeo, que la gerontocracia cubana pretendió calificar de “campaña mediática contra Cuba”, pero que no convenció a nadie.

 

Como consecuencia, y aunque las detenciones y presiones se incrementaron sobre los disidentes, hubo un cierto relajamiento en las medidas represivas de carácter jurídico, gracias a lo cual dos de ellos, el Dr. Darsi Ferrer y Dania Virgen García, que estaban “en salmuera” para una estancia prolongada en las mazmorras del régimen, no pudieron ser mantenidos en la cárcel.

 

El Cardenal Jaime Ortega y Alamino tiene un papel innegable en este proceso de dialogar con el régimen y en sus resultados, pero no fue su iniciativa, sino su reacción. Fue Raúl Castro quien decidió llamar al Cardenal y darle protagonismo a la Iglesia, con la intención de buscar un interlocutor internacionalmente aceptable, desconociendo totalmente a los opositores cubanos.

 

Era una excelente situación para la Iglesia, donde podía ganar mucho y perder nada, y a la vez que desarrollaba lo que es parte de su misión pastoral de ayuda a los más débiles, podría mejorar nacionalmente y en el exterior su debilitada imagen y presencia en el acontecer del país.

 

Duro es de decir, pero si hasta ahora casi todos los dignatarios extranjeros de visita en el país ignoraban a los opositores, después de este proceso con la participación de la Iglesia será mucho más fácil que los que vayan a Cuba visiten el Arzobispado de La Habana y no a los grupos disidentes: ¿no es acaso la Iglesia quien aparece como contraparte del gobierno, obteniendo significativos resultados con la liberación de prisioneros políticos?

 

No por gusto el general Raúl Castro, sabiendo perfectamente lo que hace, ha dejado que los anuncios de las excarcelaciones (las buenas noticias) corran a cargo del Arzobispado.

 

A la vez es muy significativo que los medios oficiales del régimen reproduzcan esos comunicados del Arzobispado, donde se habla de presos políticos, Damas de Blanco, y otras expresiones que siempre han sido tabú en la propaganda oficial: Fidel Castro nunca hubiera permitido algo así, otro factor más que hace pensar que su perenne sombra sobre el gobierno es cada vez más débil.

 

El Canciller español Miguel Ángel Moratinos fue sumado al espectáculo por el papel que le corresponde en el intento de cambiar la Posición Común Europea frente al régimen, y aunque no lo logró durante la presidencia española de la Unión Europea, obtuvo un “tiempo de descuento” de tres meses para mostrar resultados. Como, además, Moratinos brindaba a España para acoger a los presos políticos, su anfitrión Raúl Castro le premió con una invitación a ver juntos el partido de fútbol Alemania-España.

 

El Canciller ha declarado, exultante, al término de su visita a Cuba, que “ya no hay ninguna razón para mantener la Posición Común”. Es decir, sin los prisioneros de la Primavera Negra, todo lo demás se le debe permitir al régimen. ¡Lástima que el Canciller viva en Madrid y no en Cacocum o La Loma de la Cruz!

 

Evidentemente, existió una triangulación entre el gobierno español, el Vaticano y el gobierno cubano para materializar todo esto: el canciller cubano se reunió con Moratinos en París y de ahí éste partió a Roma para incorporarse a la delegación del presidente Zapatero que se reunió con el Papa Benedicto XVI y el Cardenal Tarciso Bertone en el Vaticano.

 

Pocos días después visitó La Habana el llamado “canciller” del Vaticano, Arzobispo Dominique Mamberti, para participar en la Semana Social de la Iglesia, donde fueron invitados académicos cubanos residentes en Estados Unidos, y también se reunió con Raúl Castro. Posteriormente viajó a La Habana el canciller Moratinos, muy al tanto de los acuerdos preliminares entre Madrid, La Habana y el Vaticano, anunciando desde Europa que daría “sorpresas” en el tema cubano durante el verano.

