Cubanálisis El Think-Tank

ARTÍCULO ORIGINAL PARA EL THINK-TANK DE CUBANÁLISIS  

                                                            Dr. Eugenio Yáñez

                                                                                                                                                            

 

NO HAY REGRESO PARA FIDEL CASTRO

 

No importa lo que digan Mariela Castro Espín, quien no ve a su tío desde junio del año pasado, o Ricardo Alarcón, quien tiene que preguntarle a Wu Guanzeng como vio a Fidel Castro durante su encuentro, porque él tampoco tiene acceso al Magno Paciente. Ni Carlos Lage ni Pérez Roque: todos repiten lo que se les cuenta. La Sala G del Objeto 20 del CIMEQ es más estricta que el Parnaso: Raúl Castro y unos pocos, según criterios de Ramiro Valdés, quien decide el acceso que será estrictamente controlado por el general Humberto Omar Francis, Jefe de Seguridad Personal, y supervisado de cerca por Joseíto, el Coronel José Delgado, Jefe de la Escolta del Comandante en Jefe.

 

Mucha prensa extranjera en Europa y Latinoamérica daría risa, si no diera pena: el tema ahora es la posible reaparición el Primero de Mayo: antes fue el 2 de diciembre, el 31 de diciembre, el… siempre hay una fecha de especulación y lectores para ello: si no hay conocimiento de las realidades, ni análisis profesional, algo hay que hacer.

 

Alguien debía preguntarle al Presidente boliviano Evo Morales de donde sacó la información de que Fidel Castro aparecería en la reunión del ALBA a fines de abril. O al Presidente venezolano Hugo Chávez por cuales campos y ciudades andaba de noche Fidel Castro. Ambas informaciones dieron la vuelta al mundo, y se repitieron infinidad de veces en prensa escrita, on-line, radio y televisión, día tras día, con comentarios y enjundiosas interpretaciones y pronósticos.

 

Cuando un Jefe de Estado anuncia acontecimientos que no se materializan, como sucedió con Evo Morales o Hugo Chávez, su credibilidad queda en duda, pero muchos periodistas correrán nuevamente ante ellos, a preguntarle otra vez por el estado de salud del Comandante o cuándo aparecerá en público, en vez de a cuestionarle sus fantasías y ponerles en evidencia. Ya Morales dijo, como no apareció en el ALBA, que hubo que trasladar de La Habana a Barquisimeto precisamente por la frágil salud de Castro, que aparecería el Primero de Mayo. Después puede decir que el 26 de Julio, o quién sabe qué fecha.

 

Cada vez que se acerca una fecha, en un país que tiene celebraciones por cualquier cosa y todo el tiempo, comienzan las especulaciones. Corresponsales aseguran recibir noticias de “fuentes militares”, cuando una de las actividades más peligrosas para un militar en Cuba es tener contactos con periodistas extranjeros. Otros hacen referencia a “comentarios en la nomenclatura” cuando tal vez pueden conversar ligeramente con algún burócrata de quien sabe qué nivel.

 

Nadie sabe, sin embargo, el padecimiento de Fidel Castro, porque es secreto de Estado. Y es uno de los pocos secretos que han sabido protegerse en Cuba. Lo que significa que solamente lo saben unos cuantos, muy pocos, muy selectos.

 

No hay que llamarse a engaño. El hermano mayor, “Mongo” Castro, podrá visitar al Magno Paciente, preguntarle como se siente, conversar un poco, declarar que se está recuperando o que ha ganado peso. Igualmente los hijos o la esposa. PERO NO TIENEN INFORMACIÓN CONCRETA SOBRE EL PADECIMIENTO, EL DIAGNÓSTICO O EL PRONÓSTICO. Quién no entienda esto no conoce Cuba.

 

Los visitantes extranjeros reciben el mismo tratamiento. Por circunstancias e intereses determinados, Hugo Chávez, García Márquez, Kofi Anam, Miguel Bonazzo o Wu Guenzang visitan al Comandante, se reúnen, conversan. PERO NO TIENEN INFORMACIÓN CONCRETA SOBRE EL PADECIMIENTO, EL DIAGNÓSTICO O EL PRONÓSTICO. Quién no entienda esto no conoce Cuba.

