Cubanálisis El Think-Tank

           ARTÍCULO ORIGINAL PARA EL THINK-TANK DE CUBANÁLISIS

   

Dr. Eugenio Yáñez, Estados Unidos

 

 

 

Miguel Díaz-Canel y el “arma acústica” de Raúl Castro

 

La semana que ha terminado estuvo signada por dos acontecimientos relacionados con Cuba y su dictadura que han dado demasiado que hablar: el extraño caso de los diplomáticos ubicados en La Habana que desde finales del 2016 sufrieron lesiones auditivas y hasta cerebrales por un supuesto “ataque sónico” o “ataque acústico”; y un video “filtrado” sobre el aparente delfín de la dictadura, el primer vicepresidente Miguel Díaz-Canel (designado, pero no electo), en una conferencia para “cuadros” del partido y del gobierno en una institución encargada de elevar la escasa preparación de los principales dirigentes del país. Es decir, de embrutecerlos más aún con dogmas políticos y cocinándose en su propia salsa.

 

Como (casi) siempre sucede cuando se trata de la dictadura cubana, de inmediato se desató el avispero con ambas informaciones, y si no se desarrolló mucho más de lo que lo hizo fue porque el inclemente paso del huracán “Harvey” por Texas con su secuela de destrucción e inundaciones, cambió los focos de las noticias hacia el fenómeno meteorológico.

 

Fantasías, y más preguntas que respuestas

 

Antes que ese cambio producto del huracán modificara la atención prioritaria de las noticias, hubo quienes aseguraban, con respecto al “ataque acústico”, aunque no se conocían ni las eventuales posibles armas ni sus características, que no existía ninguna duda de que el agresor hubiera sido el gobierno cubano.

 

Y como podía resultar difícil articular una explicación razonable del por qué de tal agresión en los últimos meses de la presidencia de Barack Obama, surgieron hasta versiones tipo James Bond-agente 007, que mencionaban un hipotético sector discordante dentro de los aparatos de la seguridad cubana, que habría dado tales pasos para sabotear el llamado “deshielo”, provocar una ruptura de relaciones entre Estados Unidos y Cuba, y lograr la paralización de todos los programas comenzados en la administración Obama y que mantienen su vigencia en el país todavía.

 

¿Posible esa versión sobre un grupo cismático dentro del sistema de seguridad dirigido por Raúl Castro? Porque es Raúl Castro quien los dirige, no su hijo Alejandro, que actúa como corre-ve-y-dile en nombre de su padre, pero cuya autoridad tiene impacto solamente mientras esté presente el general sin batallas. ¿Sería posible, repito, esa versión de un grupo cismático dentro de la seguridad cubana actuando contra la voluntad de Raúl Castro? Naturalmente que sí, en estos “juegos operativos” absolutamente todas las variantes deben ser consideradas.

 

¿Probable que esa sea la explicación? No: ya aquí las cosas comienzan a cambiar. No parece la explicación más sólida, teniendo en cuenta que la magnitud de la operación que ha dañado a más de una veintena de funcionarios diplomáticos y familiares, tanto de Estados Unidos como de Canadá, presumiblemente en sus casas o apartamentos en La Habana, requeriría de una movilización de personas, recursos, logística y tecnología, que sería prácticamente imposible que pasara inadvertida al resto de los órganos represivos que evidentemente se mantienen leales a la dictadura.

 

No es recomendable ver demasiadas películas de acción y espionaje, o embelesarse con video-juegos, antes de emitir opiniones sobre temas serios y complejos, porque se corre el grave peligro de resultar impertinentes, hablar insensateces y hasta de hacer el ridículo, para decirlo de la manera más cordial posible.

 

Llama la atención que el gobierno de Estados Unidos haya declarado oficialmente que todavía en estos momentos ve los hechos como un “incidente” y no como una agresión, y que continúan investigando y haciendo chequeos médicos a sus funcionarios en La Habana. Canadá, por su parte, manifestó que no descartaba la posibilidad de la participación de un “tercer país” en este evento, pero, naturalmente, sin acusar a ningún gobierno todavía, pues las investigaciones no han concluido.