 

Y fue tan grande la sorpresa, realmente, que hasta los mismos opositores se declararon sorprendidos con la noticia de la excarcelación de los 52, diciendo que esperaban, en caso de producirse algún resultado positivo, tal vez la excarcelación de 10 ó 12. Es decir, el régimen, sabiendo todo lo que estaba en juego y la insensatez de mantener los presos de la Primavera Negra, “subió la parada” con el anuncio de la excarcelación de todos ellos, y marcando, sin dudas, un importante paso ante el escenario internacional.

 

No es exacto, sin embargo, decir que esa cifra representa la mayor excarcelación de prisioneros políticos cubanos en la etapa revolucionaria: en 1978, en medio del proceso de “la comunidad cubana en el exterior”, fueron liberados 3,600 presos políticos, y la gran mayoría de ellos se fue a vivir a Estados Unidos. Y en 1998, durante la visita del Papa Juan Pablo II a La Habana, 80 prisioneros políticos vieron la libertad.

 

Una primera información ofrecida por Moratinos sugería que los excarcelados serían trasladados a España, lo que en realidad hubiera sido cambiar cárcel por destierro, y fue recibido agriamente por todos los opositores, exiliados y amigos de los cubanos, pero posteriormente el Cardenal Jaime Ortega aclaró que la salida del país era una opción para los excarcelados, no un requisito para excarcelarlos.

 

Sin embargo, hay informaciones de que el Cardenal se está comunicando telefónicamente con los prisioneros, y solamente cuando aceptan la opción del destierro inmediato se hace pública la identidad del futuro excarcelado. Lo que significaría que la prioridad de la excarcelación sería para quienes aceptan el destierro, lo que a su vez es una colosal presión para quienes no desean abandonar el país.

 

El régimen contó desde el primer momento que una buena parte de los que serían excarcelados desearía abandonar el país, al menos temporalmente intentando recuperar la salud, tras un infierno de siete años en las mazmorras castristas y de incontables sufrimientos y dificultades para sus familiares. De tal forma, no serían tantos quienes se mantendrían en las calles cubanas, que sería otro motivo de presión para las fuerzas represivas y la inestabilidad social que se quiere evitar a toda costa.

 

Hasta la noche del domingo habrían sido consultados 26 prisioneros, 20 de los cuales habrían manifestado su deseo de salir del país, y 6 de mantenerse en Cuba. Aunque según fuentes diplomáticas, los familiares y excarcelados serán entrevistados en el aeropuerto por personal de la Embajada de España, para constatar que la salida del país sea voluntaria, las informaciones en este sentido siguen siendo muy confusas, por lo que no hay que anticipar conclusiones. Sin embargo, en caso de ser cierto, ¡menudo rol del Cardenal en el proceso!

 

Los prisioneros a excarcelar son llevados al Hospital de la prisión Combinado del Este para chequeos médicos y trámites migratorios, mientras los familiares son llevados en ómnibus al Instituto del Ministerio del Interior “Capitán San Luis”, en Vallegrande, al sur de La Habana, para trámites similares, con la aparente intención, señaló Elizardo Sánchez Santacruz, de que los prisioneros sean llevados al aeropuerto bajo custodia policial, sin posibilidad de acceso a ellos”, donde se encontrarían con sus familiares. Típica excarcelación castrista: ni un minuto de libertad en el país; barrotes o expatriación, aunque Moratinos afirme que se abre una nueva etapa en Cuba.

 

También sorprendió al inicio que la dictadura aceptara respetar las viviendas de los liberados y no confiscarlas si decidían salir del país, y que sus familiares y ellos podrían regresar, aunque los ex-presos deberán solicitar permiso para hacerlo.

 

Pero una observación detallada de esas decisiones muestra que la salida “voluntaria” de la gran mayoría de los presos y su entrada en España como “emigrantes” les borra su verdadera condición de asilados políticos huyendo de la represión, y contribuye a limpiar la imagen del régimen, excelente servicio que Moratinos le brinda a Raúl Castro.

 

Además, la supuesta posibilidad de regresar al país, como ha sido presentada en las informaciones, es una cortina de humo diversionista: según el procedimiento habitual de los consulados castristas en el mundo, la única forma de recibir un permiso de regreso o de que no devuelvan al “emigrante” desde el aeropuerto cubano sin dejarlo entrar, es que se abstengan de opiniones políticas públicas contra el régimen en sus países de residencia.

