Cubanálisis El Think-Tank

           ARTÍCULO ORIGINAL PARA EL THINK-TANK DE CUBANÁLISIS

   

Dr. Eugenio Yáñez, Estados Unidos

 

 

 

Negociando hasta con el Diablo

 

¿Habrá sido subestimado Raúl Castro en estos casi ocho años que lleva en el poder? ¿Es en realidad tan inepto como parece en ocasiones, sobre todo cuando trata de justificar esa lentitud propia de nadar en piscina de leche condensada en que se mueve su proyecto de “actualización” del modelo?

 

¿O acaso sería tan sutil y tenebroso que bajo la apariencia a veces de un asustado corderito en la pradera internacional se oculta un frío y eficaz calculador y ejecutor de importantes decisiones geopolíticas estratégicas que permitirían posicionar a su régimen para muchísimos años de estabilidad y permanencia, ignorando los intereses del pueblo cubano, los opositores y los exiliados?

 

No hagamos como siempre, de querer llegar a conclusiones anticipadamente y pretender saber la respuesta aunque ni siquiera se conozca la pregunta, y analicemos toda una serie de elementos e informaciones que nos puedan ayudar a comprender mejor la realidad de nuestra patria en estos tiempos del cólera y de otoños del patriarca.

 

Es cierto que el régimen cubano se gasta casi dos mil millones de dólares anuales importando alimentos porque la agricultura y la ganadería no acaban de despegar; que las ciudades se derrumban a pedazos por falta de recursos y mantenimiento; que el transporte público es un desastre en todas sus versiones, tanto ómnibus, ferrocarril y aviación como marítimo; que la salud pública funciona cada vez peor mientras epidemias e insalubridad avanzan por todo el país cuando decenas de miles de médicos y trabajadores de la salud prestan servicios en el extranjero; que buena parte de la educación primaria y secundaria se basa en profesores improvisados que no son capaces ni de enseñar ni de formar nuevas generaciones.

 

Además, que los precios mantienen su interminable espiral ascendente mientras la doble moneda erosiona cada vez más la capacidad de adquisición de los cubanos, al extremo de que se calcula por economistas oficialistas que hasta el 80% de las entradas de una familia de ingresos medios o bajos se destina hoy a la compra de alimentos; que la corrupción, la malversación, el robo y el desvío de productos de propiedad estatal campea por sus respetos a lo largo y ancho de la Isla; y que las reservas de moneda fuerte en las arcas nacionales, al menos en lo que se puede conocer por informaciones oficiales o cálculos de personas supuestamente entendidas e informadas sobre el tema, tendrían al régimen al borde de la bancarrota, la crisis, la debacle  o el colapso.

 

También que la principal aspiración de muchos jóvenes es abandonar el país en busca de nuevos horizontes; que muchísimas mujeres no están interesadas en tener hijos en Cuba ante la falta de perspectivas y futuro para ellos; que las condiciones de vivienda para los cubanos de a pie obligan cada vez más al hacinamiento y la promiscuidad; que disponer de agua potable se ha convertido en un verdadero lujo en muchas aglomeraciones urbanas; que los salarios promedio nominales no sobrepasan los 25 dólares mensuales, y que si a ello se le sumaran lo que recibe la población “gratuitamente” o bajo subsidio en servicios de salud y educación, medicamentos y productos alimenticios, según calculan algunos economistas muy serios y para nada apologéticos desde La Habana, la cifra de ese promedio de ingresos para la población difícilmente superaría 150 dólares mensuales.

 

Además, que el cuentapropismo no logra absorber el masivo desempleo existente, y que los relativamente demasiado pocos emprendimientos que se comienzan a llevar a cabo desde hace más de tres años, ajenos a la omnipresencia y absoluta injerencia estatal, se sienten agobiados por regulaciones absurdas, inspectores corruptos y policías abusivos, al extremo que casi la mitad de los que comienzan terminan devolviendo sus licencias y abandonando el intento.

 

Así y tantas otras cosas que si fueran a ser descritas ahora mismo no dejarían espacio ni tiempo para más nada. Una situación que cualquier mexicano, en un lenguaje sencillo, describiría como un desmadre total en el país.

