Cubanálisis El Think-Tank

ARTÍCULO ORIGINAL PARA EL THINK-TANK DE CUBANÁLISIS

   

 

 

                                Dr. Eugenio Yáñez

                                                                                                                                                            

 

NEOCASTRISMO, DIPLOMACIA “REVOLUCIONARIA” Y WIKIBOBERÍAS

 

El canciller del régimen cubano acaba de declarar en la inútil Cumbre Iberoamericana de Mar del Plata, Argentina, que las recientes filtraciones de WikiLeaks han sacado a la luz pública lo que denominó como “escandalosos secretos”, demostrando que el gobierno de Estados Unidos “confundía diplomacia con espionaje”, y haciendo referencia a una supuesta “diplomacia imperial, llena de arrogancia, cinismo e hipocresía”. Posteriormente, mostró dos documentos “secretos” de los filtrados (con lo cual dejaron de ser secretos) para demostrar, según dijo Telesur, “el interés de Washington de obstaculizar la operación médica que Cuba lleva adelante en varias naciones de Latinoamérica y el mundo”, aunque la televisora no consideró necesario abundar en esa información ni el contenido de los cables, como si bastara con la palabra del diminuto canciller.

Las declaraciones parecerían surgir por parte de un dechado de virtudes y honestidad a toda prueba, como si la diplomacia de la dictadura cubana fuera más pura que la Madre Teresa, más humilde que Jesucristo, o más profesional que Albert Einstein. Sin embargo, basta una rápida mirada a muchos “diplomáticos” del régimen, sobre todos a los llamados “políticos”, que recuerdan más a karatecas y secuestradores que a funcionarios de los servicios exteriores de cualquier país.

 

Evidentemente, esa confusión a que hace mención el flamante canciller del régimen no ha existido nunca para la dictadura cubana, pues su diplomacia, forjada en la mejor tradición del totalitarismo soviético desde 1917, se ha subordinado siempre, absolutamente y sin cuestionamientos, al trabajo de los servicios de inteligencia del régimen durante medio siglo, disfrutando convenientemente de la inmunidad que brinda la actividad diplomática en todo el mundo para llevar a cabo sus operaciones clandestinas.

 

LA DIPLOMACIA “REVOLUCIONARIA” DEL CASTRISMO

 

Y no solamente la diplomacia: también el comercio exterior, la cultura, la colaboración científico-técnica, el deporte, la prensa, la medicina, el transporte, la enseñanza, y prácticamente todos los sectores con actividades o funcionarios en el exterior, han tenido que actuar continuamente como cobertura imprescindible y a la vez como tributarios de información de los servicios de inteligencia del régimen, que además no se limitan a la simple recolección de información, sino que coordinan, organizan y promueven todo tipo de actividades, legales o no, en función de los intereses estratégicos de la dictadura, desde el reclutamiento de funcionarios de gobiernos extranjeros hasta la entrega de dinero en efectivo a diversos grupos “revolucionarios”, pasando por la organización y coordinación de acciones subversivas y paramilitares.

 

La agencia de noticias Prensa Latina, el Ballet Nacional de Cuba, los corresponsales de prensa cubanos destacados en el exterior, los consulados y representaciones comerciales cubanas en todos los países del mundo, las múltiples empresas “privadas” que funcionan en Panamá, Bahamas, Angola, Namibia, Medio Oriente, Europa y Asia, continuamente canalizan información al aparato y sirven de cobertura a una parte importante de sus actividades de inteligencia.

 

El Departamento de América del Comité Central del Partido Comunista cubano, fachada “política” del servicio de inteligencia, incorpora sus funcionarios en las delegaciones políticas, técnicas, comerciales, económicas y de cualquier tipo que visitan países de América Latina, lo mismo para participar en un congreso de un partido de izquierdas que en una delegación técnica del ministerio de Agricultura o un evento de carácter cultural.