 

Todo cubano en el exterior, aun los más connotados pro castristas, requieren un permiso de entrada al país. Es difícil creer que estos nuevos “emigrantes”, los familiares de los prisioneros, no serán requeridos de ello si desearan regresar, aunque fuera de visita. Y decir que los excarcelados podrían hacerlo si tuvieran el correspondiente permiso es una inmoralidad: ¿cuál es la diferencia con el más de un millón de cubanos que no vivimos en la Isla? Esa es una condición inaceptable, no solo para los nuevos excarcelados y sus familiares, sino también para todos los cubanos que viven en el extranjero.

 

Por eso, basta revisar la prensa extranjera en los últimos días para darse cuenta que se han abierto demasiadas expectativas, infundadas, en buena parte de la prensa irresponsable, sobre el inicio de un proceso de apertura política en el país, cuando no tiene por qué suceder, sino todo lo contrario.

 

Aunque The Washington Post, El Mundo, Libertad Digital y muchas otras publicaciones de prestigio han alertado sobre la “marginalidad” del hecho, abundan las publicaciones que sueñan con la apertura, basadas o en la exagerada y absurda declaración del canciller Moratinos, o en los propios deseos de esa prensa, tal vez sin mala intención, de que la excarcelación estaría abriendo una nueva etapa en Cuba.

 

Parece demasiado cándido pretender que el régimen modifique inmediatamente el Código Penal y retire los fundamentos jurídicos de la represión, tales como la tipificación de los delitos de “peligrosidad” o “propaganda enemiga”. De acuerdo al estilo de liderazgo que caracteriza a Raúl Castro, aún si decidiera no aplicar por el momento tales recursos represivos, no se sentiría obligado a modificar el código penal, y se mantendría más tranquilo con esos mecanismos a la mano, por si acaso.

 

Con el respiro logrado en el inédito proceso con la Iglesia el régimen no está forzado de inmediato a una apertura política, pero podría, sin embargo, concentrarse en reformas económicas que aunque no sean de fondo dinamicen el proceso productivo en el país y eleven la producción, sobre todo de alimentos, que es la gran amenaza sobre el régimen..

 

Entre esas reformas podría haber procesos de acelerar la cooperativización en servicios directos a la población, mayor flexibilidad en la comercialización agrícola, más tolerancia hacia los trabajadores por cuenta propia, establecimiento de mecanismos impositivos racionales, reducir o eliminar la dicotomía monetaria, aumentar la oferta de alimentos producidos nacionalmente a precios adecuados, no mediante decretos sino a través del aumento de la oferta, revalorizar el salario de los trabajadores, y muchas más.

 

Es decir, se podría perfilar un “modelo” económico del corte de los experimentos chino o vietnamita, buscando un relativo mejoramiento de las condiciones económicas y sin concesiones políticas, que aparentemente es el que más tienta a la gerontocracia y a los burócratas de la economía, habida cuenta de que, por otra parte, no tienen ninguna otra opción.

 

Como planteamiento hipotético, si a estos eventos se les sumara el levantamiento de la Posición Común europea, como ha prometido el terco Moratinos, y se produce la llegada de algún dinero fresco que el régimen necesita tan desesperadamente, Raúl Castro no necesitaría aperturas políticas inmediatas para afianzar la posición del gobierno.

 

Siguiendo esta conjetura, con Europa conquistada por Moratinos en el tema cubano, la presión sobre  Estados Unidos para un cambio de posición hacia el gobierno cubano será mayor: no para el levantamiento del embargo, que es algo mucho más complejo que el presidente Obama no puede pretender abordar en estos momentos, pero sí para la autorización de viajes de norteamericanos a Cuba, ampliación de licencias e intercambios académicos y culturales, borrar a Cuba de la lista de países que patrocinan el terrorismo, regularizar el servicio de correos entre ambos países.

 

El régimen cubano no tiene ni siquiera la necesidad de pedirle a los Estados Unidos la liberación de los cinco presos de la Red Avispa, alias Los Cinco, convictos de espionaje y cumpliendo prisión en cárceles norteamericanas por cierto que en mucho mejores condiciones que los presos de conciencia cubanos que han sido el eje de la negociación en estos días: “los cinco” también son “presos de Fidel Castro”, pero no del general.

