Cubanálisis El Think-Tank

           ARTÍCULO ORIGINAL PARA EL THINK-TANK DE CUBANÁLISIS

   

Dr. Eugenio Yáñez, Estados Unidos

 

 

 

¿Se congela el deshielo?

 

Todo parecía marchar perfectamente de acuerdo a las agendas de Washington y La Habana, y los preparativos para la histórica visita del presidente Barack Obama a Cuba avanzaban afanosamente.

 

En la capital de Cuba el régimen trataba por todos los medios de disimular su nerviosismo, y en su afán de que todo saliera a su conveniencia, llegó hasta a tomar decisiones que rompen con la ética comercial y hasta con limitaciones de la legislación americana.

 

Porque eso precisamente es lo que implicaba la noticia en días recientes de que los turistas americanos con reservaciones entre los días 19 y 23 de marzo en hoteles habaneros serían trasladados a los de Varadero, de manera que esas habitaciones sean utilizadas por los centenares de personas que, además de la delegación oficial estadounidense llegarán a la Isla en condición de asistentes administrativos, servicio secreto para la seguridad del presidente, traductores, periodistas, técnicos de televisión, negociantes, y quien sabe cuantas especialidades más.

 

La decisión de mover a quienes tenían reservaciones anteriores será fácilmente justificada por el régimen alegando un “interés nacional”, y punto. Lo cual les hará entender la forma en que siempre son tratados los cubanos de la isla cuando reservan espacios en los hoteles de su propio país. Hoy, tras la vergonzosa y larga etapa en que ni siquiera podían entrar a las instalaciones turísticas, es “normal” que sean sacados en cualquier momento que la dictadura, o alguno de sus funcionarios de menor cuantía, alegue necesidades de “interés nacional”, que pueden ser cualquier cosa que el gobierno esté interesado o necesite lograr en determinado momento.

 

Esa medida del régimen (además de los inconvenientes para los que pensaban alojarse en La Habana) tiene otro tipo de consecuencias de las que tal vez en Cuba solamente se percaten algunos elegidos y no toda la burocracia, y mucho menos la población. Esto tiene que ver con que los americanos que viajen a Cuba deberán hacerlo dentro de determinadas categorías especialmente autorizadas, puesto que las regulaciones del embargo no autorizan el turismo puro y simple como podría ser en cualquier otro país.

 

Así que tales turistas que tendrían que desarrollar determinadas actividades en la ciudad de La Habana, aunque fuera aprender a bailar salsa o “estudiar” rituales de santería, para poder realizar su viaje a la isla dentro de la legalidad que imponen las restricciones del embargo, tal vez no puedan hacer eso mismo en Varadero, por falta de conocimientos del territorio, de condiciones, o porque simplemente no les interese.

 

Y estando en Varadero, con sus maravillosas playas y clima que resultan la envidia de muchos polos turísticos en el mundo, parece difícil que tales visitantes, que por otra parte no tendrían prácticamente nada que hacer allí más allá de relajarse y disfrutar la vida, resistan la tentación de tomarse un mojito bajo las palmeras, fumarse un buen tabaco cubano, o darse un agradable chapuzón en las cristalinas aguas de esas playas.

 

Sin embargo, de hacerlo, aunque ellos mismos no hayan provocado esa situación, estarían realizando turismo puro y duro como el que tienen prohibido llevar a cabo en la isla mientras estén vigentes las leyes del embargo. De manera que habrá que ver cómo es que se manejan esos asuntos al momento del regreso a Estados Unidos, y si Washington en este caso se haría de la vista gorda para que ese tema no trascienda demasiado, pudiendo alegar también un “interés nacional”.

 

Así andaban las cosas,  y ya todos estábamos saturados de escuchar o leer por enésima vez que el único presidente en funciones que había visitado Cuba fue Calvin Coolidge en 1928, en ocasión de una Conferencia Panamericana; que determinado opositor o exiliado apoyaba o no apoyaba el viaje presidencial a La Habana; o que tal funcionario electo o simple burócrata miamense hacía grandes declaraciones sobre el tema.

 

Información prácticamente de primera plana que ha alternado solamente con las noticias sobre los groseros intercambios de insultos entre aspirantes a la nominación presidencial por el Partido Republicano, tema candente que en el sur de Florida demasiados “expertos” han  llevado a su apogeo argumentando apresurada y superficialmente que “Fulanito comenzó primero”, como hacen los niños ante sus maestros o sus padres cuando se enredan a golpes en la escuela con algún condiscípulo.