 

Los miembros del Buró Político y funcionarios del Gobierno no escapan a la regla. Carlos Lage, Ricardo Alarcón, Yadira García, Remírez de Estenoz, Esteban Lazo, Machado Ventura, Francisco Soberón, José Ramón Balaguer, Felipe Pérez Roque, en ocasiones son llamados por teléfono, tal vez ocasionalmente en persona, reciben instrucciones y le preguntan al “Jefe” cómo se siente, y le comentan, si están frente a él, que tiene mejor semblante y se ve que está avanzando. PERO NO TIENEN INFORMACIÓN CONCRETA SOBRE EL PADECIMIENTO, EL DIAGNÓSTICO O EL PRONÓSTICO. Quién no entienda esto no conoce Cuba.

 

Cuando los corresponsales extranjeros en Cuba, o los “iluminados” desde fuera de Cuba, comentan, analizan y pronostican, están “tocando de oído”, sin la partitura frente a ellos. Que es lo que hay que hacer en esos casos, pues no hay información directa ni concreta. Lo que no significa que se pueda extrapolar la conducta de los países, los gobiernos y los pueblos mecánicamente al caso de Cuba.

 

Leyendo la prensa oficial cubana puede pensarse que los temas del momento en el país en la segunda quincena de abril habrían sido la salud del Comandante, las celebraciones del Primero de Mayo, y la liberación bajo fianza de Posada Carriles. Han sido los titulares permanentes en la prensa y los noticieros de radio y televisión. Parece lógico.

 

Si en Cuba las cosas fuesen “lógicas” y, sobre todo, si la prensa oficial realmente reflejara la realidad. Algo que aparentemente muchos corresponsales desconocen.

 

Desde La Habana, sin el apoyo o respaldo de las poderosas agencias de noticias ni carnet de corresponsal extranjero de afamados periódicos o televisoras, Luis Cino, un periodista independiente, de los que de verdad están en Cuba y no de los que dicen que están, que se tiene que mover continuamente entre la policía política y citaciones a unidades policiales, arriesgando su pellejo, es capaz de escribir lo siguiente, la “verdad verdadera” que debían comprender muchos “analistas” que viven de espaldas a la realidad:

 

“Industriales vs. Posada

Luis Cino

 

LA HABANA, Cuba - Abril (www.cubanet.org) - La noche del 19 de abril, inusualmente fresca porque estamos en primavera, los cubanos bramaron frente a los televisores, no porque Luis Posada Carriles salió de una cárcel norteamericana con libertad condicional, sino porque Industriales perdió frente a Santiago por KO.

 

Al gobierno cubano lo abandonó la suerte en un momento álgido de su nueva telenovela: la de Posada Carriles. La Serie Nacional de Béisbol le robó la audiencia. (…)

 

La propaganda oficial ha tenido que buscar un remedio urgente para insertar su campaña en la fiebre beisbolera. Durante la transmisión televisiva de los juegos por Tele Rebelde, con intervalos de diez o quince minutos, entre innings, pasan breves spots publicitarios donde demandan castigo para Posada Carriles y convocan al primero de mayo para una mega marcha "en demanda de justicia y en apoyo a Fidel y Raúl".

 

Comentario que no podrá leerse en las grandes agencias y los reportes de corresponsales extranjeros ubicados en La Habana, sin dudas, pero que refleja como son realmente las cosas en la Isla: no tendrá nada que ver con la “lógica” ni las extrapolaciones de conductas diseñadas por expertos de las ciencias políticas, pero así es.

 

No hay que sorprenderse. Semanas antes, cuando no habían comenzado todavía los play-offs del béisbol, Cubanálisis tuvo acceso a un reporte desde La Habana donde se decía:

 

“La población no quiere saber de política. Solo piensa que se está perdiendo un tiempo precioso, ya que existe un acoso constante a cualquier iniciativa privada, a pesar de que todo el mundo está conciente de que la diferencia de clases sociales es evidente y resulta además un proceso irreversible”.

 

Sin embargo, sea por una fascinación inevitable hacia el tirano-paciente, un izquierdismo genético, o simplemente ignorancia, se siguen presentando las informaciones como si las onzas de peso que pueda ganar el Comandante o los pasos que pueda dar en el CIMEQ fueran capaces de desvelar a los cubanos, y aún a la nomenclatura.