 

En la Isla hay más de 50 “argumentos convincentes” para tentar al gobierno de Estados Unidos: los ciudadanos norteamericanos reclamados por la justicia de ese país que viven tranquilamente en Cuba desde hace muchos años. Sería infantil considerar que el régimen se mantendría leal a sus promesas de asilo para esas personas en caso de que pudieran considerarse como monedas de cambio en una negociación donde la administración norteamericana ofreciera levantar parte de las múltiples presiones que mantiene sobre el régimen.

 

Esta realidad lleva a considerar la necesidad de un replanteo de estrategias por parte del exilio cubano en Estados Unidos: sin dejar de mantener la denuncia del régimen, la falta de libertades y las continuas arbitrariedades y violaciones de derechos humanos en Cuba, se hace imprescindible pensar en posiciones que dejen espacio a reacciones flexibles ante los cambios de escenarios que se podrían seguir produciendo.

 

Aunque se tenga toda la razón del mundo, como se tiene, exigiendo el fin del régimen totalitario y el paso a la democracia, hay que estar preparados para la posibilidad de que el establishment de Estados Unidos –y no hablemos ahora de demócratas o republicanos- considere oportuno pretender avances más limitados y relajar la presión sobre el régimen con algunas concesiones, en busca de dar más espacio a determinadas aperturas internas.

 

Inútil discutir si eso funcionaría o no: si esa llegara a ser la percepción del establishment, aunque pudiera considerarse por muchos cubanos como una locura o algo condenado al fracaso de antemano, lo menos importante para los cubanos sería insultar o acusar a los autores intelectuales y ejecutores de tal movimiento, porque lo realmente trascendente sería poder estar en disposición de jugar con esas nuevas reglas del juego y mantenerse en la batalla en esas nuevas condiciones: el resto, todo, es solamente paisaje y pataleo.

 

Porque en realpolitik los valores que predominan no son los mismos que en la moral y la ética.

 

Nadie pone en duda ya el valor, abnegación y resultados de Las Damas de Blanco. Sin embargo, habiendo surgido producto de la ola represiva de la Primavera Negra, no les será fácil justificar su presencia dominical en las calles habaneras cuando todos los familiares detenidos en esa vergonzosa cacería humana hayan sido excarcelados.

 

La vocera de Las Damas de Blanco, Laura Pollán ha dicho, con mucha razón y dignidad, que Las Damas seguirían en las calles mientras quede un preso político en Cuba: “Mientras quede un preso político y de conciencia habrá Damas de Blanco”... “Esa fue la palabra que empeñamos desde un principio y las Damas cumpliremos”.


Ahora bien, más allá de esa indiscutible razón y dignidad, una parte de esas Damas emigraría si de acuerdo con sus familiares deciden que deben salir del país después de los terribles años de cárcel, lo que menguaría su número. Ya se ha podido conocer que 20 de 26 prisioneros consultados han decidido salir del país.

 

Peor aún, la opinión pública que simpatizó con estas bravas mujeres cubanas, sobre todo la europea, y en menor escala la latinoamericana, podría preguntarse qué sentido tiene mantenerse protestando en las calles cuando ya sus familiares están fuera de la cárcel. Y el problema no radica en que Las Damas estén sobradas de razones para mantenerse, sino en la percepción de esa opinión pública y gobiernos extranjeros ante la nueva situación.

 

De seguro, el apoyo y admiración recibidos hasta ahora no se traduciría automáticamente ni en la misma magnitud en apoyo y admiración en las nuevas condiciones.

 

Por otra parte, el régimen podría alegar que llegaron a autorizar los desfiles, después de conversarlo con el Cardenal, por razones humanitarias o pragmáticas, pero que al no haber familiares presos no hay razón para hacerlo, por lo que tales desfiles pasarían de un reclamo familiar a una provocación contrarrevolucionaria, y podría sentirse con derecho a reprimirlos con todos sus recursos. Es imposible, sencillamente, que este tema no se haya conversado en las reuniones del Cardenal con Raúl Castro.

