Cubanálisis El Think-Tank

ARTÍCULO ORIGINAL PARA EL THINK-TANK DE CUBANÁLISIS

  

                                                                          Dr. Eugenio Yáñez

                                                                                                                                                            

 

NUNCA MÁS SERÁ 26

 

Aunque la propaganda del régimen insista en que este 26 de Julio se cumplen 54 años del asalto al Cuartel Moncada, lo que cuenta en realidad es que se cumple el primer año de la muerte del Comandante en Jefe, aunque Fidel Castro sigue vivo y escribiendo de cuanto tema aparezca, con tal de mantenerse en el centro de la atención.

 

No fue el 31 de julio, cuando se hizo pública la Proclama, sino en la noche del 26 de julio del 2006, al terminar un acto político en Holguín, cuando la salud del tirano comenzó a complicarse gravemente: los excesos del viaje a la Argentina le habían debilitado sobremanera, y el Dr. Eugenio Selman Hussein-Abdo, su médico de cabecera, y mentiroso consuetudinario cuando de propaganda pública se trata, le había recomendado no participar en los actos del 26 de julio.

 

Castro, demasiado soberbio para hacerle caso cuando se trataba de limitar sus posibilidades de expandir ilimitadamente su ego, decidió ignorar las recomendaciones médicas y se fue hasta Oriente, para terminar a la carrera, entre sangrados e infecciones, en el último piso del Objeto 20 del CIMEQ, la sala privada para los servicios médicos del Comandante en Jefe, a muy poca distancia de Punto Cero, el complejo residencial del tirano en el occidente de La Habana.

 

De hacerle caso a los partes oficiales y las declaraciones de los amanuenses, Castro ha estado siempre en proceso de recuperación: algo así como un récord para el libro Guiness, el proceso de recuperación más largo de la historia. De hacerle caso a Hugo Chávez, Castro se paseaba en las noches por campos y ciudades. Y de hacerle caso a Evo Morales, Castro hubiera reaparecido muchas veces ya a estas alturas.

 

Lo que sucede es que todos mienten, han mentido y seguirán mintiendo. Carlos Lage, médico, dijo en Bolivia en agosto del pasado año que la recuperación del tirano era cuestión de semanas. José Ramón Balaguer y José Ramón Machado Ventura, ambos médicos también, dijeron lo mismo, cada uno en su momento. Todos mintieron doblemente, como médicos y como políticos.

 

Ricardo Alarcón quiso actuar como vocero del tirano, insistía en que no había muerto, y repartió entrevistas a diestra y siniestra con todo el que quisiera entrevistarlo, asegurando que el tirano se recuperaba. El canciller Felipe Pérez Roque habló tonterías, para ser desmentido de inmediato por Fernando Remírez de Estenoz, el secretario para las relaciones internacionales del Partido Comunista.

 

Lo cierto es que, además de la muerte del Comandante en Jefe el 26 de julio del 2006, Fidel Castro estuvo al borde de la muerte en la segunda mitad del 2006: complicaciones postoperatorias complicaron las cosas, las suturas quirúrgicas se abrieron, y los sofisticados instrumentos médicos no funcionaron adecuadamente. Heces y sangre se mezclaron en el abdomen del Comandante, y la septicemia ganaba terreno: la ciencia médica de la potencia médica resultaba impotente ante la gravedad y la arrogancia del Comandante en Jefe, quién había dado las instrucciones para su propia operación.

 

Hubo que llamar de urgencia desde España al Dr. García Sabrido, especialista en gastroenterología. En su momento, el periódico español “El País” publicó una serie de informaciones sobre lo que estaba sucediendo, para ser desmentido de inmediato por el gobierno cubano. Naturalmente, el gobierno mentía nuevamente, como habían mentido anteriormente los funcionarios por separado: en mundo de mentirosos, la mentira es habitual.

 

Castro logró sobrepasar las repetidas crisis que se presentaron y para finales de enero del 2007 mostraba un mejor aspecto y una evidente mejoría dentro de la gravedad: el video con Hugo y Adán Chávez lo demostraba. Los castristas cantaron victoria emocional, anunciando el regreso del Comandante. Los anticastristas emocionales denunciaron el video como falso o como grabado mucho antes: ambas teorías extremas, y emocionales, eran absurdas, pero movieron televisoras, radios y periódicos en La Habana y Miami con la misma intensidad.

 

Y el problema fundamental se escapaba muchas veces: ya no había Comandante en Jefe. Si quedaban dudas de esta realidad, evidente desde el video transmitido en Octubre del 2006 sin permiso de Raúl Castro, donde un Castro lamentable “salía” de un elevador y caminaba como muñeco de cuerda, moviendo sus hombros para mostrar que “estaba entero”, bastó la “reaparición” en la Mesa Redonda con uno de los amanuenses, hablando de Vietnam y divagando, para comprenderlo.

 

Los admiradores públicos y secretos del tirano no quieren aceptarlo, y continúan viviendo en un mundo enajenado, con una mal disimulada admiración, en ocasiones cuasi-erótica, de los más mínimos gestos o palabras del anciano y enfermo dictador: cada día se repiten en noticieros, prensa escrita y electrónica, “refritos” de las noticias sobre Castro: que si dijo esto, lo que opina sobre el equipo de volley-ball en los Panamericanos, que si retó a Bush en la medicina y la educación, o sus opiniones sobre el etanol. Como si tuviera alguna importancia la opinión de Fidel Castro sobre un equipo deportivo en los Juegos Panamericanos, o sus criterios técnicos sobre temas de los cuales no conoce.