 

En valijas diplomáticas partieron desde Filipinas hacia La Habana semillas de arroz de la variedad IR-8, ilegalmente obtenidas para dar inicio a los planes arroceros del régimen en los años sesenta del pasado siglo, cuando los camaradas chinos de Mao Zedong cortaron los suministros de arroz al país, molestos por la ayuda y apoyo del régimen a los vietnamitas, para quienes, por cierto, la dictadura abrió la primera embajada en la selva y otorgó reconocimiento diplomático al gobierno guerrillero del Vietnam del Sur.

 

En valijas diplomáticas también viajaron desde Beirut hacia La Habana innumerables tesoros y obras de arte de El Líbano, escandalosamente saqueadas y robadas cuando una cruel guerra civil desgarraba a esa nación en los años setenta.

 

En dirección contraria, también en valijas diplomáticas, viajaron armas desde La Habana a las embajadas cubanas en Chile, Venezuela y Nicaragua, así como tabacos habanos de altísima calidad, como regalo de Fidel Castro al dictador español Francisco Franco y al sátrapa iraquí Sadam Hussein.

 

¿Nadie recuerda los escándalos en la Causa # 1 de 1989, que terminó con el fusilamiento del general Arnaldo Ochoa, o la Causa # 2 del mismo año, que envió a prisión –y eventual fallecimiento- al entonces ministro del interior, general José Abrahantes? De lo poco que se hizo público en aquel bochornoso espectáculo tratando de limpiar la imagen internacional del régimen, enredado hasta los tuétanos en el narcotráfico, se pudo conocer la impunidad y desparpajo con que los oficiales del régimen operaban bajo cobertura de la diplomacia para llevar a cabo operaciones delictivas condenables y condenadas en todo el mundo.

 

Desde los primeros años del gobierno revolucionario las embajadas cubanas en el exterior fueron concebidas como puntas de lanza del castrismo en todo el mundo. En los años sesenta del siglo pasado, las embajadas en Argel (Argelia) y El Cairo (Egipto) fueron los centros principales de la inteligencia cubana en África y Medio Oriente, y tuvieron una participación decisiva en la promoción y la organización de la “solidaridad” con los movimientos anticolonialistas africanos.

 

Desde la embajada en Argelia surgió el famoso cable de “envíame naranjas”, con el que el entonces embajador del régimen solicitaba el envío de tropas y armamentos para apoyar al gobierno de Ahmed Ben Bella cuando se produjo el enfrentamiento entre Maruecos y Argelia en 1963.

 

Argel fue el centro organizativo y conspirativo para la preparación de la aventura africana de Ernesto Che Guevara en 1965, en coordinación con la embajada cubana en Dar-es-Salam, que anteriormente había participado directamente en la organización y ejecución del derrocamiento del sultán de Zanzíbar, para unir ese enclave a la entonces Tanganyka y dar paso a la creación de la República Unida de Tanzania.

 

La embajada del régimen en Tanzania dio cobertura logística a los combatientes cubanos que llegaban vía Praga, El Cairo y Nairobi, para incorporarse a las guerrillas de “Tato” (Che Guevara), en el entonces Congo recientemente emancipado de Bélgica. Y en esa misma embajada se refugió el fracasado condotiero argentino cuando, unos pocos meses después, derrotado, enfermo y tras haber perdido más de cuarenta kilogramos de peso, tuvo que abandonar la aventura “emancipadora” y dirigirse secretamente a Praga, en la entonces Checoslovaquia “socialista”, a reponer su salud y su espíritu tras el estrepitoso fracaso.

 

En América Latina, desde los primeros momentos, la embajada del régimen en Ciudad México, que fue la única que el régimen pudo mantener continuamente en América Latina, cobijó el centro de inteligencia más extenso y equipado del castrismo, enfocado contra Estados Unidos, y por la embajada ubicada en el exclusivo barrio de Polanco pasaron desde el norteamericano Lee Harvey Oswald solicitando visa hasta prominentes guerrilleros urbanos latinoamericanos con falsas coberturas, así como funcionarios de la KGB soviética destacados en Latinoamérica.