 

Ante la falta de información real y confiable, el análisis tiene que basarse en conocer en detalle las realidades cubanas y ser capaz de razonar basados precisamente en lo que no se informa.

 

No hace falta ser médico ni especialista español para entender puntos elementales: un paciente de ochenta años de edad, operado de emergencia el 27 de julio del 2006, no el día 31 de ese mes, todavía el 30 de abril del 2007, más de nueve meses después, no ha podido aparecer en público, disfrazarse de Comandante en Jefe ni hablarle a “su pueblo” directamente, aunque fuera por televisión.

 

El padecimiento será secreto de Estado por obra y gracia totalitaria, pero los nueve meses de ausencia pública no pueden ser ignorados. ¿Diverticulitis aguda e infectada? ¿Cáncer? ¿Ambas cosas a la vez?

 

¿Qué más da? ¿En que cambian las cosas de una manera o la otra? Lleva nueve meses sin aparecer en público.

 

Cuando John Negroponte, entonces “zar” de la inteligencia de Estados Unidos, declaró en el 2006 que a Castro le quedaban “meses de vida, no años”, la fantasía y el deseo vieron un mensaje, que no existió, de que moriría antes de fin de año. Muchos, además de “Granma”, insisten en la gran “equivocación” de los servicios de inteligencia de Estados Unidos en ese análisis, que sin embargo era un análisis de inteligencia y no predicción de astrólogo.  No se trata de defender al señor Negroponte ni a los servicios de inteligencia de Estados Unidos, pero ¿dónde está el error? ¿Quién es capaz de decir el día que puede morir Fidel Castro, o ni siquiera aseverar lo contrario, que a Castro le quedan “años de vida, no meses”? Solamente Carlos Lage.

 

Excelentes médicos y especialistas de diversos países, sin disponer de información confiable, y basados solamente en las imágenes que transmite el gobierno cubano, cuando las transmite y como las transmite, y sabiendo que son imágenes editadas, cortadas y diseñadas a conveniencia de la propaganda, consideran que Castro vive una etapa relativamente terminal de su enfermedad, cualquiera que ésta sea, y que cada día que pasa su final está más cerca.

 

El deterioro físico es evidente. Hacer ejercicios, ganar de peso, recuperarse, puede ser todo cierto, pero no son más que canastas de agua que se sacan del Titanic en medio del naufragio. El video del 28 de Octubre del 2006, donde Castro aparece “saliendo” de un elevador, realizando ridículos movimientos de hombros para demostrar que “está entero”, y “dando órdenes” por teléfono, no dejan lugar a dudas de su estado físico.

 

Sobre ese video estaba claro para Cubanálisis desde el inicio que Carlos Lage y Felipe Pérez Roque se habían enterado por la televisión. Lo que concuerda con los análisis que ha presentado El Think-Tank sobre el acceso al Comandante en Cama.

 

Ahora se sabe, también, que el mismísimo Raúl Castro se enteró por la televisión, sábado en la tarde, de dicho video, y montó en cólera, naturalmente. Porque Castro ordenó hacerlo, por su cuenta, sin encomendarse a nadie. Sus colaboradores cercanos, talibanes, lo hicieron y enviaron a la televisión. Raúl Castro prohibió terminantemente mostrar en público imágenes de Castro que no fueran personalmente aprobadas por él. El video "talibán" en pocos minutos fue noticia que recorrió el planeta. El resultado, claro, fue un ridículo insuperable y un bochorno para los castristas del mundo entero: si “eso” era lo que quedaba del Comandante, nada había que hacer ya.

 

Días después, las cosas se complicaron más aún. Aparentemente, se desarrollaron infecciones: las suturas de cirugía y equipos sofisticados que supuestamente actuaban de prótesis en el organismo del Paciente en Jefe no respondieron adecuadamente. Fidel Castro fue operado de emergencia, una vez más, mientras la septisemia intentaba llevarse al Comandante consigo. Las últimas semanas de 2006 presagiaban un final inminente.

 

Conociendo mínimamente a Fidel Castro, está claro que un ego desmesurado como el suyo solamente hubiera aceptado estar ausente a los fastuosos festejos en La Habana por su ochenta cumpleaños si se hubiera estado muriendo. Por eso estuvo ausente: porque se estaba muriendo.

