Cubanálisis El Think-Tank

ARTÍCULO ORIGINAL PARA EL THINK-TANK DE CUBANÁLISIS

                                                                          Dr. Eugenio Yáñez

                                                                                                                                                            

 

OBAMA-CLINTON VS. CASTRO-CASTRO

 

Como en un partido de tenis por parejas, el dúo Obama-Clinton enfrenta al binomio de los hermanos Castro en el muy espinoso tema de intentar la recomposición de las relaciones entre Estados Unidos y Cuba después de un abismo de medio siglo de desconfianzas, suspicacias y enfrentamientos permanentes. Sin embargo, la frase que se repite continuamente con relación a “de que lado del terreno de juego se encuentra la pelota”,  reduce el análisis del partido al posicionamiento de la esférica, desconociendo las estrategias, tácticas y jugadas de cada uno de los cuatro contendientes.

 

Recién algunos “especialistas” comienzan a enterarse de las diferencias de posiciones en la máxima cúpula de la gerontocracia cubana, aunque esto se remonta a por lo menos los dos años y nueve meses transcurridos desde la “Proclama” en que Fidel Castro renunció a sus cargos “con carácter provisional”, producto de estar padeciendo gravemente de “secreto de estado”, nombre de su enfermedad desconocida.

 

De la misma manera, se da por sentado y axiomático que la posición de Estados Unidos en el tema cubano es única, uniforme e invariable, y casi nadie parece haberse dado cuenta de las sutilezas y diferencia de énfasis al respecto en los enfoques del presidente Obama y su actual Secretaria de Estado, que se manifestaron por primera vez durante la lucha por la nominación presidencial demócrata para las elecciones de noviembre del 2008.

 

Llama la atención que en Trinidad-Tobago Barack Obama fue enfático en su enfoque de las relaciones con La Habana:estoy preparado para que mi Administración se involucre con el Gobierno de Cuba en una amplia gama de asuntos, desde los derechos humanos a la libertad de expresión, las reformas democráticas, las drogas y los asuntos económicos”. (…) "Quiero aclarar que no estoy interesado en hablar por hablar. Pero sí creo que podemos mover las relaciones entre Estados Unidos y Cuba en una nueva dirección'' (…) Sé que hay un largo camino por delante para acabar con décadas de desconfianza, pero hay pasos decisivos que podemos tomar hacia un nuevo día”.

 

Cuando la OFAC del Departamento del Tesoro, impone una multa de $110,000 a la firma productora de barrenas de perforación petrolera Varel Holdings, con sede en Dallas, Texas, por haber realizado en 2005-2006 “once exportaciones de bienes en las que Cuba o un ciudadano cubano tenía interés'', y otra de $2,000 a la firma EFEC Trade, de West Palm Beach, Florida, por violaciones en el envío de remesas a Cuba durante febrero del 2006, estas sanciones se aplican en base a las leyes existentes, y en un país de leyes, como es Estados Unidos, con independencia de las opiniones personales o de las preferencias de sus gobernantes.

 

Pero algo diferente parece suceder cuando el Departamento de Estado mantiene a Cuba en la lista del 2009 de países que patrocinan o apoyan el terrorismo, junto a un demasiado selecto grupo de estados-parias que incluye a Irán, Siria y Sudán, países ubicados en o cerca del Medio Oriente y sin dudas vinculados al terrorismo islámico. Parecería que la cancillería norteamericana sigue funcionando como si el presidente fuera todavía George W Bush, aunque no necesariamente porque pretendan desconocer la autoridad del nuevo mandatario, sino porque la velocidad de reacción de la burocracia ilustrada deja demasiado que desear en un escenario tan dinámico como el de las relaciones con Cuba.

 

Como se ha dicho anteriormente, el régimen cubano no está compuesto de arcángeles ni mucho menos, y durante más de cuarenta años fue notoria su vinculación con diversos elementos insurgentes y violentos en todas partes del mundo, incluidos terroristas, pero la situación actual es sustancialmente diferente, y los argumentos utilizados por el State Department son inconsistentes y poco convincentes.

 

Señalar que “Cuba continuó defendiendo públicamente a las FARC” colombianas no es un argumento sólido para derivar la acusación de país patrocinador del terrorismo. Como tampoco lo es continuar diciendo “y otorgando refugio seguro a algunos miembros de organizaciones terroristas”, aunque se señale de inmediato “aunque algunos estaban en Cuba en conexión con negociaciones de paz con los gobiernos de España y Colombia”.

 

Los terroristas vascos de ETA están en Cuba a petición del gobierno español, y los de las FARC y el ELN lo están con conocimiento y acuerdo del gobierno colombiano: ninguno de esos dos gobiernos se siente amenazado por tales terroristas radicados en Cuba, ni considera al gobierno cubano responsable de brindarles “refugio seguro” en contra de los intereses de sus respectivos países, sino más bien de colaborar con ambos gobiernos para impedir acciones violentas o terroristas en sus territorios.

