Cubanálisis El Think-Tank

           ARTÍCULO ORIGINAL PARA EL THINK-TANK DE CUBANÁLISIS

   

Dr. Eugenio Yáñez, Estados Unidos

 

 

 

Pasando gato por liebre

 

Pensar que la camarilla gobernante cubana no dispone de personas realmente calificadas y con experiencia en el manejo de la imagen de la dictadura ante su propio pueblo y el mundo es subestimar torpemente al equipo asesor de Raúl Castro.

 

Si no bastaran las muchísimas veces que esa verdad ha sido demostrada fehacientemente, la última jugada supuestamente originada en La Habana en estos días posibilita confirmarlo una vez más.

 

Todo comenzó con un documento aparentemente inocente: la puesta a la venta de un tabloide publicado para consumo nacional con el contenido de dos documentos conocidos por los asistentes al séptimo congreso del partido comunista celebrado en abril pasado: “Conceptualización del Modelo Económico y Social Cubano de Desarrollo Socialista”, y el “Plan Nacional de Desarrollo Económico y Social hasta 2030: Propuesta de Visión de la Nación, Ejes y Sectores Estratégicos”. Posteriormente se publicó una versión digital de esos mismos documentos en Cubadebate, página web de propaganda del régimen.

 

Quienes siguen de cerca los acontecimientos en Cuba saben perfectamente que ambos documentos fueron elaborados por una cuadrilla cuasi-secreta de “cuadros” políticos e intelectuales orgánicos favorables al régimen, y discutidos en secreto primero por el buró político y posteriormente en plenos del comité central donde participaban los miembros del consejo de ministros. Finalmente, también los conocieron los delegados e invitados al cónclave comunista, muy poco antes de la celebración del congreso. Específicamente, el documento de la Conceptualización tuvo ocho versiones hasta llegar a la que se presentó al congreso.

 

Por otra parte, la aprobación de esos dos documentos en el aquelarre partidista del mes de abril se produjo a la carrera y sin tiempo suficiente para un verdadero estudio y debate por parte de los delegados. Por ello en las resoluciones del congreso que “aprobaban” los mejunjes se hizo público que serían posteriormente “debatidos democráticamente por la militancia del Partido y la UJC, representantes de las organizaciones de masas y de amplios sectores de la sociedad”, con la supuesta intención de que se le introdujeran todas las recomendaciones y propuestas que se producirían en esa discusión donde participarían millones de cubanos. De esa forma continuaba la farsa comunista de darle participación a “las masas” en la aprobación de algo, cuando es sabido que finalmente lo que queda establecido es lo que le interesa y conviene a la cúpula de la pandilla dirigente, como ya lo había definido de antemano.

 

Para evitar confusiones y que alguien se hiciera ilusiones sobre el alcance o los objetivos del muy “democrático” debate que se estaba preparando, y reducir el alcance a eventuales expectativas de los cubanos de a pie, el libelo Granma publicó a página completa un cursi bodrio escrito por un chupatintas, bajo el título de “Reglas para el debate o cuestión de principios”, donde dice muy claramente lo siguiente:

 

“Primera regla para el debate. No será posible entendernos con quienes llegan hasta nosotros portando una granada de fragmentación lista para hacerla estallar en el seno de la República, de la Nación, de la Patria, con el fin de destruir el sistema socialista en construcción y reponer el arcaico y desgastado sistema capitalista. Todo lo demás es discutible”.

 

Como puede verse, supuestamente se podría debatir de todo, menos de lo que de verdad le interesa a los cubanos, que sería sobre los cambios que es imprescindible hacer en el país para echar abajo el arcaico sistema de dirección política, económica y social, que ha fracasado durante más de medio siglo. Pero ahora, al imponer la segunda regla para el debate, se establece la total descalificación para quienes se atrevieran a plantear puntos de vista diferentes a los de la horda gobernante:

 

“Segunda regla: No nos entenderemos con quien venga financiado, respaldado, apoyado, por el dinero anticubano terrorista de Miami o de cualquier otra nación, incluidas las de la vieja Europa”.

 

De manera que el que pretenda salirse del camino de los carneros pastoreados por los pastores-comisarios del régimen será considerado como no-persona financiada por el dinero “anticubano terrorista” de Miami o de cualquier otra nación. Con esas “reglas” a los únicos que les interesaría ese simulacro de debate es a la jerarquía castrista aferrada al poder hasta con las uñas, y a su burocracia anquilosada que pretende conservar sus privilegios, sean pingües o míseros. Prueba de ello es el poco interés que mostraron los cubanos de a pie por adquirir ese tabloide, y mucho menos por discutir algo que saben de antemano que no ofrecerá ninguna solución o proyecto serio para realmente mejorar en algún momento sus calamitosas vidas.