 

El cirujano español García Sabrido fue llamado de urgencia a La Habana. Una periodista amiga, desde Suramérica, preguntó qué había de cierto en los rumores de que Castro hubiese muerto. Desde Cubanálisis la respuesta fue concisa: “Rumores, rumores, y más rumores. Cada rumor se alimenta del anterior y da pie al siguiente. Pero en concreto, no hay nada claro. Ni nada que pueda hacer pensar que haya muerto ya. Hay que esperar”.

 

Las especulaciones se desataron en todo el mundo, y comenzaron nuevos rumores diciendo que todo el equipo médico de Castro había sido retenido en "plan payama" en sus casas, y hasta que el tirano había muerto y estaba conservado en formol para anunciar su muerte después de las ¿fiestas? de Navidad y Año Nuevo, pero en realidad Castro sobrepasó la crisis y pudo recuperarse.

 

Al aparecer nuevamente en un video con Hugo Chávez, a finales de enero 2007, estaba evidentemente mucho mejor. Hubo quien dijo, entonces, que era una filmación anterior a la enfermedad, o un doble que se había utilizado: anticastrismo genético, visceral, irreal. No tiene nada que ver con la realidad, pero cubre frustraciones de los que creen que la muerte de Castro es la solución absoluta de todos los problemas y el inicio automático del camino a la democracia.

 

Sin embargo, los médicos fuera de Cuba están señalando un hecho significativo, que explicaría la ausencia de Castro en público mucho más que la septisemia o los continuos sangrados: el desgaste mental.

 

Castro no está loco ni mucho menos, pero el exceso de anestesia por tantas operaciones, su edad, y el aparente Parkinson incipiente que le aquejaba, según criterios de la CIA, pueden haber conspirado contra su estabilidad mental. No ha perdido la razón, y puede mantener su lucidez, pero se estarían produciendo “baches” cerebrales, caracterizados por lagunas, olvidos, silencios, estados depresivos, incoherencias: algo que ya en cierta medida se había visto por televisión cuando Castro estaba “bien”. Dificultades suficientes, si se agravaron, para que el Comandante no pueda aparecer en público ni dirigirse en vivo a los cubanos ni a nadie.

 

Y se trata de un proceso irreversible: cada vez peor. Nada extraordinario en una persona de esa edad y con su estado de salud física tan deteriorado. Solo que Castro no se puede ver a sí mismo, ni tampoco lo quieren ver sus múltiples adláteres, como “ordinario”, sino extraordinario. Y no quieren aceptar, ni mucho menos reconocer públicamente, que Fidel Castro, como cualquier abuelo de vecino, está en el ocaso de su vida, en sus finales.

 

En un estado democrático no paranoico esta información sería de público conocimiento, y ya se hubieran producido las correspondientes sustituciones de acuerdo a la legislación, tras más de seis meses de incapacidad. En Cuba esa legislación existe, aunque sea una farsa jurídica, y está disponible. Pero nadie quiere ponerle el cascabel al gato, o mejor sería decir, la camisa de fuerza al Comandante. Porque Cuba no es un estado democrático, sino totalitario y paranoico, diseñado así por Fidel Castro precisamente.

 

Su autoridad moral y oficial es indiscutible y absoluta sobre todos sus subordinados directos, y ninguno sería capaz de sugerirle que ya es un momento conveniente para que renunciara a sus cargos definitivamente. Tampoco nunca nacerá de él, en función de lo mejor para los cubanos, renunciar voluntariamente de manera definitiva e irreversible a sus múltiples cargos que le otorgan un poder absoluto y categoría de semi-dios.

 

No es Deng Xiaoping, capaz de quedar como presidente honorario de la sociedad de jugadores de “brigde” aunque siempre se le consultaban los temas más importantes: Castro desea, necesita y exige títulos reales y poder real, aunque sea una sociedad de jugadores de dominó, no títulos honorarios, y mientras más, mejor. Nada de consultarle los temas más importantes, que él no es chino: decide en todos, importantes o no. Lo lleva en su DNA, no puede cambiar, mucho menos en el ocaso de su vida.

 

En estos momentos no está lo suficientemente muerto para decir que no está vivo, ni lo suficientemente vivo para decir que no está muerto. Puede escribir “reflexiones”, pero no pronunciar discursos. Recibir a un mandarín chino, pero no tomar decisiones sobre la economía. Quitarle las inversiones en la planta de níquel de Oriente a los chinos para dársela a Venezuela, pero no presidir una reunión cumbre del ALBA. A medio camino en todo, lo único que puede hacer perfectamente, y está haciendo, es estorbar y ser un freno para cualquier cosa.