 

Lo que resultaba más novedoso en el marco de la visita de Obama  era que se esperaba por el anuncio de la fecha en que el Secretario de Estado John Kerry viajaría a La Habana -según él mismo había anticipado de manera sorpresiva el 23 de febrero en una audiencia ante el Senado en Washington- para conversar con el régimen sobre derechos humano previo al viaje presidencial. “Podría estar allí la próxima semana o la siguiente, concretamente para mantener un diálogo sobre Derechos Humanos”, había dicho el Secretario de Estado ante la Comisión de Relaciones Exteriores del Senado.

 

Sin embargo, la noticia que estalló y se difundió como virus informático fue el anuncio de que Kerry ya no viajaría a La Habana, sin explicaciones del por qué de ese cambio, lo que desató las especulaciones y “análisis” en todas partes, pero sobre todo en el sur de Florida.

 

La información fue primeramente lanzada por la agencia británica “Reuters” y el diario “Los Ángeles Times”, citando ambos fuentes de La Casa Blanca. Curiosamente, casi al mismo tiempo la difundieron las colombianas RCN y Radio Caracol, refiriéndose a fuentes del gobierno colombiano. Y pocas horas después ya estaba en todas las emisoras de radio y televisión, periódicos y revistas, y publicaciones digitales.

 

Los más optimistas comenzaron a decir que se trataba de desavenencias con el régimen con relación a lo que podría o no podría hacer Obama en Cuba, y con quién podría reunirse y con quién no, como si la agenda del Presidente de la nación más poderosa del planeta se la dictaran desde La Habana o cualquier república bananera o tercermundista, cuando ni siquiera desde Moscú, Beijing, Berlín o Teherán se puede conseguir eso. Pero bueno, ya sabemos que el sur de Florida sería lo más parecido al Macondo de Gabriel García Márquez si no existieran ya La Habana y Caracas con esos títulos merecidamente bien ganados desde hace muchos años.

 

Otros vieron en el cambio una advertencia o posición de fuerza frente a La Habana, como si EEUU estuviera coqueteando con la posibilidad de suspender la visita del Presidente a la isla, sin pensar que no se trata de un juego de pelota que es suspendido cuando comienza a llover con fuerza, olvidando que estos asuntos son demasiado serios para tomárselos tan a la ligera.

 

Hasta donde recuerdo, a pura memoria, el Presidente Dwight Eisenhower suspendió una visita programada a la Unión Soviética en 1960 porque los soviéticos derribaron sobre su territorio un avión espía U-2 piloteado por el coronel Francis Gary Powers, quien sería canjeado posteriormente por el coronel soviético Rudolf Abel, que cumplía prisión en Estados Unidos por espionaje tras haber sido capturado años antes.

 

Sin embargo, de un caso como ese a suspender una visita anunciada y programada por desavenencias como las que se especulaban en la prensa escrita, radio-televisiva y digital en el sur de Florida, la distancia es sideral y no vale la pena, y ni siquiera hay razón de compararlas.

 

Para dar pábulo a las especulaciones había el antecedente de una fuerte crítica de Estados Unidos contra el régimen en la comisión de Derechos Humanos de la ONU en Ginebra, donde se advertía del incremento de la represión y las denuncias de opositores sobre las continuas detenciones y golpizas a que eran sometidos en la isla. Y algunos hacían referencia a supuestos comentarios sobre estos temas por parte de funcionarios norteamericanos.

 

Casi 24 horas después comenzaron a surgir informaciones de donde dije digo, digo Diego, a surgir aclaraciones, desmentidos, ratificaciones, noticias tan innecesarias como que Kerry viajaría con Obama a Cuba (¿a dónde más podría viajar el Secretario de Estado si el presidente viajaba a Cuba?) y declaraciones del Departamento de Estado sobre una conversación telefónica de John Kerry con el canciller del régimen, Bruno Rodríguez, donde el americano le dijo al cubano lamentar que “problemas de calendario” impidieran que pudiera ir a Cuba antes del viaje de Obama los días 21 y 22, y que entonces se verían allá.