 

El “artículo” que establece las reglas para debatir el tabloide citaba también, varias veces, las palabras -de quién si no- de Raúl Castro, primer secretario del partido, pronunciadas durante el congreso, en las que se refirió a las modificaciones a la Constitución de la República que sería necesario realizar. Como se puede comprobar a continuación, el “mínimo líder” reiteró el mensaje de que no se podría discutir nada realmente interesante, y que incluso la militancia de base tendría que bailar con la música que tocara la orquesta del buró político del partido:  

 

“Estas modificaciones (…) deberán fijarse en la Constitución de la República que nos proponemos reformar en los próximos años, considerando las importantes transformaciones asociadas a la actualización del modelo económico y social y su conceptualización. En la Constitución hay que reflejar todo lo que vamos haciendo, en el momento”. (…)

 

“Debo resaltar que en el alcance de estos cambios constitucionales propondremos ratificar el carácter irrevocable del sistema político y social refrendado en la actual Constitución, que incluye el papel dirigente del Partido Comunista de Cuba en nuestra sociedad, y que en la actual Constitución es el artículo 5”.

 

Es cierto que Raúl Castro no padece de la incontinencia oratoria que caracteriza a su hermano y que, algo que como quiera que sea agradecen los cubanos en la isla, sus discursos e intervenciones públicas no tienen ni la frecuencia ni la extensión que caracterizaban las que acostumbraba realizar Fidel Castro.

 

Y también hay que decir que, a diferencia de su hermano mayor, Raúl Castro, por su formación militar, acostumbra a decir las cosas con suficiente claridad para que no sea necesario caer en confusiones o equivocaciones. Aun dentro de su cínica concepción de que se debe decir la verdad, aunque no siempre hay que decir toda la verdad, cuando habla de cuestiones fundamentales intenta que no quede espacio alguno para malas interpretaciones.

 

Y eso precisamente es lo que dijo en esos dos párrafos de su intervención en el congreso del partido recientemente celebrado que cita textualmente el propagandista de baja estofa en su “artículo” publicado en Granma.

 

Es perfectamente sabido que para el neocastrismo raulista la propiedad privada resulta, en el mejor de los casos, un mal necesario que no queda más remedio que aceptar de momento, pero que debe ser regulada, controlada, acosada y reprimida al máximo posible, y siempre deberá tener todas las puertas cerradas para impedirle prosperar y mejorar más allá de lo que el régimen considere apropiado, con independencia de que con estas retrógradas políticas se afecte el nivel de vida de la población y la oportunidad de lograr mejores productos y servicios para los cubanos de a pie. En la Cuba de los hermanos Castro enriquecerse es glorioso solamente para los miembros del séquito en el poder y sus familiares.

 

Por eso en el prólogo del documento para el muy democrático debate se dice claramente:

 

“Su redacción se ha elaborado en tiempo presente, aunque se refiere a la sociedad futura a que aspiramos, teniendo en cuenta las condiciones de la actual etapa de la construcción del socialismo. No atañe a este documento exponer cómo se actualizará el Modelo; es decir, las acciones y medidas concretas para alcanzar estos objetivos, lo que corresponde a otros, en especial al Plan Nacional de Desarrollo Económico y Social hasta 2030”.

 

Y más adelante:  

 

“Las transformaciones se refieren a la consolidación del papel primordial de la propiedad social sobre los medios fundamentales de producción, el reconocimiento y diversificación de diferentes formas de propiedad y de gestión adecuadamente interrelacionadas, y el perfeccionamiento del Estado Socialista, sus sistemas y órganos de dirección”.

 

Es decir, en ningún momento se hace referencia al abandono del proyecto castrista que, aunque le llamen socialismo, cada vez es más cercano a un capitalismo monopolista de estado absolutamente autoritario y controlado por los militares, y que, además, resulta discriminador contra la población cubana, porque lo que realmente interesa al régimen es establecer las mejores relaciones con el capital extranjero de cualquier país, con quien desde hace tiempo coquetea continuamente en busca de imprescindibles inversiones para lograr sobrevivir.