 

No es que tenga razón el régimen, naturalmente, pero, una vez más, son las percepciones que se manejan interna y externamente las que determinan las actuaciones y posibilidades de resultados en todos estos eventos.

 

Ahora Las Damas de Blanco deben, ante todo, disfrutar y celebrar con todo su derecho la excarcelación de sus familiares, pero las que decidan mantenerse en el país tienen que repensar sus estrategias y actuaciones para nuevos escenarios, absolutamente diferentes a los de los siete años anteriores. De lo contrario, sería muy poco lo que podrían lograr de ahora en adelante.

 

Paradójicamente, aunque de momento se afirme lo contrario, podríamos estar, quizás, ante los últimos días de Las Damas de Blanco en las calles habaneras, no por el fracaso de su batalla, sino precisamente por su éxito indiscutible. Que este movimiento pueda mantenerse organizado, funcionando, activo, y sin agresiones del pueblo enardecido, será un buen termómetro de la temperatura social del país.

 

La misma realidad hay que verla para todos los opositores: Fariñas ya no puede intentar otra huelga de hambre, porque su organismo no lo resistiría, pero además porque serían demasiados los que le pedirían que no lo hiciera, sabedores de que sería capaz de llegar hasta el final.

 

Los opositores dentro del país no deben lanzarse a un triunfalismo suicida que no les permitiera apreciar la situación correctamente, y aunque ha sido significativo el logro de las excarcelaciones no estamos ante un proceso de apertura política ni mucho menos.

 

Fundamentalmente deben entender que el régimen no está acorralado, y que la situación se podría revertir en cualquier momento si los muchos cavernícolas del régimen, que son indudable mayoría, alentados por el inmovilismo retrógrado de Fidel Castro o el temor a perder sus privilegios, lograran mejorar sus posiciones.

 

Hay que entender, además, que no todos quienes desde adentro critican al régimen tienen a Miami o Madrid como paradigma: algunos expresan sus criterios con mayor libertad que antes, pero sus opiniones críticas buscan “desfacer el entuerto” creado por el régimen durante muchos años, y no necesariamente cambiar el utópico sistema social en el que todavía puedan creer, por las razones que sean.

 

Por eso critican la evidente realidad, pero piensan en la posibilidad de un socialismo revolucionario sin estalinismo, burocracia, corrupción, represión y exclusiones, lo cual es imposible, aunque ellos consideran otra cosa. Muchas veces, cuando los “duros” fuera de Cuba consideran que esos críticos dentro del país se quedaron cortos, ellos mismos pueden pensar que se están arriesgando demasiado.

 

En estos mismos momentos, un intelectual orgánico del régimen como Esteban Morales, persona de confianza del aparato cubano durante muchísimos años, fue separado de las filas del Partido Comunista por escribir y publicar un artículo, aunque muy mesurado y cuidadoso, denunciando la corrupción en las altas esferas del poder cubano: los más reaccionarios mantienen una cuota de poder significativa que no están dispuestos a perder sin molestar todo lo que puedan.

 

No es momento para los opositores de desgastarse en cartas y contracartas o infinitos manifiestos, declaraciones y programas, ni mucho menos consumirse en batallas fraticidas.

 

La excarcelación de los prisioneros de la Primavera Negra parecerá sencilla ante la tarea de lograr excarcelar al resto de los presos considerados políticos: ni hay claridad jurídica ni completo acuerdo internamente sobre quienes lo son y quienes no, ni tampoco hay consenso internacional en la situación de ese más de un centenar de cubanos tras las rejas, entre los que se encuentra Oscar Elías Bicet. Ganar esa compleja batalla ante la percepción nacional e internacional es fundamental si se pretende lograr excarcelarlos algún día.

 

Son muchos los nuevos escenarios que han surgido vertiginosamente en pocas semanas, y hay que adaptarse a ellos.

 

La Iglesia Católica jugará un papel más importante en el drama nacional a partir de estos momentos, y echarle en cara su pasividad cincuentenaria ante el régimen no va a resolver nada.