 

Y el vocero del Departamento de Estado remató el tema al señalar que la eventual visita mencionada por Kerry ante el Senado días atrás se trataba de una posibilidad, pero no de algo ya programado ni organizado, y que con el transcurso de los días se había visto que no era necesario ese viaje anticipado del Secretario de Estado, por lo que todos irían -el Presidente y la Primera Dama, el Secretario de Estado y el resto de la delegación- los días 21 y 22, como estaba previsto.

 

Entonces, aparentemente, más que un choque de criterios en la preparación de la visita, o posiciones de fuerza de uno u otro lado, se trataría de problemas de ajustes de calendario y planeación, aunque sabemos perfectamente que en política, y sobre todo en política internacional, lo que se ve y lo aparente no necesariamente es lo que está sucediendo o puede suceder. Ya lo sabremos próximamente.

 

Y existen otros escenarios que no se pueden perder de vista analizando estas realidades, y que de alguna manera u otra afectan la estabilidad y recursos del castrismo.

 

En medio de la terrible crisis humanitaria, política, económica y social por la que atraviesa Venezuela, Nicolás Maduro organizó grandes conmemoraciones en Caracas por el tercer aniversario de la muerte de Hugo Chávez, y allá fue enviado desde Cuba el Vicepresidente y supuesto heredero del castrismo Miguel Díaz-Canel, para participar en los actos solemnes junto a los presidentes de Nicaragua, El Salvador y Bolivia, todos cercanos aliados y compinches del “bolivarianismo”.

 

Sin embargo, en medio de los correspondientes aquelarres en Caracas, el gobierno de Estados Unidos hizo pública la prórroga por otro año la declaración presidencial que identifica a Venezuela como “una amenaza inusual y extraordinaria para la seguridad nacional y la política exterior de EEUU”, teniendo en cuenta que “la situación no ha mejorado” y que “el Gobierno continúa erosionando las garantías de los derechos humanos”.

 

Con esos criterios, y para prorrogar la orden, Obama proclamó que Venezuela sigue sufriendo “la persecución de los opositores políticos, la restricción de la libertad de prensa, el uso de la violencia y violaciones a los derechos humanos”.

 

Por consiguiente, considerando a Venezuela “una amenaza inusual y extraordinaria para la seguridad nacional y la política exterior de Estados Unidos”, fue prorrogada la declaración de “una emergencia nacional para lidiar con esa amenaza”.

 

La orden ejecutiva del Presidente Obama autoriza al Departamento del Tesoro imponer más sanciones contra quienes hayan ejecutado “acciones o políticas que socavan procesos o instituciones democráticas”, o violaciones de derechos humanos durante las protestas en Venezuela, a criterio  de La Casa Blanca.

 

Naturalmente, Caracas chilló de rabia y acusó de Estados Unidos de agresión e intentos de derribar al régimen venezolano. Raúl Castro, por su parte, debiendo parecer “duro”, lanzó una declaración del “Gobierno Revolucionario de la República de Cuba” (es decir, utilizando terminología de 1959), criticando la medida y declarando su irrestricto apoyo al gobierno y pueblo de Venezuela (el lenguaje de siempre).

 

Esa anacrónica declaración “reitera de manera resuelta y leal su apoyo incondicional y el de nuestro pueblo a la hermana República Bolivariana de Venezuela, al legítimo gobierno del Presidente Nicolás Maduro y a la unión cívico-militar del pueblo bolivariano, que lucha por mantener la paz, el orden constitucional y las conquistas de su Revolución, frente a los intentos desestabilizadores de la oposición interna, alentada por los resultados de las elecciones legislativas que desmienten los falaces argumentos utilizados para prorrogar la Orden Ejecutiva”.

 

Paradójica situación, donde La Habana se siente obligada a brindar respaldo al régimen venezolano frente a una supuesta agresión, y necesita aparecer como el aliado fiel y solidario que no abandona a sus hermanos de lucha en peligro.  

 

Por eso la declaración “del Gobierno Revolucionario” destaca “que el objetivo de derrocar la Revolución Bolivariana se mantiene vigente”, aunque al mismo tiempo la isla se continúa preparando a toda máquina para recibir al presidente de Estados Unidos, nación supuestamente agresora y hasta hace muy poco llamada comúnmente “el imperio” o “el imperialismo”, que estaría atentando contra la independencia y estabilidad del más estrecho y cercano aliado del castrismo. ¡Lo que tienen que hacer los gobiernos cuando el dinero escasea!