 

Ante tan patético cuadro, y por la experiencia con situaciones parecidas en cualquier otro lugar, al menos en Occidente, podría llegarse a pensar que el régimen de los hermanos Castro está a punto de caer y que, inevitablemente, terminará cayendo estruendosamente, mucho más temprano que tarde.

 

Sin embargo, aparentemente lo que sucede en Cuba es precisamente todo lo contrario: que no solamente ese gobierno ineficaz, corrupto, incapaz y dictatorial no se está cayendo a pedazos en estos momentos ni mucho menos, sino que, a diferencia de lo que tantos en Miami y otras latitudes quieren creer y repiten diariamente hasta el agotamiento, parecería estarse fortaleciendo cada vez más día tras día.

 

Para entender esto debemos observar los acontecimientos cotidianos de finales del año 2013 y comienzos de este 2014.

 

Mencionemos, muy rápidamente los sucesos clave de estos últimos meses que pueden perfectamente justificar el aparentemente derrotista párrafo anterior:

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

¿Todo esto es casual? Allá los enamorados que deseen creer -y disfrutar creyendo- en las casualidades En el análisis político las casualidades no existen, y si existieran no deberían ser tomadas en cuenta. ¿Cuál habría sido el papel del gobierno cubano en el desarrollo de todos estos acontecimientos?

 

¿O es que acaso se podría pensar que Raúl Castro y todos los que le asesoran -militares y civiles- se sentaron en La Rinconada y el Palacio de la Revolución a esperar pasivamente hasta que todas estas cosas sucedieran y los astros pudieran alinearse favorablemente a los intereses del neocastrismo y su detallada preparación del proceso de establecimiento y consolidación del post-castrismo?

 

Más bien habría que concluir que en La Habana están absolutamente preparados y dispuestos a negociar hasta con el mismo Diablo, aunque con la excepción del exilio y los disidentes, por la sencilla razón de que no necesitan hacerlo.

 

Entonces, ¿quiénes piensan que en Cuba las cosas están cambiando, será acaso porque son tontos o porque no están bien informados? No, no seamos tan ingenuos, ya que la realidad es mucho más compleja.

 

En Cuba se han producido “cambios” que podrán tener mucha más o menos influencia en el desarrollo de los acontecimientos cotidianos o en la evolución inmediata o a medio y largo plazo de los mismos, en dependencia de cómo se analicen y cómo se desenvuelvan las cosas, pero que no deben ni pueden ser sencillamente ignorados porque no nos gustan algunas cosas o porque no se parecen a lo que consideramos que sería lo mejor para nuestro país.

 

Veamos a continuación un listado no exhaustivo de “cambios” que se han llevado a cabo en Cuba durante la era de Raúl Castro, desde que asumió “provisionalmente” el poder en 2006 hasta nuestros días, sin pretender un orden cronológico, o de importancia o de trascendencia, sino simplemente listarlos. Parte de estos listados ya los hemos publicado anteriormente, pero han sido actualizados continuamente por el desarrollo de diversos acontecimientos:

Todas estas son realidades que están ocurriendo en Cuba, independientemente de lo que pueda gustarnos o no cada una de ellas o todas a la vez, e independientemente también de lo que deseemos tanto los cubanos que vivimos en la Isla como fuera de ella, y seamos exiliados o emigrados.

 

Frente a todo esto, resulta patético saber que ahora en Miami figuras del exilio que nunca se quejaron de que la compañía Domino Sugar, propiedad de los hermanos Alfonso y José Fanjul, recibiera jugosos subsidios del gobierno para poder controlar la producción de azúcar en La Florida y de esa manera asegurarse el monopolio de su comercialización -algo completamente contrario a los principios liberales en la economía y absolutamente ajeno a los principios del respeto a la libre competencia empresarial- ahora de pronto se ponen a pensar en el eventual destino de las inversiones de los Fanjul.