 

Y posteriormente Rusia, que sería un eventual “tercer país” con razones, conocimientos y tecnología para hacer algo así, de inmediato declaró no tener absolutamente nada que ver con ese hecho y que cualquier alegato sobre una supuesta participación del Gran Oso en esa aventura era sencillamente absurdo.

 

A pesar de los hechos

 

Esos elementos informativos no fueron óbice para moderar a los estrategas del Teatro de Operaciones Militares de la Calle Ocho, desde su puesto de mando principal en el restaurant Versailles, y desde el puesto de mando de retaguardia del Parque del Dominó. De manera que, entre croquetas, pastelitos de guayaba y café cubano, “demostrarían” que ni los americanos ni los canadienses sabían nada de lo que estaban hablando, porque la agresión provenía sin dudas del gobierno cubano.

 

Y ponían como ejemplo el barco norcoreano cargado de “azúcar” que fue detenido en Panamá transportando armamento hacia el Reino Asiático Hermético, en violación de las sanciones impuestas por Naciones Unidas al belicoso país dinástico (como si ese hecho, aun siendo cierto, como lo era, tuviera algo que ver con el caso que se discutía ahora).

 

Algunos iluminados hasta recordaron de pronto que incluso desde los años setenta del siglo pasado el régimen utilizaba algo así como algún tipo de “tortura acústica” contra los prisioneros políticos en la isla.

 

Hasta los momentos de escribir estas líneas, las investigaciones de los hechos por parte de Estados Unidos y Canadá continúan desarrollándose en La Habana, además de exámenes médicos en Cuba y en Estados Unidos al personal diplomático en general de las dos embajadas afectadas, y ambas naciones han señalado que el gobierno cubano está cooperando completamente con las pesquisas.

 

Sería interesante observar cómo podría el régimen desvincularse de sus responsabilidades si surgieran evidencias en su contra. Pero con la experiencia y resultados demostrados durante casi seis décadas por los órganos de la seguridad del estado en Cuba, no parece lógico que pudieran pensar que un acto con tal nivel de agresividad contra diplomáticos extranjeros en La Habana podría ocultarse permanentemente a los ojos de especializados investigadores americanos y canadienses, por muy sofisticados que fueran los recursos del gobierno de Raúl Castro para tratar de ocultar las huellas y la “pistola humeante” en un caso como este.

 

Habrá que esperar hasta que se definan claramente los porqués de tal agresión, el cómo y el dónde, para poder acercarnos a conclusiones fiables y clarificadoras. Mientras tanto, cuando no se dispone de información completa y oportuna de los hechos, lo más recomendable no es comenzar a especular festinadamente, como están haciendo tantos, sino continuar buscando datos que permitan solidificar una versión responsable y certera sobre esta trama. Que a pesar de lo señalado anteriormente, es cierto que en ocasiones se va pareciendo más a una mala película de espías o a una mediocre serie de la televisión cubana destinada a exaltar como héroes a los represores castristas de la seguridad y denigrar como monstruos a sus adversarios. Entonces, esperemos.

 

Una innecesaria sorpresa “partidista”

 

Por otra parte, el otro tema de conversación y “análisis” mediático que ha acaparado la atención de los cubanos en Estados Unidos ha girado alrededor de un video “filtrado” de una conferencia impartida por Miguel Díaz-Canel, el supuesto sucesor de Raúl Castro al frente del gobierno cubano para febrero del 2018 (del gobierno solamente, no del Partido), que según vox populi miamense “demuestra” que el delfín no tiene intenciones reformistas de ningún tipo. Es decir, que sigue siendo lo que en Cuba se le llamaría un “tipo duro” del régimen. Nunca fue un reformista ni tuvo esas intenciones.