 

Su relativo repunte paralizó las pocas y tímidas modificaciones que se venían llevando a cabo: Plenos del Partido, cierta flexibilidad con los campesinos, algunas críticas en la prensa. Raúl Castro hablaba de producir alimentos y mejorar el transporte. Fidel Castro de calentamiento global y de prohibir producciones de etanol.

 

Mariela Castro Espín, por su parte, opina sobre la democracia en Cuba precastrista y la represión en la UMAP (Unidades Militares de Ayuda a la Producción), cosas que no pudo conocer ni vivir por su edad, pero los periodistas se derriten por escucharla. Ahora que viaja tanto a España, ¿por qué? sería bueno preguntarle por qué se detuvieron los Plenos del Partido y si ya se les pagó a los campesinos el dinero que el Estado les adeuda y que Castro, según el Presidente del Banco, Francisco Soberón, no se apresuraba en pagar. Cuando responda que ella no sabe de esas cosas, que no es “política”, se le podría preguntar donde aprendió lo de la UMAP y la democracia en la Cuba republicana que ella no vivió, porque de eso sí habla, y en eso sí es "política".

 

Con Castro interrumpiendo todo, la sorda lucha entre los grupos de poder en Cuba se lleva a cabo en silencio, reacomodando posiciones y atrincherándose para “el día después”. Los grupos “talibanes” aprovechando que Castro aún respira y queriendo ganar y afianzar posiciones para poder resistir la embestida raulista que inevitablemente vendrá. Los “históricos” de Raúl Castro mirando de cerca a los talibanes y preparándose para pasarles la cuenta. Ramiro Valdés sabiendo que, con Fidel Castro vivo, su acomodo con Raúl Castro es menos importante y decisivo, y Ricardo Alarcón asegurando su espacio como legitimador de lo que venga: si Mariela Castro se ha convertido en vocera y habla de lo que no sabe, él, mucho más reconocido como vocero e interlocutor, también puede hablar, y mucho más que ella, pues él, de vez en cuando, habla con Castro.

 

Y Raúl Castro, después de decir, sonriente y vestido de civil, en la Feria del Libro, que el Comandante tenía un teléfono que utilizaba a menudo llamando a Lage y Pérez Roque, y no a él, afortunadamente, se retiró de las candilejas, volvió a vestir la charretera con cuatro estrellas de general de ejército, y se fue a recorrer las unidades militares, a la espera del desenlace.

 

Y a prepararse para otras cosas, que pueden ser muy problemáticas “el día después”, mucho más complicadas que barrer a los talibanes: los aniversarios de la fundación del Ejército Occidental y Central se celebraron por todo lo alto, con la presencia de Raúl Castro y el Jefe de Estado Mayor, general López Miera. El del Ejército Oriental se celebró recientemente, pero sin presencia capitalina. Ni Raúl ni los Comandantes, ni el Jefe de Estado Mayor, ni ningún “cuadro” desde La Habana. Sólo el Jefe del Ejército Oriental, miembro del Buró Político, y los otros miembros del Buró Político que radican en las provincias orientales: como si fuera asunto regional.

 

No hay que apresurar conclusiones ni hacer pronósticos sensacionalistas, pero ese hecho es muy significativo, después de tantos rumores de que el Jefe de ese Ejército no las tiene todas consigo en relación a Raúl Castro, López Miera y "Furry". De cualquier manera, para los que no lo sabían, los orientales se encargaron de hacer saber a todo el mundo en Cuba que se trata de un “señor ejército”.

 

Los talibanes necesitan a Castro respirando el mayor tiempo posible para afianzarse, Raúl Castro ya está listo: durante nueve meses ha demostrado que controla el país. Los talibanes no son fantasma para él: las posibles fisuras en las fuerzas armadas, que brotarán abiertamente “el día después”, sí lo son, y se está preparando para ello. Que ese “día después” sea mañana o dentro de seis meses, no cambia la realidad del escenario de las fisuras militares.