 

Así hemos visto recientemente a miembros del exilio vertical haciendo llamados al señor Fanjul y a otros poderosos magnates cubanos que exploran la posibilidad de invertir parte de su dinero en la Isla, en connivencia con el régimen de los Castro, para que miren hacia el Memorial cubano en la Calle Ocho, o que piensen en la relación entre inversiones y el amor a la patria, cuando todos sabemos, desde siempre, que cualquier inversionista, en cualquier parte del mundo y en cualquier época histórica, lo único que mira y le interesa son las seguridades que daría el marco jurídico del país receptor para proteger su inversión, así como los cálculos que terminan expresando las posibilidades reales de retorno de su inversión.

 

Para todo lo demás, ni tienen tiempo ni les interesa. Y, aunque esto pueda parecer cínico, es bueno que sea así, porque de lo contrario tal vez sus inversiones no serían colocadas en los lugares más apropiados económicamente o en los momentos más oportunos para prosperar, impidiendo o dificultando de esa manera las posibilidades del país receptor de beneficiarse de esa eventual acción, así como las de hipotéticos ocupantes de puestos de trabajo que generaría tal inversión, o incluso la de los actuales trabajadores de la casa matriz inversionista, que en caso de un fracaso económico podrían verse afectados en sus puestos de trabajo o en sus intereses.

 

También resulta lamentable ver a exiliados que no han demostrado nunca en su vida falta de valor personal, pedir públicamente a la Unión Europea que tenga en cuenta tanto a los exiliados como a los disidentes en sus negociaciones con el régimen. Hasta ahora nunca ha parecido que a la Unión Europea le interese demasiado esa posibilidad, y está claro que La Habana en ninguna circunstancia la aceptaría, pero aún en el hipotético escenario de que tal posibilidad fuera realista, ¿cómo se definirían quienes deberían representar a los exiliados y a los opositores dentro del país en tales eventuales negociaciones?

 

Hemos sido testigos de un exilio incapaz de unirse cuando se trata de ofrecer claramente su apoyo a disidentes, de manera que determinados grupos de exiliados solamente apoyan a determinados grupos de disidentes, pero no a los demás, y que opositores y disidentes dentro de la Isla inclinan sus simpatías hacia determinados y específicos grupos de exiliados, en cierto sentido casi despreciando, o al menos, ignorando a los demás. Por eso no es fácil entender cómo podría definirse y seleccionarse una supuesta representación de ambas partes -exilio y disidencia interna- para participar en unas supuestas negociaciones de la Unión Europea -o incluso de Estados Unidos- con La Habana.

 

Es verdad que soñar no cuesta nada, porque si Bruselas o Washington plantearan como condición sine qua non tal participación de disidentes y exiliados para que se produjeran determinadas negociaciones La Habana no necesariamente se vería obligada a aceptarlo. Sin embargo, hacer ese planteamiento de una participación forzada es imposible, ya que así no funcionan las cosas en Punto Cero y La Rinconada, que en un tema tan estratégico y vital como ese, sin ningún género de dudas, se negarían rotundamente. 

 

Y es de suponer que nadie pueda pensar que en un tema tan estratégico y vital Punto Cero quedaría fuera de la ecuación y que todo se reduciría a La Rinconada y el Palacio de la Revolución. Tal vez la sombra siniestra de Fidel Castro no aparezca de manera abierta frente a la galería o la prensa, pero sin dudas la extensa mano del tirano mayor estaría presente en cualquier actividad de este tipo que se pudiera llevar a cabo.

 

Dicho de otra manera: en momentos en que se están moviendo fuerzas económicas y políticas tan poderosas alrededor del tema cubano, donde hay tanto en juego y están en la palestra tantos y tan variados intereses, los escenarios no pueden analizarse mediante enfoques simplistas, no importa si se analizan en Cuba, Miami, Bruselas, Washington, Caracas, Ciudad México o Madrid.

 

Y no debería olvidarse tampoco que hay que lograr interactuar y tratar de obtener resultados convenientes frente a un régimen tan astuto que, a pesar de que simpatiza con el Diablo, demasiadas veces ha sido y sigue siendo capaz de negociar incluso con ese mismo Diablo... y ganarle la partida.