 

Y para que las cosas queden bien claras, también forma parte integral del proyecto de Conceptualización el siguiente párrafo:

 

“104. No se permite la concentración de la propiedad y la riqueza en personas naturales o jurídicas no estatales conforme a lo legislado, de modo consecuente con los principios de nuestro socialismo”.

 

Sin embargo, a pesar de todos estos antecedentes, algunos corresponsales extranjeros en La Habana -¿cándidos o con otras intenciones?- como que se intoxicaron o marearon con algunos párrafos del documento publicado para el “debate” ampliado, o por lo menos con estos dos:

 

91. Otra transformación para contribuir a la economía, al empleo y al bienestar de la población es el reconocimiento del papel complementario de la propiedad privada sobre determinados medios de producción, así como la gestión de medios del Estado por actores de esta forma de propiedad.

 

92. Ello responde a la heterogeneidad e insuficiente desarrollo de las fuerzas productivas; la necesidad de que el Estado Socialista se concentre en las complejas tareas que le son propias desprendiéndose de la dirección o administración directa de determinadas actividades que requieren un alto grado de independencia, autonomía y responsabilidad. Asimismo, contribuye a movilizar recursos no estatales para la recuperación de determinadas producciones y servicios.

 

Y realizaron una curiosa y diversionista interpretación (incluido el concepto de que “Cuba”, el gobierno cubano y el partido comunista son la misma cosa), que comenzó a circular desde La Habana y que de inmediato produjo miles de titulares en todo el mundo, entre los que podemos entresacar los siguientes, que marcan el tono de la noticia que circuló por el planeta:

 

  • Gobierno de Cuba aprueba creación de empresas privadas
  • Cuba legalizará las pequeñas y medianas empresas privadas
  • Anuncian en Cuba legalización de pequeñas y medianas empresas
  • Cuba reconocerá legalmente a pymes privadas
  • La apertura de Cuba se materializa en la legalización de las Pymes
  • Cuba plantea reconocer como “complementarias” a las empresas privadas
  • El Gobierno de Cuba reconocerá como 'pymes' los negocios privados
  • Partido Comunista Cuba plantea dar personalidad jurídica a empresas privadas

 

Escribí al inicio de este análisis que “Todo comenzó con un documento aparentemente inocente”, y con lo de inocencia no me refería al contenido del tabloide y los documentos del congreso del partido, sino a la interpretación que tan superficialmente se le dio por parte de corresponsales de agencias de noticias radicados en La Habana.

 

Una de las primeras banderolas surgió desde Associated Press en La Habana, agencia que en más de una ocasión ha publicado noticias y reportajes relativos a las relaciones entre Estados Unidos y el gobierno cubano que regularmente resultan poco favorables hacia “el imperio” y se muestran favorablemente inclinados hacia el régimen castrista. Una de sus corresponsales insignia en La Haban es la señora Andrea Rodríguez, que dicen las malas lenguas que está casada con un oficial del servicio de inteligencia cubano, aunque otras lenguas tan malas como esas dicen que en realidad es agente del aparato de inteligencia de la dictadura, aunque ninguna de esas versiones haya sido convincentemente demostrada.

 

Por eso más arriba me preguntaba yo mismo si tales corresponsales de varias agencias extranjeras en La Habana habían sido cándidos o superficiales al interpretar el referido documento, o si tal vez pudieran tener otras intenciones u oscuras agendas ocultas.

 

Porque no fue solamente desde The Associated Press desde donde surgió la frívola información, sin que aparentemente se hubiera leído el documento completo. También desde BBC Mundo y France Presse, entre otras agencias establecidas en la isla, se generalizó la confusión por la información precipitada.

 

Una alerta temprana sobre esta situación la expuso Reinaldo Escobar desde La Habana, en el periódico digital 14ymedio, señalando que si los corresponsales hubieran leído el documento completo antes de lanzar la noticia, se hubieran

 

“…ahorrado el incalificable error de anunciar como actual o aplicable “en un futuro próximo” lo que en el prólogo del documento se advierte que no es para ahora, sino para cuando lleguemos “a la sociedad futura a la que aspiramos”. También queda claro en la introducción, donde se reitera que el texto “está redactado de modo general en tiempo presente, con el propósito de conceptualizar el futuro deseado, una vez actualizado el Modelo”.