 

Un “iluminado” dijo recientemente en la televisión de Miami que Raúl Castro necesita que Fidel siga con vida, y alimentar continuamente el rumor de su retorno, para “ganar tiempo” y consolidar el poder. Desde noviembre del 2005 hasta mayo del 2007 son 18 meses donde el verdadero poder tuvo tiempo para consolidarse, y lo hizo. El verdadero poder es Raúl Castro y los tres Comandantes de la Revolución: Juan Almeida, Ramiro Valdés, Guillermo García. El resto es paisaje, escenografía, adorno: Carlos Lage, Pérez Roque, Otto Rivero, Hassan Pérez, no son poder. Son gobierno, administración estatal, nomenclatura, no poder. No importa lo que declaren a la prensa: cumplen órdenes del poder, pero no son poder.

 

Otros "iluminados" hablan de una eventual convocatoria al Congreso del Partido. A nada teme más la jerarquía comunista de una nación que a un congreso partidista: hay que discutir desde las bases programas y proyectos, y comienzan a emerger descontentos y propuestas de reformas. Ya Cuba lo vivió en 1997, cuando se preparaba el sexto congreso, y Castro ordenó a Machado Ventura detener el proceso, cortar por lo sano, y elaborar los documentos sin tener en cuenta la opinión de la militancia.

 

Entonces ahora, con la compleja situación existente en el país, y Castro disolviéndose lentamente como el gato de Cesshire, sólo que de él quedará no más que un rictus letal y no una sonrisa que nunca supo tener para los cubanos, los iluminados del mundo, y de Cuba y Miami, quieren creer que se celebrará un congreso del partido para "definir" los futuros acontecimientos, corriendo ese inmenso riesgo, cuando con un Pleno del Comité Central Raúl Castro y los suyos logran la misma "legitimidad" que necesitan.

 

Raúl Castro será "legitimado" histórica e ideológicamente con el apoyo de los Comandantes de la Revolución, nacionalmente con el Pleno Extraordinario del Comité Central a celebrar tras la muerte de Castro, e internacionalmente con la santificación en la Asamblea Nacional del Poder Popular: para eso están Ricardo Alarcón y Jaime Crombet, presidente y vice de la Asamblea, y ambos lo saben. Veremos donde terminan los Pérez Roque y los Otto Rivero.

 

Fidel Castro no está en condiciones de regresar, “al menos como antes”. Frase hueca: un Fidel Castro diferente, apocado, limitado, ya no es Fidel Castro. El uniforme verde olivo, la gritería, el caos y el desorden, la confrontación, quince horas de trabajo seguidas, madrugadas enteras despierto, son la imagen de Fidel Castro, su autoridad, lo que lo define ante Cuba y ante el mundo. Un uniforme deportivo no: es solamente un "plan payama" enmascarado.

 

Un Castro en uniforme deportivo o traje de civil, sentado en la poltrona, recibiendo a un Jefe de Estado o firmando un decreto, mientras Chomy le da las pastillitas a tomar y le mide la presión, o el Dr. Selman o una enfermera lo inyecta en la vena y le toma la temperatura, no es el Comandante en Jefe que se forjó una leyenda de infatigable ante el mundo y tiene suficientes seguidores que lo endiosan. “Adidas” no sustituye su uniforme militar. Ni la pasividad de “abuelo sabio” que le endilga Evo Morales valen para un líder caracterizado por el torbellino y la confrontación.

 

El mismo Castro se cerró las puertas con su video de octubre 28 del 2006, demostrando que estaba acabado, con una imagen lastimosa y decrépita. El Castro físico se suicidó ese día. Todo lo otro que se ve es maquillaje histórico, propaganda, leyenda. No por lo mal que estaba en esa fecha, sino por su empecinamiento en filmar ese video.

 

Pero el Castro político también se ha suicidado lentamente, a plazos, con su silencio y su alienación de la realidad: si en nueve meses no ha sido capaz de dirigirse ni un instante a los cubanos, ¿hace falta a esta altura que lo haga? En definitiva, ya todos saben que se puede vivir sin Fidel Castro, y no pasa nada o, al menos, las cosas no se ponen peor. Y si donde escasea la comida, el transporte y la tranquilidad, el Comandante reaparece para hablar de calentamiento global y etanol, de genocidio alimentario de tres mil millones de seres humanos y de que no se puede utilizar la caña ¿qué caña? para producir combustibles, es mejor que no hable a los cubanos más nunca.