 

Naturalmente, claro que nunca las tuvo. ¿Por qué habría de tenerlas? Díaz-Canel fue “detectado” hace años como un “prospecto” que podría llegar a máximas alturas. ¿Quién lo detectó y aupó su promoción paulatina durante más de veinte años? Nada más y nada menos que José Ramón Machado Ventura, el dinosaurio partidista que, con un título de médico que hace muchísimos años que no ejerce, se dedica a “explicar” a los campesinos cómo se debe sembrar la papa, o a los ganaderos cómo garantizar la alimentación de sus reses, además de velar por la detección, “educación”, selección y promoción de los “cuadros” más convenientes. Así como del “truene” de los incompatibles.

 

¿Podría alguien en su sano juicio pensar seriamente que el vetusto y retrógrado burócrata partidista José Ramón Machado Ventura estaría interesado en promover a los más altos niveles del país a alguna persona que no pensara exactamente como la pandilla de viejos carcamales “históricos” que se adueñó del poder desde 1959 y todavía continúa intentando mantenerse en él, aun después de haber destruido sistemáticamente el país durante seis décadas?

 

¿Por qué la sorpresa? Simplemente, por no recabar suficiente información antes de emitir juicios. O porque algunos creen que se saben las respuestas incluso antes de que se conozcan las preguntas.

 

Algunas leyendas urbanas sobre Díaz-Canel, un tipo “buena gente”

 

Un aspecto positivo en la vida del señor Díaz-Canel es que las leyendas urbanas señalan que siendo la máxima autoridad del partido en la provincia de Villaclara, iba en bicicleta al trabajo, o se colocaba en su puesto en la cola de la pizzería local esperando su turno para comprar pizzas, como haría cualquier hijo de vecino, y sin hacer uso de los múltiples privilegios que hubiera podido disfrutar por su alto cargo, que en la práctica resulta como una especie de jefe de aire, mar y tierra provincial, pero además sin ningún tipo de restricciones legales, judiciales o institucionales para ejercer su mando partidista.

 

Parecidas leyendas circulan sobre su paso como primer secretario del partido en la provincia de Holguín, y muchos que lo han conocido en diferentes cargos insisten en que, en general, muestra un carácter afable en las relaciones laborales con los subordinados, y que habitualmente mantiene la cortesía y saluda a todos los que se cruzan con él.

 

Se dice también que al ser nombrado Ministro de Educación Superior una de sus primeras decisiones en su nuevo cargo en esa institución fue eliminar el comedor privado para el ministro, y asistir a almorzar (cuando estaba en el ministerio, naturalmente) en el mismo comedor que lo hacían todos los trabajadores de ese edificio. O que ya siendo primer vicepresidente del país y aparente heredero (de una parte) del poder de Raúl Castro, podía vérsele durante los fines de semana fregando su automóvil en el Reparto Náutico, donde vivía entonces.

 

Esas acciones, contrastadas con el estilo de vida disipado y de espaldas al pueblo no solamente de los altos mandamases del país y sus jenízaros más cercanos, sino también de todos los familiares y amantes de tales caciques, otorgaban a Díaz-Canel una imagen de persona sencilla y cercana a las necesidades del pueblo, porque las conocía al vivirlas, que puede haber contribuido a crear una imagen angelical o distorsionada del personaje.

 

No es que se pretenda decir que esas actitudes suyas hayan sido fingidas, oportunistas o de pura propaganda barata. Tal vez al principio realmente creyera que debía hacerlo así, como hacían en sus inicios muchos “cuadros jóvenes” aupados por Fidel Castro, antes de aburguesarse hasta la médula gracias a las normas de “protección” que impone a los “altos dirigentes” la Dirección de Seguridad Personal, que incluye casas “seguras” muy cómodas y confortables en barrios de más copete; autos habilitados para “dirigentes del primer nivel”; choferes; escoltas; “compañeras que ayudan en la casa” (es decir, empleadas para el servicio doméstico): asignaciones especiales de alimentos y bebidas en sus viviendas; tratamiento VIP en todo el país; derecho a casas de visita y “palcos de honor” en espectáculos deportivos o artísticos; vacaciones y viajes con todos los gastos pagos a cuenta del sudor de los trabajadores cubanos; y otras “menudencias” de ese tipo.