 

En Argentina, con el ascenso a la presidencia de Mauricio Macri, las políticas, acciones y demagogia de Cristina Fernández han comenzado a desmontarse, y aunque el nuevo gobierno en Buenos Aires ha mantenido hasta ahora relaciones cordiales con todos sus vecinos, ya ha dejado claro su rechazo al rumbo cada vez más dictatorial del gobierno de Nicolás Maduro en Venezuela, a la vez que ha dejado de ser un aliado incondicional de La Habana, como sucedía en tiempos de Néstor y Cristina Fernández de Kirchner.

 

Por otra parte, otro aliado cercano y mecenas del régimen castrista, el gobierno de Brasil, pasa por momentos difíciles. Los escándalos de corrupción y tráfico de influencias han golpeado fuertemente a la presidenta Dilma Rouseff, cuyos niveles de aprobación por parte de los brasileños están en niveles mínimos, lo que se considera a la vez un golpe de mayor alcance contra Lula da Silva.

 

El “padrino” Lula da Silva, expresidente brasileño, mentor de Dilma Rouseff, estandarte del Partido de los Trabajadores de Brasil, fundador y animador junto a Fidel Castro del subversivo Foro de Sao Paulo, y que acariciaba la idea de regresar a la presidencia en las próximas elecciones presidenciales, acaba de ser llamado a declarar ante la justicia de su país casi en condiciones de detenido, como parte de una profunda investigación sobre corrupción, aunque tras tres horas de interrogatorio fue dejado en libertad.

 

Tanto Dilma Rouseff como Lula da Silva son sólidos puntales para mantener los no siempre transparentes negocios del gobierno brasileño con La Habana (puerto de Mariel, programa Más Médicos, administración de centrales azucareros en Cuba, proyectos de producción de soya y otros productos agrícolas, petróleo, turismo), donde en casi todos (menos en el de los médicos) está profundamente involucrada la constructora Odebrecht, que también está siendo investigada en Brasil por sobornos a la estatal Petrobras y otras operaciones que al final del camino terminan siempre tanto en Dilma como en Lula.

 

Ni debe olvidarse tampoco que a Evo Morales le salieron mal las cosas en Bolivia, donde la población votó contra el proyecto gubernamental de modificación constitucional que autorizaría la reelección presidencial indefinida, lo que representó un grave revés para el Palacio Quemado y sus intenciones de mantenerse en la silla presidencial más allá del año 2020, lo que también debilita a otro aliado de La Habana.

 

De manera que Venezuela, Brasil y Bolivia enfrentan problemas concretos que están directamente relacionados con la permanencia en el poder de aliados demasiado cercanos del régimen castrista en La Habana, mientras Argentina se desvincula inmediatamente de las veleidades “revolucionarias” del anterior gobierno, y Colombia necesita acabar de concretar la firma de acuerdos de paz con las narcoguerrillas de las FARC, proceso en el que el gobierno de Cuba aparece como garante junto al de Noruega y brinda la sede en La Habana para las conversaciones.

 

Así que Raúl Castro se tiene que mover entre dos fuegos, pretendiendo aparecer como gran estadista frente al gobierno de Estados Unidos, a cuyo presidente recibirá en dos semanas en La Habana; como facilitador y garante del prolongadísimo proceso de paz para Colombia que toda América Latina parece desear encarecidamente; y mantener las mejores relaciones con gobiernos como los de Argentina, México, y los de las vecinas islas del Caribe, que aunque no sean “hermanos de lucha” tampoco son enemigos ni mucho menos, y debe mantener con ellos las mejores relaciones posibles.

 

Pero a la vez que tiene que atender todo lo anteriormente mencionado, Raúl Castro y La Habana no pueden dejar de aparecer como el aliado incondicional, absolutamente seguro, firme y confiable, de todos los compinches “revolucionarios” del continente, y en primer lugar de Venezuela, Bolivia y Brasil, sin olvidar a Ecuador, Nicaragua y El Salvador.