 

La embajada en Santiago de Chile, reabierta en 1970 tras haber sido cerrada en 1964 por el gobierno chileno en cumplimiento de acuerdos de la OEA, resultó más un almacén de armamentos que una legación diplomática, lo que pudo comprobarse claramente tras el golpe de estado de septiembre de 1973 contra el presidente socialista Salvador Allende, cuando el régimen de Augusto Pinochet rompió de inmediato las relaciones con Cuba y los “diplomáticos” cubanos fueron expulsados, teniendo que dejar los edificios de la embajada al cuidado del ahora “empresario” chileno en desgracia Max Marambio. La caravana “diplomática” cubana que entonces tuvo que dirigirse al aeropuerto de Pudahuel recordaba mucho más un convoy militar que una salida forzada de diversos funcionarios del servicio exterior.

 

La actitud de la embajada castrista en Caracas en abril del año 2002, cuando Chávez fue sacado del poder, es un claro ejemplo de intromisión y conducta proconsular del régimen de La Habana en los asuntos internos de Venezuela, así como de la acumulación de armas y pertrechos militares en la legación diplomática, al amparo de la inmunidad establecida para esas actividades por las convenciones internacionales, que nunca fue concebida para eso ni protege ese tipo de acciones sediciosas.

 

Anteriormente, las embajadas en Caracas, Buenos Aires, Lima y Brasilia (o Río de Janeiro en su momento), dieron cobertura, hasta su cierre forzado por la ruptura de relaciones por parte de los gobiernos de esos países, a diversos movimientos guerrilleros rurales y urbanos de Venezuela, Argentina, Perú y Brasil, y protegieron a centenares de guerrilleros y conspiradores de prácticamente todos los países latinoamericanos. La embajada en Bogotá mantuvo estrechas relaciones con los movimientos guerrilleros de Colombia hasta la ruptura de relaciones diplomáticas, y tras su reapertura años después se repitieron estas actividades, hasta nuestros días. 

 

El carácter “diplomático” de la embajada del régimen en Saint George, Grenada, quedó al descubierto en 1983, cuando se produjo el derrocamiento del primer ministro Maurice Bishop y la subsecuente invasión de tropas estadounidenses bajo el gobierno de Ronald Reagan, así como en la embajada en Ciudad de Panamá tras al derrocamiento del narco-general Manuel Antonio Noriega en 1989, bajo el gobierno de George H Bush.

 

Tampoco Europa escapó a los proyectos “diplomáticos” del régimen. Las embajadas en Madrid, París, Estocolmo, Roma, Praga y Viena, fueron siempre centros de inteligencia, de contacto de guerrilleros y actividades subversivas latinoamericanas en Europa, de comunicaciones y transmisión de información, de propaganda, y de reclutamiento de nacionales de esos países para que actuaran al servicio de “la revolución” y divulgaran las “verdades” del régimen.

 

A pesar de múltiples solicitudes de los países afroasiáticos al régimen cubano para que interrumpiera sus relaciones con Portugal, enfrascado entonces en la guerra contra los movimientos independentistas en Guinea Bissau, Mozambique y Angola, la embajada del régimen en Lisboa fue mantenida, bajo el pretexto de que el cerco diplomático de Estados Unidos contra el gobierno cubano no permitía darse el lujo de cerrar ninguna embajada, después de que en América Latina solo se mantenía abierta la de Ciudad México.

 

Eso no le impidió al régimen, sin embargo, para ganarse el apoyo de los países árabes, romper abruptamente las relaciones con Israel en 1973, en medio de la Cumbre de los No Alineados celebrada ese año en Argel, ni posteriormente reconocer apresuradamente al MPLA angoleño y al régimen tiránico de Mengistu Haile Mariam en Etiopía cuando se disponía a enviar los cuerpos expedicionarios cubanos a participar en guerras africanas en las que Cuba no tenía ninguna razón para inmiscuirse, más allá de intereses estratégicos del régimen para su propio beneficio.

 

A pesar de este interminable historial, mencionado aquí solo de manera apresurada, parcial e incompleta, el señor canciller del régimen considera necesario hacer énfasis en la “arrogancia, cinismo e hipocresía” de Estados Unidos, y desconocer olímpicamente la inmoral conducta de la diplomacia “revolucionaria” durante medio siglo. (Quien desee conocer en detalles el currículum detallado de la “diplomacia” castrista en todo el mundo debe consultar el libro “Las guerras secretas de Fidel Castro”, de Juan F Benemelis).