 

Pero independientemente de que la manera de pensar y actuar del supuesto relevista hubiera sido así o no antes de comenzar a recibir la “protección” establecida por la Dirección de Seguridad Personal del ministerio del Interior, los comentarios sobre su actuación contribuyeron evidentemente a crearle al personaje del delfín Díaz-Canel un halo “popular” de persona sencilla y noble, lo que los cubanos llamamos “un tipo buena gente”.

 

Dejando claras las reglas del juego

 

Hay quienes opinan que la filtración del video fue un golpe terrible para el régimen, porque ese documento destruye la falsa imagen de Díaz-Canel como el “reformista buena gente” y lo presenta como un “talibán” de los más duros entre los mandamases castristas.

 

Es necesario acabar de comprender que el ejercicio del poder en la dictadura cubana no se lleva a cabo por motivaciones personales, sino como “asuntos de negocios”, como hubiera dicho cualquier experimentado mafioso.

 

Por lo tanto, es prácticamente obligado que el régimen castrista siempre sea represivo, no por ser de naturaleza sádica o porque sus dirigentes actúen emocionalmente, sino porque la cruel y “ejemplarizante” represión de cualquier expresión de disenso de cualquier tipo que se aparte de la línea dogmática, cavernícola y torpe establecida con carácter obligatorio para todos por la funesta actual gerontocracia que se mantiene en el poder desde hace décadas, es el sine qua non de su existencia. Sin represión ilimitada no podría existir  ningún régimen totalitario.

 

Es insensato seguir buscando “reformistas” o “tipos buena gente” en los entresijos del poder de la dictadura cubana, donde para sobrevivir y, mucho más, lograr incluso ser considerado como un eventual sucesor, es obligatorio ser un lobo ortodoxo de colmillos afilados y sin alma. Y esa condición de depredador sin límites hay que ganársela paso a paso durante años, mientras se actúa como profesor de un centro de estudios superiores, oficial de las fuerzas armadas, dirigente de los jóvenes comunistas, primer secretario del partido comunista en las provincias de Villaclara primero y Holguín posteriormente, ministro de educación superior, o vice-presidente del gobierno.

 

No se llega a primer vicepresidente del Estado y del gobierno totalitario cubano cantando Las Mañanitas y repartiendo caramelos, sino implementando y reforzando continuamente la “dictadura del proletariado”, porque aunque en el país no existan proletarios tiene que existir la dictadura.

 

Sin un currículum guerrillero anterior que le confiera carácter “histórico” al eventual delfín, resulta absolutamente imposible ascender ininterrumpidamente hasta la condición de hipotético sucesor al timón de la dictadura, estando todavía en vida Fidel y Raúl Castro, por entre la compleja telaraña tejida durante seis décadas en función de los Castro por una intelectualmente limitada pandilla de antediluvianos carcamales como Ramiro Valdés, José Machado Ventura, Guillermo García, “Polo” Cintras Frías, y otros “históricos”, así como comandantes guerrilleros, hoy retirados y privilegiados veteranos.

 

Y por si fuera poco, hacerlo además incluso entre muchos exitosos generales y coroneles “africanos” con varias misiones militares “internacionalistas” cumplidas, o siniestros “segurosos”, ambos grupos de personajes donde abundan los actualmente travestidos en “empresarios” y “gerentes”. Con eso no se juega.

 

El color del gato

 

Además, hay que acabar de desmontar otro mito de las leyendas urbanas cubanas en tiempos del castrismo: “buena gente” no es sinónimo obligado de reformista. Realmente no podemos saber, con nuestra visión caribeña de la cultura asiática, si Deng Xiaoping podría ser o no considerado como “buena gente”, aunque sin dudas fue un reformista, lo que demostró de manera muy clara cuando, por ejemplo, no le importaba el color del gato mientras cazara ratones.