 

Y por otra parte, los problemas de la economía cubana, lejos de simplificarse, se hacen cada vez más complejos y profundos, los imprescindibles inversionistas extranjeros que tanto necesita La Habana no aparecen en la cantidad necesaria ni con suficientes capitales para la fantasiosa “cartera de negocios” que anuncia el régimen, y seguirán escasos en la medida que no se resuelvan problemas específicos como la no existencia de tribunales independientes para dirimir conflictos comerciales, la bochornosa obligación de contratar a los trabajadores a través de un empleador estatal, la existencia de la doble moneda, las insuficientes infraestructuras materiales y electrónicas en el país, y la incontrolable corrupción rampante, entre otras.

 

Con todos esos problemas enfrente e interactuando, Raúl Castro debe manejar el tema de la visita del Presidente Obama a la isla. Y eso explicaría, al menos parcialmente, lo que está detrás de los desencuentros más o menos formales entre Raúl Castro y Obama, donde el primero tiene que aparentar seguir siendo el “duro” siempre, pero no demasiado, porque las relaciones con Washington son imprescindibles para su subsistencia, y mucho más aun para los sucesores, sean quienes sean.

 

Sin nada de lo anterior haber sido tenido en cuenta, al menos públicamente en el sur de Florida, la declaración de que el supuesto viaje de John Kerry a La Habana no se llegó a concretar por problemas de calendario y no de desavenencias, y otras noticias colaterales sobre el tema, contribuyeron a enfriar el ambiente especulativo y calmaron un poco las fuertes pasiones surfloridanas, pero no por demasiado tiempo.

 

Porque continuaron las noticias sobre los proyectos de los exiliados y los opositores en Cuba con relación a la visita.

 

De tal manera, desde Key West (Cayo Hueso) partirá una flotilla que se acercará a más de doce millas de La Habana, nunca menos, en aguas internacionales, para protestar contra la visita de Obama y recalcar los derechos de todos los cubanos a la democracia y el respeto de los derechos humanos.

 

Simultáneamente, se anunció en Miami que en La Habana se realizarían “cacerolazos” en los 15 municipios de la provincia al mismo tiempo que la flotilla estuviera lanzando sus fuegos artificiales frente a las costas cubanas. Supuestamente, los cacerolazos se pretende que se repetirían por todo el país.

 

También se supo el mismo día de la noticia de la conversación telefónica de Kerry con el canciller del régimen que Ben Rhodes, asesor del presidente Obama y uno de quienes participaron en las negociaciones con la dictadura para el restablecimiento de relaciones diplomáticas, iría a Miami el próximo día 11, con el objetivo de reunirse con “defensores de Derechos Humanos, líderes religiosos y representantes del sector privado”.

 

Según la información suministrada por un funcionario de La Casa Blanca, “Miami ha estado durante mucho tiempo en el corazón de la comunidad cubanoamericana, y este viaje será una oportunidad para continuar el diálogo acerca de los esfuerzos del Presidente para normalizar las relaciones con Cuba”.

 

Y de acuerdo a ese mismo funcionario, el asesor presidencial Ben Rhodes trataría de disipar las muchas preocupaciones en esta ciudad con relación al viaje de Obama, y “discutir con los cubanos de Miami lo que el Presidente espera lograr durante su visita a La Habana”.

 

Habrá que ver con qué cubanos es que intercambia criterios y qué es lo que puede lograr con esas conversaciones, que siempre deben ser bienvenidas, al menos para escuchar los argumentos de la otra parte de fuentes directas y no por versiones de terceros o periodísticas, que no siempre resultan las más fiables.

 

Desde este 7 de marzo hasta la visita de Obama a la isla faltan dos semanas. Y por el medio de estas fechas, como para encender más aún las pasiones de los cubanos en el sur de Florida, el próximo martes 15 se celebran las elecciones primarias a la candidatura presidencial por el partido republicano, donde dos de los cuatro aspirantes que quedan en pie son hijos de cubanos, lo que representa echar mucha más leña a un enfrentamiento incendiario de elevada temperatura ya en estos momentos.

 

Desde Cuba, por su parte, y con mucha menos información de la que podemos disfrutar quienes vivimos en democracia en cualquier lugar del mundo, los cubanos de a pie se mantienen a la expectativa, esperando a ver qué sucede con la visita de Obama y lo que pudiera derivarse del congreso del partido que se realizará en abril, cuyos preparativos y propuestas se han mantenido en un secreto insondable, como corresponde a todo régimen totalitario que se respete.