 

LOS VERDADEROS HIPÓCRITAS

 

Por otra parte, verdadera hipocresía y cinismo sin límites es no darse por enterado el señor canciller de que en esas mismas filtraciones de Wikileaks se hace referencia a la actuación de los oficiales de la seguridad -no solamente de inteligencia- cubanos en la Venezuela de Hugo Chávez, ni del “turismo de salud” que desde hace muchos años practican en Cuba socialista terroristas de la ETA española y de grupos de las FARC (Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia) y el ELN (Ejército de Liberación Nacional) colombiano.

 

Es cierto que muchas de estas revelaciones no son realmente noticias, pues se trata de informaciones que se conocían desde hace mucho tiempo, aunque El País, de España, El Nuevo Herald, en Miami, y varios otros órganos de prensa en América Latina, parecería como que se desayunan ahora con lo que documentan sobre el tema estas “filtraciones”.

 

No hacen falta fuentes secretas para conocer de esas realidades, ni siquiera una aguda perspicacia periodística: basta saber leer y escuchar, y utilizar un poco la memoria, pues en diferentes ocasiones fue el mismísimo Fidel Castro quien hizo referencia a la presencia de los etarras en Cuba tras un acuerdo con el gobierno español del entonces presidente Felipe González. Sobre el tema, además, se habló bastante alrededor de la defenestración de Carlos Lage y Felipe Pérez Roque, al conocerse la detención del compinche cubano de ambos, Conrado Hernández, promotor de los intereses del país vasco en Cuba, y la subsiguiente expulsión de los oficiales de inteligencia españoles del Centro Nacional de Informaciones, destacados en Cuba por el gobierno español para el control de los etarras, y que tras unos meses de ausencia y bastante cantinfleo del entonces ministro de exteriores Miguel Ángel Moratinos, fueron autorizados a regresar a la isla.

 

Por otra parte, el régimen ha justificado en varias ocasiones, a través de Fidel Castro, la presencia de narco-guerrilleros colombianos en el país, con el pretexto de estar contribuyendo a que se lleven a cabo conversaciones de paz entre el gobierno colombiano y los subversivos. Bajo este subterfugio se escudan, además, los combatientes que van a la isla a reponerse físicamente, descansar, recibir tratamiento médico, entrenarse, transmitir solicitudes de ayuda, o forjarse leyendas para operar internacionalmente, así como familiares de los subversivos, que reciben becas de estudio o tratamientos médicos a los que no siempre tienen acceso los cubanos.

 

No debe perderse de vista que aunque el muy deteriorado dictador vitalicio Fidel Castro expresó enseguida que “Estados Unidos está envuelto en un colosal escándalo como consecuencia de los documentos publicados por Wikileaks, cuya autenticidad -independientemente de cualquier otra motivación de ese sitio web- nadie ha puesto en duda”, y el incontenible Hugo Chávez salió de inmediato a condenar al “imperio” tras conocerse las primeras filtraciones de Wikileaks, llegando a decirle a la secretaria de Estado norteamericana, Hillary Clinton, que renunciara, ambos pasaron muy rápidamente a una posición más discreta cuando comenzó a conocerse que los documentos colgados en la red de redes no se referían solamente a Estados Unidos y otras potencias imperialistas, sino que abarcaban bastantes países, entre ellos también Cuba y Venezuela, y muchas de las cosas que se dicen sobre los regímenes de La Habana y Caracas en esos documentos, aunque ya fueran conocidas por muchos, para nada resultan del agrado ni conveniencia ni del Comandante en Jefe ni del teniente coronel “bolivariano”.

 

En realidad, la verdadera hipocresía no radica en el contenido de los documentos, sino en quienes pretenden establecer un doble rasero para evaluar la la actividad diplomática de Estados Unidos y del resto del mundo. Y en quienes pretenden ignorar el enorme daño que las filtraciones han hecho a la guerra contra el terrorismo, en Yemen, por ejemplo, al conocerse que el presidente de esa nación pidió a EEUU que bombardearan a los terroristas de al-Qaida en la península arábiga, agrupación definida como amenaza terrorista mayor, pero que se dijera que era el gobierno yemenita quien lo hacía para evitar reacciones de la población contra ese gobierno por apoyar a Estados Unidos. Por si fuera poco, la publicación de informes donde se develan instalaciones y sitios del mundo que, por una razón u otra, Estados Unidos considera estratégicos para su seguridad nacional, le facilita el trabajo a los (demás) terroristas.