 

Durante medio siglo ha desarrollado un culto a la personalidad sin precedentes en el hemisferio occidental, y la Cuba oficial gira alrededor de ese culto: basta leer la prensa oficial, cualquier día, cualquier medio, para comprobar esta verdad.

 

Sin embargo, ¿que va quedando en la imagen y el recuerdo, en la memoria de los cubanos? Un deteriorado anciano que finge salir de un elevador y mueve los hombros como muñeco de cuerda, descuidado en su aspecto y caminando torpemente, que de vez en cuando se dice que llama a sus administradores, habla con líderes extranjeros sobre temas que no interesan a la población o escribe en “Granma” sobre asuntos que, en realidad, nadie se toma en serio.

 

Para un abuelo cualquiera en el seno familiar esto sería aceptable hasta que llegara el desenlace. Para quien pretende ser líder de América y el Tercer Mundo, dictar cátedra sobre economía, alertar sobre genocidios multimillonarios, crear vacas de cien litros de leche diarios, cambiar constituciones en América Latina, no pagar la deuda externa, y seguir viviendo en la pasada mitad del siglo XX y en la guerra fría es, simplemente, inaceptable.

 

Hasta el 29 de abril, cuando estas líneas se escriben, no ha aparecido en público. Carlos Lage llegó a la cumbre del ALBA en Barquisimeto con una carta de Castro y dijo que antes de partir hacia Venezuela había estado reunido durante dos horas con el Comandante en Cama.

 

La predicción de Evo Morales, como todas las que han hecho todos en todo el mundo sobre su reaparición en nueve meses, quedó en nada. Podrá aparecer a última hora en video o telefónicamente en la cumbre del ALBA, tal vez, pero no cambia nada.

 

Hugo Chávez, vulgar como siempre, dijo en la inauguración de la cumbre que Castro parece “un cuarto bate”. Incontinente verbal, como de costumbre, quiso alabar a su mentor, y lo describió como el "Gran Timonel" del ALBA, frase con la que se designaba a Mao Tse Tung en sus tiempos de franca decadencia y deterioro. Después quiso ser visionario, pero se le escapó una frase típica de los epitafios políticos comunistas: “Fidel estará siempre donde haya un pueblo luchando por su dignidad”. Eso significa que puede estar en todas partes, todo el tiempo. Traducción a la realidad: en ninguna parte, nunca.

 

Podrá escucharse tal vez una grabación el Primero de Mayo. Pero quienes esperan verlo desfilar en la Plaza, o al menos que esté presente, aún disfrazado de deportista y bajo una sombrilla que lo proteja del sol, se desilusionarán una vez más.

 

No hay que ser sabio ni adivinador: ya “Granma” hubiera publicado el titular: “Todos a la Plaza con Fidel el Primero de Mayo”. Es así de sencillo.

 

Y si, después de todo, apareciera, ¿qué demostraría? Que fue capaz de pararse y caminar un par de horas, o mantenerse de pie viendo el desfile, o sentado. Eso basta para demostrar que está vivo, ciertamente, pero no para dirigir un país. Mucho más cuando se detentan todos los máximos cargos del Estado, el gobierno y el partido.

 

La era de Fidel Castro ha terminado, irremisiblemente. La vida política de Fidel Castro ha terminado. Irreversiblemente.

 

Quienes vengan después, quienes sean, tendrán que hacerlo a su manera, cargando con el pesado fardo de su presencia física y sus interrupciones desde el hospital; alabando su memoria después del fallecimiento para dar más de lo mismo, como en Corea; o utilizando su nombre y la leyenda como escudo protector para hacer cambios que representen todo lo contrario, como en China o Vietnam. O simplemente lanzándolo por la borda y enrumbando al país hacia la democracia y la prosperidad.

 

Los periodistas cándidos y los "analistas" de segunda seguirán persiguiendo a Mariela Castro como “papparazzis”, especulando sobre la reaparición de Castro, preguntándole a Ricardo Alarcón cuando puedan, realizando más análisis superficiales, indagando con Evo Morales y Hugo Chávez sobre lo que no saben. Es asunto de ellos si no han aprendido en nueve meses.

 

Lo más sencillo no se puede, o no se quiere entender: se acabó, it’s over, c’est fini, é finito.

 

No hay regreso para Fidel Castro.