 

Por eso los cubanos de a pie en la isla, entre penurias y dificultades provocadas por el régimen, salarios que no alcanzan, niveles de escaseces y necesidades siempre crecientes, en vez de preocuparse demasiado por cuestiones de alta política internacional o proyectos geoestratégicos de la dictadura, que continúa prometiendo sin cumplir nunca lo que promete, más allá de reprimir, prefieren solazarse pensando que casi en los mismos días de la visita presidencial de Obama estarán en Cuba los Tampa Bay Rays jugando en el estadio Latinoamericano frente al team Cuba, y los Rolling Stones brindando un concierto gratuito y masivo en los terrenos de la Ciudad Deportiva.

 

Y confiando en que ambos eventos sean transmitidos por la televisión para que también puedan disfrutarlos quienes no puedan estar presentes en esos espectáculos, que en los últimos cincuenta y seis años solo se han visto en la isla una vez en lo referente a un juego del equipo Cuba frente a un team de Grandes Ligas (Orioles de Baltimore), y nunca antes con relación a una agrupación musical popular de la fama y alcance de la de los músicos ingleses, que a pesar de ser ya bastante veteranos siguen siendo un referente de la música rock.

 

Sí. Sí. Eso mismo. Juegos de béisbol con equipos de Grandes Ligas y un concierto de los Rolling Stones. Ambas cosas que estuvieron prohibidas durante muchísimos años en la Cuba de los Castro, pero que surgen ahora cuando el totalitarismo se desmerenga, no por convicciones sino por necesidades de supervivencia para el régimen.

 

Y es muy posible que a muchos cubanos, bastantes, les pueda interesar ese juego con los Tampa Bay y el concierto de los Rolling Stones mucho más de lo que pueda decir John Kerry sobre cualquier tema, o sea quien sea el que gane en Florida las elecciones primarias republicanas, sobre todo después que tras más de un año del restablecimiento de relaciones diplomáticas entre La Habana y Washington los cubanos de a pie no han visto ninguna de las mejorías que esperaban -cándidamente, por cierto- con el alivio de las tensiones y el proceso que la prensa en todo el mundo a dado en llamar “el deshielo”.

 

De manera que las cosas se moverán en varias dimensiones simultáneamente. Para los cubanos de a pie se tratará de un juego de pelota con un equipo de Grandes Ligas y un concierto de los Rolling Stones, ambos acontecimientos en La Habana dentro de muy pocos días.

 

Los aliados latinoamericanos del castrismo tendrán que observar estrechamente cómo el llamado “territorio libre de América” y “primera trinchera antiimperialista” maneja sus relaciones con ese “imperio” sin dejarlos a ellos colgados de la brocha, lo cual no sería una opción carente de posibilidades, aunque de momento no parezca ser la más probable. Pero como ya escribimos más arriba, “en política, y sobre todo en política internacional, lo que se ve y lo aparente no necesariamente es lo que está sucediendo o puede suceder”. Y eso lo saben perfectamente los vasallos de La Habana.

 

Para el régimen, se tratará de aparentar una relación cordial con el enemigo histórico de la “revolución cubana”, tratar de lograr lo más posible a cambio de ofrecer crudamente lo menos posible, y presentar los resultados de esa visita ante el mundo y en especial ante América Latina, como una victoria absoluta de “los principios revolucionarios” que son enarbolados por la pandilla en el poder.

 

Esa será la versión que posteriormente se ofrecerá a los asistentes al aquelarre comunista llamado séptimo congreso del partido, que se celebrará en abril, y lo que salga de esos conciliábulos secretos se irá “filtrando” poco a poco lo que a los delegados al congreso se les de a conocer, que no tiene que ser todo y ni siquiera lo más importante, y donde la opinión de los asistentes no contará para nada, pues de ellos lo que se está esperando es que aprueben todo unánimemente, sea lo que sea, y que aplaudan con mucho entusiasmo, para que las cámaras de la televisión oficialista capten esos “históricos” y “gloriosos” momentos que después serán retransmitidos ad nauseam en todos los medios de prensa del país durante varias semanas.

 

Lo que si llegará directamente a los cubanos de a pie, y sin que exista posibilidad de otras interpretaciones o alguna equivocación, es que la represión se mantendrá tan fuerte como siempre, y en caso de ser necesario, será mucho más fuerte aun.

 

Que una cosa es recibir a Obama y otra muy distinta creerse que Cuba es una democracia.