 

¿Es que los antiimperialistas en todo el mundo pretenden desatar los perros de la guerra, pero que no muerdan? ¿Es válido actuar impunemente contra Estados Unidos y las democracias occidentales y suponer que no debe haber apropiadas respuestas contundentes?

 

¿Por que el escándalo en El País, en España? ¿Es que ningún diplomático español se interesa por la salud de los jefes de estado en los países donde están asignados? ¿O es que acaso ningún agregado militar español busca información sobre las fuerzas armadas en el país donde se encuentra? ¿Para que son asignados entonces? ¿Para participar en recepciones y colocar ofrendas florales solamente?

 

¿Por qué el alboroto del canciller del régimen cubano? ¿Es que ningún funcionario diplomático cubano declara una cosa a la prensa del país donde trabaja, sabiendo que lo que está anunciando nunca se concretará, pues va contra los intereses estratégicos de su gobierno? ¿O no miente ninguno cuando acusa a Orlando Zapata Tamayo o Guillermo Fariñas de vulgares delincuentes comunes?

 

¿Es que acaso debemos creer a cal y canto todo lo que declaren todos los diplomáticos chinos, rusos, hindúes, ingleses, brasileños, noruegos, surafricanos, o de cualquier país, en Naciones Unidas, una cumbre mundial, una conferencia, una entrevista, o cualquier foro público? ¿Debemos creer al presidente Lula cuando compara a Zapata Tamayo con los malandros de las cárceles de su país? ¿O pretenderemos que las comunicaciones de trabajo en los servicios exteriores de cualquier país se realizan en lenguaje de catecismo?

 

¿Nadie de los ofendidos por el lenguaje de los cables filtrados recuerda la opinión transmitida desde La Habana por Ariel (Fidel Castro) a Ramón (Che Guevara) en Bolivia, sobre la conferencia de OLAS en La Habana? Decía textualmente: la delegación boliviana fue una mierda”. ¿Hipocresía? ¿Cinismo? Nada de eso: lenguaje abierto y claro, para que no haya confusiones.

 

LAS SUPUESTAS AMENAZAS DE ASESINATO AL FUNDADOR DE WIKILEAKS

 

Ya muchos antiimperialistas han sugerido en lenguaje sibilino que el gobierno norteamericano podría intentar asesinar al creador de Wikileaks: eso forma parte de la eterna y permanente condena por anticipado al “imperio”, por cualquier razón. Recuerdan demasiado los supuestos más de seiscientos intentos de asesinar a Fidel Castro.

 

Para sazonar la idea, el ciber-chismoso declara haber recibido muchas amenazas de muerte. Puede ser cierto, energúmenos no escasean en el mundo, desde la extrema izquierda a la extrema derecha, pero de ahí a que el gobierno norteamericano pretenda asesinarlo hay mucha distancia, aunque los anti-norteamericanos no abunden en ese aspecto.

 

Por ejemplo, ya el “distinguido” profesor norteamericano Noam Chomsky, que a comienzos de la década de los setenta del siglo pasado tuvo que ver con la filtración y publicación de “Los papeles del Pentágono”, ha declarado sobre las publicaciones de Wikileaks que “…lo que eso revela es el profundo odio a la democracia por parte de nuestra dirigencia política”. Sin embargo, en realidad lo que revela su declaración es el profundo odio de Wikileaks, Chomsky, y otros como él, a la democracia en todo el mundo. 

 

Aunque en el primer momento muchos pensaron que Estados Unidos salía muy mal parado con estas revelaciones, poco a poco se va haciendo claro que no es precisamente Washington el único que debería preocuparse por esas revelaciones. Muchos otros, entre ellos los más escandalosos, no se están sintiendo nada cómodos con las revelaciones que siguen saliendo a flote. Y aunque el trabajo diplomático, evidentemente, requiere transparencia, no será Estados Unidos el más perjudicado en un destape general de informaciones diplomáticas en todos los países del mundo.