 

Por su parte, al “buena gente” señor Díaz-Canel le interesan solamente los gatos rojos y militantes, aunque no cacen ni moscas. O al menos ese es el mensaje que trasluce en ese video supuestamente “filtrado” de su disertación, que aunque se celebró el 13 de febrero de este año solamente vino a conocerse ahora. Y la información sobre la fecha en que se produjo, cuando se conoció en Miami y en todo el mundo, provocó, entre otras cosas, un enfrentamiento entre un periodista cubano en EEUU y un opositor en La Habana sobre si debía haberse explicitado o no la fecha del evento que se reportaba, y que si eso influía o no en la valoración del mismo. Debate que hizo recordar la perspicaz frase de Jorge Luis Borges sobre la guerra de Las Malvinas, que la definió como dos calvos peleando por un peine.

 

También sería válido pensar absolutamente lo contrario sobre un eventual desliz que terminó en el conocimiento público del video de marras: que fue el mismo régimen el que facilitó “filtrar” el video para que todos los talibanes y todos los “duros” de la dictadura se dieran cuenta de que la persona que dícese que Raúl Castro habría designado para hacerse cargo del gobierno (y del Estado) cuando él sea solamente primer secretario del partido (el poder real), es en realidad un tipo tan “duro” como ellos.

 

Y que por lo tanto todos los “duros” pueden tener tranquilidad de que podrán continuar aferrados al poder y los privilegios hasta el fin de sus días -siempre que se mantengan fieles-, y garantizar la vida muelle y segura para sus herederos, viviendo sin temores, sobresaltos, estrés o preocupaciones, producto de un hipotético Apocalipsis como el que supondría (para ellos, no para los cubanos de a pie) el “desmerengamiento” de la así llamada revolución cubana, que en la actualidad puede ser definida de cualquier forma que se quiera definir, menos como ser una revolución.

 

Naturalmente, todo lo arriba señalado tendrá que ver con que si Raúl Castro se haya o no se haya montado en la barca de Caronte. Con el general sin batallas fuera del mundo de los vivos, es muy, pero muy difícil, especular como podrían evolucionar estos “talibanes” que no pelearon en la Sierra Maestra o la Sierra Cristal y, por lo tanto, no forman parte de los “históricos” que destruyeron al país.

 

Al fin y al cabo, Mijail Gorbachov era de los “duros” del Politburó soviético, y Deng Xiaoping de los del Buró Político en China, y cuando ambos, con diez años de diferencia, alcanzaron posiciones cimeras de verdadera y efectiva trascendencia, en vez de dedicarse a reprimir brutalmente para mantenerse indefinidamente en el poder, que era lo que se esperaba de ellos, comenzaron a pensar muy seriamente en cómo mejorar las terribles condiciones de vida a las que estaban sometidos sus pueblos; es decir, a pensar en cómo cazar ratones, y fue entonces cuando quedó claro para todos que el color del gato no tenía la más mínima importancia para lograr ese objetivo, y actuaron en consecuencia.

 

Entonces, que el señor Díaz-Canel en la referida perorata partidista amenace con cerrar páginas on-line no oficiales que sin embargo no se han cerrado todavía seis meses después de anunciarlo en su políticamente autista y mediocre sermón; o que “explique” el plan de desarrollo del paraíso castrista hasta el año 2030; o que diga que todos los opositores son vulgares mercenarios y trate de esmerarse en desacreditarlos; o que el universo entero se ha confabulado contra la muy noble e impoluta revolución castrista -y de paso contra la narco/corrupta revolución venezolana; o que difame y mienta como vulgar comisario político durante varias horas ante un grupo selecto de “cuadros” que tienen como misión hacerle imposible la vida a los cubanos de a pie, dice tal vez demasiado poco sobre el eventual pensamiento y comportamiento de este cuasi inefable figurante después de los futuros No Tan Grandes Funerales del Raúl Castro.