 

El eventual manejo castrista de una operación de desinformación

 

Si bien es cierto que con las nuevas tecnologías de información y comunicaciones se ha democratizado exponencialmente el acceso a la información en (casi) todas partes del planeta, también es cierto que se ha multiplicado exponencialmente el periodismo irresponsable, la desesperación por el “palo periodístico”, la improvisación, el culto a los escándalos, la superficialidad, el desespero por la “primicia”, la absoluta y despiadada carencia de profesionalismo y ética, la no verificación de informaciones, y muchas cosas negativas más.

 

En el caso concreto de las “informaciones” sobre Cuba, esos males que menciono en el párrafo anterior pueden observarse en las decenas de veces que han surgido especies “de primera mano”, supuestamente provenientes de “fuentes muy cercanas al gobierno”, declarando cadáver a Fidel Castro por problemas de salud; o que Mariela Castro era pasajera en un avión que se estrelló en África después de haber despegado del aeropuerto de Ouagadougou en Burkina Faso, cuando en realidad se encontraba en el Hotel Nacional en La Habana; o la continuada tergiversación o falsificación de disímiles acontecimientos históricos con informaciones incompletas, deformadas o irresponsablemente exageradas, como un combate con 3,000 bajas castristas que se habría producido durante la invasión de Bahía de Cochinos-Playa Girón, según un reportaje por el 50 aniversario de esa gesta; o los miles de participantes que cada año se añaden a las recopilaciones,  testimonios y opiniones sobre el “Maleconazo” de 1994 en La Habana.

 

Y eso lo sabe perfectamente el régimen. Por eso la sospecha de si podría haber sido no un error o superficialidad de algún corresponsal extranjero en Cuba actuando por su cuenta, sino una medida activa muy bien diseñada por parte del gobierno cubano.

 

Cualquier persona bien intencionada puede pensar que podría tratarse de una casualidad, pero hablar de casualidades es un lujo que pueden disfrutar los enamorados, no los analistas que estén interesados en llegar a resultados serios. Y muchas veces para lograr eso lo importante no es tanto tener todas las respuestas correctas -misión imposible- sino hacer la mayor cantidad posible de preguntas adecuadas.

 

No pienso cometer nunca el craso error de acusar a alguien de que actúa a favor de los intereses del castrismo sin disponer de evidencias suficientes y comprobables, pero se puede considerar como una verdad muy concreta y conocida que los servicios de inteligencia de la dictadura tienen a los corresponsales extranjeros acreditados en la isla como un objetivo prioritario para su “trabajo operativo”.

 

Lo que supone una posibilidad, e insisto en que solamente menciono una “posibilidad” sin evidencia demostrable, y mucho menos una “probabilidad”, de que uno o más de esos corresponsales extranjeros haya sido abordado -en cualquier momento, desde hace mucho tiempo o muy recientemente- por oficiales de los servicios especiales del régimen, con la evidente intención de reclutarle -por convicción, dinero o chantaje, que son las formas clásicas de los servicios de espionaje para reclutar colaboradores- bajo el pretexto de “ayudar a Cuba”. Ya sea con carácter permanente, es decir, como agente o colaborador secreto, o al menos realizar alguna actividad específica para colaborar con el “David” castrista en su eterna lucha contra el malvado “Goliat” imperialista. Oportunidades, logística e intereses no le faltarían nunca al aparato de seguridad cubano para intentarlo… y materializarlo.

 

¿Por qué eso podría ser muy importante en estos momentos? Porque tanto los cubanos de la isla, incluyendo los militantes comunistas de las bases, como los gobiernos extranjeros, los círculos académicos en todo el mundo, y ese ente abstracto que se llama “la opinión pública internacional”, quedaron defraudados con la forma en que se realizó el congreso del partido en el pasado mes de abril, y mucho más con los resultados que se produjeron en el mismo, que hizo pensar en un circo pueblerino mucho más que en una reunión seria y respetable de una agrupación política en cualquier lugar del mundo.

 

La opinión generalizada en todas partes y momentos fue que todo el congreso resultó simplemente más de lo mismo, sin mostrar decisión ni verdadero interés en acometer los cambios fundamentales que el país reclama a gritos para poder salir del atolladero en que se encuentra desde hace tantos años, sobre todo teniendo en cuenta que tras la visita del Presidente Obama a la isla se había abierto una ventana de oportunidades para intentar buscar diferentes acercamientos que pudieran mejorar las condiciones de vida de la población, que tanto lo necesita.