 

Y a diferencia de las mencionadas multas a empresas estadounidenses por violación de las reglamentaciones del embargo, que se basan en la interpretación de leyes vigentes en Estados Unidos, la inclusión o exclusión de un país en la lista de países patrocinadores del terrorismo es un juicio y valoración analítica del Departamento de Estado a partir de la información pública y de inteligencia disponible, y responde a políticas y estrategias específicas del gobierno de Estados Unidos.

 

Por eso es imposible considerar que la inclusión del régimen cubano en esa lista de países que promueven el terrorismo es obra exclusiva de la burocracia del departamento de Estado funcionando con antiguas instrucciones, y que opta por mantener las cosas como hasta ahora.

 

Necesariamente, tal listado tiene que haber recibido el visto bueno de la Secretaria de Estado Hillary Clinton antes de hacerse público, y muy probablemente tiene que haberse consultado con el Consejo de Seguridad Nacional y los Asesores del presidente para la Seguridad Nacional y la  Política Exterior.

 

Entonces, parece incompatible pretender “mover las relaciones entre Estados Unidos y Cuba en una nueva dirección”, si Cuba se considera un país promotor del terrorismo. ¿Como sería posible intentar con tal país “un largo camino por delante para acabar con décadas de desconfianza”? ¿Cómo buscar “pasos decisivos que podemos tomar hacia un nuevo día” en estas condiciones?

 

Como no es probable que la Secretaria de Estado pretenda retar de forma abierta la estrategia política del Presidente hacia Cuba, parece más acertado considerar que todavía en la administración no está completamente definida y articulada la política hacia Cuba, y que la anunciada “revisión” de tal política no ha culminado.

 

Como no se trata de un problema estratégico de primer nivel, mientras no llegue el momento en que se defina se mantendrán dos posiciones respecto al régimen castrista: una “dura” y otra “blanda”.

 

Fidel Castro, que siempre ha sido muy astuto para analizar y manejar el juego político con Estados Unidos, se dio cuenta de esta sutileza, lo que explicaría las posiciones que ha mantenido en los últimos tiempos, sin pretender lo que sería el intento de descalificación del presidente Obama, pero sin dar margen a que se pueda avanzar por el camino de negociaciones hasta que esas diferencias de énfasis en el enfoque norteamericano no pueda verlas con más claridad y entender por donde se perfila la nueva estrategia estadounidense hacia Cuba.

 

Si fuera así, más que “desautorizar” a Raúl Castro cuando escribió que su hermano había sido “mal interpretado” por el presidente Obama, estaría pretendiendo restar momento y velocidad a lo que se perfilaba como una oportunidad de comenzar a conversar “en una amplia gama de asuntos, desde los derechos humanos a la libertad de expresión, las reformas democráticas, las drogas y los asuntos económicos”, como había ofrecido Barack Obama en Trinidad-Tobago, o como había dicho Raúl Castro “discutirlo todo, derechos humanos, libertad de prensa, presos políticos, todo lo que quieran discutir”.

 

El criterio de que el régimen cubano necesita la confrontación con “el imperialismo” para mantenerse en el poder puede estar dejando de resultar axiomático si se considera la dificilísima y caótica situación económica y social de la Isla en estos momentos y las tensiones ya no tan subyacentes que se observan en todas partes y a todos los niveles. Como ya han declarado abiertamente algunos funcionarios, una normalización sería “un alivio” para el régimen.

 

Decir que el régimen no está preparado para vivir sin la confrontación y el fantasma del enemigo externo puede ser también demasiado absoluto y arriesgado: tampoco estaba preparado en 1989 para vivir sin el “campo socialista” y los subsidios soviéticos, y hace ya veinte años que se las arregla para continuar, aún al precio de la terrible destrucción sistemática de la nación cubana, la renuncia de facto a los valores revolucionarios que le sustentaron inicialmente, y de reducir a los cubanos a la extrema pobreza, frustración y falta de oportunidades ni futuro.

 

Lo anterior no significa que estemos ante una acción totalmente concertada de los hermanos Castro o que no existan diferencias de enfoques entre ellos, ni tampoco que Fidel Castro no esté dispuesto a ejercer el poder cuantas veces haga falta hasta sus últimos suspiros, aún a costa de humillar sistemáticamente a su hermano, el general-presidente.

 

Evidentemente, más que conclusiones, todo esto abre interrogantes y retos.

 

Allá quienes se saben todas las respuestas, incluso aún antes de saberse las preguntas. En Cubanálisis-El Think-Tank consideramos que lo verdaderamente importante es poder definir siempre las interrogantes correctas. Aunque eso no garantice llegar a las respuestas apropiadas, es mucho más efectivo que pretender adivinar con preguntas equivocadas, o sin preguntas, porque por ese camino no se llega a ningún lado.

 

Vistos todos los escenarios mencionados de conjunto, va quedando cada vez más claro que el tema del manejo de las relaciones Estados Unidos-Cuba no es un proceso simple ni lineal, y que más que pretender establecer de forma simplista de qué lado del campo pueda estar la pelota a cada momento, resulta imprescindible utilizar el microscopio analítico para comprender si cada contendiente está verdaderamente jugando un juego de equipo coherente con una estrategia clara y objetivos definidos y específicos, o si se trata simplemente de responder como se pueda a cada jugada del otro lado.