 

Estados Unidos está enfrentando al fundador de Wikileaks, y buscando la manera de castigarlo por la publicación de materiales restringidos ilegalmente obtenidos. Ciertamente, con retraso, pues ya meses atrás ese señor develó documentos que afectaban seriamente los esfuerzos de guerra de Estados Unidos en Afganistán e Irak, sin que se hiciera nada en concreto para combatirlo. Pero mejor tarde que nunca.

 

El daño a muchas personas y países es evidente. Porque aunque los periódicos que están publicando las filtraciones se cubren con la hoja de parra de censurar nombres y fuentes, en las páginas digitales de Wikileaks tales nombres y fuentes aparecen abiertamente mencionados, con todas sus letras. ¿De qué sirve entonces que los periódicos muestren mesura?

 

De ninguna manera puede permitirse que un advenedizo ponga en peligro la seguridad nacional de la nación más poderosa de la Tierra y sus aliados, aunque todo haya que hacerlo dentro de la ley: esa es una diferencia fundamental entre la forma de actuar de Estados Unidos y las democracias occidentales y la de los tiranuelos de toda laya que tanto simpatizan a los Chomsky y compañía.  

 

Por el momento, el publicista de los cables tiene dos acusaciones por parte de la justicia sueca por violación y acoso sexual: nada demasiado heroico para la imagen edulcorada que pretende construirse, aunque, naturalmente, dice que son fabricaciones en represalia por su osadía. Se le debe considerar inocente de esos cargos hasta que se demuestre su culpabilidad. Ya se verá, pero no le será fácil sindicar a la justicia sueca como tendenciosa o parcializada, o ejecutando represalias políticas, como ya ha insinuado su abogado.

 

Pretendiendo dar protagonismo y dramatismo a su patética y cínica posición, el payaso australiano acaba de declarar en una entrevista online: “Si nos pasa algo, las partes más decisivas (de los despachos de la diplomacia estadounidense) serán publicadas automáticamente”, como si Estados Unidos y las democracias occidentales actuaran como los antiimperialistas que tanto le simpatizan. Nótese el “si nos pasa algo” en vez del gramaticalmente adecuado “si me pasa algo”, que sería más correcto utilizar en este caso, pero es que está ansiando colectivizar en abstracto su responsabilidad.

 

El paquete compuesto por 250 mil cables internos de Estados Unidos ha sido enviados de forma encriptada a más de 100 mil personas, declaró, además de que varios medios tienen acceso a la información. ¿Puede garantizar este personaje que ninguno de los 100,000 receptores que menciona será capaz de descifrar esa información en algún momento, aunque a él no le suceda nada? ¿Es que se considera el rey de la cibernética y el cifrado?

 

Se ve a sí mismo como un héroe popular o Robin Hood de la información, aunque en el fondo no sea más que un excéntrico disfrutando sus quince minutos de fama. En el colmo de la payasada patética, declaró en un foro en internet del diario británico The Guardian: “El mundo se convertirá en un mejor lugar. ¿Sobreviviremos? Eso depende de ustedes”.

 

Sólo una persona que está dispuesta a mostrar valor en público puede motivar a los informantes a asumir riesgos en favor del bien común”, afirmó desde su escondite, con pelo teñido en un remedo de James Bond de pacotilla, quien hasta este momento ha mostrado cualquier cosa menos valor en público ni transparencia en su vida personal. Para rematar su colosal fanfarronería, al día siguiente declaró que el Presidente Obama debería renunciar.

 

¿Los abundantes antiimperialistas furibundos pueden suponer lo que pasaría si este señor develara masivamente secretos que puedan afectar la estabilidad o la seguridad nacional del Kremlin, el gobierno chino, la monarquía norcoreana, la teocracia iraní o la Seguridad del Estado cubana?