 

Mucho más cuando todo se agrava con una situación económica que empeora cada día, una virtual parálisis de la producción agropecuaria e industrial, una infraestructura que se deteriora diariamente más y más, un desfase tecnológico en determinados sectores similar a los peores niveles de países del Tercer Mundo, inversiones extranjeras que no acaban de aparecer en los volúmenes necesarios, corrupción rampante, abulia generalizada de la población, crecientes corrientes migratorias para abandonar la isla hacia cualquier parte del mundo, y una crítica situación higiénico-epidemiológica en todo el país, mientras que el entorno cercano al castrismo en América Latina se va desmoronando con la crisis en Venezuela, la salida del poder de los kirchneristas en Argentina y de Dilma Rousseff en Brasil, que enfrenta un juicio político con pronóstico reservado, y el desgaste político de los caudillos en el poder en Bolivia y Ecuador.

 

Todo eso tiene que haber sido analizado cuidadosamente en los centros pensantes del neocastrismo en La Habana durante el más de un mes transcurrido desde la clausura del congreso hasta la publicación del tabloide que nos ocupa. El que crea que tales centros analíticos no existen en la isla sencillamente no sabe lo que está diciendo. Y los reportes sobre “situación operativa” y “estados de opinión” alertaron a la gerontocracia, creando variantes y escenarios sobre las estrategias más convenientes para manejar la situación y enfrentar los peligros potenciales y reales.

 

No pretendo sugerir ni mucho menos que la publicación del referido tabloide se haya realizado con el objetivo de desarrollar una ofensiva castrista en todo el mundo a favor del régimen basada en una amplia operación de desinformación lanzada desde la isla a través de corresponsales extranjeros acreditados en Cuba. Simplemente, esa publicación tenía que realizarla el régimen de todas formas para darle un mínimo viso de legitimidad y un barniz de apoyo popular a los acuerdos del congreso del partido.

 

Lo que si destaco muy específicamente es que muy bien puede haberse utilizado con mucha inteligencia esa clara coyuntura de la publicación de los documentos con los que se pretende realizar un supuestamente gigantesco “debate democrático” con participación de amplios sectores de la sociedad para introducir la medida activa. Basta que al menos un corresponsal desde La Habana, en coordinación con “el aparato” de la seguridad, haya lanzado el bulo de que “Cuba”, es decir, el castrismo, se abría a la propiedad privada, para que esa información comenzara a correr como pólvora por todo el mundo.

 

Y ya sabemos los niveles de superficialidad, irresponsabilidad e intencionalidad con que se manejan actualmente tantas informaciones en el espacio cibernético en todo el mundo, donde en ocasiones un seno o un glúteo mostrado al descubierto -“accidentalmente” o no- por alguna celebridad, la declaración o majadería de algún idiota famoso en algún campo -mientras más superficial mejor-, o determinado resultado deportivo que tres días después no tendrá la más mínima repercusión, reciben más atención, divulgación, comentarios y discusión que noticias verdaderamente importantes, de las que a veces solamente se leen los titulares, si acaso.

 

De manera que veinticuatro horas después de la salida del embeleco desde La Habana lo que quedaba en una grandísima cantidad de personas en todo el mundo no son las poco eventuales aclaraciones posteriores o las presumibles correcciones que periodistas serios deberían ofrecer, sino la enorme cantidad de titulares sensacionalistas o superficiales con “noticias” que decían que el gobierno de Cuba había aprobado la creación de empresas privadas; o que Cuba legalizaría las pymes particulares; o que ya las empresas privadas podrían funcionar abiertamente en Cuba.

 

Y de esta manera la anterior percepción de que el congreso comunista cubano había sido solamente más de lo mismo perdería relevancia y permanencia ante las nuevas “aperturas hacia la empresa privada” que ya han sido anunciadas en la prensa en todo el mundo. Lo que, evidentemente, le viene muy bien a La Habana. Sin dudas, sería una maniobra tramposa, pero muy bien pensada.

 

Esa realidad artificialmente creada sería una contundente estafa, naturalmente, pero como el neocastrismo es amoral, ni siquiera se sonrojaría si considerara que debería hacer algo de ese tipo.

 

Lo que, como es evidente, equivaldría a estar pasando gato por liebre, una vez más.

 

Sin embargo, al fin y al cabo, así lo han estado haciendo los hermanos Castro desde antes de 1959. Y les ha dado resultado:

 

Todavía se mantienen en el poder después de 57 años... y haciendo planes hasta el 2030.