 

¿El “arma acústica” secreta de Raúl Castro?

 

Mientras tanto, el señor Díaz-Canel, con su enfoque talibán de la vida y del poder que se muestra en su tan “ilustre” conferencia, podría resultar una clave importantísima para poder intuir y determinar el eventualmente posible armamento que se habría utilizado para dañar a los diplomáticos estadounidenses y canadienses en La Habana.

 

Porque, hablando irónica y fantasiosamente, claro, y sin ninguna intención de acusación en serio, valdría la pena preguntarse qué podría haber sucedido a cualquiera de los diplomáticos americanos y canadienses, o de cualquier país, acreditados en La Habana, si el régimen hubiera logrado de alguna manera “dispararles” con una sofisticada arma acústica de infrasonido que les hiciera llegar subliminalmente al cerebro, pero sin que sus oídos lo alertaran o percibieran, la conferencia completa de Miguel Díaz-Canel ante los “cuadros” del partido y gobierno, sin que los funcionarios extranjeros se dieran cuenta de lo que les estaba sucediendo, gracias a lo totalmente sofisticado de la novísima tecnología incorporada al arma utilizada.

 

No sería nada sorprendente que, en una hipotética situación fantasiosa y satírica como la mencionada, quienes recibieran en su cerebro sin darse cuenta la mojiganga completa, deberían experimentar, además de los daños auditivos inevitables, daños muy sensibles en el cerebro y en todo el sistema nervioso central.

 

Porque de la misma manera que decíamos que no sería conveniente especular o tratar de adivinar en el caso de los diplomáticos afectados por una supuesta “agresión sonora”, si de algo deberíamos y podemos estar absolutamente seguros es de que quien escuche la intervención completa de la referida perorata de Miguelito “el duro” Díaz-Canel a los “cuadros” del partido y gobierno, y sobre todos los que se crean lo que dice, es que se producirían daños irreparables,  irreversibles y vitalicios en el cerebro de tales “cuadros”.

 

Suponiendo, naturalmente, que tuvieran cerebro y supieran cómo utilizarlo. Lo cual no puede asegurarse absolutamente que hagan. Porque pocas cosas o personas en el mundo contemporáneo pueden ser más trogloditas y ajenas a la realidad actual que el anquilosado pensamiento, la mediocre actuación, y la ridícula conducta diaria de cualquier así llamado en Cuba “cuadro profesional” del partido comunista o del gobierno.

 

Ya aprendimos hace mucho tiempo que no se puede ser, a la vez, decente, inteligente y comunista, porque para el homo sapiens solamente son posibles cuando más dos de esas tres variantes: siendo decente e inteligente no se puede ser comunista. Siendo inteligente y comunista no se puede ser decente. Y siendo decente y comunista es imposible ser inteligente.

 

Hasta el momento, y de acuerdo a su políticamente autista perorata, absolutamente divorciada del mundo real de nuestros días, el señor Díaz-Canel parece demostrar que él no pretende demasiado dentro del neocastrismo tropical: le basta con ser comunista, aunque esa posición ni parezca inteligente ni resulte decente.

 

Ya veremos después de los inevitables futuros No Tan Grandes Funerales si en realidad el hasta ahora delfín resulta inteligente y decente, y por consiguiente no comunista, y de verdad logra hacer algo a favor de mejorar las condiciones de vida de los cubanos.

 

Porque incluso aunque no fuera capaz de conducir al país hacia una democracia plena y un estado de derecho funcional, si al menos se atreviera a eliminar el absurdo y vetusto empecinamiento sin futuro de Socialismo o Muerte, y valga la redundancia, sería algo positivo.

 

O tal vez, y mucho mejor todavía, hasta facilitar y patrocinar el amplio desarrollo en Cuba de la prosperidad para toda la población a través de una economía de mercado.

 

Y de nuevo, valga la redundancia.