 

¿Cuánto tiempo de vida, pensando realistamente, aunque se escondiera en una cueva en la frontera afgano-pakistaní o en la bolsa de un canguro australiano en el desierto de Simpson, se le podría dar al publicista de los ya célebres más de 250,000 cables, después de atacar directamente y con saña, como ha hecho varias veces contra Estados Unidos, a algunos de los anteriormente mencionados gobiernos?

 

¿Qué tiempo demoraría la visita de los muchachos de la 5ta Dirección del Ministerio del Interior cubano, de la Spetsnaz rusa, de la guardia revolucionaria iraní, de las fuerzas populares de la policía armada china, o de las fuerzas de operaciones especiales norcoreanas, para modificarle la salud al ciber-chismoso? De eso no se habla por los antiimperialistas.

 

CAUTELA NEOCASTRISTA

 

En La Habana, sin embargo, el neocastrismo ha sido cuidadoso en sus declaraciones.

 

Con excepción de lo dicho por el canciller en la Cumbre Iberoamericana, donde nadie se había atrevido a tocar el tema, y que resulta a la vez un foro que el régimen no se toma demasiado en serio, y la declaración de un canciller demasiado mediocre que puede ser desautorizado y defenestrado en cualquier momento si fuera necesario (aunque de seguro que esa alegre declaración no fue inspiración suya, y mucho menos inconsulta), no se ha dicho nada más.

 

Los escándalos en la Mesa Redonda de la televisión cubana, y en el periódico “Granma” y la infinidad de órganos de prensa locales que lo reproducen y nada más, son para consumo interno de la población y para reforzar la propaganda del régimen. Ni hay cultura periodística ni personas con talento para elaborar análisis realmente balanceados y objetivos de las consecuencias y posibles derivaciones de estas filtraciones, y mucho menos para publicarlos.

 

Y, por otra parte, esos escándalos ni derriban marabú, ni producen alimentos, ni mejoran siquiera ligeramente las terribles condiciones de vida de los cubanos, ni pueden conseguir financiamiento o credibilidad para el régimen.

 

Y esos si son los puntos, los publiquen o no “Granma” o Wikileaks, que preocupan muy seriamente al neocastrismo en estos momentos.

 

Mucho más que la breve mini-huelga de cocheros en Bayamo provocada por un aumento de impuestos, que terminó tan pronto las autoridades municipales prometieron no subir esos impuestos y ayudar a los cocheros en la alimentación de los caballos y la reparación de sus coches. Y que la ruidosa protesta en un cine de Santa Clara por el juego de fútbol Barcelona-Real Madrid por el que se cobró pero que no se transmitió.

 

Son dos situaciones novedosas, sin dudas, que no habían sucedido durante muchísimos años, pero hay que evaluarlas con serenidad. Los deseos y las emociones no pueden sustituir las realidades del análisis ecuánime. No puede desconocerse, tampoco, que ambas situaciones fueron rápidamente controladas por el régimen, combinando hábilmente zanahorias y garrotes.

 

Sobre el tema hubo de inmediato ingenuos cantos de sirena y agradables ilusiones de unos cuantos bienintencionados, mientras que, por su parte, algunos “expertos” sobre temas cubanos en Miami, para no perder la costumbre, se desgañitaron gritando, comentando y pronosticando tremendismos y terremotos al doblar de la esquina. Hubo quien habló hasta de mil cocheros en huelga en Bayamo, aunque es difícil que en toda Cuba existan más de mil cocheros en total. Pero, a falta de pan, casabe. Y a falta de análisis, alboroto.

 

Porque esos son escenarios mucho menos trascendentes que el que crearía una eventual propuesta abiertamente contestataria que se considere “fuera del seno de la revolución”, o tal vez alguna otra de corte libertario o de autogestión, desde posiciones de izquierda “revolucionaria”, que pueda surgir inesperadamente de cualquier boca, en cualquier lugar, en cualquier asamblea de discusión de los lineamientos para el próximo congreso del partido, y que reciba claro apoyo de los participantes frente a la línea oficial.

 

Y, si fuera así, el escándalo mundial desatado por las filtraciones de Wikileaks le parecería un juego de niños a los jerarcas de la gerontocracia en el Palacio de la Revolución, y a sus herederos.