 

La oposición no puede pretender organizar un frente común con la Iglesia, que ésta no aceptaría por no ser su modus operandi, pero tiene que aprender a adecuar sus estrategias al movimiento y actuación de la Iglesia de ahora en adelante, para al menos no entrar en contradicciones inconvenientes.

 

Esto es muy difícil, pero es imprescindible que lo hagan católicos cubanos tan valiosos y de bien ganado prestigio como Osvaldo Payá y Dagoberto Valdés, que con razón se sintieron un poco o bastante marginados por la Iglesia en las recientes negociaciones.

 

El régimen, por su parte, que una vez más ha demostrado su capacidad de administrar el poder para mantenerlo, aunque no sepa administrar la economía, entiende perfectamente que tiene mucho en juego, y se ha preparado muy bien durante mucho tiempo para estas nuevas realidades.

 

Para Raúl Castro el problema no es excarcelar o no disidentes, sino consolidar el poder para poder asegurar que las nuevas generaciones neocastristas que le sucederán no pongan en peligro la figura y el legado de Fidel Castro, ni las vidas, la libertad y las mal habidas riquezas que los históricos han asegurado para ellos y sus familiares en todos estos años de llamada revolución cubana.

 

Estamos muy lejos todavía de lograr lo que sería mejor para todos los cubanos, tenemos que aprender cada vez más de la cultura del consenso y la negociación, manteniendo firmes los principios y los objetivos, pero adecuando las estrategias y las tácticas a las nuevas realidades que van surgiendo continuamente, aceptando que lo óptimo es enemigo de lo bueno, y que la política es el arte de lograr lo posible, no lo deseable.

 

Y no perder nunca el optimismo realista: una de las cosas más importantes que se ha logrado en este vertiginoso proceso, aunque el hecho haya pasado inadvertido, sobre todo para tantos “expertos” del tema cubano, es que Fidel Castro ha quedado fuera de todos estos nuevos escenarios.

 

Raúl Castro, en una jugada silenciosa y efectiva, ha comenzado a enfrentar sutilmente la continua catarata de reflexiones de su hermano mayor, con un nuevo pero nada sofisticado mecanismo.

 

El pasado sábado, por primera vez en casi cincuenta años, se añadió como “coletilla” en el periódico Granma un breve texto de Raúl Castro con sus consideraciones al reportaje publicado con relación a la inversión plagada de dificultades para la terminación del acueducto santiaguero, donde su prestigio personal está comprometido.

 

Absolviendo de culpas al Comandante de la Revolución Ramiro Valdés y a una señora que es especialista técnica en la obra del acueducto, cargó contra los burócratas, facilistas y mentirosos que justificaban la ineficiencia y la ineptitud que caracterizan a la que fue definida como “la obra del siglo” en el oriente del país.

 

Si Fidel Castro recurre a “Cubadebate” para reflexionar sin rendir cuentas a nadie, Raúl Castro marca su territorio en “Granma” para manifestar sus criterios y dejar claro que él, también, decide y manda en el país, y sin tener que decirlo claramente demuestra que el Comandante está vedado de un sinnúmero de decisiones importantes en la marcha del país.

 

Fidel Castro, astuto y conspirador de siempre, por instinto, lo sabe perfectamente. Por eso, sin poderse controlar, por primera vez en casi cuatro años, decidió salir a la calle y visitar el Centro Nacional de Investigaciones Científicas (CNIC), cercano a donde convalece en Punto Cero, con el pretexto del aniversario de su fundación en 1965.

 

Le era imprescindible mostrarse, dejarse ver, para que todos recordaran que todavía respiraba y existía. En una conducta de extrema ridiculez, dicen los sicofantes que reportaron el hecho que hasta fue capaz de tirar besos a los trabajadores que le vieron y aplaudían. No bombas nucleares en medio del mundial de fútbol, sino besos. ¡Él, Fidel Castro, que nunca ha querido ni quiere a nadie!

 

Pero sabe perfectamente que ya no puede jugar más aunque el partido no haya terminado, y si acaso podrá ver el juego desde las gradas.

 

Porque la realidad le ha sacado la “tarjeta roja” al Comandante.