 

Y así se repite cada día, ad nauseaum, cuanta tontería publica Castro, y se ríen sus supuestos chistes, y la prensa oficial cubana menciona la enorme repercusión de las divagaciones castristas en el resto del planeta, que parece no tener que hacer más nada que esperar las próximas reflexiones de Castro.

 

Por no mencionar el mito de los supuestos 634 intentos de atentado contra Castro que señala la propaganda del régimen con la misma vehemencia que los supuestos 20,000 mártires de la lucha revolucionaria. ¿Alguien ha logrado contarlos?

 

634 intentos de asesinato son demasiados intentos para, si fuera cierto, haber sobrevivido, aún contando con la mejor seguridad personal del mundo, y la de Castro es una muy efectiva seguridad personal. ¿634 intentos? ¿Alguien conoce que el régimen haya podido demostrar más de quince o veinte intentos?

 

La realidad es mucho más sencilla, pero aceptarla significa echar por tierra los mitos y hasta la participación en las nóminas de los servicios de inteligencia cubanos de algunos "periodistas"  "intelectuales": no hay regreso para Fidel Castro.

 

En estas vísperas del 26 de julio le ordenaron a Evo Morales que no hiciera pronósticos ni hablara tonterías, algo difícil para él, pero lo está logrando. A Hugo Chávez que no hiciera payasadas y se concentrara en afianzar su dictadura, y está concentrado en eso. Y a la jerarquía del régimen que no tocara el tema.

 

¿Detalle interesante? La prensa publica las “Reflexiones” castristas con fotos de muchos años atrás, cuando Castro aparecía más fuerte y saludable. ¿Detalle interesante? En los últimos días, las “Reflexiones” son del “Presidente Fidel Castro”, no “del Comandante en Jefe”. ¿Detalle interesante? Durante dos días seguidos, el Secretario Personal de Castro, “Carlitos” Valenciaga, es resaltado en la prensa como orador principal en dos actos sin importancia, simbólicos, pero sobre jerarcas con mucho más rango.

 

¿Resurgir de talibanes? O tal vez un cambio de delfines, y por alguna razón aún desconocida, Pérez Roque ha perdido el favor del tirano y Valenciaga gana espacio. ¿Qué importa eso, si los talibanes no estarán en el poder 72 horas después de la muerte de Fidel Castro? Los generales de Raúl Castro se encargarán de que sea así. Mañana podría ser Otto Rivero quien gana exposición en los medios. Nada cambia.

 

Pocos días antes de la celebración, el silencio pesa como plomo en el aire. ¿Tal vez una cortina de silencio para un resurgir victorioso del Comandante en Jefe, para un retorno apoteósico? ¿Puede Castro resurgir en público el próximo 26 de Julio? No es absolutamente imposible, para decirlo en términos flexibles, pero es muy improbable.

 

Y si reapareciera, ¿qué demuestra? Que se está muriendo irremediablemente. Por mucho que lo maquillen, lo disfracen y seleccionen los “tiros” de cámara, el mundo verá un anciano de 81 años, enfermo y débil, destruido por la enfermedad, que se aferra a un poder que ya no tiene más que para estorbar, tan arrogante y vanidoso que en vez de renunciar definitivamente se aferra con sus “Reflexiones” a seguir siendo el centro de un universo que ya no existe.

 

Un año fuera de sus funciones es tiempo suficiente en cualquier gobierno que se respete para declarar al Jefe de Estado como permanentemente incapacitado para llevar a cabo sus funciones, y sustituirlo según los mecanismos constitucionales. Para cualquier gobierno que se respete.

 

No es el caso cubano. El régimen y sus funcionarios seguirán queriendo mostrar un Comandante en Jefe que ha muerto hace casi un año y que les inspira tanto terror que les paraliza en su gestión y aborta cualquier iniciativa. La dócil prensa cubana e infinidad de “periodistas” extranjeros seguirán en la tontería de narrar las divagaciones de Castro o mencionar los 634 intentos de atentado sin preocuparse de comprobarlos.

 

El régimen seguirá diciendo que todo sigue igual. Y que “siempre es 26”.

 

No es cierto. Nada sigue igual. Fidel Castro seguirá vivo, pero el Comandante en Jefe ha muerto hace casi un año. Ya no dirige ni la escuadra de taquígrafos que toman notas de sus “Reflexiones”, siempre en las tardes, para publicarlas después de las correspondientes “correcciones de estilo”.

 

Son Raúl Castro y Ramiro Valdés quienes dirigen el país día tras día, o mejor dicho, quienes lo administran, porque nadie dirige. Ya acordaron dejar atrás sus diferencias y aliarse para sobrevivir. Mientras los más jóvenes jerarcas se afilan los dientes, y los generales aseguran sus posiciones.

 

Nada es igual. El Comandante en Jefe ya murió. La era de Fidel Castro ha terminado. Ya se verá después lo que pueda venir posteriormente: será cualquier cosa menos Fidel Castro.

 

¿Siempre es 26? Ya no más. Y el 26 de julio pasará en algún momento a la historia de Cuba no como el aniversario del asalto al Moncada sino como la fecha en que murió el Comandante en Jefe y tuvo que entregar todos sus poderes.

 

Ya nunca más será 26. Jamás.